domingo, 6 de abril de 2014

Esas mujeres rubias, de Ana García-Siñeriz

Editorial: Planeta
570 páginas
9,95 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

María se recluye en Mon Repos para intentar superar una pérdida. Durante su estancia en la casa le cuentan historias de la familia a quien pertenece y repasa su propio pasado.

Comentario (con SPOILERS):

«Esas mujeres rubias» es una novela difícil de clasificar, quizá porque, aunque en apariencia podría participar de varios géneros (la lectura del primer capítulo hace pensar que se trate de una historia de misterio o romántica), no se adscribe claramente a ninguno.

Hay varias tramas principales: la estancia de María en la casa y la relación con los vecinos, el relato de un pasado que incluye tanto a la protagonista presente como a la ausente, esa Estela cuyo destino se desconoce, y a las familias de ambas, historias que se cuentan como si de sendas sagas se tratase, en una evolución cuyo final se acaba intuyendo, o el duelo que lleva a la mujer a ese retiro en soledad que, mediante la reconstrucción de sus orígenes y la ocupación en temas aparentemente ajenos (la traducción de «El jardín secreto» de Frances Hodgson Burnett, cuya vida y citas al principio de cada capítulo tienen parte relevante e incluso un paralelismo con la historia de María, el interés por la ausente Estela etc...) pretende iniciar el proceso de sanación.

La novela está inusualmente bien estructurada, alternando con destreza escenarios, personajes y épocas (los Vallés-Bruguera desde finales del XIX en Cuba hasta el XXI, la adolescencia de María en los años ochenta madrileños o su vida actual en Barcelona) y escrita con una prosa visual que permite sumergirse tanto en las relaciones emocionales de la protagonista (en especial con su madre, el que será su marido, Fernando, y su hija Alma, aunque también con Román y Josefina) como en los lugares que recrea (la vívida descripción de Mon Repos, la casa de la abuela Anselma).

La autora inserta la documentación necesaria para la ambientación histórica con elegancia, sin que dé en ningún momento la impresión de exceso de información o que haya recurrido al copia-pega, sino que la integra en la trama con naturalidad, como parte de un todo, dando en ocasiones la sensación de que ha estado en los lugares descritos. 

Si bien la historia está narrada en primera persona, y por tanto el personaje de María es el más complejo, también destacan otros: Fernando, el marido distante con dificultad para expresar lo que siente, está muy bien retratado, sin que en ningún momento la protagonista se pronuncie en su contra. La madre insatisfecha que quiere manejar la vida de su hija y oculta sus propios secretos. El anciano Román y sus rebeldías, o su hija Josefina, quienes le relatan pasajes importantes de la historia de los Vallés-Bruguera... 

En resumen, una novela muy bien escrita, en la que destaca la capacidad de la autora para manejar una estructura compleja (saltos en el tiempo, construcción de una saga familiar sin perder de vista las relaciones entre los personajes, aunque se le escapa algún gazapo), que recrea otras épocas y los sentimientos de María ante el amor o la pérdida con una prosa vívida, visual, tanto en las descripciones como en los abundantes diálogos: quizá uno de los peros que se podrían poner es cierta desmesura, la inclusión de escenas que harían el mismo efecto descritas en un par de frases y que pueden hacer que se pierda la perspectiva de lo que es importante para la historia que se relata. 

Tal vez la mencionada dificultad para ajustarla a un género o definir un tema principal (trata tanto de la pérdida como del proceso de recuperación, de la influencia del pasado sobre el presente, de la diferencia entre distintos tipos de mujeres, unas sumisas y resignadas, incapaces de tomar las riendas de sus vidas (las morenas entre las que se encuentra María) en contraste con las que viven la vida plenamente ignorando las convenciones sociales (rubias como Estela) junto a cierta imprecisión en sus aspiraciones, aunque al final se cierra el círculo, se comprende a qué venía contar las historias de varias familias y sus mujeres y se ve que María ha comenzado a sanar sus heridas, ha iniciado el camino de la redención, sería lo menos positivo de una primera novela más que digna.

Citas:

Página 61:

Traducir las palabras de otros te convierte en un ser distinto: te obliga a ser fiel a un pensamiento extraño, a una lengua ajena, a dar vida a otras voces, a meterte en las cabezas que te son desconocidas. Te convierte en un camaleón. 
Traducir es ser otro y desaparecer.

Página 66:

Contar una historia es complicado, incluso cuando creemos que disponemos de todos los datos. Resulta mucho más difícil que traducir una ya escrita. Las historias ajenas, y según con qué autores, a veces hasta se pueden mejorar. Con la realidad, resulta del todo imposible.

Enlace relacionado:




*** T ***



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1 comentario:

  1. Es la primera vez que leo una reseña de esta novela. Y me gusta lo que cuentas. La prosa cuidada y elegante me parece muy atractiva más allá de la trama.
    Saludos,

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