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lunes, 5 de junio de 2017

Tierra de Campos, de David Trueba

Tierra de Campos
David Trueba
Editorial Anagrama
408 páginas
 

Argumento:


Daniel Mosca, un famoso cantante, lleva el cuerpo de su padre a enterrar a su pueblo de origen. Al hilo de este viaje, rememora diversos hechos de su vida.

Comentario:

Esta extensa novela me ha recordado bastante a la autoficción de Karl Ove Knausgård (Mi Lucha), con la diferencia de que esta se supone biografía inventada, mientras que lo de Knausgard está basado en su vida real. Como en el primer tomo de la obra del noruego, David Trueba plantea la muerte del padre como motivo para el recuerdo de la infancia, aunque sin hacer reflexiones tan profundas como las del otro autor citado. En realidad, la muerte y posterior traslado del cadáver a su pueblo para ser enterrado ejerce una función doble. Por un lado es simbolismo del regreso a la infancia del protagonista; por otro, nos introduce la relación de los dos personajes, y de Daniel, el hijo, con sus propios hijos. 

Sin embargo, se aprecia que la paternidad, que podría haber sido el elemento principal de la historia, es una mera anécdota, o eso me ha parecido, ya que el autor se detiene mucho más en la narración autobiográfica, centrada sobre todo en dos puntos: su carrera artístico-musical y la lista de sus amoríos.

Como muchas obras de autores de esta generación, el autor usa y abusa de la nostalgia, con constantes referencias a personajes, hechos y situaciones de los años setenta, ochenta y noventa: cantantes, canciones, películas, series tv, hechos históricos... hasta casi convertir la novela en un remedo de la serie de TVE "Cuéntame". Entiendo que a mucha gente le gusta el revival nostálgico, pero a mí, personalmente, me da grima la obsesión por épocas pasadas. Eso sí, se narra bien el brutal constraste cultural entre el mundo "antiguo" del padre difunto (el mundo del campo) y el actual de los hijos, con las nuevas tecnologías (el mundo de la ciudad), siendo el personaje de Daniel el punto de inflexión entre uno y otro. Nada, por otro lado, que no se haya contado mil veces.

En cierto modo, la prosa sencilla, lo prosaico de las anécdotas narradas y estas continuas referencias crean un vínculo empático con los lectores, muchos de los cuales pueden verse reconocidos en los gustos y viviencias del personaje principal y de los secundarios en la infancia y adolescencia. Sin embargo, a mí me ha resultado algo cansino el recurso a los nombres de famosos con los que se encuentra o trabaja el personaje (Serrat, entre ellos), que si bien da más "realismo" a la historia, también te hace elevar la ceja por lo facilón de la táctica para captar la atención.

Además, el autor no mide nada lo que cuenta, es decir, que lo cuenta todo, sin establecer jerarquías de nivel entre los diversos episodios de su vida. Así que nos hace un amplio recuento y listado de sus novias, de sus giras, de cualquier cosa... como si se tratara de una "autobiografía" real. 

Dado que se trata de un músico, se hace una buena ambientación en este mundillo. Abundan las referencias a las canciones escritas por el personaje, vinculadas muchas de ellas a eventos de su existencia, especialmente a sus amores y desamores. De hecho, la estructura de la novela también bebe del tema musical, ya que está dividida en dos partes, cara A y cara B, como las antiguas casetes de música.

La prosa, como dije antes, es bastante sencilla; hay alguna reflexión pero bastante convencional; y sobre todo, no hay diálogos, al ser una narración pura en primera persona.

Lo que menos me ha gustado es que la historia es sumamente predecible, en el sentido de tópica. El relato de cómo se hace famoso un músico contiene todos y cada uno de los clichés que uno espera de él. No, no falta nada: drogas, sexo, fiestas, giras por pueblos, músicos en el pilón, disolución del grupo, carrera en solitario... Eso sí, el protagonista es bastante políticamente correcto en muchos aspectos, incluso demasiado para ser un músico.

En resumen, una novela que apela a los sentimientos profundos de una generación y a sus recuerdos, más emocional que racional, simplemente correcta en cuanto a prosa, y algo blandita en cuanto a intenciones.


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 22 de mayo de 2017

Cáscara de Nuez, de Ian McEwan

Cáscara de nuez
Nutshell
Ian McEwan
Traductor: Jaime Zulaika
224 páginas
Editorial Anagrama


Argumento:

Trudy y su cuñado Claude mantienen una relación adúltera. Ella ha dejado a su esposo, pero está embarazada de él. Los dos amantes planean eliminar al marido, pero el niño nonato lo sabe todo...

Comentario:

Lo primero que llama la atención nada más empezar a leer es que la historia está contada en primera persona por un feto, sí, un feto, el hijo de Trudy, la esposa adúltera, correlato de la Gertrudis del Hamlet de Shakespeare (como Claude lo es de Claudio). 

Este narrador inusual y no realista posee una finura de pensamiento y de lucidez similar a la de un adulto, y no precisamente uno cualquiera, sino uno bastante cultivado, pues realiza valoraciones y reflexiones existenciales y filosóficas junto con otras algo más mundanas. Naturalmente, el autor no nos quiere hacer pensar que eso es creíble. Se trata de una argucia retórica para contar desde otro punto de vista una historia que, dejando aparte este insólito detalle, resulta algo banal, o dicho de un modo menos peyorativo, muy sencilla en su exposición y trama, y algo trillada también.

El feto supone y se imagina cosas a partir de las experiencias sensoriales que puede disfrutar, a partir por ejemplo, del oído o el tacto. Nota las alteraciones de su madre, o sus cambios de posición, escucha las conversaciones, percibe cuando su madre y su tío hacen el amor... 

Si bien la idea tiene su punto de gracia, el relato, que pronto deviene en policial, con la intervención de una inspectora y su sargento, no me parece demasiado lucido. Es cierto que la prosa está muy bien articulada, llena de viveza y metáforas, y otros recursos estilísticos que la ponen en un nivel superior, al menos si lo comparo con cosas que he leído últimamente... Pero eso es todo (aunque yo diría, volviendo a la comparativa con el panorama literario actual, que ya es bastante). 

La  novela destaca más como obra existencial, y también como obra de humor, que como novela de crímenes. Quizás es lo que el autor quería contar, sin enrollarse más, porque es una historia bastante breve, lo cual hace que nunca llegue a cansar el recurso del narrador extraño. 

En el final, un desenlace esperado y lógico, que sin embargo, deja la historia un poco abierta y a la interpretación del lector. A mí me pareció algo rápido todo, y quizás, no a la altura del resto, como si me faltara algo para rematar en lo alto.

Con todo, una lectura interesante, con buena prosa, reflexiones sobre la vida, el amor, la muerte, y un cierto punto de originalidad (dentro de que está todo inventado, incluso en el terreno de los narradores insólitos).

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lunes, 15 de mayo de 2017

Llamadme Alejandra, de Espido Freire

Llamadme Alejandra (Premio Azorín 2017)
(Laura) Espido Freire
Editorial Planeta
368 páginas


Argumento:

La zarina Alejandra, mujer de Nicolás, zar de las Rusias derrocado por la Revolución, rememora su vida justo antes de que los bolcheviques vengan a buscarla. Su relato es un testimonio del lujo y boato de las clases aristocráticas de finales del siglo XIX e inicios del XX.

Comentario:

No puede decirse que esta novela esté mal escrita en un sentido gramatical. Las frases son correctas, qué menos, pero falta, a mi modo de ver, lo que hace que un escrito se convierta en algo literario, un poco más de arte, de uso de recursos. Durante toda la narración se tiene la impresión de estar ante un documental o ensayo que trata de recrear la vida de este personaje, para mí nada interesante ni novelesco, de final trágico, redactado de forma limpia, pero demasiado simple y aséptica.

La novela está contada en primera persona por su protagonista, Alejandra, una aristócrata alemana que se convierte en la zarina de Rusia tras su matrimonio con Nicolás Romanov. La linealidad se rompe en varias ocasiones con la inclusión de cartas de diversos personajes, bastante anodinas y ligeras (lo que hace sospechar que sean reales) y que no aportan gran cosa a la narración (algunas las he saltado directamente al darme cuenta de que no tienen contenido de interés narrativo), y de informes y testimonios de los bolcheviques y otros testigos de los actos finales de la familia del zar. En esta parte hay algún breve "alarde" literario, como los comentarios que sobre uno de los informes hace otro personaje, pero en líneas generales no hace sino afianzar la apariencia de no ficción del libro y la sensación de distancia hacia un relato que a mi me ha dejado fría, pese a ciertas escenas dramáticas del final.

Y es que el relato que Alejandra hace a sus hijos a modo de flashback no está muy dramatizado que digamos. Hay pocas "escenas", casi todo es resumir su vida y hacer un monótono recuento de sus vivencias, centradas casi siempre en fiestas, ropas, joyas, su matrimonio, consejos de belleza de otras nobles, sus aristocráticos parientes, los hijos, con repetidas descripciones de sus partos. Cuando hace su aparición Rasputín pensamos que la cosa remontará un poco pero no, su paso es efímero y superficial.

El hecho de narrar en primera persona no ha contribuido, en mi caso, a que sienta empatía por un personaje al que veía muy alejado de mis intereses y gustos, una mujer de vida regalada que solo al final tuvo que sufrir pobreza y persecución, aunque sí vivió, al parecer, enferma.

Obviamente, este formato narrativo no favorece la contextualización social y política de la Rusia de su tiempo, de modo que los ecos de la Revolución se escuchan lejanos y no parecen preocupar a la zarina hasta casi cuando la tiene encima. Entiendo que esa mujer, de la clase privilegiada, fuera incapaz de comprender los movimientos sociales y campesinos, o los mirara con desdén, pero al expresar ciertas ideas, cuando antes ha hablado de temas frívolos como la moda, las joyas, las innumerables fiestas y demás,  encima te cae mal. Sinceramente, mientras leía pensaba qué pudo ver la autora en este personaje que sea de interés novelesco, ya que, por lo que se cuenta, era bastante anodino y tampoco hizo nada relevante, salvo ser madre (bueno, eso es relevante, pero con muchos matices desde el punto de vista histórico).

En resumen, una novela con aires de documental, sobre un personaje histórico menor, que no destacó en nada y que iba de fiesta en fiesta, navegaba en yate, educaba a sus hijos, amaba a su marido y poco más, contado sin gracia. Solo apto para muy fans de la Historia o de Espido Freire.



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lunes, 10 de abril de 2017

La Musa, de Jessie Burton

La musa
The Muse
Jessie Burton
Traductora: Cristina Martín Sanz
Editorial Salamandra
480 páginas



Argumento:

Una joven de Trinidad va al Londres de los años sesenta a buscarse la vida. Allí termina trabajando para una galería de arte. Por mediación de un joven que la pretende descubre el cuadro de un artista español llamado Isaac Robles que murió cuando la Guerra Civil. Paralelamente se nos cuenta la historia de Isaac, su hermana y la joven Olive, otra aspirante a pintora, cuyas vidas se desarrollaron en los años treinta.

Comentario:

La segunda novela de Jessie Burton nos sitúa en el ambiente del mundo del arte, desglosado en sus aspectos: el de la creación y el de la venta y distribución. Para ello utiliza dos tramas que transcurren en épocas diferentes y se nos narran de forma paralela en el libro, unidas por el nexo del cuadro pintado por Isaac Robles.

La primera trama, centrada en Odelle, una joven poeta de raza negra, que proviene de las "colonias" y se va a trabajar al Londres de los años sesenta; la segunda, la que narra la historia dramática de Olive, inglesa con aficiones artísticas, residente junto con su familia en el sur de España en los tiempos turbulentos previos a la Guerra Civil española.

Obviamente, ambas tramas están unidas no solo por el cuadro que es centro de la intriga, sino también por la temática y ciertos paralelismos entre los personajes de una y otra.
Con todo, a pesar de que la trama de Odelle parece ser la principal, en realidad, en la narración adquiere mucho más peso, desde el punto de vista dramático y conflictivo la que se cuenta a modo de flashback.

Lo más interesante de esta novela, correcta en su realización, pero no muy destacable desde el punto de vista literario (tampoco es que sea mala), es el mensaje o mensajes que subyacen.

En primer lugar, la libertad de creación del artista como algo superior a la comercialización de las obras. Tanto Olive como Odelle desean crear (poemas, cuadros) aunque eso no les suponga beneficio económico, como una forma de expresarse y realizarse, casi como una necesidad. Contrapuesta a su actitud, la de los demás personajes, que buscan la repercusión y la especulación. La autora hace interesantes reflexiones acerca de lo arbitrario de la valoración de la obra artística, variable según circunstancias no necesariamente relacionadas con su calidad intrínseca, casi siempre vinculadas al marketing o a las modas. Es muy curioso para el lector ver cómo se origina la idea del cuadro, cómo se realiza, lo que significa para su autor, y luego comprobar cómo los "expertos" tienen una interpretación del mismo completamente distorsionada según sus prejuicios académicos.

En segundo lugar, se explora la problemática de la mujer como artista siempre minusvalorada en relación al hombre o a la sombra de él, muchas veces considerada "musa" más que creadora. Olive pinta casi a escondidas de su padre, marchante de arte, para más inri, a sabiendas de que jamás será valorada por él, pero también ansiosa de probarse a sí misma ante un público especializado. En el caso de Odelle, se junta a su condición de mujer la de persona de raza negra, lo cual genera una doble discriminación.

Aunque como digo los temas subyacentes son interesantes, no me ha parecido al mismo nivel su plasmación literaria, lindante, en la trama de la Guerra Civil, con el culebrón. La trama de Odelle, por su parte, no acaba de cuajar, ya que toda la descripción de cómo es la protagonista en realidad poco influye en los acontecimientos, consistiendo el interés de esta trama, desde el punto de vista dramático, en el descubrimiento de un secreto que el lector ya conoce. En realidad, hay otro misterio, la identidad de cierto personaje, pero que pese a los intentos de despiste de la autora, se intuye pronto.  Como argumento y conflicto no acaban de encajar bien las dos tramas, otra cosa es lo ya mencionado de la relación temática, que sí funciona y queda bastante clara.

Algo destacable es que la novela está bien documentada y no me refiero a que los datos expresados sean correctos, sino a que la autora habla de temas como la Guerra Civil española o de personajes españoles sin cometer errores de bulto en la caracterización, algo que es bastante difícil (supongo que también se ha informado sobre la gente de Trinidad, pero es un tema que no conozco). Es decir, es difícil caracterizar a personajes que no son de la nacionalidad de uno sin caer en el cliché. Aunque no se mete en demasiadas honduras, sus descripciones de España y de la Guerra Civil no resultan sonrojantes. Al final del libro incluso nos mete la extensa bibliografía que ha consultado, al modo de los ensayos.

La prosa es correcta; la narración, ágil, aunque en realidad pasen pocas cosas y se toma su tiempo para explicarlas. Literariamente, desde el punto formal, podría haber sido mejor, aunque no es un bodrio, desde luego, y sobre todo, es mucho mejor que la anterior obra de la autora, "La casa de las miniaturas". Se percibe no solo mejoría en el plano de la escritura sino también en el de lo que se pretende transmitir.

En resumen, una obra interesante, quizás algo "lenta" para personas acostumbradas a narraciones cargadas de giros (hemos de tener en cuenta que los hechos importantes tardan en suceder), pero que intenta hablar de algo más que de la peripecia de los personajes. No es la gran obra del siglo, desde luego, pero tampoco un bodrio sin sentido como muchas de las cosas que se venden hoy en día. Al menos trata de "algo".

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lunes, 3 de abril de 2017

Terapia Amorosa, de Daniel Glattauer

Terapia amorosa (Una comedia)
Die Wunderübung: Eine Komödie
Daniel Glattauer
Traductora: Claudia Toda Castán
168 páginas
Editorial Alfaguara


Argumento:

Una pareja en problemas decide acudir a un terapeuta para salvar su matrimonio.


Comentario:

El autor de "Contra el viento del norte" aprovecha su fama como bestseller para encuadernar una especie de guion literario o teatral, con una sola localización, la consulta de un terapeuta de parejas, y tres personajes, el psicólogo y unos esposos a punto de separarse. No se trata de un guion especialmente brillante siquiera. Casi todo lo que pasa en él discurre por los caminos de lo esperado, a pesar de que trata de sorprender con un giro (que se ve venir, claro).

Tratándose de un guion, y como es lógico, la prosa es meramente utilitaria y carece de valor artístico. Ni siquiera los diálogos son demasiado brillantes. Eso sí, al tener este formato, lo terminas de leer en un momento, con lo cual tampoco te hace perder muchos minutos de vida.

El terapeuta realiza con los esposos unas serie de ejercicios psicológicos para que se comprendan y unan, logrando, naturalmente, su propósito en una sola sesión, como si fuera tan fácil. Quizás podríamos verlo como una muestra de la banalidad de este tipo de terapias, puesto que solo con decirles cuatro tonterías, ellos ya se dan cuenta de que en realidad se quieren muchísimo y su problema no es tal (cosa que podría ser, ya que no se ve que tengan muchos motivos para acudir a tales especialistas). 

Para hacer un poco más largo el guion se incluyen ilustraciones...

Libro "millennial" con soluciones facilonas a problemas complejos, happy end, fácil de leer y digerir, igual de fácil de olvidar, y poca literatura. Solo apto para aficionados a la psicología o fans muy fans de Glattauer, aunque igual a algunos los decepciona... Poco más se puede decir de un libro que a duras penas pasa de las 160 páginas y que es un guion y un sacadineros que no dejará poso ni aportará nada en absoluto a la historia de la Literatura.

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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 27 de marzo de 2017

Por último, el corazón, de Margaret Atwood

Por último, el corazón
The heart goes last
Margaret Atwood
Traductora: Laura Fernández
Editorial Salamandra
416 páginas


Argumento:

Charmaine y Stan, una pareja que vive en un coche, continuamente acosada por bandas callejeras y los desórdenes sociales de un mundo en crisis, deciden entrar en la experiencia piloto de las ciudades Positrón - Consiliencia, donde serán durante un tiempo prisioneros y durante otro, burgueses.

Comentario:

Siento que no he conectado con esta novela de Margaret Atwood al contrario de lo que me pasó con otras suyas, como "El cuento de la criada" o "Oryx y Clarke", que sí me parecieron obras de calidad y que tenían un significado. "Por último, el corazón" me ha decepcionado tanto desde el punto de vista artístico como del de fondo.

Se nos vende como una distopía en la que tiene peso la crisis económica, pero, aunque hay referencias al asunto, es algo que pronto se olvida en favor de otros elementos, como la comedia de enredo amorosa, que es lo que acaba por tener la mayor importancia. Es cierto que los protagonistas entran en la ciudad distópica Positrón-Consiliencia por causa de su situación económica y que nos describe su llegada a ese punto y el contexto que los rodea haciendo hincapié en la disgregación económica y social, pero, en el fondo, si elimináramos ese prólogo de antecedentes de la pareja, tampoco afectaría al grueso de la historia en demasía. 

Tampoco me ha quedado muy claro el funcionamiento de las ciudades "ideales" y sus connotaciones alegóricas, si es que las tienen. A veces parece un mero reality show o situación de este tipo, como algo que no va más allá, sin una ideología profunda que le dé sentido al experimento social de orden (me refiero a su significado literario, no al que le dan sus promotores en la novela). O quizás es que la autora no ha sabido explicarlo o yo no lo he llegado a comprender. 

Básicamente, el argumento gira en torno a la relación de pareja de un matrimonio tan en crisis como la sociedad en la que habitan, aunque esa crisis he tardado en percibirla, ya que ambos se aman y están unidos. Lo único que parece ocurrirles es que les falta algo de pasión sexual después de varios años de convivencia y que sienten apetencia por otros sujetos. En torno a los enredos y la gente con la que se acuestan ambos, que es a su vez otro enredo que afecta a la ciudad modelo, surgen diversas situaciones llamémoslas  humorísticas, algunas de las cuales resultan bastante surrealistas.  Ya imaginamos que la ciudad ideal no es lo que parece y que hay algo turbio. Y ahí mete la autora de todo: robots personalizados con función sexual, chanchullos de tipo médico, etc, etc (no revelo demasiado por si alguien lo considera "spoiler"). 

En realidad, resulta bastante previsible casi todo, que encima está contado con gran detalle, con demasiadas páginas, en las cuales casi lo único destacable es el humor. La revelación final a Charmaine, esposa de Stan, los dos protas, es tan previsible y tan manida como recurso que da qué pensar si esta no será una obra menor para mero divertimento de la autora.

Me ha costado bastante leer la obra. No me enganchaba al no verle el sentido. Está muy lejos de las dos novelas de la autora que menciono al inicio. Pero si alguien quiere leer algo ligero pues tal vez le guste.

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jueves, 16 de marzo de 2017

La noche de la usina, de Eduardo Sacheri

La noche de la usina
Eduardo Sacheri
Editorial Alfaguara (Premio Alfaguara 2016)
376 páginas

Argumento:

Un grupo de personas que juntan dinero para montar un negocio es estafado en los tiempos del "corralito" argentino. En lugar de dejar que el estafador se salga con la suya, organizan un gran robo para recuperar su dinero.

Comentario:

Dos cosas destacan en esta novela por encima de todo: primero, lo entretenida que es, y segundo, su clara influencia cinematográfica, tanto desde el punto de vista de la estructura de los acontecimientos y de cómo se muestran, como de las referencias  (hay alusiones a la película "Cómo robar un millón y..." con Peter O'Toole y Audrey Hepburn).

Las aventuras de un desparejo grupo de amigos y vecinos que se juntan para perpetrar un robo, que es también venganza (y que posee incluso componente social), no tienen nada de intelectuales, metafísicas y elevadas; solo son las, a veces, torpes mañas de personas normales (con sus manías y excentricidades) de un pueblo argentino, afectadas por la terrible crisis económica de los años noventa del siglo XX, rematada por el llamado "corralito" (2001), que  marcó tan negativamente la vida de los habitantes de este país austral. 

La novela se divide en tres partes diferenciadas. La primera nos narra las malas condiciones económicas del pueblo de O'Connor y de los vecinos, y de las decisiones que toman para afrontarlas (recaudar dinero entre todos para poner un negocio). Después, con la estafa de la que son víctimas y que desencadena otros hechos luctuosos, comienza la parte en la que se elabora el plan para recuperar el dinero robado, mediante otro robo; finalmente, el autor nos regala un epílogo contando la suerte de los diferentes participantes en la empresa, un happy end en toda regla, quizás demasiado happy. 

Ya solo observando la estructura se ve el estilo cinematográfico de la historia. Y es que es inevitable ver, mientras lees, esas regiones campestres y algo desoladas, similares a paisajes de western, y a los personajes urdiendo sus planes, con sus soluciones ingeniosas.

La prosa fluye de modo libre (con anticipaciones y otros cambios de tiempos verbales), coloquial, con diálogos rápidos, expresiones puramente argentinas, que la hacen más auténtica y realista (un estilo que me recuerda, salvando las distancias, al de "Patria" de Aramburu), y abundante humor, derivado casi siempre de la torpeza de los personajes comunes al enfrentarse a algo que los supera y que solo se ve en las películas (especialmente hilarantes las peripecias del chico que se hace pasar por jardinero en la oficina del "malo").

No es que sea una novela de alta literatura. En realidad, es bastante ligera, a pesar de tocar temas nada divertidos como la crisis económica argentina y el corralito, y ya de modo  más general, el abuso que los poderosos hacen de las personas de a pie y que suele quedar impune. En este caso, los afectados, en unión solidaria y fraterna, se toman la justicia por su mano, lo cual puede tener también lecturas sociopolíticas. Dejando esto aparte, el autor ha tomado la vía de las aventuras y el humor, logrando una historia amena, quizás con algún bache de ritmo durante la elaboración del plan, y con personajes que, siendo entrañables y algunos de ellos pintorescos, tampoco es que sean un dechado de profundidad  (más bien lo contrario).

Quizás este es uno de los defectos de la novela, que  no se ahonda mucho en la psicología de los personajes, a los que conocemos por un par de rasgos cada uno apenas, pero que, teniendo en cuenta el tipo de historia, tampoco afecta demasiado. Otro defecto podría ser que resulta algo previsible en sus pasos. Es decir, sigue el "guion" de una película de robos canónica, incluida el algo inverosímil desenlace (que nadie los investigue, quiero decir, que salga todo tan bien).

No, no es alta literatura, repito (pese a haber ganado un premio), pero hace pasar un rato entretenido, despierta algunas risas, nos muestra el triunfo de gente común oprimida por el malvado capitalista, y además, termina bien. De vez en cuando, hay que leer algo amable en esta línea. Pero sin acostumbrarse.


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lunes, 13 de marzo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

T.O.: Le Mystère Henri Pick, 2016
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: María Teresa Gallego y Amaya García
290 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Delphine Despero, editora de la editorial Grasset, y su pareja, el autor fracasado Frédéric Koskas visitan la biblioteca de Crozon, un pueblo de Bretaña, donde encuentran un manuscrito que deciden publicar,  alcanzando un éxito inesperado.

Comentario:

En «La biblioteca de los libros rechazados» se encuentran dos historias, una de misterio y otra metaliteraria, engarzadas entre sí, sustentándose mutuamente, cada una protagonista de la mitad de la obra.

Tras la publicación, y posterior éxito, de la novela, se inicia una pesquisa en la que esta, «Las últimas horas de una historia de amor», sería la «víctima», y su autor, supuestamente Henri Pick, un pizzero fallecido un par de años antes, el «criminal». Jean-Michel Rouche, un crítico literario en horas bajas, sería el detective que, creyendo en la «inocencia» de Pick, decide averiguar quién es el verdadero «culpable».

La investigación de Rouche, emprendida por su cuenta, desconfiado de la versión oficial, incluye entrevistarse con diversos «testigos», encontrar pruebas que cree concluyentes, e incluso pensar que ha resuelto el caso y verse impelido a tomar una decisión, más o menos moral, sobre qué hacer con lo que sabe. La resolución del caso, con un giro final hasta cierto punto inesperado (elige entre las dos posibilidades más creíbles), es la lógica y pertinente con la intención de la novela.

La aparición del «cadáver» («Las últimas horas de una historia de amor») se usa además para analizar la influencia que ejerce un hecho inesperado tanto en un público lector ansioso de saber más como en las personas cercanas al supuesto autor, siendo la viuda de Pick, Madeleine, una de las principales afectadas. La mujer pasa de la incredulidad a la duda y a la asunción de que su marido escribió una novela, basándose en una anécdota de juventud, cuando estuvieron temporalmente separados:

« Pocos minutos después se dijo incluso que era posible. Improbable, sí, pero posible. Y además, debía tener en cuenta otro elemento: a ella le agradaba aquella manifestación del pasado. Le apetecía creer en cualquier cosa que le permitiese volver a entrar en contacto con Henri, de la misma forma que otros se dedican al espiritismo. A lo mejor había dejado esa novela para ella. Para regresar por sorpresa. Para decirle que todavía estaba allí; esa novela era para cuchichearle al oído su presencia; era para que el pasado de ambos pudiera seguir vivo. Y entonces preguntó:
   —¿Puedo leer su libro?»

La parte metaliteraria de la novela incluye desde un recorrido superficial  por las costumbres literarias francesas, hasta menciones de programas dedicados a la literatura, o autores y libros famosos: Houellebecq («Sumisión es su mayor éxito. Más que el Goncourt. Pero es su peor libro. Se me cayó de las manos. La verdad, para cualquiera a quien le guste Houellebecq, es muy inferior a todo lo demás que ha escrito. Tiene un sentido excepcional de lo novelesco, pero aquí la verdad es que no hay argumento. Y las pocas páginas buenas sobre la sexualidad o la soledad son repeticiones de lo que ya había escrito, pero en peor.»), Marcel Proust, John Kennedy Toole y, en especial, Richard Brautigan, en cuya novela «The Abortion» está el origen de esa Biblioteca de libros rechazados que inaugura Jean-Pierre Gourvec en Grozon.


En general, durante buena parte de la narración, se mantiene el equilibrio entre las menciones literarias y la trama de misterio, si bien en la segunda mitad, cuando se centra en la investigación sobre quién escribió en realidad la obra, comienzan las digresiones, desde el relato pormenorizado de la vida de personajes secundarios hasta el exceso de romances, dejando algunas de las subtramas sin una conclusión satisfactoria.


En resumen, «La biblioteca de los libros rechazados» es una novela sobre el amor a la literatura, con algunos, breves, baches de ritmo e interés debidos a digresiones innecesarias y a la tendencia del autor a contar más que a mostrar, aderezada con un misterio cuya resolución mantiene la intriga hasta el último momento.


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jueves, 9 de marzo de 2017

Y si fuera cierto, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2017
Longitud de impresión: 155
2.99 €

Argumento:

Fabiola es contratada para escribir una biografía. Cuando llega al pueblo donde tiene que hacer su trabajo empiezan a suceder cosas extrañas.

Comentario:

Alguien que haya leído alguna de las novelas anteriores de la autora podría pensar, tras la lectura de los dos o tres primeros capítulos de «Y si fuera cierto», que, al menos en lo formal, tiene muchas similitudes con estas: narración en primera persona de protagonista femenina en crisis, frases entre lo melodramático, lo superficial  y lo incomprensible, repetitivas, con menos contenido del que aparentan, desorden narrativo (comienza con el viaje y vuelve a un acontecimiento anterior), ausencia de fecha o lugar en el que se desarrolla la historia, palabras usadas fuera de contexto, erratas, puntuación caótica en la que faltan tildes y comas, etc….

Por fortuna, poco después de la llegada de Fabiola a su destino, algunas de estas características empiezan a diluirse. La autora abandona durante la mayor parte de la novela el tono exagerado y las frases tan grandilocuentes como vacías para adoptar una narración sencilla y eficaz, en algunos momentos emotiva, sobre todo en el relato, bastante tópico y por tanto susceptible de despertar empatía, de la vida matrimonial de la protagonista y su ex marido, Ezequiel, o la breve escena que esta comparte con su madre enferma.

También se nota que, además de mejorar la comprensión y facilitar la lectura, la drástica disminución de este tipo de frases permite distinguir la historia bajo la superficie, y el trabajo realizado para dotarla de estructura y coherencia, y de una profundidad ausente en varias de las obras anteriores de la autora, más centradas en el relato de generalidades emocionales que en contar algo con sentido, como sí ocurre en «Y si fuera cierto», obra más «novelada», con escenas, diálogos y un mensaje claro, directo y positivo.

Como ejemplo de estructura destaca la relación entre lo que sucede en la primera parte de la novela y en la segunda (se explica incluso el ruido que hace el tren camino del pueblo), la sutileza con la que a media novela cambia un escenario por otro, o la muy eficaz revelación de los misterios, con un toque fantástico, que rodean el lugar y a sus habitantes, en un crescendo de intriga y curiosidad. Que haya quien pueda deducir lo que sucede en realidad (no es tan difícil) no resta interés a la lectura, ni tampoco la relativa previsibilidad de lo que ocurre tras la revelación, si bien la autora consigue dar un par de sorpresas sin perder la credibilidad (dentro de lo fantástico) de la historia.

La elección de la primera persona (habitual en la obra de la autora) cobra significado y sentido en la historia de Fabiola, en la subjetividad de lo que experimenta. Aunque la definición del personaje no es muy profunda, si está lo bastante caracterizada para mostrar a una mujer en crisis: separada de su marido, con un amante, la madre enferma y una novela que lleva años escribiendo sin ser capaz de terminarla. La estancia en el pueblo, lo que allí vive y las consecuencias, que cambian su vida, son una suerte de viaje iniciático (de nueve meses, como un embarazo) que ordena sus prioridades y le hace tomar decisiones que cambian su vida. El resto de los personajes (Santos, Jacinta, Margaret, Ezequiel, Torcuato…) y sus actos están al servicio de la trama.

En el aspecto fantástico, destaca la recreación del pueblo y sus circunstancias: la sabiduría de Jacinta, los colores, el simbolismo de la hoja de arce roja (en novelas anteriores fue un paraguas rojo o una jirafa albina), a modo de contacto con la realidad, recordatorio de la vida de Fabiola antes de llegar al pueblo, objeto «mágico» que actúa como nexo de unión entre un lugar y otro.

En resumen, pese a las evidentes similitudes entre «Y si fuera cierto» y otras de sus novelas (mujeres heridas, «fantasía», símbolos, cambios, amistad femenina, viajes iniciáticos, relaciones románticas difíciles...), se percibe en esta una evolución (sería mayor con una revisión formal más profunda para «limpiar» la prosa), que la convierte en la que mejor consigue transmitir las inquietudes de su autora.


***T***


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lunes, 27 de febrero de 2017

Nosotros en la noche, de Kent Haruf

T.O.: Our Souls at Night, 2015
Editorial: Literatura Random House, 2016
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz
144 páginas
16,90 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

Addie Moore visita a su vecino Lewis Waters, ambos viudos, para preguntarle si le apetece ir alguna vez a su casa, a dormir con ella. Y a hablar.

Comentario:

«Nosotros en la noche» comienza planteando una situación atractiva, interesante, que, en principio, parece augurar que tratará temas importantes, como la soledad, o la necesidad de compañía y conversación. En ese primer acercamiento se dicen cosas como: «Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también.», «No, sexo no. No lo enfoco así. Creo que perdí el apetito sexual hace tiempo. Yo hablo de pasar la noche. De acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?»

Sin embargo, hay varias cosas que dificultan acercarse a las confidencias de estos personajes. Entre ellas la redacción, que prescinde de las líneas de diálogos y las acotaciones, algo que, sin ser habitual, tampoco es demasiado raro, y ha funcionado en otras obras, por  lo que resulta difícil dilucidar qué falla en ésta. El caso es que en demasiadas ocasiones hay que leer varias veces una conversación para saber quién dice qué a quién.

Que la novela relate lo que hacen los personajes, recreándose en ocasiones en acciones irrelevantes contadas de forma superficial («Ella se marchó y él la vio salir de la habitación y se tumbó a esperar de nuevo al sueño, pero le sirvieron la cena y vio las noticias mientras comía y después apagó la tele y miró por la ventana y contempló caer la noche sobre la vasta llanura al oeste de la ciudad.»), no ayuda a dotar de profundidad a una historia que solo en contadas ocasiones reflexiona con cierta seriedad de los temas que aborda.

El relato de las vidas de Addie y Lewis (ella le cuenta la pérdida de su hija, él a ella la infidelidad a su difunta esposa), en el que completan el conocimiento parcial que cada cual tenía de la vida del otro, con algunos momentos emotivos que permiten empatizar ligeramente con ellos, quizá por lo tópico de las situaciones y las reacciones a ellas.

La aparición en escena de otros personajes, entre los que destacan el hijo (Gene) y el nieto (Jamie) de Addie, además de una anciana vecina (Ruth), cambia la dinámica de la novela y de la relación entre los protagonistas, que parecen rejuvenecer, tener una nueva oportunidad, de corregir errores pasados, con el pequeño Jamie como revitalizador: le llevan a sitios, le compran una perra, vuelven a tener un niño a quien criar y  enseñar lo que saben.

No corren la misma suerte Ruth (su momento emotivo no acaba de conseguir el propósito pretendido) ni Gene, un hombre amargado, infeliz en su matrimonio, que no sabe tratar con su madre ni con su hijo y da lugar a una situación incomprensible al obligar a Addie a tomar una decisión cuya exigencia no parce justificada por la situación, pareciendo más un capricho, un recurso para conseguir el fin que interesa al autor, si bien incoherente con la personalidad del personaje.

Resulta difícil entender que una mujer que al principio hace una declaración de intenciones tajante en cuanto a la relación con el vecino («Me da igual que te vean. Se enterarán. Alguien te verá. Ven por la entrada principal de la calle delantera. He decidido no hacer caso de lo que piense la gente. Le he prestado atención durante demasiado tiempo… toda la vida. No pienso seguir viviendo así. Por el callejón  parece que estemos haciendo algo malo o vergonzoso.») se pliegue con tanta facilidad al capricho de un hijo incapaz de respetar, comprender o escuchar a su madre.

En resumen, «Nosotros en la noche» es una novela perjudicada tanto por la forma como por la superficialidad con la que relata lo que sucede a sus protagonistas, entretenida, quizá por no ser demasiado extensa, que gustará más a quienes tengan facilidad para empatizar e identificarse que a quienes prefieran que se les muestre, y demuestre, lo que quiere transmitir.

«Nosotros en la noche» ha sido adaptada al cine, dirigida por Ritesh Batra y protagonizada por Jane Fonda (Addie), Robert Redford (Lewis), Matthias Schoenaerts (Gene), Phyllis Sommerville (Ruth), Iain Armitage (Jamie) y Bruce Dern (Dorlan) en sus principales personajes.


***T***


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lunes, 20 de febrero de 2017

Media vida, de Care Santos

Editorial: Destino, 2017
Colección: Áncora & Delfín
416 páginas
20.50 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

La noche del 29 de julio de 1950 cinco adolescentes se separan tras un hecho traumático para una de ellas. El 29 de julio de 1981, coincidiendo con el 31 aniversario de lo sucedido y con la boda de Lady Diana y Carlos, las amigas, con 45 años, se reencuentran.

Comentario:

A veces, que satisfaga o no la lectura de una novela depende de las perspectivas que se tengan, lo que se crea que se va a encontrar en su interior. En el caso de «Media vida», el primer capítulo, situado en 1950, cuando las cinco protagonistas son adolescentes, parece sugerir que lo sucedido la última noche que comparten en el colegio donde permanecen internas marcará tanto sus vidas como el reencuentro que tiene lugar tres décadas después. No es así.

Este hecho, relacionado con la culpa, el perdón, el remordimiento, no parece afectar a la mayoría de las implicadas: Marta, Lola y Nina ni siquiera saben todo lo que pasó, Olga ha optado por olvidarlo y Julia, principal perjudicada, ha conseguido, de alguna manera, superarlo, crecerse ante la adversidad, tener la vida más plena y satisfactoria de todas (además de los pasajes más emotivos de la novela).

Quizá por eso apenas se le dedican un par de páginas en el último capítulo, una conversación entre Olga y Julia en la que la primera se diría más impresionada por recuperar sus tijeras de bordar doradas que por  lo que le cuenta la segunda, incluida una «sorpresa» a modo de revelación no tan inesperada, quién sabe si un intento de dar un mínimo de relevancia a lo que pasó en 1950.

Excepto el primer capítulo y parte del último, la novela se centra en relatar lo que ha hecho cada una de las cinco mujeres en los 31 años transcurridos, y lo hace a modo de resúmenes más o menos superficiales, centrados en las escenas que la autora considera importantes (la actuación de los Beatles en Barcelona), si bien retratan más la época que la psicología de sus personajes.

En cuanto a las protagonistas y sus experiencias, a veces resulta difícil situar qué pasa a quién, quizá debido a que (excepto Julia, diputada, feminista, con la historia más interesante) se enfrentan a situaciones similares: matrimonios más o menos infelices, maternidad, vida sexual, frustraciones… lo que da lugar a cierta reiteración en las biografías de las cinco amigas y la impresión, demasiado obvia, de que se las utiliza para hablar de un periodo histórico concreto.

Esto se percibe especialmente en la parte titulada Tenebrismo, durante la que las mujeres vuelven a jugar a las prendas con preguntas acerca de su vida sentimental y sexual, con especial atención a la posibilidad de robar la pareja a una amiga o estar con un hombre mucho más joven, además de indagar acerca de la decisión más importante que han tomado.

Si bien las «sorpresas» que se dan durante la cena en el restaurante de Marta son en su mayoría previsibles o irrelevantes, es apreciable la capacidad de la autora para crear expectativa (la tardanza de Julia en medio de la tormenta) y para dar sentido a la «coincidencia» del reencuentro con la boda de Lady Diana y Carlos, cuyo final es bien conocido con el enfrentamiento de las protagonistas a la realidad de sus vidas, tan alejadas del ideal romántico de la juventud.

En resumen, aunque la novela no cumple las expectativas en cuanto al  «misterio»  que sugiere su primer capítulo, se aprecia la intención de mostrar cómo afectan cierto periodo histórico a las mujeres que lo vivieron y sufrieron, está correctamente redactada y, pese a ser algo repetitiva y un tanto superficial, consigue mantener el interés buena parte de la lectura.


«Media vida» es la novela ganadora del Premio Nadal 2017.


***T***



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lunes, 13 de febrero de 2017

Mi nombre era Eileen, de Ottessa Moshfegh

T.O.: Eileen, 2015
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: Damián Alou
280 páginas
18,90 €
Ebook: 11,99 €

Argumento:

Cincuenta años después, Eileen Dunlop relata lo que hizo la semana anterior a irse de su pueblo, X-ville, para nunca más volver.

Comentario:


La publicidad promociona «Mi nombre era Eileen» como: «Un thriller espeluznante, hipnótico y divertido. Una primera novela poderosa, que cautiva y perturba al lector. La voz de Ottessa Moshfegh irrumpe con fuerza en las letras norteamericanas.» Lamentablemente, no es esto lo que se puede encontrar entre sus páginas.

Narrada en primera persona por su protagonista, la Eileen del título, resulta difícil encontrar algo divertido en el pormenorizado relato que hace de su vida rutinaria y deprimente. Anoréxica, ladrona, trabaja en un correccional, vive en una casa sucia y ruinosa con un progenitor alcohólico con quien apenas se comunica, le cuesta mantener relaciones con otras personas, es inestable, emocionalmente inmadura, se recrea en sus manías, se lamenta, sueña con irse del pueblo, incluso lo planea, pero es incapaz de pasar a la acción en ninguna faceta de su vida, se deja llevar por la inercia de las costumbres y rutinas.

Curiosamente, a pesar de lo repetitivo que resulta, tal vez de forma deliberada, para enfatizar hasta qué punto se encuentra Eileen metida en un bucle autodestructivo, quizá sea la construcción de este personaje, con sus desagradables descripciones y pensamientos, que tanto pueden despertar empatía (momentánea) como antipatía (casi siempre), lo mejor de la novela, y la parte que más cerca está de resultar «perturbadora».

Los continuos apuntes, tanto sobre lo que es la actualidad de Eileen, cuya vida parece haber adquirido algún sentido, como acerca de lo que está a punto de pasar, lo que origina que por fin se decida a hacer algo, consiguen mantener el interés durante parte de la lectura, mientras se cree que puede llegar a ocurrir algo interesante, a pesar de las continuas digresiones carentes de interés y relevancia, o un detallismo excesivo en el relato de situaciones que no aportan nada.

La anunciada aparición estelar de Rebecca Saint John (sustituta de Randy, guarda de día y ex interno del reformatorio, en las fantasías obsesivas de la protagonista) y la relación que establece con Eileen (admiración, imitación, torpe cortejo, fascinación), es anticlimática, un mero catalizador para que, por fin, reaccione.

Lo que se podría definir como «thriller» ocupa el último 10% de la novela, y puede ser lo más decepcionante debido a su falta de credibilidad, a lo absurdo de las decisiones que toman los personajes implicados y a una resolución tan torpe como poco satisfactoria.

En resumen, «Mi nombre era Eileen» es una novela correctamente redactada, en la que no pasa casi nada, con exceso de texto y digresiones, al punto que algunos de los pasajes más repetitivos se pueden leer en diagonal sin perderse nada, que funciona únicamente en la construcción del personaje que le da título, alguien con quien resulta difícil simpatizar.


***T***


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jueves, 2 de febrero de 2017

El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

El gigante Enterrado
The Buried Giant
Kazuo Ishiguro
Traducido por: Mauricio Bach
Editorial Anagrama
368 páginas


Argumento:

Una pareja de ancianos abandona su aldea en busca de su hijo,que vive en otro pueblo, pero por el camino se encuentran con extraños personajes, como un barquero que lleva gente a una isla, un guerrero sajón que desea matar un dragón, etc, etc.


Comentario:

Lo cierto es que afronté este libro pensando que se trataría de una obra de cierta calidad literaria, ya que está publicada por Anagrama, con algún toque fantástico. Pero nada más empezar a leer, me embargó el desconcierto. El escenario que plantea el autor es la época posterior a la caída del Imperio Romano en las Islas Británicas, es decir, la época de los enfrentamientos entre los britanos y los invasores sajones, pasado también el periodo mítico del rey Arturo.

Sin embargo, no podría calificar el libro como histórico. De hecho, al principio, me dio la impresión de que se trataba de una ambientación un tanto irreal, atemporal, y casi hasta distópica, con ese mundo sumido en una niebla que nadie sabe cómo ha llegado hasta ahí y que borra los recuerdos, haciendo que el pasado no esté muy claro.

Después de la primera impresión, la novela toma un cariz de relato fantástico y de aventuras, como si fuera un viaje iniciático de tintes crepusculares, pero no escrito según los cánones de este subgénero.
Así pues, la historia se queda a medio camino entre una aventurilla fantástica (y no demasiado desarrollada) con dragones, trolls, brujas, lances de espadas, y la pretensión artística, que a mí no me ha parecido para tanto.

Entre surrealismo y onirismo transcurre el viaje de estos dos ancianos britanos en busca de su hijo (cuyo destino se imagina quizás demasiado pronto, así como la metáfora implícita de los barqueros), quienes se encuentran hasta con un miembro de la familia del rey Arturo, el anciano sir Gawain.

Lo mejor es el ambiente fantasmagórico y la metáfora de la niebla emanada del aliento del dragón. La niebla borra la memoria, lo cual, en algunos casos no es tan malo, pues enmascara hechos traumáticos y hace olvidar la parte mala de las personas. Paradójicamente, cuando muere el dragón, cuando muere el mundo legendario y la niebla se disuelve, la gente recupera la memoria y comienzan los conflictos bélicos de nuevo. El pasado utópico se desvanece con el aliento de las criaturas fabulosas.

En cuanto a la redacción, no me ha deslumbrado, aunque tampoco sea mala. La prosa es densa, con pocos diálogos, muy descriptiva. Los diálogos que hay me han resultado algo cargantes y repetitivos, en especial, la manía de uno de los personajes de llamar "princesa" a otro. Las escenas son muy largas también, aunque si uno analiza, al final no ocurren tantas cosas como para justificar la gran cantidad de páginas. La trama es bastante simple, la verdad, y muchos personajes no he acabado de entenderlos.

En resumen, una novela a medio camino entre el mainstream y la fantasía, que habla del olvido como algo no tan negativo, pero que a mí me ha costado un poco terminar, debido a su densidad y su escaso argumento.

 
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jueves, 26 de enero de 2017

Niebla, de Miguel de Unamuno

Niebla
Miguel de Unamuno
Austral
249 páginas


Argumento:

Augusto, joven rico y ocioso,  se "enamora" de una profesora de piano a la que trata de conquistar, pero ella ya tiene novio... Augusto comienza entonces un acoso a la joven, buscando apoyo en sus propios tíos, para convencerla de que se case con él, mientras filosofa y cuida a su perro Orfeo. Pero las cosas no irán bien y terminará, literalmente, cara a cara con su  "creador", el mismísimo Miguel de Unamuno.

Comentario:

"Niebla" no es propiamente una novela. Ya lo dice el autor: se trata de una "nivola", un nuevo género literario que rompe con la novela tradicional y permite al autor libertades nunca vistas, no al menos hasta la época de las vanguardias literarias y artísticas del siglo XX.

Sin embargo, al principio, la "nivola" parece novela.

Vemos a Augusto, un joven ocioso con poco mundo, salir a este después de haber vivido bajo la mirada de su madre, y conocer que existen las mujeres y el amor. Vemos sus charlas con Eugenia (una profesora de piano que le atrae), con su amigo Víctor, que curiosamente, también escribe "nivolas"..., con los tíos de la joven, uno de los cuales es anarquista teórico... Augusto, más que enamorarse, sufre de un súbito encaprichamiento por Eugenia, que, él mismo admite, es amor a todas la mujeres. Cada cosa que le ocurre le da pie a elucubraciones filosóficas más o menos interesantes, sobre la mujer, el amor, la existencia, que, sin embargo, están bien introducidas en el relato, sin llegar a cansar.

Por ejemplo, sobre la mujer se pregunta (junto con su amigo) si tiene "alma" o si acaso será un alma grupal, lo cual explicaría que, enamorado de Eugenia, de pronto, siente lo mismo por todas las mujeres con las que se cruza. Tal parece que Unamuno, sutilmente, nos hace un retrato humorístico y sarcástico del tipico Don Juan o mujeriego que quiere imponer su deseo a las mujeres.
«Pero ¡cuánta mujer hermosa hay desde que conocí a Eugenia! –se decía, siguiendo en tanto a aquella riente pareja– ¡esto se ha convertido en un paraíso!; ¡qué ojos!, ¡qué cabellera!, ¡qué risa! La una es rubia y morena la otra; pero ¿cuál es la rubia?, ¿cuál la morena? ¡Se me confunden una en otra! ...»

No se priva, desde luego, de ridiculizar al personaje, cuyos avances son frustrados por la libre decisión de Eugenia, que no quiere casarse con él, demostrando carácter y personalidad propia al preferir al novio pobre y gandul.
Tú estabas enamorado, sin saberlo por supuesto, de la mujer, del abstracto, no de esta ni de aquella; al ver a Eugenia, ese abstracto se concretó y la mujer se hizo una mujer y te enamoraste de ella, y ahora vas de ella, sin dejarla, a casi todas las mujeres, y te enamoras de la colectividad, del género. Has pasado, pues, de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer y de una mujer a las mujeres.

Después de que se consume el fracaso de su empresa, debido a cierto hecho que lo hace quedar como un auténtico idiota, el personaje toma decisión que convierte este libro en una  "nivola" y en un hito de las vanguardias: tomar un tren a Salamanca para entrevistarse con Miguel de Unamuno, autor de la novela. Entonces asistimos al duelo verbal entre ambos, cada uno de los cuales acusa al otro de ser una ficción. Naturalmente, el autor tiene la sartén por el mango y decreta el destino del personaje, que no puede resistirse, aunque no se priva de recordarle que "todos los que leen la novela terminarán igual", todos en el fondo son personajes en una ficción, quizás en el sueño de Dios.

Una historia tan sencilla en apariencia encierra múltiples lecturas y matices. Las reflexiones existencialistas (ya en 1915, cuando fue escrita la obra), las dudas sobre la niebla que nos envuelve, la realidad o no de nuestra propia vida, si no será un sueño (enlazando con "La Vida es Sueño, de Calderón"), el incipiente feminismo, incluso, otorgan a esta obra un valor superior que la convierte en toda una experiencia.

Lejos de ser una lectura ardua como podría dar a entender la temática o la forma, se trata de una novela entretenida, llena de diálogos (a veces algo cargantes, hemos de reconocer, debido a la repetición enfática de palabras y exclamaciones), salvo algún bache de ritmo por el medio; y sobre todo, tocada por el humor que desprenden las situaciones metanarrativas y metaliterarias, o el carácter del personaje principal.

Llama la atención, aparte de la ruptura de la "cuarta pared" mencionada, el carácter metanarrativo de la historia, que incluye no solo referencias a la obra que escribe Víctor, cuyo argumento es similar a la vida de Augusto, sino explicaciones del primero sobre cómo escribir una "nivola".

La prosa es clara y sencilla, alejada de barroquismos innecesarios, aunque sí trufada con alguna palabra un tanto añeja, de poco uso en la actualidad. En cuanto a los personajes, quedan definidos por algún rasgo concreto, apenas pinceladas, salvo el protagonista en el cual se detiene un poco más el autor. Casi todos ellos son extravagantes y diferentes: el escritor de nivolas, el tío anarquista "teórico" de Eugenia, su  novio, Mauricio, un vago de tomo y lomo... Y ¡el perro! que nos regalada un sentido soliloquio y oración fúnebre al final de la obra.

Miguel de Unamuno, escritor, filósofo y catedrático, perteneció a la Generación literaria del 98, pero su obra no pierde actualidad. En resumen, léanlo. Con más razón ahora, que desde 2017 ya está en dominio público.

Fragmentos:

Visita de Augusto a Unamuno
 
Cuando me anunciaron su visita sonreí enigmáticamente y le mandé pasar a mi despacho-librería. Entró en él como un fantasma, miró a un retrato mío al óleo que allí preside a los libros de mi librería, y a una seña mía se sentó, frente a mí.
Empezó hablándome de mis trabajos literarios y más o menos filosóficos, demostrando conocerlos bastante bien, lo que no dejó, ¡claro está!, de halagarme, y en seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increííble; creí notar que se le alteraba el color y traza del semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado.
–¡Parece mentira! –repetía–, ¡parece mentira! A no verlo no lo creería... No sé si estoy despierto o soñando...
–Ni despierto ni soñando –le contesté.
–No me lo explico... no me lo explico –añadió–; mas puesto que usted parece saber sobre mí tanto como sé yo mismo, acaso adivine mi propósito...
–Sí –le dije–, tú –y recalqué este tú con un tono autoritario–, tú, abrumado por tus desgracias, has concebido la diabólica idea de suicidarte, y antes de hacerlo, movido por algo que has leído en uno de mis últimos ensayos, vienes a consultármelo.
El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.
–¡No, no te muevas! –le ordené.
–Es que... es que... –balbuceó.
–Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
–¿Cómo? –exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
–Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? –le pregunté.
–Que tenga valor para hacerlo –me contestó.
–No –le dije–, ¡que esté vivo!
–¡Desde luego!
–¡Y tú no estás vivo!
–¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? –y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
–¡No, hombre, no! –le repliqué–. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
–¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! –me suplicó consternado–, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
–Pues bien; la verdad es, querido Augusto –le dije con la más dulce de mis voces–, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...
–¿Cómo que no existo? ––exclamó.
–No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.

Lamento fúnebre del perro
»Esta es la revelación de la eternidad, Orfeo, de la terrible eternidad. Cuando el hombre se queda a solas y cierra los ojos al porvenir, al ensueño, se le revela el abismo pavoroso de la eternidad. La eternidad no es porvenir. Cuando morimos nos da la muerte media vuelta en nuestra órbita y emprendemos la marcha hacia atrás, hacia el pasado, hacia lo que fue. Y así, sin término, devanando la madeja de nuestro destino, deshaciendo todo el infinito que en una eternidad nos ha hecho, caminando a la nada, sin llegar nunca a ella, pues que ella nunca fue.
»Por debajo de esta corriente de nuestra existencia, por dentro de ella, hay otra corriente en sentido contrario; aquí vamos del ayer al mañana, allí se va del mañana al ayer. Se teje y se desteje a un tiempo. Y de vez en cuando nos llegan hálitos, vahos y hasta rumores misteriosos de ese otro mundo, de ese interior de nuestro mundo. Las entrañas de la historia son una contrahistoria, es un proceso inverso al que ella sigue. El río subterráneo va del mar a la fuente.

Definición de nivola

—Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
—¿Y cómo es eso?
—Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.
—Sí, como el mío.
—No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
—¿Y hay psicología?, ¿descripciones?
—Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada (...). El caso es que en esta novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.
—Pues acabará no siendo novela.
—No, será... será...nivola.

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