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miércoles, 16 de julio de 2014

Mañana, a las seis, de Raquel Sánchez Silva

Editorial: Planeta, 2014
380 páginas
18,50 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Lucía sufre una crisis al enfrentarse a la ruptura con su pareja César, y la enfermedad de su madre, Aurora, lo que propicia que inicie una relación con Román, un hombre peligroso.

Comentario:

Aunque en algunos medios se prefiere resaltar la parte erótica, esta es, como dice la propia autora, una parte mínima de una novela que trata temas importantes, entre ellos enfrentarse a la pérdida de una persona amada, a una traición o a una ruptura de pareja.

De hecho las escenas de sexo son breves, casi elegantes, no se recurre al exceso descriptivo ni se intenta llamar la atención sobre ellas más allá de lo necesario para mostrar la dependencia que siente Lucía por Román y por el mundo que él le muestra.

La  novela, redactada en tercera persona y escrita con un oficio mayor del habitual en una primera obra, está protagonizada principalmente por mujeres (Lucía, Aurora, Gloria, Marisol), cuyos puntos de vista se alternan para mostrar tanto sus vidas interiores como la manera en que se ven afectadas por hechos externos a ellas o las relaciones de amistad y cariño que se establecen entre varias de ellas.

Román, César, Freddy o León tienen roles secundarios de diferente relevancia: sirven como desencadenante de situaciones y emociones, consuelo, pasión, etc, e incluso se muestra lo que piensan varios de ellos, si bien solo en instantes puntuales.

Destaca el tono de la narración, en ocasiones intimista, otras poético, incluso simbólico y fantástico, y la profundidad y sensibilidad poco habituales con que la autora trata temas psicológicos y emotivos, con los que resulta fácil empatizar. Por ejemplo la enfermedad de uno de los personajes y cómo afecta a los demás, la dignidad, amor y belleza que presiden cada escena relacionada con ella: as conversaciones, reflexiones y emociones.

Hay también varias incursiones al pasado, recuerdos de la niñez de Lucía (el espionaje de las conversaciones telefónicas maternas, un recorrido casi onírico y simbólico por la ciudad), que indican la difícil relación entre ella y Aurora, y cuya falta de resolución (hablan de otras cosas, pero no de esas) puede llevar a preguntarse para que se incluyen en la obra.

Cerca del final, la autora da una vuelta de tuerca a la historia, de la que apenas se dan indicios, implicando a Lucía en una venganza que, unida a su crisis sentimental, la enfermedad de Aurora dotan a la novela de varios mensajes dan sentido, finalidad y profundidad al viaje iniciático de Lucía.

En resumen, «Mañana, a las seis» trata temas importantes con sensibilidad y profundidad, que no merece la etiqueta de erótica con la que se la quiere publicitar, beneficiada por la calidad de la redacción y por un final poco convencional.


Cita de la novela: 
«Cuando llegaba la mañana, aún con el pecho encogido por el miedo, buscaba el amparo de su madre como un animal herido su guarida. Verla la apaciguaba y la desequilibraba por igual. Era su madre, una mentirosa dañina en su juventud e inofensiva ahora que con la vejez había llegado también la incapacidad de movimiento. Probablemente, en este instante de sus entrelazadas vidas, Lucía tenía más posibilidades de ser la mala. Dado su control sobre la situación, era ella, la hija, la que podía destrozar el mundo de su madre aunque ya no encontrase ningún placer en semejante ataque. La relación entre ambas era de una subyugante dependencia que las hacía, a su vez, inmunes a la dependencia de un tercero. Eso siempre las unió y las hizo únicas. Tantos años después, se querían con locura. Locura real. Para evitar que esas fuerzas chocasen hasta la extinción, Lucía había buscado, hacía ya más de diez años, un piso cercano al último hogar que compartió con Aurora. Un lugar para hallar una distancia suficiente pero salvable. Desde esa distancia mínima, más próxima a la vecindad, había preparado una vida llevadera para su madre.»


***T***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

miércoles, 16 de abril de 2014

La luz de Candela, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2014
320 páginas
19,50 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Candela rememora su relación con Manuel.

Comentario:

«La luz de Candela» está redactada en primera persona por su protagonista a modo de reproche dirigido al que fuera el gran amor de su vida, Manuel, alternada con poemas, micro relatos (cuya inclusión no parece tener una finalidad concreta) y los monólogos (y algún diálogo) de la madre y amigas de Candela (quizá para «hablar» de distintos tipos de amor, desamor, mujeres, los hombres de sus vidas, dependencia emocional etc).

La forma de narración escogida, en la que priman las emociones de la protagonista sobre los motivos que la llevan a enamorarse de un hombre cuyas virtudes parecen concentrarse en la belleza exterior y las cualidades amatorias, a depender de él, ver que su obsesión no es correspondida, romper y comenzar un lento y dificultoso desenganche, da una impresión de reiteración en las mismas emociones, de masoquismo disfrutado y deliberado, quizá buscada por la autora.

A lo largo de la obra, tanto Candela como sus amigas hacen referencia a películas, series de TV y novelas relacionadas con el amor y, mayoritariamente, su idealización romántica («Sexo en Nueva York», «Los puentes de Madison», «Memorias de África» etc…) incluyendo el inevitable homenaje o versión de la «Lolita» de Nabokov en una imaginaria carta de Manuel a Candela, escrita por ella en el capítulo 57:

«Candela, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Can-de-la: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Can.de.la.»

Apenas hay diálogos, y los que se incluyen son, sobre todo, «duelos» de ingenio con las amigas (Jimena, Malena y Berta), quedando Manuel desdibujado, a merced de los recuerdos e impresiones de Candela, quien da monótonas vueltas en torno a lo que parece más una obsesión basada en el sexo (son las escenas que más ampliamente describe) que un amor real (la relación de ella con su primo Jota, o León, por el personaje de Jean Reno en «El profesional (León)» se muestra como más profunda y sana).

Y de pronto se acaba. Transcurridos varios años de la ruptura, y un par de hombres «terapéuticos» después, sin una escena especial que muestre el «desenganche», Candela cuenta a ese Manuel que seguramente no se enterará de ello cómo ha cambiado su vida y ya…

En conclusión: «La luz de Candela» es una novela relatada casi como un resumen, sin mostrar escenas ni conflictos reales, basada en las emociones de la protagonista, con digresiones (las amigas) que aportan poco al romance, aunque intentan servir de reflexión, muestrario y leve crítica tanto de cierto tipo de hombres y relaciones como de la imagen que dan el cine y la literatura del amor romántico. Para incondicionales de las historias emocionales.

Cita de la novela:

«—Doy gracias a la vida por la existencia de Brad Pitt.
Ese ha sido el mensaje que he encontrado en mi móvil al despertarme esta mañana. Es lo que ocurre cuando tienes una amiga viviendo a diez mil kilómetros. El cambio horario nos obliga a llevar una comunicación virtual a lo Lady Halcón. Es una especie de correspondencia 2.0. Es decir, en lugar de comunicarnos con cartas, nosotras hablamos a través de Whatsapp, correo electrónico o Skype. Hoy hemos podido charlar un rato.
—Confiesa, Jimena, ¿cuál te has puesto esta vez?
—Leyendas de pasión. Lo sé, Candela, soy una cursi con lazos rosas y mariposas. Soy la Mariah Carey de los expatriados en Tailandia.
—Leyendas de pasión es un peliculón. Nunca lo reconoceremos ante un hombre para que no lo utilice en nuestra contra, pero eso es así.
—Cierto. Y Pitt está enorme, en el sentido más amplio de la palabra.
—La verdad es que el muchacho está guapo subiendo al caballo, bajando del caballo, acariciando el caballo...
—¡Y sin caballo! Me ha alegrado el día este hombre.
—Hablando de grandes joyas del cine, no entiendo cómo siempre aparecen en lo más alto de las listas Ciudadano Kane, El gran dictador y otras películas de medio pelo y nunca aparece Dirty dancing.
—Tienes tanta razón, criatura. Con la de buenos ratos que nos ha regalado el malogrado Patrick. Esos domingos por la tarde en el sofá tarareando Time of my life.
—Ese hombre varonil entrando en la sala (un pelín sobreactuado y algo hortera, cosa que tampoco reconoceremos en público), desafiando al padre rancio, burlando a la cansina de la hermana (porque es muy cansina...) y agarrando a Baby del brazo para decirle la frase más célebre de la historia del cine. LA FRASE.
—«No permitiré que nadie te arrincone.»
—Si me hacen eso alguna vez, juro (LO JURO, Candela) que me caso con ese galán.»

***T***

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lunes, 14 de abril de 2014

La noche soñada, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2014
350 páginas
19,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Desde una distancia de treinta años, Justo Brightman recuerda lo que le sucedió a su familia en el verano de 1980.

Comentario:

Si bien «La noche soñada» parte de un cierto misterio, lo que ocurrió aquel 23 de junio de 1980, y aunque este hecho, aparentemente obvio, tiene «sorpresa», en realidad trata de otras cosas, entre ellas de las consecuencias de la muerte de Thomas Brightman, y también del primer amor, de la infancia y de su final, del amor hacia una madre…

Narrada en primera persona desde la actualidad, con un Justo que, cumplidos los cuarenta, parece tener todo lo que deseaba (gracias a su trabajo como fotógrafo ha viajado por todo el mundo y vivido en la ciudad que le fascinaba en su infancia, Roma) pero no es feliz, no disfruta de su vida, porque guarda un secreto que necesita contar a su madre en el 75 cumpleaños de ella.

Durante las horas previas a ese reencuentro con Teodora, Justo rememora tanto el día que marcó sus vidas como otros momentos de ese verano o del año siguiente, cuando conocieron a los italianos, Francesco y su hija Sofía, lo más importante para la familia, que por fin encontró la ansiada felicidad, sobre todo la materna, que fue el origen de todo:

«Sonaron las seis de la tarde en el campanario de la iglesia. En mi reloj, la misma hora. Todo estaba en orden para poderlo romper. Yo había elegido la noche de San Juan para convertir a mi familia en una familia feliz. Como más adelante contaré, aquella noche todos pedían deseos; en cambio, yo los hice realidad.»

La obsesión por lo sucedido, por lo que Justo hizo para conseguir que su familia fuera feliz, es recurrente a lo largo de la novela, se insiste una y otra vez en el relato de aquel día, cada conversación, cada pensamiento del muchacho, y más tarde incluso se repite una escena aportando más datos. Esto da a veces una impresión de repetición que parece innecesaria, además de crear expectativas que quizá no se cumplan.

Debido a la mencionada narración en primera persona, excepto un capítulo en tercera, contando la vida de Sofía en Londres, que no parece tener una finalidad clara, y varias cartas, Justo es el personaje mejor desarrollado en una familia que incluye diez tías y multitud de personajes secundarios que no siempre tienen un papel relevante en la historia.

Destaca la inclusión de detalles a modo de leitmotiv simbólico: los corazones de vapor que dibuja el protagonista en los cristales o las notas que le deja  su madre y que firma como «Te Adora» (se llama Teodora), al final de bastantes capítulos.

Se percibe una clara descompensación entre las distintas partes de que se compone la historia, siendo excesiva la reiterativa atención al pasado (demasiados detalles de los momentos previos al suceso, o del enamoramiento de Justo hacia Sofía, que luego no parece tan trascendental), más medida la dedicada a la Roma actual y muy escasa la conclusión tras la lectura de las cartas que aclaran lo que pasó. Esto último puede resultar frustrante debido a la expectativa creada, dando la impresión de que el final es algo precipitado o incompleto.

Aún así, «La noche soñada» es una novela bien redactada que funciona a nivel de sentimientos y emociones, en la que la familia, la idealización de la infancia, del pasado, la subjetividad de los recuerdos, el olvido, la culpa o la redención crean una atmósfera emotiva, que destaca especialmente en el reencuentro entre Justo y su madre en la actualidad, que puede emocionar a las personas más sensibles. Se diría incluso que es la obra más personal del autor.


Cita de la novela: 

«Nervioso, pegué la cara al cristal de la puerta cerrada de la cocina, un cristal con dibujos geométricos que hacía la realidad diferente, tanto si la mirabas desde el pasillo como si te miraban desde dentro, y soplé vapor con la boca para dibujar un corazón con el dedo índice. Justo en medio del corazón quedó la cara de mi madre mirando a papá en el reflejo de los azulejos.
No sé quién vigilaba a quién. El a ella, ella a él o yo a ellos.
El corazón dibujado se desvanecía.»


Nota: «La noche soñada» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2014.


Màxim Huerta ha publicado también:


- El susurro de la caracola (MR, 2011)

- Que sea la última vez... (MR, 2012) Reseñada en este blog

- Una tienda en París (MR, 2012) Reseñada en este blog

- No me dejes (Ne me quitte pas) (Espasa, 2015)


***T***


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domingo, 6 de abril de 2014

Esas mujeres rubias, de Ana García-Siñeriz

Editorial: Planeta
570 páginas
9,95 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

María se recluye en Mon Repos para intentar superar una pérdida. Durante su estancia en la casa le cuentan historias de la familia a quien pertenece y repasa su propio pasado.

Comentario (con SPOILERS):

«Esas mujeres rubias» es una novela difícil de clasificar, quizá porque, aunque en apariencia podría participar de varios géneros (la lectura del primer capítulo hace pensar que se trate de una historia de misterio o romántica), no se adscribe claramente a ninguno.

Hay varias tramas principales: la estancia de María en la casa y la relación con los vecinos, el relato de un pasado que incluye tanto a la protagonista presente como a la ausente, esa Estela cuyo destino se desconoce, y a las familias de ambas, historias que se cuentan como si de sendas sagas se tratase, en una evolución cuyo final se acaba intuyendo, o el duelo que lleva a la mujer a ese retiro en soledad que, mediante la reconstrucción de sus orígenes y la ocupación en temas aparentemente ajenos (la traducción de «El jardín secreto» de Frances Hodgson Burnett, cuya vida y citas al principio de cada capítulo tienen parte relevante e incluso un paralelismo con la historia de María, el interés por la ausente Estela etc...) pretende iniciar el proceso de sanación.

La novela está inusualmente bien estructurada, alternando con destreza escenarios, personajes y épocas (los Vallés-Bruguera desde finales del XIX en Cuba hasta el XXI, la adolescencia de María en los años ochenta madrileños o su vida actual en Barcelona) y escrita con una prosa visual que permite sumergirse tanto en las relaciones emocionales de la protagonista (en especial con su madre, el que será su marido, Fernando, y su hija Alma, aunque también con Román y Josefina) como en los lugares que recrea (la vívida descripción de Mon Repos, la casa de la abuela Anselma).

La autora inserta la documentación necesaria para la ambientación histórica con elegancia, sin que dé en ningún momento la impresión de exceso de información o que haya recurrido al copia-pega, sino que la integra en la trama con naturalidad, como parte de un todo, dando en ocasiones la sensación de que ha estado en los lugares descritos. 

Si bien la historia está narrada en primera persona, y por tanto el personaje de María es el más complejo, también destacan otros: Fernando, el marido distante con dificultad para expresar lo que siente, está muy bien retratado, sin que en ningún momento la protagonista se pronuncie en su contra. La madre insatisfecha que quiere manejar la vida de su hija y oculta sus propios secretos. El anciano Román y sus rebeldías, o su hija Josefina, quienes le relatan pasajes importantes de la historia de los Vallés-Bruguera... 

En resumen, una novela muy bien escrita, en la que destaca la capacidad de la autora para manejar una estructura compleja (saltos en el tiempo, construcción de una saga familiar sin perder de vista las relaciones entre los personajes, aunque se le escapa algún gazapo), que recrea otras épocas y los sentimientos de María ante el amor o la pérdida con una prosa vívida, visual, tanto en las descripciones como en los abundantes diálogos: quizá uno de los peros que se podrían poner es cierta desmesura, la inclusión de escenas que harían el mismo efecto descritas en un par de frases y que pueden hacer que se pierda la perspectiva de lo que es importante para la historia que se relata. 

Tal vez la mencionada dificultad para ajustarla a un género o definir un tema principal (trata tanto de la pérdida como del proceso de recuperación, de la influencia del pasado sobre el presente, de la diferencia entre distintos tipos de mujeres, unas sumisas y resignadas, incapaces de tomar las riendas de sus vidas (las morenas entre las que se encuentra María) en contraste con las que viven la vida plenamente ignorando las convenciones sociales (rubias como Estela) junto a cierta imprecisión en sus aspiraciones, aunque al final se cierra el círculo, se comprende a qué venía contar las historias de varias familias y sus mujeres y se ve que María ha comenzado a sanar sus heridas, ha iniciado el camino de la redención, sería lo menos positivo de una primera novela más que digna.

Citas:

Página 61:

Traducir las palabras de otros te convierte en un ser distinto: te obliga a ser fiel a un pensamiento extraño, a una lengua ajena, a dar vida a otras voces, a meterte en las cabezas que te son desconocidas. Te convierte en un camaleón. 
Traducir es ser otro y desaparecer.

Página 66:

Contar una historia es complicado, incluso cuando creemos que disponemos de todos los datos. Resulta mucho más difícil que traducir una ya escrita. Las historias ajenas, y según con qué autores, a veces hasta se pueden mejorar. Con la realidad, resulta del todo imposible.

Enlace relacionado:




*** T ***



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jueves, 6 de marzo de 2014

La Carta Esférica, de Arturo Pérez-Reverte

Editorial: Alfaguara
Colección: Hispánica
6oo páginas
20,50 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Coy es un marinero sin barco, apartado del mar por un error cometido en un viaje, que conoce a Tánger Soto durante una subasta de artículos marítimos. 
Ella le contrata para buscar el Dei Gloria, un barco naufragado dos siglos y medio atrás, y rescatar su contenido. Durante la búsqueda del navío se enfrentan en varias ocasiones a Nino Palermo, un millonario que quiere ser el primero en hallar el barco.

Comentario:

En apariencia, y durante la mayor parte del texto, se diría que «La Carta Esférica» es una novela romántica... en el sentido masculino el término.

El personaje protagonista, Coy, es, como él mismo dice, un marino sin barco, destinado a permanecer en tierra, donde no sabe desenvolverse durante un periodo de tiempo demasiado largo.

Coy es el clásico perdedor de aspecto poco atractivo, (a lo Bogart y antihéroes similares, incluso Tánger es más alta que él como lo era Bacall con Bogart), a quien sólo le interesa leer novelas relacionadas con el mar y escuchar música de jazz. 

Es un hombre que, aparentemente, idealiza a las mujeres, de las que tiene una imagen poco realista:
«... había pasado su infancia entre abuelas, tías y primas, a orillas de otro mar cerrado y viejo, en una de esas ciudades mediterráneas donde durante miles de años las mujeres enlutadas se reunían al atardecer para hablar en voz baja y observar a los hombres en silencio. Todo eso le había dejado cierto fatalismo atávico, un par de razonamientos y muchas intuiciones. Y ahora, frente a Tánger Soto, pensaba en la mujer de la goleta. A fin de cuentas, se dijo, tal vez una y otra eran la misma, y la vida de los hombres gira siempre en torno a una sola mujer: aquella donde se resumen todas las mujeres del mundo, vértice de todos los misterios y clave de todas las respuestas»

«La que maneja el silencio como nadie, tal vez porque ése es un lenguaje que habla a la perfección desde hace siglos. La que posee la lucidez sabia de mañanas luminosas, atardeceres rojos y mares azul cobalto, templada de estoicismo, tristeza infinita y fatiga para las que -Coy tenía esa extraña certeza- no basta una sola existencia. Era necesario, además y sobre todo, ser hembra, mujer, para mirar con semejante mezcla de hastío, sabiduría y cansancio. Para disponer de aquella penetración aguda como una hoja de acero, imposible de aprender o imitar, nacida de una larga memoria genética de vidas innumerables, viajando como botín en la cala de naves cóncavas y negras, con los muslos ensangrentados entre ruinas humeantes y cadáveres, tejiendo y destejiendo tapices durante innumerables inviernos pariendo hombres para nuevas Troyas y aguardando el retorno de héroes exhaustos; de dioses con pies de barro a los que a veces amaba, a menudo temía y casi siempre, tarde o temprano, despreciaba. »

Tánger Soto es «la Mujer», esa criatura misteriosa y traicionera que fascina al antihéroe con su belleza rubia, su cuerpo cubierto de pecas que Coy quiere contar una a una y una seguridad en sí misma que le asusta:
«Coy asintió. Aquello era obvio. Ella no tenía galones en la boca-manga, sino la regla cada veintiocho días. Porque seguro que, además, era de ésas. Ni un día más ni un día menos. Sólo había que verla: una rubia de piñón fijo. Para ella, dos y dos siempre sumaban cuatro.»

El Dei Gloria es el barco que busca Tánger, por cuyo hallazgo es capaz de todo, la meta perseguida, la aventura épica a que se lanzan.

El autor no tarda en homenajear los clásicos del género, comenzando con Moby Dick«Podríamos llamarlo Ismael, pero en realidad se llamaba Coy. Lo encontré en el penúltimo acto de esta historia, cuando estaba a punto de convertirse en otro náufrago de los que flotan sobre un ataúd mientras el ballenero 'Raquel' busca hijos perdidos»

Con estos datos es fácil establecer un paralelismo entre los protagonistas de «La carta esférica» y «Moby Dick», en que, ya lo dice el autor, Coy sería Ismael, Tánger sería Ahab y el Dei Gloria, cómo no, Moby Dick, aunque no acaban ahí los homenajes.

El autor menciona casi todo libro y película que se le ocurre, desde Melville, Conrad o Stevenson a los cómics de Tintín y las películas clásicas de detectives: «—El 'Dei Gloria' me pertenece -dijo ella-. Y nadie me lo va a quitar. Es mi halcón maltés. »

Estos homenajes incluyen la descripción de personajes como Horacio Kiskoros (
«... un hombrecillo moreno de espeso bigote oscuro y pelo muy peinado hacia atrás con fijador... Tenía los ojos melancólicos, simpáticos, un poco saltones; como las ranitas de los cuentos), del que no hace falta que se diga más tarde que se parece al actor Peter Lorre» (de nuevo El halcón maltés).

Mezcla películas clásicas con cuadros de Boticelli:

«... hacían que uno de los maniquíes alzara un brazo articulado en el codo y la muñeca hacia el pecho, púdico, y mantuviese el otro sobre el supuesto sexo. Venus saliendo directamente de una concha, travestida de replicante Pris Nexus 6 en Blade Runner».

Para resumir, la novela está tan llena de alusiones a cine y literatura de varios géneros que es difícil pillarlas todas, en parte por lo mucho que distraen los incalculables relatos del pasado de Coy en tal o cual barco, una retahíla de nombres de naves y lugares cuya inclusión en la novela no se comprende más allá de las ocasiones en que se utiliza para demorar la revelación de hechos supuestamente importantes.

Porque eso es lo malo de la obra, que se consume cantidad de texto para contar muy poco, y se hace de la forma más larga, monótona y aburrida posible.

La historia ya comienza pausada. La subasta, la imagen medio vista de una mujer rubia, las digresiones al pasado y otros detalles mientras Coy no consigue ver el rostro de la misteriosa dama, cuya apariencia se va desvelando poco a poco, detalle a detalle, desde la ropa a las pecas que adornan todo su cuerpo y que, con el tiempo, el protagonista anhelará contar una a una...

Cuando Coy consigue ver el rostro de la mujer el autor se lanza a averiguar el nombre... y otra media docena de páginas de divagaciones hasta revelar que se llama Tánger Soto.

El resto es más de lo mismo. Que si Tánger está muy buena, es muy misteriosa y muy mala, pero Coy, que la compara con Verónica Lake, la Kim Basinger de L.A. Confidencial o Jessica Rabbit («En realidad no soy mala, es que me dibujaron así»), siente tal fascinación que todo le da lo mismo, él se siente Bogart, se siente el Orson Welles de La dama de Shanghai, el antihéroe clásico borracho de romanticismo que cree que la mujer que desea es una mala puta pero bueno... hay que tirársela como sea.

Otra buena parte del texto se dedica a los encuentros y desencuentros con Nino Palermo (cuya principal característica es su incapacidad de terminar las frases, al menos se ha intentado darle un rasgo distintivo) y su matón, Kiskoros, que tiene varios enfrentamientos con Coy.

Cada aparición de Palermo incluye detalladas descripciones de todo el oro que carga sobre su cuerpo, suficiente para fundir dos lingotes. Entre el oro, los ojos bicolor (uno verde, otro pardo) que Coy mira de forma alternativa o las continuas alusiones a su sonrisa-mueca de escualo, casi (casi) pasa desapercibida la manía del protagonista por expresar situaciones con iniciales, como: «LENC: Ley de los Encuentros Nada Casuales». «LTMSCBA: Ley de la Tostada de Mantequilla que Siempre Cae Boca Abajo».

Más tarde, y sin olvidar las mencionadas digresiones sobre todos los barcos en que ha estado Coy, se van descubriendo cosas sobre el Dei Gloria por el 
«imaginativo» método de que Tánger le cuente a Coy todo lo que sabe y (¿toque de humor?) le aburra con la abrumadora cantidad de datos que suelta de golpe, sobre la historia española del siglo XVIII, el clima político, los jesuitas, etc..

Hacia el final (solo quedan unas cien páginas), toma la palabra en primera persona un tal Néstor Perona, maestro cartógrafo, que revela ser quien cuenta la historia de Coy, además de ponerles en la verdadera pista para el hallazgo del barco y ocupar páginas y páginas de charla egocéntrica e insustancial difícil de soportar.

La aparición de este personaje desconcierta y molesta, saca de situación, de una historia contada en todo momento desde el punto de vista de Coy, que impide saber si sus apreciaciones sobre Tánger, Palermo, etc... son o no fiables, cambiando la perspectiva de quien lee. 

¿Por qué cuenta Perona la historia de Coy? Ni idea. Además hace aún menos creíble la trama. Alguien contando lo que otro le ha contado ¿puede ser tan meticuloso con cada detalle y recuerdo?

Poco a poco, morosamente, la trama avanza, lastrada por descripciones de la ropa que lleva Tánger, términos marítimos, listado de nombres de barcos, encuentros con Palermo y Kiskoros que les dejan a su aire justo cuanto más cerca están de encontrar el Dei Gloria para buscar la sorpresa, una de esas situaciones típicas y poco creativas que culmina en un final inenarrable por lo previsible, por lo absurdo, por el afán castigador de tantos autores a los personajes que se salen de la norma, qué importa que el «enamorado» Coy traicione su «amor» sin vacilación ni otro motivo que precipitar un final «clásico» del género, que para eso están los homenajes.

Un detalle: En un momento dado el autor se pone galdosiano y se menciona brevemente a Lucas Corso, protagonista de El Club Dumas («El azar, en forma de un hurón de bibliotecas llamado Corso, un tipo que le suministraba material relacionado con el mar, cartas náuticas antiguas, derroteros y cosas así -un desaprensivo, dicho fuera de paso, que cobraba carísimo-, le había puesto en las manos un libro...») y, junto a Alatriste, uno de los alter ego del escritor.

Simpáticos extractos de la novela:

Nino Palermo a Coy: —Hágase cargo -concluyó el tipo-. Ellas desean que nos las tiremos. O más bien desean que deseemos tirárnoslas. Pero sobre todo desean que paguemos por ello. Con nuestro dinero, con nuestra libertad, con nuestro pensamiento... En su mundo, créame, no existe la palabra «gratis».

El Piloto a Coy: —Imagínate un reloj... Un reloj que sea preciso detener. Tú y yo lo pararíamos como cualquier hombre: dándole martillazos. La mujer no. Cuando tiene la oportunidad, lo que hace es desmontarte pieza a pieza. Sacarlo todo a la luz, de modo que nadie vuelva a ser capaz de recomponerlo. Que no vuelva a dar la hora jamás... Por Dios. Las he visto... Sí. Desmontan para siempre el mecanismo de hombres hechos y derechos con un gesto, una mirada o una simple palabra.

Néstor Perona: «Según parece, tanto el cartógrafo como el caballero que tomó la latitud sobre su mapa afinaron bien.
Dije caballero y no dama porque, pese a no serlo de verdad, me gusta ejercer ante mis alumnas como repugnante machista. También quería comprobar si Tánger Soto era de las que tienen tiempo libre para ofenderse por ese tipo de chorradas. Pero no parecía ofendida. Se limitó a volverse un poco hacia el acompañante. 

—Ese caballero es este marino».

Notas y curiosidades:


- En 2007 Imanol Uribe dirigió una película basada en La carta esférica, rodada en Águilas y Cartagena (Murcia) y protagonizada por Carmelo Gómez (Coy), Aitana Sánchez-Gijón (Tánger), Darío Grandinetti (Horacio Kiskoros)y Enrico Lo Verso (Nino Palermo).

- Pérez-Reverte incluyó entre los personajes de la novela a Paco el piloto, marino que le enseñó las primeras nociones sobre el mar, fallecido años antes. En la película lo interpreta Javier García Gallego, instructor de Carmelo Gómez en técnicas de buceo y campeón de vela, quien recibió clases de interpretación durante dos meses con un profesor de la Escuela de Arte Dramático de Murcia.


**T***

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jueves, 28 de noviembre de 2013

Ambiciones y reflexiones, de Belén Esteban

Editorial: Espasa, 2013
268 páginas
18,90 euros 

Argumento:


Relato «autobiográfico» de las vivencias más relevantes de Belén Esteban.

Comentario:

«Ambiciones y reflexiones» está dividido en un prólogo, escrito a modo de presentación por Boris Izaguirre, encargado también de entrevistarse con Belén Esteban y dar forma a sus palabras, 25 capítulos en los que relata de forma cronológica los pasajes que considera más importantes de su vida, y unas páginas finales para incluir los agradecimientos a familia, amistades y personas del trabajo.

Desde el comienzo se percibe que la redacción es meramente correcta (aunque no recuerda a la forma de expresarse verbalmente la autora) y que los recuerdos que desgrana Esteban son tratados de forma superficial, enumerados sin profundizar en detalles o emociones, dando la impresión de que se trata de un discurso que por muy repetido ha perdido la capacidad de afectar a su protagonista, o que es bien incapaz o reticente a dar más datos.

Quien espere que Belén Esteban se explaye en el relato de sus adicciones se encontrará con lo ya comentado en diferentes programas de TV: no quiere darles nombre ni incidir en los detalles, basta saber que ha salido de ello y no va a volver. Nada más.

En cuanto a referencias a sus compañeros de trabajo, presentes y pasados, cualquiera que haya visto sus recientes intervenciones en distintos programas conocerá ya todo lo que opina de relaciones polémicas como las que mantiene con Ana Rosa Quintana, María Patiño, Lydia Lozano o Aurelio Manzano, a quien aún responsabiliza al 90% de la ruptura de un matrimonio al que dedica un par de capítulos centrados en lo apasionada que era su relación con Fran Álvarez, el amor de su vida por encima del torero y cómo, también, se ha desenganchado de él.

Quizá los capítulos más novedosos, los que entran en detalles menos conocidos, son en los que habla de su hija, Andrea, y lo que quiere para su futuro, o su madre, con quien la relación ha sido difícil en algunos momentos.

También aparecen las personas fallecidas, desde el progenitor, a la abuela Pilar o su monja, sor Mercedes, si bien, de nuevo, no añade nada nuevo a lo ya manifestado en diferentes programas.

Igualmente conocidos son los relatos de su relación con Jesús Janeiro y los familiares de este, en la que solo salen bien paradas Carmen Bazán y Carmen Janeiro (las únicas que quieren a su hija), reservando los comentarios más duros, previsiblemente, para María José Campanario (incluida su familia) y Humberto Janeiro, al que llama el Cojo. En ninguno de estos casos aporta novedades.

La obra incluye fotos de la vida de su autora desde su niñez hasta la actualidad (octubre de 2013), incluyendo a su familia, su hija Andrea, Jesús Janeiro o su ex marido, Fran Álvarez (curiosamente hay más imágenes del torero, o del representante de Esteban, Antonio Sanchís, a quien dedica bastantes y agradecidas páginas, que de este).

Se observan además un par de errores, como escribir mal el nombre de Jimmy Giménez Arnau (Jiménez) o asociar de forma indirecta la serie «Falcon Crest» con JR, personaje que aparecía en «Dallas».

En resumen, se trata un libro para incondicionales de la autora en la que ni estos ni sus detractores encontraran material novedoso más allá de las fotografías personales que acompañan al texto.


Extractos de la obra


Boris Izaguirre en el prólogo:

«Fue esa imagen: Belén, con Andrea en brazos, viendo cómo la puerta de Ambiciones se cerraba para siempre y ella se quedaba fuera, también para siempre, junto a un coche que las devolvería a Madrid, la que me reveló que Belén era símbolo de la mujer española, la de provincias o urbana, universitaria o desempleada. La mujer que tiene que enfrentarse sola a un mundo empeñado en ser adverso.»

***

«Mi asombro estaba justificado ante las dimensiones melodramáticas del relato, pero se incrementó al comprender que en ese momento, ante las puertas cerradas de Ambiciones, estaba naciendo una nueva Scarlett O’Hara, auténtica, española, completamente real.»

***

«Aunque fuera producto de una burbuja, que estalló con abrumadoras consecuencias, Belén Esteban significó precisamente un punto de arraigo en medio del huracán colectivo de nuevos ricos por el que transitó este país en los últimos años. Era la chica de barrio que se convierte en rica y famosa. Pero sin perder su voz de barrio. Se movía y comportaba como una vecina que podría vivir dos puertas más abajo en la escalera. Era católica, creía en el matrimonio, pero la vida la había convertido en madre soltera y repudiada evidentemente por los más poderosos. Era difícil lo que vivía, pero tenía una manera de hacernos reír cuando lo contaba, creando poderosísimas frases que ya pertenecen al público. «Ni que yo fuera Bin Laden», es realmente portentosa.»


Belén Esteban:

«Por supuesto que también habrá gente a la que no le guste, e incluso que me tenga manía, que con eso ya cuento. Pero son los menos. La mayoría me quiere y me aprecia muchísimo. Y una de las cosas que más valoran de mí es la sinceridad. Porque jamás me he preparado un guion cuando he ido a hablar a la tele o con algún periodista. Siempre me he puesto muy nerviosa antes de empezar, pero cuando llega el momento de sentarme ante todos, pienso: «Pero, vamos a ver, Belén. ¿Por qué te vas a poner nerviosa si solo tienes que decir lo que sientes?». Y como digo lo que siento, siempre voy con la verdad por delante. Por lo menos con la mía… Salvo en la última etapa, que reconozco que en algún momento he mentido por Fran, mi exmarido.»


***T***

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lunes, 25 de noviembre de 2013

El buen hijo, de Ángeles González-Sinde


Editorial: Planeta, 2013
320 páginas
19,50 €
Epub: 9,99 €

Argumento:
Tras un vívido sueño con su fallecido progenitor y un accidente doméstico materno, Vicente decide cambiar su vida, aunque las cosas no salen como él las planifica.

Comentario:
El buen hijo es una de esas novelas en las que da la impresión de que no pasa gran cosa porque carece de “acción” y misterio (el que pudiera haber lo anula la sinopsis oficial, que cuenta la mitad de la historia), recreándose, sin embargo, en el relato de la suerte de viaje iniciático que emprende el protagonista, en tono intimista.

La obra está contada en una primera persona que, al contrario que en otras novelas, no solo es adecuada, incluso visual, sino que no molesta ni choca al incluir datos que el personaje no podría saber, quizá porque la autora sabe escribir, redacta con una prosa limpia, en la que no se aprecian los errores habituales en este tipo de relato, no incluye acciones irrelevantes y se centra, con la ayuda de títulos representativos de su contenido al principio de cada capítulo, en las reflexiones sobre la familia, el amor, la amistad, de un personaje en plena crisis de identidad.

Si bien el protagonista es Vicente, se muestra tanto a su madre (Margarita) como a su hermana (Nuria) y sus tres hijos (Amelie, Mauro y Sergio), su amigo (José Carlos), la asistenta rumana (Corina) a quien cree la solución a sus problemas, la copropietaria del salón de belleza (Eva… o Laura) o su perro, Parker, desde su punto de vista, lo que él opina de todos ellos, recuerdos y anécdotas. La autora consigue así dotarlos de voz y personalidad propias, e incluso logra que se distinga la diferencia entre lo que Vicente cree, o quiere creer, y la realidad, permitiendo que quien lee pueda adelantarse al protagonista en algunas conclusiones, previendo lo que va a pasar y creando expectativa acerca de cómo reaccionará él a determinados hechos.

Aderezada con referencias musicales, cinematográficas y literarias tan breves que no obstaculizan la lectura, la vida de un Vicente que durante gran parte de la novela aborrece las diferentes versiones que se dan de su nombre, transcurre entre la familia, el negocio (una librería) y sus cuitas sentimentales, mostrando una peripecia vital común a la mayoría de personas, lo que facilita identificarse tanto con él como con sus dudas, contradicciones, un amor que incluye tanto el familiar como el romántico o a Parker, y la búsqueda de la felicidad.

Quizá hay pasajes que pueden resultar algo lentos por el detalle en el que se relatan, aunque se diría algo deliberado, buscando una reacción, al igual que lo es el tono entre el diario y la autobiografía (desde el principio se dirige a alguien cuando cuenta su historia desde el punto de partida propiciado por el accidente materno y el sueño paterno), el humor y el drama, de un personaje en continua búsqueda de su identidad, de la felicidad, contradictorio, que se engaña a sí mismo, que sufre reveses y alegrías cotidianos, que nunca se rinde y concluye en una situación diferente a cómo empieza.

El buen hijo puede agradar a quien le gusten las historias bien escritas, protagonizadas por personajes cercanos con los que resulta sencillo empatizar, un equilibrio entre la comedia y el drama, y una profundidad mayor de la habitual en el relato de la crisis existencial del protagonista.

Nota

Esta novela es la finalista del premio Planeta 2013

***T***

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viernes, 24 de mayo de 2013

Reír al viento, de Sandra Barneda

Editorial: Suma de Letras, 2013
620 páginas
19,50 €
E-Book: 8,99 €
 
Argumento:

Álex realiza un viaje a Bali para encontrarse a sí misma.

Comentario:

En la mayoría de las sinopsis que se hacen de Reír al viento se dice que es una novela intimista en la que destaca una trama de misterio centrada en la desaparición de Hendrick, un joven surfero con el que la protagonista, Álex, ha tenido una breve relación al poco de llegar a Bali, algo que puede ser decepcionante para quien la lea esperando que habrá alguna investigación.

En realidad las apariciones del inspector jefe Mulyadi para interrogar a Álex o darle datos confusos sobre la desaparición de varios jóvenes que cobraban por relacionarse con turistas no aportan nada a la historia personal de la protagonista, sino que dan la impresión de pegotes irrelevantes. De hecho, si se quitara toda la subtrama y el joven se limitara a desaparecer tras las horas que pasa con Álex en la cama no pasaría nada, incluso mejoraría la novela al eliminar una expectativa (misterio, crimen, investigación) que nunca llega a cumplirse y puede llegar a decepcionar.

El tema central de la novela es el viaje, tanto el físico, por Bali, como el interior, en el que la protagonista se cuestiona toda su vida en un intento de encontrarse a sí misma. Así, mientras la autora describe tanto los paisajes y costumbres balinesas como diferentes actos culturales y turísticos, Álex se hace preguntas a sí misma, vive experiencias catárticas que le muestran diversas facetas de su personalidad, traumas que resolver o un nuevo romance con una persona inesperada.

En este sentido casi es un viaje iniciático de manual, en el que la "aventura” exterior conlleva y promueve la interior, para lo que se utiliza también a una serie de personajes secundarios que cumplen diferentes roles, desde el maternal/mentor de Blanca al romántico de Hera o las distintas facetas femeninas que muestran las hermanas María y Raquel. También los hombres: el ex (Gonzalo) el hijo (Yago) o el amigo (Pablo) contribuyen a recrear el retrato de una Álex en continua búsqueda de su identidad.

Si bien la novela está sorprendentemente bien escrita para ser la primera de la autora y maneja con destreza distintos recursos narrativos (adecuada primera persona, cartas intercaladas en el discurso de Álex, abundantes diálogos, recuerdos, ensoñaciones), llega un momento en que se ve lastrada por una sucesión de experiencias que siguen el mismo esquema, lo que puede llegar a resultar cansino y exasperante. Y es que en este viaje iniciático se describe con excesivo detalle tanto las excursiones externas como la forma en que afectan a la protagonista, en una especie de bucle repetitivo que acaba perdiendo frescura e impacto además de aumentar sus ya excesivas páginas.

La inclusión de numerosas  frases en inglés y la necesidad de quienes no conozcan el idioma de buscar su traducción a pie de página son otro lastre, más frustrante por la irrelevancia de estos diálogos, cuya eliminación no sólo no afectarían a la novela, sino que darían mayor fluidez al texto, pues parecen mera “ambientación” fallida.

En resumen, una novela de mujeres y para mujeres, un viaje cuya aventura interior es más relevante que la exterior, en la que Álex, en una estructura circular, va a Bali en dos ocasiones, por diferentes motivos y en distintas circunstancias, que muestran la evolución de la protagonista entre ambas, más recomendable para quien le interesen las historias intimistas que para quien busque una inexistente trama de misterio o acción.


***T***


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