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jueves, 30 de abril de 2015

Matemos al tío, de Rohan O'Grady

T.O.: Let’s Kill Uncle, 1963
Editorial: Impedimenta, 2014
Traducción: Raquel Vicedo
316 páginas
22 €

Argumento:

Barnaby Gaunt, un niño de diez años, cree que Tío quiere asesinarle para quedarse con su dinero. Con la ayuda de su amiga Christie MacNab, a quien ofrece como recompensa un millón de dólares de su herencia, planea adelantarse y asesinarle él antes.

Comentario:

Matemos al Tío es una de esas novelas con tantas facetas que es posible pasar alguna por alto. Tras la apariencia de una lectura casi infantil, entre la aventura, el misterio y lo gótico, hay una historia con mucho subtexto, que profundiza más allá de lo aparente en situaciones que van desde las más obvias, como es la posibilidad de que el Tío del título sea un asesino, a otras más sutiles, entre las que se encuentra la reflexión sobre la supuesta inocencia de la infancia, las consecuencias de la guerra en una pequeña comunidad (en la Isla no hay otros niños que los protagonistas ya que todos los jóvenes, excepto Albert, fallecieron) o el amor incondicional (tanto el que siente el sargento Coulter por la señora Rice-Hope como el de los niños hacia él).

La capacidad de la autora para crear una atmósfera que solo es idílica en la superficie (las abundantes comidas que cocina la señora Nielsen para los niños, la belleza de un paisaje exuberante que sirve como escenario de travesuras infantiles) es uno de los principales alicientes de este juego de apariencias, en el que hechos, personas y escenarios que parecen inocentes se convierten en amenazas potenciales cuando los niños deciden acabar con Tío: las armas que guarda en su casa Lady Syddyns, la medicación de la señora Brooks o la apatía de un aterrorizado Una Oreja contribuyen a crear expectativa, a sospechar, incluso temer, el desarrollo de los acontecimientos.

Así, entre excursiones por la Isla, calor y comilonas, la autora da a conocer a unos personajes con matices y personalidad entre los que destacan tanto Christie como Barnaby o Tío, pero también los Brooks y su negativa a aceptar la pérdida de su hijo Dickie años atrás, el atormentado Una Oreja, que teme comportarse como el puma que es o el sumiso agradecimiento de Pobre Desmond, aunque el más complejo es el sargento de la Real Policía Montada del Canadá, Albert Coulter (su vida solitaria,  una casa llena de libros y música anticuados, las cartas que escribe a la señora Rice-Hope y destruye sin entregar, la relación epistolar con el decepcionante señor Hobbs, el ser el único hombre superviviente de su generación…), que empieza odiando a los niños y va evolucionando hasta encariñarse con ellos.

Que apenas mediada la novela se sepa con certeza si Tío es, o no, el monstruo que describe Barnaby no disminuye el interés por lo que harán los protagonistas, sino que intensifica la reflexión sobre el bien y el mal, sobre la moralidad de ciertos actos que quieren llevar a cabo Barnaby y Christie (en especial los relacionados con Pobre Desmond) o la intencionalidad de lo que parecen travesuras (la destrucción de los paneles del invernadero de Lady Syddyns, pintar lunares azules al Duque de Hierro, el toro de concurso del señor Duncan, o lo ocurrido a Fletcher, el pájaro de la señorita Proudfoot), creando una sensación de inseguridad y duda en torno a las motivaciones de los protagonistas.

Y es que quizá lo más interesante de Matemos al tío está en la ambigüedad, las apariencias, en la dificultad para confiar por completo en la ingenuidad de Christie y Barnaby, en ese ambiente tan logrado que casi obliga a sospechar de todo y de todos o en ciertas situaciones casi surrealistas narradas con humor negro. Y también en esa frase final que podría dar lugar a otra historia, desarrollada en la imaginación de quien la lee, acerca de cómo llegará a suceder lo que anuncia.

Destacar la ilustración de la cubierta, en la que aparecen Barnaby, Christie y Una Oreja, original de Edward Gorey para la primera edición de la novela.

Observación: en la nota al pie nº3, en la página 157, hay una errata, la palabra «dese» en lugar de desde. También hay un par de ocasiones en las falta el guión de diálogo.

Citas:

Capítulo 9, página 104:

«―Siempre intentas que las cosas parezcan peor de lo que son. ¿Quién era Rodney y por qué lo mató tu tío?
―Escúchame ―dijo Barnaby de todo corazón―.Soy malo. ¿Y sabes por qué? Por culpa de él. Te voy a contar una cosa que nadie creería jamás.
―¿Qué?
Se inclinó hacia ella.
―Me pega.
Vaya, no me digas –se burló Christie―. A muchos niños les dan azotes. Mi madre me da bien fuerte si no me porto bien.
¡No lo entiendes! ¡Solo me azota si me porto bien! Si soy malo me hace regalos. Está loco y nadie lo sabe excepto yo. Es la verdad, Christie, solo me pega si soy bueno.
Hizo una pausa y añadió con tristeza:
―No me pega muy a menudo.»

***

Capítulo 9, página 106:

«―¿Qué voy a hacer, Christie? ¿Qué voy a hacer? Tengo tanto miedo…

Christie se quedó pensativa, entornó los ojos y apretó los labios en una fina línea.
―Bueno –dijo finalmente―, para empezar, deja de comportarte como un bebé. Si es tan malo como dices, y que conste, Barnaby Gaunt, que no estoy diciendo que me crea todo lo que dices porque siempre lo exageras todo, pero si es tan malo, solo nos queda una opción.
―¿Y cuál es? ¿Qué vamos a hacer, Christie? ¡Haré lo que sea!
Tendremos que asesinarlo a él primero –dijo Christie.»

***T***


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miércoles, 11 de febrero de 2015

La muerta que vivió seis veces, de Silver Kane

Editorial: Bruguera, 1973
Selección Terror Nº 1
102 páginas

Argumento:

Tras la salida de la cárcel de su cliente, Clemens, acusado de asesinar a su esposa, el abogado Jean Martens decide ayudarle a rehacer su vida.

Comentario:

La novela, dividida en seis partes, cada una de ellas iniciada por el asesinato de una mujer, empieza con buen ritmo e interesantes premisas: un prefacio en el que se relata el primer asesinato, seguido de un capítulo que presenta a los protagonistas y sus circunstancias: Clemens, en libertad condicional tras haber sido condenado seis años atrás por el asesinato de su esposa, Suzanne, cuyo cadáver no ha aparecido, se reúne en su casa con su abogado, Jean Martens, convencido de su inocencia.

Al instante el edificio, que fuera una parada de diligencias un siglo atrás, se convierte en un personaje más: situado en un lugar aislado y misterioso, donde a principios del XVIII desaparecieron dos mujeres a quienes se creía brujas, en circunstancias similares a lo sucedido con Suzanne. La capacidad del autor para crear una atmósfera misteriosa y enfermiza, incrementa la sensación de que algo malo pasará, ya sea al abogado metomentodo y su ayudante, Marta Louvier, a Clemens o a su hija de diecisiete años, Danielle.

Los capítulos (muy breves) del tres al cinco transcurren en el interior de la casa, creando un ambiente muy logrado de inquietud mediante sucesos en apariencia inexplicables que hacen pensar a Martens que en el lugar ocurre algo sobrenatural.

Lamentablemente, la historia se va desinflando poco a poco, la aparición de algunos personajes la vuelven más previsible, los protagonistas averiguan lo que ocurre casi sin querer y el final puede resultar algo decepcionante, tanto en la explicación de los supuestos fenómenos como en la de lo que sucedió en realidad.

La continua repetición de conceptos (la actitud del asesino en cada crimen, la sensación de misterio sobrenatural en la casa y sus cercanías), redactados en términos muy similares, acaba creando la impresión contraria a la pretendida.

Como curiosidad, llama la atención el uso de la palabra subnormal para hablar de la hija del ex presidiario («Lástima que su cerebro siguiera siendo el de una niña de diez años. Sin llegar a ser subnormal, Danielle no era lo que se dice un prodigio de inteligencia.») o las reiteradas alusiones al espectacular físico de Marta Louvier (se le da más importancia que al hecho de tener dos trabajos o que sea quien descubre la identidad del asesino), quizá producto de la fecha (1973) en que fue publicada la obra.

En resumen, esta primera entrega de la Selección Terror de los Bolsilibros Bruguera no acaba de cumplir las altas expectativas generadas por el título y los primeros capítulos.

***T***


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viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuernos, de Joe Hill

T.O.: Horns, 2010
Editorial: SUMA de letras
Traducción: Laura Vidal
456 páginas
20 €
E-book: 12,99 €

Argumento:

Ig Perrish despierta de una borrachera y se da cuenta de que le han salido cuernos.

Comentario:

"Infierno" es la primera de las cinco partes de diez capítulos cada una en que se divide la novela, caracterizada por un comienzo cuyo interés va en aumento:

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada. Se encontraba tan mal —débil y con los ojos llorosos— que al principio no le dio mayor importancia, tenía demasiada resaca como para pensar en ello o preocuparse. Pero mientras se tambaleaba junto al retrete se miró al espejo situado sobre el lavabo y vio que por la noche le habían salido cuernos. Dio un respingo, sorprendido, y, por segunda vez en doce horas, se meó en los pies."

Se trata de una redacción en la que el autor prefiere mostrar lo que ocurre en lugar de explicarlo (confía en que quien lee deduzca lo que implica la escena de Glenna y los dónuts), y avanza junto a la exploración que hace Ig sobre sus nuevas características (la escena en el hospital o las conversaciones con sus familiares, que muestran de forma inquietante lo que hay en el más oculto subconsciente de las personas) y acaba con un impactante clímax (la confesión de su hermano Terry) que impele a continuar leyendo.

“Fuegos artificiales” elude la narración lineal y se lanza a un flashback situado diez años antes, cuando algunos de los personajes principales se conocen y comienza la historia de amor entre Ig y Merrin, con Lee como tercer vértice de un triángulo que quizá es lo más importante de la novela, el catalizador de muchas de las cosas que suceden.

Pese a que sus casi cien páginas se hacen por momentos largas debido al quizá excesivo detalle con el que se relatan algunas cosas, y aunque sorprende que Ig no se dé cuenta de la realidad acerca de Lee, con quien se obstina en iniciar una amistad un tanto incomprensible, se trata de uno de los fragmentos más inquietantes de la novela, quizá por el subtexto enfermizo que se percibe en la relación entre el trío protagonista, manteniendo el interés por seguir leyendo que comienza en “Infierno”.

“El sermón del fuego” parte del presente para sumergirse en un nuevo flashback en el que Ig recuerda su último encuentro con Merrin, y volver a la actualidad, incluyendo la aportación de una testigo, que como todos, se siente impelida a contarle sus secretos mientras él comienza a descubrir su capacidad para manipular las decisiones de las personas que se le confiesan. Una visita a Lee, donde conoce algunos límites a su don y otros encuentros relatados en detalle comienzan a ralentizar el avance de la narración y puede causar momentos de desconexión en una historia que hasta entonces podía calificarse de adictiva.

“El arreglador” está redactada desde el punto de vista de Lee. Como otras partes, da la sensación de tener más texto del necesario para lo que cuenta. Los pasajes dedicados a la relación de Lee con su madre y a la psicología del personaje son convencionales, retratando a un psicópata de manual cuyo desequilibrio ya podía percibirse en “Fuegos artificiales” (aunque Ig no se entera de nada), siendo el texto dedicado a lo que realmente sucedió entre Lee y Merrin lo más relevante, ya que la experiencia de su infancia que le recuerda un comentario materno se relaciona con la parte fantástica (y con la horca que se ve en la cubierta), despertando expectativas que no se desarrollan posteriormente.

“El evangelio según Mick y Keith” cuenta el desenlace de la obra. Si bien en un sentido emotivo cumple su cometido, destacando la sorpresiva carta póstuma de Merrin, el contenido, aparte de cierta retorcida ironía, no parece influir mucho en la historia. También se incide en la evolución de la relación de Ig con Glenna y Terry, quienes adquieren un mayor protagonismo y son parte fundamental de la conclusión.

El aparente intercambio de roles entre el Bien y el Mal (ambos protagonistas/antagonistas sufren unan conversión, Lee a la religión e Ig a la imagen habitualmente asociada al diablo), la incursión en lo que hay en el interior de las personas, o la posibilidad de manipularlas, son parte de las atractivas ideas en las que el autor apenas profundiza. Resulta más satisfactoria la trama romántica y emocional, mientras que la aparición de los cuernos de Ig y los demás hechos fantásticos, como es demasiado habitual en un género en el que a veces son más interesantes las premisas de partida y su desarrollo que su conclusión, pueden resultar tan decepcionantes como un final un tanto precipitado y confuso en el que casi nada de lo sucedido se justifica satisfactoriamente.

Nota: Cuernos ha sido adaptada al cine, dirigida por Alexandre Aja y protagonizada por Daniel Radcliffe (Ig), Juno Temple (Merrin), Max Minghella (Lee), Joe Anderson (Terry), Kelly Garner (Glenna) y James Remar (Derrick), entre otros.



*** T ***


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lunes, 25 de agosto de 2014

El secreto de Gaudlin Hall, de John Boyne

T.O.: This House Is Haunted, 2013
Editorial: Salamandra, 2014
Traducción: Patricia Antón de Vez
252 páginas
17 €
Ebook: 11,99 €

Argumento:

Tras quedarse huérfana, Eliza Caine abandona su trabajo como maestra para ser institutriz en Gaudlin Hall.

Comentario:

«El secreto de Gaudlin Hall» es una historia de terror de estilo y contenido clásico, un homenaje al género gótico y, también, a Dickens y su obra. De hecho, el escritor tiene una aparición estelar al comienzo de la novela, tanto en una frase inicial («Charles Dickens fue el culpable de la muerte de mi padre») más efectista que real, como en la lectura que hace ante la protagonista de su relato de fantasmas: «El guardavía».

Casi desde el principio empiezan a suceder cosas raras, de las que Eliza no es del todo consciente hasta que pasa cierto tiempo, mediante una lograda atmósfera inquietante y misteriosa que imita con destreza el género que se homenajea, aun sin extenderse en ambientar la obra con detalles que ayuden a situarla a finales del XIX más allá de la referencia a autores de la época, como el mencionado Dickens, Wilkie Collins, el «Hamlet» de Shakespeare (que utiliza para hablar con el reverendo Deacons sobre Dios, la biblia y los fantasmas) o la «Jane Eyre» de Charlotte Brontë (Las maestras no aprovechaban la menor oportunidad para azotar a las desafortunadas niñas a su cargo, o para obligarlas a deambular por el patio con una tablilla que rezara: «Cuidado, que muerde.» Y tampoco había ningún señor Brocklehurst en nuestra escuela. No, tratábamos a nuestras pupilas con amabilidad, y a cambio ellas mostraban respeto e interés en sus tareas. Al menos la mayor parte de las veces.), y varias menciones de la protagonista acerca de la situación de las mujeres.

Narrada en primera persona por Eliza Caine, ella es el personaje más complejo (ingenua, idealista, decidida), mientras que el resto se muestra a través de la percepción que la joven tiene de ellos, logrando que parezcan más o menos misteriosos, interesantes o atractivos, destacando la intensidad de Santina y la fragilidad de los niños, Isabelle y Eustace, quienes despiertan el instinto protector de su institutriz.

Este tipo de narración, permite hacer sugerencias e insinuaciones que se aclaran poco a poco, incluso del pasado de la protagonista, que habla de su interés romántico hacia Arthur Coven, un compañero profesor, historia frustrada cuyas causas se revelan poco a poco, logrando que la propia Eliza parezca sospechosa o, posteriormente, hacia Alfred Raisin, un hombre casado, abogado de la familia Westerley.

Curiosamente, no es hasta la mitad de la novela, cuando quienes la rodean, antes reticentes a la confidencia, comienzan a contestar las preguntas de Eliza, mediante el recurso de dar datos a medias, cada personaje un poco más que el anterior, para mantener la intriga y el interés por lo que sucedió, y sucede, en la mansión.

Dado que «El secreto de Gaudlin Hall» es una novela de estilo clásico, no es difícil averiguar antes que protagonista la mayoría de los secretos que se le ocultan, aunque la intriga, las revelaciones y los momentos de intensidad están tan bien distribuidos que el autor logra crear la adecuada atmósfera desasosegante y el interés por saber qué pasará a continuación, cómo se resolverán los diferentes misterios.

A destacar que, además de escribir una historia de fantasmas digna de los clásicos del género, el autor también aborda temas como los derechos de las mujeres (Eliza admira a conocidas que han logrado superar los límites sociales y fantasea con un futuro mejor), las consecuencias de los malos tratos en la infancia o el amor convertido en locura entre otros, dando lugar a una lectura más «compleja» de lo habitual que funciona en varios niveles.

Citas

El único cambio en tales circunstancias vino de la mano de Arthur Covan, profesor de nuestras niñas mayores, y con quien, como he mencionado, forjé una amistad especial. El señor Covan procedía de Harrow y necesitaba un año de experiencia docente para acceder a la universidad como profesor de Clásicas. Arthur me hacía reír (era un mimo estupendo) y me halagaba con sus atenciones. Era un joven apuesto, un año menor que yo, de cabello oscuro y sonrisa fácil. Para mi bochorno, me permití las más benévolas fantasías sobre cómo sería «salir juntos», aunque él nunca fomentara semejante ilusión. Ni siquiera cuando meses después todo quedó al descubierto, su nombre apareció en los periódicos y la gente pidió a gritos su cabeza, ni siquiera entonces fui capaz de condenarlo por completo, aunque, claro, nunca más volví a hablarle. Y luego él, por supuesto, se quitó la vida.

***

—¡Usted no está allí, padre! —exclamé exasperada—. Me despierto en Gaudlin Hall, paso en la casa la mayor parte del día, duermo allí por las noches. Y todo ese tiempo sólo hay una cosa que me da vueltas en la cabeza.
—¿Y cuál es?
—Que esa casa está embrujada.
Soltó un gruñido de protesta y miró hacia otro lado; su rostro era un compendio de dolor y rabia.
—Me niego a escuchar semejantes cosas.
—Pues claro que se niega —le espeté, alejándome de él—. Porque es usted un estrecho de miras, como todos los de su condición.

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lunes, 4 de agosto de 2014

La habitación de Naomi, de Jonathan Aycliffe

T.O.: Naomi’s Room, 1991
Editorial; Plaza & Janés
Traducción: Jesús de la Torre Roldán
202 páginas

Argumento: 

Dos décadas después, Charles Hillenbrand relata, a modo de memorias, lo que sucedió tras el asesinato de su hija Naomí.

Comentario (con SPOILERS):

«La habitación de Naomí» es una de esas novelas «mitificadas» por su condición de descatalogada y difícil de encontrar (aunque está en algunas bibliotecas), por lo que su lectura puede llegar a decepcionar, hasta cierto punto, a quien se haya creado muchas expectativas sobre su contenido.

Se trata de una historia de fantasmas, con la correspondiente casa encantada, sucesos y presencias inquietantes, fotografías en las que aparecen personas y cosas que no deberían estar ahí, ruidos de pisadas en el desván y otras manifestaciones habituales en el género. Quienes hayan leído muchas novelas o visto películas, quizá tengan la sensación de que no aporta novedades, o incluso de cierta previsibilidad en algunos aspectos, si bien se debe más a la utilización de recursos clásicos que a una posibilidad real de adivinar todo lo que sucede.

En cualquier caso, en la novela destaca la capacidad de Aycliffe para crear desde el comienzo una atmósfera inquietante, sombría,  una intriga que no se centra solo en la resolución del asesinato de Naomi, sino también en los crímenes posteriores y en la evolución que sufre el protagonista.

La obra está narrada por Charles Hillenbrand, un profesor de Cambridge que lleva dos décadas viviendo en una casa habitada por fantasmas, atormentado por los recuerdos, el dolor y el sentimiento de culpa, quien inicia la redacción de sus memorias en una primera persona muy adecuada para dosificar la información y transmitir subjetividad.

Charles habla de su familia feliz (él, su esposa Laura y Naomi), del día que todo cambió, da pequeños saltos temporales y hace incisos para aportar datos que enriquecen el relato y, sobre todo, incluye acotaciones en el presente, relacionadas con los fantasmas que le rodean, creando un clima enfermizo, una sensación de amenaza, quizá más logrado por la sutileza y naturalidad con la que informa de todo ello, dejando que cada cual los rellene con su propia imaginación, y creando intriga e interés sobre los temas que trata.

Casi desde el principio se sabe que tras el asesinato de Naomi se suceden varios más, por lo que la aparición de  nuevos personajes aumenta las expectativas sobre lo que pasará, a quién y cómo. La madre de Naomi, Laura, el policía que investiga el caso, Ruthven, un fotógrafo, Lewis, que aporta fotos de los fantasmas o Carol y Jessica, hermana y sobrina de Charles, contribuyen a mantener el interés en la historia y, todos tienes su rol bien definido.

Sin embargo, pierden intensidad frente a la complejidad de los dos protagonistas: Charles Hillenbrand y John Liddley, el médico que construyó la casa a mediados del XIX, y por cuya biografía se interesa el primero hasta extremos obsesivos, que le llevan a comprenderle, incluso a identificarse con él en un crescendo de desasosiego y misterio que culmina en varias escenas que rozan lo gore en contraste con la sutileza del texto precedente.

En resumen, es posible que el mayor mérito de «La habitación de Naomí» sea cómo lo cuenta más que lo que cuenta. En poco más de doscientas páginas, el autor logra crear una historia que crece con cada descubrimiento del protagonista, analiza la evolución de dos personajes (Hillenbrand y Liddley) complejos y atormentados, habla del amor, el dolor, la culpa, la locura, y lo hace con un estilo medido y elegante, con oficio, dando como resultado una novela de terror y misterio que, más de dos décadas después de ser publicada, es más interesante que otras obras posteriores.

      Cubierta de una edición de Naomis’s Room 
en inglés, más acorde con el contenido de la novela.

Nota: Jonathan Aycliffe es el seudónimo utilizado por Denis MacEoin para escribir historias de fantasmas. El autor escribe obras académicas con su verdadero nombre y novelas de intriga como Daniel Easterman.

***T***

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miércoles, 30 de julio de 2014

El reino (La reina del cementerio II), de Amanda Stevens

T.O.: The Kingdom (Graveyard Queen 2)
Editorial: Roca
350 páginas
18,90 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Amelia Gray recibe el encargo de restaurar el cementerio de Asher Falls. La joven percibe enseguida algo extraño en el lugar, que la atrae y repele al mismo tiempo..

Comentario:

«El reino» es la segunda entrega de una trilogía («La reina del cementerio») y, como la anterior («La restauradora»), está protagonizada por una joven con capacidad para ver fantasmas y meterse en líos.

Ambas novelas están narradas en primera persona por Amelia, lo cual, quizá debido a la inexperiencia de la autora, se traduce en el relato de una serie de acciones irrelevantes, repeticiones de pensamientos, emociones e  información que dificultan la lectura al tener continuamente la sensación de que tal o cual cosa ya se ha contado antes… alguna de ellas varias veces.

En «El reino» Amelia recuerda de nuevo las instrucciones paternas para cuando se encuentre con fantasmas, insiste una y otra vez en su relación imposible con Devlin (coprotagonista de «La restauradora») y en la atracción física que siente por Thane Asher, un hombre atractivo y, en principio, menos problemático que Devlin, sufre varios ataques de algo misterioso que asocia con El Mal, tiene conversaciones repetitivas con varios personajes (que no aportan nada a la historia) y, sobre todo, insiste en que ese lugar está relacionado con sus propios orígenes…

Así, al contrario que en la novela anterior, cuyo desenlace era menos previsible, no es difícil seguir las pistas que la protagonista esparce continuamente y sin la menor sutileza a lo largo de la obra (aunque ella misma no se entera de casi nada hasta el final) y averiguar enseguida casi todo lo que ocurrió en el pasado y la relación que tiene con ella.

Para ello Amelia cuenta con la colaboración de varios personajes, buenos y malos, que de pronto, pese al anterior secretismo familiar, no tienen inconveniente en responder todas las preguntas que hace, incluso confesiones de culpabilidad y maléficos planes.

En resumen, una novela que hubiera sido más entretenida de no estar lastrada por el exceso de repeticiones, la obviedad de la resolución del misterio que plantea y una conclusión poco satisfactoria en la que deja varios cabos sueltos, quizá a resolver en la tercera entrega, «El profeta».

 Cubierta de «La rastreadora»



***T***


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jueves, 19 de junio de 2014

De Rodillas, de Malenka Ramos

De Rodillas (Venganza 1)
Malenka Ramos
Versión digital- Amazon (Próximamente Planeta)
262 páginas aprox (pero parecen más)

Sinopsis:

Dominic era poco popular en el instituto; Samara no le hacía caso. Quince años después, convertido en un exitoso abogado, decide entrar en su casa y violarla. Será el inicio de una bonita historia de amor, llena de violaciones, humillaciones, zurras, insultos y todo eso tan romántico. Pero Dominic no está solo en sus inocentes aficiones. Bien dicen que Dios los cría y ellos se juntan…


Comentario:

La nefasta novela "50 sombras de Grey" y su incomprensible éxito pusieron de moda un tipo de historia caracterizado por el sexo "alternativo", con preferencia por el cliché de hombre dominante y frío con trauma y mujer sumisa que hace todo por amor (ya que el amor, según estas novelas, es lo más importante, más que la dignidad y que la autoestima). Pero esta novela, tomando el patrón archimanido, decide ir más allá y nos presenta una narración arcaica, retrógrada y machista, donde un acosador, Dominic, maltratador físico y psicológico, violador y torturador, se convierte en el protagonista, mientras la mujer, Samara, es una sumisa con medio cerebro, siendo generosa.

 Bien es cierto que en el género rosa abundan los prototipos masculinos dominantes, chulescos, celosos, machistas y demás, pero es que aquí, se exacerba todo de un modo que llega a lo grotesco y risible (impagable cuando el perturbado la va a violar analmente y ella dice "no, no, que soy virgen de ahí..." ¡De ahí!). Aunque se supone que la versión  que saldrá en julio publicada por Planeta (¡Sí, Planeta!) es más suave que la que yo he leído y se suprime la violación del primer capítulo, no deja de tratarse de un hombre con un pasamontañas que entra en tu casa, te ata a la cama y te amenaza y aterroriza. En la versión digital, la viola directamente y amenaza con más. Un buen principio para una novela erótica. ¡Me salen fluidos como a la prota solo de pensarlo!

No es la primera novela que narra torturas y violaciones, en efecto, pero el quid es cómo se cuenta y de parte de quién se pone el narrador... Si yo leo un relato donde todos los personajes piensan que eso es bueno y lo aceptan como tal, y no hay ni una sola opinión en el libro contradictoria con esto, ningún punto de vista que relativice el de los protagonistas, lógicamente voy a interpretar que la autora simpatiza con estos personajes o que se me está trasladando un cierto mensaje. Si tras una violación, humillaciones a todas horas, insultos y amenazas, una mujer se enamora de un hombre así tengo que concluir que ese libro es un insulto a las mujeres, e incluso a los hombres, por la imagen deplorable que se da de ellos.

Lo peor es la falta de justificación de las acciones. Que el violador decida, quince años después, vengarse de la chica que a los diecisiete lo despreció violándola y humillándola hasta extremos brutales me habla de un problema grave en la mente de ese hombre. Que ella tras la violación, o el allanamiento, en la versión light, no denuncie a la policía y encima se vaya enamorando de este sujeto perturbado, habla de otro problema mental si cabe más severo y de peor pronóstico. Así pues, diríase que se trata de una novela sobre enfermos mentales, que encima caen mal porque no son nada simpáticos y carecen por completo de sentido del humor. Ah, y se creen mejores que los demás, que viven "relaciones aburridas, monótonas y rutinarias",  y no saben lo que se están perdiendo siendo normales y no haciéndose daño entre sí.

Para hacer más suave todo esto (para “justificar”, en suma), se nos dice que el prota "sufre mucho" con sus actos. Yo me pregunto por qué si sufre tanto no pide el tratamiento médico que un enfermo como él precisa. Para algo inventaron los antipsicóticos y los ansiolíticos.

Todas las mujeres que aparecen en la historia son sumisas "avant la lettre", y se dejan maltratar y mangonear, torturar y violar; todos los hombres que aparecen, pese a los fallidos intentos de la autora de insistir en lo buenos que son (lo dice pero no se ve nada de eso), son psicópatas, violadores, torturadores y personas incapaces de una relación sexual sin violencia.

La autora se ampara en que es "consentido" para evitar que la tachen de apóloga de la violencia de género. Hay una escena de tortura al final donde se utiliza la estratagema de dar a la víctima la opción de irse o seguir con las aberraciones, y como la sumisa descerebrada acepta quedarse, pues ahí tiene el camino expedito para todas los maltratos que se le ocurran... ¿Hasta que punto una enferma mental, como las descritas en esta obra, puede dar consentimiento? Es lo mismo que decir que una mujer maltratada da consentimiento a su pareja para que la sacuda porque como no denuncia y no reacciona... Vamos, que en este caso todos dirían que no, que la pobre mujer es que tiene la mente alienada y está tan asustada por el maltratador que no puede ni pensar en lo que le conviene. Sin embargo, cuando esto sucede en un marco sexual, todo vale, y el consentimiento es el argumento.

La novela carece de estructura, por lo demás. Se trata de escenas sueltas centradas en la violencia, sin casi partes de unión, y cuando las hay, como alguna elipsis, son realmente fallidas, denotándose un escaso dominio de los recursos literarios. Se intenta tapar la inexistencia de trama metiendo montones de personajes (iguales a los psicópatas principales) y cansinas escenas de sexo, por llamarlo de alguna manera, y tortura, que destacan por su falta de imaginación, ya que son todas iguales: él la humilla, ella protesta un poco, él le mete los deditos y ve que está húmeda y que en realidad lo desea porque es una perra guarra zorra, consuma la humillación o la violación diciendo que la "hace suya" (sí, eso tan antiguo), y ella tiene un orgasmo "devastador".

La falta de recursos se evidencia también en las poco creíbles coincidencias y casualidades que se saca de la manga la autora (increíble la forma que tiene Samara de averiguar quién es el enmascarado y la suerte que tiene de que justo entonces haya una reunión de antiguos algunos y él vaya), así como las pueriles formas de concluir los simulacros de subtramas que aparecen, y que no son sino relatos muy similares al principal intercalados en él y que no aportan gran cosa, salvo propiciar más escenas de sumisión-dominación. Especialmente ridícula la subtrama con Luis, el hermano perdido de Samara y su inexplicable odio hacia el padre. Aunque ahora que lo pienso, también es ridícula la subtrama con Sara y Mateo. Ahora que lo pienso de nuevo, es todo absurdo: que parece más que una novela un largo relato destinado supuestamente a ponerte cachonda, aunque la reacción normal al leerlo sea apretar bien los muslos y pegar el culo contra la pared, además de evitar a los abogados atractivos, exitosos y ricos, por si acaso...

Aunque se supone que esta "novela" la va a publicar Esencia, de Planeta, un sello de romántica, creo que no he leído nada más antirromántico en mi vida, incluso más anti sexual. Es el tipo de libro que podrían dar a leer a la gente para quitarle las ganas, a falta de bromuro.  A mí me parece más encajable en Valdemar, en alguna colección de terror gore, o en Dolmen, en el género zombi, aunque muchos de los muertos vivientes tienen más luces que Samara, la heroína.

A pesar del intento de superarse en el tema de las parafilias, se cae a menudo en contradictorias y perturbadoras muestras de mojigataría y en blanduras impropias de las fustas de los torturadores. La prota, que no es precisamente virgen (no al menos del agujero convencional), se ruboriza y siente vergüenza por ponerse desnuda y en otras situaciones, pero no le afecta ser violada. Luis, que es un violento sádico (aunque en el libro se dice que es muy buena persona), siente remordimientos por acostarse con ella, ya que es su hermana (a la que ni conocía personalmente). La propia Samara se escandaliza al enterarse de que es su hermano y se enfada con Dominic, el violador, por haber organizado el tema, ¡pero cuando la viola y maltrata él, no le dice nada! ¡Eso le parece bien!

Por otra parte, de la protagonista no sabemos absolutamente nada, ni tampoco de qué la lleva a comportarse así, la razón de su falta de reacciones lógicas, cómo era antes, si ya apuntaba maneras de tonta, si fue por algún golpe en la cabeza o falta de oxígeno en el parto, etc. Parece un robot o una marioneta con relleno de paja en el cerebro.

La guinda del pastel está al final, con la gran escena de tortura a una sumisa rebelde, donde se cae en situaciones tan grotescas como llegar a decir que más sufría el Amo, un tal Roberto, al ver como le daban estopa, ya que la quiere muchísimo. Pobre Rober, me dan ganas de llorar solo de pensar en su sufrimiento... Y es que a veces las sumisas son tan obstinadas y se ponen tan tercas queriendo recibir lo suyo... (palabras de Robert en el libro).

Otro momento cumbre del final, de echar lágrimas y no precisamente de emoción, es cuando Dominic le pide matrimonio a Samara...

Habiendo leído por algún foro intervenciones de la autora, indignada por los comentarios a su obra, la cual, según ella, ha de leerse en su totalidad (cómo no, es trilogía), y a pesar de haberme costado Dios y ayuda terminar el primer tomo, he hojeado un poco del inicio del segundo para ver cómo evoluciona. Lo primero que se observa es que se hace algo más light o bien que ya estás tan estragada y con tanto callo del anterior que ya ni te afecta.

Lo segundo que el machismo sube a límites mucho más preocupantes, con la intervención de una domina, una tipa que tiene un sumiso, y que antes fue sumisa. Naturalmente, la interpretación de los habitantes de la casa de los horrores es que es una resentida al haber perdido a su amo, una amoral (jaaaaaaa) y  todos la odian por su forma de vida, y desprecian al sumiso que la sirve, cuyo comportamiento no logran entender (sin embargo, si entienden ser ellos los amos y las mujeres las sumisas).

Dejé de leer cuando el supuesto sumiso se rebela contra la "arpía" y le da también y la viola (en esta novela "violación" es la palabra clave). Y es que a quién se le ocurre, mujeres mandando. ¡El mundo al revés!

Ni que decir que la prosa es pobre, hay erratas, laísmos, leísmos y hasta palabras que significan cosas diferentes de lo que cree la autora. La ambientación brilla por su ausencia. No se sabe dónde transcurre la acción, ya que mezcla datos culturales que parecen norteamericanos con detalles españoles, como que la prota leía el SuperPop de adolescente. Tampoco hay grandes descripciones ni de lugares ni de personas.
Mucho van a tener que editar los de Planeta para sacar algo en limpio de esto… 

La novela, a pesar de todo, te deja con la intriga de saber: ¿Qué será lo próximo? ¿Un aficionado a la necrofilia, a la zoofilia, un pederasta traumatizado? ¿Sexo con ortigas? ¿Intercambio de mascotas? ¿Un club de niños fetichistas de Hello Kitty vestida de cuero?

Estoy en ascuas.

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

martes, 15 de abril de 2014

El laboratorio de las Almas, de F.R. Tallis

El laboratorio de las Almas
The forbidden
F.R. Tallis
Traductora: Cristina Martín Sanz
345 páginas
Espasa



Sinopsis:

Un médico francés del XIX experimenta con las experiencias cercanas a la muerte, una de las cuales no sale bien y lo lleva al mismísimo infierno.


Comentario:

La novela de Tallis, narrada en primera persona por el médico Clément, explora las creencias sobre ocultismo y demonología que tan de moda estuvieron en el París del XIX, usando un tono muy similar al de la novela de Joris-Karl Huysmans "Allá Abajo", reconocida inspiración del autor (al final del libro, en los agradecimientos, admite la influencia y que esta es una de sus obras favoritas)  y de la que llega a tomar incluso escenas y personajes, como las partes donde el médico protagonista mantiene charlas sobre el Bien y el Mal, sobre Dios, espiritualidad etc, con el campanero de Saint-Sulpice de París. En la obra mencionada de Huysmans igualmente hay un campanero que departe con el protagonista, Durtal, en similares circunstancias, solo que con el estilo mucho más descriptivo  y complejo del autor francés, por supuesto.

Aunque no es apabullante, la ambientación y documentación son buenas y realmente trasladan al mundo decimonónico y a sus creencias y supersticiones y a su aire un poco decadente. Recuérdese que en esta época París era un hervidero de sectas, adoradores del diablo, esotéricos varios, etc. También está bien retratado el mundillo médico, sobre todo los avances en psiquiatría, focalizados en torno a la figura de Charcot, personaje real, aunque ciertamente su presencia es más bien anecdótica o para "vestir" un poco la novela y darle la necesaria ambientación. Mejor integradas están las investigaciones sobre el uso de la electricidad para la reanimación de cuerpos.

La obra está dividida en tres partes bien diferenciadas que relatan la caída y recuperación espiritual del personaje en lucha con el demonio tanto metafórica como literal. A mi modo de ver, tales partes no están bien trabadas entre sí, hasta el punto de parecer tres historias diferentes, una ambientada en el mundo caribeño del vudú y los ritos de santerías y demás; otra que narra las aventuras extremas de experimentación con la muerte y los métodos de reanimación; y una última que parece un remake de "El exorcista", centrado en el combate  contra el demonio que acosa al protagonista y a los que lo rodean. La segunda parte es la más interesante, mientras que la tercera me ha resultado un tanto aburrida y previsible en su desarrollo. Contribuye al efecto de fragmentación de la historia el hecho de que introduce en ella demasiados elementos y relaciones un tanto extrañas entre los acontecimientos.

La prosa es sencilla y clara, pero se echa de menos algún recurso estilístico que le dé vidilla. En cuanto a las descripciones, solo ahonda en ellas en las partes más gores o truculentas, como las visiones del Infierno, no muy novedosas, los exorcismos y la efusión de sangre y vísceras. En esto sí que se recrea, sí.

Aunque no está mal escrito ni mal resuelto en su planteamiento de remedar un poco el aire decadente de Huysmans me ha resultado demasiado visto, previsible y efectista, y algo irregular también en cuanto a ritmo.

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

viernes, 28 de marzo de 2014

Anoche salí de la tumba, de Curtis Garland

Editorial: Bruguera, 1973
Colección: Selección Terror nº 2
Ilustración de cubierta: Ángel Badía Camps
128 páginas
Argumento:

El día 22 de noviembre de 1870 Jason Shelley fallece de un ataque cardíaco. Su esposa Yvette le lleva de regreso a su casa, Cliffs Manors, para enterrarle en el panteón familiar.

Comentario:

«ANOCHE salí­ de la tumba.
Habí­a temido tanto por ese momento...
Cuando uno muere y es amortajado, cuando la tapa del féretro se cierra encima, y se escucha el golpe seco de las cerraduras ajustando el fúnebre arcón, se sabe que de allí­ ya no va a salir el cuerpo, sino convertido en huesos salpicados de jirones de tejidos podridos, o acaso hecho carne corrompida, maloliente, con vello desordenado y los gusanos pululando en las vací­as cuencas donde antes hubo unos ojos llenos de vida.
Eso es la Muerte. De ella, no se vuelve. Nadie ha vuelto, que yo sepa.
Yo, sí­.
Yo volví­ de mi ataúd para vivir una segunda existencia que nadie hubiese creí­do. Yo regresé de las tinieblas del panteón, como terrible emisario de ultratumba.

Yo, Jason Shelley.»

Así comienza «Anoche salí de la tumba», una novela de terror dividida en dos partes («El relato del muerto» y «Horror en la niebla») de diferente desarrollo e interés, resultando la primera más previsible que la segunda.

En «El relato del muerto», tras los inquietantes párrafos antes citados, se hace una especie de flashback que relata los días anteriores al fallecimiento de Jason Shelley, incluyendo la decisión de Yvette de vender todas sus propiedades para convertirlas en dinero o un ataque previo atendido por el doctor Devlin y la enfermera Maddern, personajes que no son del agrado de la mujer.

El autor da desde el principio pistas poco sutiles que permiten intuir la dirección en la que se dirigirá la trama: lo que va a pasar, quién lo hace, la identidad y el destino de su cómplice etc..., lo que puede ocasionar que el interés por la lectura sea errático hasta la aparición, hacia la mitad de la novela, de un nuevo personaje que se creía desaparecido, Roger Hastings, quien empieza a sospechar lo que ha pasado y parece decidido a investigarlo.

Llama la atención el relato en primera persona del asesino, tanto por lo tópico de sus motivos, su total conciencia de ser malvado (de manual), en la que se recrea casi morbosamente, como por una prosa algo torpe y explicativa en la que mediante una conversación con su cómplice (que ya lo sabe todo) cuenta lo sucedido, la planificación y la razón de hacerlo.

De hecho, también resalta lo caótico de la redacción, que incluye frases desordenadas, algunas tanto que es difícil comprender lo que quiere decir el autor incluso después de varias lecturas, dando una impresión de apresuramiento y falta de revisión que permanece durante toda la novela.

Además, el desarrollo de la historia se ve perjudicado por la «obligada» brevedad que impone el formato en el que fue publicada, con lo que personajes y situaciones potencialmente interesantes, como Charlotte Sanders, cuya sesión de espiritismo y lo que en ella sucede es una de las escenas más inquietantes de esta primera parte, no se aprovechan como sería posible.

«Horror en la niebla» comienza algún tiempo después de forma un tanto desconcertante, en un museo de cera donde su dueño, Zoltan Czek, toma una drástica decisión, de la que culpa al poderoso Bruce Strange.

Esta segunda parte es, en principio, un poco menos previsible, quizá debido a la aparición de nuevos personajes que enriquecen y dan complejidad a la historia, creando nuevas subtramas y la duda sobre cómo evolucionará.

Roger Hastings y su ayudante Rahma se convierten en una especie de Holmes y Watson (al parecer intervienen también en otra novela del autor: «Monstruos en Baker Street») que se hacen cargo de la situación cuando comienzan a aparecer personas asesinadas en circunstancias poco convencionales y testigos que hablan de extrañas apariciones.

Las escenas de terror están descritas de forma expresiva, casi morbosa («Tenía la cara arañada, los brazos desgarrados... Una expresión pavorosa, como la tendría una mujer enterrada viva al querer salir de su féretro... Se movía espectral, lenta, solemne, fija su mirada vidriosa, en unas cuencas profundas, en torno a las cuales la carne humana era ya algo putrefacto, goteando pus o materia hedionda. Un fuerte hedor a muerte, a panteón, a carne podrida, hirió el olfato del aterrorizado Burns.»), dotando a la obra de una ambientación tan intensa como clásica y efectiva.

El interés de Roger Hastings hacia Hazel Reed, los crímenes con connotaciones sobrenaturales, las revelaciones sobre lo sucedido en el pasado y las consecuencias en el presente, la tragedia, la locura o la venganza desde ultratumba, hacen que la historia adquiera un interés que va de menos a más hacia el final de la narración.

En resumen, una novela irregular, en la que tienen cabida el misterio, un horror que recuerda a Poe y a las películas de la Hammer, un poco de romance, giros de tuerca argumentales no muy previsibles y algo de acción.


Cita de «Anoche salí de la tumba»:

«La puerta chirrió levemente. Skelton se volvió para decir algo, sorprendido de su silencio. Emitió un grito ronco, y se le erizaron los cabellos.
Aquella mujer...
Permanecía erguida en la puerta, sus ropas blancas flotaban, entre encajes y lazos. Estaba pálida. Muy pálida. Demasiado pálida. Y aquellas ojeras, aquellas sombras en torno a los ojos negros.
El pelo negro, como ala de cuervo... La belleza pálida.
—Señora... —jadeó, estremecido—. ¿Quién es usted? ¿Qué desea? Se equivocó, sin duda.
Ella no hablaba. Nunca hablaba, al parecer. Se movió. Se movió hacia él. Andaba..., andaba descalza, sobre la alfombra. El roce era pausado, lento.
Las luces de gas temblaron. Skelton tuvo miedo por primera vez, sin saber por qué. Dio un paso atrás. Incluso cometió el error de extraer bruscamente su largo, afilado cuchillo. El que iba destinado a Roger Hastings...
—No..., ¡no se acerque! —jadeó—. ¡No lo haga, señora, o... la mato!
Ella le miró extraña, alucinada. De repente, sus labios exangües se abrieron. Una larga carcajada demencial escapó de aquella boca. Los cabellos de Skelton se erizaron.
Detrás..., detrás de la mujer aquella, morena y fantasmal, venía alguien más... ¡Otra mujer avanzaba hacia él, con paso de espectro!
Skelton Burns entendió de repente. Reconoció a la mujer de ropaje blanco como una mortaja funeraria. Recordó el retrato oval, en el cajón de la cómoda.
—¡Usted! —aulló—. ¡No, no puede ser! ¡Usted...»


***T***


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