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viernes, 15 de enero de 2016

Mini reseñas: 4 bosilibros

Estrenamos Mini Reseñas, artículos que reunirán los comentarios de varias novelas que por diversos motivos no hemos reseñado en largo (no hay mucho que decir, falta de tiempo etc). Se intentará reunir obras cuyo contenido sea similar o tenga algo en común, como estos cuatro bolsilibros de Bruguera, de la Selección Terror y Punto Rojo.

Noche de difuntos, de Clark Carrados (Selección Terror #132):


Se trata de una versión, intencionada o no, de la novela «Diez negritos», de Agatha Christie: El fallecimiento de Hyram W. Koldicutt y la reunión para  lectura de su testamento ante sus herederos es un punto de partida similar al de la obra de Christie. Que pronto queden aislados, rodeados por un foso y empiecen a ser asesinados con métodos cercanos al gore acentúa unas similitudes que son solo las primeras, si bien hay algunas diferencias en el desarrollo y conclusión.

Correctamente redactada, con varios giros argumentales no del todo previsibles, alguna sorpresa, cierto ingenio en los métodos utilizados para cometer los crímenes y una pareja (los únicos herederos que no conocían al difunto), Bat Bludin y Marion Ford, decidida a averiguar lo que sucede mientras los otros invitados empiezan a sucumbir víctimas de sus «debilidades» («Y cobrarán esa parte, desde luego, suponiendo que vivan para ello, porque yo les he condenado a muerte y morirán de la muerte acorde con sus circunstancias personales, a menos que renuncien al dinero que les corresponde.»)

La habilidad del autor para crear una atmósfera de tensión, terror e intriga consigue que la historia se lea con interés y curiosidad, en especial quien no conozca la mencionada obra de Agatha Christie.

El fantasma y Miss Pitt, de Clark Carrados (Selección Terror #488):


Novela bien estructurada: un asesinato en extrañas circunstancias, presentación de los personajes protagonistas, misterio (¿existe el fantasma con el que habla la señorita Pitt? ¿Quién comete los crímenes? ¿Qué ocultan el mayordomo y la doncella?), más asesinatos, sospechosos, diálogos ingeniosos (en especial entre Barnes y  Joyce), un poco de romance, explicaciones, resolución, fin.

Si bien la señorita Arabella Pitt y su fantasma, Francis, dan título a la obra, los verdaderos protagonistas son dos recién llegados, el mayordomo Austin Barnes y la doncella Joyce St Swithin (encargados también de la trama romántica), siendo secundarios el resto del servicio, algunos invitados y las cada vez más numerosas víctimas.

Sigue las convenciones del género (terror y misterio), sabe resolver las diferentes tramas con eficacia y logra que se lea con interés e intriga por saber quién hizo qué a quién y por qué. 

Un solo ataúd, de Silver Kane (Punto Rojo #1):


Tras un punto de partida interesante (la protagonista, Magda, hablando con su difunto prometido, Percy, mientras le vela durante su funeral), la novela no tarda en abordar los asesinatos más o menos siniestros en lugares tenebrosos y, en apariencia, cometidos por Percy, lo que da ocasión a que algunos personajes crean que Magda está algo desequilibrada, algo que ella no intenta desmentir con demasiado entusiasmo, e incluso oculta una información de gran relevancia que solo revela al final, contra toda lógica, cuando conviene al autor.

La aparición de Clive Sanders, un amigo de Percy, cuyas intenciones no parecen del todo claras (¿quiere ayudar a Magda o busca algo?) y los asesinatos hacen avanzar la narración en un tono desigual, que pronto empieza a resultar poco creíble y hasta previsible.


Un ligero misterio, algunas escenas truculentas y el inevitable romance logran que la novela resulte entretenida sin más.

El Aire Tiene Huellas, de Lou Carrigan (Punto Rojo #2):


Como es habitual en las novelas de Carrigan, «El aire tiene huellas» destaca por un tono de humor e ingenio a cargo de un protagonista en primera persona, Conan Stewarts, tan frívolo y superficial como encantador que preside, sobre todo la primera parte de la historia. La segunda mitad, centrada en la «acción» es más convencional e incluye visitas a sospechosos, peleas, romance (entre Conan y Sue Gaskell, enfermera de su tía) y resolución del caso

Un comienzo con connotaciones sobrenaturales (esa llamada que recibe Conan tras fantasear con asesinar a tía Carolina con ayuda de su «poder mental», inspirado por la lectura de un libro titulado «Auténtica Magia Negra») que pronto se abandonan por una trama más convencional y «realista» (¿Intentan incriminarle en el asesinato de su tía? ¿Quién?), diálogos ingeniosos protagonizados por Stewarts y otros personajes, en especial Sue, que le acompaña durante gran parte de la investigación o su amigo, el policía Archie MacRae, son las principales bazas para conseguir una novela muy entretenida aunque su desarrollo es desigual y el final, quizá por la obligada extensión de la colección, es un tanto precipitado.




Otros Bolsilibros Brugera reseñados en este blog:



***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Cien flores en el infierno, de Silver Kane

Editorial: Bruguera, 1974
Selección Terror Nº 168
Ilustración de cubierta: Enrique Martín
118 páginas

Argumento:

Nancy Kennedy se detiene en un motel cercano al lugar que va a visitar y se encuentra con que los pacientes de un psiquiátrico cercano se han escapado y empezado a asesinar a todas las personas que encuentran.

Comentario:

Cien flores en el infierno se desarrolla en un lugar más o menos cerrado (los personajes están incomunicados en medio de una zona poco habitada), y saca bastante partido de la situación en que se encuentra Nancy Kennedy, la  protagonista de la novela: un lugar apartado, rodeada de cadáveres, no conoce a nadie y, por tanto, desconfía de todos. Cualquiera puede ser uno de los locos que se han hecho con el manicomio y el motel más cercano y están asesinando a médicos, clientes y personal de ambos lugares.

Para aumentar el desconcierto de Nancy, el director del psiquiátrico, el doctor Norman,  le dice que otro médico, Talbot, ha experimentado con los internos, permitiéndoles recrear situaciones traumáticas o disfrazarse de los personajes que creen ser (hay apariciones recurrentes de una momia), lo que amplía la cantidad de sospechosos, entre los que se encuentra John Boyman, un joven que se presenta como periodista tras salvarle la vida, o Robert Jason, comerciante de flores al por mayor.

Hacia la mitad de la novela, hay un breve inciso en Peonia Valley, el lugar hacia el que se dirigía la joven para fotografiar unas misteriosas flores (llamadas Coronis Nigra, o Flor del Infierno) que solo florecen en cementerios africanos, y allí, y dónde se dice que también han ocurrido varios incidentes, que pretende investigar Boyman, lo que sirve para unir las tramas y darles sentido y explicación al final de la obra.

De regreso al manicomio, las escenas de terror se suceden, hay más cadáveres, apariciones de la momia, y un par de revelaciones finales más o menos previsibles, dependiendo de la capacidad observadora de quien lee, en un crescendo que mantiene el interés a pesar de que algunas situaciones no son muy lógicas o que el miedo se origina más en la imaginación lectora que en el contenido de un texto que recurre en exceso a exclamaciones exageradas y expresiones casi melodramáticas.

Y sin embargo, a pesar de todo ello, y de que la reflexión que hace Boyman sobre cierto tipo de violencia es cuestionable, hay cosas positivas, como la capacidad del autor para crear un ambiente opresivo, sobre todo teniendo en cuenta la obligada brevedad de una historia que hubiera podido dar más de sí, la evolución de la trama o la forma en que todo concuerda al final, que hacen de Cien flores en el infierno una lectura entretenida y agradable.

Destacar la ilustración de la cubierta, que retrata una de las escenas cumbre de la novela.

Citas de Cien flores en el infierno:

«Nadó poco a poco.
No quería levantar el menor rumor. Pretendía llegar hasta las tablas sin que nadie lo notase.
Y fue entonces cuando oyó el chapoteo de unos remos.
Era un suave rumor en el silencio.
Alguien se acercaba con una barca.
Pensando que allí podía estar la salvación, la muchacha se apoyó en los troncos que sostenían el embarcadero. Pero no se hizo visible porque no quería arriesgar nada. Medio oculta entre aquellos troncos, esperó a que la barca pasase.
Los remos sonaban más cerca, cada vez.
El que fuese, avanzaba muy lentamente.
La muchacha vio la quilla.
Era una barca blanca y cuyo color adquiría livideces insospechadas a la luz de la luna.
Luego vio uno de los remos.
Y el hombre que lo manejaba.
Su garganta se contrajo otra vez de horror.
Sus músculos cedieron.
Porque el que llevaba aquella barca… ¡era el cubierto con los vendajes de la momia! ¡Era un fantasma milenario que parecía haber salido de su sarcófago!
Los vendajes producían, a la luz de la luna un efecto espectral.
Era una visión que la muchacha no hubiera podido imaginar ni en la peor de sus pesadillas.
¡Y la tenía allí, al alcance de su mano!
Apretó desesperadamente sus labios para no gritar. Necesitaba evitar el menor ruido… ¡o estaba perdida!
Consiguió dejar pasar la barca. La momia no notó que ella estaba allí. La neblina que envolvía el lago se los tragó.
Pero, entonces, Nancy notó algo peor.
Algo, surgiendo desde las entrañas del lago, la había sujetado por uno de los tobillos y tiraba de ella hacia abajo.
Era… ¡era una mano humana!
¡La propia muerte, surgida del fondo del lago, la arrastraba hacia el infierno! »


***

«—Ya sé que esto no es caritativo… —musitó el herido—, pero es que he estado recordando detalles… Hum… Aunque en sus ojos azules hubiera bondad… quizá engañara a la gente. Pienso que podía ser un maníaco sexual, pero uno de esos tipos para quienes el sexo no significa nada si no va acompañado de la muerte.
Ahora fue John Boyman el que se estremeció. Los hombres de aquella clase siempre le habían parecido un angustioso problema, aunque eran pocos. Pero su número iba en aumento en Estados Unidos como iba en aumento el número de violadores de mujeres. La razón era que, pese a todo lo que se pregona sobre la libertad sexual, cada vez era más difícil a un individuo que pasara de los cuarenta años, conseguir una hembra. Y al ser difícil también encontrar mujeres que practicaran el amor como oficio, sobre todo, en las pequeñas localidades, surgían aquellos maníacos. Muchas mentalidades se iban deformando.
Y no era sólo eso, según pensaba Boyman. Había razones más profundas, también. Estados Unidos son un matriarcado, un país donde las mujeres mandan. Los hombres trabajan toda su vida y revientan a los cincuenta años, para que sus dulces esposas cobren un buen seguro y se dediquen a ver mundo. En los espacios televisivos los artistas son casi siempre hombres, no mujeres. El hombre divierte a la mujer, y no al contrario. El divorcio, como negocio, es practicado por millones de hembras a lo largo y ancho de todo el país. Y entonces se produce un fenómeno muy curioso. El hombre odia en el fondo de su alma a la mujer. Desea liberarse de ella, vengarse de su dominio. A John Boyman estas consideraciones le producían un profundo malestar.
¿Había sido Talbot un hombre así? ¿Eran ciertas las matanzas de Peonia Valley? ¿Realmente los locos habían hecho justicia, matando a un monstruo?»


***T***

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión. Insultos o comentarios personales sobre las administradoras no saldrán publicados, solo comentarios de los libros.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La muerta que vivió seis veces, de Silver Kane

Editorial: Bruguera, 1973
Selección Terror Nº 1
102 páginas

Argumento:

Tras la salida de la cárcel de su cliente, Clemens, acusado de asesinar a su esposa, el abogado Jean Martens decide ayudarle a rehacer su vida.

Comentario:

La novela, dividida en seis partes, cada una de ellas iniciada por el asesinato de una mujer, empieza con buen ritmo e interesantes premisas: un prefacio en el que se relata el primer asesinato, seguido de un capítulo que presenta a los protagonistas y sus circunstancias: Clemens, en libertad condicional tras haber sido condenado seis años atrás por el asesinato de su esposa, Suzanne, cuyo cadáver no ha aparecido, se reúne en su casa con su abogado, Jean Martens, convencido de su inocencia.

Al instante el edificio, que fuera una parada de diligencias un siglo atrás, se convierte en un personaje más: situado en un lugar aislado y misterioso, donde a principios del XVIII desaparecieron dos mujeres a quienes se creía brujas, en circunstancias similares a lo sucedido con Suzanne. La capacidad del autor para crear una atmósfera misteriosa y enfermiza, incrementa la sensación de que algo malo pasará, ya sea al abogado metomentodo y su ayudante, Marta Louvier, a Clemens o a su hija de diecisiete años, Danielle.

Los capítulos (muy breves) del tres al cinco transcurren en el interior de la casa, creando un ambiente muy logrado de inquietud mediante sucesos en apariencia inexplicables que hacen pensar a Martens que en el lugar ocurre algo sobrenatural.

Lamentablemente, la historia se va desinflando poco a poco, la aparición de algunos personajes la vuelven más previsible, los protagonistas averiguan lo que ocurre casi sin querer y el final puede resultar algo decepcionante, tanto en la explicación de los supuestos fenómenos como en la de lo que sucedió en realidad.

La continua repetición de conceptos (la actitud del asesino en cada crimen, la sensación de misterio sobrenatural en la casa y sus cercanías), redactados en términos muy similares, acaba creando la impresión contraria a la pretendida.

Como curiosidad, llama la atención el uso de la palabra subnormal para hablar de la hija del ex presidiario («Lástima que su cerebro siguiera siendo el de una niña de diez años. Sin llegar a ser subnormal, Danielle no era lo que se dice un prodigio de inteligencia.») o las reiteradas alusiones al espectacular físico de Marta Louvier (se le da más importancia que al hecho de tener dos trabajos o que sea quien descubre la identidad del asesino), quizá producto de la fecha (1973) en que fue publicada la obra.

En resumen, esta primera entrega de la Selección Terror de los Bolsilibros Bruguera no acaba de cumplir las altas expectativas generadas por el título y los primeros capítulos.

***T***


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jueves, 13 de marzo de 2014

Harry and Harriett, de Lou Carrigan

Editorial: Bruguera
Serie: La huella
125 páginas

Argumento: 

La señorita Harriett Baker, secretaria del detective Joe Nelligan, solicita la ayuda del su colega, Harry Star, para que encuentre a su jefe, que ha desaparecido.

Comentario:

«Harry and Harriett» es una novela que recuerda a las películas policíacas clásicas: un detective fracasado, mujeres que van desde la heroína en peligro hasta la bella y malvada, un villano con unos secuaces dispuestos a todo, un poco de misterio y algo de acción.

El argumento es tan sencillo como eficaz: Harry & Harriett buscan al desaparecido Nelligan por todo Miami entrevistándose con varias personas: una bella joven que aparece desnuda en una foto (Mae «Blondie» Owells) el autor de esta (Sam Libby) o un hombre (Herbert Melville) que llamó al teléfono del desaparecido. 

Los personajes, trazados en pocas frases, se definen a sí mismos mediante diálogos y reacciones tan certeros como un tanto convencionales. Ni siquiera los protagonistas destacan especialmente, sobre todo Harriett, que en todo momento se muestra como una mujer insegura y tímida (excepto en sus enfrentamientos verbales con Harry), lejos de las heroínas fuertes y decididas más habituales en la obra de Carrigan.

Es Harry Star el personaje con más matices, ya que empieza como un detective fracasado, algo patético, con tendencia a la autocompasión y cierto desprecio hacia la señorita Baker basado en su físico en apariencia poco atractivo y evoluciona hasta convertirse en un héroe típico de la novela negra. Poco a poco Harry no solo comienza a apreciar los encantos de Harriett, estableciendo con ella diálogos ingeniosos y divertidos, sino que se muestra como un profesional capaz de hacer su trabajo de forma eficaz, tanto en las deducciones derivadas de la información que recibe, como en las escenas de acción.

La progresión de la historia carece de subtramas enrevesadas o complejas, centrándose en seguir los cánones habituales del género policíaco: entrevistas a los posibles sospechosos, ataque de matones, nuevas visitas, hallazgo de algún cadáver, huida, reflexiones, decisiones, conclusiones, acción y resolución.

Si bien se podría aducir que no hay grandes sorpresas, que el motivo de la desaparición (definitiva) de Nelligan, la conspiración de los villanos, es un tanto rocambolesca o que la resolución del misterio es algo previsible, el oficio del autor, que sabe medir la información que da en cada momento, incluir las escenas necesarias para que la narración progrese de forma adecuada y la relativa brevedad de la obra, contribuyen a que la lectura sea agradable, mantenga el interés y resulte una lectura tan agradable como entretenida.


Fragmento de la novela:

—No me diga que sabe tocar este chisme.
—Me alegra poder decir que «sí sé» tocarlo, señor Star.
—Oiga, con usted va uno de sorpresa en sorpresa, ¿sabe? ¿Y dónde aprendió?
—Si le parece, en una mina.—¿En una...? Bueno, ¿qué le pasa? ¿Por qué está tan molesta conmigo?
—Porque es usted la clase de hombre que me crispa los nervios, señor Star.
—¡Atiza...! ¿Por qué motivo? —Porque es un fanfarrón, un engreído, uno de esos sujetos dedicados a la investigación privada que aparecen en los telefilmes, que creen saber más que nadie, y que se pitorrean de todo y de todos.
—¡Caaaa... ray!, ¡pues me ha dejado usted bueno, Harriett!
—Usted se lo ha buscado.
—Me parece que tiene razón... —reflexionó Harry Star—. Pero está equivocada en el sentido de que usted se deja engañar por las apariencias. La verdad es que soy un hombre serio, consciente y muy formal, señorita Baker. Lo único que ocurre, es que hace tiempo aprendí a tratar con cierta clase de gente, y siempre me pongo a su altura. ¿De verdad cree que soy tan estúpido y fanfarrón como parezco?
—¿No lo es?
—Si no llevase usted esos malditos lentes de solterona erudita, quizá me habría visto mejor —farfulló Harry.
Harriett parpadeó. De pronto, se quitó los lentes, y se quedó mirando a Harry Star, susurrando:
—Ya estoy sin lentes, señor Star.
—¿Y qué tal?
—Lo veo igual que antes.
—Eso quiere decir que no necesita los lentes... —sonrió él—. Oiga, ¿sabe que tiene usted unos ojazos que...?


***T***

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jueves, 20 de febrero de 2014

Estudios sobre el miedo, de Lou Carrigan

Editorial: Bruguera, 1978
Colección: Selección Terror, 290
Ilustración de cubierta: Enrique Martín
94 páginas

Argumento:

La doctora Eleanor Marsh y el doctor Wendell Parkinson acuden a una vieja mansión en busca del doctor Chapman. En su interior se encuentran con algo inesperado y terrorífico.

Comentario:

Sí, en «Estudios sobre el miedo» aparece un científico loco (algo recurrente en la obra del autor) que ansía dominar el mundo utilizando para ello el «Ratox», un gas cuya composición no se detalla, aunque, como dice el propio Chapman, ejerce sobre las ratas el mismo poder que la flauta en el relato «El flautista de Hamelin».

La protagonista absoluta de la novela es la doctora Eleanor Marsh, una heroína de la estirpe de la espía Brigitte «Baby» Montfort, el personaje más famoso de Lou Carrigan, quien aparece en cientos de historias. Como ella, es hermosa, inteligente, dulce, luchadora, con una gran capacidad para adaptarse y sobreponerse hasta a las más terribles situaciones.

A su lado, el villano Horace Archibald Chapman, y el «interés romántico» Wendell Parkinson quedan casi desdibujados, sobre todo el último, que apenas aparece al principio y al final para protagonizar poco más que una escena sentimental y otra de acción.

Entre los secundarios, los secuaces del médico loco: Hagerty, Jones y Benny, son apenas distinguibles entre sí, utilizados para informar, a Eleanor y a quien lee, de datos como el origen de la «locura» de Chapman, detalles sobre los experimentos que realizan, etc...

Es «Minnie», la rata («bautizada» así por Eleanor), el personaje más… «original»: su primera escena, la «conversación» con la doctora Marsh, muestra el alcance de la inquebrantable personalidad de la protagonista.

Si bien se puede echar en falta una mayor «complejidad» en la historia, más ambientación y descripciones, incluso que se expliquen de forma plausible bastantes de las cosas que suceden en la novela y que son poco o nada creíbles (las motivaciones de los ayudantes de Chapman, lo poco que parece afectar a Eleanor cierta «experiencia»),  en realidad, debido al tipo de relato que es, no se trata de verdaderos defectos o carencias, sino convenciones del género al que pertenece.

Además, Carrigan cuenta en un espacio necesariamente breve una historia completa, consigue mediante leves sugerencias que se llenen los huecos argumentales y escenas que no se relatan (o que ni siquiera importe que falten), utiliza una prosa visual e intensa que permite «ver» las terribles escenas que se describen, mantiene la tensión y hace que se desee continuar leyendo hasta conocer el final.  

Fragmento de la novela:

El cuerpo de Eleanor se estremeció. No pudo evitarlo. Fue una sacudida de miedo. No...: De pavor. De espanto. De terror. Tenía que controlarse más aún. Más.
Se pasó la lengua por los labios.
—¿De modo que no hablas inglés? —murmuró.
La rata volvió a mirarla.
—Puedes llamarme Eleanor —dijo ésta—. Es un nombre bonito, ¿no te parece? Lástima que no hables inglés, pues me dirías cuál es tu nombre. Veamos... ¿Te gustaría llamarte... «Minnie», por ejemplo? Es un bonito nombre, yo diría que incluso más que Eleanor. ¿Te gusta? Además, es muy apropiado para una ratita, aunque tú seas auténtica, y no un dibujo animado. De todos modos, no hablas inglés. Ni creo que hables alemán, o ruso, o francés, o...
Apareció un rostro sobre ella.
De pronto, brusca, inesperadamente.
Por un brevísimo instante, Eleanor quedó inmóvil, sin reaccionar, pues la emoción que prevaleció fue la sorpresa.
Pero ese instante fue brevísimo. En seguida, Eleanor Marsh palideció, respingó, dando una sacudida terrible a todo su cuerpo, y lanzó un incontenible alarido de fortísimas vibraciones, tan palpitante de súbito terror, que la rata saltó de encima de ella, desapareció.
Sólo quedó el rostro.
¿O no era un rostro? No, aquello no podía ser un rostro humano...
 
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