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lunes, 18 de junio de 2018

Flores negras, de Lara Siscar

Editorial: Plaza & Janés, 2018
288 páginas
17,90 €
Ebook; 8,99 €

Argumento:

Tras un incidente en su trabajo, que la obliga a dejarlo, Berta Martos regresa a Rayuela, el pueblo de su infancia, a vivir con su madre. Allí se reencuentra con su pasado y colabora en la resolución de un crimen.

Comentario:

 Como empieza a ser habitual, parte de la publicidad con la que se intenta «vender» la novela es un tanto engañosa, en esta ocasión respecto a las situaciones que trata y a que se basa en un hecho real (se hace hincapié en algo que ocupa apenas un 20%), lo que puede suponer una decepción para quien espere leer una historia de misterio, con su correspondiente investigación, pistas, personajes sospechosos etc…, ya que su relevancia es mínima y está al servicio de otros temas.

La trama de intriga se caracteriza, además de por la brevedad, por su previsibilidad en cuanto a la identidad del principal personaje culpable, aunque no tanto respecto a todo lo que ha hecho, y por la forma tópica en que se desarrollan algunas de sus escenas, destacando aquellas en las que se intenta demorar la revelación de su identidad. Los pasajes de «acción» y las explicaciones de lo sucedido también se atienen a lo más clásico y típico del género y, como tales, resultan las páginas más convencionales de la novela.

Las relativa escasez de personajes, y la facilidad de identificar el rol que tiene cada uno, también contribuye a que la sorpresa sobre quién hace qué sea mínima. Entre estos destaca sobre todo Berta, una protagonista dividida entre el deseo de recuperar su trabajo, y su buen nombre (hasta el punto de pensar sólo en su beneficio cuando se presenta la posibilidad de que no sea «responsable» de lo sucedido), y una complicada relación con su madre, Rosa, una actriz retirada celosa de su intimidad.

Paulina, empleada de Rosa, pese a no tener muchos matices, también tiene su importancia en otro de los temas que se tratan en la novela, la difusión de rumores, su tergiversación y sus consecuencias (rol complementando con el de doña Felisa, La Cronista de la Villa, que escribe sobe lo que sucede en Rayuela):

«Su especialidad era la difusión. La transmisión del mensaje. El boca a boca. Su lema, el mismo que el de cualquier canal de información continua: «Está pasando, te lo estoy contando». O más a medida: «Te lo estoy contando, mejor será que haya pasado». Porque, como todo el mundo sabe, pocas impotencias dejan tan arrasado como ser el personaje principal de un rumor falso. No hay nada que hacer al respecto. Es mejor, y hasta la víctima llega a desearlo, que la acusación sea real. Se pasa menos mal. Esto es un hecho comprobado. «Si por lo menos fuese verdad» es un pensamiento fijo en todo aquel que se ve envuelto en un cotilleo de nivel.»

Hay varios personajes masculinos que cumplen roles desde ser interés romántico de Berta a sospechosos o muestra de las murmuraciones y sus consecuencias en Rayuela, como Raúl, Carlos, Agustín, Casemiro…, además de otros, más secundarios, que completan las breves subtramas que ocurren en el pueblo.

Algunos fenómenos extraños, como las flores negras del título, escondidas en el jardín de Rosa, la madre de la protagonista, o un pájaro que actúa con inusitada agresividad, que parecen fuera de lugar en un relato «realista», se intuyen como símbolos de lo que está sucediendo en el pueblo, de la podredumbre oculta en su interior:

«Una flor negra, grande, una especie de murciélago con las alas a medio desplegar y varias cabezas, con unos bigotes largos y gruesos, como tendones en reposo, cayendo hacia todos lados. Daba la impresión de que, en caso necesario, la misma flor podría levantarlos. Vista de lejos, resultaba extraña. De cerca, daba miedo. Y algo de asco. Berta se preguntó a qué olería aquello.»

Entre los temas que trata la novela se encuentran tanto los hechos con las  consecuencias (la  historia comienza con Berta despedida por algo que no es su responsabilidad directa), las críticas («La llamaban de todo, por todo. Por cortar la emisión, por no cortar antes la emisión, por meter un final musical, por no dar paso antes a la canción, por intentar que hablara, por no insistirle más…») y cómo siempre hay quien se aprovecha y beneficia del mal ajeno (la celeridad con que sustituyen a Berta en el puesto).

Recrea cómo se actúa en pueblos pequeños:

«Se dio cuenta de que, desde que cruzó el marco de entrada, había actuado influida por lo que pudiesen opinar de ella los presentes; y por un instante se le ocurrió que a lo mejor exageraba. Que tal vez nadie estaba tan pendiente como ella pensaba. Un vistazo alrededor con toda la naturalidad que pudo desplegar bastó para constatar que, efectivamente, casi todos la miraban. No se molestó. Cuando vivía en el pueblo ella también miraba.»

«—Éste es un pueblo muy pequeño, amigo. El equilibrio es delicado. —Case se acercó a ellos y se dejó caer en la barra—. No se trata de que no quieran contarlo, que aquí todo se cuenta. La cuestión es cómo evitar que se sepa quién se ha ido de la lengua. No se fían de ti. En la aldea los rumores vuelan, pero no hay manera de saber quién empezó y por dónde siguió la cadena. Sólo se sabe que se sabe, pero a todo el mundo se lo ha dicho antes alguien. Es muy raro dar con la fuente originaria, amigo. Así se evitan enemistades. Porque las enemistades en un lugar como éste, si se encarnan, se pudren sin remedio y nunca se sabe cómo acaban.»

También destaca la evolución de la autora desde su anterior, y primera, novela hasta esta, que no se limita a cambios formales (de tres personajes en primera persona a unos pocos en tercera), sino también de temas, al pasar del mundo del arte en «La vigilante del Louvre» a la crítica social de «Flores negras».

En resumen, «Flores negras» es una obra bien redactada, entretenida, por momentos inquietante, de ritmo a veces irregular,  pero no se trata una novela de misterio tal como ésta se entiende, sino que utiliza la intriga para reflexionar sobre otros temas, lo que puede decepcionar a quien espere leer tal género.


***T***

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 28 de mayo de 2018

La química del odio, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2018
416 páginas
19,90€
Ebook: 12,99 €

Argumento:

La inspectora jefa Ana Arén se enfrenta a la investigación del asesinato de Mónica Spinoza, duquesa de Mediona, al tiempo que intenta recuperarse de lo sucedido varios meses antes y soportar a un comisario que trata de obstaculizar su trabajo.

Comentario:

«La química del odio» se inicia seis meses después de los hechos narrados en «No soy un monstruo» y, aunque pocas, hace las suficientes referencias a lo sucedido en la novela anterior, y su resolución, como para que sea recomendable leerlas en el orden que han sido publicadas.

Si se compara una obra con otra a nivel formal, da la impresión de que las reiteraciones de información han disminuido hasta un nivel apenas perceptible, aunque sigue «chirriando» la abundancia de puntos de vista, que no se limitan a la protagonista, Ana, o a los personajes conocidos (Neri, Joan), o nuevos, que tengan importancia dentro de la historia (PéBé, Paloma) sino que, además, incluyen a otros tan secundarios que apenas aparecen en una escena, lo que puede crear confusión y la percepción, errónea, de que quizá tengan relevancia en la narración.

Que además la autora incluya multitud de saltos temporales (en esta ocasión si vienen a cuento los pasajes de la infancia de Ana), párrafos en cursiva y pensamientos, use la tercera persona y la primera, la redacción en pasado y presente, produce una sensación caótica, desconcertante,  al menos hasta que la mente se adapta al ritmo establecido, o crece el interés por lo que sucede en la novela.

En «La química del odio»  también se usa del recurso de advertir que está a punto de suceder algo importante, incluso dramático, que los personajes no pueden ni imaginar, con la finalidad de «enganchar», ese querer saber de qué se habla que impulsa a continuar con la lectura. Lamentablemente, se nota demasiado cual es la intención, y se utiliza demasiadas veces, muchas de ellas con torpeza y sin necesidad, puesto que la historia es lo suficiente interesante para mantener el interés.

Algo similar ocurre con las maniobras de dilación: cuando un personaje está a punto de hacer una revelación que se sugiere de gran importancia, la autora cambia de tema, incluye parrafadas de naderías, acaba el capítulo y se centra en otras cosas, o lo empieza con el relato de algo que ya ha pasado para luego contarlo poco a poco. Si bien son recursos habituales en el género, cuando, como en este caso, se perciben tan forzados, abundantes y obvios, pueden llegar a provocar lo contrario a lo que se pretende.

En cuanto a los personajes, los que ya aparecían en «No soy un monstruo» (Ana, Inés, Neri, Ruipérez, Charo, Joan, Laura…) tienen sus personalidades ya establecidas. Entre los nuevos destacan, por sus características poco convencionales, el juez Juan Pérez Benítez (PéBé) y la forense, Paloma Marco. La víctima, Mónica Espinoza, duquesa de Mediona, se diría una mezcla de detalles de distintas personas reales, aun sin llegar a profundizar en ella. 

Además, se menciona, quizá a modo de homenaje y sin dar sus verdaderos nombres, a  comapeñras de la autora, como Toñí Moreno, presentadora de Viva la vida, en la novela de Viva la tarde del domingo«En el escenario, una presentadora en zapatillas deportivas despedía a un grupo musical que Ana no supo reconocer.»), o Ana Rosa Quintana, de El programa de Ana Rosa («—Un búnker con sofá —matizó Nori—. Pero el sofá no estaba. Me lo regaló hace un par de semanas Rosana, la presentadora del magazine de las mañanas. No le gustaba el que tenía en su camerino y se ha comprado otro.»)

La novela tiene bastantes similitudes con la anterior, tanto en su estructura como en su desarrollo, incluyendo un test para reconocer las   ciertas reacciones, al estilo del programa NeuroQWERTY, como en la conclusión. Igualmente se hace crítica de diversos temas, ya abordados en la otra, con el odio como tema principal, lo que «justifica», por ejemplo, la exagerada inquina del comisario Ruipérez hacia Ana Arén.

La complejidad y cantidad de subtramas, posibilidades, personajes y situaciones, que podrían dar lugar a confusión o desorden, se resuelven con habilidad, justificando la inclusión de algunos pasajes, en apariencia sobrantes, durante la explicación final de lo sucedido.

En resumen, «La química del odio», pese a sus «defectos» formales, algunas descripciones en exceso truculentas y semejanzas con «No soy un monstruo» (y otras obras del género) es una segunda novela muy digna, entretenida, bien desarrollada, apenas «tramposa», con capacidad para enganchar, giros argumentales, y una resolución satisfactoria.


***T***


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martes, 10 de abril de 2018

Firmamento, de Màxim Huerta


Editorial: Espasa, 2018
Colección: Espasa Narrativa
256 páginas
19,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Ana y Mario recuerdan pasajes de sus vidas, de su historia en común.


Comentario (con SPOILERS):


Relatada a dos voces, Ana y Mario, en primera persona y distintos tiempos, y dividida en tres partes, «Firmamento» contiene características habituales en la obra del autor, en especial las referencias cinematográficas y literarias y la detallada descripción de las emociones de los personajes. Como en «La parte escondida del iceberg», da la impresión de que al autor solo le interesa relatar sentimientos, lo que hace con una prosa a veces poética, otras repetitiva, dejando de lado dotar de significado a la obra, si bien en esta ocasión parece intentarlo.

A veces resulta difícil saber qué ha pasado antes o después, qué es real o ficción, de que sirven los primeros capítulos, con Ana y Mario relatando sus anodinas, y solitarias, vidas (él lamentando la pérdida de un amor, ella planeando la búsqueda de una nueva pareja por internet), con ese tono a veces surrealista, en el que destacan las reflexiones de ella sobre subir o bajar escaleras en un piso con ascensor o las de él en torno al colchón en el que duerme (cuya intención y significado se ignoran):


«Me muevo en el colchón buscando la forma. Otra forma. Puedo ponerme en la postura del anterior inquilino como si fuera un molde de su cuerpo. Me da un poco de asco, pero percibo su cuerpo bajo el mío. Intento acoplarme a ese molde anónimo.Era más grande, no soy tan alto. Dormía de lado. El brazo a lo largo del cuerpo pesado. Llegaba con los pies al borde del uno noventa. Me siento un juguete guardado en la caja equivocada

Hay un momento, hacia los dos tercios de la novela, cuando esta se vuelve metaliteraria, en la que da la impresión de que va a contar algo, quizá sobre la a veces difusa línea entre la realidad y la ficción, y la transformación de una en otra, sobre la construcción de historias (Mario es un negro literario que se envía cartas, físicas, a la antigua, con su editora, con quien habla del proceso creativo) y es posible que interese a quienes disfrutan de la literatura que habla de literatura, si bien la estructura de la novela deja una impresión confusa.

Que Ana y Mario se cuenten mutuamente en las misivas cosas que ya saben, a modo de información a quien les lee, queda un tanto forzado, aunque también se reconoce la «necesidad» de hacerlo para entender lo que ha sucedido antes y la mencionada utilización de la realidad para crear ficción a conveniencia e interés de los personajes implicados.

En resumen, «Firmamento» es una novela correctamente redactada, emocional, con altibajos de interés, confusa en su redacción, intenciones, y final (los tiempos en los que suceden los hechos, lo que pasó de verdad o no), que  deja con la sensación de algo que pudo ser y no fue.



Otras novelas de Màxim Huerta reseñadas en este blog:

-La parte escondida del iceberg
-La noche soñada
-Una tienda en París
-Que sea la última vez...


***T***

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martes, 19 de diciembre de 2017

La hija del alfarero, de José Luis Perales

Editorial: Plaza & Janés, 2017
288 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

La decisión de Francisca de abandonar El Espejuelo, pueblo en el que vive, para irse a la ciudad, es el comienzo de una serie de cambios en su familia.

Comentario:

Aunque la novela se titula «La hija del alfarero», Francisca no es la protagonista absoluta, sino que comparte protagonismo con el resto de su familia: Brígida y Justino, los progenitores, y Carlos, su hermano, todos ellos al servicio de una obra que la publicidad califica como «una emotiva y apasionada historia sobre las consecuencias de nuestros actos y el sacrificio necesario para alcanzar los propios deseos.», entre otros detalles que quizá desvelan, prematuramente, demasiado de la trama.

Sin embargo, una lectura más «creativa», se aleja de generalidades como «consecuencias de nuestros actos» o «sacrificio necesario», que parecen aludir a pasajes tan tópicos como previsibles (lo que le pasa a Francisca en el hotel donde trabaja en Ciudad del Mar, Carlos en El Olvido), para «descubrir» otros temas de mayor interés y complejidad: la vida rural, las diferencias entre vivir en un pueblo diminuto o en una ciudad más grande, el desarraigo, de la implacabilidad del progreso y el paso del tiempo… relatado de manera más o menos simbólica.

Brígida y Justino representarían ese mundo rural cuyo destino es ser vencido por el progreso (la evolución del trabajo de alfarero, el abandono del pueblo en busca de algo mejor hasta quedar casi deshabitado…): 

«En El Espejuelo, la casa de los claveles rojos fue vendida. El alfar, en el que Justino, el padre alfarero de Carlos, se había dejado la vida, fue abandonado. La maleza lo fue cubriendo como lo encontraron años atrás, y la furgoneta con la que hizo el reparto de material a las obras de El Olvido fue vendida, ocupando su lugar un coche de lujo que no desmereciera al lado de los coches de los vecinos.».

Carlos simbolizaría la llegada del progreso, y la riqueza al poner tejas de barro cocido en todas las casas de El Olvido, y los cambios que se producen en cuanto a riqueza, turismo, negocios (cafetería, panadería y bollería, una peluquería donde estaban las cuadras):

«Fueron tantas las ideas de negocios a instalar en el pueblo que hasta don Juan del Oso, el cura, con ánimo de recaudar fondos para las necesidades de la iglesia y evitar obras en donde instalar objetos sacros, pensó en restaurar un viejo confesionario que almacenaba polvo de siglos en la planta baja de la torre del campanario e instalarlo en la puerta de la iglesia, habilitado como quiosco, al que llamaría EL RINCONCITO DE DIOS.».

Francisca contribuye al cambio yéndose a vivir a Ciudad del Mar en un tren cuyo trayecto indica el cambio de un mundo a otro:  

«A través de las ventanillas, el paisaje y la luz iban cambiando, pasando de la aridez de la tierra escasa de vegetación y un tiempo aún fresco a pesar del comienzo de la primavera, a un paisaje más verde tapizado de viñas y cultivos de almendros en flor en donde el aire, al asomarse a las ventanillas, era más cálido y lleno de aromas a flores silvestres que más tarde darían paso al perfume del azahar procedente de los campos interminables de naranjos cruzados por las vías del ferrocarril.».

Lamentablemente, el autor carece de los recursos necesarios para plasmar adecuadamente sus ideas, cayendo en errores de principiante: diálogos explicativos en los que los protagonistas saben lo que cuentan, dedicados solo a transmitir torpemente cierta información; exceso de puntos de vista, entre ellos los de personajes secundarios; recuerda cada poco quién es quién («Brígida estaba sola. Justino, su marido, y Carlos, su hijo, se encontraban en el tejar…»); Y, lo más destacado, el paso del tiempo, que no parece transcurrir a la misma velocidad para Francisca que para Carlos, lo que produce desconcierto y confusión, al no saber siquiera cuanto tiempo transcurre entre el principio y el final de la obra.

En resumen, «La hija del alfarero» es una novela deficiente en lo formal (algo solucionable aprendiendo técnica literaria), en la que destaca alguna imagen poética, en especial en escenas situadas en El Espejuelo, sus paisajes o el trabajo de alfarero, con el mérito de tener algo que contar, un universo propio: la recreación, nostálgica e intensa, del mundo rural, ambientada en la comarca de Vallehondo, ya presente en la anterior, y primera, novela de su autor, «La melodía del tiempo».


***T***



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lunes, 4 de septiembre de 2017

Frente al espejo, de Terelu Campos y Kike Calleja



Editorial: Ediciones B, 2017
288 páginas
19.50 €
Ebook: 5,49 €

Argumento:

Terelu Campos relata distintos pasajes de su vida, personales y profesionales.

Comentario:

Frente al espejo es, más que una biografía, el resultado de una serie de entrevistas que abordan algunas de las vivencias más conocidas de su protagonista con la intención aparente de dar su versión de los hechos. Al parecer, fue Kike Calleja (quien aparece como coautor) el que sugirió la posibilidad de escribir el libro y presentó a la interesada un guión con los temas a tratar, siendo su cometido hacer las preguntas y transcribir sus respuestas.

Ordenado en capítulos más o menos temáticos, se observa una redacción relativamente correcta (hay repeticiones de información y frases desordenadas, difíciles de entender, que merecerían una revisión más profunda), nada destaca, se salta de una situación a otra sin un orden o estructura reconocibles que den fluidez a la narración o enlacen cada experiencia con el resto. Ni siquiera se aprovecha el sugerente título que pone a la protagonista frente a un espejo para intentar hacer algo creativo, coherente.

Durante la primera mitad del libro se presentan hechos ya conocidos, tratados, discutidos y cuestionados en Sálvame, programa en el que colabora la autora: si le ha sido perjudicial o beneficioso ser hija de María Teresa Campos, lo sucedido a su padre, el paso por Gran Hermano Vip y Las Campos, la enfermedad, el aumento de peso y consecuente cambio de imagen, la insatisfacción por ser colaboradora en lugar de presentadora (perder el Deluxe), la actitud ante las críticas, la supuesta soberbia, rehuir el conflicto en el trabajo etc…

Las novedades en torno a todos estos conflictos son escasas, apenas algún detalle que pueda sorprender a quienes conozcan la trayectoria de la protagonista. Da las mismas explicaciones y aclaraciones que ya ha esgrimido en distintos programas de televisión en los últimos años. Y lo hace a la defensiva, intentando justificarse, con un tono a veces autocompasivo, el inevitable toque de egocentrismo presente cuando se relata la propia vida, y la necesidad de ser creída y reivindicada, comprendida.

Cuando parece que va a ser más de lo mismo, el rumbo de las confidencias cambia, hay relatos de su niñez, de la relación con la abuela materna, Concha Luque (emotiva), con el padre, con su hermana Carmen. Habla de sus dos maridos, Miguel Ángel y Alejandro Rubio, de su hija Alejandra. Si bien son anécdotas de cierta sencillez, con las que intenta no hacer daño a ninguna de las personas implicadas, asoma en ellas otra Terelu, más divertida, con cierto humor e ingenio, casi irónica, simpática, cercana, humana. Alguien con quien es posible empatizar.

Son estos capítulos, menos de la mitad de la extensión de la obra, los que, hasta cierto punto, la salvan, evitando que parezca una simple recopilación de algo ya sabido. Se percibe incluso otro tono en la redacción, una soltura y espontaneidad que se agradecen.

En resumen, Frente al espejo es un libro para quienes les interese la autora, ya sea por admiración o por deseo de criticarla, con una redacción torpe y anodina, en el que la mayor parte de lo que se relata ya se sabe y solo en algunos momentos deja ver la personalidad de Terelu Campos.

El libro incluye un prólogo escrito por Raphael y una selección de fotos personales de la autora. 

Cita:


«Incertidumbre, también, por saber si podré recuperar mi profesión: creo que soy mejor presentadora que colaboradora. Aunque he de decir que en estos siete años he aprendido mucho. Pero soy una colaboradora incompleta. Incompleta por mis principios, por mi forma de ser, por no saber manejarme bien en el conflicto; porque siempre voy a anteponer el sentido de la lealtad con los que quiero. Por priorizar el no hacer daño. Por evitarlo. Algunos califican esa actitud como una postura fácil. Pienso que el silencio no siempre es cómodo: a veces es la más complicada de las posturas. Es un autocontrol para no hacer daño; para no hacértelo. Sobre todo cuando respetas esas informaciones que tú sabes que se han obtenido desde la confianza, el cariño y el respeto. En ocasiones, es menos complicado dar un golpe en la mesa que apretar los puños y callar.»


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 3 de julio de 2017

Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud, de Carlota Corredera

Editorial: Grijalbo Ilustrados, 2017
224 páginas
18.90 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

La autora detalla cómo perdió 60 kilos de peso.


Comentario:

Con una narración tan correcta como aséptica (no consigue emocionar ni en los momentos más emotivos), la autora relata, como dice en el título, de qué forma logró bajar de peso. Aunque, antes de llegar a esto (qué dieta siguió, tratamientos, ejercicio), desgrana pasajes de su vida, desde la infancia y adolescencia hasta la edad adulta y el momento en el que por fin, tras tener a su hija Alba, decidió adelgazar, por salud (apenas se hace alusión a los comentarios que se hicieron sobre su físico en redes sociales).

En la parte autobiográfica, poco añade que no hubiera contado ya en diversos programas y revistas, incluidas pérdidas familiares y vida profesional, y hasta reproduce pasajes de la primera entrevista concedida después del parto, tras la que recibió mensajes de apoyo de mujeres en situación similar a la suya y una llamada de la marca de productos de dieta con los que consiguió bajar de peso. Si a esto se le añaden las muchas (muchas) fotografías que acompañan al texto (la autora de niña, adolescente y adulta. Con más o menos peso. De boda, embarazo y con bebé, en la actualidad, etc…).

No es hasta transcurridos unos dos tercios de la obra que aborda el «cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» del título, desde el nombre y características de la dieta seguida, con sus correspondientes cantidades y opciones y la forma en qué cambiaba según bajaba de peso, las pruebas que le hicieron y los cuatro programas de ejercicios que hacía (acompañados de más fotos suyas realizándolos).

Para acabar incluye los testimonios de su equipo. La doctora especializada en nutrigenética y los análisis y estudios a los que la sometió antes de iniciar la dieta, la entrenadora personal y el ejercicio que aún hace, la doctora que le preparó la dieta personalizada, o el esteticista encargado de hacerle el drenaje linfático manual (DLM).

En cuanto a la primera parte del título, ese «Tú también puedes», reacciona a las críticas acerca de los métodos seguidos para lograr su objetivo y afirma que:

«No solo se trata de dieta y ejercicio. Los sacrificios y las renuncias por una buena causa, la mejor de todas —tu salud—, solamente se superan con la fe: la fe en uno mismo, la fuerza que te da creer que otra vida es posible. Pero nadie regala nada. Ni la fuerza de voluntad se puede comprar con dinero. Por eso no pienso permitir que nadie le reste méritos a mi victoria.»

«Desde el momento en que anuncié públicamente que había recuperado la salud al perder 60 kilos de peso y rebajar en siete niveles la grasa visceral, empezaron a oírse las primeras voces que apuntaban a que el mérito de mi victoria tenía un nombre: dinero. Entiendo que no todo el mundo esté dispuesto a asumir que otra vida también es posible. Incluso puedo entender que cualquier excusa es buena para retrasar el momento de echarle huevos u ovarios y cambiar los hábitos que nos hacen tan infelices y sobre todo acarrean riesgos graves para la salud. Podría recordar algo tan obvio como que hay gordos y obesos con gran poder adquisitivo.»

Sin embargo también habla de tratamientos que solo se pueden llevar a cabo con un dinero que no cualquiera tiene: Entrenadora personal y fisioterapeuta, dos clases de hora y media a la semana. Esteticista que le trató múltiples edemas y retención de líquidos, grasa acumulada que ablandar y flacidez del cuerpo y la cara. Los productos de la dieta que sigue. Los drenajes linfáticos manuales. La carboxiterapia.

Y habla de la importancia de la estética, de la lucha contra la flaccidez de cara y cuerpo: «Teniendo siempre claro que la salud es la prioridad absoluta y el invariable objetivo, es importante que la pérdida de la maldita grasa no nos desfigure el rostro ni lo deje enjuto. Al igual que se lucha contra la flacidez del resto del cuerpo, hay que batallar contra la del óvalo.»

Se echa en falta profundizar en los motivos psicológicos que llevan a un sobrepeso exagerado, su tratamiento y su imagen ante la sociedad, aunque hay un par de apuntes de interés:

«El poder adictivo de la comida, en especial de determinados alimentos, no está nada reconocido en nuestra sociedad. Con los adictos a las drogas, al alcohol, al juego, al sexo o a las tecnologías se suele ser relativamente comprensivo. Se les intenta justificar y se buscan respuestas a por qué se han enganchado sin juzgarlos demasiado. Quizá huían de un dolor profundo, a lo mejor llenaban con esa adicción un vacío vital, probablemente se apoyaban en ese vicio para superar alguna pérdida... Con la comida no sucede así. A las personas obesas no se las considera enfermas. Son vagas, glotonas, sedentarias, tragonas, dejadas, zampabollos, abandonadas.»

«La obesidad es una enfermedad muy grave y muy peligrosa, tanto que es mortal. Y no, la gente no está gorda porque quiere. A las personas que sufren este problema no les basta solamente con un: «Camine más y coma menos». Detrás de una persona con un gran sobrepeso hay alguien que tiene que convivir cada día con una relación tóxica con la comida.»

En resumen, «Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» aporta pocas novedades en cuanto a cómo perder peso (dieta ―una u otra― ejercicio, tratamientos reafirmantes) más allá de la marca de alimentos que consume la autora, y anécdotas superficiales y ya conocidas de su vida con un componente exhibicionista y egocéntrico quizá inevitable en este tipo de obra.


Cita:

«Todos los días comemos varias veces. Es una necesidad fisiológica primaria. Hay comida en todas partes. No hace falta acudir a ningún camello para conseguir tu dosis. Tu droga está en la nevera, en la despensa, en los supermercados, en los bares, en los quioscos, en los restaurantes, en los anuncios de televisión, en las pastelerías, en las máquinas expendedoras de la oficina, en los colmados, en las carnicerías, en las pescaderías, en las pizzerías, en la tienda de la esquina, en las heladerías, en las hamburgueserías... Comida por doquier, accesible a cualquier hora, en público y en privado, para celebrar las alegrías y para ahogar las penas. Y ese es el escenario en el que hay que sobrevivir, conviviendo a todas horas con tu problema, controlando tus impulsos, castrando tus instintos, renunciando a tu placer favorito, a lo que te hace disfrutar de verdad.»



***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 20 de marzo de 2017

A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
344 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Katia Kohen contrata al detective Roures para que pruebe que el famoso escritor Armando Artigas asesinó a su madre , con quien había tenido una aventura, y a otras tres mujeres más.

«A menos de cinco centímetros» es una novela detectivesca clásica, que incluye muchas de las características del género: su protagonista, Tony Roures, es un sexagenario ex corresponsal de guerra que investiga infidelidades hasta que llega un caso capaz de «redimirle» de un pasado que le hace sentir culpable. Solitario, fracasado, romántico, no tarda en sentirse atraído por Misia Rodríguez, víctima potencial, bella e interesante, a quien desea salvar.

Este reconocido alter ego de la autora (Roures, como Carvalho, al que ha declarado homenajear, se traducen como Robles) aporta además la crítica social que se asocia a este género mediante reflexiones sobre la guerra, la trata de personas, el Holocausto o la prostitución, muy presentes en  los capítulos narrados desde el punto de vista del detective.

Los otros protagonistas, Misia Rodríguez y Armando Artigas, además de sus roles de posibles víctima y asesino, protagonizan la trama «romántica» (pasión, sexo), y la mayoría de las escenas eróticas, algunas de ellas más significativas que otras, casi todas breves y sin caer en el mal gusto. Y también reflexionan sobre literatura, Armando como autor («Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer. Nada más. No existen fórmulas mágicas, salvo, tal vez, tener algo que decir y una mirada propia a la hora de decirlo») y Misia, esposa de un editor, como lectora («Ahogó sus penas entre esas palabras escritas que un día le enseñaron a llorar y a vivir en mundos paralelos»).

El resto de los personajes: Katia Kohen (contrata al detective), Isabel (periodista, parte del pasado traumático de un Roures en busca de redención) Alfonso Benítez y Miguel Atance (amigos de confianza de Artigas) o Carlos Rothman (marido de Misia) cumplen su cometido como secundarios necesarios para que avance una historia en la que los flashbacks que muestran la relación de Armando con varias de las mujeres supuestamente asesinadas no parecen aportar gran cosa a la novela.

Las continuas referencias a cómo visten los personajes (Misia y Armando), si bien se dirían utilizadas a modo de caracterización y contraste, un largo listado de títulos y características de libros, o los mencionados flashbacks, llega un momento en el que obstaculizan la fluidez de la narración más que enriquecer la historia. En cuanto a la resolución del misterio, la escasez de personajes con posibilidades de haber cometido los crímenes es tal que no resulta difícil, para quienes lean habitualmente este género, deducir su identidad incluso antes que Roures. El motivo, en cambio, es casi imposible adivinarlo, quizá por su carácter rebuscado, del que no se dan indicios.  

En resumen, «A menos de cinco centímetros» es una novela correctamente redactada que contiene los elementos habituales de las novelas de detectives clásicas, con varios altibajos de ritmo, algún cabo suelto (¿Qué ocurre con cierto libro tras publicarse?), un desenlace de interés creciente resuelto de manera convencional y un final agridulce acorde con el género al que pertenece.


***T***


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viernes, 3 de marzo de 2017

Open: Memorias, de Andre Agassi

T.O.: Open. An Autobiography, 2009
Editorial: Duomo ediciones, 2014
Traducción de Juanjo Estrella González
480 páginas

Argumento:

Autobiografía del tenista Andre Agassi.

Comentario:

Tenis, tenis y más tenis. La autobiografía de Agassi gira en torno a este deporte, y abarca todas las facetas de su vida, dominada por la inevitabilidad de jugar, competir, ganar y perder, luchar por ser el mejor.

El autor relata cómo comenzó a entrenar obligado por la obsesión paterna de cumplir en el hijo un sueño que no había logrado por sí mismo. Los duros entrenamientos a los que se sometía, el lento progreso hasta hacerse conocido, el detallismo con el que relata algunos de los partidos (juego a juego, golpe a golpe) o la relación con varios de sus compañeros, desde pelotear siendo niño con su admirado Björn Borg y la arrogancia de Jimmy Connors, a los enfrentamientos con su némesis, Pete Sampras, entre otros (Roger Federer, Boris Becker, Rafael Nadal…).

También se recrea en las manías o rituales antes de entrar en la pista, sus entrenadores, que llegan a ser parte de su familia, las lesiones, el sufrimiento que soportaba en algunos partidos, los viajes por el mundo en busca de la siguiente competición, la soledad, detalles que satisfarán a quienes interese especialmente la faceta deportiva del protagonista.


Además, la obra incide, sobre todo en su primera mitad, en la compleja relación entre el tenista y su progenitor, un hombre implacable decidido a que el muchacho triunfase (el autor rememora repetidamente sus enfrentamientos una máquina lanzapelotas modificada, a la que llama el dragón, y le hace sentir diminuto, desvalido), con quien mantiene una relación entre el amor y el odio similar a la que tiene con el tenis.

«De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel. Yo mismo había alimentado a quienes habían construido mi prisión. Había ayudado a pintar las líneas blancas que servirían para confinarme. ¿Por qué lo había hecho? No tenía otra opción. Ésa es la razón por la cual hago todo.»
«Después de años oyendo a mi padre despotricar contra mis fallos, una derrota ha bastado para que yo mismo asuma sus críticas. He interiorizado a mi padre –su impaciencia, su perfeccionismo, su rabia– hasta que su voz no sólo suena como la mía, sino que es la mía. Ya no necesito que mi padre me torture. A partir de ese día, eso puedo hacerlo yo solito.»

También se dedica espacio a las mujeres de su vida, desde un primer amor por Wendi, una recogepelotas de su edad, hasta sus matrimonios con Brooke Shields (ella le convenció para que dejase de ponerse peluca y se afeitase la cabeza) y Steffi Graf, relaciones que parecen predestinadas y relata en cierto detalle, sobre todo la de Stefanie, quien es la primera persona que entiende y  comparte su relación con el tenis («Hablamos de tenis por primera vez. Cuando le digo que odio el tenis, ella se vuelve hacia mí con un gesto que significa: pues claro. ¿No lo odiamos todos?»).


Andre Agassi, Stefanie Graf, Jaden y Jaz (Fotografía: John C. Russell)

«Esa noche, tras celebrarse la final, tiene lugar el famoso Baile de Wimbledon. Llevo años oyendo hablar de él, y me muero por asistir, porque el ganador baila con la ganadora de la final femenina y en esa edición, como en casi todas las celebradas en los últimos tiempos, la ganadora es Steffi Graf. Yo me enamoré de ella desde que la vi concediendo una entrevista en la televisión francesa. Me impactó, me deslumbró su gracia discreta, su belleza natural. Era como si su aspecto, de algún modo, mostrara que olía bien. Y, además, que era buena, una persona intrínseca, esencialmente buena, llena de rectitud moral y de una clase de dignidad que hoy ya no existe.»

Destaca la estructura de la obra, que empieza por un final (la inminencia del último partido antes de la retirada) para luego relatar el inicio de su carrera, a los siete años, y termina con un comienzo, el de la escuela que ha construido en Las Vegas.
 «Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado.Cuando este último fragmento de mi identidad encaja en su lugar, me pongo de rodillas y susurro: por favor, que acabe todo esto.Y después: no estoy preparado para que acabe todo esto»


Las memorias, escritas entre Agassi y J. R. Moehringer (premio Pulitzer de periodismo y autor de su propia autobiografía,  El bar de las grandes esperanzas, obra que impresiona al tenista y motivo por el que le pide ayuda para escribir la suya), están narradas en primera persona y presente, con algún que otro salto temporal, sin guiones para indicar los diálogos, aunque no resulta difícil de leer.

En resumen, Open es una autobiografía irregular (dependiendo de qué faceta de la vida del autor interese más), con altibajos (demasiados relatos de partidos), a veces superficial y otras profunda que, más allá del deportista de élite, muestra a la persona, con sus contradicciones, intensidad, dudas, pasión, sufrimiento, romanticismo. Y es que, si bien el tenis parece el tema principal, trata de la vida, como dice Agassi en las palabras que quiere dirigir a los alumnos de la primera promoción de su escuela:

«La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos. Ganar y perder, amar y odiar, abrir y cerrar. Reconocer pronto ese doloroso hecho ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros, y si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos.
¿Qué otro mensaje espero poder transmitir? ¿Qué otro mensaje podrían esperar ellos de alguien que dejó el colegio a los catorce años, y cuyo mayor logro, el logro del que más orgulloso se siente, es esta escuela?»


***T***

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