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lunes, 13 de marzo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

T.O.: Le Mystère Henri Pick, 2016
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: María Teresa Gallego y Amaya García
290 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Delphine Despero, editora de la editorial Grasset, y su pareja, el autor fracasado Frédéric Koskas visitan la biblioteca de Crozon, un pueblo de Bretaña, donde encuentran un manuscrito que deciden publicar,  alcanzando un éxito inesperado.

Comentario:

En «La biblioteca de los libros rechazados» se encuentran dos historias, una de misterio y otra metaliteraria, engarzadas entre sí, sustentándose mutuamente, cada una protagonista de la mitad de la obra.

Tras la publicación, y posterior éxito, de la novela, se inicia una pesquisa en la que esta, «Las últimas horas de una historia de amor», sería la «víctima», y su autor, supuestamente Henri Pick, un pizzero fallecido un par de años antes, el «criminal». Jean-Michel Rouche, un crítico literario en horas bajas, sería el detective que, creyendo en la «inocencia» de Pick, decide averiguar quién es el verdadero «culpable».

La investigación de Rouche, emprendida por su cuenta, desconfiado de la versión oficial, incluye entrevistarse con diversos «testigos», encontrar pruebas que cree concluyentes, e incluso pensar que ha resuelto el caso y verse impelido a tomar una decisión, más o menos moral, sobre qué hacer con lo que sabe. La resolución del caso, con un giro final hasta cierto punto inesperado (elige entre las dos posibilidades más creíbles), es la lógica y pertinente con la intención de la novela.

La aparición del «cadáver» («Las últimas horas de una historia de amor») se usa además para analizar la influencia que ejerce un hecho inesperado tanto en un público lector ansioso de saber más como en las personas cercanas al supuesto autor, siendo la viuda de Pick, Madeleine, una de las principales afectadas. La mujer pasa de la incredulidad a la duda y a la asunción de que su marido escribió una novela, basándose en una anécdota de juventud, cuando estuvieron temporalmente separados:

« Pocos minutos después se dijo incluso que era posible. Improbable, sí, pero posible. Y además, debía tener en cuenta otro elemento: a ella le agradaba aquella manifestación del pasado. Le apetecía creer en cualquier cosa que le permitiese volver a entrar en contacto con Henri, de la misma forma que otros se dedican al espiritismo. A lo mejor había dejado esa novela para ella. Para regresar por sorpresa. Para decirle que todavía estaba allí; esa novela era para cuchichearle al oído su presencia; era para que el pasado de ambos pudiera seguir vivo. Y entonces preguntó:
   —¿Puedo leer su libro?»

La parte metaliteraria de la novela incluye desde un recorrido superficial  por las costumbres literarias francesas, hasta menciones de programas dedicados a la literatura, o autores y libros famosos: Houellebecq («Sumisión es su mayor éxito. Más que el Goncourt. Pero es su peor libro. Se me cayó de las manos. La verdad, para cualquiera a quien le guste Houellebecq, es muy inferior a todo lo demás que ha escrito. Tiene un sentido excepcional de lo novelesco, pero aquí la verdad es que no hay argumento. Y las pocas páginas buenas sobre la sexualidad o la soledad son repeticiones de lo que ya había escrito, pero en peor.»), Marcel Proust, John Kennedy Toole y, en especial, Richard Brautigan, en cuya novela «The Abortion» está el origen de esa Biblioteca de libros rechazados que inaugura Jean-Pierre Gourvec en Grozon.


En general, durante buena parte de la narración, se mantiene el equilibrio entre las menciones literarias y la trama de misterio, si bien en la segunda mitad, cuando se centra en la investigación sobre quién escribió en realidad la obra, comienzan las digresiones, desde el relato pormenorizado de la vida de personajes secundarios hasta el exceso de romances, dejando algunas de las subtramas sin una conclusión satisfactoria.


En resumen, «La biblioteca de los libros rechazados» es una novela sobre el amor a la literatura, con algunos, breves, baches de ritmo e interés debidos a digresiones innecesarias y a la tendencia del autor a contar más que a mostrar, aderezada con un misterio cuya resolución mantiene la intriga hasta el último momento.


***T***


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lunes, 6 de febrero de 2017

La escritora, de Carmen Conde

Editorial: Ediciones B, 2017
368 páginas
18 €

Argumento:

Una escritora aparece asesinada, devorada por ratas, y solo es la primera víctima.

Comentario:

Desde los primeros capítulos (un prólogo situado en 1976 y un presente en 2011) se nota que la autora sabe escribir, con una prosa sumamente visual, intensa y bien medida, con la que no duda en describir escenas de gran crudeza no aptas para personas sensibles a lo gore (bebés, ratas, cadáveres) y presentar a personajes poco convencionales, como lo es Lucrecia Vázquez, una joven de 27 años, no muy atractiva, negra literaria, que sufre el síndrome de Gilles de Tourette. («Ahora se llevan las novelas policíacas con protagonistas femeninas raras —le había dicho su editor—.)

Si bien al principio parece que se trata de la protagonista, pronto se ve que su papel es el de principal sospechosa e interés romántico del policía, Gerard Castillo, desde cuyo punto de vista, subjetivo, se cuenta casi todo lo que pasa. Esto permite conocer lo que sabe, sospecha o intuye, influido por sus propios prejuicios, deseos o temores, aunque la inclusión del prólogo propicia que, al menos en buena parte de la novela, se vaya por delante de él en cuanto al posible motivo de los crímenes etc…

Como fondo de la trama policial está la literaria, en la que la autora, por medio de Lucrecia y los otros personajes relacionados con la literatura (la difunta Dana Green, el autor de libros de autoayuda Alejandro Paz, el editor Ramón Aparicio), hace una crítica tan certera como implacable, y poco sutil, de varios géneros y los métodos utilizados para publicitarlos, incluido el de la propia novela.

En lo formal, destaca una redacción cuidada en la que apenas se pueden «reprochar» detalles como la repetición de información en una o dos ocasiones, la breve incursión de Lucrecia en el pov de Gerard o algunas digresiones, en especial durante el viaje a Galicia, minucias que no desmerecen los aciertos, desde la adecuada progresión del misterio y las revelaciones, la elección de punto de vista, o el tono melodramático (lo que ocurre en el pasado y sus consecuencias), que no tiene duda en utilizar algunos de los tópicos que critica.

En resumen, «La escritora» es una novela bien redactada, visual, con personajes complejos, alguno poco convencional (Lucrecia), crítica a varios géneros literarios, humor e ingenio, desarrollo en el que las revelaciones, dudas y posibilidades incrementan el interés y la intriga, exceso de escenas gore (demasiadas ratas), cierta previsibilidad al final (lo que relata el prólogo y la escasez de personajes acotan bastante las posibilidades) y un último tercio de los que «enganchan».


Citas literarias:

«Lucrecia se había fogueado creando decenas de novelas eróticas de argumentos clónicos y demenciales que desembocaban implacablemente en multitud de coitos entre la pareja protagonista, que incluían sexo oral, anal y vaginal en varias posturas distintas, una de ellas digna de contorsionistas experimentados, más una escena estelar con participación de mucha más gente, animales, hortalizas y objetos de diversa índole.»

«Cuando Ramón Aparicio le explicó qué tenían pensado, ella casi se desmayó de la alegría. Por fin podía liberarse de los tríos, del sexo anal, de las lluvias doradas, de la zoofilia y de todas esas cosas de las que todo el mundo habla con naturalidad, pero que casi nadie practica. Por fin podría pasar por delante de un quiosco sin ver aquellas portadas infames y el nombre de Shayla Deveraux en letras doradas, y no temer que alguien, algún día, llegase a descubrir que Shayla Deveraux era ella.»
«—¿Qué quieres? Es el mundo que nos da de comer. Así que si Alejandro consigue concluir su novela, la publicaremos con un seudónimo bien raro, que suene a escandinavo. Un seudónimo impronunciable y repleto de ø, æ, ä, y ö. Luego, en la contracubierta nos inventaremos varias reseñas extraídas de tres o cuatro prestigiosos y conocidísimos diarios, como por ejemplo The Bananas Republic, The Sri Lanka Independent o The Sebastopol Publishers. Diremos que el autor es un tejedor de intrigas sensacional, que es la nueva voz de la novela negra, o que es un narrador superlativo. Y por si no fuese suficiente, adornaremos el libro con una faja verde chillón que diga que ha vendido un millón de ejemplares en Bután y que ha sido traducido a ochenta y siete idiomas, incluyendo el kikuyu y el arameo clásico... Antes de que nadie se dé cuenta de que es un pedazo truño, ya habremos vendido los cinco mil ejemplares de la primera edición, lo suficiente para recuperar gastos y para que a Alejandro se le caiga la cara de vergüenza cuando comiencen a lloverle las críticas en los blogs literarios, que las habrá. Tú puedes comprar a un par de periodistas y conseguir que te hagan una buena reseña en su diario, pero no a cinco mil lectores. Y los lectores no son idiotas, por mucho que a nosotros nos gustaría que lo fueran.»

«—Entiéndalo, sargento. Yo no le tenía ningún afecto, pero me siento obligado a defenderla. Piense que entre las presentaciones, las entrevistas y los congresos, Dana Green tenía un programa más apretado que Lady Gaga, y cumplía a rajatabla con él. En ese sentido era toda una profesional.—Yo pensé que los escritores se dedicaban a escribir.—Eso era antes, cuando no existía el ordenador. Ahora cualquier imbécil se baja cuatro informaciones de Google y teclea trescientas páginas que vende a peso y que compiten en las estanterías de los supermercados al lado de Muérdeme, vampiro y de Fóllame, vizconde. Por poner un ejemplo.—Veo que no es muy optimista.Ramón Aparicio se encogió de hombros.—No sé si me creerá, pero el mundo editorial cada día se parece más a la televisión. Antes se decía que eran mundos antagónicos, que la televisión era un medio de masas, de consumo pasivo y superficial y que la literatura era de consumo activo y con aspiración a trascendencia. Bla, bla, bla. Hoy en día, si la televisión está sometida al share, nosotros también lo estamos a la maldita lista Nielsen, así que tampoco podemos ofrecer calidad si queremos salir en la lista de los libros más vendidos. ¡Mírelo usted mismo! Salvo gloriosas excepciones, el pastel se lo reparten entre cuatro, y los cuatro hablan de lo mismo. Cuando iba de thrillers religiosos, todos se dedicaron a sacarle novias e hijos secretos a Jesucristo, o a los apóstoles, o a construir catedrales entre violación y violación, que mire que es morboso el personal. Ahora parece que triunfan los psicópatas, y se trata de inventar crímenes espeluznantes, cuanto más espeluznantes mejor. Que si desollado con un cortaúñas suizo, que si asfixiado con sus propias cuerdas vocales... ¡Qué asco! Es lamentable, pero hay que seguir estas estúpidas modas si se pretende sobrevivir. Y eso sin contar con que el pirateo en internet nos va a quitar el pan de la boca a más de uno...»


 
***T***

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jueves, 3 de noviembre de 2016

Rey de picas, de Joyce Carol Oates

T.O.: Jack of Spades, 2015
Editorial: Alfaguara, 2016
Traducción: José Luis López Muñoz
232 páginas
18,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El escritor de misterio Andrew J. Rush recibe una denuncia por plagio y toda su vida empieza a desmoronarse.

Comentario:

«Rey de picas», narrada en una muy pertinente primera persona, relata la inmersión de su protagonista, Andrew J. Rush, en una locura latente desencadenada, en apariencia, al recibir una denuncia por un plagio en el que cree no haber incurrido.

Si bien al principio puede dar la impresión de un exceso de obviedad en cuanto a la personalidad de Rush (no es difícil adivinar lo que le sucede), pronto se entiende que es deliberado y que es él quien parece incapaz de percibir una situación que no puede controlar.

Desde las primeras páginas se muestra tanto la obsesión por mostrar una apariencia de «perfección» (como persona, esposo y autor) y control de su vida como esa otra identidad, el Rey de picas, quien «escribe» unas novelas que, por su contenido, no quiere firmar con su nombre, en las que da rienda suelta a sus fantasías, basadas en hechos reales de su vida.

Entre las obsesiones de Rush destaca el empeño en referirse a su mujer, Irina, como «Mi querida esposa» (una frase que se va haciendo más inquietante según avanza la historia y las situaciones en que se utiliza), y en compararse, incluso competir, unilateralmente, con Stephen King, cuyos éxitos menciona repetidamente en contraste con los suyos, mucho más modestos. Incluso hay un momento de la historia en la que utiliza su nombre, además de referirse a varias obras del autor, entre ellas «La mitad oscura», con la que «Rey de picas» tiene algunas similitudes (es de suponer que intencionadas).

Si bien la narración se recrea en ciertas situaciones: la declaración ante el juez de C. W. Haider por el plagio, Stephen King o la insistencia en distanciarse de un Rey de picas que va cobrando protagonismo inmiscuyéndose en sus pensamientos,  sugiriendo futuros actos violentos (frases en cursiva que interrumpen el discurso de  Rush, muy al estilo de King), al final da la sensación de que la novela no aporta nada nuevo, ni lo cuenta de forma diferente, al tema del personaje sumergiéndose progresivamente en la locura.

Quizá sea la «visita» de Rush a la casa de Haider, en su ausencia, y lo que allí descubre, entre sus libros, la parte menos convencional y, lamentablemente, más desaprovechada de «Rey de picas»: ni siquiera se explica si es una fantasía del protagonista o un hecho real.

El final, un tanto precipitado en cuanto a la evolución de Rush hasta tomar esa decisión, tampoco resulta especialmente impactante, siendo la corrección y el oficio de la autora lo que más destaca en una novela tan entretenida como olvidable.


***T***


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lunes, 26 de septiembre de 2016

La carne, de Rosa Montero

Editorial: Alfaguara, 2016
Colección: Hispanica
240 páginas
18,90 €

Argumento:

Soledad Alegre contrata a un gigoló para que la acompañe a la ópera. Tras este primer encuentro, algo accidentado, se suceden otros.

Comentario:

«La carne» es una novela bien escrita: texto tan ajustado que apenas se pueden encontrar pasajes sobrantes o digresiones innecesarias, un tono de humor que se diluye enseguida, correctamente redactada utilizando una estructura no lineal que incluye varios pasajes en cursiva y flashbacks al servicio de una leve intriga (que no lo es tanto) alternada con los altibajos emocionales de la protagonista.

Si bien la trama sentimental es la que lleva el mayor peso de la historia, se incide también en la vida profesional de la protagonista, ocupada (y preocupada) en planificar una exposición sobre escritores malditos, lo que propicia la inclusión de breves «biografías» de autores que tuvieron finales prematuros y dramáticos (solo una de las historias es inventada) y se utilizan, junto a un detallado resumen de la novela «Muerte en Venecia» de Thomas Mann o apuntes sobre varias óperas para reflexionar sobre temas recurrentes en la obra de la autora: la locura (de amor), el doble, el gemelo, la imagen especular (quizá simbólicamente, como su nombre, Soledad Alegre vive en la calle del Espejo).

La aparición de la propia autora como un personaje más, criticado por Soledad, una suerte de deux ex machina que  le resuelve un problema, y un guiño metaliterario, al que se suma Ana, una vecina escritora que protagonizara la primera novela de Montero, «Crónica  del desamor».

La crisis en que está sumida Soledad, abandonada por un amante más joven, 60 años recién cumplidos, obsesionada por el amor (carnal), por la juventud y la belleza (principales atractivos de Adam, el gigoló), por el temor a enloquecer, sugiere la posibilidad de una evolución, con una escena en  la solo no logra salir de su propia ducha tras analizar lo sucedido, como un punto de inflexión que queda anulado en el último párrafo, dando lugar a un final desconcertante.

En resumen, «La carne» es una novela fácil de leer, con el aliciente de un ligero misterio, la pátina cultural proporcionada por las múltiples referencias a novelas, autores, óperas etc, una trama sentimental, emocional y, en cierto sentido, romántica y una protagonista compleja, cuya resolución puede satisfacer o decepcionar dependiendo de lo que esperen de quienes la lean.


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




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martes, 25 de noviembre de 2014

Mi color favorito es verte, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2014
336 páginas
20 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

La escritora Pilar Eyre conoce a un hombre con el que mantiene una breve relación y, tras su desaparición, se obsesiona con él.

Comentario:

Aunque en la sinopsis de la novela se dice que es una historia verídica vivida por la protagonista y autora, que sea cierto, o no, es irrelevante, no afecta al contenido de la historia. En cualquier caso también sirve como recurso para acercar a la autora (y narradora) y a la persona que lee, contribuyendo a crear entre ambas un vínculo, sea real o ficticio, una complicidad incrementada tanto por esa sensación de cercanía que produce la narración en primera persona subjetiva que informa de lo que le parece cuando lo desea, en la que Pilar se muestra exagerada, egoísta, egocéntrica, melodramática y, sobre todo, ingeniosa y divertida, crítica consigo misma y con el mundillo literario.

En Mi color favorito es verte, la protagonista utiliza elementos de la biografía de la autora para desgranar lo que no solo es una historia de amor o una (levísima) investigación detectivesca, sino que además trata otros temas, entre los que destacan la literatura, la soledad o el paso del tiempo, logrando que se puedan hacer varias lecturas, unas más evidentes y superficiales que otras.

Así, no es extraño leer cómo afecta la crisis al mundo literario, y a las ventas de Pilar en particular, verla hablar con sus difuntos progenitores, divertirse con sus primas o, cuando se obsesiona con Sébastien, enviarle poemas, canciones que irrumpen en la narración para señalar con acierto los altibajos emocionales de la protagonista, anécdotas relacionadas con su pasado, familia y amistades, o la intervención de algunos personajes (la pareja del restaurante) ajenos a la trama que no pueden evitar darle su opinión sobre lo ocurrido.

La novela cuenta además con una estructura muy bien organizada en la que se alterna la parte romántica con la intriga por lo que sucedió, pese a que Pilar lo sabe desde el principio del relato y lo cuenta todo a posteriori, dosificando la información con destreza, un detalle aquí o allá rápidamente cortado para mantener la curiosidad, una progresión de la historia en la que siempre parece estar pasando algo, aunque solo tenga que ver con el tema principal tangencialmente, y sutiles digresiones (en los últimos capítulos, en especial durante el viaje a Montpellier, quizá se nota más su finalidad) que retrasan la revelación final.

Además de la trama autobiográfica, centrada en ese amor (o pasión) que se diría una excusa para hablar de temas de mayor profundidad, ya mencionados, como la soledad (esa presencia constante de los progenitores difuntos, la necesidad de comunicar su pasión incluso a desconocidos) o el paso del tiempo y la belleza (el uso de la cirugía estética, las alusiones a la diferencia de edad, la defensa de la pasión y el amor en cualquier momento), destaca el juego metaliterario inteligente y culto que desarrolla la autora desde el principio al final de la obra.

La disminución de ventas de sus novelas históricas, la crisis en el sector literario, el encargo de escribir un libro de autoayuda (en cierto modo Mi color favorito es verte lo es), la descarada utilización de sí misma y sus vivencias como material literario, la verdadera identidad de Sébastien y lo que tienen en común son muestra de la intención de la autora: buscar de complicidad con quienes la leen, establecer varios niveles de lectura y escribir una novela que funciona precisamente gracias a todo esto.
  
Citas de Mi color favorito es verte:

¡Sébastien!
Dijo Sébastien, y el mundo no se conmovió y siguió su marcha dando vueltas y vueltas alrededor del sol, como si nada hubiera ocurrido, pero una onda de fuego me recorrió de arriba abajo. Desde ese momento llevo este nombre cincelado en el cerebro. Cuando pienso en las cadencias de cada sílaba, y ese «tien» final, que podría ser «tian» pero no llega a serlo, esa ene larga, prolongada hasta el infinito, tan fuerte como un puñetazo en el estómago, tan suave como la pisada de un niño, tengo que parar de escribir, los dedos se quedan en alto, respiro hondo como si fuera a perder el sentido y hundo la cabeza en las manos preguntándome por qué.
¿Por qué tuvo que pasar todo? ¿Por qué?

***

¡Cómo está tardando esa maldita niña en terminar su cena, Dios! Pero pronto me arrepiento de este exabrupto, esa maldita niña quizás algún día será mi hijastra... Porque yo tengo secretos inconfesables: además de ciertas visitas de las que hablaré luego, ¡soy adivina autodidacta! ¡Tengo pensamientos premonitorios! ¡Por algo me he hecho escritora! Porque yo conozco a un hombre, en el sentido de hola qué tal, y ya me imagino yendo al altar con él, viviendo junto a él, envejeciendo juntos, preparando juntos esas cenas que suelo ofrecer en mi casa en las que las amigas con un marido colgando del brazo me dicen: «¿todavía sola?, ¿pero en qué piensan los hombres de este país?», acompañándome a la fiesta del Premio Planeta, cambiando las bombillas del porche, abrochándome los collares por detrás y echándome unos polvos que tiembla el misterio, así me lo imagino.

***

Desde que me anudé a la editorial de su propiedad con un contrato de un libro al año, me até al cuello una cadena de por vida. Yo he reflotado una empresa en crisis y él me ha convertido en escritora, pero año tras año, con un ritmo de producción infernal, tengo que dar a luz un libro. Como una máquina de elaborar embutidos, produzco salchicha tras salchicha con una pulcritud y docilidad que es el asombro de todos mis colegas, que solo escriben cuando la inspiración llama a su puerta.
Me preguntan con altivez algo burlona en esas mesas redondas a las que vamos a emborracharnos y comer de gorra:
—¿Otro libro?
Y yo contesto avergonzada:
—Sí, otro.
Me levanto todos los días a las siete de la mañana, escribo hasta mediodía, y después de nuevo por la tarde hasta la hora de cenar. A veces, cuando tengo que buscar algún dato que se me atraviesa y que puede ser simplemente el nombre del trovador favorito de la reina, me pongo a rastrear por internet hasta la madrugada, y cuando lo encuentro (Aramís de Galindo), me siento como el aventurero que descubre su primera pepita de oro. Y me duermo abrazada a mi pepita con tal satisfacción que un rastro de baba humedece mi almohada.

***

—Que no se vende nada, coño, y tus libros tampoco... Fin de ciclo, Pilar, las novelas históricas ya no interesan una mierda.
Se me cierra la garganta como si una mano me apretara, la voz me surge quejumbrosa cual pordiosero doliente:
—Pero, cómo, qué me dices, si ahora teníamos preparada la vida de Isabel de Valois, los trovadores, el maltrato de su marido homosexual en el fondo...

—Con Isabel de Valois me limpio el culo, con los trovadores me limpio el culo, con tus libros me limpio el culo...

—Pero, Ricardo, ya tengo todos los libros que existen sobre el siglo XVI, los palacios, los cinturones de castidad, las doncellas promiscuas... Pensaba introducir un elemento fantástico en forma de dragón que habla andaluz y es muy gracioso...
Ricardo da un gran suspiro y barre todo con la gran escoba del desprecio:
—Eso es una mierda ya, Pilar, una mierda pasada de moda... ¡Antigua, apolillada y rancia! Todas las mujeres que compraban tus libros o han muerto o tienen Alzheimer; cambia de registro, monada, yo solo te digo eso, cambia de registro o...

—O qué, Ricardo.
Me separo el teléfono de la oreja temiéndome lo peor, pero mi editor se limita a suspirar y a decirme en tono tan suave que me entra un escalofrío:
—O nos vamos los dos a freír espárragos... En vez de estar todo el día con el chocho al aire, piensa nuevos argumentos... —Y como presa de inspiración, me dice con voz animada—. ¿Por qué no escribes una novela nórdica de misterio?
—¿Nórdica que pase en los países escandinavos, quieres decir?
—Sí. —Mi editor es como un crío, se anima con una piruleta—. Un hombre que odie a las mujeres, un periodista y una chica con piercings..., mucho café, frío, asesinatos rituales...
—Es que eso ya está escrito, Ricardo, se llama Los hombres que no amaban a las mujeres... El autor es Stieg Larsson...
Sé que mi editor está cogiendo papel y lápiz para apuntar:
—A ver, repite, Larsson... Hablaré con él por el tema de los derechos...
Ricardo no lee nada, ni mis libros. Suspiro con cansancio:
—Está muerto. Larsson está muerto.


Nota: Mi color favorito es verte es la novela finalista del Premio Planeta 2014.

También en este blog: Reseña de Nomeolvides.


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martes, 18 de marzo de 2014

El libro de la señorita Buncle, de Dorothy E. Stevenson

T.O.: Miss Buncle's Book, 1934
Editorial: ALBA, 2012
Colección: Rara Avis
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
378 Páginas
22 €

Argumento:

La señorita Barbara Buncle ha escrito un libro cuyos personajes y situaciones se basan en las personas que conoce. Cuando se publica y sus vecinos comienzan a leerlo e identificarse con los personajes, intentan desenmascarar la identidad del señor John Smith que firma la novela.

Comentario:

En varios artículos sobre Dorothy Emily Stevenson y su obra se destaca que en su producción abundan las novelas románticas ligeras. Es cierto que El libro de la señorita Buncle contiene muchas de las características del género (incluye tres romances que acaban en boda), y en ese sentido es algo convencional, pero también aborda otros temas.

Una de las características más interesantes de El libro de la señorita Buncle es precisamente una variedad de contenidos que incluye entretenimiento, romance, diversión, ingenio ironía o crítica social. Y, además, se trata de una novela dentro de una novela, habla de la creación artística, es una obra metaliteraria que no descuida los otros aspectos y se puede leer, y disfrutar, a varios niveles.

El perturbador de la paz, de John Smith es un libro mágico. Y lo es tanto en su habilidad para fotografiar a las personas que lo «pueblan» como para hacer que, incluso quienes no se reconocen en esas páginas que primero les muestran tal como son y luego trascienden la realidad «obligándoles» a realizar acciones sorprendentes, sigan de alguna manera los dictados de ese niño prodigioso con su caramillo creado por la señorita Buncle (una especie de flautista de Hamelin que provoca los cambios de los habitantes de Copperfield).

Quizá al principio haya que hacer un esfuerzo para identificar a los personajes «reales» con los ficticios, algo que en el original inglés es más fácil pues, como se dice en la nota editorial al comienzo de la novela, los nombres de los habitantes del pueblo imaginario son elegidos por la señorita Buncle utilizando ingeniosos juegos de palabras que relacionan el Silvestream real con el Copperfield de ficción.

Esta cualidad del libro que escribe Barbara Buncle representa a la Literatura con mayúsculas, la que, además de entretener, intenta ser un vehículo para expresar ideas, mensajes de mayor o menor profundidad y trascendencia o cambiar a las personas:

«—¿Copperfield es Silverstream, en realidad?—preguntó el señor Abbott. —Sí, ya ve que no tengo ni pizca de imaginación —contestó la señorita Buncle con tristeza. —Pero la segunda parte… seguro que la segunda parte no es real, ¿verdad?—dijo el señor Abbott con voz entrecortada. La señorita Buncle reconoció que no. —Solo fue una idea que se me ocurrió de repente—dijo con modestia—. Eran todos tan engreídos y estaban tan apoltronados que me pareció divertido despertarlos.»

Además explora los entresijos de la creación literaria, utilizando a esa Barbara anodina que afirma escribir sobre lo que conoce porque no tiene imaginación. Quizá es la razón de ser del (no) secuestro de los gemelos Walker por parte de la señora Featherstone Hogg, que sirve tanto para mostrar que a veces la realidad supera a la ficción como para propiciar una falsa confesión de autoría por parte de la señora Walker y una verdadera de la señorita Buncle, que su amiga no cree. «John Smith» incluye el pasaje en su segunda novela y su editor, el señor Abbott, pretende que la quite por demasiado irreal.

La autora incluye además varias críticas a El perturbador de la paz que indican las diferentes interpretaciones que puede tener un texto, y van desde quien opina que los personajes son poco creíbles a quienes consideran que se trata de una sátira llena de humor: «Cada página es una obra de arte que plasma la ridiculez con la mayor sutileza.» o que «es una de tantas novelas frívolas que, cuando por fin terminamos de leerla, nos obliga a plantearnos por qué se ha escrito. Es aburrida, prosaica y sensiblera y los personajes son muy poco convincentes.…»  Opiniones que consideran que es una novela de amor o que «El señor Smith se mofa un poco del amor, escribe sobre el amor en tono de burla y el resultado es sumamente divertido».  Incluso que «Gira principalmente en torno a la descripción de personajes que se ven atrapados en pasiones desenfrenadas o pervertidas».

Stevenson completa su estudio sobre la literatura y la realidad con la reacción de la propia señorita Buncle a convertirse escritora («Todas sus marionetas, menos unas pocas, se habían reunido con la intención de vilipendiar a su creadora. Se preguntó si algún escritor habría tenido ocasión de ver alguna vez una cosa tan curiosa...») y su identificación con su alter ego literario, Elizabeth Wade («... soñó que iba por la calle del pueblo. Había en el aire algo parecido a un resplandor brumoso: por eso supo que estaba en Copperfield…» «¡... Qué contenta estaba! Siempre estaba contenta en Copperfield, porque allí siempre salía todo bien, la gente hacía lo que ella quería, nadie decía groserías de su libro, ni se enfadaba ni la trataba con condescendencia. En Copperfield, dominaba a todo el mundo...»)

Para completar la imagen sobre la influencia de la literatura en la realidad, la señorita Buncle escribe una segunda novela Más poderosa es la pluma.… en la que Elizabeth Wade, se enfrenta a las consecuencias de publicar, lo que Stevenson utiliza para insistir en las diferencias entre realidad y ficción (Barbara no puede tener un final tan idílico como Elizabeth, algunos de sus personajes/vecinos reaccionan de forma diferente y más interesante que en su novela) y hasta para dar un final a ambas novelas (la de Buncle y la suya) con la colaboración del señor Abott.

En resumen, El libro de la señorita Buncle es una novela divertida, entretenida, ingeniosa, algo ingenua (quizá por la época en que fue escrita) y con unos toques metaliterarios que la enriquecen sin estorbar a quien quiera disfrutarla en sus diversos niveles de lectura.


Citas de El libro de la señorita Buncle:


«¡Qué tonto era el público! Era exactamente un rebaño de ovejas —pensó, adormilado—. Van uno detrás de otro como tontos, no reparan en tal libro, pero compran el de al lado solo porque lo compran los demás, aunque no hay manera de saber qué ven en el uno o dejan de ver en el otro. Pero este libro… éste tiene que salir. Hay que publicarlo.»

***

«—De manera que John Smith es usted —dijo el señor Abbott con las cejas graciosamente enarcadas. 
—Fue el primer seudónimo que se me ocurrió. 
—No me extraña, es un nombre fácil de pensar —observó el señor Abbott—. Me pareció demasiado malo para ser real. 
—No me importaría cambiármelo —añadió la señorita Buncle rápidamente. 
—No quiero que se lo cambie —dijo el editor—. No tengo nada en contra de John Smith, pero ¿por qué no Buncle? Buncle es un apellido bonito. 
—Pero ¡es que vivo allí! —exclamó ella sin aliento. El señor Abbott lo entendió inmediatamente.La señorita Buncle admiró su rapidez mental. Otra persona le habría preguntado dónde vivía o qué tenía que ver eso con su apellido, pero el señor Abbott lo había captado al instante. 
—En tal caso… —dijo, levantando ligeramente las manos con las palmas hacia arriba. Se rieron los dos.»

***

«... y entonces se le ocurrió que sería emocionante escribir una obra de teatro, ver a sus creaciones vestidas de seres mortales y oír en su boca las palabras que ella había escrito. Aunque seguro que una obra de teatro sería un poco ingrata, porque ningún actor puede satisfacer totalmente al autor: necesariamente habrá discrepancias entre la idea que el autor tiene de un personaje y la expresión que le da el actor. Esto era mucho mejor que una obra de teatro, porque los actores eran ellos mismos. No podían salirse del personaje aunque lo intentaran, porque eran los propios personajes, en carne y hueso y el doble de naturales. Una neblina extraña le cubrió los ojos. ¿Estaba en Silverstream o en Copperfield? ¿Era la señora Horsley Downs o la señora Featherstone Hogg?» 

***

«—¿Qué sentía usted mientras lo escribía? —preguntó abruptamente. 
—Pues —respondió ella, tras pensar un momento— al principio me resultó difícil, pero después empezó a rodar solo, como una bola de nieve por la falda de una montaña. Empecé a ver a la gente con otros ojos, todo el mundo me parecía más interesante. Y más adelante me asusté mucho, porque se me mezclaban las cosas en la cabeza, Silverstream y Copperfield, y algunos días no sabía cuál era cuál. Cuando iba de compras al pueblo, unas veces era Copperfield y otras Silverstream, y cuando me encontraba con el coronel Weatherhead no me acordaba de si realmente se había declarado a Dorothea Bold o no. Creí que me volvía loca o así.»

***

«Sin dejar de tocar, el niño pasó por High Street, cuesta arriba primero y cuesta abajo después, y se dirigió a la vicaría y a la antigua iglesia, que dormitaba en silencio junto al río. Dondequiera que fuese, dejaba a su paso un desasosiego y una extraña inquietud. Los aldeanos se despertaban y, haciendo caso omiso de las convenciones sociales, seguían los impulsos primarios de su naturaleza oculta. A unos, la nítida y dulce música les avivó la ambición, a otros les evocó recuerdos del pasado que los indujeron a hacer buenas obras. A algunos los empujó a cometer actos violentos y en otros encendió la llama del amor. Al menos, John Smith decía que la música encendía la llama del amor, pero Sarah Walker, que algo sabía de dicho artículo (algo más incluso, sospechaba, que John Smith), habría dicho que la emoción que el caramillo del niño insuflaba en sus oyentes no era amor, ni mucho menos, sino pasión.»

***

«El tema era poco usual e intrigante, el señor Abbott nunca había leído una novela sobre una mujer que escribe una novela sobre una mujer que escribe una novela. Parecía un juego de espejos como los de los sastres, en los que la mujer y su novela se reflejaban una y otra vez hasta el infinito.»



Sobre la autora y su obra (en inglés):





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sábado, 18 de enero de 2014

Y todo lo demás es literatura, de Sigrid Karen Halvorsen


Y todo lo demás es literatura, 2013
215 páginas aproximadamente.

Argumento:

Amélie Navarre comienza a trabajar para el escritor Víctor Mateo, por quien pronto se siente atraída pese a que es un hombre casado con una esposa inválida y que escribe un género que no agrada a la joven.

Comentario:

Sigrid K. Halvorsen, creadora de obras de culto (La edad heroicaLa conspiración de A. K.) y una novela de terror, Los del otro lado, que escribe romántica bajo diferentes seudónimos (el principal es Jane Valentine, con el que su mayor «éxito» ha sido la novela de fantasía
steampunk con tintes autobiográficos Sylvia Albinson y la orden de los guardianes), ha
decidido dar de una vez por todas su verdadera opinión sobre este género, y lo ha hecho escribiendo una novela «suicida» que puede acabar con su «prestigio» como autora del ahora denostado género...

En Y todo lo demás es literatura (título inspirado en un poema de Verlaine), Halvorsen parte de una premisa romántica (una joven que comienza a trabajar como secretaria de un escritor por quien se siente atraída pese a su reticencia inicial), que incluye un homenaje a El amante de Lady Chatterley de D. H. Lawrence, y en la que todo parece transcurrir por los tópicos más clásicos del género con un argumento convencional y poco original, para, poco a poco, sutilmente, y mediante una protagonista, Amélie Navarre, que se desvela como un alter ego de la propia autora y transmisora de sus verdaderas ideas, la novela cambia de tono y de finalidad.

Para ello se vale de unos personajes que, en principio, parecen ajustarse a lo que se espera de una novela romántica: Amélie Navarre es una joven culta con ideas muy claras sobre la literatura y el amor que sucumbe a los requerimientos físicos de su jefe, mientras que Víctor Mateo oscila entre el héroe, el villano y el bufón, ese hombre a redimir.

Poco a poco, las emociones de Amélie se hacen más complejas, convirtiéndose en una persona dependiente, posesiva, celosa (el sentimiento de culpa por la traición a Eva, la esposa de Víctor, pronto es superado), que cae en lo mismo que crítica (protagonistas cuya relación evoluciona del sexo salvaje al enamoramiento más profundo y exclusivo) e intenta justificar sus acciones y reacciones con argumentos poco lógicos.

La autora transmite su mensaje mediante una redacción precisa y medida, sin dispersiones, centrándose en las escenas relevantes para contar la historia, dando a los personajes secundarios la complejidad y conflictos que se ajustan a lo que necesita: Gerardo (ex de Amélie), Luisa (mejor amiga y entusiasta de la obra de Yvonne Laval/Víctor Mateo), los progenitores de la protagonista, una poco simpática aunque certera Inga Weiss y un casi sumiso Marcos Navarre, o Julio, guapo y excesivo, víctima y verdugo.

Destacar cierta irregularidad en el tono de la historia, que comienza relatada en un estilo romance clásico y va cambiando el tono, como si la autora hubiera cambiado la intencionalidad de lo que quiere contar sin adaptar el principio al resto, algo que en algunos momentos puede crear una sensación de desconcierto que afecta también a varias reacciones poco convincentes de los personajes.

Así, la novela transcurre entre el romance y el thriller, con algo de acción, misterio y ese inevitable mensaje que, voluntariamente o no, cuestiona el género romántico en un sentido más profundo, y metaliterario, de lo que pueda parecer, dejando para el final una reflexión que quizá no deja en muy buen lugar parte de la obra de la propia Halvorsen. O sí…

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domingo, 30 de junio de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

T.O.: La Vérité sur l'Affaire Harry Quebert, 2012
Alfaguara, 2013
Traducción: Juan Carlos Durán Romero
666 páginas
22,00 €

Argumento:

En 2008 el escritor en crisis Marcus Goldman decide escribir sobre un asesinato sucedido 33 años antes, del que acusan a su mentor, Harry Quebert.

Comentario:

«La verdad sobre el caso Harry Quebert» es una novela que puede adscribirse a diferentes géneros y temas (misterio, amor, metaliteratura), lo que permite varios niveles de lectura y la posibilidad de interesar a un amplio tipo de personas.

La historia, que no solo abarca distintos géneros, sino que sucede en tres épocas principales (1975, 1998 y 2008) y cuenta con varias «voces», que van desde Marcus y Harry en primera persona hasta la narración en tercera para los hechos «objetivos»: cartas, fragmentos de las obras de los protagonistas, extractos de interrogatorios etc…, que además se alternan entre sí, podría verse perjudicada por todo esto si no contara con un esquema bien planificado.

Aunque pudiera parecer que se trata de una novela compleja debido a su estructura no lineal, una cuenta atrás que comienza ocho meses antes de la publicación del libro de Goldman, la inclusión de fechas y lugares en cada cambio de escenario y una narración sencilla en la que abundan los diálogos, hacen que sea difícil perderse entre las complicadas relaciones de los habitantes de Aurora, New Hampshire.

En cuanto a los géneros, y aunque gran parte de la trama gire en torno al amor entre un adulto de 34 años y una adolescente de 15 que recuerda a Nabokov (Lo-li-ta / N-O-L-A), y al cambio de percepción que tienen tanto la imagen como la obra de Quebert al conocerse lo sucedido entre ellos, quizá no es la parte más conseguida de la novela, al estar narrada con cierto desapego, contando más que mostrando los sentimientos de Nola y Harry. Incluso las citas de Los orígenes del mal, la novela, calificada de obra maestra, que cuenta su amor, y ha sido famosa durante décadas, parecen un tanto convencionales.

La novela de misterio está más conseguida. El autor consigue crear una expectativa creciente apoyado en las continuas revelaciones, equívocos, detalles interpretados de una u otra manera, pistas, fragmentos del pasado que pueden ser, o no, como se cuentan. Algunas de las sorpresas son más previsibles que otras, y el autor juega con cierta ambigüedad en la forma de relatar algunas cosas que consigue que algunos detalles pasen desapercibidos. Si bien no se le puede acusar de mentir, ya que una lectura atenta permite darse cuenta de que hay algo extraño en varias de las cosas que se dan por seguras no se dan suficientes datos para deducir todo lo que ocurrió aquel 30 de agosto de 1975… y antes, y después, aunque sí es posible resolver alguno de los enigmas del caso, adelantándose al protagonista.

Sin embargo, lo que más destaca no es la historia de amor poco convencional ni una trama de misterio que engancha hasta el punto de querer seguir leyendo hasta saber cómo se resuelve el asesinato de Nola Kellergan, sino la trama metaliteraria, íntimamente unida a las otras, al punto de ser inseparables, dotando a la novela de una profundidad que de otra manera no tendría.

El inicio de cada capítulo, con un breve diálogo entre Goldman y Quebert, la literatura como manipuladora de emociones, la forma en que las grandes editoriales publicitan las obras que publican, la búsqueda de inspiración, de gloria, de inmortalidad, la dicotomía entre hacer lo que agrade a la mayoría o la sinceridad, la inevitable decepción que produce el profundo conocimiento de un mentor que no es como se le suponía, la evolución de un Goldman torturado por su incapacidad de escribir una segunda novela mejor que la primera, que supere a esa Los orígenes del mal que ha pervivido durante décadas, la madurez alcanzada tras la búsqueda de la verdad, la honestidad final del protagonista como escritor y como persona. Eso es lo que hace de La verdad sobre el caso Harry Quebert una novela que trasciende el género, convirtiéndola en algo… diferente.

Citas de La verdad sobre el caso Harry Quebert:

31. En los abismos de la memoria

«El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro. ¿Cómo tiene pensado empezar el suyo?
—No lo sé, Harry. ¿Cree usted que algún día lo conseguiré?
—¿El qué?—Escribir un libro.—Estoy convencido de ello.»

***

—Marc, no lo entiendes: eso podríamos haberlo hecho hace unos meses. Ésa era la estrategia: aprovechar tu éxito, alimentar al público, darle lo que pedía. El público quería a Marcus Goldman, pero como Marcus Goldman se marchó a tocarse las narices a Florida, los lectores han ido a comprarse el libro de otro. ¿Has estudiado algo de economía, Marc? Los libros se han convertido en un producto intercambiable: la gente quiere un libro que les guste, les relaje, les divierta. Y si no se lo das tú, se lo dará el vecino, y tú acabarás en la basura.

***

—¿No ha escrito nada? ¿Hace tres semanas que está usted aquí y no ha escrito nada?
Perdí los nervios:
—¡Nada! ¡Nada! ¡Nada que valga! ¡Nada más que ideas para una mala novela!
—Pero por Dios, Marcus, ¿qué es lo que quiere escribir si no es una novela?
Respondí sin pensarlo siquiera:
—¡Una obra maestra! ¡Quiero escribir una obra maestra!
—¿Una obra maestra?
—Sí. ¡Quiero escribir una gran novela, con grandes ideas! Quiero escribir un libro que deje huella.
Harry me contempló un instante y se echó a reír:
—Me fastidia su ambición desmesurada, Marcus, hace mucho tiempo que se lo digo. Se va a convertir usted en un gran escritor, lo sé, estoy convencido desde que le conozco. Pero le voy a decir cuál es su problema: ¡tiene usted demasiada prisa!

***

—Pero ¿cómo lo hizo usted, Harry? Su libro, en 1976, Los orígenes del mal. ¡Es una obra maestra! Era sólo su segundo libro... ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se escribe una obra maestra?
Sonrió tristemente:
—Marcus: las obras maestras no se escriben. Existen por sí mismas. Y además, si quiere saberlo, para mucha gente es el único libro que he escrito... Me refiero a que ninguno de los que escribí después tuvo el mismo éxito. Cuando se habla de mí, se piensa más bien, y casi exclusivamente, en Los orígenes del mal. Y eso es triste, porque creo que si con treinta años me hubiesen dicho que había llegado a la cima de mi carrera, me habría tirado al mar con toda seguridad. No tenga usted tanta prisa.

***

—¿Va usted a votar a los demócratas, Goldman?
—Por supuesto que voy a votar a los demócratas.
—Ya verá la de fantásticos impuestos que les van a clavar a los ricachones como usted. Y entonces será demasiado tarde para llorar. Para gobernar América hacen falta cojones. Y los elefantes tienen los cojones más grandes que los burros, así de simple, es genético.
—Qué edificante es usted, Roth. De todas formas, los demócratas tienen ya ganadas las presidenciales. Su maravillosa guerra ha sido lo suficientemente impopular como para inclinar la balanza.
Esbozó una sonrisa socarrona, casi incrédula:
—¡Pero bueno! ¡No me diga que se cree ese cuento! ¡Una mujer y un negro, Goldman! ¡Una mujer y un negro! Vamos, es usted un tío inteligente, seamos serios: ¿quién va a votar a una mujer o a un negro para dirigir este país? Escriba un libro sobre eso. Una estupenda novela de ciencia ficción. Y la próxima vez ¿qué? ¿Una lesbiana puertorriqueña y un jefe indio?

***
—En el fondo, ¿por qué quiere usted escribir, Marcus?
—No tengo ni idea.
—Eso no es una respuesta. ¿Por qué escribe usted?
—Porque lo llevo en la sangre... Y cuando me levanto por la mañana, es la primera cosa que me viene a la mente. Es todo lo que puedo decir. ¿Y usted, por qué se convirtió en escritor, Harry?
—Porque escribir dio un sentido a mi vida. Por si no se ha dado cuenta todavía, la vida, en términos generales, no tiene sentido. Salvo si se esfuerza usted en dárselo y lucha cada día que Dios nos da para llegar a ese fin. Tiene usted talento, Marcus: dele sentido a su vida, que el viento de la victoria haga ondear su nombre. Ser escritor es estar vivo.
—¿Y si no lo consigo?
—Lo conseguirá. Será difícil, pero lo conseguirá. El día en el que escribir dé un sentido a su vida, será un verdadero escritor. Hasta entonces, sobre todo, no tenga miedo de caer.

***


Y entonces perdí el control de un libro que ni siquiera existía. A primera hora de la mañana del jueves 10 de julio, descubrí los titulares sensacionalistas de la prensa: todos los periódicos nacionales mostraban, en primera página, fragmentos de lo que había escrito pero cortando las frases, arrancándolas de su contexto. Mis hipótesis se habían convertido en odiosas afirmaciones, mis suposiciones en hechos comprobados y mis reflexiones en infames juicios de valor. Habían desmontado mi trabajo, saqueado mis ideas, violado mi pensamiento. Habían matado a Goldman, el escritor redimido que intentaba trabajosamente volver al camino de los libros.

***

4. Sweet home Alabama

«Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.»


**T***


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