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viernes, 15 de noviembre de 2013

As de corazones, de Antonia J. Corrales


As de corazones
Editorial: Vergara, 2013
272 páginas
14 €

Argumento:
Las vidas de Ayala, Bastián y Samantha se entrecruzan a lo largo de los años en diferentes paisajes y situaciones.

Comentario:
As de corazones es una novela de personajes y sentimientos, en los que el misterio que rodea al trío protagonista se diría más una excusa para incidir en el "romance" que un intento real de crear intriga (es fácil que personas que lean habitualmente deduzcan enseguida lo que pasa, aunque la autora no lo revela hasta la última parte de la historia), ya que se van soltando sugerencias e insinuaciones (quién sabe si buscando que se adivine o solo intentando crear expectativa) a lo largo de la narración por parte de los tres implicados.

Curiosamente, cuando al final se revela el misterio, se descubre también que varios personajes tenían conocimiento del mismo y han adoptado una actitud de silencio y ocultación tan chocante como incomprensible y carente de lógica y credibilidad, sobre todo en cuanto a un hecho del pasado, que condiciona el presente, forzando de forma inverosimil que se acepte cierta situación.

La historia está contada en primera persona a modo de reflexiones y recuerdos de Samantha, Ayala y Bastián, cuyas «voces» pueden confundirse en ocasiones, pese a que cada capítulo comienza con el nombre de quién lo relata, pues todos ellos utilizan similar tono (entre lo dramático y lo pretendidamente poético) y vocabulario, aunque uno de ellos sea un hombre y que la desaparición de Samantha como narradora apenas alteraría el contenido de la obra.

Ellos tres son los buenos de la historia (pese a la insistencia de Samantha en su maldad), frente a otros, como los tíos, cierto militar y algunos más que parecen representar el mal por el mal, aunque también hay personajes positivos, sobre todo por parte de Ayala, si bien dos de ellos, Víctor y Anthony, tienen roles similares y poco convincentes.

Esta redacción en primera persona, que quizá intenta implicar a quien lee con quienes cuentan sus vidas, tiene como consecuencia involuntaria un tono a veces discursivo, que cuenta las cosas más que mostrarlas, sin apenas diálogos, que cuando aparecen resultan casi irrelevantes y poco representativos, como también lo es la subtrama relacionada con cierto manuscrito y su autor pese a propiciar el encuentro de dos personajes o la demasiado casual y oportuna intervención del mentado coronel.

La obra contiene también varias repeticiones de información (algo que afecta sobre todo a dos de los protagonistas), algún «momento Wikipedia» (Tanzania y el Kilimanjaro), cierta crítica (a Dios, al mundo editorial) que resulta tan tópica como superficial y un simbolismo que pasa de los paraguas rojos de una novela anterior de la autora, En un rincón del alma, al de las amapolas y las jirafas albinas en esta.

Cabe destacar además, cierto tono anticuado, tanto en las actitudes y comportamientos de los protagonistas como en la propia ambientación de la historia, con detalles tan vagos que se hace imposible distinguir en qué época se desarrolla.

Quizá la mejor baza de la novela es su carácter intimista, el tono poético y el conflicto que atormenta a los personajes, lo que puede crear en algunos lectores la buscada implicación emocional que consigue que una lectura resulte satisfactoria.

***T***

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

viernes, 24 de mayo de 2013

Reír al viento, de Sandra Barneda

Editorial: Suma de Letras, 2013
620 páginas
19,50 €
E-Book: 8,99 €
 
Argumento:

Álex realiza un viaje a Bali para encontrarse a sí misma.

Comentario:

En la mayoría de las sinopsis que se hacen de Reír al viento se dice que es una novela intimista en la que destaca una trama de misterio centrada en la desaparición de Hendrick, un joven surfero con el que la protagonista, Álex, ha tenido una breve relación al poco de llegar a Bali, algo que puede ser decepcionante para quien la lea esperando que habrá alguna investigación.

En realidad las apariciones del inspector jefe Mulyadi para interrogar a Álex o darle datos confusos sobre la desaparición de varios jóvenes que cobraban por relacionarse con turistas no aportan nada a la historia personal de la protagonista, sino que dan la impresión de pegotes irrelevantes. De hecho, si se quitara toda la subtrama y el joven se limitara a desaparecer tras las horas que pasa con Álex en la cama no pasaría nada, incluso mejoraría la novela al eliminar una expectativa (misterio, crimen, investigación) que nunca llega a cumplirse y puede llegar a decepcionar.

El tema central de la novela es el viaje, tanto el físico, por Bali, como el interior, en el que la protagonista se cuestiona toda su vida en un intento de encontrarse a sí misma. Así, mientras la autora describe tanto los paisajes y costumbres balinesas como diferentes actos culturales y turísticos, Álex se hace preguntas a sí misma, vive experiencias catárticas que le muestran diversas facetas de su personalidad, traumas que resolver o un nuevo romance con una persona inesperada.

En este sentido casi es un viaje iniciático de manual, en el que la "aventura” exterior conlleva y promueve la interior, para lo que se utiliza también a una serie de personajes secundarios que cumplen diferentes roles, desde el maternal/mentor de Blanca al romántico de Hera o las distintas facetas femeninas que muestran las hermanas María y Raquel. También los hombres: el ex (Gonzalo) el hijo (Yago) o el amigo (Pablo) contribuyen a recrear el retrato de una Álex en continua búsqueda de su identidad.

Si bien la novela está sorprendentemente bien escrita para ser la primera de la autora y maneja con destreza distintos recursos narrativos (adecuada primera persona, cartas intercaladas en el discurso de Álex, abundantes diálogos, recuerdos, ensoñaciones), llega un momento en que se ve lastrada por una sucesión de experiencias que siguen el mismo esquema, lo que puede llegar a resultar cansino y exasperante. Y es que en este viaje iniciático se describe con excesivo detalle tanto las excursiones externas como la forma en que afectan a la protagonista, en una especie de bucle repetitivo que acaba perdiendo frescura e impacto además de aumentar sus ya excesivas páginas.

La inclusión de numerosas  frases en inglés y la necesidad de quienes no conozcan el idioma de buscar su traducción a pie de página son otro lastre, más frustrante por la irrelevancia de estos diálogos, cuya eliminación no sólo no afectarían a la novela, sino que darían mayor fluidez al texto, pues parecen mera “ambientación” fallida.

En resumen, una novela de mujeres y para mujeres, un viaje cuya aventura interior es más relevante que la exterior, en la que Álex, en una estructura circular, va a Bali en dos ocasiones, por diferentes motivos y en distintas circunstancias, que muestran la evolución de la protagonista entre ambas, más recomendable para quien le interesen las historias intimistas que para quien busque una inexistente trama de misterio o acción.


***T***


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martes, 23 de abril de 2013

La felicidad es un té contigo, de Mamen Sánchez


La felicidad es un té contigo, de Mamen Sánchez
Editorial: Espasa, 2013
ISBN: 9788467021240   
336 páginas 
19,90 €
EPUB: 13,99 €
Argumento:

Atticus Craftsman viaja a Madrid para cerrar la revista literaria Librarte porque ya no da beneficios. Las cinco mujeres que componen la plantilla intentarán convencerle de que no lo haga.

Comentario:

Aunque la novela comienza con Marlow Crofstman acudiendo a la policía para denunciar la desaparición de su hijo Atticus, pronto se percibe, en ese mismo capítulo relatado bajo el punto de vista del Inspector Manchego (en realidad Alonso Jandalillo, que ha adoptado el alias de algunas de sus operaciones de campo, en uno de los muchos guiños literarios que hay en la obra), que no se adscribe a un solo género, que tiene tanto de comedia como de drama, romance, magia, literatura y un optimismo que se impone sobre las desventuras que suceden a sus protagonistas.

Mediante una variada, y amplia, colección de personajes, desde las cinco mujeres que trabajan en Librarte a la familia Crafstman, las tramas de la historia avanzan con una fluidez que sugiere tanto una detallada planificación como que la autora se ha implicado con sus protagonistas, con la historia que narra y los temas que trata.

Mientras los Craftsman, Marlow, Moira y su hijo Atticus, muestran la forma de ser británica, las empleadas de Librarte y Manchego son la española, y la abuela Remedios representa a la familia Heredia, al duende granadino, una magia que influye sobre todos los personajes, cambiando sus vidas.

Las referencias culturales van desde la costumbre de los Craftsman de poner a sus hijos nombres de personajes de novelas de culto (Sherlock, Dorian, Marlow, Holden, Atticus… ) a la “aparición estelar” del fantasma de J. R. R. Tolkien acompañado de un Hobbit en la habitación que ocupó durante su estancia en Oxford, las menciones, relevantes para la historia, de Lorca y Hemingway o la “biblioteca erótica” (Duras, Lawrence, Miller, Nabokov y Sade) que Atticus lleva siempre consigo.

La novela está escrita con una prosa muchas veces poética, intensa, vívida, visual, lo que junto a los mencionados múltiples puntos de vista y el constante avance de todas las tramas, da una impresión de continuidad que apenas permite percibir que en ocasiones, sobre todo en los capítulos finales, hay algunos pasajes que alargan la historia sin aportar nada nuevo.

En resumen, la variedad de tramas, personajes y puntos de vista, el tono entre la comedia, el drama y la magia, el relativamente poco hincapié que se hace en el romance (Soleá y Atticus no se conocen hasta transcurrida una cuarta parte y son solo una parte más de ella), el amor a la literatura e incluso que todos los finales sean felices y optimistas hacen de La felicidad es un té contigo una novela de lectura agradable y entretenida. Y, además, está bien escrita.

Extractos:

Por su parte, Atticus, convencido de que el té lo curaba todo, desarrolló una adicción más psicológica que física hacia el Earl Grey y decidió viajar a todas partes con su kettle a cuestas, igual que algunas mujeres viajan con su secador de pelo.
A solas en su habitación, enchufó la máquina, la llenó de agua, esperó hasta que se encendió la luz del indicador y entonces se maldijo por haber hecho la maleta con tantas prisas, con cuatro pintas en el cuerpo y con la cabeza embotada. Se le había olvidado la taza. Su taza.
No era un maniático. Ni un fetichista. Pero sentía hacia aquella taza la misma devoción que otras personas sienten hacia sus mascotas. Se llamaba Aloysius, la taza, en honor al oso de peluche de Sebastian Flyte en Retorno a Brideshead, y así se lo había hecho estampar en letras negras sobre la porcelana blanca a un artesano de Kensington. Sacó un vaso del armarito del minibar. Derramó el agua hirviendo sobre la bolsita. El cristal se empañó. Qué fastidio.

***

Por muchos años que le quedaran de vida y aunque la Tierra sufriera una segunda Pangea y los continentes perdieran la orientación en la inmensidad de los océanos, Atticus Craftsman no olvidaría jamás la entrada de Soleá Abad Heredia en su recién estrenado despacho de la calle Mayor de Madrid.
Aquella mujer le atravesó cuerpo y alma de una sola cuchillada.
Si no hubiera sido por su educación británica, se habría permitido perder definitivamente la compostura en vez de tratar de conservarla torpemente, tropezándose con los muebles de la habitación, derramando el vaso de agua, tartamudeando y cojeando. Aullando de deseo lobuno.
Era una bruja, no cabía duda ninguna. De hecho, todas ellas lo eran. Cinco brujas en aquelarre, preparando potingues y filtros de amor en sus marmitas de cobre. Cómo si no podría explicar él, un hombre de mundo, educado en Oxford y con una madre tan hierática como la suya, semejante reacción animal ante una criatura como Soleá.
La muchacha tenía ojos de gato. Sin cerco blanco. Azules como el mar, grandes como la luna llena.
Y movía las manos en círculos, los dedos como abanicos que se abren y cierran ante la indefensa víctima de sus hechizos.
Tenía el pelo negro, muy negro. Y largo hasta la cintura, con una onda en algún punto, indescriptible, entre el cuello y el vientre. Olía a flores de azahar —eso lo supo después, cuando viajaron juntos a Andalucía— y se movía con la soltura de una hebra de hilo en una corriente de aire.


***T***


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