lunes, 3 de julio de 2017

Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud, de Carlota Corredera

Editorial: Grijalbo Ilustrados, 2017
224 páginas
18.90 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

La autora detalla cómo perdió 60 kilos de peso.


Comentario:

Con una narración tan correcta como aséptica (no consigue emocionar ni en los momentos más emotivos), la autora relata, como dice en el título, de qué forma logró bajar de peso. Aunque, antes de llegar a esto (qué dieta siguió, tratamientos, ejercicio), desgrana pasajes de su vida, desde la infancia y adolescencia hasta la edad adulta y el momento en el que por fin, tras tener a su hija Alba, decidió adelgazar, por salud (apenas se hace alusión a los comentarios que se hicieron sobre su físico en redes sociales).

En la parte autobiográfica, poco añade que no hubiera contado ya en diversos programas y revistas, incluidas pérdidas familiares y vida profesional, y hasta reproduce pasajes de la primera entrevista concedida después del parto, tras la que recibió mensajes de apoyo de mujeres en situación similar a la suya y una llamada de la marca de productos de dieta con los que consiguió bajar de peso. Si a esto se le añaden las muchas (muchas) fotografías que acompañan al texto (la autora de niña, adolescente y adulta. Con más o menos peso. De boda, embarazo y con bebé, en la actualidad, etc…).

No es hasta transcurridos unos dos tercios de la obra que aborda el «cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» del título, desde el nombre y características de la dieta seguida, con sus correspondientes cantidades y opciones y la forma en qué cambiaba según bajaba de peso, las pruebas que le hicieron y los cuatro programas de ejercicios que hacía (acompañados de más fotos suyas realizándolos).

Para acabar incluye los testimonios de su equipo. La doctora especializada en nutrigenética y los análisis y estudios a los que la sometió antes de iniciar la dieta, la entrenadora personal y el ejercicio que aún hace, la doctora que le preparó la dieta personalizada, o el esteticista encargado de hacerle el drenaje linfático manual (DLM).

En cuanto a la primera parte del título, ese «Tú también puedes», reacciona a las críticas acerca de los métodos seguidos para lograr su objetivo y afirma que:

«No solo se trata de dieta y ejercicio. Los sacrificios y las renuncias por una buena causa, la mejor de todas —tu salud—, solamente se superan con la fe: la fe en uno mismo, la fuerza que te da creer que otra vida es posible. Pero nadie regala nada. Ni la fuerza de voluntad se puede comprar con dinero. Por eso no pienso permitir que nadie le reste méritos a mi victoria.»

«Desde el momento en que anuncié públicamente que había recuperado la salud al perder 60 kilos de peso y rebajar en siete niveles la grasa visceral, empezaron a oírse las primeras voces que apuntaban a que el mérito de mi victoria tenía un nombre: dinero. Entiendo que no todo el mundo esté dispuesto a asumir que otra vida también es posible. Incluso puedo entender que cualquier excusa es buena para retrasar el momento de echarle huevos u ovarios y cambiar los hábitos que nos hacen tan infelices y sobre todo acarrean riesgos graves para la salud. Podría recordar algo tan obvio como que hay gordos y obesos con gran poder adquisitivo.»

Sin embargo también habla de tratamientos que solo se pueden llevar a cabo con un dinero que no cualquiera tiene: Entrenadora personal y fisioterapeuta, dos clases de hora y media a la semana. Esteticista que le trató múltiples edemas y retención de líquidos, grasa acumulada que ablandar y flacidez del cuerpo y la cara. Los productos de la dieta que sigue. Los drenajes linfáticos manuales. La carboxiterapia.

Y habla de la importancia de la estética, de la lucha contra la flaccidez de cara y cuerpo: «Teniendo siempre claro que la salud es la prioridad absoluta y el invariable objetivo, es importante que la pérdida de la maldita grasa no nos desfigure el rostro ni lo deje enjuto. Al igual que se lucha contra la flacidez del resto del cuerpo, hay que batallar contra la del óvalo.»

Se echa en falta profundizar en los motivos psicológicos que llevan a un sobrepeso exagerado, su tratamiento y su imagen ante la sociedad, aunque hay un par de apuntes de interés:

«El poder adictivo de la comida, en especial de determinados alimentos, no está nada reconocido en nuestra sociedad. Con los adictos a las drogas, al alcohol, al juego, al sexo o a las tecnologías se suele ser relativamente comprensivo. Se les intenta justificar y se buscan respuestas a por qué se han enganchado sin juzgarlos demasiado. Quizá huían de un dolor profundo, a lo mejor llenaban con esa adicción un vacío vital, probablemente se apoyaban en ese vicio para superar alguna pérdida... Con la comida no sucede así. A las personas obesas no se las considera enfermas. Son vagas, glotonas, sedentarias, tragonas, dejadas, zampabollos, abandonadas.»

«La obesidad es una enfermedad muy grave y muy peligrosa, tanto que es mortal. Y no, la gente no está gorda porque quiere. A las personas que sufren este problema no les basta solamente con un: «Camine más y coma menos». Detrás de una persona con un gran sobrepeso hay alguien que tiene que convivir cada día con una relación tóxica con la comida.»

En resumen, «Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» aporta pocas novedades en cuanto a cómo perder peso (dieta ―una u otra― ejercicio, tratamientos reafirmantes) más allá de la marca de alimentos que consume la autora, y anécdotas superficiales y ya conocidas de su vida con un componente exhibicionista y egocéntrico quizá inevitable en este tipo de obra.


Cita:

«Todos los días comemos varias veces. Es una necesidad fisiológica primaria. Hay comida en todas partes. No hace falta acudir a ningún camello para conseguir tu dosis. Tu droga está en la nevera, en la despensa, en los supermercados, en los bares, en los quioscos, en los restaurantes, en los anuncios de televisión, en las pastelerías, en las máquinas expendedoras de la oficina, en los colmados, en las carnicerías, en las pescaderías, en las pizzerías, en la tienda de la esquina, en las heladerías, en las hamburgueserías... Comida por doquier, accesible a cualquier hora, en público y en privado, para celebrar las alegrías y para ahogar las penas. Y ese es el escenario en el que hay que sobrevivir, conviviendo a todas horas con tu problema, controlando tus impulsos, castrando tus instintos, renunciando a tu placer favorito, a lo que te hace disfrutar de verdad.»



***T***


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