jueves, 14 de abril de 2016

El Sistema, Ricardo Menéndez Salmón

El Sistema
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
Premio Biblioteca Breve 2016
328 páginas


Sinopsis:

El Narrador vigila desde su solitaria estación meteorológica que ningún extraño entre en el Sistema de Realidad, que, en realidad, es nuestra Europa en un futuro no tan remoto. Pero un día, harto, decide abandonar su puesto e iniciar un inquietante periplo que lo lleva hasta la Academia del Sueño y, después, a emprender una singladura en barco junto con varios extraños que lo han secuestrado


Comentario:

Uno de los debates recurrentes de la literatura es el de si es más importante la trama o la forma, la intriga del argumento o el placer estético, lo qué se cuenta o el cómo. El autor de este libro parece tener clarísimo que la forma está por encima de cualquier otra consideración. Sospecho que es de esos escritores que piensan que la trama es burguesa y reaccionaria, y que, por lo tanto, no merece la pena ni urdir una para colgar de ella todas esas bonitas palabras. Esos escritores que olvidan, por lo demás, que la literatura consiste en contar historias principalmente.

Y es que "El Sistema" es una novela con una trama tan ligera que hasta podríamos considerarla prescindible. El punto fuerte es una prosa trabajada y exprimida hasta el limite de de las posibilidades de la lengua, cuajada de imágenes, metáforas y recursos originales, para nada convencionales ni trillados (aunque a veces excesivos), y sobre todo, en un tono lírico, desolado y casi apocalíptico, que nos sitúa en una Europa, devenida archipiélago, futura y distópica, en la que se atisban recuerdos de lo que fue, pero que en general resulta irreconocible.

En este artificio literario, la historia se divide en Protohistoria, Historia Antigua, Historia Moderna e Historia Nueva, y las personas en Propios y Ajenos, entendidos como los que habitan el sistema y los que están en el exterior. El sistema está formado por la Realidad y otras islas y países, como Empiria (Grecia) y la Innombrable (que para mí que es Alemania), y se articula en torno a objetos conceptuales como el Dado, la Caja, el Panóptico, el medidor de presencias y cosas por el estilo. También existen drogas que hacen que la gente no sueñe (simbolismo) y estaciones meteorológicas que vigilan que no lleguen extraños al sistema (simbolismo). Ya se lo pueden imaginar: todo eso significa "algo".

Aunque el libro entero está escrito en clave críptica o simbólica, si se prefiere, es posible adivinar en muchos pasajes el mensaje y los vínculos con nuestro presente, como menciones coyunturales a la crisis griega, que es, precisamente, lo que menos me ha gustado, ya que parece que se apunta a un tema de moda. También hay momentos en los que el discurso se superpone a la narración y nos "explica" en lugar de utilizar escenas para contar los temas, a modo casi de ensayo en tono poético (o panfleto, artísticamente redactado, pero panfleto a fin de cuentas, y en cierto modo tópico).

En algunas partes es demasiado obvio, pero durante la mayor parte de la novela es tan metafórico, poético y simbólico que no sabes ni de qué habla (bueno, a mí me ha pasado, pero no descarto que sea problema mío y de mis cortas entendederas). Siendo así, llega un punto de la novela en la que termina la fascinación por la deslumbrante y alambicada prosa y comienzas a preguntarte si eran necesarias tantas páginas o si el autor no se estará repitiendo y dando vueltas en torno a su creación, regodeándose en su capacidad lingüística  (o dicho vulgarmente, haciéndose una paja mental).

Los personajes son meros arquetipos para dar salida a las inquietudes del autor. El principal, llamado el Narrador, comienza como vigilante solitario de la estación meteorológica; escapa de ella y cae en manos de un tal Klein, y finalmente inicia un viaje en un barco llamado Aurora con un grupo de extraños personajes: un niño mago, un par de mellizos incestuosos, etc, etc, todos ellos símbolos de "algo", no lo olvidemos. Es muy difícil empatizar con cosas tan abstractas y conceptuales. En ningún momento sentí que me importara o conmoviera la aventura del Narrador ni de ninguno de los figurantes que lo acompañan en su viaje alegórico. Eso sí, está muy bien redactado; es una prosa apabullante.

Lo más logrado es el ambiente apocalíptico y surrealista de una tierra y una civilización en las postrimerías, un mundo que ha llegado a su Caída, habitado por seres (los humanos) que probablemente están a punto de ser sustituidos por criaturas posthumanas, como en un nuevo comenzar (simbolismo de Adán y Eva, del Arca). La prosa, como dije, fascina y deslumbra, pero no sé si a todos los lectores les bastará con sentirse fascinados y deslumbrados.

En resumen, un libro de elevado nivel literario y difícil comprensión (al menos para mí) que hará las delicias de los degustadores de la "qualité" más desaforada, amantes de las prosas elaboradas, acreedoras de premios literarios (y no me refiero al Planeta), pero que no atraerá mucho a los que busquen una historia, personajes, trama, intriga, esas cosas que solía haber en las novelas.


Fragmentos:
El niño que tenía miedo a lo desconocido, dijo mi padre, era un niño rico en climas. Durante el invierno, sitiado por los mariscales del frío, sentía miedo de los pozos profundos, del agua oscura, del silbido del tren amotinado en los túneles, de la nieve que caía sobre las tumbas de los cementerios; en verano y primavera, corriendo por playas y parterres, le subían por las ramas de sus huesos los espantos de los insectos innumerables, los terrores de las lunas de rostros picados de viruela, los fantasmas húmedos de la orina al despertar, los perfiles del hombre del saco escondido en el zaguán de una casa repleta de mujeres vestidas de luto que se reían de su inocencia; a comienzos del otoño, con el retorno a las clases, aparecería el miedo a desvanecerse en el seno de la costumbre, como una hoja mecida por dedos crueles, el miedo a los extraños que asaltaban a los chiquillos en las estancias del sueño, el miedo a los infatigables asesinos de padres y madres emboscados en las encrucijadas de los caminos, el miedo a que en un descuido, contenidas en un bostezo, una tos o un estornudo, se le escaparan por la nariz y la boca el apetito, la bondad, incluso la cordura. Claro que a la hora de escoger entre las muchas clases de miedo existentes, apuntó mi padre, la que más le atormentaba al niño era la del miedo a lo desconocido. Que se supiera, contra el miedo a lo desconocido no existía ninguna receta milagrosa, ni remedios encerrados en botellas diminutas y opacas: tan solo le quedaba a uno aguardar a que pasara como una sombra fugitiva, erizando el vello de los brazos hasta dejar la garganta seca, igual que cuando se lame una piedra.


Fuera, en la noche de verano, un cometa devasta el cielo. Una sombra a su derecha, cerca de la cabaña, lo distrae. Buena Muerte, desnudo, las manos pegadas a las caderas y los ojos pavorosos, una especie de héroe pagano, camina en círculos cada vez más estrechos, girando en un vértigo loco.  El Narrador pronuncia su nombre y avanza una mano hacia el derviche. Antes de tocar el cuerpo que no cesa de girar, comprende que el centinela es sonámbulo. Lo contempla un buen rato hasta que los círculos cesan, Buena Muerte se sosiega y regresa a la cabaña. Un halo de irrealidad late en la Estación. Dos danzas macabras en una sola noche. En ambas, la sensación de ser el único hombre vivo bajo el domo infinito.


Realidad está dividida en diecisiete Sustancias. Cada Sustancia tiene un Atributo y varios Accidentes. El Narrador nació, creció, estudió, se casó y fundó su familia en el Atributo de Sustancia 16. Sustancia 16 es una de las divisiones menos extensas y habitadas de Realidad. Es una Sustancia con una naturaleza espléndida, una tierra fértil y un clima benigno. El vigor de Sustancia 16 fue grande hasta hace décadas, pero una profunda crisis en sus sectores principales -minería, pesca, siderurgia- hizo que la demografía se estancara, la economía se resintiera y se produjera un éxodo de población hacia Sustancias más prósperas.

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

1 comentario:

  1. Muy acertado el comentario de MC Mendoza. Leí varias críticas al respecto y si bien todas apuntan a lo mismo, esta es la más clara y precisa. El libro también me parece muy abstracto, demasiado simbólico, casi nada de trama y poco de novela. Eso sí, muy bien escrito

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