lunes, 16 de enero de 2017

Recetas para amar y matar, de Sally Andrew

T.O.: Recipes for Love and Murder, 2015
Editorial: Grijalbo, 2016
Traducción: Ángeles Leiva Morales
448 páginas
18,90 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Tannie María van Harten comienza a escribir una columna de recetas y consejos para la Klein Karoo Gazette. Poco después una mujer aparece asesinada, ella cree que es una de las que le han escrito y decide averiguar lo sucedidio.

Comentario:

Entre lo más importante de una novela de misterio están tanto el planteamiento y resolución del mismo como la personalidad de su protagonista, en especial si, como es el caso de «Recetas de amor y muerte», está redactada en primera persona y es, además, el inició de una serie (la autora ya ha escrito una segunda entrega).

En cuanto al personaje principal, María está dotada de una complejidad  mayor de lo habitual, con características poco convencionales, tanto en lo físico (se describe como mayor de cincuenta años, baja, rellenita y con pasión por cocinar y comer) como en la personalidad: viuda de un hombre que la maltrataba, refugiada en la comida como consuelo, empática, decidida…

La forma de ser de la protagonista se une a una narración en la que una larga y detallada (excesiva) selección de recetas, tanto particulares como recomendadas a quienes escriben a su consultorio, convive con (repetitivas) descripciones de paisajes y, sobre todo, con las emociones y pensamientos de María, capaz de decir y creer algo y al tiempo, mediante un sutil subtexto, dejar ver una realidad diferente (el desarrollo de la relación con el teniente Henk Kannemeyer).

El resto de los personajes, vistos a través de sus ojos, están lo suficiente caracterizados como para ser reconocibles por sus diálogos y acciones, desde las compañeras de  trabajo en la Klein Karoo Gazette, Hattie y Jessie, hasta algunos de los sospechosos. Destacan en especial Dirk van Schalwyk (viudo de la asesinada Martine) y Anna Pretorius, amiga y enamorada de la fallecida, cuya intensa relación (empiezan enfrentados y acaban aliados) da un toque de humor surrealista a la novela.

La ambientación consiste principalmente en la descripción del entorno (paisajes, lluvia, calor, color), un resumen de la historia de Nelson Mandela (que fallece durante el desarrollo de la historia) y la utilización de palabras en afrikáans (se puede consultar un glosario al final de la novela, aunque en muchas ocasiones hay significados que se pueden deducir del contexto o conocer el significado es irrelevante).

Aun con ciertos excesos (las mencionadas recetas), los dos primeros tercios de la novela se leen con agrado y facilidad, desde la investigación  del crimen hasta la evolución de las relaciones entre los personajes, siendo sin embargo la última parte, cuando María descubre quién ha asesinado a Martine y por qué, la menos satisfactoria, quizá porque se opta por una resolución tópica, convencional y exagerada (la «cacería»).

A ello contribuyen largas escenas de «acción», que incluyen la larga charla entre la protagonista y el personaje que ha cometido el crimen, la confesión pormenorizada y posterior persecución a María, la búsqueda de Jessie (amiga de María y periodista de la Klein Karoo Gazette). La cantidad de páginas que se utilizan para resolver (más o menos) la trama romántica también «ayudan» a dar esa sensación de texto excesivo.

En resumen, «Recetas de amor y muerte» destaca por la «voz» de su narradora, el humor surrealista y unos métodos de investigación poco convencionales, y ni siquiera «defectos» como la tópica resolución del crimen logran empañar una lectura agradable y entretenida que deja con ganas de continuar leyendo los casos de Tannie María. (Por cierto, la lectura de las recetas que se incluyen al final  es opcional).


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

1 comentario:

  1. interesante alternativa de misterio, aunque me ha dado un poco de hambre leer tu comentario jeje

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