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miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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viernes, 3 de marzo de 2017

Open: Memorias, de Andre Agassi

T.O.: Open. An Autobiography, 2009
Editorial: Duomo ediciones, 2014
Traducción de Juanjo Estrella González
480 páginas

Argumento:

Autobiografía del tenista Andre Agassi.

Comentario:

Tenis, tenis y más tenis. La autobiografía de Agassi gira en torno a este deporte, y abarca todas las facetas de su vida, dominada por la inevitabilidad de jugar, competir, ganar y perder, luchar por ser el mejor.

El autor relata cómo comenzó a entrenar obligado por la obsesión paterna de cumplir en el hijo un sueño que no había logrado por sí mismo. Los duros entrenamientos a los que se sometía, el lento progreso hasta hacerse conocido, el detallismo con el que relata algunos de los partidos (juego a juego, golpe a golpe) o la relación con varios de sus compañeros, desde pelotear siendo niño con su admirado Björn Borg y la arrogancia de Jimmy Connors, a los enfrentamientos con su némesis, Pete Sampras, entre otros (Roger Federer, Boris Becker, Rafael Nadal…).

También se recrea en las manías o rituales antes de entrar en la pista, sus entrenadores, que llegan a ser parte de su familia, las lesiones, el sufrimiento que soportaba en algunos partidos, los viajes por el mundo en busca de la siguiente competición, la soledad, detalles que satisfarán a quienes interese especialmente la faceta deportiva del protagonista.


Además, la obra incide, sobre todo en su primera mitad, en la compleja relación entre el tenista y su progenitor, un hombre implacable decidido a que el muchacho triunfase (el autor rememora repetidamente sus enfrentamientos una máquina lanzapelotas modificada, a la que llama el dragón, y le hace sentir diminuto, desvalido), con quien mantiene una relación entre el amor y el odio similar a la que tiene con el tenis.

«De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel. Yo mismo había alimentado a quienes habían construido mi prisión. Había ayudado a pintar las líneas blancas que servirían para confinarme. ¿Por qué lo había hecho? No tenía otra opción. Ésa es la razón por la cual hago todo.»
«Después de años oyendo a mi padre despotricar contra mis fallos, una derrota ha bastado para que yo mismo asuma sus críticas. He interiorizado a mi padre –su impaciencia, su perfeccionismo, su rabia– hasta que su voz no sólo suena como la mía, sino que es la mía. Ya no necesito que mi padre me torture. A partir de ese día, eso puedo hacerlo yo solito.»

También se dedica espacio a las mujeres de su vida, desde un primer amor por Wendi, una recogepelotas de su edad, hasta sus matrimonios con Brooke Shields (ella le convenció para que dejase de ponerse peluca y se afeitase la cabeza) y Steffi Graf, relaciones que parecen predestinadas y relata en cierto detalle, sobre todo la de Stefanie, quien es la primera persona que entiende y  comparte su relación con el tenis («Hablamos de tenis por primera vez. Cuando le digo que odio el tenis, ella se vuelve hacia mí con un gesto que significa: pues claro. ¿No lo odiamos todos?»).


Andre Agassi, Stefanie Graf, Jaden y Jaz (Fotografía: John C. Russell)

«Esa noche, tras celebrarse la final, tiene lugar el famoso Baile de Wimbledon. Llevo años oyendo hablar de él, y me muero por asistir, porque el ganador baila con la ganadora de la final femenina y en esa edición, como en casi todas las celebradas en los últimos tiempos, la ganadora es Steffi Graf. Yo me enamoré de ella desde que la vi concediendo una entrevista en la televisión francesa. Me impactó, me deslumbró su gracia discreta, su belleza natural. Era como si su aspecto, de algún modo, mostrara que olía bien. Y, además, que era buena, una persona intrínseca, esencialmente buena, llena de rectitud moral y de una clase de dignidad que hoy ya no existe.»

Destaca la estructura de la obra, que empieza por un final (la inminencia del último partido antes de la retirada) para luego relatar el inicio de su carrera, a los siete años, y termina con un comienzo, el de la escuela que ha construido en Las Vegas.
 «Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado.Cuando este último fragmento de mi identidad encaja en su lugar, me pongo de rodillas y susurro: por favor, que acabe todo esto.Y después: no estoy preparado para que acabe todo esto»


Las memorias, escritas entre Agassi y J. R. Moehringer (premio Pulitzer de periodismo y autor de su propia autobiografía,  El bar de las grandes esperanzas, obra que impresiona al tenista y motivo por el que le pide ayuda para escribir la suya), están narradas en primera persona y presente, con algún que otro salto temporal, sin guiones para indicar los diálogos, aunque no resulta difícil de leer.

En resumen, Open es una autobiografía irregular (dependiendo de qué faceta de la vida del autor interese más), con altibajos (demasiados relatos de partidos), a veces superficial y otras profunda que, más allá del deportista de élite, muestra a la persona, con sus contradicciones, intensidad, dudas, pasión, sufrimiento, romanticismo. Y es que, si bien el tenis parece el tema principal, trata de la vida, como dice Agassi en las palabras que quiere dirigir a los alumnos de la primera promoción de su escuela:

«La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos. Ganar y perder, amar y odiar, abrir y cerrar. Reconocer pronto ese doloroso hecho ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros, y si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos.
¿Qué otro mensaje espero poder transmitir? ¿Qué otro mensaje podrían esperar ellos de alguien que dejó el colegio a los catorce años, y cuyo mayor logro, el logro del que más orgulloso se siente, es esta escuela?»


***T***

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viernes, 19 de agosto de 2016

Instrumental, de James Rhodes

 Instrumental
Título original: Instrumental: A Memoir of Madness, Medication and Music
James Rhodes
Traducción de Ismael Attrache
Editorial Blackie Books
288 páginas


Argumento:

El concertista de piano James Rhodes nos cuenta, con desgarro, crudeza y sinceridad, su autobiografía, centrándose, sobre todo, en las violaciones que sufrió de niño y en su carrera musical.

Comentario:

La exitosa obra "Instrumental", lleva, al parecer, más de 50.000 ejemplares vendidos en España, lo cual es muchísimo, y más teniendo en cuenta que se trata de una obra de no ficción, en concreto, de una autobiografía.

En el aspecto literario, sin embargo, no es muy destacable. Hay una enorme desproporción entre la cantidad de páginas dedicadas a contar los efectos de los abusos sexuales sufridos por el autor (que ocupan la mayor parte del libro) y su faceta como intérprete de piano, hasta el punto de que, en algunos momentos, no parece exactamente una autobiografía, sino más bien un "testimonio" o confesión, escrito en un tono desenfadado, con el que el autor se desahoga como si fuera una terapia. Incluso, al final, roza el estilo de la autoayuda, al mostrar a un hombre exitoso gracias a la música y el descubrimiento de ciertas verdades de la vida. Hasta se permite dar consejos para lograr la felicidad.

Aunque en parte se sigue el orden lineal de narración de los acontecimientos biográficos, a menudo se aprecia cierto caos en la forma de contarlos. Cada capítulo, o tema, como lo llama el autor, se inicia con una breve anécdota relacionada con músicos o intérpretes, más o menos conocidos para los legos, que tuvieron influencia en la vida de Rhodes o con los que establece paralelismos, con una especial incidencia en el tema de la salud mental o existencias desordenadas de dichos personajes.

El autor dice negarse a contar detalles sobre las violaciones, lo cual me parece una decisión acertada, para evitar, como él mismo explica, satisfacer el morbo de la gente, pero resulta cuanto menos chocante que luego, en otros aspectos, no sea precisamente parco en palabras: intentos de suicidio, drogas, borracheras, promiscuidad sexual, delirios, autolesiones con cuchillas, las secuelas físicas y enfermedades derivadas de la violación, como los problemas intestinales y las operaciones de columna..., y demás hechos en los que se recrea y regodea.

A toda esta crudeza descriptiva se une un lenguaje agresivo y directo, que hace que este libro no sea apto para personas sensibles. El tono coloquial también está presente cuando habla de la música, a la que él reconoce como salvadora. Al final, en los capítulos dedicados a su oficio de pianista, arremete contra el "sistema" cultural británico y sus gurús, como si de un panfleto se tratara, muy poco sutil y con más visceralidad que análisis, envolviéndose en un aire de "enfant terrible", rompedor e iconoclasta.

El exceso de crisis psicológicas, tics, manías, medicaciones, entradas y salidas de centros psiquiátricos, egocentrismo, inmadurez, narcisismo, autocompasión  y demás, llega a agotar un poco. A mí, en concreto, llegó un punto en el que me saturó tanta caída en el pozo, salida y vuelta a caer. Al menos, el autor reconoce su victimismo y lo cuenta con una cierta dosis de ironía y humor que lo hace un poco más llevadero. Pero, de todas formas, un poco de contención y elipsis habría venido muy bien para evitar la sensación de historia repetitiva que no avanza.

También llama la atención que, después de casi un ochenta por ciento del libro dedicado a desgracias, locura, autodestrucción, enfermedad, dolor, etc., del que parece imposible que pueda salir indemne una persona, de pronto, casi como por ensalmo, el autor conoce a la gente adecuada y se hace famoso, lo llaman para hacer programas en la tele, le financian un disco, tiene éxito, se hace amigo de Stephen Fry (y de Benedict Cumberbatch, con quien estudió en el colegio)...  Y por si fuera poco, después del abandono de su mujer, tiene una revelación, se da cuenta de cuál es el camino correcto hacia la felicidad y todo adquiere un tono optimista, en un giro, a mi modo de ver, muy brusco.

Resulta curioso que en un libro que trata de la vida de un intérprete de piano se hable tan poco de su oficio. Es cierto que suelta notas curiosas, como la dificultad de ciertas piezas, la digitación, su comienzo tardío en el instrumento... Pero en el fondo, el espacio dedicado a este aspecto es muy pequeño, lo cual hace sospechar que, en realidad, el tema verdadero es el drama post violación y el renacimiento con ayuda de la música, es decir, que tiene un cierto aroma a autoayuda e historia "de interés humano", algo testimonial.

¿Era necesario este libro? Rotundamente, sí. Y no por sus valores literarios ni porque dé mejores o peores consejos y recetas para superar lo que parece insuperable, sino porque la gente tiene que saber que una violación no es solo el acto físico sino lo que viene después. Mucha gente ha oído hablar del estrés post traumático, pero pocos de las secuelas físicas. Cuando Rhodes fue violado era un niño. Le destrozaron el cuerpo. Como consecuencia, sufre de graves problemas intestinales y de lesiones de columna que han requerido de dos cirugías. Aunque este libro solo sirviera para que la gente tomara conciencia de la gravedad de este asunto y de cómo se puede destruir a una persona, ya sería de lo más útil. Lástima que las personas que cometen estas tropelías no lo leerán, y si lo hacen, les resultará indiferente.


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lunes, 23 de noviembre de 2015

La nostalgia feliz, de Amélie Nothomb

 La nostalgia feliz
La Nostalgie heureuse
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial Anagrama
144 páginas

  Argumento:

Amélie Nothomb regresa a Japón con un equipo de rodaje para realizar un documental sobre su vida y su reencuentro con las personas y lugares que marcaron su infancia y juventud.

Comentario:

La nostalgia feliz es como se denomina en japonés a un tipo de nostalgia digamos positivo, en contraposición a su versión occidental de corte más bien triste. En esta breve novela de Amélie Nothomb, autora nacida en Kobe (Japón) pero belga de nacionalidad, se trata el tema de los recuerdos de infancia y juventud, del retorno al lugar donde sucedieron hechos que marcaron su vida y de cómo el tiempo hace que ya nada sea como antes. Como puede observarse, un tema muy "original".

Pero no quisiera ser cruel con la señorita Amélie, a la que sigo desde hace años, haciendo hincapié en la falta absoluta de conflicto de la novela (o dicho en cristiano: no pasa gran cosa en la no-historia, o anécdota argumental), en la frialdad de sentimientos que emana su escritura, en el aire de biopic no disimulado y en la falsedad que todo esto sugiere. Y no lo voy a ser en exceso porque, al menos, aunque de un tiempo a esta parte ha caído en picado en cuanto a literatura se refiere, con este libro parece remontar un poco, solo un poco.

Amélie regresa a Japón, seguida por un grupo de reporteros que pretenden hacer un documental sobre Amélie regresando a Japón. Al final, la metabiografía pasada por los medios se queda en un leve y superficial paseo sentimental por personas y lugares clave en el pasado de la autora, bien consciente de quién es ahora (de hecho, en algún pasaje se califica a sí misma como "una famosa autora"). Dice sentirse agobiada por estar siempre vigilada por la prensa (ya será menos, Amélie), pero, por otro lado, accede de grado a este viaje experimental a su pasado emotivo en compañía de varios periodistas que documentan los mejores pasajes, como el encuentro con su niñera japonesa o con su "novio" Rinri (del que dice jamás estuvo enamorada, sin embargo, tal pareciera que hubiera sido el romance del siglo).

Lo mejor de la novela es la prosa, brillante en ocasiones, no tan ingeniosa como acostumbraba en sus buenos tiempos, pero quizás más profunda y más seria. También algún comentario sobre los contrastes culturales entre Japón y Occidente (la autora parece admirar Japón con todas sus fuerzas, lo cual no impide que también lo ponga a la altura del betún en otras ocasiones). En cuanto a estructura, es lineal y simple. No se rompió mucho la cabeza la señorita Nothomb, pero ella tampoco ha sido nunca de experimentalismos radicales. Su originalidad y punto fuerte siempre ha sido el enfoque, el tamiz excéntrico e irónico de su visión, que se va perdiendo poco a poco en cada obra.

La novela es tan breve que se lee en un par de sesiones. Una se maravilla de lo mucho que le cunden las rentas a esta autora antaño rompedora, cuyas últimas novelas menos malas son, precisamente, las que la tienen a ella y a su vida por protagonista. Pero parece un filón ya agotado en cuanto a qué más nos puede contar. Es como volver siempre a lo mismo, Japón, Rinri, su hermana, su trastorno alimentario, su fama, sus anécdotas con los lectores... las referencias a obras propias incluso (en esta, hay varias alusiones a "Ni de Eva ni de Adán", que podría considerarse como una especie de primera parte de esta, o a esta una reflexión sobre aquella)..

En resumen, un ligerísimo repunte en la carrera literaria de una autora que va a peor y que cada vez tiene menos que contar. No irrita, pero tampoco emociona. Es fría hasta contando recuerdos supuestamente bellos, menos en algún pasaje donde se vuelca y parece abrirse y experimentar una especie de trance sobre la vida, los recuerdos, las personas que fueron importantes y ya solo producen indiferencia, etc. Como diría Heráclito, uno no puede bañarse dos veces en un mismo río.


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




***T***


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jueves, 8 de octubre de 2015

Último verano de juventud, de Jorge Javier Vázquez

Editorial: Planeta, 2015
290 páginas
18,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Segunda entrega de la autobiografía novelada de Jorge Javier Vázquez.

Comentario (con SPOILERS):

Último verano de juventud es una de esas obras difíciles de clasificar: el propio autor la define como novela tanto en las entrevistas que le han hecho como en la propia narración, aunque también admite que algunos de los pasajes que relata sucedieron y otros no, lo cual la convierte, al menos en parte, en autobiográfica.

Esta especie de «juego» de especular sobre lo que es real, o no, puede funcionar a nivel de producir morbo entre quienes lean la obra (¿De verdad hizo esto o aquello?), aunque también puede restar fuerza dramática a algunos capítulos, puesto que la narración, en primera persona, sugiere sinceridad por parte del autor, una necesidad de mostrarse tal cual es ante su público.

Sin embargo, en sus declaraciones asegura que no todo es real, o que es lo que le dice a su madre para que no se asuste, que su pareja ha escrito varios capítulos contando su propia historia, pero que no todo lo que dice es verdad (es cierto que parte de lo que cuenta no suena creíble), creando confusión y dudas al pretender mezclar realidad y ficción.

Como novela se supone que es una historia de amor: tras relatar varias situaciones, entre las que destaca una crisis existencial, Jorge, que mantiene una aventura con un becario (Izan), se ve «obligado» a elegir entre  dos viajes (Londres o Lisboa), uno junto al joven y otro con «Fermín» (nombre ficticio dado por el autor a su pareja), cuyas consecuencias van más allá de elegir a uno u otro hombre, que simbolizan distintas formas de vida: el becario significa juventud, locura, negativa a madurar y aceptar cosas que atormentan al protagonista (envejecer, perder atractivo físico y oportunidades de hacer locuras) mientras que «Fermín» supone aceptar que es un hombre maduro, asentado, quizá aburrido, quizá fiel a su pareja.

La narración en primera persona impide conocer la realidad de otros personajes («Fermín» e Izan principalmente), cuyas emociones y motivos son deducidos e interpretados por el protagonista: ¿Cómo saber si a Izan le gusta de verdad Jorge o se acerca a él atraído por la fama?

Los continuos saltos temporales, que a veces se dirían caprichosos y no relacionados con la trama principal (la historia de amor), junto a pasajes que  parecen entradas de un diario, dificultan establecer la cronología de los hechos y, por tanto, la evolución de Jorge. También hay capítulos (el matrimonio que se «adueña» de la casa del protagonista, los estudios de la sobrina) que no parecen relacionados con el resto, más propios de una autobiografía o recuerdos que de una novela.

En el apartado supuestamente autobiográfico se mezclan hechos que cualquiera que conozca un poco al autor sabe ciertos, como el enfrentamiento en directo con «La concejala» y «La suegra de un torero», a quienes no se menciona por sus nombres, la cancelación de un día para otro de «El programa que presenté ante de Sálvame» (Aquí hay tomate), o la visita de La Mari al plató del Deluxe, espantada del protagonista, y la madre, incluida, con datos acerca de su afición a la vida nocturna y a diversas sustancias, tal vez a los que se refiere como inventados…

Quizá decepcione a los incondicionales del autor que apenas hable de los colaboradores de Sálvame (se mencionan los nombres de Rosa Benito, Mila Ximénez, María Patiño, Kiko Matamoros y Kiko Hernández), siendo las principales referencias al programa las dedicadas a su relación con los directores y los encuentros con Izan durante algunas pausas publicitarias.

También llama la atención algún pasaje que parece destinado a justificar ciertos actos, como su afición a la bebida:

«Al trasladarme a Madrid bebía para intentar ligar, luego para poder dar rienda suelta a mi morbo y al final para sentirme mal y darle la razón a todos los que me consideraban el ser más abyecto de la historia de la televisión gracias al programa que presenté antes de Sálvame.»

Las dudas sobre su intervención en la obra de teatro basada en su anterior novela, La vida iba en serio,  que ha recibido duras críticas:

«Tenía que confiar en Juan Carlos, aunque, siendo como soy, me preocupaban de antemano los titulares del día siguiente al estreno. Inmediatamente se me vino uno a la cabeza: «La actriz sepulta al presentador». Y luego otro: «Kiti deja en ridículo a Jorge J.». Y otro más, incluso: «¿Es necesario que Jorge J. salga en su función?».
Sé que me están esperando. Y que me van a examinar con lupa. Suponía que tantos años en primera línea de batalla me habían inmunizado contra la mala leche, pero me equivocaba.»

La percepción sobre su programa anterior, tan similar al actual:

«Después de tres años en antena, el programa se olvidó de divertir y viró hacia lo sórdido. Y la audiencia no solo no desertó, sino que cada vez era más masiva. Como la audiencia nos legitimaba, considerábamos que no estábamos cometiendo ninguna equivocación. Pero las cometimos. ¡Más madera! ¡Es la guerra! Y nosotros la repartíamos.
De la noche a la mañana, repito, de la noche a la mañana, comenzaron a lloverme palos. Ganados a pulso. Y no supe gestionarlos.»

O lo que comenta con La Mari tras la escena en el Deluxe:

«—Que sea la última vez que vienes a un plató de televisión.
—Hijo, si es que se ponen muy pesados. Tú no sabes la cantidad de veces que me han llamado.
—¡Y las que te llamarán! Es su deber. Llamar. Embaucar. Engatusar. ¿No entraste ya el lunes por teléfono en Sálvame para desearme felices vacaciones?
—¡Porque me llamaron! Porque tu amigo David, el director, me dijo que te haría mucha ilusión.
—Se expresó muy mal. Tendría que haberte dicho que le hacía ilusión a él, no a mí.»

«Me dieron ganas de explicarle que para ella la televisión es un juego, un lugar mágico en el que la peinan y la maquillan. Y ese juego continúa al día siguiente porque no para de recibir llamadas diciéndole lo guapa que ha salido, y cuando sale a la calle las vecinas la piropean sin cesar. La estrella del barrio. Pero jugar también implica riesgos: convertirse en objeto de comentarios crueles o despectivos, o en motivo de chanza para que ingeniosos tuiteros se luzcan en ese lodazal en que se ha convertido gran parte de internet. Y a estas alturas de mi carrera, lo que menos me apetece es tener que lidiar también con las críticas que pueda recibir mi madre, por si no tuviera ya bastante con las mías.»

Aunque intente minimizar los daños con las mencionadas declaraciones acerca de la veracidad de parte de lo que se relata en la obra, también hay que reconocer al autor cierto valor para arriesgarse a que se considere que la imagen que da de sí mismo como alguien egocéntrico, superficial, inmaduro, egoísta, frívolo, cobarde etc… es real.

Como su predecesora, La vida iba en serio, esta historia puede interesar, por distintos motivos, tanto a detractores como a admiradores de su autor.

***T***


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martes, 3 de marzo de 2015

Viajes por el África Occidental, de Mary Kingsley

Viajes por el África Occidental
Travels in West Africa
Mary H. Kingsley
Círculo de Lectores
Traductor: José Luis Moreno - Ruiz
Páginas: 364



Sinopsis:

En 1895, Mary Kingsley realiza un viaje a los territorios del África Occidental, bajo dominio europeo, para recoger muestras de peces y otras actividades científicas. Esta experiencia hará que se enamore de África y regrese para un viaje posterior.


Comentario:

Esta obra de no ficción, escrita por una mujer de la era victoriana, una inglesa que no tenía instrucción formal sino que era del todo autodidacta pese a ser hija de un doctor, escritor y viajero, presenta un doble interés, por un lado conocer la visión europea del mundo africano en pleno periodo colonial y por otro descubrir las aventuras de una mujer excéntrica y adelantada a su época que fue capaz de realizar expediciones por ríos, selvas y montañas peligrosas, entre tribus nativas, caníbales incluidos sin inmutarse, manteniendo casi la imagen icónica de la típica inglesa del XIX, con su sombrilla y su té en medio de una intrincada foresta.

En esta obra, las observaciones de Mary no resultan a veces demasiado científicas, aunque se supone que la excusa para los viajes era recopilar especies de peces y de plantas. Se centran más bien en su experiencia personal, con lo cual abundan pasajes subjetivos donde describe paisajes y estados de ánimo, algunos de gran plasticidad. La propia autora cuenta que llevaba también un diario científico, lo que explica que se centrara más en la parte digamos aventurera. Sin embargo, algunos de los capítulos se centran en aspectos más antropológicos y nos explican el mundo de creencias y costumbres de algunas tribus, sin cortarse al describir hechos bastante macabros como determinados actos de canibalismo.

Llama la atención el gran humor destilado por la autora, cuyos comentarios jocosos hacen más amena la lectura, a veces un poco pesada, debido al exceso descriptivo. Por ejemplo, nos cuenta una ocasión en la que tuvo que quitarse la camisa mojada y quedar con los pechos al aire delante de sus porteadores negros o la anécdota del oficial alemán que la invitaba a su casa y que según ella, trataba de seducirla.

Al tratarse de una obra de no ficción, un diario de viajes, la falta de estructura narrativa pesa un poco en algunos pasajes, que resultan algo repetitivos. Sin embargo, se mantiene el interés por esos toques personales y por las opiniones de la viajera, a quien, por cierto, no gustaban mucho los misioneros. En líneas generales se muestra como una mujer muy racional y escéptica en cuanto al mundo espiritual y religioso, aunque su actitud hacia los nativos y sus creencias era de respeto. Así pues critica a los europeos que quieren cambiarlos e imponerles sus modos de vida y de pensamiento. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, tenía una consideración positiva de los africanos, y no los veía como inferiores.

La descripción del mundo colonial africano es interesante. No se priva de comentar sobre los diferentes modos de hacer según las nacionalidades de los colonizadores. Sus favoritos son los franceses, incluso sobre los alemanes. Se intuye una cierta crítica al proceder de sus compatriotas aunque no brutal, por supuesto.

Esos libros de viajes tuvieron un gran éxito en su país, a su pesar, ya que no le gustaba mucho la fama. Irónicamente, el amor de Kingsley por África fue la causa de su muerte. Ella que se enfrentó a cocodrilos, tormentas, caníbales y demás peligros, terminó sucumbiendo en la guerra de los Bóers, a donde había acudido como enfermera, víctima del tifus.

En resumen, lo mejor del libro es la mera existencia de una mujer tan arrojada como esta y las impresiones que nos dejó de un mundo para ella totalmente nuevo y hostil. Para seguidores de las aventuras reales.

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jueves, 8 de enero de 2015

El Balcón en Invierno, de Luis Landero

El balcón en invierno
Luis Landero
Tusquets Editores
245 páginas

 
Sinopsis:

Un escritor (el propio Landero, imagino), ante la crisis de la "página en blanco", empieza a recordar su infancia y adolescencia. Y solo trata de eso.


Comentario:

La última novela de Luis Landero me ha parecido la peor de las que he leído de él. A años luz queda la famosa "Juegos de la edad tardía" que lo catapultó a la fama. También es cierto que tras esa, su producción, escasa, ha estado por debajo de lo esperado, manteniéndose, no obstante, en un nivel aceptable o incluso destacable (aunque con cierta tendencia a la "densidad" de prosa y al exceso descriptivo). "El balcón en invierno", sin embargo, no es ni siquiera una novela, si entendemos como tal un relato con inicio, nudo y desenlace, conflictos, intriga, etc.

No podría decir que esta obra es un bodrio o una basura. No cabe duda de que está bien redactada (¡qué menos!), muestra un extenso vocabulario relacionado con el mundo rural del que proviene el autor, muchos de cuyos términos ya se han perdido para siempre, tiene algún tropo logrado, algún destello de genialidad y buena escritura. Pero eso no es suficiente.  Y más cuando se espera un tour de force o una obra a la altura de su renombre.

El contenido no es nada original y más bien parecen unas memorias (dicho menos finamente: el autor nos cuenta su vida, que, por desgracia, tampoco es un ejemplo de aventura y exotismo). Dejando aparte la decoración o maquillaje que haya podido hacer sobre los hechos, estamos ante una obra de no ficción, que trata de hacerse pasar por ficción con trucos como el del primer capítulo, presentar a un autor en crisis y crítico con la literatura, casi depresivo, en un momento crepuscular de su existencia que parece el protagonista pero no lo es. Sus reflexiones me han parecido lo mejor de la obra, pero luego no profundiza en ellas y queda el asunto literario/metaliterario como en el aire.

Landero regresa al pasado y nos cuenta historias de pueblo, de familias, de gallinas en el huerto, de campesinos emigrados a la ciudad, de primos inventores, de postguerra (sí, postguerra otra vez), en un estilo arcaico (que los críticos llaman "cervantino") y nostálgico, adecuado al tipo de situaciones descritas, pero que no aporta tampoco nada nuevo a su producción ni a las letras españolas. Puede haber gente a la que le guste, no lo niego. Es tan real como la vida misma y seguro que todos tenemos abuelos y padres que han experimentado vivencias similares.

El libro, todo hay que decirlo, no aburre en ningún momento, ya que está bien escrito y eso disimula un poco el vacío y la falta de ideas. Recurrir a la propia vida y contarla tal cual suena a recurso de quien ya no sabe qué contar ni para qué, ni más ni menos como el alter ego del autor que aparece en el primer capítulo y luego en escasas ocasiones a lo largo de la narración.

Otro punto positivo es que es breve...

En resumen, unas memorias de estilo retro, bien escritas, pero dirigidas básicamente a degustadores de prosas con aire antañón  y a los fans de Landero, si es que anhelan conocer los avatares de su vida, tan común y corriente como la del resto de los mortales.

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martes, 25 de noviembre de 2014

Mi color favorito es verte, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2014
336 páginas
20 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

La escritora Pilar Eyre conoce a un hombre con el que mantiene una breve relación y, tras su desaparición, se obsesiona con él.

Comentario:

Aunque en la sinopsis de la novela se dice que es una historia verídica vivida por la protagonista y autora, que sea cierto, o no, es irrelevante, no afecta al contenido de la historia. En cualquier caso también sirve como recurso para acercar a la autora (y narradora) y a la persona que lee, contribuyendo a crear entre ambas un vínculo, sea real o ficticio, una complicidad incrementada tanto por esa sensación de cercanía que produce la narración en primera persona subjetiva que informa de lo que le parece cuando lo desea, en la que Pilar se muestra exagerada, egoísta, egocéntrica, melodramática y, sobre todo, ingeniosa y divertida, crítica consigo misma y con el mundillo literario.

En Mi color favorito es verte, la protagonista utiliza elementos de la biografía de la autora para desgranar lo que no solo es una historia de amor o una (levísima) investigación detectivesca, sino que además trata otros temas, entre los que destacan la literatura, la soledad o el paso del tiempo, logrando que se puedan hacer varias lecturas, unas más evidentes y superficiales que otras.

Así, no es extraño leer cómo afecta la crisis al mundo literario, y a las ventas de Pilar en particular, verla hablar con sus difuntos progenitores, divertirse con sus primas o, cuando se obsesiona con Sébastien, enviarle poemas, canciones que irrumpen en la narración para señalar con acierto los altibajos emocionales de la protagonista, anécdotas relacionadas con su pasado, familia y amistades, o la intervención de algunos personajes (la pareja del restaurante) ajenos a la trama que no pueden evitar darle su opinión sobre lo ocurrido.

La novela cuenta además con una estructura muy bien organizada en la que se alterna la parte romántica con la intriga por lo que sucedió, pese a que Pilar lo sabe desde el principio del relato y lo cuenta todo a posteriori, dosificando la información con destreza, un detalle aquí o allá rápidamente cortado para mantener la curiosidad, una progresión de la historia en la que siempre parece estar pasando algo, aunque solo tenga que ver con el tema principal tangencialmente, y sutiles digresiones (en los últimos capítulos, en especial durante el viaje a Montpellier, quizá se nota más su finalidad) que retrasan la revelación final.

Además de la trama autobiográfica, centrada en ese amor (o pasión) que se diría una excusa para hablar de temas de mayor profundidad, ya mencionados, como la soledad (esa presencia constante de los progenitores difuntos, la necesidad de comunicar su pasión incluso a desconocidos) o el paso del tiempo y la belleza (el uso de la cirugía estética, las alusiones a la diferencia de edad, la defensa de la pasión y el amor en cualquier momento), destaca el juego metaliterario inteligente y culto que desarrolla la autora desde el principio al final de la obra.

La disminución de ventas de sus novelas históricas, la crisis en el sector literario, el encargo de escribir un libro de autoayuda (en cierto modo Mi color favorito es verte lo es), la descarada utilización de sí misma y sus vivencias como material literario, la verdadera identidad de Sébastien y lo que tienen en común son muestra de la intención de la autora: buscar de complicidad con quienes la leen, establecer varios niveles de lectura y escribir una novela que funciona precisamente gracias a todo esto.
  
Citas de Mi color favorito es verte:

¡Sébastien!
Dijo Sébastien, y el mundo no se conmovió y siguió su marcha dando vueltas y vueltas alrededor del sol, como si nada hubiera ocurrido, pero una onda de fuego me recorrió de arriba abajo. Desde ese momento llevo este nombre cincelado en el cerebro. Cuando pienso en las cadencias de cada sílaba, y ese «tien» final, que podría ser «tian» pero no llega a serlo, esa ene larga, prolongada hasta el infinito, tan fuerte como un puñetazo en el estómago, tan suave como la pisada de un niño, tengo que parar de escribir, los dedos se quedan en alto, respiro hondo como si fuera a perder el sentido y hundo la cabeza en las manos preguntándome por qué.
¿Por qué tuvo que pasar todo? ¿Por qué?

***

¡Cómo está tardando esa maldita niña en terminar su cena, Dios! Pero pronto me arrepiento de este exabrupto, esa maldita niña quizás algún día será mi hijastra... Porque yo tengo secretos inconfesables: además de ciertas visitas de las que hablaré luego, ¡soy adivina autodidacta! ¡Tengo pensamientos premonitorios! ¡Por algo me he hecho escritora! Porque yo conozco a un hombre, en el sentido de hola qué tal, y ya me imagino yendo al altar con él, viviendo junto a él, envejeciendo juntos, preparando juntos esas cenas que suelo ofrecer en mi casa en las que las amigas con un marido colgando del brazo me dicen: «¿todavía sola?, ¿pero en qué piensan los hombres de este país?», acompañándome a la fiesta del Premio Planeta, cambiando las bombillas del porche, abrochándome los collares por detrás y echándome unos polvos que tiembla el misterio, así me lo imagino.

***

Desde que me anudé a la editorial de su propiedad con un contrato de un libro al año, me até al cuello una cadena de por vida. Yo he reflotado una empresa en crisis y él me ha convertido en escritora, pero año tras año, con un ritmo de producción infernal, tengo que dar a luz un libro. Como una máquina de elaborar embutidos, produzco salchicha tras salchicha con una pulcritud y docilidad que es el asombro de todos mis colegas, que solo escriben cuando la inspiración llama a su puerta.
Me preguntan con altivez algo burlona en esas mesas redondas a las que vamos a emborracharnos y comer de gorra:
—¿Otro libro?
Y yo contesto avergonzada:
—Sí, otro.
Me levanto todos los días a las siete de la mañana, escribo hasta mediodía, y después de nuevo por la tarde hasta la hora de cenar. A veces, cuando tengo que buscar algún dato que se me atraviesa y que puede ser simplemente el nombre del trovador favorito de la reina, me pongo a rastrear por internet hasta la madrugada, y cuando lo encuentro (Aramís de Galindo), me siento como el aventurero que descubre su primera pepita de oro. Y me duermo abrazada a mi pepita con tal satisfacción que un rastro de baba humedece mi almohada.

***

—Que no se vende nada, coño, y tus libros tampoco... Fin de ciclo, Pilar, las novelas históricas ya no interesan una mierda.
Se me cierra la garganta como si una mano me apretara, la voz me surge quejumbrosa cual pordiosero doliente:
—Pero, cómo, qué me dices, si ahora teníamos preparada la vida de Isabel de Valois, los trovadores, el maltrato de su marido homosexual en el fondo...

—Con Isabel de Valois me limpio el culo, con los trovadores me limpio el culo, con tus libros me limpio el culo...

—Pero, Ricardo, ya tengo todos los libros que existen sobre el siglo XVI, los palacios, los cinturones de castidad, las doncellas promiscuas... Pensaba introducir un elemento fantástico en forma de dragón que habla andaluz y es muy gracioso...
Ricardo da un gran suspiro y barre todo con la gran escoba del desprecio:
—Eso es una mierda ya, Pilar, una mierda pasada de moda... ¡Antigua, apolillada y rancia! Todas las mujeres que compraban tus libros o han muerto o tienen Alzheimer; cambia de registro, monada, yo solo te digo eso, cambia de registro o...

—O qué, Ricardo.
Me separo el teléfono de la oreja temiéndome lo peor, pero mi editor se limita a suspirar y a decirme en tono tan suave que me entra un escalofrío:
—O nos vamos los dos a freír espárragos... En vez de estar todo el día con el chocho al aire, piensa nuevos argumentos... —Y como presa de inspiración, me dice con voz animada—. ¿Por qué no escribes una novela nórdica de misterio?
—¿Nórdica que pase en los países escandinavos, quieres decir?
—Sí. —Mi editor es como un crío, se anima con una piruleta—. Un hombre que odie a las mujeres, un periodista y una chica con piercings..., mucho café, frío, asesinatos rituales...
—Es que eso ya está escrito, Ricardo, se llama Los hombres que no amaban a las mujeres... El autor es Stieg Larsson...
Sé que mi editor está cogiendo papel y lápiz para apuntar:
—A ver, repite, Larsson... Hablaré con él por el tema de los derechos...
Ricardo no lee nada, ni mis libros. Suspiro con cansancio:
—Está muerto. Larsson está muerto.


Nota: Mi color favorito es verte es la novela finalista del Premio Planeta 2014.

También en este blog: Reseña de Nomeolvides.


***T***


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martes, 24 de junio de 2014

La muerte del padre (Mi lucha 1), de Karl Ove Knausgård

 La muerte del padre (Mi Lucha 1)
Min kamp 1
Karl Ove Knausgård
Traductoras: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
504 páginas
Editorial Anagrama


 
Sinopsis:

El escritor noruego Karl Ove rememora los días de su infancia y juventud y el traumático episodio de la muerte de padre. Alcohol, música, literatura, filosofía, amor, familia... y la vida, en suma.

Comentario:

Lo primero que una piensa al afrontar un libro como el que nos ocupa es que será un ladrillo aburrido y sin interés, pues, tal cual, cuenta la vida de un hombre, un noruego, en concreto, en sus menores detalles, una vida muy común, sin grandes aventuras ni hazañas, bastante sosa incluso.

En efecto, en esta primera parte de sus extensas memorias (compuestas por seis tomos), Karl Ove nos relata, de forma no lineal, su vida, centrada en su infancia y juventud, en los recuerdos de su padre, y en la muerte de este y las circunstancias que la rodearon. En medio de la narración, bastante prolija, el autor incluye reflexiones sobre la vida, el arte, la música y muchos otros temas, algunas de las cuales son, sin duda, lo mejor de la novela.

Junto a páginas de realismo sucio, sin adornos ni artificios, aparecen textos de gran belleza literaria y profundidad de pensamiento. Algo tiene este libro que, sin relatar nada espectacular, nos mantiene atados a las páginas y nos obliga (al menos a mí) a seguir leyendo hasta el final.

Ciertamente, son muchas páginas, y quizás podrían ser menos, pero, en verdad, es de esas lecturas que, una vez terminadas, sabes que han merecido la pena. Es curioso como algunos de los pensamientos del Karl Ove joven o niño son similares a los de cualquier persona, incluida yo. Te hace pensar que estás ante un libro que habla de la vida común de todos los seres humanos, encarnada en uno solo. Te puedes identificar con Karl Ove cuando celebra su Fin de Año juvenil, cuando piensa en escenas impactantes que ha visto en televisión, cuando imagina que a su coche le salen dos cuchillas que cortan todo lo que encuentran...

Lo más llamativo es el increíble ejercicio de sinceridad, mediante el cual despoja de oropeles novelescos a las acciones dejándolas como son, con toda su crudeza, que no necesariamente tiene que ser gore (aunque algunas...). Especialmente brutales son las páginas que detallan los trámites para el funeral del padre, y la llegada a la casa donde vivía con su madre, abuela de Karl Ove, abandonada y en un estado lamentable. La decrepitud, la enfermedad, el deterioro... son tan palpables que hieren.

Leyendo este libro te sientes como si espiaras a un hombre en su vida común; particularmente en estas escenas, se hace difícil la digestión de las descripciones de la decadente vivienda llena de botellas de alcohol, basura, meados, detritus, o a los llantos de Karl Ove cuando reflexiona sobre la muerte del padre y por ende, sobre la Muerte en general, esa Muerte que sobrevuela todas las páginas de la historia; de hecho, la novela comienza con una reflexión sobre su ocultamiento en las sociedades occidentales que ya nos da el tono de lo que será la obra.

A mí me ha gustado, aunque no es una novela para todo el mundo, no tanto por la dureza de la exposición de lo que es la vida humana como por su ausencia de peripecias, que podrían alejar a los lectores que buscan acción, intriga y aventuras. Sin embargo, es auténtica, una obra a la que han llegado a denominar proustiana, por su semejanza, en fondo, volumen e intención, con la monumental "En busca del tiempo perdido" de Proust, pero adaptada a nuestros tiempos.

Como curiosidad, la publicación de esta novela en Noruega ha traído algunos problemas a su autor, sobre todo por parte de su familia, que no se ha sentido cómoda con el retrato tan poco pudoroso que hace de ella. Sin embargo, ha sido uno de los libros más vendidos y comentados en el país nórdico.

"La muerte del padre" es la primera parte de una serie titulada "Mi lucha", un título con una clara intención provocadora. Los diferentes tomos se pueden leer por separado, según he leído.

"La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante se para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra en una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía. Los cambios de las primeras horas ocurren tan lentamente y se realizan con tanta seguridad que recuerdan algo ritual, como si la vida capitulara según determinadas reglas, una especie de gentlemen’s agreement por el que se rigen también los representantes de lo muerto, ya que siempre esperan a que la vida se haya retirado para iniciar la invasión del nuevo paisaje. Entonces, en cambio, es irrevocable. Nada puede ya detener a las enormes colonias de bacterias que empiezan a expandirse por el interior del cuerpo. Si lo hubieran intentado tan sólo unas horas antes, se habrían encontrado con una gran resistencia, pero ahora todo está quieto en torno a ellas, y penetran cada vez más en lo húmedo y lo oscuro. Alcanzan los canales de Havers, las criptas de Lieberkühn, las islas de Langerhans. Alcanzan la cápsula de Bowman en los riñones, la columna de Clarke en la médula espinal, la sustancia negra en el mesencéfalo. Y alcanzan el corazón. Éste sigue intacto, pero como ya no goza del movimiento al que toda su construcción está dirigida, hay algo de abandonado en él, podríamos imaginarnos algo así como una obra que los obreros han tenido que abandonar a toda prisa, la maquinaria inmóvil brillando con luz amarillenta hacia la oscuridad del bosque, los barracones vacíos, las vagonetas del funicular colgando cargadas hasta los topes por la ladera. "
 
Aquí se puede leer el avance de la obra


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jueves, 28 de noviembre de 2013

Ambiciones y reflexiones, de Belén Esteban

Editorial: Espasa, 2013
268 páginas
18,90 euros 

Argumento:


Relato «autobiográfico» de las vivencias más relevantes de Belén Esteban.

Comentario:

«Ambiciones y reflexiones» está dividido en un prólogo, escrito a modo de presentación por Boris Izaguirre, encargado también de entrevistarse con Belén Esteban y dar forma a sus palabras, 25 capítulos en los que relata de forma cronológica los pasajes que considera más importantes de su vida, y unas páginas finales para incluir los agradecimientos a familia, amistades y personas del trabajo.

Desde el comienzo se percibe que la redacción es meramente correcta (aunque no recuerda a la forma de expresarse verbalmente la autora) y que los recuerdos que desgrana Esteban son tratados de forma superficial, enumerados sin profundizar en detalles o emociones, dando la impresión de que se trata de un discurso que por muy repetido ha perdido la capacidad de afectar a su protagonista, o que es bien incapaz o reticente a dar más datos.

Quien espere que Belén Esteban se explaye en el relato de sus adicciones se encontrará con lo ya comentado en diferentes programas de TV: no quiere darles nombre ni incidir en los detalles, basta saber que ha salido de ello y no va a volver. Nada más.

En cuanto a referencias a sus compañeros de trabajo, presentes y pasados, cualquiera que haya visto sus recientes intervenciones en distintos programas conocerá ya todo lo que opina de relaciones polémicas como las que mantiene con Ana Rosa Quintana, María Patiño, Lydia Lozano o Aurelio Manzano, a quien aún responsabiliza al 90% de la ruptura de un matrimonio al que dedica un par de capítulos centrados en lo apasionada que era su relación con Fran Álvarez, el amor de su vida por encima del torero y cómo, también, se ha desenganchado de él.

Quizá los capítulos más novedosos, los que entran en detalles menos conocidos, son en los que habla de su hija, Andrea, y lo que quiere para su futuro, o su madre, con quien la relación ha sido difícil en algunos momentos.

También aparecen las personas fallecidas, desde el progenitor, a la abuela Pilar o su monja, sor Mercedes, si bien, de nuevo, no añade nada nuevo a lo ya manifestado en diferentes programas.

Igualmente conocidos son los relatos de su relación con Jesús Janeiro y los familiares de este, en la que solo salen bien paradas Carmen Bazán y Carmen Janeiro (las únicas que quieren a su hija), reservando los comentarios más duros, previsiblemente, para María José Campanario (incluida su familia) y Humberto Janeiro, al que llama el Cojo. En ninguno de estos casos aporta novedades.

La obra incluye fotos de la vida de su autora desde su niñez hasta la actualidad (octubre de 2013), incluyendo a su familia, su hija Andrea, Jesús Janeiro o su ex marido, Fran Álvarez (curiosamente hay más imágenes del torero, o del representante de Esteban, Antonio Sanchís, a quien dedica bastantes y agradecidas páginas, que de este).

Se observan además un par de errores, como escribir mal el nombre de Jimmy Giménez Arnau (Jiménez) o asociar de forma indirecta la serie «Falcon Crest» con JR, personaje que aparecía en «Dallas».

En resumen, se trata un libro para incondicionales de la autora en la que ni estos ni sus detractores encontraran material novedoso más allá de las fotografías personales que acompañan al texto.


Extractos de la obra


Boris Izaguirre en el prólogo:

«Fue esa imagen: Belén, con Andrea en brazos, viendo cómo la puerta de Ambiciones se cerraba para siempre y ella se quedaba fuera, también para siempre, junto a un coche que las devolvería a Madrid, la que me reveló que Belén era símbolo de la mujer española, la de provincias o urbana, universitaria o desempleada. La mujer que tiene que enfrentarse sola a un mundo empeñado en ser adverso.»

***

«Mi asombro estaba justificado ante las dimensiones melodramáticas del relato, pero se incrementó al comprender que en ese momento, ante las puertas cerradas de Ambiciones, estaba naciendo una nueva Scarlett O’Hara, auténtica, española, completamente real.»

***

«Aunque fuera producto de una burbuja, que estalló con abrumadoras consecuencias, Belén Esteban significó precisamente un punto de arraigo en medio del huracán colectivo de nuevos ricos por el que transitó este país en los últimos años. Era la chica de barrio que se convierte en rica y famosa. Pero sin perder su voz de barrio. Se movía y comportaba como una vecina que podría vivir dos puertas más abajo en la escalera. Era católica, creía en el matrimonio, pero la vida la había convertido en madre soltera y repudiada evidentemente por los más poderosos. Era difícil lo que vivía, pero tenía una manera de hacernos reír cuando lo contaba, creando poderosísimas frases que ya pertenecen al público. «Ni que yo fuera Bin Laden», es realmente portentosa.»


Belén Esteban:

«Por supuesto que también habrá gente a la que no le guste, e incluso que me tenga manía, que con eso ya cuento. Pero son los menos. La mayoría me quiere y me aprecia muchísimo. Y una de las cosas que más valoran de mí es la sinceridad. Porque jamás me he preparado un guion cuando he ido a hablar a la tele o con algún periodista. Siempre me he puesto muy nerviosa antes de empezar, pero cuando llega el momento de sentarme ante todos, pienso: «Pero, vamos a ver, Belén. ¿Por qué te vas a poner nerviosa si solo tienes que decir lo que sientes?». Y como digo lo que siento, siempre voy con la verdad por delante. Por lo menos con la mía… Salvo en la última etapa, que reconozco que en algún momento he mentido por Fran, mi exmarido.»


***T***

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