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jueves, 23 de febrero de 2017

El Motel del Voyeur, de Gay Talese

 El motel del voyeur
The Voyeur's Motel
Gay Talese
Traducción: Damià Alou
Alfaguara
232 páginas
Argumento:

El periodista Gay Talese nos cuenta las vivencias de un voyeur americano.

Comentario:

La mayor gracia de esta obra, encuadrada en el género de no ficción, es el morbo que podrían suscitar las memorias del dueño de un motel, dedicado a espiar a sus clientes, algo que, salta a la vista, es de una muy dudosa moralidad, y hasta delictivo.

Se supone que este hombre se puso en contacto con el periodista Gay Talese para hacerle llegar sus escritos, y que incluso este compartió algunas sesiones de "espionaje" con él. Durante años estuvieron en contacto  para hablar del tema, hasta que finalmente, al prescribir el posible delito en el que hubiera incurrido (las acciones principales tuvieron lugar sobre los años setenta), se decidieron a darle forma y sacarlo a la luz.

El resultado es muy irregular. Talese nos da variadas explicaciones sobre la forma en que hizo su obra (lo que en cine sería una especie de making of), sus relaciones y correspondencia con el dueño del motel, sus encuentros y charlas, así como la escabrosa situación en que el segundo le mostró su método de modo práctico, en un tono periodístico y aséptico.

Intercalado en el texto  están las memorias propiamente dichas, o extractos de estas, con diferentes episodios de diverso grado de escabrosidad, pero tampoco en exceso descriptivas. El dueño del motel también incluye el relato de su modus operandi, describiendo las obras que hizo en el motel para crear puntos de observación, disimulados con rejillas, y reflexiones (algunas de ellas prosaicas, pero otras bastante interesantes) sobre la sexualidad tanto propia (su fijación infantil con su tía, sus experiencias con varias mujeres, la complicidad de estas con sus actos de "mirón", etc) como de sus clientes, y cómo esta fue cambiando a lo largo de las décadas en que se dedicó a "estudiarlos".

El autor nos narra encuentros entre parejas casadas, adulterios, tríos, actos homosexuales, incluso algún incesto, sin olvidarse de opinar y comentar sobre lo que ve. En general, parece tener la opinión de que las relaciones sexuales de la mayor parte de la población son muy mediocres y básicas, poco satisfactorias, salvando, caso curioso, a las lesbianas, que según él ponen más amor y entrega.

El libro no me gustado mucho. Llega a ser repetitivo en algunos aspectos; como punto positivo no resulta demasiado explícito o al menos no se regodea demasiado en las descripciones. Obviamente, no está bien espiar a gente que va a tu negocio, pero el dueño del motel parece querer justificarse aludiendo a una "manera informal de hacer un estudio sociológico sobre la sexualidad", al estilo de Masters y Johnson pero sin que los sujetos tuvieran conciencia de ser estudiados.

Para colmo de males, hay dudas sobre la veracidad de toda esta historia, ya que al parecer algunas informaciones apuntan a que varios datos dados por el dueño del motel no coinciden con la realidad.

En resumen, un libro solo apto para curiosos de la vida sexual y sociología. Los que busquen porno lo llevan mal; y los que busquen buena literatura, aún peor.

Fragmento

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viernes, 19 de agosto de 2016

Instrumental, de James Rhodes

 Instrumental
Título original: Instrumental: A Memoir of Madness, Medication and Music
James Rhodes
Traducción de Ismael Attrache
Editorial Blackie Books
288 páginas


Argumento:

El concertista de piano James Rhodes nos cuenta, con desgarro, crudeza y sinceridad, su autobiografía, centrándose, sobre todo, en las violaciones que sufrió de niño y en su carrera musical.

Comentario:

La exitosa obra "Instrumental", lleva, al parecer, más de 50.000 ejemplares vendidos en España, lo cual es muchísimo, y más teniendo en cuenta que se trata de una obra de no ficción, en concreto, de una autobiografía.

En el aspecto literario, sin embargo, no es muy destacable. Hay una enorme desproporción entre la cantidad de páginas dedicadas a contar los efectos de los abusos sexuales sufridos por el autor (que ocupan la mayor parte del libro) y su faceta como intérprete de piano, hasta el punto de que, en algunos momentos, no parece exactamente una autobiografía, sino más bien un "testimonio" o confesión, escrito en un tono desenfadado, con el que el autor se desahoga como si fuera una terapia. Incluso, al final, roza el estilo de la autoayuda, al mostrar a un hombre exitoso gracias a la música y el descubrimiento de ciertas verdades de la vida. Hasta se permite dar consejos para lograr la felicidad.

Aunque en parte se sigue el orden lineal de narración de los acontecimientos biográficos, a menudo se aprecia cierto caos en la forma de contarlos. Cada capítulo, o tema, como lo llama el autor, se inicia con una breve anécdota relacionada con músicos o intérpretes, más o menos conocidos para los legos, que tuvieron influencia en la vida de Rhodes o con los que establece paralelismos, con una especial incidencia en el tema de la salud mental o existencias desordenadas de dichos personajes.

El autor dice negarse a contar detalles sobre las violaciones, lo cual me parece una decisión acertada, para evitar, como él mismo explica, satisfacer el morbo de la gente, pero resulta cuanto menos chocante que luego, en otros aspectos, no sea precisamente parco en palabras: intentos de suicidio, drogas, borracheras, promiscuidad sexual, delirios, autolesiones con cuchillas, las secuelas físicas y enfermedades derivadas de la violación, como los problemas intestinales y las operaciones de columna..., y demás hechos en los que se recrea y regodea.

A toda esta crudeza descriptiva se une un lenguaje agresivo y directo, que hace que este libro no sea apto para personas sensibles. El tono coloquial también está presente cuando habla de la música, a la que él reconoce como salvadora. Al final, en los capítulos dedicados a su oficio de pianista, arremete contra el "sistema" cultural británico y sus gurús, como si de un panfleto se tratara, muy poco sutil y con más visceralidad que análisis, envolviéndose en un aire de "enfant terrible", rompedor e iconoclasta.

El exceso de crisis psicológicas, tics, manías, medicaciones, entradas y salidas de centros psiquiátricos, egocentrismo, inmadurez, narcisismo, autocompasión  y demás, llega a agotar un poco. A mí, en concreto, llegó un punto en el que me saturó tanta caída en el pozo, salida y vuelta a caer. Al menos, el autor reconoce su victimismo y lo cuenta con una cierta dosis de ironía y humor que lo hace un poco más llevadero. Pero, de todas formas, un poco de contención y elipsis habría venido muy bien para evitar la sensación de historia repetitiva que no avanza.

También llama la atención que, después de casi un ochenta por ciento del libro dedicado a desgracias, locura, autodestrucción, enfermedad, dolor, etc., del que parece imposible que pueda salir indemne una persona, de pronto, casi como por ensalmo, el autor conoce a la gente adecuada y se hace famoso, lo llaman para hacer programas en la tele, le financian un disco, tiene éxito, se hace amigo de Stephen Fry (y de Benedict Cumberbatch, con quien estudió en el colegio)...  Y por si fuera poco, después del abandono de su mujer, tiene una revelación, se da cuenta de cuál es el camino correcto hacia la felicidad y todo adquiere un tono optimista, en un giro, a mi modo de ver, muy brusco.

Resulta curioso que en un libro que trata de la vida de un intérprete de piano se hable tan poco de su oficio. Es cierto que suelta notas curiosas, como la dificultad de ciertas piezas, la digitación, su comienzo tardío en el instrumento... Pero en el fondo, el espacio dedicado a este aspecto es muy pequeño, lo cual hace sospechar que, en realidad, el tema verdadero es el drama post violación y el renacimiento con ayuda de la música, es decir, que tiene un cierto aroma a autoayuda e historia "de interés humano", algo testimonial.

¿Era necesario este libro? Rotundamente, sí. Y no por sus valores literarios ni porque dé mejores o peores consejos y recetas para superar lo que parece insuperable, sino porque la gente tiene que saber que una violación no es solo el acto físico sino lo que viene después. Mucha gente ha oído hablar del estrés post traumático, pero pocos de las secuelas físicas. Cuando Rhodes fue violado era un niño. Le destrozaron el cuerpo. Como consecuencia, sufre de graves problemas intestinales y de lesiones de columna que han requerido de dos cirugías. Aunque este libro solo sirviera para que la gente tomara conciencia de la gravedad de este asunto y de cómo se puede destruir a una persona, ya sería de lo más útil. Lástima que las personas que cometen estas tropelías no lo leerán, y si lo hacen, les resultará indiferente.


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jueves, 2 de junio de 2016

Ser feliz en Alaska: Mentes fuertes contra viento y marea, de Rafael Santandreu

Ser feliz en Alaska
Rafael Santandreu
Grijalbo
320 páginas


Argumento:

Consejos para ser feliz desde el punto de vista de la psicología cognitiva.


Comentario:

Reconozco que tenía un cierto prejuicio hacia los libros denominados "de autoayuda". Después de leer esta obra mi rechazo ha aumentado, pero ya con conocimiento de causa.

Lo primero que sorprende es la jactancia del autor, que presume de que puede lograr cambios asombrosos en la vida de las personas solo con sus "técnicas" psicológicas, basadas en la psicología cognitiva. Más que el de un psicólogo, el tono parece el de un gurú.

Como suele ser común en este tipo de libros, el autor nos cuenta en cada capítulo varias anécdotas o historietas que ilustran la temática. En este caso, se trata de historias algunas conocidas, otras de su vida o experiencia profesional, bastante pobres. Dado que se busca un público amplio, no hay muchas referencias a artículos y estudios de alto nivel que respalden sus aseveraciones (se limita a decir que la psicología cognitiva es la más eficaz y exitosa, sin más), ni el lenguaje destaca en lo técnico, lo cual a veces da al libro un aire poco riguroso. La prosa tampoco brilla. A decir verdad, todo lo contrario. Es bastante simple. Llama la atención que tenga que recurrir tan a menudo a los signos de exclamación ya que con la mera redacción no logra transmitir el supuesto entusiasmo y optimismo del mensaje.

Muchas de las ideas son de "perogrullo", obviedades y generalidades; otras son discutibles, y en general, poco ayuda este libro de autoayuda a  quien no está convencido de antemano. Una de las geniales ideas es que no te debes quejar porque hay otros que están peor que tú, como varios casos que cita de personas discapacitadas, según él muy felices, a pesar de no poder mover casi ninguna parte del cuerpo. Otra genial idea es que debes renunciar a todo, incluido trabajo y dinero. Lo curioso es que el autor no renuncia a nada de eso. Naturalmente, esta renuncia es "mental", lo cual nos da una buena coartada para fingir que seguimos el precepto sin perder nada.

Por resumir, siguiendo solo estos tres pasos básicos se puede alcanzar la felicidad:
-Orientarse hacia el interior (buscar el bien en uno mismo, ya que no necesitas a nadie más para ser feliz)
-Aprender a andar ligeros (saber renunciar a todo, sobre todo a los bienes materiales)
-Apreciar lo que nos rodea (aprender a apasionarse por la vida)

El tema de la renuncia es el que más me irrita. El autor afirma que podemos vivir sin dinero (si tenemos las necesidades de comida y bebida cubiertas), que se puede disfrutar si perdemos nuestro trabajo e incluso que debemos comprender que, en realidad, no necesitamos el empleo. Y lo dice él, que ganará miles de euros hablando de estas cosas, además de tener su profesión de psicólogo y varios libros publicados. En teoría, "si no tuviera" estas cosas, él sería igualmente feliz... en teoría, porque, de momento, sí las tiene y habla desde la prepotencia que da la seguridad económica (que dice que no es necesaria). En el libro se asegura, citando a otro, que la depresión puede ser "un camino hacia la virtud", lo cual ya lo dice todo sobre esta obra... Por cierto, llama la atención que el autor, cada dos por tres, y sin venir a cuento, se defina como "no católico". Sin embargo, todo el libro está impregnado de un tufo a religión, sobre todo oriental, pero también cristiana, que se huele a leguas, tanto en la forma de pensar como en la elección de anécdotas e historias.

Algunas de las opiniones políticas del autor me han chirriado muchísimo. De sus textos se desprende que, dado que nada importa y no hay que quejarse (habla, en concreto, de los "indignados"), hemos de aceptar el statu quo y tratar de ser felices en medio de todo lo malo. Es lo que llama "ser felices en el vertedero".  Llámenme materialista pero considero que, aunque es posible ser feliz en la pobreza, no hay nada de malo en aspirar a mejorar de posición (ni a cambiar situaciones sociales que no nos gusten). Dicho de otro modo, es preferible ser feliz "en el palacio" y no en el "vertedero", ¿y qué tiene de malo quejarse de las cosas injustas?

En el aspecto laboral sugiere no preocuparse tampoco por nada, ya que nada importa, ¿para qué vas a mejorar o ser un trabajador excelente? Podría ser un buen consejo para evitar el estrés, pero a mí me suena a canto a la mediocridad (de la que este libro es buen ejemplo).

Sobre la pareja y el amor, el autor considera que se tiene porque se es "débil".  Según él, las personas fuertes no necesitan pareja, o eso me ha parecido entender. A mí modo de ver, ni el amor ni la pareja tienen nada que ver con ser fuerte o débil: deriva del hecho de pertenecer a una especie que se reproduce por vía sexual.

En este asunto como en varios más, el autor pone demasiado el acento en el aspecto psicológico cognitivo, despreciando los imperativos biológicos que modelan nuestros comportamientos. Dado que todo es "mental", con un esfuerzo (según él, pequeño) podemos cambiar nuestras actitudes y ser "felices", independientemente de nuestros condicionamientos genéticos, hormonales y anatómicos (o de nuestra educación y entorno). Parece cosa de magia, pero no, ya lo sabemos, y el autor insiste: "es muy fácil cambiar si sabes cómo". Él sabe cómo, pero millones de personas en el mundo se "engañan".

Comprendo que este tipo de libros complacientes cumplen una función: le dicen a la gente lo que quiere escuchar, le da una esperanza (no siempre realista ni verdadera) y la sensación de que todo es posible, y sencillísimo, si uno pone de su parte. Pero el lado malo es que eso no es cierto: hay gente capacitada y con talento, con buena actitud y  buenos sentimientos que no logra nada en absoluto en la vida, ni tampoco es feliz por mucho que se "esfuerce". Muchas personas se sentirán culpables si no tienen los "éxitos" descritos por el autor, (a su modo de ver, tan "fáciles", como dejar de fumar con solo desearlo o curar la depresión o la ansiedad sin medicamentos). Es injusta y hasta perversa esta forma de pensar, aparte de fomentar el conformismo.

Creo que sería más útil que la gente se educara en el sentido crítico, la ciencia de verdad y en la lógica para poder leer estos textos y desmontarlos, no dejarse engañar por falsas promesas, comprender lo que es la vida "real" y asumirla, asumir también el dolor y la infelicidad como parte de la existencia, tratando de minimizarlos con un poco de sentido común. La mejor autoayuda son la educación, la razón, la lógica y la sensatez. Y ser conscientes de que en la vida se alternan la felicidad y la infelicidad y que es perfectamente natural no ser feliz todo el rato.

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miércoles, 18 de mayo de 2016

La magia del orden, de Marie Kondo

 La magia del Orden
The Life-Changing Magic of Tidying: A simple, effective way to banish clutter forever
Marie Kondo
Editorial Aguilar
248 páginas

 
Argumento:

Pautas y consejos para organizar y ordenar la casa, según el método KonMari, adornado con filosofía seudocientífica.

Comentario:

En un mundo caótico como el nuestro no es de extrañar el éxito de obras como esta, que trata del orden (aunque, una vez leído el libro sorprende el revuelo, dado que la calidad de los textos no es muy buena). En ella se dan ciertos consejos para ordenar nuestros espacios vitales, tomando como base la experiencia personal de la autora, así como también la profesional, ya que ella se dedica a aconsejar sobre el particular y a dar cursos y seminarios.

El libro tarda en llegar al "meollo" bastante. La primera parte está llena de palabrería de vendedor y muchas alusiones a la vida de la autora que envuelven obviedades o ideas que, si bien son interesantes, también podrían calificarse como lógicas. El inicio desconcierta por esta razón y porque es, paradójicamente, poco ordenado en su forma de exposición. Parece que nunca vamos a llegar a la parte de los "consejos prácticos", y cuando llegamos, estos son muy pocos (apilar los calcetines en vertical, doblarlos en forma de rectángulos, poner las cosas similares juntas, ordenar el armario por colores, doblar mejor que colgar, etc).

Las ideas principales son que puedes cambiar tu vida con ayuda del orden y que debes deshacerte de todo aquello que no te hace feliz (o dicho de otro modo, que el criterio para tirar cosas sería pensar si tal o cual objeto te hace feliz). Todo esto aplicado lo mismo a ropa que a libros u otros objetos personales. Como se puede ver, son propuestas lógicas, casi de sentido común. También habla del "efecto rebote" (jerga similar a la de las dietas de adelgazamiento) que sucede cuando en lugar de ordenar, escondemos, y ,al poco, el desorden nos vuelve a superar.

Hay otras propuestas un poco más dudosas, sobre todo aquellas que lindan con las seudociencias. La autora humaniza a los objetos y los dota casi de vida propia, hasta llegar a afirmar que la ropa mal doblaba "sufre" y cosas por el estilo. También resulta chocante su sugerencia de darle las gracias a los objetos por hacernos felices. A mí estas cosas me chirrían un poquito, pero supongo que forma parte de la educación "oriental" de la autora.

El mayor valor del libro es que nos hace pensar sobre el orden como instrumento para mejorar la vida, premisa con la cual estoy de acuerdo. Sin llegar al extremo de la autora que asegura que algunos de sus clientes hasta mejoraron de salud y de físico, creo que es importante, sobre todo para las personas de naturaleza caótica, el poner un poco de orden y disciplina. Los resultados de tus tareas son mejores y te sientes más a gusto en tus espacios.

Así que, ya solo por eso, merece la pena leer el libro, aunque literariamente no sea muy brillante que digamos, ni tampoco destaque en aspectos técnicos. Es una lectura fácil y rápida que podría animarnos a poner en práctica pautas de ordenación y organización personal (no necesariamente las expuestas en el libro), tan necesarias hoy en día, cuando la gente tiende a acumular objetos sin sentido y a aferrarse a ellos, aunque sean inútiles.



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lunes, 4 de abril de 2016

El Reino, de Emmanuel Carrère

 El Reino
Le Royaume
Emmanuel Carrère
Traductor:Jaime Zulaika
Editorial Anagrama
516 páginas


Argumento:

El autor, guionista y autor literario de éxito, nos narra los primeros tiempos del cristianismo, aprovechando un hecho de su biografía: su conversión (efímera) al catolicismo.


Comentario:


No podría denominar a esta obra "novela", ya que los hechos en ella descritos son en parte autobiográficos, en parte, relacionados con hechos históricos más o menos contrastados. En realidad, tampoco podría calificarlo como ensayo. Pertenece a esa moderna categoría híbrida, tan de moda últimamente, que trasciende los géneros, dentro de la no ficción.

Dividido el tomo en cuatro partes y un epílogo, el autor se centra, en la primera, en su experiencia con el cristianismo, como creyente de misa diaria. Durante esa época de su vida, llevó un diario con comentarios y pensamientos, que, años después, relee para conocer su visión cuando tenía fe. Para mí gusto, es el fragmento más interesante del libro, dejando aparte que pueda sobrar alguna anécdota (su experiencia con una niñera loca es un poco como de película de terror).

Las otras tres partes (organizadas según periodos cronológicos, que abarcan desde el año 50 d.c. al 90 d.c.) son una especie de remake de los Evangelios, sobre todo de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas de San Pablo, aunque también hay alusiones a otros libros del Nuevo Testamento, como el Apocalipsis, y cuyos principales protagonistas son el citado Pablo y Lucas.

En estas partes, Carrère comenta diversas cartas de Pablo, la figura central en la formación de lo que sería conocido como cristianismo, en un tono tirando a jocoso, bastante informal, de forma que el análisis de las primeras comunidades cristianas, sus diferentes facciones, el choque ideológico entre el mundo grecorromano y las nuevas ideas de Jesús y sus apóstoles, es muy asequible para personas no entendidas. De igual manera, hay numerosísimas alusiones también a otros documentos, como la obra de Flavio Josefo, sobre la rebelión de los judíos (contra los romanos) o las obras de historiadores romanos como Suetonio sobre la vida de los césares. El autor recurre a estas fuentes externas a los Evangelios para contextualizarlos y discernir qué puede ser histórico o qué inventado por los autores cristianos. Para Carrère está claro que Jesús fue un personaje real, aunque su interpretación, obviamente, es la de un ateo (después de ser cristiano, perdió la fe).

Esta parte, aunque entretenida, se alarga demasiado. Sin embargo, se lleva bien si se tiene interés por el periodo histórico o por la formación del cristianismo. El autor, además, lo cuenta con soltura y humor, lo cual no impide que caiga en la digresión con frecuencia, como cuando, de pronto, comienza a hablar del cine porno que tanto le gusta, las traiciones de Flavio Josefo o la vida cotidiana en Roma (esto es más interesante).

El libro, a pesar de su extensión, es ameno, aunque precisamente debido a ese gran número de páginas, a veces se repite en algún concepto o narrando algún pasaje (en varias escenas hay cierta sensación de «dejà vu»). El tono coloquial y divertido lo hace ágil, así como la prosa sencilla y las referencias a películas y series de televisión (el autor es guionista también), e incluso a sus propias obras (Limónov, Una novela Rusa, etc). Hace paralelismos con una serie que él creó, sobre gente que resucita, habla de la filosofía estoica, a la que compara con el budismo (él practica yoga), también cuenta un poco sobre los delirios de Philip K. Dick, etc. En realidad, habla de tantas cosas...
"Un sabio indio habla del samsara y del nirvana. El samsara es el mundo hecho de cambios, de deseos y tormentos en el que vivimos.  El nirvana, el mundo al que accede el iluminado: liberación, beatitud. Pero el sabio indio dice que 'el que diferencia el mundo del samsara y el del nirvana es porque está en el samsara. El que ya no diferencia está en el nirvana'

Creo que el Reino es algo similar."

El tono ligero de algunas páginas no debe engañar sobre la seriedad de lo que se cuenta. Me ha parecido un libro humano y necesario, donde se analiza racionalmente, y desde una encomiable posición alejada de todo dogmatismo (tanto ateo como creyente), el fenómeno religioso, en especial el cristiano, cómo es posible que millones de personas crean en cosas a priori absurdas y contrarias incluso a la naturaleza humana, con comentarios y reflexiones muy interesantes y lúcidas.

"No, no creo que Jesús haya resucitado. No creo que un hombre haya vuelto de entre los muertos. Pero que alguien lo crea, y haberlo creído yo mismo, me intriga, me fascina, me perturba, me trastorna: no sé qué verbo es el más adecuado. Escribo este libro para no imaginarme que sé mucho más, sin creerlo ya, que los que lo creen, y que yo mismo cuando lo creía. Escribo este libro para no abundar en mi punto de vista"


La extensión, la repetitividad, la falta de un hilo narrativo claro, la sensación de que a veces damos vueltas sobre lo mismo, una cierta falta de estructura que hace parecer el libro un poco caótico en su exposición, glosa y reescritura crítica (pero al tiempo subjetiva) del Nuevo Testamento, pueden ser los puntos más bajos de una obra que por lo general se mantiene a buen nivel literario, gracias al oficio del autor, al humor y al mensaje que transmite.

Eso sí, he de destacar que la revisión y traducción a veces dejan un poco que desear, lo cual es más grave tratándose de una editorial de «prestigio» como Anagrama ("Me gustaba, este último capítulo": esta frase con esa coma ahí suena un poco a calco del francés). Ni que decir que los este, ese, solo, etc, que ya no llevan acentos, lo llevan en este libro (¡incluso "eso"!)...

Igual me equivoco pero juraría que toda la vida Pablo era nombrado en español como Saulo de Tarso: aquí lo traducen como Saúl (en hebreo, Shaúl). También hay algún error como cuando se dice que Pablo fue crucificado y Pedro decapitado, ¿no fue al revés?

Página 395
"La tradición, es decir, el inevitable Eusebio, nos dice que Pedro y Pablo murieron en la gran persecución de agosto del año 64. Al primero, en su calidad de ciudadano romano, le cortaron la cabeza, y el segundo habría suplicado que le crucificasen cabeza abajo porque no se consideraba digno de sufrir el mismo tormento que su maestro."

La edición podría haber estado un poco mejor, la verdad, y más teniendo en cuenta lo que cuesta el libro.

En resumen, una obra muy adecuada para dogmaticos de todo jaez, sobre la naturaleza del hecho religioso y las contradicciones del ser humano racional, pero quizás deberían abstenerse los que busquen una trama o una aventura clásica, ya que este es un libro "de pensar" y no una novela.


Algunos fragmentos:
"Lo que sigue es un gran momento de una película de romanos gore. Como los cristianos solían ser gente de medio pelo, no tenían derecho a las muertes nobles: decapitación o suicidio estoico. Las ejecuciones eran en Roma un espectáculo popular. A los que no les habían arrojado  por la mañana a la arena, cosidos con pieles de animales para ser devorados por grandes perros guardianes, los reservaban para la noche, vestidos con túnicas untadas de pez y transformados en antorchas humanas vivientes que iluminaban la fiesta en los jardines de Nerón. Ataban a las mujeres por el cabello a los cuernos de toros furiosos. a otras les embadurnaban el vientre con secreciones de burras para aumentar la excitación de los asnos que las violarían. Suetonio describe que el propio Nerón se disfrazaba de fiera para ir a hostigar a los condenados y sobre todo a las condenadas, desnudas y atadas a postes. De este modo llegó a ser conocido por todos los cristianos como el Anticristo, la Bestia."

"Al lado de los versículos que se contentan con tener mal aspecto, no tardo en encontrar otros que francamente me repelen y contra los que se rebelan mi conciencia y mi espíritu crítico. Me prometo que ésos (sic) no me los saltaré, sobre todo ésos (sic). Me prometo escrutarlos hasta que se me revele su verdad. Me digo: muchas cosas que ahora creo verdaderas y vitales -no "que creo": que sé que son verdaderas y vitales-, pocas semanas antes me habrían parecido grotescas. Es una buena razón para dejar mi juicio en suspenso y, con respecto a todo lo que me resulta hermético o que incluso me choca, para decirme que comprenderé más tarde si se me concede la gracia de perseverar. Entre la palabra de Dios y la comprensión, lo que cuenta es la palabra, y sería absurdo por mi parte asimilar sólo (sic) lo que agrada a mis cortas entendederas. No olvidarlo nunca: es el Evangelio el que me juzga, no al contrario. Entre lo que yo pienso y lo que dice el Evangelio, siempre me sería más provechoso elegir al Evangelio."


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