Mostrando entradas con la etiqueta Novelas clásicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novelas clásicas. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2017

Niebla, de Miguel de Unamuno

Niebla
Miguel de Unamuno
Austral
249 páginas


Argumento:

Augusto, joven rico y ocioso,  se "enamora" de una profesora de piano a la que trata de conquistar, pero ella ya tiene novio... Augusto comienza entonces un acoso a la joven, buscando apoyo en sus propios tíos, para convencerla de que se case con él, mientras filosofa y cuida a su perro Orfeo. Pero las cosas no irán bien y terminará, literalmente, cara a cara con su  "creador", el mismísimo Miguel de Unamuno.

Comentario:

"Niebla" no es propiamente una novela. Ya lo dice el autor: se trata de una "nivola", un nuevo género literario que rompe con la novela tradicional y permite al autor libertades nunca vistas, no al menos hasta la época de las vanguardias literarias y artísticas del siglo XX.

Sin embargo, al principio, la "nivola" parece novela.

Vemos a Augusto, un joven ocioso con poco mundo, salir a este después de haber vivido bajo la mirada de su madre, y conocer que existen las mujeres y el amor. Vemos sus charlas con Eugenia (una profesora de piano que le atrae), con su amigo Víctor, que curiosamente, también escribe "nivolas"..., con los tíos de la joven, uno de los cuales es anarquista teórico... Augusto, más que enamorarse, sufre de un súbito encaprichamiento por Eugenia, que, él mismo admite, es amor a todas la mujeres. Cada cosa que le ocurre le da pie a elucubraciones filosóficas más o menos interesantes, sobre la mujer, el amor, la existencia, que, sin embargo, están bien introducidas en el relato, sin llegar a cansar.

Por ejemplo, sobre la mujer se pregunta (junto con su amigo) si tiene "alma" o si acaso será un alma grupal, lo cual explicaría que, enamorado de Eugenia, de pronto, siente lo mismo por todas las mujeres con las que se cruza. Tal parece que Unamuno, sutilmente, nos hace un retrato humorístico y sarcástico del tipico Don Juan o mujeriego que quiere imponer su deseo a las mujeres.
«Pero ¡cuánta mujer hermosa hay desde que conocí a Eugenia! –se decía, siguiendo en tanto a aquella riente pareja– ¡esto se ha convertido en un paraíso!; ¡qué ojos!, ¡qué cabellera!, ¡qué risa! La una es rubia y morena la otra; pero ¿cuál es la rubia?, ¿cuál la morena? ¡Se me confunden una en otra! ...»

No se priva, desde luego, de ridiculizar al personaje, cuyos avances son frustrados por la libre decisión de Eugenia, que no quiere casarse con él, demostrando carácter y personalidad propia al preferir al novio pobre y gandul.
Tú estabas enamorado, sin saberlo por supuesto, de la mujer, del abstracto, no de esta ni de aquella; al ver a Eugenia, ese abstracto se concretó y la mujer se hizo una mujer y te enamoraste de ella, y ahora vas de ella, sin dejarla, a casi todas las mujeres, y te enamoras de la colectividad, del género. Has pasado, pues, de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer y de una mujer a las mujeres.

Después de que se consume el fracaso de su empresa, debido a cierto hecho que lo hace quedar como un auténtico idiota, el personaje toma decisión que convierte este libro en una  "nivola" y en un hito de las vanguardias: tomar un tren a Salamanca para entrevistarse con Miguel de Unamuno, autor de la novela. Entonces asistimos al duelo verbal entre ambos, cada uno de los cuales acusa al otro de ser una ficción. Naturalmente, el autor tiene la sartén por el mango y decreta el destino del personaje, que no puede resistirse, aunque no se priva de recordarle que "todos los que leen la novela terminarán igual", todos en el fondo son personajes en una ficción, quizás en el sueño de Dios.

Una historia tan sencilla en apariencia encierra múltiples lecturas y matices. Las reflexiones existencialistas (ya en 1915, cuando fue escrita la obra), las dudas sobre la niebla que nos envuelve, la realidad o no de nuestra propia vida, si no será un sueño (enlazando con "La Vida es Sueño, de Calderón"), el incipiente feminismo, incluso, otorgan a esta obra un valor superior que la convierte en toda una experiencia.

Lejos de ser una lectura ardua como podría dar a entender la temática o la forma, se trata de una novela entretenida, llena de diálogos (a veces algo cargantes, hemos de reconocer, debido a la repetición enfática de palabras y exclamaciones), salvo algún bache de ritmo por el medio; y sobre todo, tocada por el humor que desprenden las situaciones metanarrativas y metaliterarias, o el carácter del personaje principal.

Llama la atención, aparte de la ruptura de la "cuarta pared" mencionada, el carácter metanarrativo de la historia, que incluye no solo referencias a la obra que escribe Víctor, cuyo argumento es similar a la vida de Augusto, sino explicaciones del primero sobre cómo escribir una "nivola".

La prosa es clara y sencilla, alejada de barroquismos innecesarios, aunque sí trufada con alguna palabra un tanto añeja, de poco uso en la actualidad. En cuanto a los personajes, quedan definidos por algún rasgo concreto, apenas pinceladas, salvo el protagonista en el cual se detiene un poco más el autor. Casi todos ellos son extravagantes y diferentes: el escritor de nivolas, el tío anarquista "teórico" de Eugenia, su  novio, Mauricio, un vago de tomo y lomo... Y ¡el perro! que nos regalada un sentido soliloquio y oración fúnebre al final de la obra.

Miguel de Unamuno, escritor, filósofo y catedrático, perteneció a la Generación literaria del 98, pero su obra no pierde actualidad. En resumen, léanlo. Con más razón ahora, que desde 2017 ya está en dominio público.

Fragmentos:

Visita de Augusto a Unamuno
 
Cuando me anunciaron su visita sonreí enigmáticamente y le mandé pasar a mi despacho-librería. Entró en él como un fantasma, miró a un retrato mío al óleo que allí preside a los libros de mi librería, y a una seña mía se sentó, frente a mí.
Empezó hablándome de mis trabajos literarios y más o menos filosóficos, demostrando conocerlos bastante bien, lo que no dejó, ¡claro está!, de halagarme, y en seguida empezó a contarme su vida y sus desdichas. Le atajé diciéndole que se ahorrase aquel trabajo, pues de las vicisitudes de su vida sabía yo tanto como él, y se lo demostré citándole los más íntimos pormenores y los que él creía más secretos. Me miró con ojos de verdadero terror y como quien mira a un ser increííble; creí notar que se le alteraba el color y traza del semblante y que hasta temblaba. Le tenía yo fascinado.
–¡Parece mentira! –repetía–, ¡parece mentira! A no verlo no lo creería... No sé si estoy despierto o soñando...
–Ni despierto ni soñando –le contesté.
–No me lo explico... no me lo explico –añadió–; mas puesto que usted parece saber sobre mí tanto como sé yo mismo, acaso adivine mi propósito...
–Sí –le dije–, tú –y recalqué este tú con un tono autoritario–, tú, abrumado por tus desgracias, has concebido la diabólica idea de suicidarte, y antes de hacerlo, movido por algo que has leído en uno de mis últimos ensayos, vienes a consultármelo.
El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse, acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.
–¡No, no te muevas! –le ordené.
–Es que... es que... –balbuceó.
–Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
–¿Cómo? –exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
–Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? –le pregunté.
–Que tenga valor para hacerlo –me contestó.
–No –le dije–, ¡que esté vivo!
–¡Desde luego!
–¡Y tú no estás vivo!
–¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? –y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
–¡No, hombre, no! –le repliqué–. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
–¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! –me suplicó consternado–, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
–Pues bien; la verdad es, querido Augusto –le dije con la más dulce de mis voces–, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...
–¿Cómo que no existo? ––exclamó.
–No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.

Lamento fúnebre del perro
»Esta es la revelación de la eternidad, Orfeo, de la terrible eternidad. Cuando el hombre se queda a solas y cierra los ojos al porvenir, al ensueño, se le revela el abismo pavoroso de la eternidad. La eternidad no es porvenir. Cuando morimos nos da la muerte media vuelta en nuestra órbita y emprendemos la marcha hacia atrás, hacia el pasado, hacia lo que fue. Y así, sin término, devanando la madeja de nuestro destino, deshaciendo todo el infinito que en una eternidad nos ha hecho, caminando a la nada, sin llegar nunca a ella, pues que ella nunca fue.
»Por debajo de esta corriente de nuestra existencia, por dentro de ella, hay otra corriente en sentido contrario; aquí vamos del ayer al mañana, allí se va del mañana al ayer. Se teje y se desteje a un tiempo. Y de vez en cuando nos llegan hálitos, vahos y hasta rumores misteriosos de ese otro mundo, de ese interior de nuestro mundo. Las entrañas de la historia son una contrahistoria, es un proceso inverso al que ella sigue. El río subterráneo va del mar a la fuente.

Definición de nivola

—Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.
—¿Y cómo es eso?
—Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.
—Sí, como el mío.
—No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.
—¿Y hay psicología?, ¿descripciones?
—Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada (...). El caso es que en esta novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.
—Pues acabará no siendo novela.
—No, será... será...nivola.

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

miércoles, 6 de julio de 2016

El crimen de Orcival, de Émile Gaboriau

T.O.: Le crime d'Orcival (1868)
Editorial: DÉpoca, 2015
Traducción: Eva María González
Ilustraciones: Iván Cuervo y Jules Guerin
450 páginas
24,90 €

Argumento:

Tras el hallazgo de un cadáver en los terrenos del  Castillo de Valfeuillu, llega  un policía especial de la Sûreté de París, el inspector Lecoq, quién, con la colaboración de Plantat, juez de paz de Orcival, se hace cargo de la investigación del caso.

Comentario:

«El crimen de Orcival» se divide en tres partes bien diferenciadas: la primera relata lo ocurrido, se muestran las pruebas y se llega a ciertas conclusiones, la segunda, un flashback, cuenta lo que en realidad sucedió antes del crimen que da inicio a la historia, y en la tercera se resuelve el misterio.

El interés por seguir cada una de estas partes es irregular. Quienes hayan leído muchas novelas de misterio no encontrarán dificultad en deducir la identidad del personaje que ha cometido el asesinato, pese a los intentos del autor y los principales investigadores (el policía parisino Lecoq y el juez de paz Plantat) de distraer la atención, al comienzo, hacia otras posibilidades.

Es posible incluso que el relato de los diferentes recorridos por el castillo, mostrando y analizando las pruebas y las conclusiones similares a las que llegan ambos hombres, pueda resultar demasiado prolijo e incluso repetitivo en algunos pasajes, dedicados más a mostrar las personalidades de Lecoq y Plantat que a aportar datos relevantes para la resolución del asesinato.

Quizá sea la segunda parte, el largo flashback en el que se detalla la relación entre Berthe, Clément y Hector, la más interesante, aportando nuevos datos y matices a lo contado con anterioridad. El relato profundiza en la psicología de los tres personajes y en la batalla que se establece entre ellos en un tono caracterizado por la exacerbación de las emociones y una atmósfera opresiva que logra capturar la atención pese a conocer buena parte de lo sucedido.

En cuanto a los personajes, aunque el protagonista es Leqoc, quien, como se indica en la introducción, es habitual en la obra del autor y está basado en Eugène-François Vidocq, no es el mejor caracterizado, centrándose sobre todo en un afán de anonimato y una habilidad para disfrazarse que en la actualidad no son tan originales como quizá lo fueron cuando se publicó de la novela.

El juez de paz Plantat tiene muchos más matices emocionales y psicológicos, es menos convencional y despierta mayor interés, si bien son Berthe, Clément y Hector los más complejos e interesantes, destacando los cuatro sobre el resto, secundarios que se limitan a cumplir el papel asignado para el avance de la historia.

En resumen, «El crimen de Orcival» es una novela de desarrollo irregular, más previsible de lo que pretende, que puede hacerse lenta y aburrida en algunos pasajes y entretenida e interesante en otros, incluso precipitada, aunque no carente de interés.


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

martes, 10 de mayo de 2016

1984, de George Orwell

1984
George Orwell
Traductor: Miguel Temprano García
Debolsillo - Random House
350 páginas



Argumento:

Winston Smith reescribe la historia según las órdenes del Partido en un Londres distópico que pertenece a la superpotencia llamada Oceanía, pero un día conoce a Julia...


Comentario:

Como distopía, "1984" es una de las duras y desoladoras que he leído en mi vida (y la segunda, tal vez, "El cuento de la criada" de Margaret Atwood). Centrada en la vida de Winston, un hombre gris de Oceanía (una de las tres potencias del mundo imaginario, junto con Eurasia y Esteasia), nos recrea un estado dictatorial, continuamente en guerra, que no deja un solo resquicio a la esperanza y al cambio, donde el grado de opresión y control sobre la población alcanzan unos extremos insólitos, pero que recuerdan (mucho) al sistema soviético, aunque podría ser aplicable a cualquier totalitarismo.

En Oceanía, el ochenta por ciento de la población son "proles", y el resto pertenecen al Partido Interior y Exterior. En la cúspide del sistema está la figura enigmática y misteriosa del "Hermano Mayor", que, en realidad, es un símbolo que "vigila" a todos a través de la tecnología de la telepantalla, presente en todos los lugares. En este mundo, gente como Winston se dedica a cambiar las noticias de periódicos del pasado según como convenga en cada momento, hacer desaparecer fotografías comprometedoras, además de reescribir la historia, eliminar nombres de personas..., de tal forma que no haya ninguna contestación o duda sobre el sistema ni sobre sus orígenes. 

Además, la política del pensamiento controla las ideas y moral de la gente no solo a través de la coacción y la "vaporización" de las personas (que desaparecen por las noches) sino también a través del "doblepiensa" y la "nuevalengua", dos instrumentos del lenguaje que manipulan la realidad según los criterios de la ideología del partido. Inevitable recordar aquí la moderna invasión en nuestro mundo real del lenguaje "políticamente correcto" y de las leyes de "derecho al olvido", "memorias históricas" y demás, encaminadas, las últimas, a la modificación del pasado desde el presente, salvando las distancias con lo descrito en la obra de Orwell, por supuesto. 

La gente se desahoga a través de la violencia física y verbal durante los "dos minutos de odio" o la "semana del odio" contra los enemigos de turno. Siguiendo los principos del "doblepiensa", los ministerios tienen nombres que ocultan su verdadera función: Ministerio del Amor (donde se tortura), de la Abundancia (que gestiona la pobreza), etc. Ni que decir que la cultura y los libros se han "adaptado" y "traducido" también a la "nuevalengua".

La novela, escrita de forma sencilla, se lee fácilmente, aunque sea parca en anécdotas. En efecto, el argumento en sí es bastante breve, ya que lo importante es el dibujo del sistema político y social imperante. A través de Winston, vemos los pocos huecos que hay en el sistema para la rebelión (como el sexo, no muy bien visto por este, si no es con fines reproductivos, o el rumor sobre una secreta hermandad resistente). El tono agobiante está muy bien logrado. Notas el espanto de una vida sin perspectivas, encerrada en las cárceles de un totalitarismo del que no se puede escapar en modo alguno y que es capaz de convencer a la gente de que "dos y dos son cinco", si el Partido lo dice. 

En la obra se incluye también una especie de ensayo que detalla cómo es Oceanía y los fundamentos políticos que lo sustentan, en relidad, fragmentos de un libro escrito por el disidente Goldstein, enemigo número uno del régimen, sobre el que se vuelca el odio. Esta parte, aunque interesante (achaca las guerras permanentes al exceso de producción de bienes de consumo, entre otras cosas), tal vez se hace un poco farragosa por lo obvia y por el tono de discurso. Orwell fue un hombre de izquierdas, que luchó en la Guerra Civil española contra el fascismo, pero que alertó también de los peligros del stalinismo, un hombre comprometido con las libertades humanas, y todo eso se plasma en 1984 sin demasiada sutilidad.

La obra es un poco previsible, ya que pasa lo que imaginas, aunque también es cierto que parece el único final posible. 

Una siempre tiene la tentación de decir que "es muy exagerado todo" y que sería imposible que algo como lo descrito en este libro pudiera llegar a suceder, pero el caso es que ya sucedió con los nazis y los soviéticos, con otras dictaduras a lo largo y ancho del planeta, y puede volver a suceder, cuando se pone el énfasis en el estado y no en el individuo, el ser humano y su tendencia natural hacia la libertad.

Lectura imprescindible, más por el mensaje que transmite y por la creación del mundo distópico que por una trama cargada de giros (que es lo que se lleva ahora), y toda una experiencia para la mente que valore los libros como algo más que "evasión".


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

jueves, 25 de febrero de 2016

Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Otra vuelta de tuerca
The turn of the screw
Henry James
Traductor: Sergio Pitol
Salvat
192 páginas


Argumento:

Una institutriz viaja a una remota mansión para hacerse cargo de los sobrinos de un caballero, pero pronto descubrirá que, además de ellos, habitan en el lugar extrañas presencias...


Comentario:

Esta archifamosa obra de Henry James es una de las más influyentes e imitadas historias de fantasmas de todos los tiempos. Muchas novelas y películas posteriores la copian o toman elementos de ella sin ningún rubor, lo cual hace que al leerla se reconozcan ciertos pasajes como icónicos o modelo de otros. En realidad, llamarla "historia de fantasmas" es quizás atrevido, pues, precisamente, la gracia de la novela es la ambigüedad con que se relata todo, que hace dudar en algunos momentos de la lucidez de su narradora en primera persona (hecho que permite la subjetividad y da pie a todas las interpretaciones posibles). Así que, en principio, también podría ser catalogada como una novela de misterio o, incluso, de terror psicológico.

Tenemos dos partes bien definidas y de extensión no similar: por un lado, la introducción, donde un caballero que dice tener el diario de la institutriz se dispone a leerlo a sus amigos; y, por otro, el diario en sí, que termina abruptamente. Esta composición demuestra la intención de James de crear esa sensación de duda constante sobre si lo relatado es real o imaginario. Y de dejar, por otro lado, al lector en lo más alto de la tensión dramática, sin explicaciones, abriendo el final a su interpretación.

Como suele suceder en todo diario literario, este no es un "diario auténtico" sino que se toma las típicas licencias de incluir diálogos completos para facilitar la compresión de los hechos y otorgarle cierta amenidad al relato. En él, la institutriz nos cuenta de modo minucioso su llegada a la mansión de Bly, un lugar apartado donde se cría la joven Flora, aunque, más adelante, se les une su hermano Miles. Con una muy buena dosificación del misterio, ayudado por una ambientación casi gótica, el autor va incluyendo en crescendo dramático las apariciones fantasmales de las que es testigo la protagonista, y según ella, también los niños, cuyas actitudes extrañas hacen sospechar. Sin embargo, el primer revés para la credibilidad de la testigo-narradora ocurre cuando durante una de las más espectaculares efusiones fantasmales, el ama de llaves "no ve nada".

El ambiente es opresivo, casi romántico en el sentido literario del término, decadente; destaca la utilización de los niños (símbolos de pureza e inocencia) como catalizadores de fuerzas malvadas y amorales. En realidad, la novela, en una de sus intepretaciones, no es sino la lucha de la institutriz por preservar la candidez de la infancia de las fuerzas corruptas de los antiguos sirvientes, ya difuntos, y cuya relación con los niños, adquiere en ocasiones connotaciones diabólicas y casi sexuales. Para este fin, establece una batalla épica contra los fantasmas (y, en cierto modo, también contra los niños). Pero en otra interpretación, la misma institutriz podría ser una mera demente llena de pensamientos y deseos reprimidos que proyecta en los demás sus propios fantasmas, y ve "lo que nadie ve", en especial, cosas sucias y pervertidas.

James, muy inteligentemente, no toma partido por ninguna de las opciones. Las charlas entre la institutriz y los hermanos, en especial las que mantiene con Miles, son un ejemplo de ambigüedad. Hablan de cosas innombrables, perversiones insinuadas, sin decir a las claras a qué se refieren, en una especie de juego de indirectas que permiten dudar de la bondad o no de los protagonistas, de su implicación o no con los fantasmas, etc. Miles, en particular, esconde secretos. Nunca se llega a decir cuál fue la naturaleza de la "maldad" que cometió en la escuela de la que fue expulsado. Ni tampoco cómo le corrompieron a él y a su hermana los antiguos sirvientes, el señor Quint y la señorita Jessel, cuyas sombras amenazadoras los siguen acechando, según la institutriz.

Sin embargo, cabe la interpretación, más literal, de que la protagonista en verdad tuviera razón, ya que, según recuerdo, cuando ella ve a los fantasmas por primera vez ignora la existencia de Quint y Jessel. Pero si lo pensamos bien... pudo haber visto cualquier cosa y luego reconstruirla en su imaginación con ayuda de datos conocidos a posteriori... James juega con el lector de manera muy hábil.

El estilo de la novela es algo denso (James, en general, es de largas parrafadas y frases muy elaboradas), aunque mitigado por el contraste con pasajes enteros de diálogos rápidos y directos. Como es muy breve, y los giros están bien llevados, la obra se hace ligera y de fácil lectura para todos los públicos.

En resumen, un clásico de la novela gótica y de misterio que aún hoy en día funciona en su creación de atmósferas, ambientes enfermizos donde se enfrentan el Bien (lo moralmente aceptable) y el Mal (la corrupción moral), la locura y la cordura, la inocencia y la perversidad.

 

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

lunes, 8 de febrero de 2016

Memorias de una suegra, de George R. Sims

T.O.: Memoirs of a Mother-in-Law, 1881
Editorial: Siruela, 2015
Colección: Libros del Tiempo, 325
Traducción: Alejandro Palomas
228 páginas

Argumento:

Jane Tressider, harta de la mala imagen que tienen las suegras, decide escribir sus experiencias como tal, resuelta a contar su verdad.

Comentario:

La señora Tressider da comienzo a las dieciocho memorias (cada una precedida por un título indicativo de su contenido, siendo el de la primera «Yo») que componen su historia con una declaración de intenciones: 

«Las suegras hemos sido siempre unas incomprendidas, y supongo que siempre lo seremos. Nadie ha expresado jamás con rigor su postura. Eso es lo que yo intento hacer aquí, y por eso, ahora que todos mis hijos, excepto dos, están casados y dispongo de más tiempo, he decidido defender la causa de la más maligna de las razas sobre la capa de la tierra. Estoy convencida de que cuando haya relatado mis experiencias habré dado un cariz distinto a la cuestión. Intuyo que ofenderé a algunos de mis yernos y que algunas de mis nueras se sentirán agraviadas, pero eso es algo que no puedo remediar. Siempre he dicho lo que pensaba y desde luego no voy a empezar ahora a medir mis palabras.»

Para conseguir su propósito, la protagonista recurre a un diario que lleva años escribiendo, del que escoge los pasajes que considera adecuados para ilustrar su opinión acerca de las suegras. Momentos de las vidas de sus hijas e hijos, nueras y yernos, e incluso de su propio matrimonio, algunos emotivos, otros excéntricos, divertidos, curiosos o tristes, cotidianos, todos útiles a su propósito, siempre desde el reconocimiento de sus limitaciones («…no soy una escritora profesional. Es más fácil decir lo que queremos decir que escribirlo»).

Así, no es raro que comience una memoria con la intención de relatar un acontecimiento para, como sin darse cuenta, pasar a contar algo diferente, lo que a veces deja historias sin terminar, esperando una mejor oportunidad que no siempre llega, o alterna anécdotas protagonizadas por sus hijos con otras de sus nietos, lo que puede producir una sensación de desorden, de caos, aunque también sirve para mostrar la personalidad compleja, contradictoria y fascinante de Jane Tressider.

Y es que la protagonista es capaz de ser sensible, cariñosa, impetuosa, impaciente, responsable, justa e injusta, excéntrica, obsesiva, mandona, espontánea, tan implacable como capaz de ceder a las peticiones de sus familiares, miedosa, valiente, maternal, justiciera, todo al servicio de la misión que ella misma se ha impuesto, una cruzada personal que sirve para mostrar, mediante la narración de pequeños dramas cotidianos (hay anécdotas divertidas, extravagantes, convencionales, tiernas, emotivas...), una época y una forma de vida.

El marido, hijas e hijos, nueras y yernos, son secundarios de lujo, imprescindibles para que Jane desgrane sus teorías al tiempo que retrata la sociedad inglesa de finales del XIX, donde da cabida a los recuerdos de su juventud y matrimonio con John Tressider, hace comentarios críticos sobre el servicio doméstico y las diferencias de clase, incidiendo en las profesiones y nacionalidad de los yernos (Sabina se casa con Gus Walkinshaw, hijo de un vicario; el marido de Jane, Carl Gutziet es alemán; Lavinia hace el mejor matrimonio, con Charles Wigram, un caballero bien situado), alude a la picaresca de quienes alquilan casas en mal estado, a los vecinos o a familiares poco convencionales entre otros temas.

En resumen, «Memorias de una suegra» es una novela bien escrita y muy entretenida, con pasajes divertidos, emotivos, misteriosos, románticos, y a la vez una sátira social, cuya lectura puede resultar satisfactoria a varios niveles.


Citas de la novela


Memoria VIII:

«A decir verdad, resultó muy peculiar que se enamorara de una joven a la que no conocía, pues la vida real nada tiene que ver con la que se describe en las viejas baladas y romances. En el siglo XIX, un joven no puede venir y tocar la guitarra ante tu puerta y no quedan ya apuestos pajes que pueda utilizar para enviar sus billets-doux, y naturalmente yo tampoco habría dado alas a semejante comportamiento.» 
«De eso han pasado mucho años, mis hijos se han hecho mayores a mi alrededor, muchos se han casado y ahora los pequeños trepan a mi rodilla y me llaman «abuelita», pero aquí sentada, mientras escribo estas memorias a la luz menguante de una tarde de verano, mi mirada se pierde en la bruma cada vez más condensada y vuelvo a descubrirme como una feliz y sonrojada muchacha. Oh, esos maravillosos días de antaño cuando todo parecía tan luminoso y bello, cuando teníamos el mundo a nuestros pies y el negro buey no nos había pisoteado los pies.»
«Oh, cielos, oh, cielos, ¿quién iba a decirme que un día me convertiría en una pobre y preocupada suegra, aquejada de reúma, gota y espantosas jaquecas, y con hijos que se parecen a mí y que me matan a disgustos, algunos de ellos tan delicados? ¿Y cómo imaginar que aquel apuesto joven caballero sentado en la plataforma superior del ómnibus, que se sonrojaba a menudo cuando su mirada encontraba la mía, llegaría a casa un día y tiraría buñuelos de manzana por la ventana?»
«¡Ah, el joven sueño del amor! ¿Por qué despertamos de tus brazos para descubrir que eras un sueño? En fin, no puedo quejarme: he disfrutado de no pocas bendiciones y, aunque las cosas han resultado en ocasiones un poco complicadas, John Tressider no ha sido un mal padre ni tampoco un mal marido, comparado con el resto de los padres y de los maridos de hoy en día, y mis queridos y cariñosos hijos han sido para mí un gran consuelo, a pesar de todas las ansiedades que han provocado en mí, y ahora tengo a un buen número de nietos en los que pensar, pequeñuelos míos, y cuando vuelvo a tener de nuevo un par de brazos de bebé al cuello y siento pegados a las mejillas los suaves labios de un niño, sé que no he vivido ni he sufrido en vano.»

Memoria XVIII:

«Estas memorias han tenido el efecto de una bomba lanzada en pleno corazón de un círculo doméstico, y el marido de Maud ha llegado al extremo de declarar que va a escribir las memorias de un yerno y tomarse así su venganza. Qué terrible es que una pequeña e íntegra verdad resulte tan intragable.»


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

jueves, 4 de febrero de 2016

El misterio de Gramercy Park, de Anna Katharine Green

T.O.: That Affair Next Door, 1897
Editorial: dÉpoca, 2014
Colección: Misterios de Época
Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
Ilustraciones: L. Malteste
Introducción: Carmen Forján
400 páginas
23,50 €

Argumento:

La señorita Amelia (Araminta) Butterworth observa visitas inesperadas en la casa de al lado. A la mañana siguiente se entera de que se ha cometido un asesinato y decide resolverlo.

Comentario:

«El misterio de Gramercy Park» es, más allá del crimen y su resolución, la señorita Amelia Butterworth, narradora de la mayor parte de la historia, al punto de ser sus reflexiones, y la rivalidad que establece con el detective Ebenezer Gryce, protagonista de varias novelas de la autora, lo más destacado de la historia.

La señorita Butterworth es una mujer soltera por voluntad propia, decidida (nada la disuadirá de investigar el crimen), con recursos (no le cuesta seguir pistas o interrogar testigos y sospechosos), sentido del humor, tan capaz de ser compasiva como implacable dependiendo de a quién o a qué se enfrente, dando como resultado una personalidad llena de matices, con cierta tendencia a ser incongruente entre lo que dice de sí misma y cómo se comporta, lo que hace de ella un personaje de gran atractivo para llevar la mayor parte del peso de la narración.

Y es que el policía, Ebenezer Gryce, no deja de ser un secundario de lujo cuyo principal cometido parece ser el de antagonista de la señorita Butterworth (mucho más compleja e interesante que él), el rival a quien derrotar, un papel similar al que asume en la primera novela en la que aparece, «El caso Leavenworth», donde cede el protagonismo al abogado Everett Raymond.

No es esta la única similitud entre las dos obras, pues ambas comparten un narrador en primera persona, flashbacks al pasado dramático de varios personajes, una instrucción o juicio que precede a la investigación o que los principales sospechosos pertenezcan a la familia de la víctima (el marido y el cuñado de la fallecida en esta y las sobrinas, primas entre sí, del difunto, en la anterior), si bien hay también suficientes diferencias para darle a cada una su propia personalidad.

El resto de los personajes (Ruth Oliver, Ella Althorpe, Franklin, Howard y Silas Van Burnam y Randolph Stone especialmente) cumplen su cometido, varios de ellos el de ser sospechosos del crimen, siendo los puntos culminantes la insistente negativa de Howard a creer que la víctima sea su esposa, Louise, la narración en la que un personaje cuenta lo que en realidad sucedió, la amistad que establece Amelia con Ella y Ruth o cómo se muestra la sociedad de la época mediante la investigación (visitas, interrogatorios, etc…) que realiza la señorita Butterworth.

En cuanto a la resolución del crimen, se podría aducir que es un poco tramposa al ser escamoteados algunos detalles sin cuyo conocimiento resulta difícil averiguar la identidad del criminal, si bien es así incluso para los protagonistas: ni la señorita Butterworth ni el señor Gryce tienen todos los datos ni son conscientes de cierto equívoco que hubiera podido ayudarles, por lo que no hay verdadero engaño.

En resumen, «El misterio de Gramercy Park» es una novela bien redactada, con una protagonista interesante y un misterio bien llevado que se resuelve de forma satisfactoria.


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

domingo, 8 de noviembre de 2015

La Española Inglesa (Novela ejemplar), de Miguel de Cervantes


La Española Inglesa

Miguel de Cervantes
50 pp (aprox, según ediciones)


Argumento:

El inglés Clotario rapta a una niña gaditana, Isabel, y se la lleva a Inglaterra, donde crece en hermosura y virtud, hasta el punto que la prometen con el hijo de la familia secuestradora, Ricaredo. Pero el destino, la Reina de Inglaterra y los celos harán todo lo posible por separarlos y por poner a prueba la virtud de los enamorados.


Comentario:

La Española Inglesa es una obra breve, que aunque se publicó agrupada con otras del autor bajo el título de "Novelas Ejemplares", no se trata de una "novela" en el sentido actual del término, sino más bien de un relato largo, donde predominan la narración y la acción (con muy pocos diálogos), como en un moderno cuento de hadas. Por la trama podría ser una novela "bizantina", es decir, cargada de lances y de mudanzas de fortuna que, una y otra vez, separan a los amantes, quienes, tras aventuras de años logran reencontrarse de las maneras más "casuales" y folletinescas.

Llama la atención al lector moderno (aunque sean rasgos propios de la época), que los personajes ingleses lleven nombres españolizados como Clotario, Ricaredo y otros de la misma índole. También resulta curioso el trato más bien tirando a benevolente que da Cervantes a los ingleses, enemigos de España en la época, pero que en esta historia no salen malparados en absoluto, habiendo incluso una "aparición estelar" de la propia reina Isabel I que acoge y protege a su bella tocaya española. Naturalmente, Cervantes hace que estos raptores ingleses sean católicos encubiertos, lo cual sí que demuestra un cierto prejuicio religioso, entendible, nuevamente, por la época en la que se escribió esta obra (así como toda la moral, bastante tradicional del XVI, que destila)

A pesar de ser una historia breve, en ella tienen cabida muchos lances: el asalto a Cádiz por parte de la flota inglesa, ataques a galeras turcas o moras, cautividad, celos, reconocimiento de padres e hijos separados, amantes desdeñados que planean venganzas, envenenamientos, etc, etc, lo cual la hace muy entretenida de leer. Eso sí, desde nuestro punto de vista moderno se echa de menos un mayor desarrollo de las situaciones, y desde el punto de vista de los lectores de Cervantes, también ese humor suyo tan característico. 

La prosa es muy sencilla y, quitando alguna palabra propia de la época, se lee muy bien incluso hoy en día.

Los personajes son arquetípicos del Siglo de Oro, la joven Isabela o Isabel, que alberga de manera pareja la virtud y la belleza, el enamorado Ricaredo, galante, virtuoso también, guerrero, noble, cristiano... Como curiosidad, el autor pone a prueba el amor y valores (que diríamos hoy en día) del galán haciendo que su enamorada pierda la belleza, y poniendo por encima de ella la virtud. 

En este relato se observan muy bien los marcadísimos roles de género de la época, con el hombre aventurero que se lanza a la guerra y la mujer cuyo patrimonio principal son sus virtudes y su hermosura, y cuya única salida en caso de que falle todo lo demás es la profesión de monja... Es curioso que en el Quijote, por ejemplo (pero también en otras de sus novelas ejemplares), Cervantes presente una amplitud de miras y un mayor realismo en el trato de los personajes, que aquí están bastante idealizados. 

Ni qué decir tiene que esta obra, como otras muchas del autor, tiene rasgos autobiográficos, como la parte del cautiverio por los berberiscos.

TVE ha realizado una miniserie sobre esta historia protagonizada por Carles Francino y Macarena García en conmemoración del IV centenario de la muerte de Cervantes (2016). 





Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión. Insultos o comentarios personales sobre las administradoras no saldrán publicados, solo comentarios de los libros.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tristana, de Benito Pérez Galdós

Alianza Editorial 
Biblioteca Pérez Galdós: BA 0120 
234 páginas 
7 € 

Argumento: 

Tristana es seducida por un hombre mayor con el que está condenada a vivir. Al poco tiempo conoce a Horacio Díaz, un pintor del que se enamora. 

Comentario: 

La novela, escrita en 1892, está dividida en tres partes bien diferenciadas: la presentación de los personajes, el desarrollo de sus vidas y el cambio que se produce en ellas. 

En la presentación de los personajes, que Galdós comienza imitando el principio de El Quijote para mostrar a Don Lope Garrido, un Don Juan (ese es su nombre) en declive sobre el que el autor opina y al que analiza destacando tanto lo bueno (es capaz de arruinarse para ayudar a un amigo, como le sucede con los progenitores de su protegida) como lo malo (en cuestiones de seducción apenas respeta a las mujeres casadas con sus amigos), un hombre cuya época ya ha pasado, desfasado, incapaz de aceptar su caducidad como seductor. 

De la misma forma presenta a Tristana de Reluz, una muchacha joven e inocente engañada por el maduro galán, víctima en varios sentidos y el personaje más noble y bueno de todos, ansiosa de libertad, y al joven del que ella se enamora (en realidad parece más enamorada del amor), Horacio Díaz, un pintor que parece tan soñador como ella, con un pasado igualmente poco afortunado, pero con un fondo acomodaticio. 

Galdós desgrana las personalidades y vicisitudes de estos tres personajes y de la criada, Saturna (aunque esta en menor medida) con una prosa rica, quizá algo pasada de moda, precisamente en lo que reside su encanto, llena de imágenes vívidas y muy descriptivas que hubieran sido agobiantes de ser toda la novela así. 

La segunda parte comienza cuando los enamorados han de separarse y se comunican mediante cartas, sobre todo de Tristana a Horacio. Es durante este intercambio de mensajes cuando verdaderamente se conoce y se quiere a Tristana, una mujer ingenua, soñadora, inteligente y con ansias de saber, con dotes artísticas (toca el piano, escribe unas cartas conmovedoras en que se muestra tal cual es), una mujer que aunque creada a finales del siglo XIX podría ser actual (se niega a casarse, quiere tener una profesión, prefiere que sus hijos lleven sus apellidos porque «siempre se sabe quién es la madre»), desbordante de imaginación y fantasía (al estar separados comienza a inventar a un Horacio ideal muy alejado del real) que cuando enferma se muestra positiva, alegre, animando a todos, incapaz de compadecerse de sí misma. 

Y en contraposición Horacio, quien, para hacerle justicia, comienza a alejarse antes de conocer la enfermedad de Tristana, de hecho para cuando se va al campo él ya sabe (o cree) que no merece una mujer como ella, que prefiere la comodidad y la rutina. Sus cartas ya muestran la rápida adaptación a la vida del campo, las excusas para no moverse, el gusto por la vida regalada. 

En la tercera parte se relata lo que sucede tras la enfermedad de la joven, las consecuencias, los intentos de Tristana de recuperar su vida reinventándose una y otra vez con cada golpe, renaciendo de sus cenizas cuando es necesario, y al tiempo, quizá influidos por sus sentimientos hacia la joven, cambian los demás personajes, hasta llegar a un final que no por realista deja de ser frustrante. 

Para estar escrita en 1892, «Tristana» tiene algunos detalles sorprendentemente modernos que la hacen interesante, además de ser una historia de personajes. 

El volumen de Alianza Editorial tiene un prólogo de Ricardo Gullón, que analiza la obra, por lo que si no se quiere saber más de lo debido es mejor leerlo después.

«Tristana» fue llevada al cine en 1970, dirigida por Luis Buñuel y protagonizada por Catherine Deneuve, Fernando Rey y Franco Nero. 


Franco Nero y Catherine Deneuve en Tristana
Cartel de la película, en francés

***T***

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión. Insultos o comentarios personales sobre las administradoras no saldrán publicados, solo comentarios de los libros.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Las Olas, de Virginia Woolf

Las olas
The Waves
Virginia Woolf
Cátedra. Letras Universales
Traductor: Dámaso López
370 páginas

Sinopsis:

Varios amigos recuerdan a otro, Percival, que murió en la India en un accidente.

Comentario:

Lo cierto es que me resulta bastante difícil afrontar el comentario de una obra tan grande, en el sentido literario, como esta. Tal es la riqueza de la prosa, de las ideas, de las imágenes en ella vertidas que todo lo que se diga palidece ante el original.

Lo primero que llama la atención es la forma en que está compuesta la historia. A decir, verdad, la trama y los hechos novelescos no existen; lo que cuenta es el estilo lírico y las técnicas vanguardistas que la autora utiliza para hacernos llegar las emociones y pensamientos de los personajes (y romper con las formas de la novelística clásica). Eso quiere decir que la acción externa es mínima. Todo el tiempo estamos en el interior de esos seis personajes (o voces) que, a modo de coro, van desgranando sus sentimientos en torno a un episodio decisivo como es la muerte de su amigo Percival, ocurrida de un modo accidental, cuando cabalgaba. 

Percival, sin embargo, pronto se nos presenta como un símbolo de algo más grande, de la muerte en sí, tema sobre el que gira la novela realmente. La vida sin sentido, el pesimismo existencial de la autora (que terminaría suicidándose debido a una depresión), la crítica a la sociedad occidental (inglesa). Los personajes nos hablan en primera persona alternando sus voces y nos cuentan su vida desde la infancia a la madurez, pasando  por sus ilusiones de juventud. Pasamos de una mente a otra y vemos el mundo a través de sus ojos, de un modo estático, en el sentido de que no hay acciones ni diálogos, pero al tiempo fluido en lo cronológico.

Cada uno de los capítulos abarca un periodo de la vida de los miembros de este grupo de amigos, menos el último, donde uno de ellos, Bernard, hace una especie de recapitulación, y donde más claramente se aprecia que el tema es la muerte. 

La obra es de lectura pausada; imposible ir deprisa cuando de lo que se trata es de apreciar las increíbles imágenes surgidas de la mente de la escritora como un torrente. Es un libro que se disfruta más por la forma que por la trama, que repito, es mínima, casi inexistente. 

El fluir de conciencia o diálogo interior es el recurso utilizado para poner de manifiesto la intimidad de los personajes. Existen varios leit motivs que se van repitiendo y referencias a los clásicos latinos e ingleses. La repetición y la forma rítmica de escritura crean la ilusión del ir y venir de las olas a las que hace mención el título. Cada capítulo se encabeza, además, con una parte en cursiva donde literalmente, se describen olas muriendo en la orilla, una especie de paisaje siempre el mismo y siempre diferente. Los símbolos del amanecer y el atardecer están también muy presentes.

Este es un libro para lectores curtidos y que busquen en la literatura la belleza y la profundidad. A mí me ha costado un poco leerlo, y eso que  ya conocía la obra de Virginia Woolf en textos como "Al Faro", "La señora Dalloway", "Fin de viaje" y otros.

La edición de Cátedra que he leído viene con una amplísima introducción de 130 páginas, indispensable para introducirse en el mundo de Virginia Woolf y en el significado profundo de su obra en general y de esta en concreto. Impagables también las notas al pie, que aclaran muchas de las referencias clásicas, juegos de palabras etc. Una gran edición de Maria Lozano que aporta mucha información complementaria, además del texto de la obra en sí.

Algunos fragmentos (no de la edición de Cátedra, tomados de internet):

Yo no deseo estar sentado esta noche junto a una sola persona, sino junto a cincuenta. Pero yo soy el único entre vosotros que se siente bien aquí sin necesidad de asumir actitudes. No soy vulgar ni tampoco un snob. Si bien me abandono a la presión del mundo, mi lengua hábil consigue a menudo deslizar, en plena corriente, frases peligrosas. ¡Ved cómo mis pequeños juguetes que fabrico de la nada,en un segundo, divierten a todo el mundo! No soy un atesorador de vanidades ( cuando muera, sólo dejaré un armario lleno de trajes viejos) y soy casi indiferente a esas bagatelas que tanto atormentan a Louis. Pero he hecho muchos sacrificios. Yo, que estoy forjado de hierro, con vetas de plata y mezcla de vulgar barro, soy incapaz de contraerme como un puño, como aquellos cuya energía no depende de estímulos extraños. Soy incapaz de los renunciamientos, de los heroísmos de Luis y de Rhoda. Yo no lograré jamás, ni siquiera en la conversación, producir una frase perfecta. Pero, habré contribuido al momento que pasa, más que ninguno de vosotros, habré penetrado en mayor cantidad de habitaciones, diferentes unas de otras, que todos vosotros. Pero, como hay en mí algo que viene de afuera y no desde adentro, seré pronto olvidado: cuando mi voz haya enmudecido, vosotros no me recordaréis, excepto como el eco de una voz que antaño trenzó este cesto de frutas en frases

Y en mí también la marea sube. La ola se hincha: arquea el dorso. Una vez más, siento nacer en mí un nuevo deseo: algo se alza debajo de mí como el fiero caballo al que su jinete aprieta las espuelas y retiene enseguida. ¡Oh, tú, mi montura, ¿cuál es el enemigoque percibimos avanzando hacia nosotros, en este momento en que golpeas con tu herradura el pavimento de las calles? Es la Muerte. La Muerte es nuestro enemigo. Y al encuentro de la Muerte cabalgo blandiendo la espada, con mis cabellos flotando al viento como los de un joven, como flotaban al viento los cabellos de Percival cuando galopaba en la India. hincando las espuelas contra los flancos de mi caballo, invencido, indomado, me precipito a tu encuentro, ¡oh Muerte!…
Y las olas se quebraron sobre la orilla.


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión. Insultos o comentarios personales sobre las administradoras no saldrán publicados, solo comentarios de los libros.

martes, 13 de mayo de 2014

El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy

The Mayor of Casterbridge, 1886
Traducción: Bernardo Moreno
Editorial: Alba
Colección: Alba Oscura
540 páginas
12€

Argumento:

Un joven y borracho Michael Henchard vende a su mujer. Dieciocho años después, cuando él está bien situado, se reencuentran.

Comentario:

La historia se cuenta como si se tratara de un hecho real que el autor relata a quien lo lee de forma casi personal. El propio Hardy (que publicó la novela en 1886) sitúa la acción al menos cuarenta años antes, como recordando lo sucedido.

Después de los dos primeros capítulos en que se consuma la venta de Susan y la búsqueda de Michael, cuyo arrepentimiento le hace prometer no beber en 21 años:

«-En esta mañana del dieciséis de septiembre, yo, Michael Henchard juro ante Dios aquí, en este lugar sagrado, que no probaré ninguna bebida alcohólica durante los siguientes veintiún años, es decir, los años que llevo vividos. Y esto lo juro ante el libro que hay, delante de mí; y que me quede mudo, ciego y lisiado si quebranto esto juramento.»
Hardy traslada la acción directamente a Casterbridge, donde llegan Susan y su hija Elizabeth-Anne.

Además de Michael y su familia, hay otros personajes de importancia en la historia, como Donald Farfrae y, más adelante, otra parte del pasado de Henchard: Lucetta Le Sueur, o Templeman. Entre estos personajes que rodean al protagonista se desarrolla la historia de sentimientos, pasiones y tragedia que narra la novela.

De alguna forma dividida entre los que tienen secretos (Henchard, Susan, Lucetta) y los «inocentes» (Elizabeth-Anne y Farfrae) a los que hasta cierto punto manipulan buscando ya sea su propia conveniencia o conservar su amor, la historia se centra sobre todo en la historia del Alcalde y su, al parecer, inevitable destino.

Aunque se deduce lo que va a pasar y se adelanta la resolución de los misterios (en parte gracias a las pistas deliberadas del autor), esto no afecta al interés y disfrute de la novela, sostenida en gran medida por la psicología de los personajes.

Una de las principales relaciones de la historia se desarrolla entre Henchard y Farfrae, que hubiera podido ser el hijo que no tuvo, o quizá él mismo, que de amigo pasa a enemigo sin saber cómo, convirtiéndose en una especie de némesis del protagonista sin darse cuenta ni participar en ello y conservando su inocencia y bondad durante toda la novela.

También hay otras relaciones importantes, como las de Elizabeth-Anne tanto con Lucetta como con Farfrae que están muy bien desarrolladas.

De hecho, se muestran las personalidades de los cinco personajes principales, aunque en menor medida el de Farfrae, cuya vida interior es la que se trata en menor profundidad.

Casterbridge (en realidad Dorset, donde el autor escribió la novela y en que se basó para la descripción física de la ciudad y cuyos escenarios aún pueden reconocerse), sus paisajes y lugares, sus habitantes (que «ayudan» a desencadenar la tragedia con una cencerrada de broma), son parte de los personajes de la historia y se unen a los principales.

En momentos cruciales el propio pueblo está presente como parte de la escena: 

«En la parte baja de la ciudad había dos puentes... Existía una marcada diferencia de estatus entre los que frecuentaban el puente próximo, de ladrillo, y los que frecuentaban el puente más alejado, de piedra. Los más plebeyos preferían el primero, adyacente a la ciudad; no les importaba la mirada del ojo público. Sus éxitos no habían sido demasiado grandes, y, aunque pudieran sentirse descorazonados, no veían su fracaso con ninguna sensación de vergüenza.»

«Los ‘misérables’ que frecuentaban el puente más alejado eran de una estofa más distinguida. Entre ellos figuraban ciudadanos en quiebra, hipocondríacos, personas de las que se decía que habían «perdido su situación» por culpa propia o por mala suerte, los fracasados en las profesiones liberales, gente culta pero mal vestida que no sabía cómo librarse de las horas engorrosas entre el desayuno y el almuerzo...»

«De los hombres sorprendidos mirandde aquella manera se podía afirmar que el mundo no los había tratado bien por una u otra razón. Mientras que a los desgraciados del puente más próximo a la ciudad no les importaba que los vieran, y tenían la espalda hacia el parapeto para poder ver así a los transeúntes, los que se acercaban a este otro nunca miraban hacia la calzada ni se volvían al oír pasos, sino que, enfrascados en su mundo, observaban la corriente siempre que se acercaba un extraño, como si algún pez les interesara, aunque hacía ya muchos años que cualquier cosa con escamas había sido presa de pescadores furtivos.»
«A este puente acudía Henchard, como habían acudido otros desafortunados antes que él...»

Esta es, pues, una novela de personajes, de seres humanos contradictorios, ni buenos ni malos, cuyas acciones muchas veces parecen inútiles ante la fuerza de la predestinación y la tragedia.
Alan Bates y Anne Stallybrass



La novela ha sido adaptada a la pantalla varias veces; en forma de mini serie de televisión, en 1978 (con Alan Bates y Anne Stallybrass) y 2003, y hay una película de 2000, "The claim", cuyos personajes se basan en esta obra.

«El Alcalde de Casterbridge» se publicó en 1886, primero por entregas en la revista inglesa «Graphic» y en la norteamericana «Harper's Weekly», y luego en forma de libro, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos.

***T***



Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

lunes, 10 de marzo de 2014

El velo pintado, de William Somerset Maugham

The Painted Veil, 1925 
Editorial: Zeta Bolsillo, 2009
240 páginas 
8 € 

Argumento: 

Kitty Garstin se casa a los 25 años con el bacteriólogo Walter Fane por miedo a quedarse soltera. Juntos viajan a China, donde ella se enamora del vicecónsul Charlie Townsend, con quien inicia una aventura hasta que se entera su marido. El matrimonio parte al interior de China para luchar contra una epidemia de cólera. 

Comentario: 

Aunque leyendo el argumento se pueda pensar que se trata de una novela romántica tradicional, no lo es. En realidad trata de la transformación, o renacimiento, de una mujer enfrentada a sí misma y su cruda realidad. 

Para presentar a la protagonista, la historia comienza con Kitty en pleno romance con Townsend y tras un momento en que temen ser descubiertos, retrocede en el pasado de la joven en busca del origen de su forma de ser y comportarse, de la que se responsabiliza tanto a la sociedad de la época (los años veinte), como al tipo de educación que se daba a las mujeres, destinadas a hacer un buen matrimonio, o a la presión de una madre tiránica obsesionada por el dinero y un padre débil incapaz de tomar las riendas de la familia. 

Así, Kitty, que es frívola, alegre y superficial se ve abocada, al cumplir veinticinco años sin haberse decidido por ninguno de sus pretendientes y con su hermana de dieciocho a punto de hacer un magnífico matrimonio, a elegir a Walter, un hombre tímido con dificultad para expresar sus emociones. 

Cuando se inicia la acción, tras el breve paréntesis del pasado, Kitty lleva dos años de aburrido matrimonio y uno de apasionado romance con un hombre encantador, atractivo y vano. 

Walter, que conoce la infidelidad, la obliga a enfrentarse a la realidad, que no es lo que ella esperaba y la presiona de tal manera que se ve obligada a acompañarle a un pueblo remoto a luchar contra el cólera. 

Esta y otras situaciones se utilizan para mostrar la evolución de Kitty, tanto en el conocimiento de sí misma como en el de los demás, desde la debilidad de su amante a la personalidad atormentada de su marido. 

Al llegar al lugar de destino aparecen nuevos personajes, como Waddington, un hombre algo cínico y divertido que mantiene una relación con una dama china a la que la protagonista se empeña en conocer, o las monjas que atienden a las personas enfermas, destacando la personalidad de la madre superiora y sus orígenes como hija de una familia rica. 

Kitty habla con todas las personas que le rodean y las diversas experiencias la ayudan a conocerse a sí misma y a reaccionar. Al poco de llegar comienza a comprender a Walter y a valorar sus virtudes, o se ofrece para trabajar con los enfermos, sobre todo niños, superando el choque entre las diferentes culturas y el físico, para ella extraño, de quienes la rodean. 

Hay un momento en que la joven hace una reflexión sobre el papel de las mujeres en la sociedad que le ha tocado vivir y su resolución de cambiar las circunstancias para la próxima generación. 

Sin embargo, todos estos temas, y algunos más que se abordan, se ven perjudicados por el escaso desarrollo que les da el autor, quien apenas esboza problemas y situaciones que casi nunca llega a resolver, creando una sensación de frustración, pese a dar la oportunidad de que cada cual reflexione por su cuenta qué significa para Kitty lo que vive. 

El estilo elegido para narrar la vida de la protagonista, muchas veces contado y explicado en lugar de ser mostrado mediante diálogos y/o reflexiones interiores, ocasiona demasiadas veces una impresión de distanciamiento que aleja de la identificación y simpatía por Kitty. 

Sólo en unas pocas ocasiones se muestran diálogos entre Kitty y Charlie o Walter que gozan de una intensidad capaz de emocionar y logran acercar a los problemas y contradicciones de los protagonistas. 

Lamentablemente estos pasajes no sólo hacen disfrutar de lo que se está leyendo, sino que también marcan más el contraste con los pasajes rutinarios o las escenas en apariencia inacabadas que forman la mayor parte de la novela. 

En el ejemplar que he leído, publicado hace varias décadas, no se incluyen pies de página que ayuden a identificar la procedencia de textos de otros autores, como, por ejemplo, la frase al comienzo "… el velo pintado que todos los que viven llaman Vida." 

O, sobre todo, una frase de capital importancia que contesta Walter a Kitty en una ocasión en que ella le pide perdón: "El perro es quien ha muerto…", sobre la que más tarde, al ser preguntado Waddington si es una cita, este responde que es la última línea de la "Elegía", de Goldsmith… sin reproducir el texto aludido para facilitar la comprensión de lo que pretendía decir el personaje. 

Si bien hay momentos muy satisfactorios, profundos e interesantes, la falta de desarrollo y conclusión de la mayoría de las relaciones y situaciones puede dejar, al final de la lectura, un poso de desilusión, una espera de algo más. 

Nota:

En 2006 John Curran dirigió una película basada en esta novela y protagonizada por Naomi Watts como Kitty, Edward Norton como Walter, Liev Schreiber como Charlie y Toby Jones como Waddington.

Naomi Watts y Edward Norton en una escena de la película
Naomi Watts con Liev Schreiber en una escena de la película



*** T *** 


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.