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jueves, 9 de marzo de 2017

Y si fuera cierto, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2017
Longitud de impresión: 155
2.99 €

Argumento:

Fabiola es contratada para escribir una biografía. Cuando llega al pueblo donde tiene que hacer su trabajo empiezan a suceder cosas extrañas.

Comentario:

Alguien que haya leído alguna de las novelas anteriores de la autora podría pensar, tras la lectura de los dos o tres primeros capítulos de «Y si fuera cierto», que, al menos en lo formal, tiene muchas similitudes con estas: narración en primera persona de protagonista femenina en crisis, frases entre lo melodramático, lo superficial  y lo incomprensible, repetitivas, con menos contenido del que aparentan, desorden narrativo (comienza con el viaje y vuelve a un acontecimiento anterior), ausencia de fecha o lugar en el que se desarrolla la historia, palabras usadas fuera de contexto, erratas, puntuación caótica en la que faltan tildes y comas, etc….

Por fortuna, poco después de la llegada de Fabiola a su destino, algunas de estas características empiezan a diluirse. La autora abandona durante la mayor parte de la novela el tono exagerado y las frases tan grandilocuentes como vacías para adoptar una narración sencilla y eficaz, en algunos momentos emotiva, sobre todo en el relato, bastante tópico y por tanto susceptible de despertar empatía, de la vida matrimonial de la protagonista y su ex marido, Ezequiel, o la breve escena que esta comparte con su madre enferma.

También se nota que, además de mejorar la comprensión y facilitar la lectura, la drástica disminución de este tipo de frases permite distinguir la historia bajo la superficie, y el trabajo realizado para dotarla de estructura y coherencia, y de una profundidad ausente en varias de las obras anteriores de la autora, más centradas en el relato de generalidades emocionales que en contar algo con sentido, como sí ocurre en «Y si fuera cierto», obra más «novelada», con escenas, diálogos y un mensaje claro, directo y positivo.

Como ejemplo de estructura destaca la relación entre lo que sucede en la primera parte de la novela y en la segunda (se explica incluso el ruido que hace el tren camino del pueblo), la sutileza con la que a media novela cambia un escenario por otro, o la muy eficaz revelación de los misterios, con un toque fantástico, que rodean el lugar y a sus habitantes, en un crescendo de intriga y curiosidad. Que haya quien pueda deducir lo que sucede en realidad (no es tan difícil) no resta interés a la lectura, ni tampoco la relativa previsibilidad de lo que ocurre tras la revelación, si bien la autora consigue dar un par de sorpresas sin perder la credibilidad (dentro de lo fantástico) de la historia.

La elección de la primera persona (habitual en la obra de la autora) cobra significado y sentido en la historia de Fabiola, en la subjetividad de lo que experimenta. Aunque la definición del personaje no es muy profunda, si está lo bastante caracterizada para mostrar a una mujer en crisis: separada de su marido, con un amante, la madre enferma y una novela que lleva años escribiendo sin ser capaz de terminarla. La estancia en el pueblo, lo que allí vive y las consecuencias, que cambian su vida, son una suerte de viaje iniciático (de nueve meses, como un embarazo) que ordena sus prioridades y le hace tomar decisiones que cambian su vida. El resto de los personajes (Santos, Jacinta, Margaret, Ezequiel, Torcuato…) y sus actos están al servicio de la trama.

En el aspecto fantástico, destaca la recreación del pueblo y sus circunstancias: la sabiduría de Jacinta, los colores, el simbolismo de la hoja de arce roja (en novelas anteriores fue un paraguas rojo o una jirafa albina), a modo de contacto con la realidad, recordatorio de la vida de Fabiola antes de llegar al pueblo, objeto «mágico» que actúa como nexo de unión entre un lugar y otro.

En resumen, pese a las evidentes similitudes entre «Y si fuera cierto» y otras de sus novelas (mujeres heridas, «fantasía», símbolos, cambios, amistad femenina, viajes iniciáticos, relaciones románticas difíciles...), se percibe en esta una evolución (sería mayor con una revisión formal más profunda para «limpiar» la prosa), que la convierte en la que mejor consigue transmitir las inquietudes de su autora.


***T***


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lunes, 20 de febrero de 2017

Media vida, de Care Santos

Editorial: Destino, 2017
Colección: Áncora & Delfín
416 páginas
20.50 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

La noche del 29 de julio de 1950 cinco adolescentes se separan tras un hecho traumático para una de ellas. El 29 de julio de 1981, coincidiendo con el 31 aniversario de lo sucedido y con la boda de Lady Diana y Carlos, las amigas, con 45 años, se reencuentran.

Comentario:

A veces, que satisfaga o no la lectura de una novela depende de las perspectivas que se tengan, lo que se crea que se va a encontrar en su interior. En el caso de «Media vida», el primer capítulo, situado en 1950, cuando las cinco protagonistas son adolescentes, parece sugerir que lo sucedido la última noche que comparten en el colegio donde permanecen internas marcará tanto sus vidas como el reencuentro que tiene lugar tres décadas después. No es así.

Este hecho, relacionado con la culpa, el perdón, el remordimiento, no parece afectar a la mayoría de las implicadas: Marta, Lola y Nina ni siquiera saben todo lo que pasó, Olga ha optado por olvidarlo y Julia, principal perjudicada, ha conseguido, de alguna manera, superarlo, crecerse ante la adversidad, tener la vida más plena y satisfactoria de todas (además de los pasajes más emotivos de la novela).

Quizá por eso apenas se le dedican un par de páginas en el último capítulo, una conversación entre Olga y Julia en la que la primera se diría más impresionada por recuperar sus tijeras de bordar doradas que por  lo que le cuenta la segunda, incluida una «sorpresa» a modo de revelación no tan inesperada, quién sabe si un intento de dar un mínimo de relevancia a lo que pasó en 1950.

Excepto el primer capítulo y parte del último, la novela se centra en relatar lo que ha hecho cada una de las cinco mujeres en los 31 años transcurridos, y lo hace a modo de resúmenes más o menos superficiales, centrados en las escenas que la autora considera importantes (la actuación de los Beatles en Barcelona), si bien retratan más la época que la psicología de sus personajes.

En cuanto a las protagonistas y sus experiencias, a veces resulta difícil situar qué pasa a quién, quizá debido a que (excepto Julia, diputada, feminista, con la historia más interesante) se enfrentan a situaciones similares: matrimonios más o menos infelices, maternidad, vida sexual, frustraciones… lo que da lugar a cierta reiteración en las biografías de las cinco amigas y la impresión, demasiado obvia, de que se las utiliza para hablar de un periodo histórico concreto.

Esto se percibe especialmente en la parte titulada Tenebrismo, durante la que las mujeres vuelven a jugar a las prendas con preguntas acerca de su vida sentimental y sexual, con especial atención a la posibilidad de robar la pareja a una amiga o estar con un hombre mucho más joven, además de indagar acerca de la decisión más importante que han tomado.

Si bien las «sorpresas» que se dan durante la cena en el restaurante de Marta son en su mayoría previsibles o irrelevantes, es apreciable la capacidad de la autora para crear expectativa (la tardanza de Julia en medio de la tormenta) y para dar sentido a la «coincidencia» del reencuentro con la boda de Lady Diana y Carlos, cuyo final es bien conocido con el enfrentamiento de las protagonistas a la realidad de sus vidas, tan alejadas del ideal romántico de la juventud.

En resumen, aunque la novela no cumple las expectativas en cuanto al  «misterio»  que sugiere su primer capítulo, se aprecia la intención de mostrar cómo afectan cierto periodo histórico a las mujeres que lo vivieron y sufrieron, está correctamente redactada y, pese a ser algo repetitiva y un tanto superficial, consigue mantener el interés buena parte de la lectura.


«Media vida» es la novela ganadora del Premio Nadal 2017.


***T***



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lunes, 3 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout

Editorial: Duomo ediciones
Colección: Nefelibata
Traducción: Flora Casas
224 páginas
16,80 €

Argumento:

Lucy Barton rememora los días que su madre le hizo compañía mientras estaba en el hospital.

Comentario (con SPOILERS):

Es difícil comentar «Me llamo Lucy Barton» sin incurrir en el spoilers como ejemplo de los pros y contras de una novela que puede satisfacer, o no, dependiendo de varios factores.

Relatada en primera persona por la propia Lucy desde su presente, la autora rememora, casi a modo de autobiografía, los días en los que se reencontró con su madre durante una estancia en el hospital, lo que le lleva a recordar pasajes de su infancia, y otros momentos de su vida.

Si bien la trama principal es la relación entre una madre y una hija con dificultades para comunicarse, lastradas por un pasado que ninguna de las dos quiere detallar, también son importantes otros temas, como la influencia de la infancia (en este caso traumática) en el desarrollo de las personas, o la literatura utilizada para huir de una realidad desagradable (vivir en un lugar pequeño y frío)  y, después, tras acudir a un taller literario en el que le dicen varias generalidades, como vehículo para expresar vivencias.

Un tema en principio atractivo (la difícil relación maternofilial) parece desaprovechado, en parte debido a la redacción, que opta a menudo por las notas breves, algo frías, con un contenido más intuido o supuesto que plasmado, dejando la interpretación a cargo de quien lee.

Hay también digresiones, como el relato por parte de la madre de diversas anécdotas sucedidas a conocidos de ambas, que pueden interpretarse como una forma más de su negativa a comunicarse, a hablar de las cosas con claridad, algo que elude también Lucy en su novela, cargada de silencios que en realidad nadie parece desear romper.

Curiosamente, quizá por la falta de profundización en los hechos concretos, no da la impresión de que el pasado haya afectado demasiado a Lucy, que se siente culpable por haber escapado de él gracias a los estudios, mientras sus hermanos se quedaban atrás, pero no se esfuerza en relacionarse con ellos. Tampoco parece que le haya influido en su propia vida como madre, que retrata una relación fluida con sus hijas.

En resumen, si bien en la novela se habla de temas interesantes y profundos, la forma en que está redactada atraerá más a quienes gusten de un retrato distante y «realista» y quizá no satisfaga a quienes prefieran historias en las que los personajes evolucionen, cambien, se vean afectados por lo que se relata.

***T***

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jueves, 7 de abril de 2016

Olvidé decirte quiero, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €

Argumento:

Malena rememora su relación con Mario.

Comentario:

«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista (en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que intentan liberarse relacionándose con otros hombres.

También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos. 

En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y «seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos calificar que los humanos sois, grosso modo, idiotas.»

Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad, si continuara con su vida… Y acaba.

En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior obra de la autora.


Citas de «Olvidé decirte quiero»:


Malena, capítulo 1:

« Me llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir, ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
 Y la nada más absoluta me responde con un silencio perturbador.»

Malena, capítulo 2:

« Siempre he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas, a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso, a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que quizá sea este en el que me encuentro.»

Mía, capítulo 27:

«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,


También en este blog:

- Reseña de «La luz de Candela»



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jueves, 28 de enero de 2016

La vigilante del Louvre, de Lara Siscar

Editorial; Plaza & Janés, 2015
250 páginas
17,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Diana, vigilante del museo del Louvre, se siente atraída por uno de los cuadros de la exposición temporal dedicada a la obra de Gustave Courbet.

Comentario:

Si bien «La vigilante del Louvre» narra parte de las vidas de Diana, Isabelle y Claudette, es el cuadro «El origen del mundo», de Gustave Courbet, el gran protagonista de la novela: la forma en que afecta a las tres mujeres sirve para contar su historia y la de la modelo que posó para la obra, en la que hay misterio, escándalo y polémica (al final se aclara qué hechos son reales o no).

Para transmitir la información, la autora hace que cada personajes tenga cierta relación con el cuadro, desde la posesión de un diario que se supone escrito por la modelo, la redacción de una tesis sobre «El origen del mundo» o la fascinación que ejerce sobre Diana, al punto de cambiar su vida y con ello las de Isabelle y Claudette.

La obra da voz a cada una de las mujeres que la protagonizan, en primera persona y señalando al comienzo de cada breve capítulo cuál de ellas es quien toma la palabra, pese a lo cual es posible que al principio cueste un poco ubicar quién es quién debido a que las tres se expresan de forma similar, aunque en cuanto comienzan a desarrollarse sus vivencias y problemas resulta más sencillo diferenciarlas.

Llama la atención, al ser la primera novela de la autora, su capacidad de síntesis (apenas hay digresiones innecesarias): proporciona los datos necesarios para crear intriga e interés y lo hace, en muchas ocasiones, de forma sutil, sugerida, permitiendo que cada cual saque sus conclusiones en lugar de explicar cada hecho y motivo hasta descubrir la relación que las protagonistas tienen con el cuadro y entre ellas.

En resumen, «La vigilante del Louvre» es una novela bien escrita, en la que se consigue conjugar el misterio y el romance con una reflexión sobre el arte, desde una ligera crítica (la presentación de Diana y su percepción del Louvre y las obras que prefieren ver los visitantes) hasta la influencia que puede tener sobre las personas («El origen del mundo» como catalizador, casi una obsesión, para que Diana se descubra a sí misma y actúe en consecuencia).

Cita de La vigilante del Louvre:

«Ni es rincón, ni es tranquilo, ni es museo. Es un circo. La sala de La Gioconda es una verbena continua y no hay mayor premio en la tómbola que hacerse un autorretrato con ella al fondo y desde primera fila. Pueden esperar horas para escalar posiciones y llegar justo a la barra que delimita el área de seguridad. Y allí, en cuanto llegan, se dan la vuelta y de espaldas al cuadro se hacen la foto y se van. ¡Se van! Algunos ni le miran la cara, no caen, no se acuerdan. Están demasiado obsesionados con inmortalizar el momento, guardarlo para luego, compartirlo sin demora en alguna red social. Son centenares los que nunca serán conscientes de que en realidad, y a pesar del testimonio gráfico, ellos no la vieron jamás. Y ahí los tengo, apiñados desde primera hora. Hay que estar alerta a empujones, saltos de altura, lanzamientos, gritos, robos de carteras y tocamientos. Desde el arco de visión de la Mona Lisa, el Louvre no es un museo, es el Moulin Rouge. No es de extrañar que la mujer se ría.»


Enlace relacionado:



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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




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jueves, 16 de julio de 2015

Mujeres de agua, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon
220 páginas
2,25 €

Argumento:

Mena recuerda a su madre, Jimena, tiempo después de su defunción.

Comentario (con SPOILERS):

Mujeres de agua es una de esas obras difíciles de reseñar: son tantas las cosas por comentar, los ejemplos que señalar, que inevitablemente quedará algo sin mencionarse.

Publicitada como segunda parte de En un rincón del alma (aunque se puede leer de forma independiente, ya que en esta se cuentan los principales hechos de la anterior), la historia, narrada esta vez por Mena en primera persona, ocupa buena parte de su extensión en recordar a Jimena, lo que hizo, la relación con su marido e hijos, las consecuencias de sus actos (huída, accidente) etc.

En lo formal se aprecia cierto caos, sobre todo en el primer tercio, tanto en el orden en que se relatan los hechos (la novela «salta» de una escena a otra de manera, en apariencia, arbitraria), como en la secuencia temporal (no se indica en qué fecha ocurre cada cosa. En un momento se sugiere que Adrian y Steven no pueden casarse, por lo que sería antes de 2005, y más tarde se menciona  la crisis, a partir de 2008, pero son «pistas» que no ayudan a saber cuánto tiempo transcurre desde el fallecimiento de Jimena) o los escenarios en los que se mueven los personajes (muchas veces parecen situados en el vacío, debido a la casi total carencia de ambientación u otras indicaciones), lo que puede producir confusión y desconcierto, además de requerir un esfuerzo de concentración para intentar situarse en el tiempo y el espacio.

También contribuye a dificultar la lectura, restándole fluidez, el uso de palabras que se dirían fuera de contexto, dando lugar a frases extrañas cuyo significado se hace difícil desentrañar .(«Pero su belleza y duración son, a veces, una impronta indebida.», «Mi padre permaneció dos meses en un limbo anodino.»,  « La familia, a veces, es más ajena y distante que el vecino trashumante de la habitación de un hotel.», «Que los hechos, dentro de una familia, son como los de una civilización, tienden a redundarse con los años.»).

La inclusión de palabras poco comunes («inquirió», «apostilló» «resoluta»), los párrafos que incluyen frases contradictorias («Presentí que tal vez no volviera a verle más. A saber de él. Al menos no como el Adrian que era para mí, que había sido. Sentí que mi hermano se iba, que se había ido en el momento en que leyó el diario de nuestra madre. Algo de lo que recogían sus páginas le había hecho cambiar. Quizá siempre había sido de aquella manera y yo no me había dado cuenta…») o el uso, erróneo en castellano, del «su» para referirse a partes del cuerpo, además de las múltiples erratas (unas palabras por otras, comas que parecen caídas sobre el texto a su capricho, ausencia de tildes, puntuación…) y cambios de los tiempos verbales de una frase a otra, contribuyen a aumentar la confusión en una narración ya de por sí desordenada y liosa.

Repite información en distintos momentos (la compra del herbolario, la infidelidad paterna, la publicación de las cartas de Jimena, la historia de Adrian, etc), la narración de Mena en primera persona, con las limitaciones que esto conlleva se transforma, cuando le conviene (el relato de la relación romántica/intima entre Remedios y Gonzalo, o entre Amanda y su ex) en omnisciente, relatando pensamientos, sentimientos y todo tipo de detalles que la narradora no podría conocer, algo muy común en novelas escritas en primera persona.

Sin embargo, quizá lo que más llama la atención son las incongruencias y contradicciones de la trama: ¿por qué es negativa la relación entre Jimena, su marido y Sara, y no se cuestiona la de Remedios, su marido Eduardo y Gonzalo?  ¿Cuándo se publican los diarios de Jimena? ¿Por qué no cuenta Mena a Amanda lo de la runa ni le muestra la nota de su marido? ¿Por qué no avisan a la policía? ¿Qué dificultad real hay para que Mena y Jorge estén juntos (algo más creíble que una diferencia de edad de siete años entre ellos, ya que no ven problemas en los quince que hay entre Adrian y Steven)?

Mención especial merece que el hecho de recuperar el herbolario que compartían Jimena, Remedios y Sheela en la anterior novela, En un rincón del alma, utilizado aquí como leit motiv y homenaje a los personajes, apenas se aprovecha más allá del relato de su restauración y posterior destrucción, sin que su nueva existencia sea significativa.

La última parte de la novela, tras demorarse en frases tan melodramáticas como llenas de obviedades, con menor contenido y profundidad de lo que aparentan, parece una carrera hacia el final, un resumen apresurado en el que las protagonistas toman decisiones tan absurdas como apresuradas.

En resumen, Mujeres de agua parece un borrador sin editar, que puede interesar a quienes disfrutasen con la lectura de En un rincón del alma y a incondicionales de su autora.


Cita de Mujeres de agua:

«―Andreas, ¿por qué la llamabas mujer de agua? —le inquirí.
—El agua es el origen de la vida, como vosotras, como todas las mujeres. Se mimetiza con las energías que la rodean, toma mil formas, igual que lo hacéis las mujeres. Además tu madre decía que todos los días importantes de su vida estaban pasados por agua —sonrió—. Ella era todo agua, todo energía y vida. Siempre pensé que algún día se perdería bajo la lluvia, porque el agua era su origen. Cuando se lo decía ella respondía que para protegerse de la lluvia tenía el paraguas rojo que le regaló Sheela.»


Enlaces relacionados:




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lunes, 13 de julio de 2015

El abrazo infiel, de Olvido Hormigos

Editorial: RBA Libros
350 páginas
15€
€book: 7,99 €

Argumento:

Adriana Ortiz graba un vídeo erótico para su amante, quien lo difunde.


Comentario:

Es evidente que buena parte del interés que pueda despertar El abrazo infiel se deba a la escena con la que empieza la novela, esa grabación de un vídeo erótico (y su posterior difusión) que cambia la vida de la protagonista, Adriana, como le sucedió a la autora en su momento. Sin embargo, más allá del morbo de intentar averiguar qué partes son verdaderas o no (sobre todo en las escenas eróticas) quien sea capaz de separar la anécdota real de la ficticia y trascender el supuesto carácter autobiográfico de la historia, se encontrará con una primera obra bastante digna.

En el aspecto formal, llama la atención la casi total ausencia de «vicios» comunes a muchos autores primerizos: no abusa de los adverbios acabados en ―mente, ni de las frases hechas, maneja con soltura el flashback (tras saltar el escándalo se retrocede al momento en que se conocieron Adriana y su marido Antonio, entonces Toni) y, si bien utiliza mayoritariamente el punto de vista de la protagonista, en tercera persona, cambia con destreza al de Antonio, Rafa o Malena cuando considera necesario comunicar lo que piensan estos personajes. Además maneja con soltura el recurso de «crear intriga» al final de algunos capítulos, posponiendo la resolución de algún conflicto.

También destaca la capacidad de la autora para crear escenas significativas, tanto en las conversaciones entre los personajes como las de contenido erótico, resueltas con elegancia (quien espere un lenguaje vulgar o prácticas poco convencionales sufrirá una decepción) y siempre al servicio de algo, ya sea para resolver un conflicto, emocional o psicológico, o para dar profundidad a la personalidad de los protagonistas: debilidad, fortaleza, venganza, dependencia mutua, acercamiento, amor etc…

Los personajes principales (en especial Adriana, Antonio, Rafa y Malena) están dotados de una complejidad mayor de lo habitual: bien definidos tanto en lo emocional como en lo psicológico, actúan en base a las características de las que les ha dotado su autora y, si bien es cierto que alguno (Malena) es algo tópico y previsible en su papel de villana, también lo es que son bastante «reales», creíbles en sus conflictos, con quienes se puede empatizar en algunas ocasiones, rechazarles o compadecerles otras.

Otra característica poco habitual en una primera novela, es que trasciende el mero entretenimiento para tratar otros temas. Un ejemplo sería la falta de «humanidad» o empatía de algunos medios, capaces de «destrozar» a alguien por la audiencia. También critica la hipocresía social, que castiga a la autora del vídeo pero no a quien lo difunde, o a quienes reprochan su difusión pero lo miran y comentan.

De alguna manera, El abrazo infiel es una novela inciática que muestra el camino de la heroína hacia su libertad. A partir de la publicación del vídeo, la vida de la protagonista sufre un vuelco que no le deja otra opción que huir hacia delante, convertirse, como ella señala, en una versión de lo que la acusan, pero no en una puta, sino en una mujer libre. Para realizar esta metamorfosis Adriana regresa brevemente a su pueblo, Pozoamargo, un retorno simbólico a la época, antes de Toni, en que era feliz, se enfrenta a escollos y «ataques», ajusta cuentas tanto con el amante, Damián, como con el marido, y al final alcanza su meta en un final «abierto» que da testimonio de su logro.

En resumen, El abrazo infiel es una novela correctamente redactada y estructurada, en la que apenas se aprecian digresiones o texto sobrante (quizá el encuentro en el cine, cuya única finalidad parece ser incluir otro encuentro erótico de Adriana), se lee con agrado e interés, tan romántica como crítica, y en la que da la impresión de que la autora ha querido contar su versión de los hechos, exorcizar y superar lo sucedido.  



Cita de la novela (con SPOILERS):

«—Perdóname...
—No tienes que pedirme perdón, estamos a la par. Pero lo que le habéis hecho a mi tía no tiene nombre. Ella nunca ha querido pertenecer a este mundo. Esa zorra de Malena le tendió una trampa y tú no hiciste nada para salvarla.
—Te juro que lo intenté, te doy mi palabra.
—A estas alturas tú y yo ya no nos engañamos. Los dos sabemos lo que pasó: la entrevista era jugosísima. Lo tenía todo: morbo, una interlocutora inocente a la que manipular, la exclusiva... No me extraña que no te dejaran pararlo todo... Lo que no sé es hasta qué punto lo intentaste. Tú y yo sabemos muy bien cómo funciona el directo: siempre hay una salida, siempre puedes gritar, o dar un puñetazo en la mesa si quieres callar a alguien. Las consecuencias vienen después, con disculpas y despidos si es preciso... Y eso fue lo que te detuvo. Te importan demasiado el programa, tu nombre y tu puesto, como para sacar los pies del tiesto. Está visto que no lo harías ni por mí.
—Adriana, no digas eso, por favor...
—Enhorabuena —le interrumpió—, gracias a tu querida Malena, ahora ya eres el locutor más famoso de España.
—La echaré, haré que la despidan. La culpa es toda suya —insistió.
—Sí, seguro que ahora ella es la periodista más odiada de España, pero el caso es que no me importa. Ya no me importa ella, ni tú, ni el programa. Todos tenemos lo que queremos: tú eres el más famoso, ella será la periodista mala que más dará que hablar estos días, mi tía se siente como una mierda... Y yo...
—¿Qué? —preguntó Antonio con miedo de lo que le pudiera responder—. ¿Qué eres tú, Adriana?
—¿Yo? Yo soy la mujer más libre de España —contestó convencida, y de pronto lo vio todo claro, y llegaron hasta su boca un montón de palabras que explicaban esa claridad en su pensamiento—. Ya no me sentía deseada por mi marido y me decidí a hacer eso que todas las mujeres casadas y aburridas sueñan pero no se atreven a hacer realidad: me lié con un chico joven, guapo y cachas, y no por amor, solo por sexo, porque quería disfrutar con él como ya no lo hacía contigo. Yo me atreví a ser infiel, a tener una aventura y sentirme viva, y la gente me critica solo por eso, por atreverme, por buscar lo que no tenía: emoción, riesgo... Yo no he matado a nadie, no soy una asesina ni una criminal; únicamente buscaba algo de placer en mi vida y no me arrepiento. Para muchos seré la más puta, a lo mejor para ti también, pero ya estoy harta de agachar la cabeza, de pedir perdón, de esconderme, de intentar pasar inadvertida y sentirme culpable cada vez que alguien me mira mal o me critica solo por tener el valor de salir de la rutina y añadir algo de pasión a mi vida. Al único que tenía que dar cuentas era a ti, a nadie más, pero ahora tú me has liberado. Puede que yo sea la más puta, pero todos habéis salido ganando: Malena con la entrevista del año, tú eres de pronto el hombre más compadecido, el más leal por seguir conmigo a pesar de todo, el mejor marido... ¿Eso es lo que buscabais? Pues me alegro, porque yo también voy a tener lo que quiero: desde ahora voy a ser solo quien quiero ser. ¿Sabes qué, Antonio? Ya no me siento culpable. No he robado, no he insultado, no he cometido ningún delito... Y a partir de ahora, voy a hacer lo que me dé la realísima gana.»



***T***

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miércoles, 20 de agosto de 2014

Nubes de algodón, de Carmen Alcayde

Editorial: Suma de letras, 2014
320 páginas
17 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

Estela Cruz, autora de libros de autoayuda, se enfrenta a la realidad de su vida.

Comentario:

La novela está redactada en primera persona por Estela, siendo ella el personaje mejor desarrollado, mientras que el resto, mostrados a través de sus ojos, son secundarios al servicio de las tramas que afectan a la protagonista.

Quizá por utilizar esta forma de redacción, y dado que el tema central de la novela es la crisis existencial de la protagonista,   apenas hay ambientación  ni descripción de lugares o personas, centrándose en las reflexiones de Estela sobre su vida pasada, presente y futura, los libros que escribe, lo que descubre sobre sí misma o los demás y cómo evoluciona, y reacciona, ante las situaciones que se le presentan.

La autora, que ha declarado ser lectora habitual de libros de autoayuda, hace que su protagonista cite repetidamente fragmentos de sus propias obras logrando que suenen creíbles y que cada pasaje parezca encajar con el título de cada uno de los tres libros escritos por Estela.

Citas de la novela: 

«El buen rollo se instaló en aquel lugar elegido por Cintia. El último grito en Madrid, que parecía inventado para acoger a mujeres como nosotras. Fantásticas por fuera y llenas de taras por dentro. Pocos hombres en la sala, tampoco hacían falta. A la conquista de la noche. Finalidad: olvidar que más allá de ese salón de grandes ventanales rodeado de sauces llorones la vida con la que soñamos de niñas se nos estaba escapando. Nuestros príncipes ya empezaban a croar como ranas, y nuestra agenda de baile permanecía oculta en algún lugar recóndito. Escuchando nuestro alboroto, nadie habría sospechado nuestras carencias, pero yo conozco a mi género. Una mujer feliz no ríe tanto, ni tan alto. Nosotras usamos la estridencia como medio para no escucharnos.»

***T***

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miércoles, 16 de julio de 2014

Mañana, a las seis, de Raquel Sánchez Silva

Editorial: Planeta, 2014
380 páginas
18,50 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Lucía sufre una crisis al enfrentarse a la ruptura con su pareja César, y la enfermedad de su madre, Aurora, lo que propicia que inicie una relación con Román, un hombre peligroso.

Comentario:

Aunque en algunos medios se prefiere resaltar la parte erótica, esta es, como dice la propia autora, una parte mínima de una novela que trata temas importantes, entre ellos enfrentarse a la pérdida de una persona amada, a una traición o a una ruptura de pareja.

De hecho las escenas de sexo son breves, casi elegantes, no se recurre al exceso descriptivo ni se intenta llamar la atención sobre ellas más allá de lo necesario para mostrar la dependencia que siente Lucía por Román y por el mundo que él le muestra.

La  novela, redactada en tercera persona y escrita con un oficio mayor del habitual en una primera obra, está protagonizada principalmente por mujeres (Lucía, Aurora, Gloria, Marisol), cuyos puntos de vista se alternan para mostrar tanto sus vidas interiores como la manera en que se ven afectadas por hechos externos a ellas o las relaciones de amistad y cariño que se establecen entre varias de ellas.

Román, César, Freddy o León tienen roles secundarios de diferente relevancia: sirven como desencadenante de situaciones y emociones, consuelo, pasión, etc, e incluso se muestra lo que piensan varios de ellos, si bien solo en instantes puntuales.

Destaca el tono de la narración, en ocasiones intimista, otras poético, incluso simbólico y fantástico, y la profundidad y sensibilidad poco habituales con que la autora trata temas psicológicos y emotivos, con los que resulta fácil empatizar. Por ejemplo la enfermedad de uno de los personajes y cómo afecta a los demás, la dignidad, amor y belleza que presiden cada escena relacionada con ella: as conversaciones, reflexiones y emociones.

Hay también varias incursiones al pasado, recuerdos de la niñez de Lucía (el espionaje de las conversaciones telefónicas maternas, un recorrido casi onírico y simbólico por la ciudad), que indican la difícil relación entre ella y Aurora, y cuya falta de resolución (hablan de otras cosas, pero no de esas) puede llevar a preguntarse para que se incluyen en la obra.

Cerca del final, la autora da una vuelta de tuerca a la historia, de la que apenas se dan indicios, implicando a Lucía en una venganza que, unida a su crisis sentimental, la enfermedad de Aurora dotan a la novela de varios mensajes dan sentido, finalidad y profundidad al viaje iniciático de Lucía.

En resumen, «Mañana, a las seis» trata temas importantes con sensibilidad y profundidad, que no merece la etiqueta de erótica con la que se la quiere publicitar, beneficiada por la calidad de la redacción y por un final poco convencional.


Cita de la novela: 
«Cuando llegaba la mañana, aún con el pecho encogido por el miedo, buscaba el amparo de su madre como un animal herido su guarida. Verla la apaciguaba y la desequilibraba por igual. Era su madre, una mentirosa dañina en su juventud e inofensiva ahora que con la vejez había llegado también la incapacidad de movimiento. Probablemente, en este instante de sus entrelazadas vidas, Lucía tenía más posibilidades de ser la mala. Dado su control sobre la situación, era ella, la hija, la que podía destrozar el mundo de su madre aunque ya no encontrase ningún placer en semejante ataque. La relación entre ambas era de una subyugante dependencia que las hacía, a su vez, inmunes a la dependencia de un tercero. Eso siempre las unió y las hizo únicas. Tantos años después, se querían con locura. Locura real. Para evitar que esas fuerzas chocasen hasta la extinción, Lucía había buscado, hacía ya más de diez años, un piso cercano al último hogar que compartió con Aurora. Un lugar para hallar una distancia suficiente pero salvable. Desde esa distancia mínima, más próxima a la vecindad, había preparado una vida llevadera para su madre.»


***T***


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miércoles, 16 de abril de 2014

La luz de Candela, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2014
320 páginas
19,50 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

Candela rememora su relación con Manuel.

Comentario:

«La luz de Candela» está redactada en primera persona por su protagonista a modo de reproche dirigido al que fuera el gran amor de su vida, Manuel, alternada con poemas, micro relatos (cuya inclusión no parece tener una finalidad concreta) y los monólogos (y algún diálogo) de la madre y amigas de Candela (quizá para «hablar» de distintos tipos de amor, desamor, mujeres, los hombres de sus vidas, dependencia emocional etc).

La forma de narración escogida, en la que priman las emociones de la protagonista sobre los motivos que la llevan a enamorarse de un hombre cuyas virtudes parecen concentrarse en la belleza exterior y las cualidades amatorias, a depender de él, ver que su obsesión no es correspondida, romper y comenzar un lento y dificultoso desenganche, da una impresión de reiteración en las mismas emociones, de masoquismo disfrutado y deliberado, quizá buscada por la autora.

A lo largo de la obra, tanto Candela como sus amigas hacen referencia a películas, series de TV y novelas relacionadas con el amor y, mayoritariamente, su idealización romántica («Sexo en Nueva York», «Los puentes de Madison», «Memorias de África» etc…) incluyendo el inevitable homenaje o versión de la «Lolita» de Nabokov en una imaginaria carta de Manuel a Candela, escrita por ella en el capítulo 57:

«Candela, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Can-de-la: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Can.de.la.»

Apenas hay diálogos, y los que se incluyen son, sobre todo, «duelos» de ingenio con las amigas (Jimena, Malena y Berta), quedando Manuel desdibujado, a merced de los recuerdos e impresiones de Candela, quien da monótonas vueltas en torno a lo que parece más una obsesión basada en el sexo (son las escenas que más ampliamente describe) que un amor real (la relación de ella con su primo Jota, o León, por el personaje de Jean Reno en «El profesional (León)» se muestra como más profunda y sana).

Y de pronto se acaba. Transcurridos varios años de la ruptura, y un par de hombres «terapéuticos» después, sin una escena especial que muestre el «desenganche», Candela cuenta a ese Manuel que seguramente no se enterará de ello cómo ha cambiado su vida y ya…

En conclusión: «La luz de Candela» es una novela relatada casi como un resumen, sin mostrar escenas ni conflictos reales, basada en las emociones de la protagonista, con digresiones (las amigas) que aportan poco al romance, aunque intentan servir de reflexión, muestrario y leve crítica tanto de cierto tipo de hombres y relaciones como de la imagen que dan el cine y la literatura del amor romántico. Para incondicionales de las historias emocionales.

Cita de la novela:

«—Doy gracias a la vida por la existencia de Brad Pitt.
Ese ha sido el mensaje que he encontrado en mi móvil al despertarme esta mañana. Es lo que ocurre cuando tienes una amiga viviendo a diez mil kilómetros. El cambio horario nos obliga a llevar una comunicación virtual a lo Lady Halcón. Es una especie de correspondencia 2.0. Es decir, en lugar de comunicarnos con cartas, nosotras hablamos a través de Whatsapp, correo electrónico o Skype. Hoy hemos podido charlar un rato.
—Confiesa, Jimena, ¿cuál te has puesto esta vez?
—Leyendas de pasión. Lo sé, Candela, soy una cursi con lazos rosas y mariposas. Soy la Mariah Carey de los expatriados en Tailandia.
—Leyendas de pasión es un peliculón. Nunca lo reconoceremos ante un hombre para que no lo utilice en nuestra contra, pero eso es así.
—Cierto. Y Pitt está enorme, en el sentido más amplio de la palabra.
—La verdad es que el muchacho está guapo subiendo al caballo, bajando del caballo, acariciando el caballo...
—¡Y sin caballo! Me ha alegrado el día este hombre.
—Hablando de grandes joyas del cine, no entiendo cómo siempre aparecen en lo más alto de las listas Ciudadano Kane, El gran dictador y otras películas de medio pelo y nunca aparece Dirty dancing.
—Tienes tanta razón, criatura. Con la de buenos ratos que nos ha regalado el malogrado Patrick. Esos domingos por la tarde en el sofá tarareando Time of my life.
—Ese hombre varonil entrando en la sala (un pelín sobreactuado y algo hortera, cosa que tampoco reconoceremos en público), desafiando al padre rancio, burlando a la cansina de la hermana (porque es muy cansina...) y agarrando a Baby del brazo para decirle la frase más célebre de la historia del cine. LA FRASE.
—«No permitiré que nadie te arrincone.»
—Si me hacen eso alguna vez, juro (LO JURO, Candela) que me caso con ese galán.»

***T***

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