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jueves, 17 de noviembre de 2016

El unicornio, de Iris Murdoch

T.O.: The Unicorn, 1963
Editorial: Impedimenta, 2014
Traducción: Jon Bilbao
352 páginas
22,70 €

Argumento:

Marian Taylor llega al castillo de Gaze creyendo que va a trabajar como institutriz. Pronto descubre que su misión será otra.

Comentario:

Si bien «El unicornio» parece ser considerada una obra menor entre las de su autora, se pueden observar en ella temas habituales en el resto de su producción: la reunión de un grupo de personas, que giren en torno a otra que permanece en segundo plano, la inclusión de un elemento nuevo que sirve de catalizador para cambiar la situación, los dilemas morales, los impulsos sexuales (heteros y homosexuales), sentimentales y románticos etc…

«El unicornio» empieza con la llegada de Marian Taylor al castillo de Gaze, un lugar aislado, misterioso, con los habitantes de la casa vecina, Riders, como unos vecinos. Ella cree que trabajará como institutriz y se encuentra ejerciendo de acompañante de Hannah (el unicornio del título, descrita como un ser excepcional), prisionera más o menos voluntaria, custodiada por una serie de personajes atrapados y condicionados por sus propias circunstancias, que les mantienen a la espera de Peter Crean―Smith, marido de Hannah, cuyo regreso puede ocurrir, o no, en cualquier momento.

Incapaces de tomar decisiones, todos parecen creer que será Peter quien, de alguna manera, les libere, acabe con la rutina tan cómoda como resignada en la que viven. Son, sin embargo, la llegada de Marian y el regreso de Effingham (eterno enamorado de Hannah), cuyos puntos de vista, en tercera persona, se alternan para mostrar tanto la situación como a los personajes, los que inician un intento de cambio en apariencia bienintencionado que tiene consecuencias inesperadas.

La novela tiene un desarrollo pausado, en el que tanto las descripciones de los paisajes, inhóspitos y aterradores, peligrosos, una extensión de la prisión que es Gaze para sus habitantes, como las reflexiones interiores de Marian y Effie contribuyen a crear una atmósfera inquietante, confusa, con toques góticos y misteriosos, llevando a los personajes a un  punto en el que se ven abocados a tomar decisiones, a tratar de hacer algo antes de que vuelva Peter, esa amenaza incierta que se cierne sobre Hannah, aunque también sobre los demás.

La autora consigue crear expectativa e inquietud, mantener el interés con sucesivas y bien medidas revelaciones, tanto acerca de lo que sucedió años atrás, origen del cautiverio de Hannah, como de las personalidades de unos personajes complejos, oscuros, atormentados, que fascinan y atraen a Marian, quien se siente romántica y sexualmente interesada por Gerald Scottow y Denis Nolan, protectora con Hannah, inquieta y desconcertada con Violet y Jamesie Evercreech, etc…

Curiosamente, centrar los puntos de vista en Marian y Effingham, con la inclusión de unas cartas que intercambia ella de un ex, consigue tanto alimentar la intriga como desdibujar al resto de los personajes, cuyos comportamientos y motivaciones, a veces extremos, impulsivos, pueden parecer absurdos, erráticos, contradictorios (pasan de amarse a odiarse sin motivo aparente), creando una sensación de desconcierto y confusión quizá deliberada.

En resumen, «El unicornio» es una novela bien escrita y desarrollada, que consigue combinar una atmósfera opresiva, de misterio, con tramas menos convencionales, como reflexiones sobre la culpa, el castigo o las consecuencias de la intervención no solicitada, con algunos altibajos de ritmo y un tramo final excesivo en emociones y reacciones.


***T***

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Todo esto te daré, de Dolores Redondo

 Todo esto te daré
Dolores Redondo
616 páginas
Editorial Planeta
Premio Planeta 2016

 
Argumento:

Un famoso escritor recibe la noticia de que su marido ha muerto en un accidente de automóvil en Galicia, un lugar donde no debería estar. De inmediato, se traslada a la Ribeira Sacra para averiguar lo qué pasó.


Comentario:

Lo primero que destaca de esta novela ganadora del premio Planeta 2016 es la tendencia de la autora a contar en "largo" lo que puede hacerse en corto. Ya en el primer capítulo vemos como se demora dando vueltas, y usando miles de frases para contar un hecho simple, algo que es tónica durante una buena parte del relato. La primera pedrada en el ojo ya se encuentra en ese primer capítulo, con fallos gordos de revisión. Obviamente, nadie es perfecto y, como suele decirse, hasta el mejor escribano echa un borrón, pero aquí hablamos de una novela que ha recibido un premio literario por parte de una editorial potente, la más potente de España. Digo yo que tendrán dinero para pagar revisores y correctores. Más adelante, vuelven a aparecer erratas y hasta faltas ortográficas bastante horrendas ("hondas" en lugar de "ondas", en el sentido de ondas en el agua).

Los primeros capítulos me han parecido muy aburridos y muy hinchados de "paja", en especial por las reflexiones-pensamientos de corte intimista del personaje principal, escritos en un estilo híperbarroco que dificulta mucho su comprensión, demasiado repetitivas, además, y muy tópicas. Hay flashbacks que no sirven para mucho (lo que descubres una vez terminada la historia); y un regodeo bastante acusado en lo sentimentaloide.

Aunque el protagonista es un hombre, a mí, durante la mayor parte del tiempo, me ha dado la impresión de estar leyendo un punto de vista femenino. En especial, me ha resultado nada creíble el instantáneo amor que siente por el protagonista (dechado de perfecciones, por cierto) el sobrino de su difunto esposo, el cual ya nada más verlo casi lo trata de "tío" y se lanza a él como si lo conociera de toda la vida. Todo lo relacionado con el niño es azucarado y meloso.

Al terminar el libro, también te das cuenta de lo deslavazado de la trama y las diferentes subtramas, algunas de las cuales simplemente se olvidan en favor (por suerte) del misterio central. Por ejemplo, al principio nos mete trozos de la novela que está escribiendo, y que son copiados literalmente de la que lee el lector. Pero una vez dice que va a publicar esta y no la que tenía pensado, zas, nos olvidamos de ese tema. ¿Para qué nos pone esos trozos en cursiva?

Y es que la autora mejora cuando toca su campo conocido del misterio y el policial, al menos en un sentido estilístico, mientras que patina cuando intenta "hacer arte". Los párrafos "intimistas" a veces parecen metidos como un pegote en medio de la trama, como para alargar una novela que cuenta con 616 páginas, de las cuales sobra la mitad, en un cálculo generoso. Incluso hay capítulos cuyo objetivo es únicamente hacer postales o promos turísticas de la zona (las descripciones de las viñas de la Ribeira Sacra, los alegres vendimiadores, visitas a tabernas para tomar caldo, etc). La subtrama del policía y su familia, podría habérsela ahorrado, la verdad. No aporta nada (más que meter más temas sentimentales-truculentos y menciones a lo famoso que es el escritor viudo, y el amor y admiración que le profesa todo el mundo).

La falta de revisión que mencioné más arriba se manifiesta también en el abuso de expresiones repetitivas. Cada vez que aparece cierto personaje, al principio, se recalca su homofobia, y de otro, siempre se dice "la bella sargento". Por descontado, al menos se dice cuatro o cinco veces que los cielos son de cloro o están clorados (y plomizos, pero eso menos).

Un poco risibles las menciones del protagonista a su fama como escritor y a cómo todo el mundo con quien se encuentra le pide autógrafos, lo reconoce, es fan suyo, ama sus novelas... En la misma línea, los comentarios sobre el mundo editorial y los escritores (suena a opinión de la autora, ahí intercalada).

Como en su famosa trilogía, volvemos a encontrar una familia llena de secretos y truculencias y personajes tan exagerados que cuesta creérselos. Sin embargo, la trama policial es lo único que genera cierto interés, aunque resulta demasiado enrevesada; o mejor dicho: la autora la enrevesa en busca de la "sorpresa". A lo mejor me despisté en algún momento, pero me dio la impresión de que la resolución del misterio tiene cierto apoyo en un elemento "sobrenatural" que queda ahí sin explicar. Hay también algún intento de engañar a los lectores, como decir que un personaje tiene un mal presentimiento sobre otro, para hacernos creer que este va a morir, y luego no pasar nada. No descarto que se me haya despistado, pero...  ¿A qué viene tanta insistencia en la muerte de la hermana? Hay varios elementos en los que se insiste al inicio y luego se olvidan, normal, después de 600 páginas...

La parte final de la obra mejora, ya que se olvida de todo lo demás, y se centra en el misterio y la investigación. Hasta parece escrita con otro estilo. Lo cierto es que los cambios de estilo bruscos desconciertan mucho en esta novela.

Cuando descubres quién es el asesino, lo cierto es que ya te crees todas las explicaciones de los protagonistas investigadores sin pararte a analizar; yo al menos, era incapaz de recordar cada pista y cada aportación de testigos, al haber demasiadas y embarullar la autora con varias personas involucradas. Y encima el "secreto" me ha parecido poco interesante e incluso inverosímil. Todo, además, muy melodramático, histérico, exagerado. A los fans de este género seguro que les encanta: la autora da tantas vueltas que los mantendrá muy atentos y expectantes con tensión continua hasta el final.

En resumen, una novela de investigación policial (casi amateur, en el sentido de que investiga un no policía casi todo el rato), con una familia llena de secretos, un exceso de sentimentalismo, de postal turística, de tópicos sobre Galicia, un exceso, también, de páginas, a la que le hubiera venido muy bien una revisión profunda (corrección de estilo, uso de tiempos verbales, etc) y amputación de capítulos, pero que, si nos centramos solo en el misterio, puede resultar entretenida a los aficionados al género ya que ofrece todo lo que estos demandan.

Algunas erratas y errores localizados:

Solo se escribe sin acento, así como este, ese, aquel y, sobre todo, eso/esos (en el libro aparecen acentuados).


"—Soy el alférez Castro, y a la ofensa mi compañera, la sargento Acosta, ¿nos permitiría entrar? Hablaremos mejor dentro." (¿A la ofensa?)

" Álvaro estaba triste, tanto que no podía disimularlo. Comenzó a llegar más temprano a casa y en un par de ocasiones relegó en Mei la presentación de proyectos fuera de la ciudad" (¿Relegó? ¿No será "delegó"?)

"Un grupo de mujeres enlutadas se sostenían unas a otras mientras lloraban" (Grupo es singular)

"A sus pies, los bancales que le habían parecido perfectos trazos desde el seno del río dibujaban HONDAS y curvas que se adaptaban con fidelidad a la piel pedregosa de la montaña" ("ondas" es sin hache en este contexto)

"Las de mi familia no tienen nada que ver con las viñas de heroica" (Heroica aquí es un nombre propio).

"tampoco es que eso sea muy grave, pero toma Sintrom, un medicamento para evitar el ictus, pues no coagula bien, y tuvo una fuerte hemorragia y lo tuvieron que trasladar en ambulancia" (¿No coagula bien? ¿Pero el Sintrom no es precisamente un anticoagulante?)

"El blanco impoluto en la etiqueta era norma tan sólo infringida por las letras en plata con un trazo orgulloso que parecía escrito en metal fundido. En las entregas de la H se veían cúmulos de plata, como si allí se hubiera depositado el metal candente, y la cola de la última letra se había prolongado en un trazo osado extendido con pasión hasta la extinción del metal" (en un solo párrafo tres veces "metal". Y eso de "entregas" de la H...)


Algunos fragmentos escogidos:

"Se había inventado aquel subterfugio justificativo para convencerse de que podía huir de la mentira, aunque de lo que huía era de la verdad, desdeñando las señales de que en su interior ya llevaba el corrosivo que le devoraría las entrañas hasta destruirlo por completo, y más tarde, improvisando aquella especie de misión de Hércules, un reducto en el que mantenerse en lucha bajo la disculpa de estar sometido por una fuerza espectral, una inevitable inercia que le obligaba a hacer lo que había que hacer"

"Miró a la noche cegado por el panorama de desolación interior que se revelaba ante él: finalmente entendía que el lugar donde se había escondido hasta ese momento ya no le daría cobijo; con sus propias manos había destruido el reducto que le había servido como refugio. Fue él quien renunció a la falsedad del consuelo que se había fabricado hacía sólo unas horas, cuando juraba no volver a mentirse y, sin embargo, como un adolescente que se niega a ver los fallos de su amada, salía huyendo ante la crudeza de la verdad. ¿Acaso la verdad sólo lo es cuando nos muestra aquello que esperábamos ver?, ¿cuando su revelación nos trae alivio frente el avance de la corrosiva incertidumbre? ¿Y si, en lugar de bálsamo en la herida, la verdad es un nuevo ácido más virulento todavía?"

"La atmósfera fría del exterior, en la que la niebla se había cerrado bajando considerablemente la temperatura, había transformado la luz de las farolas del acceso vecinal en fantasmagóricos derviches que, como integrantes de una santa compaña, arrastraban sus penas por los caminos"


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jueves, 27 de octubre de 2016

El maestro de esgrima, de Arturo Pérez-Reverte

El maestro de esgrima
Arturo Pérez-Reverte
Punto de Lectura
320 páginas


Resumen:

A mediados del siglo XIX, en Madrid, ejerce su oficio de maestro de esgrima Jaime de Astarloa. Su vida cambiará cuando entre en escena la joven Adela de Otero, que pretende que le dé clases de esgrima. Mientras tanto, el general Prim prepara su levantamiento.


Comentario:


Podría decirse que se trata de una novela clásica en sus formas y temas, que combina un poco de misterio, un poco de costumbrismo, un poco de historia y una intriga palaciega. La trama es demasiado sencilla, la verdad, para el número de páginas que ocupa, y que se llenan con abundantes descripciones y explicaciones de la situación política en la España de la época (eso sí, muy relevantes para la historia, ya que están íntimamente relacionadas con la trama principal).

Los primeros capítulos se consumen en la descripción del maestro de esgrima del título, de su vida, de sus costumbres y forma tradicional de pensar, de sus clases y sus tertulias en los cafés. La ambientación es muy buena. Además, está introducida de manera natural, con mucho oficio. Es sin duda uno de los puntos fuertes de la novela. Sin embargo, el exceso descriptivo acarrea en la primera parte de la obra un ritmo bastante pausado. Podría decirse que se trata de una larga presentación de situaciones y personajes, donde hay poca acción.

A partir de la aparición de Adela de Otero parece remontar el interés, aunque, pronto, el autor se estanca de nuevo con más descripciones de clases de esgrima, lances... y de cuán misteriosa es la joven. En este punto, para mi gusto, se cargan demasiado las tintas. La rodea de un halo tan "misterioso" y tan idealizado que enseguida notas cuál es el rol que va a ejercer en la historia, y no, no te equivocas. Hay excesiva insistencia sobre la cicatriz de su boca, sus ojos color violeta, su aire un tanto masculino, su belleza...

Cuando parece que no a pasar nada más en la novela que ver al venerable caballero dando clases a la joven (y medio enamorado de ella), tiene lugar la introducción de un elemento policiaco (poco desarrollado) que vuelve a animar la historia con la promesa de un misterio y de la resolución de un crimen.

Hay escenas algo tediosas, como la lectura de ciertas cartas llenas de nombres por parte del protagonista. Nos las lee enteras, aunque para el lector no significan nada, ya que la clave para entenderlas no se da. Realmente, esta parte podría habérsela ahorrado. También hay algún detalle que parece no cuadrar, aunque será que yo no me enteré bien  (spoiler: el maestro había pasado las cartas a su amigo periodista para que le dijera cuál podría ser su interés, y este, al descubrirlo, se dedicaba a chantajear a un empresario cuyo nombre figuraba en los documentos comprometedores, pero resulta que luego sabemos que la carta clave para saber que se trataba de este empresario había caído debajo de un mueble en casa del maestro, luego el periodista no pudo conocerlo) y alguna situación un tanto "absurda" (spoiler: que justo la carta importante fuera la que quedó debajo del mueble y no otras, cuando se cayeron todas). Y ese clásico de las novelas policiacas malas cuando el asesino sin motivo alguno le cuenta al protagonista todo lo que hizo, cómo y por qué...

En resumen, y a pesar de sus defectos, una novela agradable y simpática, bien escrita, bien ambientada y bien estructurada, aunque "clásica" y sin demasiadas sorpresas, algo lenta en su desarrollo y cuyo protagonista parece un poco el alter ego del autor en cuanto a ideología.

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jueves, 13 de octubre de 2016

Muñecas rotas, de James Carol

T.O.: Broken Dolls, 2014
Editorial: La esfera de los libros, 2015
440 páginas
20,90 €

Argumento:

El investigador y ex agente del FBI Jefferson Winter llega a Londres para ayudar a Scotland Yard en la investigación de varios crímenes.

Comentario:

«Muñecas rotas» (primera de una serie de obras independientes protagonizadas por Jefferson Winter) es una novela de misterio con asesino en serie que sigue las normas del género: crímenes terribles, personaje secuestrado a quien el protagonista intenta salvar contrarreloj, giros argumentales más o menos previsibles y sorprendentes, escenas de acción, etc…

Sin embargo, hay varios factores que la diferencian de otras obras del mismo género, entre los que se encuentran la correcta redacción, una prosa medida para intercalar con acierto las escenas de la investigación con lo que le está sucediendo a la mujer secuestrada (una tortura in crescendo cuyo proceso se conoce por ser igual al que ya se ha relatado que sufrieron las víctimas anteriores), o cierta complejidad en la composición de los personajes.

El protagonista, Jefferson Winter, narrador en primera persona, es un ex agente del FBI, especialista en psicología criminal que sigue métodos similares a los vistos en series como «Mentes criminales»: realizar «entrevistas cognitivas» a un  par de personajes secundarios, ponerse en el lugar del asesino, deducir sus motivos y psicología analizando lo que les hace a sus víctimas, o crear un perfil sobre él, lo bastante certero como para hacer avanzar el caso e incompleto como para poder añadir más tarde datos que modifiquen sustancialmente las primeras impresiones, dando lugar a un par de sorpresas.

Además, Winter está inmerso en una cruzada personal, atormentado por sus propios demonios: es hijo de un asesino en serie (y, de alguna manera, su víctima) quien, antes de ser ejecutado, le dijo un «Eres igual que yo» que le impulsó a abandonar el FBI y seguir sus propias normas, no siempre dentro de la legalidad.

La capacidad del autor de crear empatía incluye, en mayor o menor medida, a los principales secundarios. Mientras el inspector Mark Hatcher media entre Winter y un Scotland Yard que unas veces parece casi a su servicio y otras le pone inconvenientes, la detective Sophie Templeton se erige en compañera y apoyo del protagonista, además de establecerse entre ambos una ligera tensión sexual no resuelta.

Sin embargo, quienes despiertan más empatía son las víctimas, tanto las anteriores (en especial la primera y la cuarta, Sarah Flight y Patricia Maynard) como la que acaban de secuestrar, Rachel Morris, consciente de lo que le va a suceder e intentando sobreponerse al miedo y al dolor, cuyos capítulos, la evolución de la tortura a la que es sometida, se alternan con la investigación de Winter creando una dinámica de tensión creciente que impulsa a continuar leyendo para saber si consiguen salvarla a tiempo.´

La novela cuenta además con varios giros argumentales más o menos eficaces, creíbles o incluso engañosos (la petición de Winter a la madre de Sarah Flight) que cambian la percepción de la historia, y escenas de acción que, en ocasiones, se alargan demasiado en su intento de crear tensión acerca de lo que va a suceder.

En resumen, «Muñecas rotas» es una novela de género entretenida y con gran capacidad de «enganchar», que cumple su cometido con solvencia e incluso sobresale en ciertos aspectos por encima de otras.


***T***


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viernes, 16 de septiembre de 2016

Los Bosques Imantados, de Juan Vico

Los bosques imantados
Juan Vico
Seix Barral
224 páginas
 
Resumen:

Victor Blum, periodista racional, acude al bosque de Samiel en la fecha del eclipse donde se supone que aparecerá Locusto, un misterioso mago, a fin de desenmascararlo, en medio de un clima de superstición.

Comentario:

El planteamiento de la novela resulta interesante e intrigante. Hasta la publicidad de la obra plantea que se trata de mostrar el conflicto entre ciencia y superstición, el poder de la prensa sensacionalista, cómo afectan las creencias irracionales al ser humano...

Sin embargo, a mi modo de ver nada de eso es aprovechado en absoluto, ni se desarrolla, limitándose la historia a una mera trama que tira más hacia lo detectivesco que hacia otra cosa. Todo ese supuesto subtexto queda ahogado y sepultado por las peripecias, sin que estas nos muestren nada más allá de la mera anécdota novelesca.

Tomada como novela de género sin más, puede crear intriga, ya que al personaje principal le suceden diversos lances en el pueblo del bosque famoso, se entrevista con científicos, conoce las supersticiones locales, descubre la profanación de una iglesia, lo atacan unos desconocidos... Es decir, una trama típica de las novelas de aventuras, con un toque sobrenatural, y una ambientación centrada en el creencias paranormales y fantásticas del siglo XIX, como la mediumnidad, el mesmerismo, las curaciones milagrosas. Pero al final, la construcción de la historia, que parecía más o menos sólida, comienza a agrietarse y a mostrar las costuras y los errores derivados de añadir un montón de elementos diversos con los cuales el autor parece no saber qué hacer.

El autor muestra una aceptable documentación, aunque a veces se nota que la incluye por mero adorno, como todo lo relacionado con el mago Robert Houdin, amigo y mentor de Victor, el protagonista, o las referencias a los símbolos célticos o primitivos de los colgantes de algunos habitantes del pueblo.  Entiendo que son exigencias para ambientar la obra y para mostrar las diferencias entre la mentalidad cientificista de Victor y el mundo primitivo y supersticioso de las gentes que pululan en torno al bosque de Samiel. Esta es una de las partes fuertes de la misma, así como la prosa, que pese a su frialdad y falta de chispa, es correcta y limpia, no tanto, no obstante, como para considerla propia de la "alta literatura".

Si como decía antes, considerada como novela de género, misterio, detectives o como se le quiera llamar, más o menos va dando la talla a lo largo de sus páginas, de pronto, todo se viene abajo en el final, con diferencia lo que menos me ha gustado. Las grandes expectativas sobre Locusto no se cumplen. El misterio termina siendo pobre, y, para colmo, el autor crea un anticlímax explicándolo con prolijidad, y atando cabos a veces de forma muy forzada, o directamente desechando como no relacionados con lo demás algunos de los acontecimientos. Y todo eso a lo largo de un montón de páginas, lo cual hace que parezca que la obra no va a terminar nunca, y eso que es bastante breve.

No sé si falta desarrollo o si falta un misterio más intenso, o algo más de empaque narrativo, lo que sí tengo seguro es que resulta muy decepcionante esta resolución, al menos para mí, sobre todo porque durante el resto de la obra se mantenía una intriga creciente y no estaba mal escrita. Además, los personajes, que hay demasiados (miles de periodistas casi indistinguibles unos de otros), son apenas pinceladas sin profundidad, demasiado arquetípicos, incluido el protagonista, del cual, en realidad, no sabemos mucho.

En resumen, una novela de género que crea cierto misterio hasta que llega a un final algo pobre y frustrante, correctamente escrita y con buena ambientación y documentación sobre la época y las creencias paranormales del XIX.

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miércoles, 6 de julio de 2016

El crimen de Orcival, de Émile Gaboriau

T.O.: Le crime d'Orcival (1868)
Editorial: DÉpoca, 2015
Traducción: Eva María González
Ilustraciones: Iván Cuervo y Jules Guerin
450 páginas
24,90 €

Argumento:

Tras el hallazgo de un cadáver en los terrenos del  Castillo de Valfeuillu, llega  un policía especial de la Sûreté de París, el inspector Lecoq, quién, con la colaboración de Plantat, juez de paz de Orcival, se hace cargo de la investigación del caso.

Comentario:

«El crimen de Orcival» se divide en tres partes bien diferenciadas: la primera relata lo ocurrido, se muestran las pruebas y se llega a ciertas conclusiones, la segunda, un flashback, cuenta lo que en realidad sucedió antes del crimen que da inicio a la historia, y en la tercera se resuelve el misterio.

El interés por seguir cada una de estas partes es irregular. Quienes hayan leído muchas novelas de misterio no encontrarán dificultad en deducir la identidad del personaje que ha cometido el asesinato, pese a los intentos del autor y los principales investigadores (el policía parisino Lecoq y el juez de paz Plantat) de distraer la atención, al comienzo, hacia otras posibilidades.

Es posible incluso que el relato de los diferentes recorridos por el castillo, mostrando y analizando las pruebas y las conclusiones similares a las que llegan ambos hombres, pueda resultar demasiado prolijo e incluso repetitivo en algunos pasajes, dedicados más a mostrar las personalidades de Lecoq y Plantat que a aportar datos relevantes para la resolución del asesinato.

Quizá sea la segunda parte, el largo flashback en el que se detalla la relación entre Berthe, Clément y Hector, la más interesante, aportando nuevos datos y matices a lo contado con anterioridad. El relato profundiza en la psicología de los tres personajes y en la batalla que se establece entre ellos en un tono caracterizado por la exacerbación de las emociones y una atmósfera opresiva que logra capturar la atención pese a conocer buena parte de lo sucedido.

En cuanto a los personajes, aunque el protagonista es Leqoc, quien, como se indica en la introducción, es habitual en la obra del autor y está basado en Eugène-François Vidocq, no es el mejor caracterizado, centrándose sobre todo en un afán de anonimato y una habilidad para disfrazarse que en la actualidad no son tan originales como quizá lo fueron cuando se publicó de la novela.

El juez de paz Plantat tiene muchos más matices emocionales y psicológicos, es menos convencional y despierta mayor interés, si bien son Berthe, Clément y Hector los más complejos e interesantes, destacando los cuatro sobre el resto, secundarios que se limitan a cumplir el papel asignado para el avance de la historia.

En resumen, «El crimen de Orcival» es una novela de desarrollo irregular, más previsible de lo que pretende, que puede hacerse lenta y aburrida en algunos pasajes y entretenida e interesante en otros, incluso precipitada, aunque no carente de interés.


***T***


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viernes, 27 de mayo de 2016

El desorden que dejas, de Carlos Montero

Editorial: Espasa, 2016
Colección: Espasa Narrativa
408 páginas
19,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Raquel y su marido se trasladan al pueblo de él, Novariz, para que ella haga una suplencia en el instituto. Enseguida se entera del fallecimiento de su predecesora y recibe un anónimo inquietante.

Comentario:

«El desorden que dejas» está narrada casi en su totalidad en primera persona (hay varios capítulos en tercera) por la protagonista, es de suponer que con la intención tanto de crear empatía con ella como de mostrar la subjetividad de sus conclusiones sobre lo que le cuentan o descubre por sí misma. Lamentablemente, este recurso, que resulta útil  para que el autor oculte datos y para sorprender cuando las conclusiones de Raquel se descubren equivocadas, no está del todo logrado, dando lugar a pasajes explicativos, y acciones innecesarias.

Si bien al principio la narración parece profundizar en el personaje principal (el dolor por la pérdida de la madre, la crisis matrimonial, diversas dudas), poco a poco las reflexiones de la protagonista quedan relegadas a algo casi anecdótico frente a la trama de misterio, que resulta ser la principal, lo que deja la impresión de que los pasajes «intimistas» lastran la lectura, la dificultan y la alargan sin verdadera necesidad narrativa.

El resto de los personajes, que incluyen al marido de Raquel y a sus familiares, a los habitantes del pueblo, personal y alumnado del instituto, el viudo de Elvira y esta misma, quedan desdibujados al ser mostrados a través de las impresiones de la protagonista, tan ambiguos que es difícil atisbar algo de personalidad en la mayoría.

En la novela aparecen temas serios, dramáticos (el acoso escolar, el suicidio, el paro, las drogas, el abuso de menores etc…), aunque el autor no profundiza demasiado en ellos, sino que los utiliza para dar giros argumentales sorpresivos (no todos) a la trama de misterio, verdadera protagonista de la novela, a cuyo servicio está todo lo demás.

En resumen, «El desorden que dejas» es una obra entretenida, relativamente sencilla, que puede interesar (sobre todo en su segunda mitad) a quienes disfruten de las lecturas «adictivas».

«El desorden que dejas»  es la ganadora del Premio Primavera de Novela 2016


***T***

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lunes, 25 de abril de 2016

Maestra, de L.S. Hilton

Maestra
L.S. Hilton
Traductor: Santiago del Rey
Roca Editorial
352 páginas


Argumento:

Judith trabaja en una casa de subastas londinense, pero descubre un fraude en un cuadro y es despedida. A partir de ahí, inicia una carrera criminal de lo más sangrienta.


Comentario (con spoilers):


Según la publicidad de esta novela se trata de: "El gran thriller de 2016 que atrapará a los lectores de La chica del tren y la serie Millenium de Stieg Larsson." Y también la comparan con las "50 sombras de Grey", cómo no. Una vez leída la obra, vemos que, tal y como sospechábamos, el único parecido de "Maestra" con estas otras novelas es que son bestsellers.

La historia, narrada en primera persona por Judith, una joven de clase baja que tiene un empleo en una casa de subastas de arte, empieza más o menos bien (si obviamos esa especie de prólogo estúpido en un club de sexo, que da a entender, engañosamente, que se trata de una novela erótica). La voz narrativa tiene su gracia. Se trata de una mujer irónica, inteligente, fría, hija de alcohólica, que ha tenido que estudiar y luchar para hacerse un camino en un mundo descrito de forma implacable como machista y clasista a más no poder. Es despreciada por su jefe, se la envía a los peores trabajos, los clientes la intentan violar (pero ella no denuncia), la tratan de tonta, etc, etc. La disección implacable de las miserias del mercado del arte, con sus falsificaciones, sus estratosféricas cotizaciones, el lavado de dinero y la frivolidad de los millonarios, es con diferencia, lo mejor de la novela. Esta parte, que dura bastante para ser una presentación, termina bruscamente con el despido de la protagonista, que decide, sin mucho sentido ni motivo, irse con un cliente del club de sexo antes mencionado, un tipo que ni siquiera le gusta, y su "amiga", a pasar unas vacaciones a la Riviera.

A partir de ahí la novela cae de manera estrepitosa en los pozos de lo increíble (en el sentido de no creíble). Atónitos, asistimos a la transformación repentina de la protagonista en una psicópata asesina en serie, ladrona y estafadora, carente por completo de sentimientos, y cuyo único temor durante su orgía de crímenes y viajes de placer y negocios por Europa es que la detengan. El primer muerto lo puedes perdonar, ya que se trata, en cierto modo, de un accidente, pero los siguientes... Sinceramente, no puedo comprender que una persona, de repente, y sobre la marcha, sin haberse dado a entender antes que tenía esas "tendencias" o sin una reflexión previa del personaje que nos haga ver sus motivos, planifique elaboradas tramas para deshacerse de los cuerpos (algunos los descuartiza, es una experta en todo), limpiar las escenas de los crímenes, hacerse con armas de fuego y toda la panoplia de robos, engaños y fraudes.

La protagonista, además, tiene mucha suerte. A Judith no le cuesta nada en absoluto encontrar hombres ricos y tontos que solo por su belleza se la llevan a sus yates, la mantienen durante largos periodos de tiempo, le dan dinero, la ayudan con sus negocios sin saber ni quién es en realidad, a cambio de un poco de sexo, claro. Vale que sea cierto lo del refrán que dice que "tiran más dos tetas que dos carretas", pero estos tipos se fían todos de una mujer bastante sospechosa. La autora hace un retrato de los hombres muy deprimente, pero las mujeres tampoco salen nada bien paradas. Los unos son criaturas de escasas luces que por sexo hacen lo que sea, las otras, caras bonitas que se hacen pasar por tontas para cazar marido rico. A pesar de que puede sonar a crítica, a veces te asalta la duda de si la autora no estará cayendo en lo mismo que critica, ya que Judith, que al principio nos muestran como una joven desinhibida en lo sexual, que experimenta prácticamente con todo lo experimentable y que no desea ni tener novio ni marido ni nada de eso tan convencional... ¡resulta que es una loca psicópata! O sea, que ya estamos asociando "mujer liberada" con "mujer mala". En descargo de la autora, hay que decir que si Judith no fuera tan desinhibida ciertamente no habría podido llevar a cabo esas "hazañas" criminales, ya que es con el sexo con lo que engatusa a los hombres.

De igual modo, me ronda la incomodidad al pensar que la autora considere que una chica de clase baja, nacida en familia desestructurada, tenga como único camino para medrar el crimen. No parece suficiente justificación que a una la despidan para que comience una carrera de asesinatos. Creo que esta parte no está bien tratada. Deberían haberse mostrado motivaciones más fuertes para que entendamos a la prota. Al principio, empatizas con ella, hasta que se va a la Riviera, que es donde cambia la novela de tono, la protagonista de personalidad y todo se va al garete en cuando a credibilidad.

Dicho esto, hay que admitir que hay algunas partes de la novela que no están tan mal escritas, como el inicio, con la presentación del mundo cotidiano de Judith, su visión irónica de las cosas, la crítica del mundo del arte, de la sociedad británica... Si hubiera seguido por esta línea más literaria y realista, la novela habría ganado muchos enteros (pero, claro, no la podrían vender como "Thriller bestseller" citando a los bodrios mencionados al inicio de esta reseña).

Las escenas de sexo, que parecen formar parte de otro tipo de obras (redacción seca, mecánica, pornográfica), están metidas a veces como con calzador, solo por mostrar a la protagonista tirándose a diversos hombres y mujeres sin mucho sentido (narrativo). Algunas de estas escenas meten un parón en medio de la trama, que rompe el ritmo (como su lío con el noruego Jan). Relacionado con la psicopatía de la protagonista, resulta chocante que tenga ganas de sexo en situaciones  en las que se ve amenazada o incluso con tipos que podrían ser sus enemigos y meterla en problemas.

La autora (y la narradora) utiliza la imagen del cuadro de Artemisia Gentileschi, "Judith y Holofernes", como una metáfora de la historia, que contiene muchas de las claves temáticas: mujer en un mundo de hombres, agredida por estos, que se toma su venganza (la Judith bíblica cortó la cabeza de Holofernes, como ella hace con otro de los personajes). Sin embargo, la autora (o la narradora) olvidan que tanto Artemisia como Judith tenían motivaciones comprensibles por el público para hacer lo que hicieron (la pintora denunció a su preceptor, que la violó en el taller de pintura, y ganó el juicio; la Judith judía luchaba por su pueblo), algo que le falta a la Judith de esta novela...

Y al final, resulta que sí, que la autora cae en lo mismo que critica, pues la protagonista termina siendo como todos los demás tiburones del mundo del arte, solo que después de haber matado a cuatro o cinco personas por el camino (y lo que le falta, ya que, ¡oh, espanto! se trata de una trilogía...)

En resumen, una novela que se lee fácil, que tiene cierta gracia al inicio con la descripción del mundillo del arte, de la alta sociedad, del clasismo y machismo, etc, pero que luego cae en picado y solo remonta en partes muy puntuales de la historia, con una trama retorcida y difícil de creer (o directamente, imposible), escenas de sexo frías y mecánicas, escenas de asesinatos y descuartizamientos frías y mecánicas, con una protagonista que hubiera podido dar más juego de haber estado mejor justificada en sus acciones de forma que pudiéramos entender por qué hace lo que hace, y aunque sea una asesina, al menos empatizar un poco con ella.

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miércoles, 20 de abril de 2016

Los ángeles de hielo, de Toni Hill

Editorial: Grijalbo, 2016
464 páginas
19,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Barcelona, 1916. El psiquiatra Frederic Mayol decide investigar los misteriosos hechos sucedidos años antes en el sanatorio donde empieza a trabajar, cuando el edificio acogía un internado para muchachas de buena familia.

Comentario:

«Los ángeles de hielo» es una novela en la que, en ocasiones, sus «excesos», entre los que se incluyen tanto varias tramas irrelevantes para el desarrollo de la historia principal como otras a las que se da más importancia de la necesaria, pueden confundir acerca de la finalidad de la obra.

Entre estas tramas se encuentra la correspondencia entre el protagonista y Anna, hija de Sigmund Freud, y las referencias a la vida familiar de ella, así como las menciones de diferentes libros que el psicoanalista recomienda a Mayol, o las escenas relacionadas con la primera guerra mundial, que alargan mucho la novela, siendo su importancia relativa para la comprensión de la historia.

La trama centrada en las relaciones familiares de Frederic: la compleja relación entre sus progenitores, Claudine y Horaci, o la historia de este con Montserrat, ocupa páginas y páginas, cuya relevancia es tan escasa que, si se eliminase, no solo no afectaría a la trama principal sino que, además, dotaría de mayor fluidez a una narración que parece estancarse en demasiadas ocasiones.

También hay detalles poco convincentes, por ejemplo la inclusión de Sebastián Freixas como narrador ocasional de ciertos hechos. Tanto en la larga introducción como en las cartas que invaden la narración sin mucho sentido en los momentos más inoportunos o el relato de dos escenas protagonizadas por Blanca Raventós, cuyo contenido, incluidos pensamientos de la protagonista, no puede conocer, da la sensación de actuar a modo de narrador omnisciente en sustitución del autor.

En cuanto a los personajes, las sensaciones son desiguales. Mientras que el diario de Águeda hace de ella un personaje tan interesante como complejo, resulta difícil empatizar con un Frederic cuyas tramas, siendo a veces tan dramáticas, resultan también frías, distantes. El resto de los personajes, de mayor o menor importancia para la historia, se describen lo necesario para cumplir con el papel que se les ha adjudicado, si bien hay algunos (Blanca, Biel, Robí, Alcázar) que destacan sobre el resto, quizá debido a la importancia de su cometido.

Todo esto, que podría resumirse en la impresión de que el autor se ha enamorado tanto de la documentación consultada para escribir su obra que no ha sido capaz de sustraerse a incluir más de la necesaria, se ve compensado por otros detalles, entre los que destaca una cuidada planificación que apenas deja cabos sueltos, quién sabe si deliberadamente o no.

Entre los mayores logros de la novela está su capacidad de sorprender, siendo el punto culminante el giro argumental a mitad de la narración que hace replantearse cualquier sospecha que se tenga, seguido por otros quizá menos impactantes pero igual de eficaces, inesperados y valientes por lo que concierne al destino de algunos personajes.

Destaca además la ambientación de algunos pasajes, especialmente lograda en la descripción del Colegio de los Ángeles hecha por Águeda en su diario, dotando al edificio de una atmósfera misteriosa y enfermiza que se mantiene más tarde, ya reconvertido en sanatorio. Los inquietantes dibujos de Estrada también contribuyen a crear ese aire de inquietud,duda e intriga que impele a continuar leyendo.

En resumen, «Los ángeles de hielo», pese a algunos escollos de diferente importancia, es una novela bien planificada, con capacidad de sorprender sin hacer «trampas» más allá de dosificar la información para lograr que se sospeche  lo que no es, inquietante, misteriosa, con giros argumentales «creíbles», correctamente redactada y con el aliciente poco habitual de lograr que no se quiera dejar de leer hasta conocer el desenlace.


***T***


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lunes, 29 de febrero de 2016

Observada, de Renée Knight

T.O.: Disclaimer, 2015
Editorial: Salamandra
Traducción: Carlos Mayor Ortega
320 páginas
19 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Al recibir una novela titulada «Un perfecto desconocido», que parece recrear unos sucesos de su vida ocurridos veinte años atrás, Catherine Ravenscroft decide averiguar quién se la ha enviado y qué pretende.

Comentario:

Superficialmente, «Observada» tiene muchas similitudes con un telefilme de sobremesa para TV, desde el tema (secretos, venganza) hasta el desarrollo (personajes acosados, a la defensiva, giros más o menos inesperados, sorpresas), si bien la forma de abordar la (tópica) historia logra que se trascienda la mera novela de entretenimiento.

La historia está narrada desde distintos puntos de vista, siendo los mayoritarios el de Catherine, en tercera persona, y el de Stephen Brigstocke (de quien enseguida se sabe que envió el libro), en primera persona, aunque también se muestran ocasionalmente los puntos de vista de Robert y Nicholas, esposo e hijo de la protagonista, algún pasaje de «Un perfecto desconocido» (en tono de resumen explicativo) e incluso varias escenas de lo que en realidad sucedió veinte años atrás.

Tanto la alternancia de puntos de vista como la inclusión escenas situadas en diferentes momentos (la narración de Catherine empieza en 2013 y la de Stephen en 2011), desde la actualidad al hecho que dio origen a la situación, pasando por otros sucesos de diferente relevancia contribuyen a crear incertidumbre sobre lo que pasó e incrementar el interés por conocer la verdad, en un crescendo que ocupa las últimas cien páginas.

Sin embargo, no es esa sensación de «enganche» compuesta por la intriga por conocer tanto los hechos de dos décadas atrás como lo que harán los personajes en la actualidad lo que hace más atractiva la novela, sino la trascendencia que se le da, la forma en la que afecta a los protagonistas, incluidos el marido y el hijo de Catherine, dando lugar a una interesante evolución interior de todos ellos.

Al comienzo de la novela Catherine, que parece decidida a que no se sepa lo que ocurrió, da la impresión de que se siente culpable, mientras que Stephen, obsesionado por vengarse, se diría un desequilibrado dispuesto a todo, incluida la violencia. Poco a poco, según se suceden las revelaciones, van cambiando las primeras impresiones, lo que lleva a reflexionar sobre las apariencias, la culpa, el castigo, la redención y, sobre todo, sobre las consecuencias, de lo que se hace y de lo que no, lo que cambia las vidas de la familia Ravenscroft y de Brigstocke.

Si bien la autora deja sin explicar algunos detalles importantes, relativos a dos situaciones protagonizadas por Jonathan (el hijo de Stephen), que él no puede aclarar, ni es imprescindible conocer, la historia se resuelve de forma bastante satisfactoria.

Por cierto, el título elegido para la versión de Salamandra, «Observada», es menos apropiado que el original, «Disclaimer», entre cuyas acepciones se encuentran: aclaración, exoneración, descargo, renuncia o advertencia, más acordes al contenido de la novela.


***T***

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jueves, 25 de febrero de 2016

Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Otra vuelta de tuerca
The turn of the screw
Henry James
Traductor: Sergio Pitol
Salvat
192 páginas


Argumento:

Una institutriz viaja a una remota mansión para hacerse cargo de los sobrinos de un caballero, pero pronto descubrirá que, además de ellos, habitan en el lugar extrañas presencias...


Comentario:

Esta archifamosa obra de Henry James es una de las más influyentes e imitadas historias de fantasmas de todos los tiempos. Muchas novelas y películas posteriores la copian o toman elementos de ella sin ningún rubor, lo cual hace que al leerla se reconozcan ciertos pasajes como icónicos o modelo de otros. En realidad, llamarla "historia de fantasmas" es quizás atrevido, pues, precisamente, la gracia de la novela es la ambigüedad con que se relata todo, que hace dudar en algunos momentos de la lucidez de su narradora en primera persona (hecho que permite la subjetividad y da pie a todas las interpretaciones posibles). Así que, en principio, también podría ser catalogada como una novela de misterio o, incluso, de terror psicológico.

Tenemos dos partes bien definidas y de extensión no similar: por un lado, la introducción, donde un caballero que dice tener el diario de la institutriz se dispone a leerlo a sus amigos; y, por otro, el diario en sí, que termina abruptamente. Esta composición demuestra la intención de James de crear esa sensación de duda constante sobre si lo relatado es real o imaginario. Y de dejar, por otro lado, al lector en lo más alto de la tensión dramática, sin explicaciones, abriendo el final a su interpretación.

Como suele suceder en todo diario literario, este no es un "diario auténtico" sino que se toma las típicas licencias de incluir diálogos completos para facilitar la compresión de los hechos y otorgarle cierta amenidad al relato. En él, la institutriz nos cuenta de modo minucioso su llegada a la mansión de Bly, un lugar apartado donde se cría la joven Flora, aunque, más adelante, se les une su hermano Miles. Con una muy buena dosificación del misterio, ayudado por una ambientación casi gótica, el autor va incluyendo en crescendo dramático las apariciones fantasmales de las que es testigo la protagonista, y según ella, también los niños, cuyas actitudes extrañas hacen sospechar. Sin embargo, el primer revés para la credibilidad de la testigo-narradora ocurre cuando durante una de las más espectaculares efusiones fantasmales, el ama de llaves "no ve nada".

El ambiente es opresivo, casi romántico en el sentido literario del término, decadente; destaca la utilización de los niños (símbolos de pureza e inocencia) como catalizadores de fuerzas malvadas y amorales. En realidad, la novela, en una de sus intepretaciones, no es sino la lucha de la institutriz por preservar la candidez de la infancia de las fuerzas corruptas de los antiguos sirvientes, ya difuntos, y cuya relación con los niños, adquiere en ocasiones connotaciones diabólicas y casi sexuales. Para este fin, establece una batalla épica contra los fantasmas (y, en cierto modo, también contra los niños). Pero en otra interpretación, la misma institutriz podría ser una mera demente llena de pensamientos y deseos reprimidos que proyecta en los demás sus propios fantasmas, y ve "lo que nadie ve", en especial, cosas sucias y pervertidas.

James, muy inteligentemente, no toma partido por ninguna de las opciones. Las charlas entre la institutriz y los hermanos, en especial las que mantiene con Miles, son un ejemplo de ambigüedad. Hablan de cosas innombrables, perversiones insinuadas, sin decir a las claras a qué se refieren, en una especie de juego de indirectas que permiten dudar de la bondad o no de los protagonistas, de su implicación o no con los fantasmas, etc. Miles, en particular, esconde secretos. Nunca se llega a decir cuál fue la naturaleza de la "maldad" que cometió en la escuela de la que fue expulsado. Ni tampoco cómo le corrompieron a él y a su hermana los antiguos sirvientes, el señor Quint y la señorita Jessel, cuyas sombras amenazadoras los siguen acechando, según la institutriz.

Sin embargo, cabe la interpretación, más literal, de que la protagonista en verdad tuviera razón, ya que, según recuerdo, cuando ella ve a los fantasmas por primera vez ignora la existencia de Quint y Jessel. Pero si lo pensamos bien... pudo haber visto cualquier cosa y luego reconstruirla en su imaginación con ayuda de datos conocidos a posteriori... James juega con el lector de manera muy hábil.

El estilo de la novela es algo denso (James, en general, es de largas parrafadas y frases muy elaboradas), aunque mitigado por el contraste con pasajes enteros de diálogos rápidos y directos. Como es muy breve, y los giros están bien llevados, la obra se hace ligera y de fácil lectura para todos los públicos.

En resumen, un clásico de la novela gótica y de misterio que aún hoy en día funciona en su creación de atmósferas, ambientes enfermizos donde se enfrentan el Bien (lo moralmente aceptable) y el Mal (la corrupción moral), la locura y la cordura, la inocencia y la perversidad.

 

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lunes, 15 de febrero de 2016

Agatha Raisin y la jardinera plantada, de M.C. Beaton

T.O.: Agatha Raisin and the Potted Gardener, 1994
Editorial; Círculo de lectores
220 páginas
17,50 €

Argumento:

Al volver de unas largas vacaciones, Agatha Raisin descubre la llegada a Carsely de una nueva habitante, Mary Fortune, aficionada a la jardinería y al coronel James Lacey, con quien no tarda en competir, por la atención del hombre y como jardinera, mientras espera a que se cometa un asesinato que la saque de su aburrimiento.

Comentario:

Como suele ser habitual en las novelas protagonizas por los mismos personajes, «Agatha Raisin y la jardinera plantada», tercera aventura de la señora Raisin, tiene muchos (quizá demasiados) puntos en común con las dos entregas anteriores, lo que puede ser positivo para quienes gusten de leer historias similares, o negativo, por la inevitable sensación de haber leído ya situaciones similares resueltas de forma muy parecida.

Entre los puntos en común se podrían destacar los siguientes:

- El afán de competitividad de la señora Raisin, quien no duda en hacer trampas en el «juego» (desde el concurso de quiches de «Agatha Raisin y la quiche letal» hasta comprar plantas para la exhibición de puertas abiertas de la sociedad de horticultura en lugar de cultivarlas en su invernadero).
- La visita del alguien de su vida anterior en Londres (Roy Silver, antiguo colaborador de trabajo).
- La tentación entre permanecer en Carsely o volver a Londres, incluida una oferta de empleo, temporal, que se ve «obligada» a aceptar a cambio de un favor.
- La visita a diversos pubs y restaurantes de la zona, lo que ocasiona, al menos, un enfrentamiento de la protagonista con el personal del lugar en cuestión.
- El tira y afloja en su relación con el coronel (retirado) James Lacey, reticente interés romántico de Agatha, tan indeciso como ella acerca de los límites y futuro de su amistad, por quien no duda en competir con quien haga falta (la bella Mary Fortune en esta novela).
- La confrontación final con el personaje que ha cometido el crimen y su reconocimiento del mismo.

En «Agatha Raisin y la jardinera plantada» no empieza a ocurrir algo «de verdad» (delictivo) hasta transcurrido cerca de un tercio de la obra, y está relacionado, cómo no, con jardines y plantas: dalias arrancadas y aplastadas, rosas envenenadas con herbicida, el jardín de James Lacey prendido fuego con gasolina, un rosal blanco teñido de negro, etc..., lo que origina la llegada de la policía (Bill Wong)  y crea un clima de miedo y sospechas entre los habitantes de Carsely que se manifiesta en el rechazo a los forasteros (Agatha, James y, sobre todo, Mary, principal sospechosa), y se acrecienta según se acerca la fecha de la feria de horticultura. 

Poco después se comete el crimen, y es Agatha, junto al coronel, quien encuentra el cadáver (otra de las características de la serie), dando comienzo a la «investigación» (la habitual serie de entrevistas con personajes más o menos excéntricos) hacia la mitad de la obra, hasta llegar a una resolución casi casual en el momento que conviene a la autora.

En cuanto a los personajes habituales, tanto Lacey como Wong actúan como se espera de ellos, sin cambios en sus respectivos roles, caracterizados lo necesario para su cometido, incluida la señora Raisin, dotada de algunos matices (puede ser tramposa, celosa e injusta, aunque también tiene momentos de analizarse a sí misma, reconocer sus errores y mostrarse arrepentida, generosa o solidaria) que, por ya conocidos, no le aportan crecimiento como personaje respecto a las anteriores novelas.  Son Mary Fortune y la señora Bloxby (Margaret) las más interesantes, la primera por la sutileza de su comportamiento y la otra por su capacidad de percibirlo y analizarlo.

En resumen, Agatha Raisin y la jardinera plantada es una novela previsible en muchos aspectos por seguir un esquema similar a las dos entregas anteriores, del que se aparta solo en pequeños detalles, con un desarrollo de interés irregular, tan superficial como entretenida.


Otras novelas de M.C. Beaton reseñadas en este blog:



***T***


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jueves, 4 de febrero de 2016

El misterio de Gramercy Park, de Anna Katharine Green

T.O.: That Affair Next Door, 1897
Editorial: dÉpoca, 2014
Colección: Misterios de Época
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
Ilustraciones: L. Malteste
Introducción: Carmen Forján
400 páginas
23,50 €

Argumento:

La señorita Amelia (Araminta) Butterworth observa visitas inesperadas en la casa de al lado. A la mañana siguiente se entera de que se ha cometido un asesinato y decide resolverlo.

Comentario:

«El misterio de Gramercy Park» es, más allá del crimen y su resolución, la señorita Amelia Butterworth, narradora de la mayor parte de la historia, al punto de ser sus reflexiones, y la rivalidad que establece con el detective Ebenezer Gryce, protagonista de varias novelas de la autora, lo más destacado de la historia.

La señorita Butterworth es una mujer soltera por voluntad propia, decidida (nada la disuadirá de investigar el crimen), con recursos (no le cuesta seguir pistas o interrogar testigos y sospechosos), sentido del humor, tan capaz de ser compasiva como implacable dependiendo de a quién o a qué se enfrente, dando como resultado una personalidad llena de matices, con cierta tendencia a ser incongruente entre lo que dice de sí misma y cómo se comporta, lo que hace de ella un personaje de gran atractivo para llevar la mayor parte del peso de la narración.

Y es que el policía, Ebenezer Gryce, no deja de ser un secundario de lujo cuyo principal cometido parece ser el de antagonista de la señorita Butterworth (mucho más compleja e interesante que él), el rival a quien derrotar, un papel similar al que asume en la primera novela en la que aparece, «El caso Leavenworth», donde cede el protagonismo al abogado Everett Raymond.

No es esta la única similitud entre las dos obras, pues ambas comparten un narrador en primera persona, flashbacks al pasado dramático de varios personajes, una instrucción o juicio que precede a la investigación o que los principales sospechosos pertenezcan a la familia de la víctima (el marido y el cuñado de la fallecida en esta y las sobrinas, primas entre sí, del difunto, en la anterior), si bien hay también suficientes diferencias para darle a cada una su propia personalidad.

El resto de los personajes (Ruth Oliver, Ella Althorpe, Franklin, Howard y Silas Van Burnam y Randolph Stone especialmente) cumplen su cometido, varios de ellos el de ser sospechosos del crimen, siendo los puntos culminantes la insistente negativa de Howard a creer que la víctima sea su esposa, Louise, la narración en la que un personaje cuenta lo que en realidad sucedió, la amistad que establece Amelia con Ella y Ruth o cómo se muestra la sociedad de la época mediante la investigación (visitas, interrogatorios, etc…) que realiza la señorita Butterworth.

En cuanto a la resolución del crimen, se podría aducir que es un poco tramposa al ser escamoteados algunos detalles sin cuyo conocimiento resulta difícil averiguar la identidad del criminal, si bien es así incluso para los protagonistas: ni la señorita Butterworth ni el señor Gryce tienen todos los datos ni son conscientes de cierto equívoco que hubiera podido ayudarles, por lo que no hay verdadero engaño.

En resumen, «El misterio de Gramercy Park» es una novela bien redactada, con una protagonista interesante y un misterio bien llevado que se resuelve de forma satisfactoria.


***T***


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viernes, 15 de enero de 2016

Mini reseñas: 4 bosilibros

Estrenamos Mini Reseñas, artículos que reunirán los comentarios de varias novelas que por diversos motivos no hemos reseñado en largo (no hay mucho que decir, falta de tiempo etc). Se intentará reunir obras cuyo contenido sea similar o tenga algo en común, como estos cuatro bolsilibros de Bruguera, de la Selección Terror y Punto Rojo.

Noche de difuntos, de Clark Carrados (Selección Terror #132):


Se trata de una versión, intencionada o no, de la novela «Diez negritos», de Agatha Christie: El fallecimiento de Hyram W. Koldicutt y la reunión para  lectura de su testamento ante sus herederos es un punto de partida similar al de la obra de Christie. Que pronto queden aislados, rodeados por un foso y empiecen a ser asesinados con métodos cercanos al gore acentúa unas similitudes que son solo las primeras, si bien hay algunas diferencias en el desarrollo y conclusión.

Correctamente redactada, con varios giros argumentales no del todo previsibles, alguna sorpresa, cierto ingenio en los métodos utilizados para cometer los crímenes y una pareja (los únicos herederos que no conocían al difunto), Bat Bludin y Marion Ford, decidida a averiguar lo que sucede mientras los otros invitados empiezan a sucumbir víctimas de sus «debilidades» («Y cobrarán esa parte, desde luego, suponiendo que vivan para ello, porque yo les he condenado a muerte y morirán de la muerte acorde con sus circunstancias personales, a menos que renuncien al dinero que les corresponde.»)

La habilidad del autor para crear una atmósfera de tensión, terror e intriga consigue que la historia se lea con interés y curiosidad, en especial quien no conozca la mencionada obra de Agatha Christie.

El fantasma y Miss Pitt, de Clark Carrados (Selección Terror #488):


Novela bien estructurada: un asesinato en extrañas circunstancias, presentación de los personajes protagonistas, misterio (¿existe el fantasma con el que habla la señorita Pitt? ¿Quién comete los crímenes? ¿Qué ocultan el mayordomo y la doncella?), más asesinatos, sospechosos, diálogos ingeniosos (en especial entre Barnes y  Joyce), un poco de romance, explicaciones, resolución, fin.

Si bien la señorita Arabella Pitt y su fantasma, Francis, dan título a la obra, los verdaderos protagonistas son dos recién llegados, el mayordomo Austin Barnes y la doncella Joyce St Swithin (encargados también de la trama romántica), siendo secundarios el resto del servicio, algunos invitados y las cada vez más numerosas víctimas.

Sigue las convenciones del género (terror y misterio), sabe resolver las diferentes tramas con eficacia y logra que se lea con interés e intriga por saber quién hizo qué a quién y por qué. 

Un solo ataúd, de Silver Kane (Punto Rojo #1):


Tras un punto de partida interesante (la protagonista, Magda, hablando con su difunto prometido, Percy, mientras le vela durante su funeral), la novela no tarda en abordar los asesinatos más o menos siniestros en lugares tenebrosos y, en apariencia, cometidos por Percy, lo que da ocasión a que algunos personajes crean que Magda está algo desequilibrada, algo que ella no intenta desmentir con demasiado entusiasmo, e incluso oculta una información de gran relevancia que solo revela al final, contra toda lógica, cuando conviene al autor.

La aparición de Clive Sanders, un amigo de Percy, cuyas intenciones no parecen del todo claras (¿quiere ayudar a Magda o busca algo?) y los asesinatos hacen avanzar la narración en un tono desigual, que pronto empieza a resultar poco creíble y hasta previsible.


Un ligero misterio, algunas escenas truculentas y el inevitable romance logran que la novela resulte entretenida sin más.

El Aire Tiene Huellas, de Lou Carrigan (Punto Rojo #2):


Como es habitual en las novelas de Carrigan, «El aire tiene huellas» destaca por un tono de humor e ingenio a cargo de un protagonista en primera persona, Conan Stewarts, tan frívolo y superficial como encantador que preside, sobre todo la primera parte de la historia. La segunda mitad, centrada en la «acción» es más convencional e incluye visitas a sospechosos, peleas, romance (entre Conan y Sue Gaskell, enfermera de su tía) y resolución del caso

Un comienzo con connotaciones sobrenaturales (esa llamada que recibe Conan tras fantasear con asesinar a tía Carolina con ayuda de su «poder mental», inspirado por la lectura de un libro titulado «Auténtica Magia Negra») que pronto se abandonan por una trama más convencional y «realista» (¿Intentan incriminarle en el asesinato de su tía? ¿Quién?), diálogos ingeniosos protagonizados por Stewarts y otros personajes, en especial Sue, que le acompaña durante gran parte de la investigación o su amigo, el policía Archie MacRae, son las principales bazas para conseguir una novela muy entretenida aunque su desarrollo es desigual y el final, quizá por la obligada extensión de la colección, es un tanto precipitado.




Otros Bolsilibros Brugera reseñados en este blog:



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