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jueves, 6 de octubre de 2016

Cero K, de Don DeLillo

Cero K
Zero K
Don DeLillo
Traductor: Javier Calvo
Seix Barral
320 páginas


Argumento:

La madrastra de Jeffrey Lockhart quiere terminar sus días criogenizada, en espera de nuevo despertar. El joven acude al centro donde tendrá lugar la congelación con su padre, quien le anuncia algo sorpresivo y traumático sobre el asunto.

Comentario:

He de decir que empecé este libro con muchísimas ganas, muy interesada, ya que el tema es atractivo y me llama mucho: las implicaciones de la criogenización, de la vida prolongada por métodos médicos, el transhumanismo en general, la inmortalidad, el propio concepto de lo que es vida... 

Durante los primeros capítulos, cuando conocemos el centro donde se criogeniza a los pacientes que voluntariamente acuden a él (en fases terminales, por ejemplo, o con enfermedades sin cura y que generan poca calidad de vida), estuve enganchada a la prosa poética y casi trascendental del autor, que logra crear un aire casi surrealista, futurista, muy adecuado a lo que se está contando, con descripciones interesantes. No sé por qué, pero en algún momento me recordó un poco a Houellebecq, y en otras partes, a novelas clásicas del género de Ciencia Ficción, distopías del estilo de "Un mundo feliz", de Huxley.

A través de Jeffrey, escéptico con esas cuestiones, conocemos el lugar y a los pintorescos seres que lo habitan, defensores de lo que parece una nueva religión laica de la vida eterna. Ciertamente, toda esta parte da qué pensar y mucho, inquieta y perturba, sobre todo el giro que se da cuando el padre de Jeffrey hace su anuncio. La gente de ese lugar, que parece un búnker o refugio, piensa que serán la avanzadilla de una nueva humanidad, y convencidos de ello, aleccionan a los demás. Personaje especialmente llamativo el de El Monje (hay un remedo de la religión, digamos tradicional, como si se tratara de usurpar la mística espiritual en un modo materialista). 

Sin embargo, en el momento en que la madrastra de Jeffrey deja de estar presente y este abandona el lugar, el libro, para mi gusto decae en interés. Empieza a divagar, a alejarse del argumento primero y a centrarse en la vida amorosa del protagonista, supongo que como contrapunto de lo visto anteriormente, como si el autor quisiera decirnos que eso sí es la vida y no las pretensiones un tanto utópicas y fantasiosas de los defensores de la criogenización y la humanidad post humana. Entiendo la intención del autor, sí, pero el que se aleje de la trama principal a mí también me aleja del libro, y lo cierto es que, al final, ya lo leía con desgana.

Eso sí, la prosa es buena, muy lírica, quizás a veces, demasiado, hasta rozar el surrealismo. No había leído nada de este autor; no esperaba que tuviera este tono tan elevado, aunque la verdad, tiene frases muy buenas, de gran nivel. 

Como curiosidad, Cero K es una alusión a la temperatura de congelación de los cuerpos.

Al final, la obra no me parece que logre una dimensión superior, no es tan impactante como las distopías clásicas, no estudia a fondo el asunto que supuestamente trata, divaga, se va por las ramas, y queda como un borrador de ideas que prometían o que podrían haber dado lugar a mayor desarrollo. Quizás me falla también el protagonista principal, al que noto un poco anodino, pasivo, mero observador de las cosas que ocurren a su alrededor. Pero bueno, tiene partes muy bien escritas, para el disfrute con una prosa elaborada.

En resumen, una novela de la que esperaba bastante más, por su temática y sus implicaciones filosóficas, pero que después de una primera parte interesante, decae o pierde el rumbo. 

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lunes, 3 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout

Editorial: Duomo ediciones
Colección: Nefelibata
Traducción: Flora Casas
224 páginas
16,80 €

Argumento:

Lucy Barton rememora los días que su madre le hizo compañía mientras estaba en el hospital.

Comentario (con SPOILERS):

Es difícil comentar «Me llamo Lucy Barton» sin incurrir en el spoilers como ejemplo de los pros y contras de una novela que puede satisfacer, o no, dependiendo de varios factores.

Relatada en primera persona por la propia Lucy desde su presente, la autora rememora, casi a modo de autobiografía, los días en los que se reencontró con su madre durante una estancia en el hospital, lo que le lleva a recordar pasajes de su infancia, y otros momentos de su vida.

Si bien la trama principal es la relación entre una madre y una hija con dificultades para comunicarse, lastradas por un pasado que ninguna de las dos quiere detallar, también son importantes otros temas, como la influencia de la infancia (en este caso traumática) en el desarrollo de las personas, o la literatura utilizada para huir de una realidad desagradable (vivir en un lugar pequeño y frío)  y, después, tras acudir a un taller literario en el que le dicen varias generalidades, como vehículo para expresar vivencias.

Un tema en principio atractivo (la difícil relación maternofilial) parece desaprovechado, en parte debido a la redacción, que opta a menudo por las notas breves, algo frías, con un contenido más intuido o supuesto que plasmado, dejando la interpretación a cargo de quien lee.

Hay también digresiones, como el relato por parte de la madre de diversas anécdotas sucedidas a conocidos de ambas, que pueden interpretarse como una forma más de su negativa a comunicarse, a hablar de las cosas con claridad, algo que elude también Lucy en su novela, cargada de silencios que en realidad nadie parece desear romper.

Curiosamente, quizá por la falta de profundización en los hechos concretos, no da la impresión de que el pasado haya afectado demasiado a Lucy, que se siente culpable por haber escapado de él gracias a los estudios, mientras sus hermanos se quedaban atrás, pero no se esfuerza en relacionarse con ellos. Tampoco parece que le haya influido en su propia vida como madre, que retrata una relación fluida con sus hijas.

En resumen, si bien en la novela se habla de temas interesantes y profundos, la forma en que está redactada atraerá más a quienes gusten de un retrato distante y «realista» y quizá no satisfaga a quienes prefieran historias en las que los personajes evolucionen, cambien, se vean afectados por lo que se relata.

***T***

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jueves, 29 de septiembre de 2016

Las chicas, de Emma Cline

Las chicas
Título original: The Girls
Emma Cline
Traductora: Inga Pellisa
Editorial Anagrama
344 páginas


Resumen:

Una adolescente entra en contacto con una chicas extrañas en la California de finales de los sesenta. Será una experiencia que marcará su vida.


Comentario:

Este libro es la opera prima de una joven autora norteamericana que trata un tema bastante común en la literatura: el paso desde de la niñez al mundo adulto, una visión de la adolescencia primero plácida y vulgar de Evie, la protagonista, y después violenta y extraordinaria. Para ser una primera obra, es cierto que está muy bien escrito. La autora hace gala, sin agobiar, de un estilo personal, lleno de imágenes originales y buenos destellos de prosa, con cierto toque nostálgico y evocador. Lo cual no impide, quizás debido al tema, que haya algún lugar común o cliché del mundo adolescente de la época en los Estados Unidos. Sin embargo, el juicio se inclina hacia la autora, que supera airosa la parte formal de la novela.

Evie está muy bien retratada en sus inseguridades, miedos adolescentes, curiosidad, deseo de aventura, hambre de cariño y amor, temeridad, despreocupación, en su forma de relacionarse con sus amigas y con los chicos. Se hace creíble su historia de "seducción", contada de un modo para nada truculento ni escabroso (incluso las escenas que podrían serlo) sino bastante natural y creíble. A través de ella conocemos al resto de los personajes, ya que es la protagonista absoluta y el personaje que tiene el foco de la narración en primera persona. Esto hace que la obra sea un tanto intimista, más centrada en los pensamientos y vivencias de Evie que en la acción llamada externa. 

El personaje nos narra desde la actualidad, y hace largos flashbacks sobre el hecho que marcó su adolescencia, vagamente inspirado en los crímenes de Charles Manson y en su "familia" (la secta que lo acompañaba). Los episodios que transcurren en nuestra época son breves y supongo que sirven para dos cosas: demostrar lo poco que han cambiado las cosas para las chicas (a través del personaje de Sasha, visiblemente ansiosa de complacer a su novio) y dar a entender cómo ese pasado persigue a Evie por muchos años que cumpla.

Y es que, en el fondo, uno de los temas de la obra es el de la expectativa de las chicas respecto al amor, y cómo el ansia de este, de ser amadas, de ser reconocidas, puede conducirlas a actos realmente horripilantes y sin sentido (o a su anulación como personas). Las mujeres de la secta encuentran su alegría en complacer al líder, al que tienen endiosado en todas las formas posibles (sexuales también). La autora muestra sutilmente las luchas de poder por el afecto del líder, los celos en contradicción con las ideas de amor libre de la secta, y otras corrientes emocionales surgidas alrededor de esta constante. He creído entender una cierta crítica a esta actitud, una visión feminista sobre el asunto un tanto perturbadora. El final me ha parecido algo precipitado, y no muy bien explicado, sobre todo las razones del crimen (¿banalidad del mal?).

Dicho esto, y admitiendo que el libro está bien escrito, a mí personalmente se me ha hecho un poco aburrido en algunas partes. Supongo que dado el tema, esperaba un análisis sobre el funcionamiento de las sectas algo más detallado, y no tan etéreo y sutil, ni tan centrado en lo intimista. Lo que es cierto es que tarda bastante en arrancar, con una larga introducción sobre la vida de Evie, antes de que esta entre en contacto con las chicas extrañas del título. Es un libro de tempo sosegado.

En resumen, una novela con buena prosa, buenas intenciones, crítica, intimismo y análisis de la turbulenta adolescencia, pero que a mí me ha parecido algo lenta, lo cual no quiere decir que lo sea, por supuesto.

Fragmentos:

 Todo el tiempo que había dedicado a prepararme, esos artículos que enseñaban que la vida no era más que una sala de espera, hasta que alguien se fijara en ti… Los chicos habían dedicado ese tiempo a convertirse en ellos mismos.

Las sábanas de mi cama estaban arrugadas, la punzada del miedo flotaba todavía en el cuarto. Qué ridícula. Asustarme tanto. Pero hasta el imprevisto de otra gente inofensiva en la casa me perturbaba. No quería que mi podredumbre interior quedara expuesta, ni siquiera por accidente. Vivir sola era aterrador en ese sentido. Nadie que vigilara tus escapes, las formas en que delatabas tus deseos primitivos. Como una crisálida tejida en torno a ti, hecha de tus propias inclinaciones, tal cual eran, y que no había que acomodar nunca a las normas de la vida humana.
Seguía en estado de alerta, y tuve que hacer un esfuerzo por relajarme, por controlar la respiración. La casa era segura, me dije, yo estaba bien. De repente parecía ridículo, aquel torpe encuentro. A través de la fina pared, oí cómo Sasha y Julian se instalaban en el otro cuarto. El crujido del suelo, las puertas del armario abriéndose. Estarían poniendo sábanas en el colchón. Sacudiendo años de polvo acumulado. Imaginé a Sasha mirando las fotos de familia de la repisa. Julian de bebé, con un teléfono rojo enorme. Julian con once o doce años, en un barco de avistamiento de ballenas, con la cara asombrosa y azotada por la sal. Debía de estar proyectando toda esa inocencia y dulzura en el hombre casi adulto que se había quitado los pantalones y daba palmaditas en la cama para que fuese a su lado. Con los restos borrosos de tatuajes de amateur extendiéndose ondulantes por sus brazos.
Oí el quejido del colchón.
No me sorprendió que follasen. Pero luego oí la voz de Sasha, gimiendo como una actriz porno. Unos gemidos chillones y ahogados. ¿No sabían que estaba en el cuarto de al lado? Me tumbé de espaldas a la pared y cerré los ojos.
Julian gruñendo.
-Eres una puta, ¿a que sí? –dijo. El cabecero de la cama chocando contra la pared–. ¿A que sí?
Más tarde pensé que Julian debía de saber que yo lo estaba oyendo todo.


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lunes, 26 de septiembre de 2016

La carne, de Rosa Montero

Editorial: Alfaguara, 2016
Colección: Hispanica
240 páginas
18,90 €

Argumento:

Soledad Alegre contrata a un gigoló para que la acompañe a la ópera. Tras este primer encuentro, algo accidentado, se suceden otros.

Comentario:

«La carne» es una novela bien escrita: texto tan ajustado que apenas se pueden encontrar pasajes sobrantes o digresiones innecesarias, un tono de humor que se diluye enseguida, correctamente redactada utilizando una estructura no lineal que incluye varios pasajes en cursiva y flashbacks al servicio de una leve intriga (que no lo es tanto) alternada con los altibajos emocionales de la protagonista.

Si bien la trama sentimental es la que lleva el mayor peso de la historia, se incide también en la vida profesional de la protagonista, ocupada (y preocupada) en planificar una exposición sobre escritores malditos, lo que propicia la inclusión de breves «biografías» de autores que tuvieron finales prematuros y dramáticos (solo una de las historias es inventada) y se utilizan, junto a un detallado resumen de la novela «Muerte en Venecia» de Thomas Mann o apuntes sobre varias óperas para reflexionar sobre temas recurrentes en la obra de la autora: la locura (de amor), el doble, el gemelo, la imagen especular (quizá simbólicamente, como su nombre, Soledad Alegre vive en la calle del Espejo).

La aparición de la propia autora como un personaje más, criticado por Soledad, una suerte de deux ex machina que  le resuelve un problema, y un guiño metaliterario, al que se suma Ana, una vecina escritora que protagonizara la primera novela de Montero, «Crónica  del desamor».

La crisis en que está sumida Soledad, abandonada por un amante más joven, 60 años recién cumplidos, obsesionada por el amor (carnal), por la juventud y la belleza (principales atractivos de Adam, el gigoló), por el temor a enloquecer, sugiere la posibilidad de una evolución, con una escena en  la solo no logra salir de su propia ducha tras analizar lo sucedido, como un punto de inflexión que queda anulado en el último párrafo, dando lugar a un final desconcertante.

En resumen, «La carne» es una novela fácil de leer, con el aliciente de un ligero misterio, la pátina cultural proporcionada por las múltiples referencias a novelas, autores, óperas etc, una trama sentimental, emocional y, en cierto sentido, romántica y una protagonista compleja, cuya resolución puede satisfacer o decepcionar dependiendo de lo que esperen de quienes la lean.


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lunes, 12 de septiembre de 2016

Pétronille, de Amélie Nothomb

 Pétronille
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pámies
Editorial Anagrama
160 páginas


Resumen:

Durante la presentación de un libro, la escritora Amélie Nothomb conoce a una de sus fans, con la que se cartea. Tiempo después, la joven publica un libro y se hace famosa. Ambas inician una amistad íntima. De paso, Amélie nos narra sus dificultades para encontrar «compañeros de borrachera con champagne».

Comentario:

Me ha costado resumir el argumento de este libro y también escribir el comentario, especialmente porque no trata de «nada».

Ya es un lugar común decir que la bibliografía de Amélie Nothomb se divide entre sus obras de ficción y aquellas otras de carácter autobiográfico pero con bastante elaboración novelesca. Pétronille pertenece a la segunda categoría.

En ella se narra una historia de amistad muy rara, en la línea de la autora, que, tal y como está contada, no resulta creíble, en especial por las personalidades de las escritoras protagonistas (aunque suene raro decirlo tratándose de hechos supuestamente «reales»).

El estilo de la obra es cien por cien Nothomb: prosa limpia y pulida, fácil de leer, ingeniosa a ratos, con un buen uso de la elipsis y un cierto humor surrealista… Sin embargo, pese a ser «más de lo mismo» o quizás precisamente por ello, ya no impresiona ni sorprende, ni siquiera en el giro final, tan absurdo y precipitado.

No podría decir que es un libro mal escrito, porque sería falso. Está bien redactado. Pero la experiencia lectora, sobre todo si se ha leído mucho a la autora, es como beber un vaso de agua. A la sensación de levedad le ayuda el escasísimo número de páginas, que no permite profundizar en los temas de la obra: la amistad y la creación literaria.

Se supone que la novela trata de la amistad entre dos escritoras excéntricas, unidas no solo por la literatura sino también por el amor al champagne. Pero apenas tenemos constancia de esa relación: se dan unas pocas pinceladas a modo de anécdotas, como la visita de ambas protagonistas a una estación de esquí donde pasan unas vacaciones, los diferentes encuentros para beber champagne o la visita de Amélie a la casa de los padres de Pétronille (que, por cierto, al parecer está inspirado en la escritora real Stéphanie Hochet). En estas pocas vivencias se nos muestra el contraste entre ambas mujeres, una de clase alta, un tanto snob y excéntrica, y la otra nacida de comunistas, proletaria, «poligonera», o marginal de los barrios bajos como la llegan a llamar, y con un carácter arisco y raro.

Lo más interesante son algunos comentarios de Nothomb sobre sus experiencias personales, como la anécdota que cuenta de su viaje a Londres, donde Vivienne Westwood le hizo salir a pasear el perro por un parque. Pero esto podríamos leerlo en entrevistas o artículos sobre la autora. También revisten cierto interés sus opiniones sobre el mundillo literario.

En ningún momento me he metido en la historia. Aburrida no es, porque la brevedad no permite el tedio, pero tampoco aporta nada nuevo a la bibliografía de la autora ni mucho menos a sus lectores. Los temas tratados son interesantes, pero la forma de plasmarlos, a mi modo de ver, es demasiado superficial. La estructura de la novela me ha hecho pensar en un relato que divaga y va de un asunto a otro sin mucha relación, como escenas sueltas.

En resumen, una novela más de Nothomb, que puede interesar a fans muy acérrimos, o a gente que aún no la conozca, aunque a estos yo les recomendaría otras novelas suyas, como «Estupor y Temblores», por ejemplo.


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jueves, 8 de septiembre de 2016

Villa Vitoria, de D. E. Stevenson

T.O.: Vittoria Cottage, 1949
Editorial: Alba, 2016
Colección: Rara Avis
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera 
328 páginas
19,50€ 

Argumento:

La vida de Caroline Dering y el resto de los habitantes de Villa Vitoria cambia con la llegada al pueblo del señor Shepperton.

Comentario:

«Villa Vitoria» se divide en dos partes bien diferenciadas, de interés y desarrollo desigual. La primera, centrada en Caroline Dering, es tan encantadora como su protagonista, una dama viuda que, yendo de un lado a otro, presenta a los habitantes del pueblo en el que vive, Ashbridge, y a los de su propio hogar, Villa Vitoria.

Con un tono positivo, agradable, Caroline muestra la relación con sus hijas, Bobbie y Leda, con la joven que ayuda en casa, Comfort Podbury, perteneciente a una de las familias más prolíficas del pueblo, o con el almirante Ware y sus hijos, Rhoda y Derek. Pero, sobre todo, con Robert Shepperton, un caballero recién llegado al pueblo, con cierta aura de misterio, que despierta el interés de la protagonista.

Sin embargo, la segunda parte se dispersa con la llegada a Villa Vitoria del hijo de Caroline, James, y de su hermana, Harriet Fane, una famosa actriz que brilla con luz propia. Ambos personajes cambian el ritmo de la novela, de forma en ocasiones desconcertante, desestabilizándola, cambiando el foco de atención, desluciendo en cierto modo a Caroline.

Esto se nota especialmente en el último tramo, centrando buena parte de la narración en Harriet, en especial la (emotiva) escena final, con «sacrificio» incluido, que desluce uno similar protagonizado por Caroline, además de impedirle finalizar la historia que empezó con ella, dejándola fuera de foco en la resolución de uno de los temas que más le afectan.

Si bien las relaciones humanas, incluidos romances, equívocos, rupturas y un nacimiento, son la parte central de la historia, la novela retrata también la época de posguerra en que fue escrita (1949) y una forma de vida, representada por Ashbridge y las relaciones entre sus habitantes, y las responsabilidades que acepta Caroline como representante de cierta clase social.

En resumen, «Villa Vitoria» es una novela amable, de fácil lectura, entretenida y que resalta valores como la responsabilidad, el sacrificio y la bondad.


También en este blog:

- Reseña de «El libro de la señorita Buncle», de D. E. Stevenson


***T***



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miércoles, 13 de julio de 2016

El ruido del tiempo, de Julian Barnes

El ruido del Tiempo
The Noise of Time
Julian Barnes
Traductor: Jaime Zulaika
Anagrama
200 páginas


Resumen:

El compositor ruso Shostakóvich ve censurada por el régimen una de sus obras durante el mandato de Stalin en la Unión Soviética. A lo largo de los años, mantendrá unas tensas relaciones con el poder, que afectarán a su arte.


Comentario:

Esta breve novela podría calificarse como "biografía novelada" en cierto modo, ya que el personaje en el que se centra, Dmitri Shostakóvich, fue un músico ruso real, fallecido en 1975, al que yo conocía por un hecho muy concreto: la composición de una sinfonía dedicada al sitio de Leningrado, durante la II guerra mundial, la llamada Séptima Sinfonía.

Redactada con el elegante estilo de Julian Barnes, sencillo pero profundo, la obra trasciende la vida polémica y conflictiva del personaje (suponemos que con alta dosis de ficción), sometido al capricho de los gobernantes, para convertirse en una sutil pero a veces violenta diatriba contra los regímenes totalitarios, y mucho más, contra los simpatizantes de tales regímenes que no tienen que sufrirlos, por vivir en "libertad". 

La novela comienza con la anécdota de los ataques sufridos por el compositor por parte del diario oficial soviético Pravda hacia su ópera "Lady Macbeth de Mtsensk", una obra que al parecer no había gustado a Stalin, quien había abandonado el teatro durante su representación. Tales ataques solo son la antesala de la prohibición. 

Para las personas que hemos vivido en democracias se hace difícil entender la vivencia de la gente bajo regímenes totalitarios como el soviético, e incluso muchas de las situaciones que se muestran en el libro, nos resultan un poco ridículas (exámenes de ingreso en instituciones musicales donde hay que aprobar un apartado de teoría marxista). Shostakóvich es víctima del capricho del supremo gobernante (Stalin) y de las consignas del partido y de la ideología dominante, que califican de burguesas y caóticas sus obras, antirrusas, pesimistas, pese a ser considerado al tiempo, uno de los mejores compositores del siglo XX, y ser utilizado como propaganda por el poder, como muestra del éxito de su ideología, por lo cual recibía ciertas prebendas tales como un chófer y una dacha (casa de campo). 

Barnes nos dibuja con tino la persecución y presión psicológica, y a veces esquizofrénica a la que era sometido, con la asignación de un tutor, por ejemplo, así como diversos episodios donde se muestra el conflicto de Dmitri por no ser capaz de luchar contra esa atroz máquina de destruir personas y la limitación que imponián a su arte. En cierto modo, se nos muestra un hombre que vende su alma al diablo para sobrevivir y poder seguir creando, aunque no lo que le gustaría, y que, gracias a ese pacto vive mejor que los demás, en una situación privilegiada, sin quejarse y aceptando, finalmente, después de mucho resistirse (en la novela), la afiliación al propio Partido. Al parecer, es un tema polémico el de si el compositor era un disidente o un adepto del régimen, pero en la obra de Barnes se toma el punto de vista de un hombre crítico con el sistema pero cobarde y en cierto modo atormentado por ello.

Dada la naturaleza de la novela (que es casi no ficción) y su brevedad, a veces he tenido la impresión, durante su lectura, de que faltaba algo, o que se trataba de una obra menor. Lo más destacable, aparte de la prosa, es ese trasfondo crítico y la exposición de los diversos conflictos encarnados en el personaje concreto pero extrapolables a todo el género humano: arte contra poder (¿El arte al servicio de las masas, del pueblo, de la revolución?), individuo contra el estado, conformismo contra valor para rebelarse... 

La obra no excluye un cierto humor, muy sutil, que aún pone  más en evidencia lo ridículo de los totalitarismos, el carácter arbitrario de sus políticas y las justificaciones con las que intentan sustentar decisiones que no se sostienen desde un punto de vista lógico. Resulta gracioso que al final de su vida, ya en época de Jruschev, con una mayor apertura del régimen, los comunistas se den cuenta de que en efecto habían prohibido obras de su autor estrella, y se den prisa para recuperarlas. 

En resumen, una obra interesante, fácil de leer, pero al tiempo de bastante calado ideológico, que, no obstante, me da la impresión de que se queda corta y muy lejos de ser una obra redonda. El eterno conflicto entre la libertad individual en todas sus facetas y el poder que rapiña al individuo sus logros y su vida entera. ¿A quién pertenece el arte? 

Fragmentos de la obra:

"El arte es el susurro de la historia que se oye por encima del ruido del tiempo. El arte no existe por amor al arte: existe por el bien de la gente. Pero ¿qué gente, y quién la define? Él siempre pensó que su arte era antiaristocrático. ¿Escribía, como sus detractores sostenían, para una élite burguesa y cosmopolita? No. ¿Escribía, como sus detractores querían, para el minero de Donbass fatigado de su turno de trabajo y necesitado de un reposo tranquilizador? No. Escribía música para todos y para nadie. La escribía para quienes más apreciaban la música que escribía, sin tener en cuenta su extracción social. La escribía para los oídos que podían escucharla. Y sabía, por consiguiente, que todas las definiciones verdaderas del arte son circulares, y todas las definiciones falsas"


"¡Qué fácil era ser comunista cuando no vivías bajo el comunismo! Picasso se había pasado la vida pintando sus mierdas y aclamando al poder soviético. Pero Dios no quiera que cualquier pobre artistilla sometido a la férula soviética intente pintar como Picasso. Era libre de decir la verdad: ¿por qué no lo hizo en nombre de quienes no podían? En vez de eso, vivía como un hombre rico en París y en el sur de Francia pintando una y otra vez su repugnante paloma de la paz. Él aborrecía aquella puñetera paloma. Y aborrecía la esclavitud de las ideas tanto como la esclavitud física."


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jueves, 14 de abril de 2016

El Sistema, Ricardo Menéndez Salmón

El Sistema
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
Premio Biblioteca Breve 2016
328 páginas


Sinopsis:

El Narrador vigila desde su solitaria estación meteorológica que ningún extraño entre en el Sistema de Realidad, que, en realidad, es nuestra Europa en un futuro no tan remoto. Pero un día, harto, decide abandonar su puesto e iniciar un inquietante periplo que lo lleva hasta la Academia del Sueño y, después, a emprender una singladura en barco junto con varios extraños que lo han secuestrado


Comentario:

Uno de los debates recurrentes de la literatura es el de si es más importante la trama o la forma, la intriga del argumento o el placer estético, lo qué se cuenta o el cómo. El autor de este libro parece tener clarísimo que la forma está por encima de cualquier otra consideración. Sospecho que es de esos escritores que piensan que la trama es burguesa y reaccionaria, y que, por lo tanto, no merece la pena ni urdir una para colgar de ella todas esas bonitas palabras. Esos escritores que olvidan, por lo demás, que la literatura consiste en contar historias principalmente.

Y es que "El Sistema" es una novela con una trama tan ligera que hasta podríamos considerarla prescindible. El punto fuerte es una prosa trabajada y exprimida hasta el limite de de las posibilidades de la lengua, cuajada de imágenes, metáforas y recursos originales, para nada convencionales ni trillados (aunque a veces excesivos), y sobre todo, en un tono lírico, desolado y casi apocalíptico, que nos sitúa en una Europa, devenida archipiélago, futura y distópica, en la que se atisban recuerdos de lo que fue, pero que en general resulta irreconocible.

En este artificio literario, la historia se divide en Protohistoria, Historia Antigua, Historia Moderna e Historia Nueva, y las personas en Propios y Ajenos, entendidos como los que habitan el sistema y los que están en el exterior. El sistema está formado por la Realidad y otras islas y países, como Empiria (Grecia) y la Innombrable (que para mí que es Alemania), y se articula en torno a objetos conceptuales como el Dado, la Caja, el Panóptico, el medidor de presencias y cosas por el estilo. También existen drogas que hacen que la gente no sueñe (simbolismo) y estaciones meteorológicas que vigilan que no lleguen extraños al sistema (simbolismo). Ya se lo pueden imaginar: todo eso significa "algo".

Aunque el libro entero está escrito en clave críptica o simbólica, si se prefiere, es posible adivinar en muchos pasajes el mensaje y los vínculos con nuestro presente, como menciones coyunturales a la crisis griega, que es, precisamente, lo que menos me ha gustado, ya que parece que se apunta a un tema de moda. También hay momentos en los que el discurso se superpone a la narración y nos "explica" en lugar de utilizar escenas para contar los temas, a modo casi de ensayo en tono poético (o panfleto, artísticamente redactado, pero panfleto a fin de cuentas, y en cierto modo tópico).

En algunas partes es demasiado obvio, pero durante la mayor parte de la novela es tan metafórico, poético y simbólico que no sabes ni de qué habla (bueno, a mí me ha pasado, pero no descarto que sea problema mío y de mis cortas entendederas). Siendo así, llega un punto de la novela en la que termina la fascinación por la deslumbrante y alambicada prosa y comienzas a preguntarte si eran necesarias tantas páginas o si el autor no se estará repitiendo y dando vueltas en torno a su creación, regodeándose en su capacidad lingüística  (o dicho vulgarmente, haciéndose una paja mental).

Los personajes son meros arquetipos para dar salida a las inquietudes del autor. El principal, llamado el Narrador, comienza como vigilante solitario de la estación meteorológica; escapa de ella y cae en manos de un tal Klein, y finalmente inicia un viaje en un barco llamado Aurora con un grupo de extraños personajes: un niño mago, un par de mellizos incestuosos, etc, etc, todos ellos símbolos de "algo", no lo olvidemos. Es muy difícil empatizar con cosas tan abstractas y conceptuales. En ningún momento sentí que me importara o conmoviera la aventura del Narrador ni de ninguno de los figurantes que lo acompañan en su viaje alegórico. Eso sí, está muy bien redactado; es una prosa apabullante.

Lo más logrado es el ambiente apocalíptico y surrealista de una tierra y una civilización en las postrimerías, un mundo que ha llegado a su Caída, habitado por seres (los humanos) que probablemente están a punto de ser sustituidos por criaturas posthumanas, como en un nuevo comenzar (simbolismo de Adán y Eva, del Arca). La prosa, como dije, fascina y deslumbra, pero no sé si a todos los lectores les bastará con sentirse fascinados y deslumbrados.

En resumen, un libro de elevado nivel literario y difícil comprensión (al menos para mí) que hará las delicias de los degustadores de la "qualité" más desaforada, amantes de las prosas elaboradas, acreedoras de premios literarios (y no me refiero al Planeta), pero que no atraerá mucho a los que busquen una historia, personajes, trama, intriga, esas cosas que solía haber en las novelas.


Fragmentos:
El niño que tenía miedo a lo desconocido, dijo mi padre, era un niño rico en climas. Durante el invierno, sitiado por los mariscales del frío, sentía miedo de los pozos profundos, del agua oscura, del silbido del tren amotinado en los túneles, de la nieve que caía sobre las tumbas de los cementerios; en verano y primavera, corriendo por playas y parterres, le subían por las ramas de sus huesos los espantos de los insectos innumerables, los terrores de las lunas de rostros picados de viruela, los fantasmas húmedos de la orina al despertar, los perfiles del hombre del saco escondido en el zaguán de una casa repleta de mujeres vestidas de luto que se reían de su inocencia; a comienzos del otoño, con el retorno a las clases, aparecería el miedo a desvanecerse en el seno de la costumbre, como una hoja mecida por dedos crueles, el miedo a los extraños que asaltaban a los chiquillos en las estancias del sueño, el miedo a los infatigables asesinos de padres y madres emboscados en las encrucijadas de los caminos, el miedo a que en un descuido, contenidas en un bostezo, una tos o un estornudo, se le escaparan por la nariz y la boca el apetito, la bondad, incluso la cordura. Claro que a la hora de escoger entre las muchas clases de miedo existentes, apuntó mi padre, la que más le atormentaba al niño era la del miedo a lo desconocido. Que se supiera, contra el miedo a lo desconocido no existía ninguna receta milagrosa, ni remedios encerrados en botellas diminutas y opacas: tan solo le quedaba a uno aguardar a que pasara como una sombra fugitiva, erizando el vello de los brazos hasta dejar la garganta seca, igual que cuando se lame una piedra.


Fuera, en la noche de verano, un cometa devasta el cielo. Una sombra a su derecha, cerca de la cabaña, lo distrae. Buena Muerte, desnudo, las manos pegadas a las caderas y los ojos pavorosos, una especie de héroe pagano, camina en círculos cada vez más estrechos, girando en un vértigo loco.  El Narrador pronuncia su nombre y avanza una mano hacia el derviche. Antes de tocar el cuerpo que no cesa de girar, comprende que el centinela es sonámbulo. Lo contempla un buen rato hasta que los círculos cesan, Buena Muerte se sosiega y regresa a la cabaña. Un halo de irrealidad late en la Estación. Dos danzas macabras en una sola noche. En ambas, la sensación de ser el único hombre vivo bajo el domo infinito.


Realidad está dividida en diecisiete Sustancias. Cada Sustancia tiene un Atributo y varios Accidentes. El Narrador nació, creció, estudió, se casó y fundó su familia en el Atributo de Sustancia 16. Sustancia 16 es una de las divisiones menos extensas y habitadas de Realidad. Es una Sustancia con una naturaleza espléndida, una tierra fértil y un clima benigno. El vigor de Sustancia 16 fue grande hasta hace décadas, pero una profunda crisis en sus sectores principales -minería, pesca, siderurgia- hizo que la demografía se estancara, la economía se resintiera y se produjera un éxodo de población hacia Sustancias más prósperas.

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jueves, 7 de abril de 2016

Olvidé decirte quiero, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €

Argumento:

Malena rememora su relación con Mario.

Comentario:

«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista (en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que intentan liberarse relacionándose con otros hombres.

También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos. 

En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y «seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos calificar que los humanos sois, grosso modo, idiotas.»

Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad, si continuara con su vida… Y acaba.

En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior obra de la autora.


Citas de «Olvidé decirte quiero»:


Malena, capítulo 1:

« Me llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir, ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
 Y la nada más absoluta me responde con un silencio perturbador.»

Malena, capítulo 2:

« Siempre he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas, a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso, a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que quizá sea este en el que me encuentro.»

Mía, capítulo 27:

«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,


También en este blog:

- Reseña de «La luz de Candela»



***T***


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miércoles, 30 de marzo de 2016

El Chico de las Estrellas, de Chris Pueyo

Editorial: Destino, 2015
208 páginas
12,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Chris narra la historia que le lleva a conocerse y aceptarse a sí mismo.

Comentario:

El Chico de las Estrellas es una novela en la que la forma destaca sobre un fondo más emocional que profundo.

El autor utiliza recursos «estéticos» para tratar de dotar a su obra de una «originalidad» que no sino apariencia, como el color azul del texto:

Página 12: «Embadurné mi habitación de un azul oscuro y brillante, con unas gotas de plata en forma de estrellas, un azul más cercano al morado que al verde, un azul cantábrico cuando de madrugada se revela el mar. Un azul chulo.»

También usa fuentes de distinto tipo y tamaño (creciente), palabras señaladas en negrita o tachadas:

Páginas 19-20: «Él no era mi padre y no vivíamos con él, pero cuando a mi madre (La Mujer Que en Vez de Respirar, Fuma)  le daba un ataque de locura amor, me llevaba dormido a su infierno casa.»

O pone apodos a las personas que le rodean: El Chico de las Estrellas (el propio Chris), La Mujer Que en Vez de Respirar, Fuma (la madre), La Dama de Hierro (la abuela), La Mujer de las Velas (la psicóloga), El Chico Más Guapo del Mundo (su primer novio) o Lady Madrid (su única novia).

Además, el autor alterna la primera persona con la tercera, en apariencia a modo de distinción de sus dos identidades: Chris (asustado, inseguro) y El Chico de las Estrellas (el ideal que sale a la superficie, libre), algo que funciona tras el posible desconcierto inicial.
La redacción, una especie de prosa poética en la que, como hace con los nombres, rara vez menciona cada cosa por su nombre, contribuye también a ocultar lo poco original del texto.

Sin embargo, todo esto apenas oculta cierta carencia de recursos del autor para contar una historia (según él la suya) en la que algunas cosas parecen ocurrir, sin más: No se muestra, por ejemplo, el proceso por el que Chris acaba aceptándose a sí mismo (su homosexualidad) durante una estancia en Londres.

Otras situaciones: la vida con su madre y El Señor del Bigote Negro, el papel salvador de la abuela o alguna amiga (La Arquitecta de Sonrisas, La Chica del Reloj de Pulsera, La Chica de las Arepas), el reconocimiento y aceptación de su homosexualidad, el trato que recibe por ser gay, o las sesiones con la psicóloga, reciben, al menos un poco de atención (poco profunda), incluyendo ejemplos, sin dejar de ser tópicas y convencionales. 

Tampoco queda clara la finalidad de una novela en la que, pese a su poca extensión (200 páginas) hay pasajes cuya inclusión no aporta nada a la historia (el capítulo 20, sobre cómo son los cuentos de hadas originales en comparación con las películas de Disney, el Cuento de Ivo), mientras que el romance entre El Chico de las Estrellas y El Chico Más Guapo del Mundo, los pasajes que cuentan lo sucedido cuando él y su madre vivían con El Señor del Bigote Negro, o la presentación de La Dama de Hierro, son lo más emotivo de una obra que concluye, como podría hacerlo en cualquier otro momento, poco después de la historia de amor.

En conclusión, El Chico de las Estrellas, aun con sus carencias (superficial, inconcreta, a veces dispersa), funciona a nivel emocional: es fácil empatizar, identificarse, con alguien que busca su propia identidad. Cualquiera que lea la novela ha sido (o es) adolescente, con lo que esto implica, o ha sufrido algún tipo de rechazo, no necesariamente por su orientación sexual, quizá por su aspecto físico, etnia, religión, nivel social, cultura, etc…


***T***


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martes, 15 de marzo de 2016

Cinco Esquinas, de Mario Vargas Llosa

Cinco esquinas
Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara
320 páginas

Argumento:

El periodista Rolando Garro chantajea a un ingeniero del cual posee fotos en poses comprometidas con mujeres de mala vida, pero le sale el tiro por la culata. Mientras, la mujer del ingeniero y su mejor amiga entablan una relación lésbica.

Comentario:


Muy lejanos quedan ya los tiempos en los que Vargas Llosa se convirtió en un icono y referente de la literatura en lengua española, con obras como "Conversaciones en la catedral", "La casa verde" o "La ciudad y los perros".

Sin embargo, sería un juicio injusto decir que la novela que nos ocupa es un bodrio sin interés alguno, aunque, a decir verdad, no le haga favor a su fama y a su calidad de premio Nobel. Vargas Llosa no es el que era, es cierto, pero la obra se lee con curiosidad, más por ser de quién es que por sus valores literarios.

El tema, en principio, resultaba prometedor: el gobierno de Fujimori y Montesinos en Perú, dos figuras siniestras con tintes dictatoriales y corruptos, y la época de terror de Sendero Luminoso. Una podría esperar que se desarrollase una trama con tales mimbres en la que conoceríamos un poco este ominoso periodo de la historia reciente de Perú, marcado por muertes, toque de queda, cortes de luz en la capital, los manejos del llamado Doctor (Montesinos, hombre fuerte del régimen) con la prensa y el uso del amarillismo, los chantajes y demás artimañas de control.

Algo hay, no podemos negarlo, ya que una de las líneas narrativas cuenta el chantaje de un periodista sobre un ingeniero al que se sorprende en plena orgía con prostitutas, que luego se convierte en escándalo en una revista de la prensa amarilla llamada "Destapes", especializada en sacar los trapos sucios de los enemigos del régimen.

Sin embargo, el autor no parece centrado en la historia. El tema del poder de la prensa en la sociedad, el amarillismo y su uso sin escrúpulos pronto deriva hacia un seudo misterio policial en el momento en que aparece muerto uno de los protagonistas del chantaje, misterio que no se desarrolla sino que meramente se apunta y luego se resuelve de una forma explicativa.

Pero no contento con esto, Vargas Llosa vuelve a salirse del tema, en esta ocasión del todo, y nos cuenta los devaneos lésbicos de un par de amigas de la clase alta limeña, cuyos esposos también son amigos entre sí, y que no tardará en convertirse en una historia casi porno, casi vodevilesca, de tríos, orgías, etc, profusamente detallada, pero que no parece tener nada que ver con el resto, como si fuera un inserto o relleno que le apeteció incluir porque sí o por darle un contenido a tales personajes.

Siendo así, la obra resulta una especie de retrato de la sociedad peruana de esa época, entreverado de humor y personajes algo endebles y frívolos, que hablan con diminutivos y solo se preocupan por el sexo (la mayor parte de ellos), como el ingeniero, su esposa y la amiga de su esposa, en la que los recursos literarios, exceptuando la parte final, han desaparecido en favor de la sencillez y por qué no decirlo, una cierta simpleza, amable, sí, tierno, quizás, pero cuajado de errores que no se le pasarían a un principiante.

Por ejemplo, las repeticiones de información ya facilitada, los diálogos utilizados a menudo como manera de informar al lector descaradamente (y así ahorrarse escenas), la dejadez del final, donde, utilizando una fórmula de superposición de diálogos y escenas protagonizados por los personajes de las diferentes líneas, se termina la historia de cualquier manera, como si el autor hubiera llegado a un punto donde ya se cansó de escribir y decidiera resumir lo que falta.

El sabor local, que existe, está, sin embargo, algo diluido, y poco se atisba del sustrato social peruano; sobre el tema de Sendero Luminoso, Fujimori y Montesinos se pasa como de puntillas, aunque el Doctor tiene una aparición estelar terrorífica que es de lo más destacable de la historia y hay alguna referencia a los toques de queda y a la amenaza del terror; la prosa es sencilla; se opta más por el resumen y la narración que por la construcción de escenas; al inicio resulta ágil pero luego, debido a la repetitividad antes nombrada, se estanca un poco el interés; las tramas parecen no avanzar más que a trompicones, y encima, como remate, ese final complaciente y apurado, por no mencionar los devaneos erótico festivos de las damas que se hacen pesados al no ser necesarios en absoluto.

En resumen, una novela prescindible pero que puede entretener, aunque no a quien tenga altas expectativas literarias y desee una lectura profunda. Es más bien una obrita simpática de un autor que hizo mejores cosas en su momento.



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lunes, 22 de febrero de 2016

La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral
272 páginas



Argumento:

España, como gran parte del mundo, ha sido invadida por un extraño imperio que podría ser alemán o centroeuropeo. Esta fuerza opresora utiliza a los nativos como esclavos, al modo nazi. Una anciana llamada señora Holman, que está casada con uno de los oficiales veteranos de la conquista, descubre un día a un refugiado en sus tierras.



Comentario:

Hace unos años irrumpió en el panorama literario español el nombre de Jesús Carrasco gracias a su obra "Intemperie", una especie de western con sabor hispánico y reminiscencias delibedianas, ambientado en un tiempo y espacio indefinidos (que podrían ser la España de los cincuenta), y que tenía como tema la violencia. La obra que nos ocupa está urdida con los mismos mimbres, pero a mi modo de ver, es mucho más imperfecta, lo cual es destacable tratándose de una segunda obra.

En primero lugar, a destacar el estilo, que es similar al ya visto en su opera prima, y que podríamos denominar "agro-retro", caracterizado por las ínfulas artísticas, el ruralismo extremo, el lenguaje arcaizante que remite a la tradición española más profunda y tradicional, la recuperación arqueológica de palabras en desuso, que le dan a la narración ese aire "anticuado" pero bien imbricado con la rudeza y hostilidad del paisaje que describe, las tierras de Extremadura (y que en Intemperie estaba mejor logrado). Si añadimos a esto el hecho de que la novela está ambientada en un tiempo imaginario (de apariencia casi decimonónica o de inicios del siglo XX), no es de extrañar que la historia parezca una distopía con sabor arcaico y "de pueblo", pero bastante artificiosa y poco creíble, debido, sobre todo, a que el autor pasa completamente de contextualizar este mundo imaginario. No sabemos de dónde sale ese imperio, ni cómo ha llegado a conquistar casi todo el mundo, y a esclavizar a la población, que no se resiste en absoluto. Entiendo que se trata de simbolismos de temas más profundos, como la violencia, la opresión de unos humanos por otros, etc, etc, pero a mí no me funciona si no puedo verlo como algo verosímil, que no real. Así pues tenemos por un lado una ambientación irreal y unas descripciones hiperrealistas (y de bastante regodeo en la violencia y lo gore).

Tampoco ayuda a meternos en la trama (bastante endeble, a mi modo de ver, por no decir que casi no pasa nada en la obra), la forma en que está narrada la historia. Existe una narradora en presente y en primera persona, Eva Holman, esposa de un viejo oficial impedido, que, de pronto, pasa a hablar en segunda persona y luego a esto se une una narración en tercera, que es la parte protagonizada por Leva, el refugiado que se esconde en sus tierras. El conflicto de la protagonista consiste por un lado en su odio al oficial con que está casada, al que desea matar; por otro, su miedo y curiosidad hacia el "otro" (uno de los temas es la "alteridad", sí); y por último, la pérdida que ha sufrido en la guerra como madre, ya que su hijo murió en una campaña. El autor utiliza este hecho para unir su destino simbólicamente al de Leva, que también ha perdido a su mujer e hija: una forma de decir que tanto invadidos como invasores comparten las mismas miserias en el fondo y son todos víctimas, etc, etc.

Sin embargo, yo nunca he entendido las razones del odio tan visceral de la señora Holman hacia su marido ni sus comportamientos erráticos en relación con Leva, ni su decisión final de rebeldía.

Con todo, su historia es mucho más interesante (sin serlo en realidad) que la de Leva, cuyas peripecias se basan en escenas de deportación e internamiento en campos de trabajo similares a los de los nazis. En verdad, todo me ha recordado a eso, incluyendo pasajes de exterminio y cremación, descrito todo con mucho detalle, mucho detenimiento en lo feo y lo macabro, que, pese a todo, no logra calar profundamente, debido al distanciamiento que produce esa ambientación tan poco creíble.

La expresión tan obvia del mensaje ha hecho que me resulte muy poco efectivo, teniendo en cuenta que la literatura funciona mejor cuando sugiere y no cuando muestra su tramoya y sus intenciones.

Finalmente, y esto ya es algo subjetivo, me ha parecido bastante aburrida esta novela. Eso sí, está bien redactada, aunque para mi gusto la estructura no sea lo que se dice perfecta. El fondo y el contenido no están a la altura de la forma.

PD: alguien debería decirle al autor y a la editorial que hoy en día "este" y "ese" no llevan tilde. Y que "esos" ya no lo llevaba ni antes de la última reforma de la RAE.


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jueves, 18 de febrero de 2016

Historia de un canalla, de Julia Navarro

Editorial: Plaza & Janés, 2016
860 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Thomas Spencer asegura que es un canalla e intenta demostrarlo relatando diversos recuerdos de su vida.

Comentario:

La novela parte de una premisa (la afirmación de Thomas de que es un canalla y su empeño en demostrarlo, en un tono que parece demandar comprensión, quizá perdón, pese a su declarada falta de interés por la aprobación ajena) que hace su desarrollo poco creíble en varios aspectos.

Que el protagonista, recordando su vida, relate en cursiva lo que hubiera podido hacer en determinadas circunstancias si no fuese (según él) tan malo, contiene un error de base: de ser bueno nunca se hubiera visto en las situaciones que describe, y por tanto tampoco hubiera tenido la opción de reaccionar de forma diferente a como lo hizo en cada situación.

Quizá la finalidad de la autora al poner tantos (y larguísimos) ejemplos de lo que podría haber sido sea demostrar que el protagonista sabe que es malo y no se arrepiente de lo que hace, sin embargo solo consigue alargar y ralentizar demasiado la narración, dando la impresión de que no se avanza, ni en la lectura ni en la vida de Thomas.

Aún así, no es la premisa argumental el principal obstáculo para disfrutar la lectura de «Historia de un canalla», sino otros que afectan tanto a la forma como al fondo: la estructura, el contenido y la finalidad, perjudicadas por una falta de revisión tan profunda que se diría más un borrador necesitado de bastantes cambios para ser legible que una novela.

La decisión de que Thomas cuente su historia en primera persona, no parece la más adecuada para analizar su comportamiento y forma de ser: durante la mayor parte de la novela intenta hacer creer que es malo malísimo y, sin bien hacia el final lo consigue, en general parece infantil, caprichoso, inmaduro, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, patético…

Como a muchos narradores en primera persona, al protagonista se le escapan comentarios sobre pensamientos o sentimientos de otros personajes, que no puede conocer, algo que se nota especialmente en los pasajes protagonizados por Evelyn y Bob durante la investigación que se les encarga, aunque también sucede con la mayoría de los personajes que rodean a Thomas, lo que da lugar a contradicciones entre la descripción que él  hace y cómo se comportan (Esther en cierta situación).

La excesiva extensión de la obra (864 páginas en su versión impresa) se debe tanto a esos innecesarios pasajes sobre lo que pudo ser como a una gran cantidad de subtramas, tan convencionales, tópicas y  previsibles que es fácil adivinar qué va a pasar  (las visitas de la madre a cierta casa, las relacionadas con campañas políticas y hasta las familiares y «románticas»), como a escenas redactadas de forma torpe por medio de diálogos interminables, explicativos y repetitivos que no llevan a ninguna conclusión.

También se observan en la novela otros excesos: hay demasiados personajes con roles similares (Lisa, Yoko, Constanza Olivia y Doris para ilustrar el tipo de relaciones que establece Thomas con la mayoría de las mujeres), situaciones en las que se abordan temas familiares (dos defunciones descritas en detalle) cuya conclusión es la misma: su familia le quiere y él no les corresponde, o sus trabajos como publicista, en especial los temas políticos (el caso de Roy Parker es el más representativo), lo cual crea una sensación de caos y confusión que afecta incluso al transcurso del tiempo, incrementada por las idas y venidas de Thomas tanto en sus relaciones «sentimentales» (familia, mujeres) como en las de negocios.

En resumen, «Historia de un canalla» es una novela tan lastrada por la forma en que está contada (estructura, narrador…) que el contenido (convencional, tópico) y la finalidad (¿qué pretende contar la autora?) quedan demasiado difuminados, con el agravante de un final decepcionante (ese epílogo que deja con las ganas de saber más de varios personajes), lo que dificulta mucho disfrutar con su lectura.


Enlace relacionado:

- Reseña de 
«La sangre de los inocentes», de Julia Navarro




***T***


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jueves, 11 de febrero de 2016

El inocente, de Mario Lacruz

 El inocente
Mario Lacruz
Ediciones Generales Anaya
202 páginas



Argumento:

Virgilio Delise es acusado de la muerte de su padrastro. Durante el traslado policial, se da a la fuga. La policía se moviliza para atraparlo, aunque es inocente.



Comentario:

Mario Lacruz fue un escritor poco prolífico que tuvo cierta repercusión en la postguerra española con esa novela, "El inocente", ganadora de un premio e inmediatamente traducida a varios idiomas. Hoy en día no es muy conocido, pero en su momento fue considerado el precursor de la novela policial española, aunque la obra que nos ocupa, origen de tal etiqueta, no encaje de manera exacta en lo que entendemos por "policiaco".

Ambientada en un lugar imaginario (que podría ser España), en ciudades llamadas Escala y Fuente-Lidia, desarrolla la historia de un musicólogo, Delise, que es acusado de la muerte de su padrastro, aunque él no lo ha hecho. El personaje, sin embargo, se considera a sí mismo "culpable", en un modo abstracto y general, siendo este detalle determinante para que la novela trascienda la temática y entronque con el existencialismo, más sutil y rebajado que en otras novelas europeas de la misma corriente. Las técnicas policiales y la investigación en sí no se desarrollan mucho. Hay menciones a autopsias, sin detalles, y se nos cuenta el punto de vista de los policías, pero eso no es lo importante de la obra.

Más interesante que el argumento (no deja de ser una persecución) son la técnica y el estilo literarios. Narrada en tercera persona durante casi toda su extensión, nos muestra el punto de vista de todos los personajes que aparecen, variando de unos a otros sin separaciones. Esto produce en el lector una cierta sensación de distanciamiento, como de ver la acción desde un punto de vista superior y ajeno. Sin embargo, también hay partes más intimistas, que contrastan con la acción pura, y donde se nos van revelando las diversas motivaciones e historia de los personajes. En realidad, se trata de pinceladas muy breves, y quizás algo superficiales.

Aunque se recurre a la narración temporal lineal, el texto está cuajado de flashbacks, muy bien colocados, y cambios de localización. Sin embargo, la estructura es claramente circular, pues comienza con cierto episodio que se repite al final, pero con distintas consecuencias.

Destaca sobremanera el estilo de la prosa, sencillo, pero muy ajustado y preciso, con frases despojadas de todo adorno que no dan lugar, sin embargo, a un texto seco. Gracias a la limpieza de la prosa, a la ausencia de descripciones largas y su carácter casi cinematográfico, la novela se lee en un momento.

Los personajes (bastante numerosos teniendo en cuenta la breve extensión de la novela) están solo esbozados, así como sus conflictos internos y aspiraciones. De todas formas, parece contener mucho más que lo que se ve a simple vista, apuntándose hilos que no se desarrollan pero que quedan ahí para que el lector complete (la relación entre Delise y su hermanastra, entre este y su cuñado, etc). El propio autor, en una entrevista que se incluye al final del libro, habla de que le hubiera gustado desarrollar más personajes como el del inspector Doria, pero que por motivos de censura (la obra se publicó en los años 50, durante la dictadura de Franco) no lo pudo hacer. También se aprecian ligerísimas alusiones a la política, con algún personaje que parece haber estado en guerrillas maquis (el eufemismo utilizado en la obra es "la causa"). El autor, en la entrevista citada, alude a los trucos para burlar la censura, que incluyen el extranjerizar los nombres y situar la acción en una localización no claramente española o ambigua (eso explica los nombres extraños como Lucius, Demetriu, Selbi y similares).

Para finalizar, hago notar el fantástico trabajo de la editorial Anaya, en esta colección de clásicos para jóvenes (de la cual tuve algunos tomos en mis tiempos), donde no solo se incluye el texto, enriquecido con ilustraciones, sino también, al final, un interesante apéndice con el marco socio-cultural de la novela, del autor, entrevista con este y bibliografía. Nótese la abrumadora diferencia entre esta edición y las que hacen ahora para jóvenes, crepúsculos y similares...

En resumen, un libro que, según los estudiosos, representó uno de los primeros acercamientos de la literatura española al género policiaco, aunque también bebe del realismo (pese a cierta ambientación un poco onírica en ocasiones) y del existencialismo, de trama un poco floja, pero que se lee bien y diría que no ha quedado desactualizado en absoluto.


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