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jueves, 1 de diciembre de 2016

El carbonero, de Carlos Soto Femenía

Editorial: Destino, 2016
Colección: Áncora & Delfín
288 páginas
17,50 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

Marc está obsesionado por averiguar quién asesinó a su madre siete años atrás.

Comentario:

«El carbonero», relatada en primera persona por su protagonista, se divide en tres partes bien definidas: la presentación de los principales personajes y sus circunstancias, la venganza de Marc y las consecuencias de esta.

La primera parte hace especial hincapié en relatar el modo de vida de los carboneros, detallando los diferentes pasos del proceso, la dureza y dificultades a las que se enfrentan, lo que parece conferirle cierta importancia, al menos hasta ver que se diluye hasta desaparecer en las siguientes etapas de la obra, relativizando su importancia.

En estas páginas se define también al pequeño elenco de personajes, siempre vistos a través de la mirada subjetiva de Marc, en base a lo que siente o piensa de los demás, desde la atracción por dos mujeres tan diferentes como Aina y Joana, a la relación con un progenitor silencioso, inmerso en su mundo interior, un espectro de sí mismo tras la tragedia.

Una revelación de Joana (a saber por qué no la ha hecho antes) lleva a Marc a averiguar, sin la menor dificultad y, por tanto, sin misterio ni intriga, quién asesinó a su madre, y a iniciar la venganza que protagoniza la parte central de la novela, con un protagonista convertido de pronto en asesino implacable, violento, muy distinto al joven sensible y protector que se había mostrado en las páginas anteriores.

Este repentino cambio, tanto en el tono como en la personalidad de Marc llama más la atención  al sumarse a la aparición de los villanos, en especial uno de ellos, Ganxo, con quien mantiene una conversación compuesta por ingeniosos intercambios de frases, chulerías, etc, en un tono que, por momentos, llega a resultar exagerado, paródico, poco creíble.

La conclusión, que incluye las consecuencias de la venganza, parece tan controlada por Marc como todo lo anterior, erigiéndose tanto en vengador como justiciero en un final un tanto confuso en el que se echa en falta algo, quizá una mayor definición en algunos temas.

En resumen, «El carbonero» es una novela desigual, relatada por un protagonista que maneja un vocabulario más amplio y complejo del que sería razonable esperar en sus circunstancias, que no parece encontrar el equilibrio en forma ni en fondo (la importancia decreciente de la profesión, la ausencia de misterio, cómo se dosifica la información…), que gustará, o no, según las expectativas que se tengan.


***T***


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lunes, 14 de noviembre de 2016

La séptima función del lenguaje, de Laurent Binet

 La séptima función del lenguaje
La Septième fonction du langage
Laurent Binet
Traductor: Adolfo García Ortega
Seix Barral
448 páginas

 
Argumento:

El semiólogo Roland Barthes muere atropellado, pero no está claro que haya sido un accidente. El inspector Bayard y un joven profesor de la universidad, llamado Simon, investigan el asunto.


Comentario:

Hay que advertir que esta novela es un poco rara. Aunque el argumento se base en la investigación de un crimen, no es novela negra ni una novela policial. La estructura de misterio o thriller es una mera excusa para una especie de divertimento culto en el cual el autor introduce a famosos intelectuales (casi todos franceses, aunque también aparecen algunos de otras nacionalidades) y hace bromas e ironías acerca de sus ideas y personas, dentro de un ámbito temporal, el de los años ochenta en Francia (y en el mundo), muy bien reconstruido, con referencias a la cultura popular (cantantes, actores, presentadores de televisión, etc), a políticos como Mitterrand, Giscard, Rocard, Jack Lang, Fabius y otros, hechos históricos, etc.

La novela, pese a tocar áreas como la lingüística, la semiótica, la filosofía, la sociología, etc, no se hace ardua, ya que está narrada de forma ágil. Los personajes, como si de una novela de aventuras se tratara, buscan un misterioso documento con ciertos "poderes" a lo largo de diversas ciudades en su afán por aclarar la muerte misteriosa de Roland Barthes, un semiólogo francés que existió realmente (como espero que todo el mundo sepa...). Dado que hace un "cameo" el recientemente fallecido Umberto Eco, y teniendo en cuenta la estrutura narrativa adoptada y la temática, sospecho que el autor hace también un homenaje al semiólogo italiano, y a sus novelas, en las que conjugaba la erudición de un catedrático con la línea ligera de las historias populares de conspiraciones y aventuras.

Siendo así, no es extraño encontrar escenas de acción, encuentros con sociedades secretas que siguen protocolos y rituales "sangrientos" y absurdos, personajes misteriosos que aparecen y desaparecen, políticos que quieren ganar las elecciones con el poder de la palabra, vínculos inesperados entre hechos que no parecen tener nada que ver (las Brigadas Rojas, el atentado a la estación de Bolonia...), y alusiones a las funciones del lenguaje (que todos estudiamos en el colegio, aquello de la función fática, la conativa, etc) y las teorías del significado y el significante. Obviamente, también hay un componente metaliterario, que se plasma en el juego entre lo que se dice y lo que se quiere decir, los códigos de los géneros literarios, los héroes de la cultura popular como James Bond, las divertidas deducciones de Simon, que parece una especie de Sherlock Holmes de la semiótica, y sus dudas acerca de ser el personaje de una novela.

El tono, como es de imaginar, es de humor, un humor surrealista y, a veces, difícil de captar. Y es que la mayor traba para disfrutar esta novela es el desconocimiento de la gente de los autores-personajes y de sus teorías. Hablaré por mí, aunque de nombre conozco a casi todos los intelectuales citados, conozco muy poco sobre las ideas que defendieron, lo cual hace que me pierda los "chistes" o los juegos irónicos: Althusser, Foucault, Derrida, Deleuze, Kristeva, Lacan, Sollers, Eco, Barthes, Chomsky... y muchos más, aparecen en la obra; por desconocimiento (vuelvo a hablar por mí) a veces no sabes muy bien si lo que se cuenta son hechos reales o ficticios (aunque eso no afecta a la comprensión de la historia, por supuesto, pero sí hace perder matices). Lo mismo puede decirse de las charlas entre políticos, casi todos socialistas, que hay en el libro. Bien, Mitterrand y todos los demás sé quiénes son, pero las sutilezas de las diferencias idelógicas entre ellos quedan fuera de mi conocimiento.

Si se toma solo como novela de aventuras o misterio puede no resultar satisfactoria del todo, ya que la gracia es la broma y la casi parodia, y no la resolución de un caso policial.

Los personajes principales, Bayard y Simon, no son muy profundos que digamos, aunque tampoco es necesario. Cada uno representa una facción ideológica: lo reaccionario y el progresismo. A mí, personalmente, me ha gustado más el segundo, un intelectual que actúa casi como un héroe de aventuras, con su dosis de peligro, acción y hasta romance/sexo.

En resumen, una novela metaliteraria escrita según los códigos de los géneros populares donde hay lugar para todo: aventuras, sexo, feminismo, drogas, intelectualidad, rivalidades entre sabios, amputaciones de miembros, homosexualidad, saunas sórdidas, sociedades secretas inspiradas en la Palabra, un libro secreto que contiene algo que podría cambiar el mundo, mucha, mucha ironía y surrealismo. No apta para todo tipo de lectores, sin embargo.


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jueves, 3 de noviembre de 2016

Rey de picas, de Joyce Carol Oates

T.O.: Jack of Spades, 2015
Editorial: Alfaguara, 2016
Traducción: José Luis López Muñoz
232 páginas
18,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El escritor de misterio Andrew J. Rush recibe una denuncia por plagio y toda su vida empieza a desmoronarse.

Comentario:

«Rey de picas», narrada en una muy pertinente primera persona, relata la inmersión de su protagonista, Andrew J. Rush, en una locura latente desencadenada, en apariencia, al recibir una denuncia por un plagio en el que cree no haber incurrido.

Si bien al principio puede dar la impresión de un exceso de obviedad en cuanto a la personalidad de Rush (no es difícil adivinar lo que le sucede), pronto se entiende que es deliberado y que es él quien parece incapaz de percibir una situación que no puede controlar.

Desde las primeras páginas se muestra tanto la obsesión por mostrar una apariencia de «perfección» (como persona, esposo y autor) y control de su vida como esa otra identidad, el Rey de picas, quien «escribe» unas novelas que, por su contenido, no quiere firmar con su nombre, en las que da rienda suelta a sus fantasías, basadas en hechos reales de su vida.

Entre las obsesiones de Rush destaca el empeño en referirse a su mujer, Irina, como «Mi querida esposa» (una frase que se va haciendo más inquietante según avanza la historia y las situaciones en que se utiliza), y en compararse, incluso competir, unilateralmente, con Stephen King, cuyos éxitos menciona repetidamente en contraste con los suyos, mucho más modestos. Incluso hay un momento de la historia en la que utiliza su nombre, además de referirse a varias obras del autor, entre ellas «La mitad oscura», con la que «Rey de picas» tiene algunas similitudes (es de suponer que intencionadas).

Si bien la narración se recrea en ciertas situaciones: la declaración ante el juez de C. W. Haider por el plagio, Stephen King o la insistencia en distanciarse de un Rey de picas que va cobrando protagonismo inmiscuyéndose en sus pensamientos,  sugiriendo futuros actos violentos (frases en cursiva que interrumpen el discurso de  Rush, muy al estilo de King), al final da la sensación de que la novela no aporta nada nuevo, ni lo cuenta de forma diferente, al tema del personaje sumergiéndose progresivamente en la locura.

Quizá sea la «visita» de Rush a la casa de Haider, en su ausencia, y lo que allí descubre, entre sus libros, la parte menos convencional y, lamentablemente, más desaprovechada de «Rey de picas»: ni siquiera se explica si es una fantasía del protagonista o un hecho real.

El final, un tanto precipitado en cuanto a la evolución de Rush hasta tomar esa decisión, tampoco resulta especialmente impactante, siendo la corrección y el oficio de la autora lo que más destaca en una novela tan entretenida como olvidable.


***T***


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lunes, 17 de octubre de 2016

Mujer bajando una escalera, de Bernhard Schlink

 Mujer bajando una escalera
Die Frau auf der Treppe
Bernhard Schlink
Traducción: Txaro Santoro
Anagrama
248 páginas



Resumen:

El abogado protagonista contempla en un museo un cuadro de una mujer que baja una escalera. Décadas atrás, cuando era joven, llevó el caso del autor de la pintura que litigiaba contra el dueño. Eso le hace recordar a la mujer retratada en la obra, esposa del millonario que encargó el cuadro y amante del pintor.


Argumento (algún spoiler):

Aunque esta novela no me ha parecido una obra maestra de la literatura, lo cierto es que me ha entretenido lo suficiente para no considerar su lectura como una pérdida de tiempo. Tampoco carece de valor literario. Con una prosa sencilla, pero de buena calidad, elegante, el autor narra en primera persona una historia en dos épocas que tiene mucho de nostálgica y bastante de triste.

La estructura me ha recordado un poco a la obra del mismo autor "El Lector", en tanto en cuanto trata de la relación de un hombre joven con una mujer que lo utiliza para sus fines, y a la que se vuelve a encontrar años después, cuando ya la edad ha hecho mella en ambos y los sentimientos de pasión dejan de existir. En ambos casos, la mujer tiene el mismo final. Y según recuerdo, también en las dos el protagonista masculino es abogado.

En este caso, la contemplación de un cuadro evoca en el protagonista el recuerdo de un caso de juventud en su bufete que involucraba un curioso triángulo amoroso: un pintor, un millonario y la esposa de este, la cual manipula al abogado para hacerse con el cuadro en litigio mediante una artimaña ilegal. Podría decirse que tal y como la recuerda el protagonista podría ser el retrato típico de la mujer fatal y usa sus encantos para lograr sus propósitos. En esta parte quedan de manifiesto la gran ingenuidad del joven abogado y sus fantasías amorosas y aventureras. Y la frivolidad de los hombres en pugna por la posesión de la mujer y el cuadro, casi equiparados como objetos bellos.

Al aparecer el cuadro después de décadas desaparecido, el abogado decide buscar a la mujer del retrato, ya envejecida y enferma, oculta en una isla donde tiene una existencia casi hippie. El autor contrapone, como pasaba en "El Lector" el recuerdo idealizado de ese amor de juventud y los sueños de la vida que podría haber sido, con la cruda realidad del deterioro físico. Es en esta parte donde se nos hace conocer la verdadera personalidad de Irene, la mujer del retrato, de su vida después del asunto del cuadro, de sus aventuras por el mundo y de su filosofía. También su enfermedad mortal, que marca del todo la segunda parte de la novela.

Lo cierto es que la primera parte, con la rocambolesca historia del cuadro y del triángulo o cuadrángulo amoroso no me hizo mucha gracia, no solo por la temática sino también por ser bastante previsible en su resolución. Ha sido la segunda parte la que me ha reconciliado un poco con la obra, ya que, a pesar de su parecido esencial con la mencionada "El lector", afloran sentimientos y emociones más humanos, y se tocan temas un poco más profundos, como el sentido del arte, la muerte, las oportunidades perdidas en la vida, las ilusiones vanas de la juventud, la fugacidad de las pasiones, de la belleza humana, contrapuesta a la mayor duración de la belleza artística... Sin embargo, resultan difíciles de creer algunos hechos, como la dedicación del abogado a esta mujer moribunda que apenas conoce... El final es bastante melancólico, aunque no me ha parecido en exceso sensiblero pese a reflejar con tanto detalle la agonía.

En resumen, una obra en la línea del autor, fácil de leer, ligera a pesar de las temáticas que toca, que podría haber sido mejor pero que tampoco es desdeñable. Al final te queda la sensación de que podría haber ido más allá en algunos aspectos para alcanzar un nivel literario superior, pero bueno, viendo lo que hay por ahí... no es una mala lectura.

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jueves, 6 de octubre de 2016

Cero K, de Don DeLillo

Cero K
Zero K
Don DeLillo
Traductor: Javier Calvo
Seix Barral
320 páginas


Argumento:

La madrastra de Jeffrey Lockhart quiere terminar sus días criogenizada, en espera de nuevo despertar. El joven acude al centro donde tendrá lugar la congelación con su padre, quien le anuncia algo sorpresivo y traumático sobre el asunto.

Comentario:

He de decir que empecé este libro con muchísimas ganas, muy interesada, ya que el tema es atractivo y me llama mucho: las implicaciones de la criogenización, de la vida prolongada por métodos médicos, el transhumanismo en general, la inmortalidad, el propio concepto de lo que es vida... 

Durante los primeros capítulos, cuando conocemos el centro donde se criogeniza a los pacientes que voluntariamente acuden a él (en fases terminales, por ejemplo, o con enfermedades sin cura y que generan poca calidad de vida), estuve enganchada a la prosa poética y casi trascendental del autor, que logra crear un aire casi surrealista, futurista, muy adecuado a lo que se está contando, con descripciones interesantes. No sé por qué, pero en algún momento me recordó un poco a Houellebecq, y en otras partes, a novelas clásicas del género de Ciencia Ficción, distopías del estilo de "Un mundo feliz", de Huxley.

A través de Jeffrey, escéptico con esas cuestiones, conocemos el lugar y a los pintorescos seres que lo habitan, defensores de lo que parece una nueva religión laica de la vida eterna. Ciertamente, toda esta parte da qué pensar y mucho, inquieta y perturba, sobre todo el giro que se da cuando el padre de Jeffrey hace su anuncio. La gente de ese lugar, que parece un búnker o refugio, piensa que serán la avanzadilla de una nueva humanidad, y convencidos de ello, aleccionan a los demás. Personaje especialmente llamativo el de El Monje (hay un remedo de la religión, digamos tradicional, como si se tratara de usurpar la mística espiritual en un modo materialista). 

Sin embargo, en el momento en que la madrastra de Jeffrey deja de estar presente y este abandona el lugar, el libro, para mi gusto decae en interés. Empieza a divagar, a alejarse del argumento primero y a centrarse en la vida amorosa del protagonista, supongo que como contrapunto de lo visto anteriormente, como si el autor quisiera decirnos que eso sí es la vida y no las pretensiones un tanto utópicas y fantasiosas de los defensores de la criogenización y la humanidad post humana. Entiendo la intención del autor, sí, pero el que se aleje de la trama principal a mí también me aleja del libro, y lo cierto es que, al final, ya lo leía con desgana.

Eso sí, la prosa es buena, muy lírica, quizás a veces, demasiado, hasta rozar el surrealismo. No había leído nada de este autor; no esperaba que tuviera este tono tan elevado, aunque la verdad, tiene frases muy buenas, de gran nivel. 

Como curiosidad, Cero K es una alusión a la temperatura de congelación de los cuerpos.

Al final, la obra no me parece que logre una dimensión superior, no es tan impactante como las distopías clásicas, no estudia a fondo el asunto que supuestamente trata, divaga, se va por las ramas, y queda como un borrador de ideas que prometían o que podrían haber dado lugar a mayor desarrollo. Quizás me falla también el protagonista principal, al que noto un poco anodino, pasivo, mero observador de las cosas que ocurren a su alrededor. Pero bueno, tiene partes muy bien escritas, para el disfrute con una prosa elaborada.

En resumen, una novela de la que esperaba bastante más, por su temática y sus implicaciones filosóficas, pero que después de una primera parte interesante, decae o pierde el rumbo. 

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lunes, 3 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout

Editorial: Duomo ediciones
Colección: Nefelibata
Traducción: Flora Casas
224 páginas
16,80 €

Argumento:

Lucy Barton rememora los días que su madre le hizo compañía mientras estaba en el hospital.

Comentario (con SPOILERS):

Es difícil comentar «Me llamo Lucy Barton» sin incurrir en el spoilers como ejemplo de los pros y contras de una novela que puede satisfacer, o no, dependiendo de varios factores.

Relatada en primera persona por la propia Lucy desde su presente, la autora rememora, casi a modo de autobiografía, los días en los que se reencontró con su madre durante una estancia en el hospital, lo que le lleva a recordar pasajes de su infancia, y otros momentos de su vida.

Si bien la trama principal es la relación entre una madre y una hija con dificultades para comunicarse, lastradas por un pasado que ninguna de las dos quiere detallar, también son importantes otros temas, como la influencia de la infancia (en este caso traumática) en el desarrollo de las personas, o la literatura utilizada para huir de una realidad desagradable (vivir en un lugar pequeño y frío)  y, después, tras acudir a un taller literario en el que le dicen varias generalidades, como vehículo para expresar vivencias.

Un tema en principio atractivo (la difícil relación maternofilial) parece desaprovechado, en parte debido a la redacción, que opta a menudo por las notas breves, algo frías, con un contenido más intuido o supuesto que plasmado, dejando la interpretación a cargo de quien lee.

Hay también digresiones, como el relato por parte de la madre de diversas anécdotas sucedidas a conocidos de ambas, que pueden interpretarse como una forma más de su negativa a comunicarse, a hablar de las cosas con claridad, algo que elude también Lucy en su novela, cargada de silencios que en realidad nadie parece desear romper.

Curiosamente, quizá por la falta de profundización en los hechos concretos, no da la impresión de que el pasado haya afectado demasiado a Lucy, que se siente culpable por haber escapado de él gracias a los estudios, mientras sus hermanos se quedaban atrás, pero no se esfuerza en relacionarse con ellos. Tampoco parece que le haya influido en su propia vida como madre, que retrata una relación fluida con sus hijas.

En resumen, si bien en la novela se habla de temas interesantes y profundos, la forma en que está redactada atraerá más a quienes gusten de un retrato distante y «realista» y quizá no satisfaga a quienes prefieran historias en las que los personajes evolucionen, cambien, se vean afectados por lo que se relata.

***T***

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jueves, 29 de septiembre de 2016

Las chicas, de Emma Cline

Las chicas
Título original: The Girls
Emma Cline
Traductora: Inga Pellisa
Editorial Anagrama
344 páginas


Resumen:

Una adolescente entra en contacto con una chicas extrañas en la California de finales de los sesenta. Será una experiencia que marcará su vida.


Comentario:

Este libro es la opera prima de una joven autora norteamericana que trata un tema bastante común en la literatura: el paso desde de la niñez al mundo adulto, una visión de la adolescencia primero plácida y vulgar de Evie, la protagonista, y después violenta y extraordinaria. Para ser una primera obra, es cierto que está muy bien escrito. La autora hace gala, sin agobiar, de un estilo personal, lleno de imágenes originales y buenos destellos de prosa, con cierto toque nostálgico y evocador. Lo cual no impide, quizás debido al tema, que haya algún lugar común o cliché del mundo adolescente de la época en los Estados Unidos. Sin embargo, el juicio se inclina hacia la autora, que supera airosa la parte formal de la novela.

Evie está muy bien retratada en sus inseguridades, miedos adolescentes, curiosidad, deseo de aventura, hambre de cariño y amor, temeridad, despreocupación, en su forma de relacionarse con sus amigas y con los chicos. Se hace creíble su historia de "seducción", contada de un modo para nada truculento ni escabroso (incluso las escenas que podrían serlo) sino bastante natural y creíble. A través de ella conocemos al resto de los personajes, ya que es la protagonista absoluta y el personaje que tiene el foco de la narración en primera persona. Esto hace que la obra sea un tanto intimista, más centrada en los pensamientos y vivencias de Evie que en la acción llamada externa. 

El personaje nos narra desde la actualidad, y hace largos flashbacks sobre el hecho que marcó su adolescencia, vagamente inspirado en los crímenes de Charles Manson y en su "familia" (la secta que lo acompañaba). Los episodios que transcurren en nuestra época son breves y supongo que sirven para dos cosas: demostrar lo poco que han cambiado las cosas para las chicas (a través del personaje de Sasha, visiblemente ansiosa de complacer a su novio) y dar a entender cómo ese pasado persigue a Evie por muchos años que cumpla.

Y es que, en el fondo, uno de los temas de la obra es el de la expectativa de las chicas respecto al amor, y cómo el ansia de este, de ser amadas, de ser reconocidas, puede conducirlas a actos realmente horripilantes y sin sentido (o a su anulación como personas). Las mujeres de la secta encuentran su alegría en complacer al líder, al que tienen endiosado en todas las formas posibles (sexuales también). La autora muestra sutilmente las luchas de poder por el afecto del líder, los celos en contradicción con las ideas de amor libre de la secta, y otras corrientes emocionales surgidas alrededor de esta constante. He creído entender una cierta crítica a esta actitud, una visión feminista sobre el asunto un tanto perturbadora. El final me ha parecido algo precipitado, y no muy bien explicado, sobre todo las razones del crimen (¿banalidad del mal?).

Dicho esto, y admitiendo que el libro está bien escrito, a mí personalmente se me ha hecho un poco aburrido en algunas partes. Supongo que dado el tema, esperaba un análisis sobre el funcionamiento de las sectas algo más detallado, y no tan etéreo y sutil, ni tan centrado en lo intimista. Lo que es cierto es que tarda bastante en arrancar, con una larga introducción sobre la vida de Evie, antes de que esta entre en contacto con las chicas extrañas del título. Es un libro de tempo sosegado.

En resumen, una novela con buena prosa, buenas intenciones, crítica, intimismo y análisis de la turbulenta adolescencia, pero que a mí me ha parecido algo lenta, lo cual no quiere decir que lo sea, por supuesto.

Fragmentos:

 Todo el tiempo que había dedicado a prepararme, esos artículos que enseñaban que la vida no era más que una sala de espera, hasta que alguien se fijara en ti… Los chicos habían dedicado ese tiempo a convertirse en ellos mismos.

Las sábanas de mi cama estaban arrugadas, la punzada del miedo flotaba todavía en el cuarto. Qué ridícula. Asustarme tanto. Pero hasta el imprevisto de otra gente inofensiva en la casa me perturbaba. No quería que mi podredumbre interior quedara expuesta, ni siquiera por accidente. Vivir sola era aterrador en ese sentido. Nadie que vigilara tus escapes, las formas en que delatabas tus deseos primitivos. Como una crisálida tejida en torno a ti, hecha de tus propias inclinaciones, tal cual eran, y que no había que acomodar nunca a las normas de la vida humana.
Seguía en estado de alerta, y tuve que hacer un esfuerzo por relajarme, por controlar la respiración. La casa era segura, me dije, yo estaba bien. De repente parecía ridículo, aquel torpe encuentro. A través de la fina pared, oí cómo Sasha y Julian se instalaban en el otro cuarto. El crujido del suelo, las puertas del armario abriéndose. Estarían poniendo sábanas en el colchón. Sacudiendo años de polvo acumulado. Imaginé a Sasha mirando las fotos de familia de la repisa. Julian de bebé, con un teléfono rojo enorme. Julian con once o doce años, en un barco de avistamiento de ballenas, con la cara asombrosa y azotada por la sal. Debía de estar proyectando toda esa inocencia y dulzura en el hombre casi adulto que se había quitado los pantalones y daba palmaditas en la cama para que fuese a su lado. Con los restos borrosos de tatuajes de amateur extendiéndose ondulantes por sus brazos.
Oí el quejido del colchón.
No me sorprendió que follasen. Pero luego oí la voz de Sasha, gimiendo como una actriz porno. Unos gemidos chillones y ahogados. ¿No sabían que estaba en el cuarto de al lado? Me tumbé de espaldas a la pared y cerré los ojos.
Julian gruñendo.
-Eres una puta, ¿a que sí? –dijo. El cabecero de la cama chocando contra la pared–. ¿A que sí?
Más tarde pensé que Julian debía de saber que yo lo estaba oyendo todo.


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lunes, 26 de septiembre de 2016

La carne, de Rosa Montero

Editorial: Alfaguara, 2016
Colección: Hispanica
240 páginas
18,90 €

Argumento:

Soledad Alegre contrata a un gigoló para que la acompañe a la ópera. Tras este primer encuentro, algo accidentado, se suceden otros.

Comentario:

«La carne» es una novela bien escrita: texto tan ajustado que apenas se pueden encontrar pasajes sobrantes o digresiones innecesarias, un tono de humor que se diluye enseguida, correctamente redactada utilizando una estructura no lineal que incluye varios pasajes en cursiva y flashbacks al servicio de una leve intriga (que no lo es tanto) alternada con los altibajos emocionales de la protagonista.

Si bien la trama sentimental es la que lleva el mayor peso de la historia, se incide también en la vida profesional de la protagonista, ocupada (y preocupada) en planificar una exposición sobre escritores malditos, lo que propicia la inclusión de breves «biografías» de autores que tuvieron finales prematuros y dramáticos (solo una de las historias es inventada) y se utilizan, junto a un detallado resumen de la novela «Muerte en Venecia» de Thomas Mann o apuntes sobre varias óperas para reflexionar sobre temas recurrentes en la obra de la autora: la locura (de amor), el doble, el gemelo, la imagen especular (quizá simbólicamente, como su nombre, Soledad Alegre vive en la calle del Espejo).

La aparición de la propia autora como un personaje más, criticado por Soledad, una suerte de deux ex machina que  le resuelve un problema, y un guiño metaliterario, al que se suma Ana, una vecina escritora que protagonizara la primera novela de Montero, «Crónica  del desamor».

La crisis en que está sumida Soledad, abandonada por un amante más joven, 60 años recién cumplidos, obsesionada por el amor (carnal), por la juventud y la belleza (principales atractivos de Adam, el gigoló), por el temor a enloquecer, sugiere la posibilidad de una evolución, con una escena en  la solo no logra salir de su propia ducha tras analizar lo sucedido, como un punto de inflexión que queda anulado en el último párrafo, dando lugar a un final desconcertante.

En resumen, «La carne» es una novela fácil de leer, con el aliciente de un ligero misterio, la pátina cultural proporcionada por las múltiples referencias a novelas, autores, óperas etc, una trama sentimental, emocional y, en cierto sentido, romántica y una protagonista compleja, cuya resolución puede satisfacer o decepcionar dependiendo de lo que esperen de quienes la lean.


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lunes, 12 de septiembre de 2016

Pétronille, de Amélie Nothomb

 Pétronille
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pámies
Editorial Anagrama
160 páginas


Resumen:

Durante la presentación de un libro, la escritora Amélie Nothomb conoce a una de sus fans, con la que se cartea. Tiempo después, la joven publica un libro y se hace famosa. Ambas inician una amistad íntima. De paso, Amélie nos narra sus dificultades para encontrar «compañeros de borrachera con champagne».

Comentario:

Me ha costado resumir el argumento de este libro y también escribir el comentario, especialmente porque no trata de «nada».

Ya es un lugar común decir que la bibliografía de Amélie Nothomb se divide entre sus obras de ficción y aquellas otras de carácter autobiográfico pero con bastante elaboración novelesca. Pétronille pertenece a la segunda categoría.

En ella se narra una historia de amistad muy rara, en la línea de la autora, que, tal y como está contada, no resulta creíble, en especial por las personalidades de las escritoras protagonistas (aunque suene raro decirlo tratándose de hechos supuestamente «reales»).

El estilo de la obra es cien por cien Nothomb: prosa limpia y pulida, fácil de leer, ingeniosa a ratos, con un buen uso de la elipsis y un cierto humor surrealista… Sin embargo, pese a ser «más de lo mismo» o quizás precisamente por ello, ya no impresiona ni sorprende, ni siquiera en el giro final, tan absurdo y precipitado.

No podría decir que es un libro mal escrito, porque sería falso. Está bien redactado. Pero la experiencia lectora, sobre todo si se ha leído mucho a la autora, es como beber un vaso de agua. A la sensación de levedad le ayuda el escasísimo número de páginas, que no permite profundizar en los temas de la obra: la amistad y la creación literaria.

Se supone que la novela trata de la amistad entre dos escritoras excéntricas, unidas no solo por la literatura sino también por el amor al champagne. Pero apenas tenemos constancia de esa relación: se dan unas pocas pinceladas a modo de anécdotas, como la visita de ambas protagonistas a una estación de esquí donde pasan unas vacaciones, los diferentes encuentros para beber champagne o la visita de Amélie a la casa de los padres de Pétronille (que, por cierto, al parecer está inspirado en la escritora real Stéphanie Hochet). En estas pocas vivencias se nos muestra el contraste entre ambas mujeres, una de clase alta, un tanto snob y excéntrica, y la otra nacida de comunistas, proletaria, «poligonera», o marginal de los barrios bajos como la llegan a llamar, y con un carácter arisco y raro.

Lo más interesante son algunos comentarios de Nothomb sobre sus experiencias personales, como la anécdota que cuenta de su viaje a Londres, donde Vivienne Westwood le hizo salir a pasear el perro por un parque. Pero esto podríamos leerlo en entrevistas o artículos sobre la autora. También revisten cierto interés sus opiniones sobre el mundillo literario.

En ningún momento me he metido en la historia. Aburrida no es, porque la brevedad no permite el tedio, pero tampoco aporta nada nuevo a la bibliografía de la autora ni mucho menos a sus lectores. Los temas tratados son interesantes, pero la forma de plasmarlos, a mi modo de ver, es demasiado superficial. La estructura de la novela me ha hecho pensar en un relato que divaga y va de un asunto a otro sin mucha relación, como escenas sueltas.

En resumen, una novela más de Nothomb, que puede interesar a fans muy acérrimos, o a gente que aún no la conozca, aunque a estos yo les recomendaría otras novelas suyas, como «Estupor y Temblores», por ejemplo.


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jueves, 8 de septiembre de 2016

Villa Vitoria, de D. E. Stevenson

T.O.: Vittoria Cottage, 1949
Editorial: Alba, 2016
Colección: Rara Avis
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera 
328 páginas
19,50€ 

Argumento:

La vida de Caroline Dering y el resto de los habitantes de Villa Vitoria cambia con la llegada al pueblo del señor Shepperton.

Comentario:

«Villa Vitoria» se divide en dos partes bien diferenciadas, de interés y desarrollo desigual. La primera, centrada en Caroline Dering, es tan encantadora como su protagonista, una dama viuda que, yendo de un lado a otro, presenta a los habitantes del pueblo en el que vive, Ashbridge, y a los de su propio hogar, Villa Vitoria.

Con un tono positivo, agradable, Caroline muestra la relación con sus hijas, Bobbie y Leda, con la joven que ayuda en casa, Comfort Podbury, perteneciente a una de las familias más prolíficas del pueblo, o con el almirante Ware y sus hijos, Rhoda y Derek. Pero, sobre todo, con Robert Shepperton, un caballero recién llegado al pueblo, con cierta aura de misterio, que despierta el interés de la protagonista.

Sin embargo, la segunda parte se dispersa con la llegada a Villa Vitoria del hijo de Caroline, James, y de su hermana, Harriet Fane, una famosa actriz que brilla con luz propia. Ambos personajes cambian el ritmo de la novela, de forma en ocasiones desconcertante, desestabilizándola, cambiando el foco de atención, desluciendo en cierto modo a Caroline.

Esto se nota especialmente en el último tramo, centrando buena parte de la narración en Harriet, en especial la (emotiva) escena final, con «sacrificio» incluido, que desluce uno similar protagonizado por Caroline, además de impedirle finalizar la historia que empezó con ella, dejándola fuera de foco en la resolución de uno de los temas que más le afectan.

Si bien las relaciones humanas, incluidos romances, equívocos, rupturas y un nacimiento, son la parte central de la historia, la novela retrata también la época de posguerra en que fue escrita (1949) y una forma de vida, representada por Ashbridge y las relaciones entre sus habitantes, y las responsabilidades que acepta Caroline como representante de cierta clase social.

En resumen, «Villa Vitoria» es una novela amable, de fácil lectura, entretenida y que resalta valores como la responsabilidad, el sacrificio y la bondad.


También en este blog:

- Reseña de «El libro de la señorita Buncle», de D. E. Stevenson


***T***



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miércoles, 13 de julio de 2016

El ruido del tiempo, de Julian Barnes

El ruido del Tiempo
The Noise of Time
Julian Barnes
Traductor: Jaime Zulaika
Anagrama
200 páginas


Resumen:

El compositor ruso Shostakóvich ve censurada por el régimen una de sus obras durante el mandato de Stalin en la Unión Soviética. A lo largo de los años, mantendrá unas tensas relaciones con el poder, que afectarán a su arte.


Comentario:

Esta breve novela podría calificarse como "biografía novelada" en cierto modo, ya que el personaje en el que se centra, Dmitri Shostakóvich, fue un músico ruso real, fallecido en 1975, al que yo conocía por un hecho muy concreto: la composición de una sinfonía dedicada al sitio de Leningrado, durante la II guerra mundial, la llamada Séptima Sinfonía.

Redactada con el elegante estilo de Julian Barnes, sencillo pero profundo, la obra trasciende la vida polémica y conflictiva del personaje (suponemos que con alta dosis de ficción), sometido al capricho de los gobernantes, para convertirse en una sutil pero a veces violenta diatriba contra los regímenes totalitarios, y mucho más, contra los simpatizantes de tales regímenes que no tienen que sufrirlos, por vivir en "libertad". 

La novela comienza con la anécdota de los ataques sufridos por el compositor por parte del diario oficial soviético Pravda hacia su ópera "Lady Macbeth de Mtsensk", una obra que al parecer no había gustado a Stalin, quien había abandonado el teatro durante su representación. Tales ataques solo son la antesala de la prohibición. 

Para las personas que hemos vivido en democracias se hace difícil entender la vivencia de la gente bajo regímenes totalitarios como el soviético, e incluso muchas de las situaciones que se muestran en el libro, nos resultan un poco ridículas (exámenes de ingreso en instituciones musicales donde hay que aprobar un apartado de teoría marxista). Shostakóvich es víctima del capricho del supremo gobernante (Stalin) y de las consignas del partido y de la ideología dominante, que califican de burguesas y caóticas sus obras, antirrusas, pesimistas, pese a ser considerado al tiempo, uno de los mejores compositores del siglo XX, y ser utilizado como propaganda por el poder, como muestra del éxito de su ideología, por lo cual recibía ciertas prebendas tales como un chófer y una dacha (casa de campo). 

Barnes nos dibuja con tino la persecución y presión psicológica, y a veces esquizofrénica a la que era sometido, con la asignación de un tutor, por ejemplo, así como diversos episodios donde se muestra el conflicto de Dmitri por no ser capaz de luchar contra esa atroz máquina de destruir personas y la limitación que imponián a su arte. En cierto modo, se nos muestra un hombre que vende su alma al diablo para sobrevivir y poder seguir creando, aunque no lo que le gustaría, y que, gracias a ese pacto vive mejor que los demás, en una situación privilegiada, sin quejarse y aceptando, finalmente, después de mucho resistirse (en la novela), la afiliación al propio Partido. Al parecer, es un tema polémico el de si el compositor era un disidente o un adepto del régimen, pero en la obra de Barnes se toma el punto de vista de un hombre crítico con el sistema pero cobarde y en cierto modo atormentado por ello.

Dada la naturaleza de la novela (que es casi no ficción) y su brevedad, a veces he tenido la impresión, durante su lectura, de que faltaba algo, o que se trataba de una obra menor. Lo más destacable, aparte de la prosa, es ese trasfondo crítico y la exposición de los diversos conflictos encarnados en el personaje concreto pero extrapolables a todo el género humano: arte contra poder (¿El arte al servicio de las masas, del pueblo, de la revolución?), individuo contra el estado, conformismo contra valor para rebelarse... 

La obra no excluye un cierto humor, muy sutil, que aún pone  más en evidencia lo ridículo de los totalitarismos, el carácter arbitrario de sus políticas y las justificaciones con las que intentan sustentar decisiones que no se sostienen desde un punto de vista lógico. Resulta gracioso que al final de su vida, ya en época de Jruschev, con una mayor apertura del régimen, los comunistas se den cuenta de que en efecto habían prohibido obras de su autor estrella, y se den prisa para recuperarlas. 

En resumen, una obra interesante, fácil de leer, pero al tiempo de bastante calado ideológico, que, no obstante, me da la impresión de que se queda corta y muy lejos de ser una obra redonda. El eterno conflicto entre la libertad individual en todas sus facetas y el poder que rapiña al individuo sus logros y su vida entera. ¿A quién pertenece el arte? 

Fragmentos de la obra:

"El arte es el susurro de la historia que se oye por encima del ruido del tiempo. El arte no existe por amor al arte: existe por el bien de la gente. Pero ¿qué gente, y quién la define? Él siempre pensó que su arte era antiaristocrático. ¿Escribía, como sus detractores sostenían, para una élite burguesa y cosmopolita? No. ¿Escribía, como sus detractores querían, para el minero de Donbass fatigado de su turno de trabajo y necesitado de un reposo tranquilizador? No. Escribía música para todos y para nadie. La escribía para quienes más apreciaban la música que escribía, sin tener en cuenta su extracción social. La escribía para los oídos que podían escucharla. Y sabía, por consiguiente, que todas las definiciones verdaderas del arte son circulares, y todas las definiciones falsas"


"¡Qué fácil era ser comunista cuando no vivías bajo el comunismo! Picasso se había pasado la vida pintando sus mierdas y aclamando al poder soviético. Pero Dios no quiera que cualquier pobre artistilla sometido a la férula soviética intente pintar como Picasso. Era libre de decir la verdad: ¿por qué no lo hizo en nombre de quienes no podían? En vez de eso, vivía como un hombre rico en París y en el sur de Francia pintando una y otra vez su repugnante paloma de la paz. Él aborrecía aquella puñetera paloma. Y aborrecía la esclavitud de las ideas tanto como la esclavitud física."


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jueves, 14 de abril de 2016

El Sistema, Ricardo Menéndez Salmón

El Sistema
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
Premio Biblioteca Breve 2016
328 páginas


Sinopsis:

El Narrador vigila desde su solitaria estación meteorológica que ningún extraño entre en el Sistema de Realidad, que, en realidad, es nuestra Europa en un futuro no tan remoto. Pero un día, harto, decide abandonar su puesto e iniciar un inquietante periplo que lo lleva hasta la Academia del Sueño y, después, a emprender una singladura en barco junto con varios extraños que lo han secuestrado


Comentario:

Uno de los debates recurrentes de la literatura es el de si es más importante la trama o la forma, la intriga del argumento o el placer estético, lo qué se cuenta o el cómo. El autor de este libro parece tener clarísimo que la forma está por encima de cualquier otra consideración. Sospecho que es de esos escritores que piensan que la trama es burguesa y reaccionaria, y que, por lo tanto, no merece la pena ni urdir una para colgar de ella todas esas bonitas palabras. Esos escritores que olvidan, por lo demás, que la literatura consiste en contar historias principalmente.

Y es que "El Sistema" es una novela con una trama tan ligera que hasta podríamos considerarla prescindible. El punto fuerte es una prosa trabajada y exprimida hasta el limite de de las posibilidades de la lengua, cuajada de imágenes, metáforas y recursos originales, para nada convencionales ni trillados (aunque a veces excesivos), y sobre todo, en un tono lírico, desolado y casi apocalíptico, que nos sitúa en una Europa, devenida archipiélago, futura y distópica, en la que se atisban recuerdos de lo que fue, pero que en general resulta irreconocible.

En este artificio literario, la historia se divide en Protohistoria, Historia Antigua, Historia Moderna e Historia Nueva, y las personas en Propios y Ajenos, entendidos como los que habitan el sistema y los que están en el exterior. El sistema está formado por la Realidad y otras islas y países, como Empiria (Grecia) y la Innombrable (que para mí que es Alemania), y se articula en torno a objetos conceptuales como el Dado, la Caja, el Panóptico, el medidor de presencias y cosas por el estilo. También existen drogas que hacen que la gente no sueñe (simbolismo) y estaciones meteorológicas que vigilan que no lleguen extraños al sistema (simbolismo). Ya se lo pueden imaginar: todo eso significa "algo".

Aunque el libro entero está escrito en clave críptica o simbólica, si se prefiere, es posible adivinar en muchos pasajes el mensaje y los vínculos con nuestro presente, como menciones coyunturales a la crisis griega, que es, precisamente, lo que menos me ha gustado, ya que parece que se apunta a un tema de moda. También hay momentos en los que el discurso se superpone a la narración y nos "explica" en lugar de utilizar escenas para contar los temas, a modo casi de ensayo en tono poético (o panfleto, artísticamente redactado, pero panfleto a fin de cuentas, y en cierto modo tópico).

En algunas partes es demasiado obvio, pero durante la mayor parte de la novela es tan metafórico, poético y simbólico que no sabes ni de qué habla (bueno, a mí me ha pasado, pero no descarto que sea problema mío y de mis cortas entendederas). Siendo así, llega un punto de la novela en la que termina la fascinación por la deslumbrante y alambicada prosa y comienzas a preguntarte si eran necesarias tantas páginas o si el autor no se estará repitiendo y dando vueltas en torno a su creación, regodeándose en su capacidad lingüística  (o dicho vulgarmente, haciéndose una paja mental).

Los personajes son meros arquetipos para dar salida a las inquietudes del autor. El principal, llamado el Narrador, comienza como vigilante solitario de la estación meteorológica; escapa de ella y cae en manos de un tal Klein, y finalmente inicia un viaje en un barco llamado Aurora con un grupo de extraños personajes: un niño mago, un par de mellizos incestuosos, etc, etc, todos ellos símbolos de "algo", no lo olvidemos. Es muy difícil empatizar con cosas tan abstractas y conceptuales. En ningún momento sentí que me importara o conmoviera la aventura del Narrador ni de ninguno de los figurantes que lo acompañan en su viaje alegórico. Eso sí, está muy bien redactado; es una prosa apabullante.

Lo más logrado es el ambiente apocalíptico y surrealista de una tierra y una civilización en las postrimerías, un mundo que ha llegado a su Caída, habitado por seres (los humanos) que probablemente están a punto de ser sustituidos por criaturas posthumanas, como en un nuevo comenzar (simbolismo de Adán y Eva, del Arca). La prosa, como dije, fascina y deslumbra, pero no sé si a todos los lectores les bastará con sentirse fascinados y deslumbrados.

En resumen, un libro de elevado nivel literario y difícil comprensión (al menos para mí) que hará las delicias de los degustadores de la "qualité" más desaforada, amantes de las prosas elaboradas, acreedoras de premios literarios (y no me refiero al Planeta), pero que no atraerá mucho a los que busquen una historia, personajes, trama, intriga, esas cosas que solía haber en las novelas.


Fragmentos:
El niño que tenía miedo a lo desconocido, dijo mi padre, era un niño rico en climas. Durante el invierno, sitiado por los mariscales del frío, sentía miedo de los pozos profundos, del agua oscura, del silbido del tren amotinado en los túneles, de la nieve que caía sobre las tumbas de los cementerios; en verano y primavera, corriendo por playas y parterres, le subían por las ramas de sus huesos los espantos de los insectos innumerables, los terrores de las lunas de rostros picados de viruela, los fantasmas húmedos de la orina al despertar, los perfiles del hombre del saco escondido en el zaguán de una casa repleta de mujeres vestidas de luto que se reían de su inocencia; a comienzos del otoño, con el retorno a las clases, aparecería el miedo a desvanecerse en el seno de la costumbre, como una hoja mecida por dedos crueles, el miedo a los extraños que asaltaban a los chiquillos en las estancias del sueño, el miedo a los infatigables asesinos de padres y madres emboscados en las encrucijadas de los caminos, el miedo a que en un descuido, contenidas en un bostezo, una tos o un estornudo, se le escaparan por la nariz y la boca el apetito, la bondad, incluso la cordura. Claro que a la hora de escoger entre las muchas clases de miedo existentes, apuntó mi padre, la que más le atormentaba al niño era la del miedo a lo desconocido. Que se supiera, contra el miedo a lo desconocido no existía ninguna receta milagrosa, ni remedios encerrados en botellas diminutas y opacas: tan solo le quedaba a uno aguardar a que pasara como una sombra fugitiva, erizando el vello de los brazos hasta dejar la garganta seca, igual que cuando se lame una piedra.


Fuera, en la noche de verano, un cometa devasta el cielo. Una sombra a su derecha, cerca de la cabaña, lo distrae. Buena Muerte, desnudo, las manos pegadas a las caderas y los ojos pavorosos, una especie de héroe pagano, camina en círculos cada vez más estrechos, girando en un vértigo loco.  El Narrador pronuncia su nombre y avanza una mano hacia el derviche. Antes de tocar el cuerpo que no cesa de girar, comprende que el centinela es sonámbulo. Lo contempla un buen rato hasta que los círculos cesan, Buena Muerte se sosiega y regresa a la cabaña. Un halo de irrealidad late en la Estación. Dos danzas macabras en una sola noche. En ambas, la sensación de ser el único hombre vivo bajo el domo infinito.


Realidad está dividida en diecisiete Sustancias. Cada Sustancia tiene un Atributo y varios Accidentes. El Narrador nació, creció, estudió, se casó y fundó su familia en el Atributo de Sustancia 16. Sustancia 16 es una de las divisiones menos extensas y habitadas de Realidad. Es una Sustancia con una naturaleza espléndida, una tierra fértil y un clima benigno. El vigor de Sustancia 16 fue grande hasta hace décadas, pero una profunda crisis en sus sectores principales -minería, pesca, siderurgia- hizo que la demografía se estancara, la economía se resintiera y se produjera un éxodo de población hacia Sustancias más prósperas.

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jueves, 7 de abril de 2016

Olvidé decirte quiero, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €

Argumento:

Malena rememora su relación con Mario.

Comentario:

«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista (en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que intentan liberarse relacionándose con otros hombres.

También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos. 

En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y «seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos calificar que los humanos sois, grosso modo, idiotas.»

Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad, si continuara con su vida… Y acaba.

En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior obra de la autora.


Citas de «Olvidé decirte quiero»:


Malena, capítulo 1:

« Me llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir, ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
 Y la nada más absoluta me responde con un silencio perturbador.»

Malena, capítulo 2:

« Siempre he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas, a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso, a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que quizá sea este en el que me encuentro.»

Mía, capítulo 27:

«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,


También en este blog:

- Reseña de «La luz de Candela»



***T***


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miércoles, 30 de marzo de 2016

El Chico de las Estrellas, de Chris Pueyo

Editorial: Destino, 2015
208 páginas
12,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Chris narra la historia que le lleva a conocerse y aceptarse a sí mismo.

Comentario:

El Chico de las Estrellas es una novela en la que la forma destaca sobre un fondo más emocional que profundo.

El autor utiliza recursos «estéticos» para tratar de dotar a su obra de una «originalidad» que no sino apariencia, como el color azul del texto:

Página 12: «Embadurné mi habitación de un azul oscuro y brillante, con unas gotas de plata en forma de estrellas, un azul más cercano al morado que al verde, un azul cantábrico cuando de madrugada se revela el mar. Un azul chulo.»

También usa fuentes de distinto tipo y tamaño (creciente), palabras señaladas en negrita o tachadas:

Páginas 19-20: «Él no era mi padre y no vivíamos con él, pero cuando a mi madre (La Mujer Que en Vez de Respirar, Fuma)  le daba un ataque de locura amor, me llevaba dormido a su infierno casa.»

O pone apodos a las personas que le rodean: El Chico de las Estrellas (el propio Chris), La Mujer Que en Vez de Respirar, Fuma (la madre), La Dama de Hierro (la abuela), La Mujer de las Velas (la psicóloga), El Chico Más Guapo del Mundo (su primer novio) o Lady Madrid (su única novia).

Además, el autor alterna la primera persona con la tercera, en apariencia a modo de distinción de sus dos identidades: Chris (asustado, inseguro) y El Chico de las Estrellas (el ideal que sale a la superficie, libre), algo que funciona tras el posible desconcierto inicial.
La redacción, una especie de prosa poética en la que, como hace con los nombres, rara vez menciona cada cosa por su nombre, contribuye también a ocultar lo poco original del texto.

Sin embargo, todo esto apenas oculta cierta carencia de recursos del autor para contar una historia (según él la suya) en la que algunas cosas parecen ocurrir, sin más: No se muestra, por ejemplo, el proceso por el que Chris acaba aceptándose a sí mismo (su homosexualidad) durante una estancia en Londres.

Otras situaciones: la vida con su madre y El Señor del Bigote Negro, el papel salvador de la abuela o alguna amiga (La Arquitecta de Sonrisas, La Chica del Reloj de Pulsera, La Chica de las Arepas), el reconocimiento y aceptación de su homosexualidad, el trato que recibe por ser gay, o las sesiones con la psicóloga, reciben, al menos un poco de atención (poco profunda), incluyendo ejemplos, sin dejar de ser tópicas y convencionales. 

Tampoco queda clara la finalidad de una novela en la que, pese a su poca extensión (200 páginas) hay pasajes cuya inclusión no aporta nada a la historia (el capítulo 20, sobre cómo son los cuentos de hadas originales en comparación con las películas de Disney, el Cuento de Ivo), mientras que el romance entre El Chico de las Estrellas y El Chico Más Guapo del Mundo, los pasajes que cuentan lo sucedido cuando él y su madre vivían con El Señor del Bigote Negro, o la presentación de La Dama de Hierro, son lo más emotivo de una obra que concluye, como podría hacerlo en cualquier otro momento, poco después de la historia de amor.

En conclusión, El Chico de las Estrellas, aun con sus carencias (superficial, inconcreta, a veces dispersa), funciona a nivel emocional: es fácil empatizar, identificarse, con alguien que busca su propia identidad. Cualquiera que lea la novela ha sido (o es) adolescente, con lo que esto implica, o ha sufrido algún tipo de rechazo, no necesariamente por su orientación sexual, quizá por su aspecto físico, etnia, religión, nivel social, cultura, etc…


***T***


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