viernes, 28 de marzo de 2014

Anoche salí de la tumba, de Curtis Garland

Editorial: Bruguera, 1973
Colección: Selección Terror nº 2
Ilustración de cubierta: Ángel Badía Camps
128 páginas
Argumento:

El día 22 de noviembre de 1870 Jason Shelley fallece de un ataque cardíaco. Su esposa Yvette le lleva de regreso a su casa, Cliffs Manors, para enterrarle en el panteón familiar.

Comentario:

«ANOCHE salí­ de la tumba.
Habí­a temido tanto por ese momento...
Cuando uno muere y es amortajado, cuando la tapa del féretro se cierra encima, y se escucha el golpe seco de las cerraduras ajustando el fúnebre arcón, se sabe que de allí­ ya no va a salir el cuerpo, sino convertido en huesos salpicados de jirones de tejidos podridos, o acaso hecho carne corrompida, maloliente, con vello desordenado y los gusanos pululando en las vací­as cuencas donde antes hubo unos ojos llenos de vida.
Eso es la Muerte. De ella, no se vuelve. Nadie ha vuelto, que yo sepa.
Yo, sí­.
Yo volví­ de mi ataúd para vivir una segunda existencia que nadie hubiese creí­do. Yo regresé de las tinieblas del panteón, como terrible emisario de ultratumba.

Yo, Jason Shelley.»

Así comienza «Anoche salí de la tumba», una novela de terror dividida en dos partes («El relato del muerto» y «Horror en la niebla») de diferente desarrollo e interés, resultando la primera más previsible que la segunda.

En «El relato del muerto», tras los inquietantes párrafos antes citados, se hace una especie de flashback que relata los días anteriores al fallecimiento de Jason Shelley, incluyendo la decisión de Yvette de vender todas sus propiedades para convertirlas en dinero o un ataque previo atendido por el doctor Devlin y la enfermera Maddern, personajes que no son del agrado de la mujer.

El autor da desde el principio pistas poco sutiles que permiten intuir la dirección en la que se dirigirá la trama: lo que va a pasar, quién lo hace, la identidad y el destino de su cómplice etc..., lo que puede ocasionar que el interés por la lectura sea errático hasta la aparición, hacia la mitad de la novela, de un nuevo personaje que se creía desaparecido, Roger Hastings, quien empieza a sospechar lo que ha pasado y parece decidido a investigarlo.

Llama la atención el relato en primera persona del asesino, tanto por lo tópico de sus motivos, su total conciencia de ser malvado (de manual), en la que se recrea casi morbosamente, como por una prosa algo torpe y explicativa en la que mediante una conversación con su cómplice (que ya lo sabe todo) cuenta lo sucedido, la planificación y la razón de hacerlo.

De hecho, también resalta lo caótico de la redacción, que incluye frases desordenadas, algunas tanto que es difícil comprender lo que quiere decir el autor incluso después de varias lecturas, dando una impresión de apresuramiento y falta de revisión que permanece durante toda la novela.

Además, el desarrollo de la historia se ve perjudicado por la «obligada» brevedad que impone el formato en el que fue publicada, con lo que personajes y situaciones potencialmente interesantes, como Charlotte Sanders, cuya sesión de espiritismo y lo que en ella sucede es una de las escenas más inquietantes de esta primera parte, no se aprovechan como sería posible.

«Horror en la niebla» comienza algún tiempo después de forma un tanto desconcertante, en un museo de cera donde su dueño, Zoltan Czek, toma una drástica decisión, de la que culpa al poderoso Bruce Strange.

Esta segunda parte es, en principio, un poco menos previsible, quizá debido a la aparición de nuevos personajes que enriquecen y dan complejidad a la historia, creando nuevas subtramas y la duda sobre cómo evolucionará.

Roger Hastings y su ayudante Rahma se convierten en una especie de Holmes y Watson (al parecer intervienen también en otra novela del autor: «Monstruos en Baker Street») que se hacen cargo de la situación cuando comienzan a aparecer personas asesinadas en circunstancias poco convencionales y testigos que hablan de extrañas apariciones.

Las escenas de terror están descritas de forma expresiva, casi morbosa («Tenía la cara arañada, los brazos desgarrados... Una expresión pavorosa, como la tendría una mujer enterrada viva al querer salir de su féretro... Se movía espectral, lenta, solemne, fija su mirada vidriosa, en unas cuencas profundas, en torno a las cuales la carne humana era ya algo putrefacto, goteando pus o materia hedionda. Un fuerte hedor a muerte, a panteón, a carne podrida, hirió el olfato del aterrorizado Burns.»), dotando a la obra de una ambientación tan intensa como clásica y efectiva.

El interés de Roger Hastings hacia Hazel Reed, los crímenes con connotaciones sobrenaturales, las revelaciones sobre lo sucedido en el pasado y las consecuencias en el presente, la tragedia, la locura o la venganza desde ultratumba, hacen que la historia adquiera un interés que va de menos a más hacia el final de la narración.

En resumen, una novela irregular, en la que tienen cabida el misterio, un horror que recuerda a Poe y a las películas de la Hammer, un poco de romance, giros de tuerca argumentales no muy previsibles y algo de acción.


Cita de «Anoche salí de la tumba»:

«La puerta chirrió levemente. Skelton se volvió para decir algo, sorprendido de su silencio. Emitió un grito ronco, y se le erizaron los cabellos.
Aquella mujer...
Permanecía erguida en la puerta, sus ropas blancas flotaban, entre encajes y lazos. Estaba pálida. Muy pálida. Demasiado pálida. Y aquellas ojeras, aquellas sombras en torno a los ojos negros.
El pelo negro, como ala de cuervo... La belleza pálida.
—Señora... —jadeó, estremecido—. ¿Quién es usted? ¿Qué desea? Se equivocó, sin duda.
Ella no hablaba. Nunca hablaba, al parecer. Se movió. Se movió hacia él. Andaba..., andaba descalza, sobre la alfombra. El roce era pausado, lento.
Las luces de gas temblaron. Skelton tuvo miedo por primera vez, sin saber por qué. Dio un paso atrás. Incluso cometió el error de extraer bruscamente su largo, afilado cuchillo. El que iba destinado a Roger Hastings...
—No..., ¡no se acerque! —jadeó—. ¡No lo haga, señora, o... la mato!
Ella le miró extraña, alucinada. De repente, sus labios exangües se abrieron. Una larga carcajada demencial escapó de aquella boca. Los cabellos de Skelton se erizaron.
Detrás..., detrás de la mujer aquella, morena y fantasmal, venía alguien más... ¡Otra mujer avanzaba hacia él, con paso de espectro!
Skelton Burns entendió de repente. Reconoció a la mujer de ropaje blanco como una mortaja funeraria. Recordó el retrato oval, en el cajón de la cómoda.
—¡Usted! —aulló—. ¡No, no puede ser! ¡Usted...»


***T***


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jueves, 27 de marzo de 2014

Adivina quién soy, de Megan Maxwell

Adivina quién soy
Megan Maxwell
Editorial Esencia (Planeta)
448 páginas


Sinopsis:

Yanira, una joven canaria con aficiones canoras, se embarca en un crucero como camarera, junto con su amiga. Durante el viaje conoce a un operario llamado Dylan con el que intima en el sentido más extenso de la palabra... Antes de que termine el periplo ya está enamorada de él.

Comentario (OJO SPOILERS):

La nueva novela erótica de Megan Maxwell es un poco "más de lo mismo" en su producción. Parece mezclar su línea tradicional de protagonistas barriobajeras y chabacanas con el tema sexual.

Como ya es típico en esta autora, la protagonista es una mujer que va de liberal, pero que luego tiene unas reacciones exageradas de sorpresa cuando descubre cierto tipo de prácticas. No se entiende muy bien el episodio inicial en el que se adentra en un local de intercambios de parejas y conoce a un tal Francesco que se convierte en su amigo, ya que luego este tema carece de relevancia en la trama. No se repiten los intercambios ni tampoco cambia la personalidad de la protagonista tras el lance: antes era liberal y luego también, exactamente igual. Por otro lado, Francesco casi no vuelve a aparecer y cuando lo hace es una escena prescindible. Podría decirse que esto solo sirve para que a su galán le entren luego unos pocos celos y demuestre su vena machista y posesiva.

La obra está narrada en primera persona, imitando un poco las formas y tipo de lenguaje de "50 sombras de Grey". Así pues, la protagonista está todo el rato lanzando exclamaciones de sorpresa, frases hechas, pensando en el Plan A, B y C, y demás coletillas repetitivas (cuando hacen el amor ella siempre dice: "¡Ay, qué placer!") que la convierten, a mi modo de ver, en una persona un poco irritante y que más que tener 25 años parece de 15, siendo generosa.

Para ser una novela erótica hay poco sexo, y bastante sosito. Algunas escenas  parecen no venir mucho a cuento. A veces parece que están para cubrir el trámite.

Sobre la mitad, el enamoramiento más clásico surge y la obra toma los derroteros de una novela romántica de toda la vida. Por cierto, la protagonista, al final y al cabo siempre hace lo que su novio le propone, es él quien lleva la voz cantante en todo, y quien en realidad satisface sus deseos y fantasías con ella, mientras que ella se limita a dejarse, de buena gana, claro, pero siempre a expensas de lo que a él se le ocurre. De igual modo, es Francesco, el tipo del local de intercambio quien le muestra prácticas nuevas (¿Veremos alguna vez una novela erótica donde la mujer "enseñe" al hombre o sepa más que él?).

La familia de la protagonista es, como de costumbre, un mundo idílico de amor, donde todo es perfecto; por si fuera poco, quiere la casualidad que el hombre del que se enamora, un operario del crucero donde se ido a trabajar, resulta ser en realidad un afamado médico de posibles, cuya familia está vinculada con la industria discográfica, cosa que viene muy bien, ya que ella es cantante... Como se puede observar, no apreciamos ningún conflicto relevante en la novela que genere un poco de inquietud por el desenlace o alguna duda sobre si podrán llevar adelante su amor (basado solo en el sexo, ya que otro tipo de interacción entre ellos no se ve). Los pocos impedimentos que surgen, enseguida se solventan, incluso el rechazo visceral del padre del novio hacia ella.

El protagonista masculino está muy idealizado; a mí personalmente me ha parecido demasiado empalagoso. Se supone que es puertorriqueño pero, quitando tres o cuatro palabras típicas de la tierra, habla como un español de Castilla, al igual que toda su familia (por ejemplo, dicen "vosotros", en lugar de "ustedes"). La imitación de los lenguajes característicos de Puerto Rico y de Canarias no está muy lograda.

Entre las cosas más descacharrantes las afirmaciones de que Dylan, el médico camuflado de operario, es ex de Jennifer Aniston y Sienna Miller entre otras famosas, y conoce a un montón de cantantes latinos, como Marc Anthony, que, por cierto, tiene una aparición estelar cantando al lado de la prota... Este tipo de cosas no ayudan a dar verosimilitud a la historia.

La aportación culebronesca en forma de niña bastarda del hermano de Dylan, sobra, y resulta casi rídicula, así como la rapidísima conversión del padre de él de odiarla a tratarla como si fuera ya de la familia en unos pocos días.

El argumento va dando tumbos, y hasta que se enamoran y descubrimos quién es Dylan en realidad no se sabe hacia donde va la obra  ni qué quiere contar la autora. Por descontado el tema intercambio de parejas que se cita en la sinopsis es un mero gancho que no se desarrolla.

Entre los puntos positivos, aunque la prosa es simple y la primera persona la perjudica grandemente, al menos las frases son correctas y se ve que ha pasado una buena edición por parte de la editorial. La lectura es muy ágil al ser casi todo diálogos (para mi gusto demasiados) y frases cortas y en puntos y aparte. Para los aficionados a este género puede resultar una lectura satisfactoria si no quieren leer algo diferente a lo tópico. Tiene casi todo lo característico de una comedia romántica como malentendidos, riñas, escenas de celos, escenas sentimentales, etc... aunque diría que sobran páginas, debido a lo mucho que se alargan situaciones no relevantes (escenas del principio con el novio de ella en el coche, escenas domésticas, etc).

No es una novela autoconclusiva, como es habitual en este género. Termina con una especie de cliffhanger de culebrón cuya intención es despertar el interés hacia el desenlace.

En resumen, una novela que no me parece erótica sino romántica clásica con alguna escena de sexo intercalada, pero que no son las que llevan el peso de la trama. No destaca por nada en concreto dentro del subgénero.


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miércoles, 26 de marzo de 2014

En el país de la nube blanca, de Sarah Lark

Editorial: Ediciones B
750 páginas
21 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

En 1852 Gwyneira Silkham y Helen Davenport, dos jóvenes de diferente clase social, viajan a Nueva Zelanda para casarse con unos hombres a los que aún no conocen.

Comentario:

«En el país de la nube blanca» es la clásica saga familiar con toques de culebrón en la que transcurren decenas de años (la acción comienza en 1852 y termina en 1877) y por la que desfilan gran cantidad de personajes con mayor o menor protagonismo.

Una de las primeras cosas que se perciben es que  la prosa es correcta, la autora tiene capacidad para utilizar la elipsis cuando lo cree necesario y para transmitir más de lo que se dice en realidad en los diálogos y la narración en tercera persona, consiguiendo que al leer se puedan intuir algunas de las cosas que van a pasar con bastante antelación, siendo más sencillo para quienes tengan experiencia en otras lecturas de este género.

Las protagonistas principales de gran parte de la novela son dos mujeres, Gwyneira (Gwyn) Silkham y Helen Davenport, si bien con el transcurso de los años, lógicamente, van cediendo terreno a otros personajes.

Gwyn y Helen parten de diferentes orígenes (una es la hija de un magnate de la lana galés y la otra institutriz) y formas de ser (una es más rebelde y la otra más «convencional») para compartir la igualdad de condiciones que conlleva la llegada a un nuevo mundo (Nueva Zelanda) en desarrollo.

Así ambas se casan con hombres a quienes apenas conocen y no son lo que aparentan en una primera impresión (Lucas Warden es un joven atractivo con temperamento artístico y Howard O'Keefe envía una carta que fascina a Helen), lo cual marca el inicio de una serie de hechos un tanto… contradictorios. Por una parte las dos se muestran resignadas a mantener unos matrimonios sin amor, algo que daría cierto «realismo» a la novela, y por otra de vez en cuando les da por realizar actos propios de mujeres de épocas más recientes (Gwyn y James McKenzie).

Tanto las protagonistas como el resto de los personajes sufren multitud de experiencias, algunas muy duras, quizá para mostrar cómo era la vida en Nueva Zelanda en aquella época, lo que da cierta sensación de credibilidad y verosimilitud que se desvanece en parte según avanza la obra con la resolución, en ocasiones demasiado feliz de algunas de las tramas. Para ello utiliza la oportuna desaparición de algunos personajes o la reaparición de otros, como el ex alumno de Helen, George Greenwood, que llega de Inglaterra al cabo de los años, o varias de las niñas que viajaron con ellas al nuevo mundo, dando muestra de la planificación realizada por la autora, que dota de utilidad y relevancia incluso a los personajes secundarios.  

Sus más de 700 páginas hacen que la novela sea inevitablemente prolija y desigual, tanto en la profundidad con la que se retratan personajes y situaciones como en la imposibilidad de mantener el interés en todo momento, observándose frecuentes altibajos de ritmo, sobre todo pasado el ecuador, cuando el protagonismo se dispersa entre más personajes para abarcar otro tipo de situaciones, lo que incluye una presencia mayor de los habitantes originales del lugar y, en el último tramo, de un apresurado paso de los años sin hacer apenas hincapié en la evolución de alguno de los protagonistas principales (Helen).

En resumen, una saga familiar correctamente redactada, con suficiente cantidad de drama, romance y ambientación «histórica» como para interesar a quienes gusten del género. 

Nota: «En el país de la nube blanca» es el primer tomo de una trilogía que continúa con «La canción de los maoríes» y «El grito de la tierra», ambas publicadas en Ediciones B.


***T***


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lunes, 24 de marzo de 2014

Mr. Gwyn, de Alessandro Baricco

 Mr. Gwyn
Alessandro Baricco
Traducción: Xavier González Rovira
Anagrama
184 páginas



Argumento:

Mr. Gwyn, escritor de varias novelas de éxito, lleva a The Guardian, diario británico, un documento donde explica que va a dejar de escribir. Su agente trata de convencerlo de que es una mala idea, pero el autor se aferra a su decisión. Tras un tiempo de no hacer nada, empieza a hacer retratos escritos de las personas. Por extraño que parezca, se hace famoso con esta extraña actividad y hasta tiene clientes que pagan miles de libras...


Comentario:

La última novela del exitoso escritor italiano Baricco se centra en un literato, el Mr. Gwyn del título, que, de pronto y sin que sepamos por qué razón, decide dejar de escribir. Pero como se aburre (o se siente vacío, según dice el narrador), decide inventarse el oficio de "copista" o hacedor de retratos escritos de las personas.

Viendo la premisa de partida ya se puede uno imaginar que la cosa se va a decantar por el lado surrealista, dando por verdades universalmente admitidas lo que no son más que meras conjeturas de Baricco. Por ejemplo, el tal Mr. Gwyn decide que para hacer un retrato escrito lo mejor es que la persona pose para él desnuda, a modo de metáfora supongo, pero luego deduce que todos sus clientes desean contacto físico con él (como escritor supongo de nuevo, o creador o copista de una realidad oculta bajo los oropeles de la ropa que nos define como animales sociales).

A lo largo de varios capítulos se nos describen algunas de las sesiones con diferentes clientes, creando un efecto de repetición que tendrá su explicación en el desenlace, ya que es base para un seudomisterio que resuelve el otro personaje de la novela, Rebecca, secretaria del agente del escritor, con un cierto sobrepeso y un novio medio tonto, según explica el autor.

Digo seudomisterio porque tanto el argumento como el mensaje del libro tienen un tinte metaliterario y autorreferencial que a mí me parecido poco relevante. Como tantos otros libros últimamente, se sobrevalora el poder de la creación literaria, el valor de la literatura y, por ende, la importancia de los escritores. En este caso parece haber también una cierta crítica al autor-marca en detrimento de la obra en sí.  E incluso de la fama como impedimento para crear con libertad, y una reivindicación del anonimato y la huida social. Sin embargo, me ha parecido bastante convencional en sus conclusiones o reflexiones.

La novela, narrada en tercera persona con el punto de vista de Mr. Gwyn y de Rebecca, es breve y se lee fácilmente, incluso no interesando mucho el tema, con capítulos cortos y una prosa con ciertos alardes ingeniosos, transida de un sutil sentido del humor e irrealidad. Sin embargo, a mí no me ha calado en absoluto ni me ha perturbado, alterado o convencido de las virtudes de este escritor, que en el fondo, me parece algo superficial y facilón en sus artificios narrativos.


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sábado, 22 de marzo de 2014

El libro de los portales, de Laura Gallego

Editorial: Minotauro, 2013
496 páginas
14,95 €
Ebook: 6,99 €
 
Argumento:

En Darusia comienzan a suceder cosas relacionadas con los portales que la comunican. Varios estudiantes de la Academia de los Portales deciden resolver los misterios que les rodean.

Comentario:

Es inevitable que el argumento de El libro de los portales, e incluso la ilustración de la cubierta, recuerden, hasta cierto punto, la serie Stargate, con la que tiene algunas semejanzas, al menos superficiales, aunque pronto toma su propio rumbo.

Según avanza la lectura se hace evidente que la autora se ha trabajado mucho el diseño de un mundo condicionado por la existencia de estos portales y lo que significa para el desarrollo de la vida de sus habitantes. Poco a poco, mediante escenas como en la que Tabit acude al hogar de Yanek y habla con él muchacho y su familia, se va ampliando la información sobre estos portales: para qué sirven, cómo se pintan, el uso de la bodarita roja, lo que supondría que se quedaran sin ella, la aparición de la azul con su contenido de esperanza e intriga, el borrado de algunas de estas puertas, y la Academia de los Portales.

Todos estos datos, bien insertados entre escenas dedicadas a la presentación de los personajes y el desarrollo de los diversos misterios, resultan a menudo demasiado prolijos, dándoles en ocasiones una relevancia superior a la narración de las aventuras de los protagonistas, incluso ralentizando el avance de la historia. Si bien es cierto que la autora crea una sociedad compleja en la que prácticamente cada detalle es relevante para explicar lo que sucede más adelante, también puede resultar en algunos tramos una lectura demasiado densa.

Los protagonistas principales: Caliandra, Tabit, Tash, Rodak, Yunek, están diseñados para cumplir su cometido, con las características adecuadas para amoldarse a los tipos que representan, tanto en la parte de aventura como en la romántica, siendo sus comportamientos y reacciones bastante previsibles en casi todo momento, con escasas excepciones, algo que puede restar interés por el destino de los personajes a quienes consigan prever lo que va a suceder antes de que ocurra.

Y es que la novela, pese a su corrección formal, y una esmerada planificación que deja ver el oficio de la autora (todo tiene su importancia y se dirige de forma lenta pero segura a un final que cierra el círculo), no aporta nada nuevo ni diferente (ni siquiera lo que descubren más tarde sobre los portales, la aparición de Yiekele o el lugar en que la encuentran son suficientes para crear esa sensación de sorpresa o maravilla) al género.

De hecho la historia peca de excesivamente previsible en bastantes aspectos, lo que, unido a la mencionada prolijidad en la descripción de todo lo concerniente a los portales, puede resultar, en algunos de sus excesivamente largos capítulos, pesada de leer, por lo que el balance final sería el de una novela entretenida, aunque no especial.


***T***

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jueves, 20 de marzo de 2014

Los vigilantes del faro, de Camilla Läckberg

T.O.: Fyrvaktaren, 2009
Editorial: Maeva, 2013
Traducción: Carmen Montes
448 páginas
20 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Patrik Hedström acaba de reincorporarse a su trabajo como policía tras lo sucedido en La sombra de la sirena cuando le encargan investigar el asesinato de Matte Sverin.

Comentario:

En ocasiones da la impresión de que no se puede decir nada nuevo de una novela perteneciente a una serie, que ya se ha dicho todo al comentar anteriores entregas. Los vigilantes de faro es una de ellas.

La autora utiliza el mismo esquema que en las otras, dividiendo la historia en dos partes, una dedicada a la investigación de uno o varios crímenes en el presente y la otra a algo sucedido en el pasado que, por lo general, está relacionado, más o menos, con la actualidad.

Para quienes se hayan acostumbrado a la propensión a saltar de un personaje a otro, desde los habituales a los secundarios, sin un motivo aparente que lo justifique y en ocasiones de forma confusa y tan torpe que obliga a hacer un esfuerzo para deducir qué punto de vista está mostrando, quizá sea más fácil seguir una narración errática, en la que algunos personajes no tienen un rol claro aparte de intentar enredar una trama de intriga más previsible de lo habitual.

Se diría que la autora no se ha molestado mucho en tratar de ocultar lo que sucedió en 1870 en la Isla de los Espíritus (Gråskär) entre Emelie, su marido Karl, nuevo vigilante del faro, Julian, su ayudante, y el pequeño Gustav, situación que se puede adivinar casi desde el comienzo y tiene cierto paralelismo con la vida de la nueva habitante del lugar, Annie.

Los temas que se tratan también son recurrentes: las relaciones paterno filiales, la familia, el efecto de lo que sucede en quienes les rodean (hay personajes y situaciones que tienen excesivas similitudes con secundarios de otras novelas) y, sobre todo, la evolución (lenta y repetitiva) de los personajes conocidos: Erica y su hermana Anna, Patrik y sus compañeros de trabajo…

Quizá uno de los motivos que inciten a leer Los vigilantes del faro sea  precisamente el final de La sombra de la sirena, que dejó a varios de los protagonistas habituales en situaciones cuyas consecuencias se desarrollan en ésta séptima entrega de la serie, que hace, como de costumbre, mucho hincapié en el creciente número de bebés que aportan Erica y Patrik y en las relaciones entre el resto de los habitantes de Fjällbacka.

Todo esto hace que Los vigilantes del faro sea más de lo mismo, escrito con la torpeza habitual (similar esquema y personajes) y con una previsibilidad fruto de la insistencia de la autora en señalar lo peculiar de ciertas actitudes o situaciones. Para incondicionales.

Enlace relacionado:

- Reseña de «Las huellas imborrables», de Camilla Läckberg, en este blog


***T***


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martes, 18 de marzo de 2014

El libro de la señorita Buncle, de Dorothy E. Stevenson

T.O.: Miss Buncle's Book, 1934
Editorial: ALBA, 2012
Colección: Rara Avis
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
378 Páginas
22 €

Argumento:

La señorita Barbara Buncle ha escrito un libro cuyos personajes y situaciones se basan en las personas que conoce. Cuando se publica y sus vecinos comienzan a leerlo e identificarse con los personajes, intentan desenmascarar la identidad del señor John Smith que firma la novela.

Comentario:

En varios artículos sobre Dorothy Emily Stevenson y su obra se destaca que en su producción abundan las novelas románticas ligeras. Es cierto que El libro de la señorita Buncle contiene muchas de las características del género (incluye tres romances que acaban en boda), y en ese sentido es algo convencional, pero también aborda otros temas.

Una de las características más interesantes de El libro de la señorita Buncle es precisamente una variedad de contenidos que incluye entretenimiento, romance, diversión, ingenio ironía o crítica social. Y, además, se trata de una novela dentro de una novela, habla de la creación artística, es una obra metaliteraria que no descuida los otros aspectos y se puede leer, y disfrutar, a varios niveles.

El perturbador de la paz, de John Smith es un libro mágico. Y lo es tanto en su habilidad para fotografiar a las personas que lo «pueblan» como para hacer que, incluso quienes no se reconocen en esas páginas que primero les muestran tal como son y luego trascienden la realidad «obligándoles» a realizar acciones sorprendentes, sigan de alguna manera los dictados de ese niño prodigioso con su caramillo creado por la señorita Buncle (una especie de flautista de Hamelin que provoca los cambios de los habitantes de Copperfield).

Quizá al principio haya que hacer un esfuerzo para identificar a los personajes «reales» con los ficticios, algo que en el original inglés es más fácil pues, como se dice en la nota editorial al comienzo de la novela, los nombres de los habitantes del pueblo imaginario son elegidos por la señorita Buncle utilizando ingeniosos juegos de palabras que relacionan el Silvestream real con el Copperfield de ficción.

Esta cualidad del libro que escribe Barbara Buncle representa a la Literatura con mayúsculas, la que, además de entretener, intenta ser un vehículo para expresar ideas, mensajes de mayor o menor profundidad y trascendencia o cambiar a las personas:

«—¿Copperfield es Silverstream, en realidad?—preguntó el señor Abbott. —Sí, ya ve que no tengo ni pizca de imaginación —contestó la señorita Buncle con tristeza. —Pero la segunda parte… seguro que la segunda parte no es real, ¿verdad?—dijo el señor Abbott con voz entrecortada. La señorita Buncle reconoció que no. —Solo fue una idea que se me ocurrió de repente—dijo con modestia—. Eran todos tan engreídos y estaban tan apoltronados que me pareció divertido despertarlos.»

Además explora los entresijos de la creación literaria, utilizando a esa Barbara anodina que afirma escribir sobre lo que conoce porque no tiene imaginación. Quizá es la razón de ser del (no) secuestro de los gemelos Walker por parte de la señora Featherstone Hogg, que sirve tanto para mostrar que a veces la realidad supera a la ficción como para propiciar una falsa confesión de autoría por parte de la señora Walker y una verdadera de la señorita Buncle, que su amiga no cree. «John Smith» incluye el pasaje en su segunda novela y su editor, el señor Abbott, pretende que la quite por demasiado irreal.

La autora incluye además varias críticas a El perturbador de la paz que indican las diferentes interpretaciones que puede tener un texto, y van desde quien opina que los personajes son poco creíbles a quienes consideran que se trata de una sátira llena de humor: «Cada página es una obra de arte que plasma la ridiculez con la mayor sutileza.» o que «es una de tantas novelas frívolas que, cuando por fin terminamos de leerla, nos obliga a plantearnos por qué se ha escrito. Es aburrida, prosaica y sensiblera y los personajes son muy poco convincentes.…»  Opiniones que consideran que es una novela de amor o que «El señor Smith se mofa un poco del amor, escribe sobre el amor en tono de burla y el resultado es sumamente divertido».  Incluso que «Gira principalmente en torno a la descripción de personajes que se ven atrapados en pasiones desenfrenadas o pervertidas».

Stevenson completa su estudio sobre la literatura y la realidad con la reacción de la propia señorita Buncle a convertirse escritora («Todas sus marionetas, menos unas pocas, se habían reunido con la intención de vilipendiar a su creadora. Se preguntó si algún escritor habría tenido ocasión de ver alguna vez una cosa tan curiosa...») y su identificación con su alter ego literario, Elizabeth Wade («... soñó que iba por la calle del pueblo. Había en el aire algo parecido a un resplandor brumoso: por eso supo que estaba en Copperfield…» «¡... Qué contenta estaba! Siempre estaba contenta en Copperfield, porque allí siempre salía todo bien, la gente hacía lo que ella quería, nadie decía groserías de su libro, ni se enfadaba ni la trataba con condescendencia. En Copperfield, dominaba a todo el mundo...»)

Para completar la imagen sobre la influencia de la literatura en la realidad, la señorita Buncle escribe una segunda novela Más poderosa es la pluma.… en la que Elizabeth Wade, se enfrenta a las consecuencias de publicar, lo que Stevenson utiliza para insistir en las diferencias entre realidad y ficción (Barbara no puede tener un final tan idílico como Elizabeth, algunos de sus personajes/vecinos reaccionan de forma diferente y más interesante que en su novela) y hasta para dar un final a ambas novelas (la de Buncle y la suya) con la colaboración del señor Abott.

En resumen, El libro de la señorita Buncle es una novela divertida, entretenida, ingeniosa, algo ingenua (quizá por la época en que fue escrita) y con unos toques metaliterarios que la enriquecen sin estorbar a quien quiera disfrutarla en sus diversos niveles de lectura.


Citas de El libro de la señorita Buncle:


«¡Qué tonto era el público! Era exactamente un rebaño de ovejas —pensó, adormilado—. Van uno detrás de otro como tontos, no reparan en tal libro, pero compran el de al lado solo porque lo compran los demás, aunque no hay manera de saber qué ven en el uno o dejan de ver en el otro. Pero este libro… éste tiene que salir. Hay que publicarlo.»

***

«—De manera que John Smith es usted —dijo el señor Abbott con las cejas graciosamente enarcadas. 
—Fue el primer seudónimo que se me ocurrió. 
—No me extraña, es un nombre fácil de pensar —observó el señor Abbott—. Me pareció demasiado malo para ser real. 
—No me importaría cambiármelo —añadió la señorita Buncle rápidamente. 
—No quiero que se lo cambie —dijo el editor—. No tengo nada en contra de John Smith, pero ¿por qué no Buncle? Buncle es un apellido bonito. 
—Pero ¡es que vivo allí! —exclamó ella sin aliento. El señor Abbott lo entendió inmediatamente.La señorita Buncle admiró su rapidez mental. Otra persona le habría preguntado dónde vivía o qué tenía que ver eso con su apellido, pero el señor Abbott lo había captado al instante. 
—En tal caso… —dijo, levantando ligeramente las manos con las palmas hacia arriba. Se rieron los dos.»

***

«... y entonces se le ocurrió que sería emocionante escribir una obra de teatro, ver a sus creaciones vestidas de seres mortales y oír en su boca las palabras que ella había escrito. Aunque seguro que una obra de teatro sería un poco ingrata, porque ningún actor puede satisfacer totalmente al autor: necesariamente habrá discrepancias entre la idea que el autor tiene de un personaje y la expresión que le da el actor. Esto era mucho mejor que una obra de teatro, porque los actores eran ellos mismos. No podían salirse del personaje aunque lo intentaran, porque eran los propios personajes, en carne y hueso y el doble de naturales. Una neblina extraña le cubrió los ojos. ¿Estaba en Silverstream o en Copperfield? ¿Era la señora Horsley Downs o la señora Featherstone Hogg?» 

***

«—¿Qué sentía usted mientras lo escribía? —preguntó abruptamente. 
—Pues —respondió ella, tras pensar un momento— al principio me resultó difícil, pero después empezó a rodar solo, como una bola de nieve por la falda de una montaña. Empecé a ver a la gente con otros ojos, todo el mundo me parecía más interesante. Y más adelante me asusté mucho, porque se me mezclaban las cosas en la cabeza, Silverstream y Copperfield, y algunos días no sabía cuál era cuál. Cuando iba de compras al pueblo, unas veces era Copperfield y otras Silverstream, y cuando me encontraba con el coronel Weatherhead no me acordaba de si realmente se había declarado a Dorothea Bold o no. Creí que me volvía loca o así.»

***

«Sin dejar de tocar, el niño pasó por High Street, cuesta arriba primero y cuesta abajo después, y se dirigió a la vicaría y a la antigua iglesia, que dormitaba en silencio junto al río. Dondequiera que fuese, dejaba a su paso un desasosiego y una extraña inquietud. Los aldeanos se despertaban y, haciendo caso omiso de las convenciones sociales, seguían los impulsos primarios de su naturaleza oculta. A unos, la nítida y dulce música les avivó la ambición, a otros les evocó recuerdos del pasado que los indujeron a hacer buenas obras. A algunos los empujó a cometer actos violentos y en otros encendió la llama del amor. Al menos, John Smith decía que la música encendía la llama del amor, pero Sarah Walker, que algo sabía de dicho artículo (algo más incluso, sospechaba, que John Smith), habría dicho que la emoción que el caramillo del niño insuflaba en sus oyentes no era amor, ni mucho menos, sino pasión.»

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«El tema era poco usual e intrigante, el señor Abbott nunca había leído una novela sobre una mujer que escribe una novela sobre una mujer que escribe una novela. Parecía un juego de espejos como los de los sastres, en los que la mujer y su novela se reflejaban una y otra vez hasta el infinito.»



Sobre la autora y su obra (en inglés):





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lunes, 17 de marzo de 2014

El Mapa del Cielo, de Félix J. Palma


El Mapa del Cielo
Félix J. Palma
Plaza y Janés
744 páginas


Sinopsis:

Los miembros de una expedición naval a la Antártida contemplan la caída de un platillo en la nieve. La nave está tripulada, como comprobarán después. Un caos de muerte y destrucción empieza a asolar a los expedicionarios. Años después, un millonario trata de recrear una invasión extraterrestre como la narrada por Wells en una de sus obras, para seducir a una mujer.

Comentario:

Esta novela, aunque no es estrictamente una segunda parte de "El Mapa del Tiempo", anterior obra del autor, sí podría considerarse como tributaria de ella ya que comparten no solo estilo y algunos personajes, sino también similares recursos narrativos, aunque en este caso algo más rebajados en todos los sentidos.
Así pues contamos con la presencia de un narrador omnisciente que de vez en cuando interpela al lector, pero cuya razón de ser es mucho menor que en la anterior obra citada, donde sí tenía cierta relevancia, sobre todo en el clímax. Aquí más bien parece la repetición del recurso o una manera de dar coherencia formal y estilística a la serie (al parecer, estas obras forman parte de una trilogía), pero da la impresión de que si se eliminara no afectaría para nada a la historia.

La novela está bien escrita, en el sentido de bien redactada (muy por encima de la media), con algunos alardes puntuales líricos, menos que en la anterior (se ve un cierto sesgo hacia lo comercial), pero a mí personalmente, me ha costado mucho más leerla. Y no solo porque el autor tenga una verborrea incontenible que le hace contar todo, absolutamente todo, llegando a incurrir en reiteraciones y repeticiones de conceptos (¿cuántas veces dice, por ejemplo, que para los marcianos somos como cucarachas, o que aunque sabíamos que no eran marcianos seguíamos llamándolos así, o que Wells es especial, etc, etc?), sino porque me ha resultado previsible en su final y hasta en su desarrollo. Aparte de muy larga para lo que cuenta, eso también (con trescientas páginas menos sin duda habría mejorado mucho).

El primer cuarto o más de la novela es una especie de larguísimo remake de "La Cosa" de John Carpenter (a su vez remake de "El enigma de otro mundo"), con lo cual el efecto sorpresa está muy restringido. Quien haya visto estas películas sabe todo lo que va a pasar, en qué orden y hasta con detalles ya que se incluye todo lo característico de la historia. Por si fuera poco, el resto de la novela, con excepción de la tercera parte, es otro remake de "La guerra de los mundos" de H.G. Wells, con lo cual, nuevamente, si se conocen las películas basadas en ella o la novela en sí, no hay casi nada que pueda sorprender al lector. Si, para colmo, has leído "El Mapa del tiempo" y sabes cómo termina, también puedes sospechar cómo se resolverá la historia de esta, ya que se basan en lo mismo. Ahora que lo pienso, en la tercera parte hay otro "homenaje", a "Matrix" concretamente...

Volviendo a la verborrea, es que el autor parece desconocer la elipsis. Nos cuenta la vida de Allan Poe y luego también la de Wells, a modo de digresiones intercaladas en el texto, que si bien pueden interesar como curiosidades, en la estructura de la obra no parecen muy necesarias. Además, diría que la vida de Wells ya la contó en la anterior novela. Sobran al menos la mitad de las palabras, lo que hace la lectura muy ardua, con todas las vueltas que da para contar las cosas. Por momentos se me ha hecho aburrida. Hasta las escenas de acción se me han hecho largas y pesadas, llegando en algunos momentos a leerlas por encima con la certeza de que no me perdía ningún detalle importante.

También parece un texto menos cuidado que el de la anterior, ya que se cometen algunos "deslices" (o pistas) como afirmar que hay osos polares en la Antártida (solo los hay en Hemisferio Norte), y se repiten expresiones un poco tópicas (y algunas erróneas) como "escena dantesca", "impulsado por un resorte", "convivir juntos" (quien convive lo hace con alguien), "a cada cual" en lugar de "a cual", o miembros doblados en "ángulos imposibles" (esta se repite al menos tres veces). Incluso el famoso mapa del cielo, que da título a la obra, parece más bien un adorno que un elemento funcional dentro de la estructura, puesto que, al final, volvemos a las mismas soluciones de "El Mapa del Tiempo".

Entre las escenas más notables, el encuentro de los supervivientes con los niños en las alcantarillas de Londres, que resulta bastante inquietante y casi terrorífica. En cierto modo, la obra linda en algunas partes con el terror, pudiendo enmarcarse en el género fantástico o ciencia ficción, con leves detalles steampunk.

El mensaje de la obra es la exaltación de los escritores y su poder para hacer soñar a las personas, dándoles esperanza dentro de la desolación de la vida. En consonancia, Wells es una especie de superhéroe con mañas a la altura de las del Doctor Who... Y Poe todo un héroe de acción...

La novela parece bien ambientada en el Londres victoriano, al menos en el tema de nombres de calles, barrios y similares. En ese aspecto, se aprecia una buena investigación y documentación.

Para mí, en líneas generales, ha sido una decepción, ya que “El Mapa del Tiempo” me había gustado muchísimo y me había sorprendido con sus recursos y su prosa, pero con esta siento que me está contando casi lo mismo y encima "fusilando" a otros autores, u "homenajeando", por usar una palabra más suave.

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domingo, 16 de marzo de 2014

La mujer y el mono, de Peter Høeg

Kvinden og aben, 1998 
Tusquets - Coleción Andanzas 336
Traducción: Juan Mari Mendizabal.
 270 páginas
 15 € 

Argumento: 

Madelene es una mujer al límite, casada con Adam, un famoso etólogo, quien secuestra a Erasmus, un mono de gran inteligencia. La mujer se identifica con él y decide ayudarle... 

Comentario: 

La protagonista, Madelene, es alcohólica, autodestructiva, (mezcla alcohol etílico de 99,6 º con agua destilada hasta conseguir la bebida ideal, de 55º, que lleva en una botella donde quiera que va, alternándola con pastillas de vitamina B para evitar la resaca), danesa en Inglaterra, donde se siente extraña, ajena, está casada desde hace diecisiete meses con Adam, un hombre distante y poco comunicativo, solo se siente segura dentro de su cama y tiene miedo a abandonar su dormitorio. Todas las mañanas, al maquillarse, siente que se pone una máscara social con la que poder soportar su vida. 

En el momento en que Erasmus aparece en su vida, Madelene es como una enferma terminal, hastiada de su existencia, que se odia a sí misma y que, al conocer e identificarse con la vulnerabilidad del mono renace de sus cenizas. Se desdobla a sí misma en otras mujeres, en Priscilla, que es decidida y sabe lo que hay que hacer, capaz de tomar decisiones y hacer cosas que ella jamás haría. 

Entre los aciertos de la novela está que Peter Høeg describe a unos personajes que podrían ser reales, porque sus sentimientos, sus emociones, los miedos, las ruindades y reflexiones, pueden ser los de cualquiera. Con solo unas breves frases consigue que conozcamos a cada personaje. No sólo a Madelene como protagonista, también a su marido Adam, a la hermana de él, Andrea, o Billy, el hombre que debía recoger al animal, e incluso a personajes más secundarios como Bally, el capitán del barco del que huye Erasmus. 

Y nos los muestra haciendo hincapié en aquello que da sentido a sus vidas, lo irrenunciable, que les hace triunfar o fracasar porque no pueden ser de otra manera. Los retrata casi con cariño, ninguno de ellos es ajeno a su propia forma de ser, tienen una visión lúcida de sí mismos aunque no puedan dejar de ser lo que son. Unos personajes cuya evolución importa, que son imprevisibles: ¿qué va a hacer Madelene a continuación? 

La forma de escribir, sencilla, directa y certera, con su carga de crítica y su conocimiento de la psicología humana es algo a su favor. 

También recurre al sentido del humor, a veces algo obvio, como que el nombre del barco en que viaja Erasmus sea «El Arca», hace crítica social al enfrentar a Madelene con una sociedad muy diferente de la suya, con el consiguiente choque cultural. 

Y habla de animales, continuamente, mediante ejemplos y metáforas que los contienen describiendo sus vidas en libertad o en los zoos, siempre animales, en contraposición a los humanos. 

La obra está dividida en al menos dos partes, quizá tres, una en que se muestra a la protagonista y los personajes que la rodean hasta que lleva a cabo su decisión, otra más breve en que vemos a Madelene y Erasmus viviendo en una suerte de paraíso y una tercera, la «sorpresa» (aunque si se lee con atención es hasta lógico) que lleva a un final imprevisto. 

Una novela bien escrita, en la que apenas sobra texto, que «justifica» sus sorpresas, una protagonista principal muy interesante y una conclusión casi inesperada, al tiempo triste y esperanzadora, que incluye una importante reflexión acerca de lo que es y significa ser humano.


Enlaces relacionados:




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viernes, 14 de marzo de 2014

Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke

Jonathan Strange & Mr Norrell, 2003 
Traducción: Ana Maria de la Fuente
Ilustraciones: Portia Rosenberg
Editorial: Salamandra
800 páginas
25,90 € 


Argumento:

En la Inglaterra de comienzos del siglo XIX aparecen dos magos dispuestos a reinstaurar la magia en el país.

Comentario:

La novela se sitúa en una Inglaterra alternativa en la que, además de utilizar hechos y personajes de la época, como la guerra con Napoleón Bonaparte hasta la batalla de Waterloo, o la aparición de personajes reales como el Rey Jorge III, conocido por su «locura», o Lord Byron, la autora crea un mundo propio de gran riqueza. 

Para apoyar y dar verosimilitud a su historia, Clarke recurre a abundantes pies de página en que se relatan supuestos hechos relacionados con la magia en el pasado histórico del país. Estos textos, a veces auténticos relatos de gran complejidad e interés son muy eficaces para hacer creíble la historia, aunque tienen la desventaja de que, cuando son muy extensos llegan a distraer de la trama principal y hay que hacer un leve esfuerzo para retomar el hilo argumental. 

La obra participa de varios géneros además del fantástico relacionado con la magia, duendes, fantasmas.... incluyendo el histórico (aparecen personajes y hechos reales), y la novela costumbrista (al estilo Dickens), que comprende la mayor parte de un texto acompañado de magníficas ilustraciones en blanco y negro. 

Clarke ha escrito la novela recreando la forma de escribir de la época en que se sitúa, relatando pormenorizadamente tanto la vida de cada personaje, desde los principales hasta los secundarios, como la reconstrucción de lugares, hechos y costumbres. 

Muestra imaginación en la elaboración del mundo de fantasía en que se mueven algunos de los protagonistas, como ese hogar casi onírico de los duendes (la casa sin fin, escenario de espectaculares bailes y fiestas) que en ocasiones invade la realidad de forma ominosa (esos árboles negros que parecen acercarse, o el sonido de campanas invisibles), o los largos pasadizos en el interior de los espejos. 

Esta creación de un universo propio que en algunos momentos parece real, llegando a parecer que se está allí, tiene tanto cosas positivas como negativas. De las primeras citar la inmersión en una realidad que trasciende las palabras del texto y la credibilidad de que consigue dotar al hecho de la magia y la forma en que se realiza y entre las otras que la autora parece tan inmersa en su fantasía que a veces incluye escenas innecesariamente reiterativas o conversaciones que no aportan novedades ni avance al argumento pese a lo bien escritas que están. 

Resaltar la presencia ocasional de una voz narradora casi omnisciente que lamentablemente desaparece con el transcurrir de las páginas, cuya identidad se desconoce y que relata lo ocurrido desde un futuro relativamente próximo a los acontecimientos que cuenta.

De los personajes, mayoritariamente masculinos, destacar, además de los magos protagonistas al humilde Segundus o el estrafalario Vinculus, Childermass (ayudante de Norrell), el criado negro Stephen Black, el caballero con el cabello color vilano de cardo o el siempre presente (en boca de los demás) Rey Cuervo. 

Entre las damas, secundarias, tienen importancia Arabella Strange, Flora y Emma, Lady Pole, en muchos casos víctimas a las que rescatar. 

Aderezada con toques de sutil humor británico, algo de romance, fantasía, magia y enfrentamientos entre magos, «Jonathan Strange y el señor Norrell» es una novela con altibajos argumentales quizá debidos a su larga extensión y, pese a que tiene un final, con la posibilidad, deja abierta la posibilidad de una continuación (al parecer, la autora asegura que no va a escribir una segunda parte... aunque no descarta retomar la época y circunstancias en una próxima novela).

Nota:


―  La BBC ha adaptado la novela en una miniserie de 7 capítulos protagonizada por Bertie Carvel (Jonathan Strange), Eddie Marsan (señor Norrell), Charlotte Riley (Arabella), Marc Warren (El Caballero con el cabello color vilano de cardo), Edward Hogg (Segundus) o Enzo Cilenti (Childermass) entre otros.

Fotos de la serie:


Jonathan Strange y el señor Norrell

El señor Norrell y el Caballero con el cabello color vilano de cardo

El Caballero (Marc Warren) y Lady Pole ( Alice Englert)

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