lunes, 10 de agosto de 2015

Estilo rico, estilo pobre, de Luis Magrinyà

Estilo rico, estilo pobre: Guía práctica para expresarse y escribir mejor
Luis Magrinyà
272 páginas
Editorial Debate


Argumento:

Análisis de diversas cuestiones de estilo de la lengua castellana, en tono desenfadado y ligero, con ejemplos variados.

Comentario:

A diferencia de otros libros de estilo o con vocación de libro de estilo, este que nos ocupa no da normas ni pautas para seguir. No al menos de un modo categórico. Para mí, en este punto se encuentra su originalidad y también su debilidad, puesto que si bien es adecuado cuestionarse el rigor con el que a veces se condenan los malos usos del idioma (y el autor pone numerosos ejemplos de supuestas incorrecciones que antes no lo eran, y viceversa, por pura evolución del lenguaje), una persona que se acerque a este libro para utilizarlo como manual o guía lo tendrá difícil para decidirse entre las diversas opciones que se plantean a la hora de redactar un texto.

Me ha gustado que el autor utiliza como ejemplos (a veces demasiados, que ocupan  páginas y quitan espacio para el texto interesante) fragmentos entresacados tanto de obras consideradas clásicas como de novelas contemporáneas de todos los géneros e incluso de blogs, foros de internet y otras formas de expresión escrita relacionadas con las nuevas tecnologías, todas ellas en plano de igualdad, sin jerarquías de valor literario, demostrando, como dice el refrán, que el mejor escribano echa un borrón.

También resulta interesante, más si cabe que su posible uso como manual de estilo, el estudio de la evolución de algunas expresiones y términos, y como dichos, palabras o usos que nos parecen increíblemente modernos tienen sus raíces en tiempos lejanísimos. Incluso muchos de los "errores" que se ven a menudo en novelas, periodicos y otros medios vienen de antiguo, del siglo de Oro o de la Edad Media. Esta visión del lenguaje como un instrumento en continuo cambio y evolución, donde la norma casi parece establecida por "capricho" resulta inquietante a la par que realista. Así pues, las reglas se convierten en mera convención, en algo que si lo pensamos bien, entra en contradicción con la propia función de la RAE y otros observadores y vigilantes del idioma.

Esto es lo que no me ha gustado del libro, que no da soluciones, solo plantea situaciones y preguntas, pero no sirve para aquellos que necesiten una pauta o un criterio. Si todo vale, si todo cambia y todo es arbitrario ¿para qué la norma? Resulta difícil defender la existencia de reglas de redacción (y hasta de gramática) si aceptamos la provisionalidad de los usos.

El libro, formado por varios artículos unidos (se nota), y dividido en dos partes, está escrito con amenidad, buena redacción y mucho sentido del humor (otro punto positivo). A veces es demasiado ligero pero eso no desentona de la temática y del mensaje. Para mi gusto, hay un exceso de ejemplos que cortan la lectura y que en muchas ocasiones invitan a saltárselos. La organización por temas y "malos usos" está bien (por ejemplo, las consideraciones sobre los verbos "de decir" en las acotaciones de los diálogos), aunque se nota bastante deudora de su carácter de reunión de artículos.

En suma, una obra para curiosos del lenguaje, pero no para quienes busquen un manual de estilo riguroso y claro.


 
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