lunes, 29 de febrero de 2016

Observada, de Renée Knight

T.O.: Disclaimer, 2015
Editorial: Salamandra
Traducción: Carlos Mayor Ortega
320 páginas
19 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Al recibir una novela titulada «Un perfecto desconocido», que parece recrear unos sucesos de su vida ocurridos veinte años atrás, Catherine Ravenscroft decide averiguar quién se la ha enviado y qué pretende.

Comentario:

Superficialmente, «Observada» tiene muchas similitudes con un telefilme de sobremesa para TV, desde el tema (secretos, venganza) hasta el desarrollo (personajes acosados, a la defensiva, giros más o menos inesperados, sorpresas), si bien la forma de abordar la (tópica) historia logra que se trascienda la mera novela de entretenimiento.

La historia está narrada desde distintos puntos de vista, siendo los mayoritarios el de Catherine, en tercera persona, y el de Stephen Brigstocke (de quien enseguida se sabe que envió el libro), en primera persona, aunque también se muestran ocasionalmente los puntos de vista de Robert y Nicholas, esposo e hijo de la protagonista, algún pasaje de «Un perfecto desconocido» (en tono de resumen explicativo) e incluso varias escenas de lo que en realidad sucedió veinte años atrás.

Tanto la alternancia de puntos de vista como la inclusión escenas situadas en diferentes momentos (la narración de Catherine empieza en 2013 y la de Stephen en 2011), desde la actualidad al hecho que dio origen a la situación, pasando por otros sucesos de diferente relevancia contribuyen a crear incertidumbre sobre lo que pasó e incrementar el interés por conocer la verdad, en un crescendo que ocupa las últimas cien páginas.

Sin embargo, no es esa sensación de «enganche» compuesta por la intriga por conocer tanto los hechos de dos décadas atrás como lo que harán los personajes en la actualidad lo que hace más atractiva la novela, sino la trascendencia que se le da, la forma en la que afecta a los protagonistas, incluidos el marido y el hijo de Catherine, dando lugar a una interesante evolución interior de todos ellos.

Al comienzo de la novela Catherine, que parece decidida a que no se sepa lo que ocurrió, da la impresión de que se siente culpable, mientras que Stephen, obsesionado por vengarse, se diría un desequilibrado dispuesto a todo, incluida la violencia. Poco a poco, según se suceden las revelaciones, van cambiando las primeras impresiones, lo que lleva a reflexionar sobre las apariencias, la culpa, el castigo, la redención y, sobre todo, sobre las consecuencias, de lo que se hace y de lo que no, lo que cambia las vidas de la familia Ravenscroft y de Brigstocke.

Si bien la autora deja sin explicar algunos detalles importantes, relativos a dos situaciones protagonizadas por Jonathan (el hijo de Stephen), que él no puede aclarar, ni es imprescindible conocer, la historia se resuelve de forma bastante satisfactoria.

Por cierto, el título elegido para la versión de Salamandra, «Observada», es menos apropiado que el original, «Disclaimer», entre cuyas acepciones se encuentran: aclaración, exoneración, descargo, renuncia o advertencia, más acordes al contenido de la novela.


***T***

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jueves, 25 de febrero de 2016

Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Otra vuelta de tuerca
The turn of the screw
Henry James
Traductor: Sergio Pitol
Salvat
192 páginas


Argumento:

Una institutriz viaja a una remota mansión para hacerse cargo de los sobrinos de un caballero, pero pronto descubrirá que, además de ellos, habitan en el lugar extrañas presencias...


Comentario:

Esta archifamosa obra de Henry James es una de las más influyentes e imitadas historias de fantasmas de todos los tiempos. Muchas novelas y películas posteriores la copian o toman elementos de ella sin ningún rubor, lo cual hace que al leerla se reconozcan ciertos pasajes como icónicos o modelo de otros. En realidad, llamarla "historia de fantasmas" es quizás atrevido, pues, precisamente, la gracia de la novela es la ambigüedad con que se relata todo, que hace dudar en algunos momentos de la lucidez de su narradora en primera persona (hecho que permite la subjetividad y da pie a todas las interpretaciones posibles). Así que, en principio, también podría ser catalogada como una novela de misterio o, incluso, de terror psicológico.

Tenemos dos partes bien definidas y de extensión no similar: por un lado, la introducción, donde un caballero que dice tener el diario de la institutriz se dispone a leerlo a sus amigos; y, por otro, el diario en sí, que termina abruptamente. Esta composición demuestra la intención de James de crear esa sensación de duda constante sobre si lo relatado es real o imaginario. Y de dejar, por otro lado, al lector en lo más alto de la tensión dramática, sin explicaciones, abriendo el final a su interpretación.

Como suele suceder en todo diario literario, este no es un "diario auténtico" sino que se toma las típicas licencias de incluir diálogos completos para facilitar la compresión de los hechos y otorgarle cierta amenidad al relato. En él, la institutriz nos cuenta de modo minucioso su llegada a la mansión de Bly, un lugar apartado donde se cría la joven Flora, aunque, más adelante, se les une su hermano Miles. Con una muy buena dosificación del misterio, ayudado por una ambientación casi gótica, el autor va incluyendo en crescendo dramático las apariciones fantasmales de las que es testigo la protagonista, y según ella, también los niños, cuyas actitudes extrañas hacen sospechar. Sin embargo, el primer revés para la credibilidad de la testigo-narradora ocurre cuando durante una de las más espectaculares efusiones fantasmales, el ama de llaves "no ve nada".

El ambiente es opresivo, casi romántico en el sentido literario del término, decadente; destaca la utilización de los niños (símbolos de pureza e inocencia) como catalizadores de fuerzas malvadas y amorales. En realidad, la novela, en una de sus intepretaciones, no es sino la lucha de la institutriz por preservar la candidez de la infancia de las fuerzas corruptas de los antiguos sirvientes, ya difuntos, y cuya relación con los niños, adquiere en ocasiones connotaciones diabólicas y casi sexuales. Para este fin, establece una batalla épica contra los fantasmas (y, en cierto modo, también contra los niños). Pero en otra interpretación, la misma institutriz podría ser una mera demente llena de pensamientos y deseos reprimidos que proyecta en los demás sus propios fantasmas, y ve "lo que nadie ve", en especial, cosas sucias y pervertidas.

James, muy inteligentemente, no toma partido por ninguna de las opciones. Las charlas entre la institutriz y los hermanos, en especial las que mantiene con Miles, son un ejemplo de ambigüedad. Hablan de cosas innombrables, perversiones insinuadas, sin decir a las claras a qué se refieren, en una especie de juego de indirectas que permiten dudar de la bondad o no de los protagonistas, de su implicación o no con los fantasmas, etc. Miles, en particular, esconde secretos. Nunca se llega a decir cuál fue la naturaleza de la "maldad" que cometió en la escuela de la que fue expulsado. Ni tampoco cómo le corrompieron a él y a su hermana los antiguos sirvientes, el señor Quint y la señorita Jessel, cuyas sombras amenazadoras los siguen acechando, según la institutriz.

Sin embargo, cabe la interpretación, más literal, de que la protagonista en verdad tuviera razón, ya que, según recuerdo, cuando ella ve a los fantasmas por primera vez ignora la existencia de Quint y Jessel. Pero si lo pensamos bien... pudo haber visto cualquier cosa y luego reconstruirla en su imaginación con ayuda de datos conocidos a posteriori... James juega con el lector de manera muy hábil.

El estilo de la novela es algo denso (James, en general, es de largas parrafadas y frases muy elaboradas), aunque mitigado por el contraste con pasajes enteros de diálogos rápidos y directos. Como es muy breve, y los giros están bien llevados, la obra se hace ligera y de fácil lectura para todos los públicos.

En resumen, un clásico de la novela gótica y de misterio que aún hoy en día funciona en su creación de atmósferas, ambientes enfermizos donde se enfrentan el Bien (lo moralmente aceptable) y el Mal (la corrupción moral), la locura y la cordura, la inocencia y la perversidad.

 

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lunes, 22 de febrero de 2016

La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral
272 páginas



Argumento:

España, como gran parte del mundo, ha sido invadida por un extraño imperio que podría ser alemán o centroeuropeo. Esta fuerza opresora utiliza a los nativos como esclavos, al modo nazi. Una anciana llamada señora Holman, que está casada con uno de los oficiales veteranos de la conquista, descubre un día a un refugiado en sus tierras.



Comentario:

Hace unos años irrumpió en el panorama literario español el nombre de Jesús Carrasco gracias a su obra "Intemperie", una especie de western con sabor hispánico y reminiscencias delibedianas, ambientado en un tiempo y espacio indefinidos (que podrían ser la España de los cincuenta), y que tenía como tema la violencia. La obra que nos ocupa está urdida con los mismos mimbres, pero a mi modo de ver, es mucho más imperfecta, lo cual es destacable tratándose de una segunda obra.

En primero lugar, a destacar el estilo, que es similar al ya visto en su opera prima, y que podríamos denominar "agro-retro", caracterizado por las ínfulas artísticas, el ruralismo extremo, el lenguaje arcaizante que remite a la tradición española más profunda y tradicional, la recuperación arqueológica de palabras en desuso, que le dan a la narración ese aire "anticuado" pero bien imbricado con la rudeza y hostilidad del paisaje que describe, las tierras de Extremadura (y que en Intemperie estaba mejor logrado). Si añadimos a esto el hecho de que la novela está ambientada en un tiempo imaginario (de apariencia casi decimonónica o de inicios del siglo XX), no es de extrañar que la historia parezca una distopía con sabor arcaico y "de pueblo", pero bastante artificiosa y poco creíble, debido, sobre todo, a que el autor pasa completamente de contextualizar este mundo imaginario. No sabemos de dónde sale ese imperio, ni cómo ha llegado a conquistar casi todo el mundo, y a esclavizar a la población, que no se resiste en absoluto. Entiendo que se trata de simbolismos de temas más profundos, como la violencia, la opresión de unos humanos por otros, etc, etc, pero a mí no me funciona si no puedo verlo como algo verosímil, que no real. Así pues tenemos por un lado una ambientación irreal y unas descripciones hiperrealistas (y de bastante regodeo en la violencia y lo gore).

Tampoco ayuda a meternos en la trama (bastante endeble, a mi modo de ver, por no decir que casi no pasa nada en la obra), la forma en que está narrada la historia. Existe una narradora en presente y en primera persona, Eva Holman, esposa de un viejo oficial impedido, que, de pronto, pasa a hablar en segunda persona y luego a esto se une una narración en tercera, que es la parte protagonizada por Leva, el refugiado que se esconde en sus tierras. El conflicto de la protagonista consiste por un lado en su odio al oficial con que está casada, al que desea matar; por otro, su miedo y curiosidad hacia el "otro" (uno de los temas es la "alteridad", sí); y por último, la pérdida que ha sufrido en la guerra como madre, ya que su hijo murió en una campaña. El autor utiliza este hecho para unir su destino simbólicamente al de Leva, que también ha perdido a su mujer e hija: una forma de decir que tanto invadidos como invasores comparten las mismas miserias en el fondo y son todos víctimas, etc, etc.

Sin embargo, yo nunca he entendido las razones del odio tan visceral de la señora Holman hacia su marido ni sus comportamientos erráticos en relación con Leva, ni su decisión final de rebeldía.

Con todo, su historia es mucho más interesante (sin serlo en realidad) que la de Leva, cuyas peripecias se basan en escenas de deportación e internamiento en campos de trabajo similares a los de los nazis. En verdad, todo me ha recordado a eso, incluyendo pasajes de exterminio y cremación, descrito todo con mucho detalle, mucho detenimiento en lo feo y lo macabro, que, pese a todo, no logra calar profundamente, debido al distanciamiento que produce esa ambientación tan poco creíble.

La expresión tan obvia del mensaje ha hecho que me resulte muy poco efectivo, teniendo en cuenta que la literatura funciona mejor cuando sugiere y no cuando muestra su tramoya y sus intenciones.

Finalmente, y esto ya es algo subjetivo, me ha parecido bastante aburrida esta novela. Eso sí, está bien redactada, aunque para mi gusto la estructura no sea lo que se dice perfecta. El fondo y el contenido no están a la altura de la forma.

PD: alguien debería decirle al autor y a la editorial que hoy en día "este" y "ese" no llevan tilde. Y que "esos" ya no lo llevaba ni antes de la última reforma de la RAE.


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jueves, 18 de febrero de 2016

Historia de un canalla, de Julia Navarro

Editorial: Plaza & Janés, 2016
860 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Thomas Spencer asegura que es un canalla e intenta demostrarlo relatando diversos recuerdos de su vida.

Comentario:

La novela parte de una premisa (la afirmación de Thomas de que es un canalla y su empeño en demostrarlo, en un tono que parece demandar comprensión, quizá perdón, pese a su declarada falta de interés por la aprobación ajena) que hace su desarrollo poco creíble en varios aspectos.

Que el protagonista, recordando su vida, relate en cursiva lo que hubiera podido hacer en determinadas circunstancias si no fuese (según él) tan malo, contiene un error de base: de ser bueno nunca se hubiera visto en las situaciones que describe, y por tanto tampoco hubiera tenido la opción de reaccionar de forma diferente a como lo hizo en cada situación.

Quizá la finalidad de la autora al poner tantos (y larguísimos) ejemplos de lo que podría haber sido sea demostrar que el protagonista sabe que es malo y no se arrepiente de lo que hace, sin embargo solo consigue alargar y ralentizar demasiado la narración, dando la impresión de que no se avanza, ni en la lectura ni en la vida de Thomas.

Aún así, no es la premisa argumental el principal obstáculo para disfrutar la lectura de «Historia de un canalla», sino otros que afectan tanto a la forma como al fondo: la estructura, el contenido y la finalidad, perjudicadas por una falta de revisión tan profunda que se diría más un borrador necesitado de bastantes cambios para ser legible que una novela.

La decisión de que Thomas cuente su historia en primera persona, no parece la más adecuada para analizar su comportamiento y forma de ser: durante la mayor parte de la novela intenta hacer creer que es malo malísimo y, sin bien hacia el final lo consigue, en general parece infantil, caprichoso, inmaduro, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, patético…

Como a muchos narradores en primera persona, al protagonista se le escapan comentarios sobre pensamientos o sentimientos de otros personajes, que no puede conocer, algo que se nota especialmente en los pasajes protagonizados por Evelyn y Bob durante la investigación que se les encarga, aunque también sucede con la mayoría de los personajes que rodean a Thomas, lo que da lugar a contradicciones entre la descripción que él  hace y cómo se comportan (Esther en cierta situación).

La excesiva extensión de la obra (864 páginas en su versión impresa) se debe tanto a esos innecesarios pasajes sobre lo que pudo ser como a una gran cantidad de subtramas, tan convencionales, tópicas y  previsibles que es fácil adivinar qué va a pasar  (las visitas de la madre a cierta casa, las relacionadas con campañas políticas y hasta las familiares y «románticas»), como a escenas redactadas de forma torpe por medio de diálogos interminables, explicativos y repetitivos que no llevan a ninguna conclusión.

También se observan en la novela otros excesos: hay demasiados personajes con roles similares (Lisa, Yoko, Constanza Olivia y Doris para ilustrar el tipo de relaciones que establece Thomas con la mayoría de las mujeres), situaciones en las que se abordan temas familiares (dos defunciones descritas en detalle) cuya conclusión es la misma: su familia le quiere y él no les corresponde, o sus trabajos como publicista, en especial los temas políticos (el caso de Roy Parker es el más representativo), lo cual crea una sensación de caos y confusión que afecta incluso al transcurso del tiempo, incrementada por las idas y venidas de Thomas tanto en sus relaciones «sentimentales» (familia, mujeres) como en las de negocios.

En resumen, «Historia de un canalla» es una novela tan lastrada por la forma en que está contada (estructura, narrador…) que el contenido (convencional, tópico) y la finalidad (¿qué pretende contar la autora?) quedan demasiado difuminados, con el agravante de un final decepcionante (ese epílogo que deja con las ganas de saber más de varios personajes), lo que dificulta mucho disfrutar con su lectura.


Enlace relacionado:

- Reseña de 
«La sangre de los inocentes», de Julia Navarro




***T***


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miércoles, 17 de febrero de 2016

Cómo va la encuesta (off-topic)

Gracias a las personas que dejan su opinión en la encuesta que tenemos en el lateral del blog. De momento, triunfa con cierto margen el género de misterio, algo que no me ha sorprendido. Más lo ha hecho el que en segundo lugar estén los clásicos. De enhorabuena estamos, que ahora mismo leo dos de las Sonatas de Valle-Inclán. Una pena que la no ficción esté tan poco valorada y ocupe, junto con la novela vanguardista y los relatos, los puestos menos honrosos...

Pero aquí dejo el gráfico completo para que los lectores juzguen por sí mismos.


lunes, 15 de febrero de 2016

Agatha Raisin y la jardinera plantada, de M.C. Beaton

T.O.: Agatha Raisin and the Potted Gardener, 1994
Editorial; Círculo de lectores
220 páginas
17,50 €

Argumento:

Al volver de unas largas vacaciones, Agatha Raisin descubre la llegada a Carsely de una nueva habitante, Mary Fortune, aficionada a la jardinería y al coronel James Lacey, con quien no tarda en competir, por la atención del hombre y como jardinera, mientras espera a que se cometa un asesinato que la saque de su aburrimiento.

Comentario:

Como suele ser habitual en las novelas protagonizas por los mismos personajes, «Agatha Raisin y la jardinera plantada», tercera aventura de la señora Raisin, tiene muchos (quizá demasiados) puntos en común con las dos entregas anteriores, lo que puede ser positivo para quienes gusten de leer historias similares, o negativo, por la inevitable sensación de haber leído ya situaciones similares resueltas de forma muy parecida.

Entre los puntos en común se podrían destacar los siguientes:

- El afán de competitividad de la señora Raisin, quien no duda en hacer trampas en el «juego» (desde el concurso de quiches de «Agatha Raisin y la quiche letal» hasta comprar plantas para la exhibición de puertas abiertas de la sociedad de horticultura en lugar de cultivarlas en su invernadero).
- La visita del alguien de su vida anterior en Londres (Roy Silver, antiguo colaborador de trabajo).
- La tentación entre permanecer en Carsely o volver a Londres, incluida una oferta de empleo, temporal, que se ve «obligada» a aceptar a cambio de un favor.
- La visita a diversos pubs y restaurantes de la zona, lo que ocasiona, al menos, un enfrentamiento de la protagonista con el personal del lugar en cuestión.
- El tira y afloja en su relación con el coronel (retirado) James Lacey, reticente interés romántico de Agatha, tan indeciso como ella acerca de los límites y futuro de su amistad, por quien no duda en competir con quien haga falta (la bella Mary Fortune en esta novela).
- La confrontación final con el personaje que ha cometido el crimen y su reconocimiento del mismo.

En «Agatha Raisin y la jardinera plantada» no empieza a ocurrir algo «de verdad» (delictivo) hasta transcurrido cerca de un tercio de la obra, y está relacionado, cómo no, con jardines y plantas: dalias arrancadas y aplastadas, rosas envenenadas con herbicida, el jardín de James Lacey prendido fuego con gasolina, un rosal blanco teñido de negro, etc..., lo que origina la llegada de la policía (Bill Wong)  y crea un clima de miedo y sospechas entre los habitantes de Carsely que se manifiesta en el rechazo a los forasteros (Agatha, James y, sobre todo, Mary, principal sospechosa), y se acrecienta según se acerca la fecha de la feria de horticultura. 

Poco después se comete el crimen, y es Agatha, junto al coronel, quien encuentra el cadáver (otra de las características de la serie), dando comienzo a la «investigación» (la habitual serie de entrevistas con personajes más o menos excéntricos) hacia la mitad de la obra, hasta llegar a una resolución casi casual en el momento que conviene a la autora.

En cuanto a los personajes habituales, tanto Lacey como Wong actúan como se espera de ellos, sin cambios en sus respectivos roles, caracterizados lo necesario para su cometido, incluida la señora Raisin, dotada de algunos matices (puede ser tramposa, celosa e injusta, aunque también tiene momentos de analizarse a sí misma, reconocer sus errores y mostrarse arrepentida, generosa o solidaria) que, por ya conocidos, no le aportan crecimiento como personaje respecto a las anteriores novelas.  Son Mary Fortune y la señora Bloxby (Margaret) las más interesantes, la primera por la sutileza de su comportamiento y la otra por su capacidad de percibirlo y analizarlo.

En resumen, Agatha Raisin y la jardinera plantada es una novela previsible en muchos aspectos por seguir un esquema similar a las dos entregas anteriores, del que se aparta solo en pequeños detalles, con un desarrollo de interés irregular, tan superficial como entretenida.


Otras novelas de M.C. Beaton reseñadas en este blog:



***T***


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jueves, 11 de febrero de 2016

El inocente, de Mario Lacruz

 El inocente
Mario Lacruz
Ediciones Generales Anaya
202 páginas



Argumento:

Virgilio Delise es acusado de la muerte de su padrastro. Durante el traslado policial, se da a la fuga. La policía se moviliza para atraparlo, aunque es inocente.



Comentario:

Mario Lacruz fue un escritor poco prolífico que tuvo cierta repercusión en la postguerra española con esa novela, "El inocente", ganadora de un premio e inmediatamente traducida a varios idiomas. Hoy en día no es muy conocido, pero en su momento fue considerado el precursor de la novela policial española, aunque la obra que nos ocupa, origen de tal etiqueta, no encaje de manera exacta en lo que entendemos por "policiaco".

Ambientada en un lugar imaginario (que podría ser España), en ciudades llamadas Escala y Fuente-Lidia, desarrolla la historia de un musicólogo, Delise, que es acusado de la muerte de su padrastro, aunque él no lo ha hecho. El personaje, sin embargo, se considera a sí mismo "culpable", en un modo abstracto y general, siendo este detalle determinante para que la novela trascienda la temática y entronque con el existencialismo, más sutil y rebajado que en otras novelas europeas de la misma corriente. Las técnicas policiales y la investigación en sí no se desarrollan mucho. Hay menciones a autopsias, sin detalles, y se nos cuenta el punto de vista de los policías, pero eso no es lo importante de la obra.

Más interesante que el argumento (no deja de ser una persecución) son la técnica y el estilo literarios. Narrada en tercera persona durante casi toda su extensión, nos muestra el punto de vista de todos los personajes que aparecen, variando de unos a otros sin separaciones. Esto produce en el lector una cierta sensación de distanciamiento, como de ver la acción desde un punto de vista superior y ajeno. Sin embargo, también hay partes más intimistas, que contrastan con la acción pura, y donde se nos van revelando las diversas motivaciones e historia de los personajes. En realidad, se trata de pinceladas muy breves, y quizás algo superficiales.

Aunque se recurre a la narración temporal lineal, el texto está cuajado de flashbacks, muy bien colocados, y cambios de localización. Sin embargo, la estructura es claramente circular, pues comienza con cierto episodio que se repite al final, pero con distintas consecuencias.

Destaca sobremanera el estilo de la prosa, sencillo, pero muy ajustado y preciso, con frases despojadas de todo adorno que no dan lugar, sin embargo, a un texto seco. Gracias a la limpieza de la prosa, a la ausencia de descripciones largas y su carácter casi cinematográfico, la novela se lee en un momento.

Los personajes (bastante numerosos teniendo en cuenta la breve extensión de la novela) están solo esbozados, así como sus conflictos internos y aspiraciones. De todas formas, parece contener mucho más que lo que se ve a simple vista, apuntándose hilos que no se desarrollan pero que quedan ahí para que el lector complete (la relación entre Delise y su hermanastra, entre este y su cuñado, etc). El propio autor, en una entrevista que se incluye al final del libro, habla de que le hubiera gustado desarrollar más personajes como el del inspector Doria, pero que por motivos de censura (la obra se publicó en los años 50, durante la dictadura de Franco) no lo pudo hacer. También se aprecian ligerísimas alusiones a la política, con algún personaje que parece haber estado en guerrillas maquis (el eufemismo utilizado en la obra es "la causa"). El autor, en la entrevista citada, alude a los trucos para burlar la censura, que incluyen el extranjerizar los nombres y situar la acción en una localización no claramente española o ambigua (eso explica los nombres extraños como Lucius, Demetriu, Selbi y similares).

Para finalizar, hago notar el fantástico trabajo de la editorial Anaya, en esta colección de clásicos para jóvenes (de la cual tuve algunos tomos en mis tiempos), donde no solo se incluye el texto, enriquecido con ilustraciones, sino también, al final, un interesante apéndice con el marco socio-cultural de la novela, del autor, entrevista con este y bibliografía. Nótese la abrumadora diferencia entre esta edición y las que hacen ahora para jóvenes, crepúsculos y similares...

En resumen, un libro que, según los estudiosos, representó uno de los primeros acercamientos de la literatura española al género policiaco, aunque también bebe del realismo (pese a cierta ambientación un poco onírica en ocasiones) y del existencialismo, de trama un poco floja, pero que se lee bien y diría que no ha quedado desactualizado en absoluto.


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lunes, 8 de febrero de 2016

Memorias de una suegra, de George R. Sims

T.O.: Memoirs of a Mother-in-Law, 1881
Editorial: Siruela, 2015
Colección: Libros del Tiempo, 325
Traducción: Alejandro Palomas
228 páginas

Argumento:

Jane Tressider, harta de la mala imagen que tienen las suegras, decide escribir sus experiencias como tal, resuelta a contar su verdad.

Comentario:

La señora Tressider da comienzo a las dieciocho memorias (cada una precedida por un título indicativo de su contenido, siendo el de la primera «Yo») que componen su historia con una declaración de intenciones: 

«Las suegras hemos sido siempre unas incomprendidas, y supongo que siempre lo seremos. Nadie ha expresado jamás con rigor su postura. Eso es lo que yo intento hacer aquí, y por eso, ahora que todos mis hijos, excepto dos, están casados y dispongo de más tiempo, he decidido defender la causa de la más maligna de las razas sobre la capa de la tierra. Estoy convencida de que cuando haya relatado mis experiencias habré dado un cariz distinto a la cuestión. Intuyo que ofenderé a algunos de mis yernos y que algunas de mis nueras se sentirán agraviadas, pero eso es algo que no puedo remediar. Siempre he dicho lo que pensaba y desde luego no voy a empezar ahora a medir mis palabras.»

Para conseguir su propósito, la protagonista recurre a un diario que lleva años escribiendo, del que escoge los pasajes que considera adecuados para ilustrar su opinión acerca de las suegras. Momentos de las vidas de sus hijas e hijos, nueras y yernos, e incluso de su propio matrimonio, algunos emotivos, otros excéntricos, divertidos, curiosos o tristes, cotidianos, todos útiles a su propósito, siempre desde el reconocimiento de sus limitaciones («…no soy una escritora profesional. Es más fácil decir lo que queremos decir que escribirlo»).

Así, no es raro que comience una memoria con la intención de relatar un acontecimiento para, como sin darse cuenta, pasar a contar algo diferente, lo que a veces deja historias sin terminar, esperando una mejor oportunidad que no siempre llega, o alterna anécdotas protagonizadas por sus hijos con otras de sus nietos, lo que puede producir una sensación de desorden, de caos, aunque también sirve para mostrar la personalidad compleja, contradictoria y fascinante de Jane Tressider.

Y es que la protagonista es capaz de ser sensible, cariñosa, impetuosa, impaciente, responsable, justa e injusta, excéntrica, obsesiva, mandona, espontánea, tan implacable como capaz de ceder a las peticiones de sus familiares, miedosa, valiente, maternal, justiciera, todo al servicio de la misión que ella misma se ha impuesto, una cruzada personal que sirve para mostrar, mediante la narración de pequeños dramas cotidianos (hay anécdotas divertidas, extravagantes, convencionales, tiernas, emotivas...), una época y una forma de vida.

El marido, hijas e hijos, nueras y yernos, son secundarios de lujo, imprescindibles para que Jane desgrane sus teorías al tiempo que retrata la sociedad inglesa de finales del XIX, donde da cabida a los recuerdos de su juventud y matrimonio con John Tressider, hace comentarios críticos sobre el servicio doméstico y las diferencias de clase, incidiendo en las profesiones y nacionalidad de los yernos (Sabina se casa con Gus Walkinshaw, hijo de un vicario; el marido de Jane, Carl Gutziet es alemán; Lavinia hace el mejor matrimonio, con Charles Wigram, un caballero bien situado), alude a la picaresca de quienes alquilan casas en mal estado, a los vecinos o a familiares poco convencionales entre otros temas.

En resumen, «Memorias de una suegra» es una novela bien escrita y muy entretenida, con pasajes divertidos, emotivos, misteriosos, románticos, y a la vez una sátira social, cuya lectura puede resultar satisfactoria a varios niveles.


Citas de la novela


Memoria VIII:

«A decir verdad, resultó muy peculiar que se enamorara de una joven a la que no conocía, pues la vida real nada tiene que ver con la que se describe en las viejas baladas y romances. En el siglo XIX, un joven no puede venir y tocar la guitarra ante tu puerta y no quedan ya apuestos pajes que pueda utilizar para enviar sus billets-doux, y naturalmente yo tampoco habría dado alas a semejante comportamiento.» 
«De eso han pasado mucho años, mis hijos se han hecho mayores a mi alrededor, muchos se han casado y ahora los pequeños trepan a mi rodilla y me llaman «abuelita», pero aquí sentada, mientras escribo estas memorias a la luz menguante de una tarde de verano, mi mirada se pierde en la bruma cada vez más condensada y vuelvo a descubrirme como una feliz y sonrojada muchacha. Oh, esos maravillosos días de antaño cuando todo parecía tan luminoso y bello, cuando teníamos el mundo a nuestros pies y el negro buey no nos había pisoteado los pies.»
«Oh, cielos, oh, cielos, ¿quién iba a decirme que un día me convertiría en una pobre y preocupada suegra, aquejada de reúma, gota y espantosas jaquecas, y con hijos que se parecen a mí y que me matan a disgustos, algunos de ellos tan delicados? ¿Y cómo imaginar que aquel apuesto joven caballero sentado en la plataforma superior del ómnibus, que se sonrojaba a menudo cuando su mirada encontraba la mía, llegaría a casa un día y tiraría buñuelos de manzana por la ventana?»
«¡Ah, el joven sueño del amor! ¿Por qué despertamos de tus brazos para descubrir que eras un sueño? En fin, no puedo quejarme: he disfrutado de no pocas bendiciones y, aunque las cosas han resultado en ocasiones un poco complicadas, John Tressider no ha sido un mal padre ni tampoco un mal marido, comparado con el resto de los padres y de los maridos de hoy en día, y mis queridos y cariñosos hijos han sido para mí un gran consuelo, a pesar de todas las ansiedades que han provocado en mí, y ahora tengo a un buen número de nietos en los que pensar, pequeñuelos míos, y cuando vuelvo a tener de nuevo un par de brazos de bebé al cuello y siento pegados a las mejillas los suaves labios de un niño, sé que no he vivido ni he sufrido en vano.»

Memoria XVIII:

«Estas memorias han tenido el efecto de una bomba lanzada en pleno corazón de un círculo doméstico, y el marido de Maud ha llegado al extremo de declarar que va a escribir las memorias de un yerno y tomarse así su venganza. Qué terrible es que una pequeña e íntegra verdad resulte tan intragable.»


***T***


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jueves, 4 de febrero de 2016

El misterio de Gramercy Park, de Anna Katharine Green

T.O.: That Affair Next Door, 1897
Editorial: dÉpoca, 2014
Colección: Misterios de Época
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
Ilustraciones: L. Malteste
Introducción: Carmen Forján
400 páginas
23,50 €

Argumento:

La señorita Amelia (Araminta) Butterworth observa visitas inesperadas en la casa de al lado. A la mañana siguiente se entera de que se ha cometido un asesinato y decide resolverlo.

Comentario:

«El misterio de Gramercy Park» es, más allá del crimen y su resolución, la señorita Amelia Butterworth, narradora de la mayor parte de la historia, al punto de ser sus reflexiones, y la rivalidad que establece con el detective Ebenezer Gryce, protagonista de varias novelas de la autora, lo más destacado de la historia.

La señorita Butterworth es una mujer soltera por voluntad propia, decidida (nada la disuadirá de investigar el crimen), con recursos (no le cuesta seguir pistas o interrogar testigos y sospechosos), sentido del humor, tan capaz de ser compasiva como implacable dependiendo de a quién o a qué se enfrente, dando como resultado una personalidad llena de matices, con cierta tendencia a ser incongruente entre lo que dice de sí misma y cómo se comporta, lo que hace de ella un personaje de gran atractivo para llevar la mayor parte del peso de la narración.

Y es que el policía, Ebenezer Gryce, no deja de ser un secundario de lujo cuyo principal cometido parece ser el de antagonista de la señorita Butterworth (mucho más compleja e interesante que él), el rival a quien derrotar, un papel similar al que asume en la primera novela en la que aparece, «El caso Leavenworth», donde cede el protagonismo al abogado Everett Raymond.

No es esta la única similitud entre las dos obras, pues ambas comparten un narrador en primera persona, flashbacks al pasado dramático de varios personajes, una instrucción o juicio que precede a la investigación o que los principales sospechosos pertenezcan a la familia de la víctima (el marido y el cuñado de la fallecida en esta y las sobrinas, primas entre sí, del difunto, en la anterior), si bien hay también suficientes diferencias para darle a cada una su propia personalidad.

El resto de los personajes (Ruth Oliver, Ella Althorpe, Franklin, Howard y Silas Van Burnam y Randolph Stone especialmente) cumplen su cometido, varios de ellos el de ser sospechosos del crimen, siendo los puntos culminantes la insistente negativa de Howard a creer que la víctima sea su esposa, Louise, la narración en la que un personaje cuenta lo que en realidad sucedió, la amistad que establece Amelia con Ella y Ruth o cómo se muestra la sociedad de la época mediante la investigación (visitas, interrogatorios, etc…) que realiza la señorita Butterworth.

En cuanto a la resolución del crimen, se podría aducir que es un poco tramposa al ser escamoteados algunos detalles sin cuyo conocimiento resulta difícil averiguar la identidad del criminal, si bien es así incluso para los protagonistas: ni la señorita Butterworth ni el señor Gryce tienen todos los datos ni son conscientes de cierto equívoco que hubiera podido ayudarles, por lo que no hay verdadero engaño.

En resumen, «El misterio de Gramercy Park» es una novela bien redactada, con una protagonista interesante y un misterio bien llevado que se resuelve de forma satisfactoria.


***T***


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lunes, 1 de febrero de 2016

Justicia Auxiliar, de Ann Leckie

Justicia Auxiliar (Imperio Radch 1)
Ancillary Justice
Ann Leckie
Traductora: María Victoria Morera García
416 páginas
Nova (Ediciones B)


Argumento:

Breq, el último resto de la nave Justicia de Toren, busca a Seivarden, un oficial que lleva mil años desaparecido y dado por muerto, en un planeta helado, con la intención de que la ayude en su venganza contra los que propiciaron su caída.


Comentario:

Aunque catalogada como Space Opera, "Justicia Auxiliar" es una obra bastante más compleja de lo que cabría esperarse. En primer lugar, la estructura no lineal, en la que se van intercalando capítulos que narran el pasado (flashbacks) y el presente, dificulta al inicio la comprensión de una obra ya de por sí "densa", en la que la especial naturaleza del personaje de Breq (una inteligencia artificial en forma de nave espacial que disponía en sus buenos tiempos de varios cuerpos llamados "auxiliares" o "fragmentos") y del emperador del Radch (que también tiene varios cuerpos y varias mentes, que actúan autónomamente), contribuye a enmarañar y oscurecer la trama, bastante escasa y centrada en la traición y la venganza que la sigue.

Sí, no es una obra fácil. Aparte de los diferentes puntos de vista (de un mismo personaje, eso sí que es rizar el rizo), nos encontramos con que hasta casi el final de la historia apenas hay acción: los personajes se pasan la novela charlando como si estuvieran todo el rato en reuniones sociales con los amigos, delante, para más inri, de una taza de té (sí, como lo digo, té; toman el té a todas horas y en todas las circunstancias). Por si esto fuera poco, hay una sobre abundancia de cargos jerárquicos militares: tenientes, capitanes, auxiliares... que saturan un poco la lectura y la vuelven confusa en ciertas partes.

Sin embargo, algo tiene la novela, que incluso poniéndoselo difícil al lector, hace que sigas leyendo y ahondando en las vicisitudes del Imperio galáctico este. Supongo que en los mismos motivos de la "dificultad" está la explicación: el esfuerzo que supone hace que te metas más en la historia y te comprometas con la venganza de Breq, la narradora en primera persona (en un tono más bien neutro y frío, como acomoda a una inteligencia artificial, por más que esté "encarnada" en un cuerpo humano).

Un hecho curioso, que se nota más en la versión española, es que en la lengua radchaai no existe forma de distinguir el género, con lo cual se usa para ambos sexos el femenino. Puede parecer una tontería o excentricidad pero hace que reflexionemos sobre la importancia de estas características lingüísticas. A mí partícularmente, me ha pasado que, a pesar de que en ningún momento se dice que tal o cual personaje sea hombre o mujer, me los he imaginado a todos como mujeres menos a Seivarden (a quien un personaje con otra lengua llama en masculino). Esto no es una cuestión baladí cuando en español tenemos una distinción tan marcada de géneros gramaticales que podrían marcar también la realidad de los sexos. Otra cosa es en inglés, así que supongo que la versión original logrará el efecto de indeterminación y ambigüedad buscado.

Entre los puntos fuertes de la obra, sin duda, la protagonista y la antagonista (o el protagonista y el antagonista, que nunca se sabe) y sus diferentes "encarnaciones". Pero sobre todo, destaca la construcción del mundo imaginario, lleno de detalles culturales y de todo tipo, que enriquecen la obra y nos dibujan un escenario (inspirado en el imperio romano, según palabras de la propia autora: al final del libro se incluye una esclarecedora entrevista donde se habla de ello) bastante creíble y coherente. Sobre este particular, me ha sorprendido que tenga un cierto toque hard SF y que haya un claro intento de reflejar de manera realista situaciones que en otras óperas espaciales se obvian, como la gravedad artificial en las naves y otros detalles tecnológicos.

En resumen, una obra de ciencia ficción notable, algo lenta en su desarrollo pero con un planteamiento original e interesante, que explora el problema de la identidad en una ambientación que puede recordar a otras historias con imperios galácticos, pero que destaca por su ambición.

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