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lunes, 18 de junio de 2018

Flores negras, de Lara Siscar

Editorial: Plaza & Janés, 2018
288 páginas
17,90 €
Ebook; 8,99 €

Argumento:

Tras un incidente en su trabajo, que la obliga a dejarlo, Berta Martos regresa a Rayuela, el pueblo de su infancia, a vivir con su madre. Allí se reencuentra con su pasado y colabora en la resolución de un crimen.

Comentario:

 Como empieza a ser habitual, parte de la publicidad con la que se intenta «vender» la novela es un tanto engañosa, en esta ocasión respecto a las situaciones que trata y a que se basa en un hecho real (se hace hincapié en algo que ocupa apenas un 20%), lo que puede suponer una decepción para quien espere leer una historia de misterio, con su correspondiente investigación, pistas, personajes sospechosos etc…, ya que su relevancia es mínima y está al servicio de otros temas.

La trama de intriga se caracteriza, además de por la brevedad, por su previsibilidad en cuanto a la identidad del principal personaje culpable, aunque no tanto respecto a todo lo que ha hecho, y por la forma tópica en que se desarrollan algunas de sus escenas, destacando aquellas en las que se intenta demorar la revelación de su identidad. Los pasajes de «acción» y las explicaciones de lo sucedido también se atienen a lo más clásico y típico del género y, como tales, resultan las páginas más convencionales de la novela.

Las relativa escasez de personajes, y la facilidad de identificar el rol que tiene cada uno, también contribuye a que la sorpresa sobre quién hace qué sea mínima. Entre estos destaca sobre todo Berta, una protagonista dividida entre el deseo de recuperar su trabajo, y su buen nombre (hasta el punto de pensar sólo en su beneficio cuando se presenta la posibilidad de que no sea «responsable» de lo sucedido), y una complicada relación con su madre, Rosa, una actriz retirada celosa de su intimidad.

Paulina, empleada de Rosa, pese a no tener muchos matices, también tiene su importancia en otro de los temas que se tratan en la novela, la difusión de rumores, su tergiversación y sus consecuencias (rol complementando con el de doña Felisa, La Cronista de la Villa, que escribe sobe lo que sucede en Rayuela):

«Su especialidad era la difusión. La transmisión del mensaje. El boca a boca. Su lema, el mismo que el de cualquier canal de información continua: «Está pasando, te lo estoy contando». O más a medida: «Te lo estoy contando, mejor será que haya pasado». Porque, como todo el mundo sabe, pocas impotencias dejan tan arrasado como ser el personaje principal de un rumor falso. No hay nada que hacer al respecto. Es mejor, y hasta la víctima llega a desearlo, que la acusación sea real. Se pasa menos mal. Esto es un hecho comprobado. «Si por lo menos fuese verdad» es un pensamiento fijo en todo aquel que se ve envuelto en un cotilleo de nivel.»

Hay varios personajes masculinos que cumplen roles desde ser interés romántico de Berta a sospechosos o muestra de las murmuraciones y sus consecuencias en Rayuela, como Raúl, Carlos, Agustín, Casemiro…, además de otros, más secundarios, que completan las breves subtramas que ocurren en el pueblo.

Algunos fenómenos extraños, como las flores negras del título, escondidas en el jardín de Rosa, la madre de la protagonista, o un pájaro que actúa con inusitada agresividad, que parecen fuera de lugar en un relato «realista», se intuyen como símbolos de lo que está sucediendo en el pueblo, de la podredumbre oculta en su interior:

«Una flor negra, grande, una especie de murciélago con las alas a medio desplegar y varias cabezas, con unos bigotes largos y gruesos, como tendones en reposo, cayendo hacia todos lados. Daba la impresión de que, en caso necesario, la misma flor podría levantarlos. Vista de lejos, resultaba extraña. De cerca, daba miedo. Y algo de asco. Berta se preguntó a qué olería aquello.»

Entre los temas que trata la novela se encuentran tanto los hechos con las  consecuencias (la  historia comienza con Berta despedida por algo que no es su responsabilidad directa), las críticas («La llamaban de todo, por todo. Por cortar la emisión, por no cortar antes la emisión, por meter un final musical, por no dar paso antes a la canción, por intentar que hablara, por no insistirle más…») y cómo siempre hay quien se aprovecha y beneficia del mal ajeno (la celeridad con que sustituyen a Berta en el puesto).

Recrea cómo se actúa en pueblos pequeños:

«Se dio cuenta de que, desde que cruzó el marco de entrada, había actuado influida por lo que pudiesen opinar de ella los presentes; y por un instante se le ocurrió que a lo mejor exageraba. Que tal vez nadie estaba tan pendiente como ella pensaba. Un vistazo alrededor con toda la naturalidad que pudo desplegar bastó para constatar que, efectivamente, casi todos la miraban. No se molestó. Cuando vivía en el pueblo ella también miraba.»

«—Éste es un pueblo muy pequeño, amigo. El equilibrio es delicado. —Case se acercó a ellos y se dejó caer en la barra—. No se trata de que no quieran contarlo, que aquí todo se cuenta. La cuestión es cómo evitar que se sepa quién se ha ido de la lengua. No se fían de ti. En la aldea los rumores vuelan, pero no hay manera de saber quién empezó y por dónde siguió la cadena. Sólo se sabe que se sabe, pero a todo el mundo se lo ha dicho antes alguien. Es muy raro dar con la fuente originaria, amigo. Así se evitan enemistades. Porque las enemistades en un lugar como éste, si se encarnan, se pudren sin remedio y nunca se sabe cómo acaban.»

También destaca la evolución de la autora desde su anterior, y primera, novela hasta esta, que no se limita a cambios formales (de tres personajes en primera persona a unos pocos en tercera), sino también de temas, al pasar del mundo del arte en «La vigilante del Louvre» a la crítica social de «Flores negras».

En resumen, «Flores negras» es una obra bien redactada, entretenida, por momentos inquietante, de ritmo a veces irregular,  pero no se trata una novela de misterio tal como ésta se entiende, sino que utiliza la intriga para reflexionar sobre otros temas, lo que puede decepcionar a quien espere leer tal género.


***T***

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

miércoles, 6 de junio de 2018

Una bruja sin escoba, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
188 páginas
7,99 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Tras separarse de su pareja e iniciar una nueva vida, Diana comienza a averiguar cosas de su origen.

Comentario:

Cuando se ha leído, y comentado, unas cuantas novelas de la misma persona (esta es la sexta obra de la autora reseñada en este blog) es difícil decir algo nuevo, y da la impresión, releyendo anteriores artículos, que algunas de las opiniones que contienen se podrían aplicar al actual. Que la mayoría de autores escriban siempre sobre temas recurrentes que son parte de sus inquietudes e intereses, también contribuye a producir la sensación de que no hay algo nuevo que decir.

«Una bruja sin escoba» también está redactada en primera persona por su protagonista, en esta ocasión Diana, una bruja que desconoce su origen y no ha desarrollado sus poderes, de forma correcta y funcional, siendo su punto de vista el único que se da de los hechos, y del resto de los personajes. La redacción se nota bastante revisada, con una drástica disminución de erratas y palabras que no significan lo que la autora cree, tan presentes en obras anteriores, si bien resulta algo confusa en la última parte, sin llegar a resultar una molestia o dificultar la lectura.

Los problemas con la ausencia de fechas y lugar en el que se sitúa la acción se resuelven con las referencias a internet y móviles, etc, y se dice que transcurre en Madrid, sin bien continúa la confusión sobre el lapso de tiempo en el que transcurren los hechos, que da la impresión, por la cantidad de cosas que suceden, de que es mayor del que se dice.

También son habituales ciertas reflexiones (cada vez, afortunadamente, más escasas y  breves, menos farragosas y repetitivas) sobre temas espirituales y la contraposición entre este tipo de vida y otro más materialista. Y, por supuesto, los objetos, ya sean mágicos, simbólicos o ambas cosas, con preferencia por el color rojo, desde el paraguas de «En un rincón del alma» y sus dos secuelas (se menciona de pasada, así como a las mujeres de agua), hasta las hojas de arce de «Y si fuera cierto». Ahora se trata de un ala delta (roja), sustituta de la tradicional escoba de bruja, un libro con hojas (aparentemente) en blanco encuadernado en rojo, o la presencia del también indispensable gato (egipcio),  Senatón.

Aunque son evidentes las mencionadas similitudes con las obras anteriores de la autora, es con «Y si fuera cierto» con la que tiene más puntos, positivos, en común. Al igual que en esta, deja de lado las generalidades emocionales para tratar de contar algo, basándose en personas y hechos (más o menos) reales, en torno a los que crear su historia, transmitir sus puntos de vista, valores, cultura, en la que no faltan las referencias a canciones, cine y TV (uno de los personajes se llama Duncan Connor, como los interpretados por Adrian Paul y Christophe Lambert, uno en la serie y el otro en las películas de «Los inmortales». Se menciona el DeLorean de «Regreso al futuro») etc…

Entre lo más destacable se encuentra la capacidad de dotar de humanidad y personalidad a todos los habitantes del edificio a cuyo ático se muda Diana. Antonio, el casero, su madre, Claudia,  vecinos como Elda, Desmond y Ecles, Duncan o Amaya resultan más cercanos e interesantes en sus peculiaridades que los de su vida anterior (Alán, Samanta, Rigel), aunque estos también cumplen su cometido.

Si bien la novela avanza sin grandes altibajos, con cierta previsibilidad, la autora consigue dar un giro argumental cerca del final, tan sorpresivo como interesante, que abre la historia a varias posibilidades cuyo desarrollo tendrá lugar en posteriores entregas de lo que, al parecer, será una trilogía.

En resumen, «Una bruja sin escoba» contiene, con la obvia evolución en cuanto a forma y fondo, los temas habituales de la autora, lo que interesará a quienes disfrutaron con sus otras novelas. Y, además, permanece la notable evolución observada en «Y si fuera cierto»,  lo que incrementa el interés por seguir leyendo a la autora, resulta muy entretenida, los personajes despiertan empatía y, sobre todo, crea intriga por saber qué pasará. Sólo queda esperar, y desear, que no tarde un año en publicarse la continuación de las aventuras de Diana, una bruja moderna.

Otras novelas de Antonia J. Corrales reseñadas en este blog:






***T***

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lunes, 4 de junio de 2018

La novia gitana, de Carmen Mola

Editorial: Alfaguara, 2018
Colección: Alfaguara negra
408 páginas
19,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El cadáver de Susana Macaya aparece varios días después de su desaparición con indicios de haber sido asesinada de forma similar a como le sucedió a su hermana, Lara, siete años atrás.

Comentario:

«La novia gitana» sigue el esquema habitual de las novelas de su género, un thriller en el que alguien comete una serie de asesinatos usando métodos poco habituales, en este caso unos gusanos que sirven, además, para producir lo que parece una buscada sensación de rechazo, asco y temor:

«Su cuerpo se encuentra lleno de gusanos. Cuando nota que hay uno cerca de los labios, saca la lengua y se lo mete en la boca. Le gusta sentir el cosquilleo del gusano antes de tragárselo. De vez en cuando, aparta los gusanos que tiene en el pie para ver por dónde van en su trabajo de demolición. Ya se nota una hondonada justo antes del dedo gordo. En unos días más llegarán hasta el hueso.»

Narrada en tercera persona y presente, con uso preferente de los puntos de vista de los dos personajes principales (Blanco y Zárate), aunque también, en menor medida, de otros, incluidos muy secundarios, la inclusión de pasajes en cursiva (de los más desagradables de leer de la novela) alternados con el relato de la investigación, de cuya pertinencia no cabe duda, son también parte de las convenciones de este tipo de historias.

La inspectora Elena Blanco no se libra de los tópicos, al ser retratada como una mujer tan seria y eficaz en su trabajo como atormentada (vive obsesionada por algo ocurrido en el pasado) por sus propios demonios, que combate bebiendo grappa y cantando canciones de Mina Mazzini en un karaoke. Zárate, el nuevo, útil para mostrar cómo trabaja la Brigada de Análisis de Casos (BAC), ser el «interés romántico» de la protagonista y con un conflicto entre el deber y el sentimiento, por tener como mentor y figura paterna a Salvador Santos, el policía que investigó el primer crimen, es el otro personaje más desarrollado.

El resto: el equipo de la BAC (Chesca, Mariajo, Buendía, Orduño), Miguel Vistas, encarcelado por el asesinato de Lara, sus abogados (Jáuregui y Masegosa), Moisés y Sonia, progenitores de las dos jóvenes asesinadas, Raúl Garcedo, novio de Susana, su amiga Cintia, y unos cuantos más, están definidos por el rol que interpretan en la historia (sospechosos, testigos etc…).

El desarrollo de la historia sigue los cauces habituales, desde los interrogatorios a personajes sospechosos, conversaciones con familiares, posibilidad de que el asesino de Susana sea el mismo que el de Lara y, por tanto, Miguel Vilas sea inocente del primero, subtramas personales, comportamientos dudosos de algunos personajes que ocasionan nuevos interrogatorios… Y, de fondo, utilizados a modo de posibles motivaciones para los crímenes, aparecen, de forma superficial, temas como la homosexualidad, las diferencias culturales en los matrimonios entre gitanos y payos, el Alzheimer etc...

En resumen, «La novia gitana» es una obra  correctamente redactada, con algunas escenas no aptas para personas sensibles, algo tramposa, previsible, alargada en su última parte, que puede satisfacer a incondicionales del thriller y sonar a algo ya visto (tanto en literatura como en series de TV) a quienes hayan leído unas cuantas novelas de su género (la inclusión de sus tópicos más habituales hace difícil la sorpresa) y, aunque de fácil lectura y entretenida, se hace algo larga.

La escena final, previsible tras cierto hecho, sugiere la posibilidad de una continuidad de las aventuras de la inspectora Elena Blanco, con especial atención a su historia personal, que, al parecer la autora ya está escribiendo, con el título de «La red púrpura».

Mencionar la curiosa estrategia promocional de la editorial, con frases como:

«¿Quién es Carmen Mola? ¿Quién puede escribir de este modo, con una fuerza narrativa casi salvaje, inédita en la novela negra española y que recuerda al Lemaitre de “Irène” y “Alex” y al Easton Ellis de “American Psycho”? » «Como ya sabéis, Carmen Mola es un pseudónimo. ¿Por qué se utiliza el pseudónimo? Benjamin Black y Todd Ritter son autores que utilizan el pseudónimo para diferenciar sus obras. Sin embargo, ¿por qué creéis que lo utiliza Carmen Mola si no tiene obras anteriores?»

Da que pensar cuál es la finalidad tanto del uso de un pseudónimo como de publicitarlo como un valor añadido (que no afecta al contenido de la novela), si ya se dice que la autora no tiene otras novelas, y si, como parece, no hay intención de revelar su identidad. Decir que «La novia gitana» recuerda a la obra de otros autores tampoco suena a algo positivo para ésta, al menos en cuanto se refiere a la creación de algo original o novedoso, más allá de ser española…
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lunes, 28 de mayo de 2018

La química del odio, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2018
416 páginas
19,90€
Ebook: 12,99 €

Argumento:

La inspectora jefa Ana Arén se enfrenta a la investigación del asesinato de Mónica Spinoza, duquesa de Mediona, al tiempo que intenta recuperarse de lo sucedido varios meses antes y soportar a un comisario que trata de obstaculizar su trabajo.

Comentario:

«La química del odio» se inicia seis meses después de los hechos narrados en «No soy un monstruo» y, aunque pocas, hace las suficientes referencias a lo sucedido en la novela anterior, y su resolución, como para que sea recomendable leerlas en el orden que han sido publicadas.

Si se compara una obra con otra a nivel formal, da la impresión de que las reiteraciones de información han disminuido hasta un nivel apenas perceptible, aunque sigue «chirriando» la abundancia de puntos de vista, que no se limitan a la protagonista, Ana, o a los personajes conocidos (Neri, Joan), o nuevos, que tengan importancia dentro de la historia (PéBé, Paloma) sino que, además, incluyen a otros tan secundarios que apenas aparecen en una escena, lo que puede crear confusión y la percepción, errónea, de que quizá tengan relevancia en la narración.

Que además la autora incluya multitud de saltos temporales (en esta ocasión si vienen a cuento los pasajes de la infancia de Ana), párrafos en cursiva y pensamientos, use la tercera persona y la primera, la redacción en pasado y presente, produce una sensación caótica, desconcertante,  al menos hasta que la mente se adapta al ritmo establecido, o crece el interés por lo que sucede en la novela.

En «La química del odio»  también se usa del recurso de advertir que está a punto de suceder algo importante, incluso dramático, que los personajes no pueden ni imaginar, con la finalidad de «enganchar», ese querer saber de qué se habla que impulsa a continuar con la lectura. Lamentablemente, se nota demasiado cual es la intención, y se utiliza demasiadas veces, muchas de ellas con torpeza y sin necesidad, puesto que la historia es lo suficiente interesante para mantener el interés.

Algo similar ocurre con las maniobras de dilación: cuando un personaje está a punto de hacer una revelación que se sugiere de gran importancia, la autora cambia de tema, incluye parrafadas de naderías, acaba el capítulo y se centra en otras cosas, o lo empieza con el relato de algo que ya ha pasado para luego contarlo poco a poco. Si bien son recursos habituales en el género, cuando, como en este caso, se perciben tan forzados, abundantes y obvios, pueden llegar a provocar lo contrario a lo que se pretende.

En cuanto a los personajes, los que ya aparecían en «No soy un monstruo» (Ana, Inés, Neri, Ruipérez, Charo, Joan, Laura…) tienen sus personalidades ya establecidas. Entre los nuevos destacan, por sus características poco convencionales, el juez Juan Pérez Benítez (PéBé) y la forense, Paloma Marco. La víctima, Mónica Espinoza, duquesa de Mediona, se diría una mezcla de detalles de distintas personas reales, aun sin llegar a profundizar en ella. 

Además, se menciona, quizá a modo de homenaje y sin dar sus verdaderos nombres, a  comapeñras de la autora, como Toñí Moreno, presentadora de Viva la vida, en la novela de Viva la tarde del domingo«En el escenario, una presentadora en zapatillas deportivas despedía a un grupo musical que Ana no supo reconocer.»), o Ana Rosa Quintana, de El programa de Ana Rosa («—Un búnker con sofá —matizó Nori—. Pero el sofá no estaba. Me lo regaló hace un par de semanas Rosana, la presentadora del magazine de las mañanas. No le gustaba el que tenía en su camerino y se ha comprado otro.»)

La novela tiene bastantes similitudes con la anterior, tanto en su estructura como en su desarrollo, incluyendo un test para reconocer las   ciertas reacciones, al estilo del programa NeuroQWERTY, como en la conclusión. Igualmente se hace crítica de diversos temas, ya abordados en la otra, con el odio como tema principal, lo que «justifica», por ejemplo, la exagerada inquina del comisario Ruipérez hacia Ana Arén.

La complejidad y cantidad de subtramas, posibilidades, personajes y situaciones, que podrían dar lugar a confusión o desorden, se resuelven con habilidad, justificando la inclusión de algunos pasajes, en apariencia sobrantes, durante la explicación final de lo sucedido.

En resumen, «La química del odio», pese a sus «defectos» formales, algunas descripciones en exceso truculentas y semejanzas con «No soy un monstruo» (y otras obras del género) es una segunda novela muy digna, entretenida, bien desarrollada, apenas «tramposa», con capacidad para enganchar, giros argumentales, y una resolución satisfactoria.


***T***


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lunes, 21 de mayo de 2018

Las dos muertes de Mozart, de Joseph Gelinek

Editorial: Plaza & Janés, 2018
380 páginas
19,90 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

Alternando entre la Italia de la  actualidad y la Viena del siglo XVIII, se relata la vida, y muerte, de Mozart, con especial hincapié en la relación con su familia y con Antonio Salieri.

Comentario:

«Las dos muertes de Mozart» comienza de forma «clásica», despertando interés por la historia: en el primer capítulo se descubre el cadáver de una persona que ha sido asesinada. Desafortunadamente, no hay ningún tipo de investigación ni se hace referencia a lo sucedido hasta el último capítulo, en el que desvela la identidad de la víctima y quién, y por qué, ha acabado con su vida, algo fácil de adivinar si se tienen en cuenta las circunstancias y la escasa cantidad de personajes y posibilidades que se dan.

El resto de la obra se reparte entre dos tramas. La primera, y más breve, el relato en primera persona de Laura que, en el presente, habla de su trabajo como asistente personal para una descendiente de Salieri, y la posibilidad de que se filme una nueva versión de «Amadeus», de Miloš Forman. La segunda cuenta el «enfrentamiento» entre Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri dando una versión diferente a la que se ve en la película de 1984.

A quien le interese la novela de misterio le puede resultar frustrante comprobar que, tras un inicio prometedor, con personajes interesantes, entre los que destaca la devoción que siente Teresa, presidenta de la fundación, por su «tataratarabuelo» Antonio Salieri, junto a la obsesión por reivindicar su nombre y verdadera historia, la posible trama de misterio pronto queda olvidada, al servicio de lo que parece ser la única intención de la novela: contar la vida de Mozart y su familia, centrada en el progenitor de éste, Leopold, erigido en villano.

A este mismo fin se dedican las páginas que cuentan el problema de Luca, sobrino de Teresa, en el colegio, o las conversaciones que mantienen Laura y Teresa con Fred Zoccoli, director del remake, y Bolek Kaminsky, su director de fotografía. Esto origina que, en varias ocasiones, los capítulos (mayoritarios) ambientados en el siglo XVIII parezcan repetir, de forma ampliada, lo que tanto la presidenta de la fundación como su asistente han contado con anterioridad.

En cuanto a los personajes, Salieri, la familia Mozart y el resto de los que aparecen en la trama del pasado, parecen menos desarrollados que los de la actualidad, meros instrumentos para hacer avanzar el relato, lo que puede ocasionar que no interese tanto lo que les sucede.

La narración es también diferente según la época en la que se desarrolle, siendo más trabajada la actual, mientras que en la otra se observa un uso del lenguaje que parece demasiado moderno para el momento en el que ocurre, algo que tal vez saque de situación, destacando cuándo ha sido escrita.

En resumen, «Las dos muertes de Mozart» no es una novela de misterio, sino que se centra en dar otra versión (quién sabe hasta qué punto novedosa o creíble) de la relación del músico tanto con su familia como con Salieri, algo que interesará (o no) a quienes guste la novela biográfica. Redactada de forma correcta, a ratos puede resultar monótona, hacerse demasiado larga y hasta poco entretenida y, quizá, decepcionará a quienes esperen una intriga similar a las novelas anteriores del autor.


***T***

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lunes, 30 de abril de 2018

El inesperado plan de la escritora sin nombre, de Alice Basso

T.O.: L'imprevedibile piano della scrittrice senza nome, 2015
Editorial: Planeta
Ebook: 10,99 €

Argumento:

Silvana Sarca, escritora fantasma para una editorial, ve como su satisfactoria e independiente vida cambia de forma radical: un romance y un misterio ponen a prueba su capacidad de análisis de las personas.

Comentario:

«El inesperado plan de la escritora sin nombre» es una obra que no se puede clasificar en un solo género. Narrada en primera persona por su protagonista, abarca desde la metaliteratura hasta la novela romántica y la de misterio, con desigual interés e intensidad. En principio parece abordar los distintos temas siguiendo un orden, separados entre sí, hasta que llega un momento en que se unen con naturalidad.

Durante aproximadamente el primer 25%, la protagonista se recrea en contar, con detallados ejemplos, en qué consiste ser una escritora fantasma, cómo hace su trabajo y el don que tiene para ello. Esta parte metaliteraria podría interesar a quien le gusten las novelas que tratan de creación literaria, mencionan obras conocidas, e incluso juegan especular sobre la realidad, o no, de los personajes. La autora, que ha trabajado en varias editoriales, despliega con destreza y credibilidad sus conocimientos de varios temas relacionados con ese mundillo.

Esto da ocasión a que Vani se relacione con Riccardo, uno de los autores cuya obra escribe, con quien inicia un romance que ocupa buena parte de la historia, alternando con la dedicación a ayudar a su vecina Morgana, con quien se identifica, y la amiga de esta, Laura, en sus cuitas adolescentes.

Poco después, la desaparición de Bianca, una autora de autoayuda, propicia que Vani ponga a prueba sus cualidades (similares a las de Sherlock Holmes) y presenta al comisario Berganza, compendio de varios personajes literarios de esas novelas de intriga que él mismo lee (en especial el Marlowe de Chandler), en una investigación resuelta con excesiva sencillez, sin apenas intriga. La deducción puede incluso resultar decepcionante y hasta «tramposa», aunque no la charla que la joven mantiene con quien tiene retenida a la víctima, en la que muestra su empatía.

La obra está bien escrita, relatada en una primera persona muy acertada, en la que se incluyen algunos flashbacks (al pasado de la protagonista y a cómo consiguió su empleo en  la editorial), unos más pertinentes que otros, ya sea para mostrar algún trauma de Vani, la relación con su familia o una faceta de sus dotes que luego le será útil.

Los personajes, entre los que destacan secundarios como Riccardo, Berganza, Morgana y Laura o el editor, se muestran a través de la mirada intensa y compasiva de Vani, quien se erige en protagonista absoluta de la historia. De hecho, a veces da la impresión de que tanto el trabajo como el romance o la trama de misterio, fueran una excusa para hablar de Silvana, quien se identifica, en algunos aspectos, con la Lisbeth Salander de Stieg Larsson. Es un personaje complejo, poco convencional, tan sincera y compasiva como implacable, capaz de llenar con su personalidad toda la novela sin que (hasta cierto punto) importe la resolución de las diversas subtramas.

En resumen, «El inesperado plan  de la escritora sin nombre» es una novela bien escrita, muy entretenida, en la que todo gira en torno a su protagonista,  que satisfará  más o menos según lo que se espere de ella, y es la primera de una serie protagonizada por Silvana «Vani» Sarca que ya cuenta con varias entregas más.


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lunes, 23 de abril de 2018

Donde fuimos invencibles, de María Oruña

Donde fuimos invencibles
María Oruña
Ediciones Destino
416 páginas


Argumento:

Tercera entrega de las aventuras de la teniente Redondo de la Guardia Civil en tierras cántabras. Un escritor de origen californiano sufre en su caserón ciertos fenómenos paranormales. Todo se complica cuando muere su jardinero, aparentemente de un ataque al corazón.



Comentario:

La tercera historia de la serie de la teniente Redondo es un poco diferente de las entregas anteriores. En primer lugar, por la temática, que se aleja de la investigación policial; en segundo lugar, por algunos aspectos formales, como la eliminación de la mayor parte de texto sobrante que lastraba las otras. En efecto, todo está mucho más ajustado. Y pese a que la obra tiene sus buenas 400 y pico páginas, se hace ligera, bastante más que las primeras, de modo que incluso se puede leer en unas pocas tardes.

La prosa es correcta, sin más. Un tanto aséptica y con poco brillo, pero para el tipo de novela que es resulta adecuada. Eso sí, los diálogos a veces pecan de cierta ingenuidad o tono un tanto infantil, en especial los de la teniente con su novio Oliver, que para mi gusto, es lo peor de la novela.

Aunque no es error y depende de los gustos e intenciones del autor, la narración en tercera persona con narrador omnisciente se me hace algo difícil de digerir. Repito, no es un error, pero, por costumbre, parece que me entra mejor una historia donde están separados los puntos de vista de cada personaje y no todos mezclados y saltando de unos a otros cada pocos párrafos.

Los personajes no están muy desarrollados, la verdad. Supongo que el hecho de formar parte de una serie hace que la autora considere no necesario trabajar este tema (porque ya habló de ellos anteriormente). De igual modo, también hay menos descripción de paisajes y de ambientes, aunque los que hay son correctos, ni mucho ni poco. En realidad, los personajes tampoco tienen nada de especial, nada que los haga memorables. Por suerte, algunos secundarios cuyas vidas se nos contaban con pelos y señales en otras entregas, aquí están para lo que están, para ser meros ayudantes de la prota o informadores (ejemplo, la forense). Eso es un punto a favor. Noto mucha más edición y cuidado en esto.

En cuanto a Oliver, este personaje florero, que inexplicablemente da nombre a la serie, destacar que sale muchísimo menos aún que en las otras obras, cosa que se agradece. En este aspecto, se nota que la autora también ha ajustado al máximo para no crear una subtrama que sobrecargue y alargue innecesariamente, reservando al personaje solo para su rol de "interés romántico" de la protagonista.

La novela, de todas formas, tiene algunas características que me incomodan. La trama es algo simple, con varios aspectos muy previsibles (el escondite de cierto objeto que buscan). Lo peor, sin embargo, es que ni emociona ni resulta llamativa. A ver, es correcta en su desarrollo y se lee fácil; no hay cosas descabelladas y todo parece estar bien argumentado e hilado, pero es plana. Al menos en mi caso, se me ha olvidado al poco de terminar de leerla.

Otro detalle es su naturaleza de novela "tripolar". En realidad, es como si fueran tres novelas juntas. Una, la que narra el tema de la "investigación" paranormal por el profesor y sus alumnos, con una buena documentación sobre el tema, pero solo relacionado con lo demás de modo muy tangencial, y que, en algunos momentos, da la impresión de ser como el piloto de un posible spin-off con esos personajes; otra, la novela intercalada que se supone escribe el autor del caserón, que, en realidad, son sus memorias, un montón de flashbacks camuflados, que, sinceramente, poco aportan; y finalmente, la propia trama de la investigación del crimen del jardinero, que es bastante floja, y con un asesino aleatorio (o que a mí me lo ha parecido; de hecho, casi ni recordaba quién era cuando lo mencionan al final...). Algunos de los misterios se deducen muy pronto en la historia. La conclusión tampoco es nada espectacular.

Así que mi valoración es, en este caso, neutra, tirando a buena. Tiene cosas que me gustan y cosas que no. Es entretenida, ligera, sin muchas pretensiones, pero me resulta rara la dispersión de protagonismo de los personajes y muy previsibles algunas situaciones. Ha mejorado en la eliminación de escenas y diálogos no necesarios, en agilidad, en credibilidad y verosimilitud, pero siguen sin tener interés los personajes y sus vidas, y ha reducido la parte de investigación policial de forma muy llamativa y extraña, con una resolución que no me parece satisfactoria (es bastante mejor la explicación de la parte "paranormal").


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martes, 3 de abril de 2018

Prohibido creer en historias de amor, de Javier Ruescas


Editorial: Montena, 2018
320 páginas
14,95 €
Ebook: 8,99 €

Argumento:

Cali relata las dificultades para llevar una vida normal perteneciendo a una familia que cuenta sus vivencias en un canal de YouTube.

Comentario:

Si bien el título, Prohibido creer en historias de amor, sugiere que se trata de una novela romántica, y es cierto que la mayor parte del texto se dedica a explorar la relación entre Cali y Héctor, también se abordan otros temas en diferentes grados de profundidad e interés, desde la búsqueda de los orígenes de Héctor hasta la restauración de un viejo cine o cómo influye la exposición pública en las diferentes redes sociales en quienes las utilizan.

Narrada en primera persona por Cali, ella es, lógicamente, el personaje más complejo e interesante, mientras que el resto vistos a través de sus ojos, quedan en un segundo plano, algunos apenas dibujados más allá de su cometido (la hermana con quien mantiene una rivalidad, la mejor amiga, el mejor amigo, la familia, el ex…), de distinta importancia, en el relato. Destaca en especial Héctor, como interés romántico de la protagonista, un «chico malo» que, por supuesto, no lo es. La forma en que evoluciona la relación entre ellos resulta creíble e interesante, con momentos divertidos y emotivos.

Las tramas dedicadas a la búsqueda familiar de Héctor y a la reconstrucción del cine Nostalgia, una consecuencia de la otra, tienen diferente desarrollo. Mientras la cinematográfica rebosa amor al cine y a las salas en que se emiten las películas, con pasajes enternecedores, la resolución del misterio que es el pasado del joven está poco trabajada, la investigación es superficial y se resuelve de forma demasiado facilona y ajena a las indagaciones de los protagonistas.

El resto de los misterios, de distinta importancia,  por qué deja Gerard a Cali, quienes han publicado ciertas fotos o la identidad de Harlempic, el fotógrafo favorito de la protagonista, tienen conclusiones desiguales, desde las demasiado previsibles (Gerard, quién publica las fotos) a la más inesperada, y menos importante para lo que se cuenta en la novela (Harlempic).

La exhibición en redes sociales (YouTube, Twitter…), quizá lo más interesante de la obra, aborda las diferentes consecuencias, tanto negativas (pérdida de intimidad, necesidad de mentir para mantener cierta imagen, dependencia de seguidores y patrocinadores) como positivas (peticiones de ayuda atendidas en corto espacio de tiempo), lo que da lugar a la reflexión sobre la conveniencia y responsabilidad de su uso.

En resumen, Prohibido creer en historias de amor es una novela correctamente redactada, de lectura fácil y agradable, aunque en ocasiones la protagonista piensa demasiado y repite conceptos, con una historia romántica bien desarrollada y el aliciente de intentar contar algo más allá del romance (es interesante que en el último capítulo Cali cumpla su sueño de forma independiente, sin acompañamiento de Héctor), de transmitir ciertas inquietudes, un mensaje.


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lunes, 19 de marzo de 2018

La vida escondida entre los libros, de Stephanie Butland

T.O.: Lost for Words, 2017
Editorial: Libros del Lince, 2018
Traducción: Laura Fernández
272 páginas
19,90 €
Ebook: 9,50 €

Argumento:

Loveday Cardew trabaja en una librería de segunda mano a la que empiezan a llegar libros que relaciona con un pasado que intenta mantener oculto.

Comentario:

En principio, La vida escondida entre los libros parte de una premisa muy atractiva para quien disfruta de la lectura: Loveday trabaja en una librería de segunda mano, lleva tatuadas primeras frases de distintas novelas, los libros parecen tener una parte importante en la historia, la joven oculta un secreto que la aparición de los volúmenes relacionados con su vida contribuyen a desgranar poco a poco a modo de lenta confesión íntima, y hay un cierto misterio en torno a quién es la persona que parece conocer ese pasado que ella intenta mantener oculto.

Narrada en primera persona por su protagonista, no se tarda en comprobar las diferencias entre lo que ésta dice y lo que hace, y se diría que hay una intención de la autora de darle una personalidad poco convencional (que no original), en la que se unen reserva, escasa capacidad e interés en socializar, amor por la literatura, soledad, una rutina establecida por ella misma que le da seguridad y mantiene a resguardo su secreto... si bien el resultado es algo tópico, con reacciones, pensamientos y situaciones en exceso previsibles. Incluso se podría decir que repite demasiadas veces algunas cosas, como si así esperara dotarlas de mayor credibilidad.

El tratamiento que se le da al tema literario es tan breve como superficial. Loveday enumera cómo ordena los volúmenes en la librería y alguna de las frases, inicios de novelas, que se ha tatuado en distintas partes del cuerpo, y cuya pertinencia y profundidad son cuestionables. La lectura de los poemas, tanto de ella como de Nathan, que leen en voz alta en varias veladas poéticas, puede hacerse tan larga como irrelevantes son en su mayoría. La aparición de una serie de clásicos Penguin, justo los mismos títulos que tenía su madre, dan lugar a repetitivas especulaciones sobre si pueden ser los mismos y, de ser así, quién puede haberlos dejado en la tienda y, por tanto, conocer su secreto. Curiosamente, la protagonista especula sobre casi cualquier opción menos la más obvia, lo que hace pensar, con acierto, que será la correcta.

El misterio acerca del trauma que oculta Loveday apenas es tal, aunque la autora evita expresarlo  explícitamente todo lo posible, entreteniéndose en el pormenorizado relato de la idílica vida familiar de la niña antes de que ocurriera el drama que se intuye desde el comienzo. También llama la atención que relate una relación tóxica y no haga alusión a ciertas similitudes, ni motivos psicológicos, y sea incapaz de reaccionar de forma contundente, evitando lo que sucede más tarde. En ocasiones incluso resulta difícil empatizar con ella por lo incoherente de sus decisiones y actitudes.

La novela narra además dos romances de Loveday, incapaz de tener otras amistades o relaciones cercanas que la amistad que mantiene con su jefe, Archie. Uno, en la actualidad, con Nathan, descrito de forma casi esquemática, tan superficial y carente de emoción como el drama del pasado. El otro, con Rob, hace unos años, inquietante, en especial por cómo afronta ella lo que ocurrió y, de alguna manera, sigue sucediendo en la actualidad.

Tanto la revelación de lo sucedido en la niñez de Loveday, como quién es responsable de la aparición de los libros o la forma en que la protagonista consigue superar el pasado, pueden resultar decepcionantes, en parte porque la mayoría de cosas se puede adivinar mucho antes de ser contada, pero, en especial, por la mencionada falta de profundidad en su tratamiento y desarrollo. Que al final se desencadene algún que otro drama de diferente intensidad y la resolución de casi todos los problemas en unas pocas páginas contribuyen a dar una sensación de desapego y falta de interés por lo que pasa en la historia.

En resumen, La vida escondida entre los libros habla poco de libros, pasa superficialmente por los dramas y cuenta un romance sin intensidad ni emoción. Aunque está correctamente redactada, las continuas repeticiones de pensamientos y especulaciones alargan el texto en exceso, lo que dificulta el posible disfrute de la lectura.


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lunes, 5 de marzo de 2018

Invisible, de Eloy Moreno

Editorial: Nube de Tinta, 2018
300 páginas
15,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Un adolescente que dice tener el poder de hacerse invisible yace en la cama de un hospital recordando los sucesos que le han llevado allí.

Comentario :

Sería difícil comentar Invisible  sin hacer referencia a las diferencias entre contenido y continente, sin que el hecho de ir dirigida a un público adolescente (está clasificada como juvenil, y se recomienda la lectura a partir de los 12 años) sirva de excusa para cometer errores de forma fácilmente solucionables con una cuidada revisión.

Entre los detalles más evidentes resalta la repetición de conceptos, referencias a cosas que se han hecho o dicho, lo que contribuye a dar la impresión de que falta un repaso en profundidad del texto, decidir qué se dice y cuándo, en qué punto hacer las revelaciones importantes, utilizar la sutileza en lugar de incidir tanto en algo que se anula el factor sorpresa, al intuirse algunas cosas casi desde el principio: el motivo de la «invisibilidad» del protagonista se deduce mucho antes del momento adecuado para causar mayor impacto.

El autor alterna la narración en primera persona de un adolescente, de quien no se dice cómo se llama, con la tercera omnisciente, ambas en presente, párrafos a veces breves, que muestran los puntos de vista de otros personajes, desde familiares a compañeros y profesores del instituto al que asiste, a quienes se refiere con frases descriptivas para acabar, en ocasiones, dotándoles de nombre, sin que tenerlo, o no, parezca deberse a algo concreto, lo que crea cierta confusión.

Están «La chica de las cien pulseras» (Kiri), «El chico con una cicatriz en la ceja» (Zaro), «Ella» (la psicóloga), aunque los personajes principales, quienes tienen algo que aportar a la historia, además del protagonista, son «El niño de los nueve dedos y medio» (MM), la profesora de literatura (el dragón) y Luna, la hermana de seis años del adolescente, a quien siempre se refiere así, la única persona para quien nunca ha sido invisible, por lo que hubiera sido lógico, para destacarla, que fuera la única con nombre.

La profesora de literatura (la elección de asignatura no parece hecha al azar), protagoniza varios de los mejores pasajes de la novela, desde algunas «charlas» con su otro yo dragón, las ocasiones que este toma el mando («Lo que aún no sabe es que no es ella quien se está tatuando un dragón en la espalda, sino que es el dragón el que ha encontrado un cuerpo sobre el que poder vivir.») y las decisiones, hasta la intensa escena final en la que se erige como heroína de la historia. Pero, sobre todo, brilla en sus clases, cuando habla del significado de palabras como cobarde o empollón:

«—Pero imaginemos que a ese guerrero, al ver al dragón le entra miedo y sale huyendo de allí, eso sí, como tiene que demostrar su fuerza con alguien, decide pelear con un enemigo más débil, por ejemplo una ardilla.En ese momento se escuchó un «oh» en la clase.—¿Verdad que entonces ya no nos parecería tan valiente?»

«—¿Os imagináis que el doctor que os tiene que operar no estuviera ahí porque de pequeño no paraban de llamarle empollón?, ¿os imagináis que os toca el doctor más vago de su promoción?, o lo que sería ya total, pero que podría pasar algún día… ¿os imagináis que el doctor que os va a salvar es el mismo al que de pequeños vosotros insultabais por estudiar mucho?»

También es interesante la reflexión del protagonista acerca de la diferencia entre héroes y villanos: «Recuerda una frase de una de sus películas preferidas de Batman: «O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano». Sabe que es un héroe porque ha salvado una vida, pero sabe también que es un villano porque ha estado a punto de acabar con esa misma vida.»

Relacionado con esto, llama la atención cómo se «analizan» (quizá de forma algo superficial, pero comprensible) las similitudes entre víctima y verdugo, y los motivos que pueden llevar a este último a actuar como lo hace, intentando, de alguna manera, comprender su actitud. Que la obra finalice cuando se conoce el cómo y el porqué ha acabado en protagonista en la cama de un hospital, sin plantear algún tipo de solución a lo sucedido, es un acierto.

En resumen, Invisible es una novela que tiene buenas ideas, sin ser originales, con una parte de misterio que impulsa a seguir leyendo para conocer la resolución de la historia, que envía un mensaje claro y directo, impactante, eficaz, hace reflexionar y hasta emociona en algunos momentos, lastrada por la falta de revisión de un texto que quizá funcionaría mejor si estuviera redactado de forma más «limpia».


Otras novelas de Eloy Moreno reseñadas en el blog:

- El bolígrafo de gel verde

- Lo que encontré bajo el sofá


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jueves, 22 de febrero de 2018

Bellas Durmientes, de Stephen King & Owen King

T.O.: Sleeping Beauties, 2017
Editorial: Plaza & Janés
Traducción: Carlos Milla Soler
768 páginas
25,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

De repente, todas las mujeres del mundo comienzan a dormirse, y no es posible despertarlas.

Comentario:

Según los autores, la idea de la que parte Bellas durmientes fue de Owen, quien sugirió que la escribiera Stephen, para acabar haciéndolo ambos, unos pasajes cada uno, para completarlos y unirlos después, de tal forma que, dicen, ya no saben quién ha escrito cada parte.  

Quizá alguien especialista en la obra de King pudiera decir hasta qué punto ésta es similar a sus novelas anteriores más allá de parecidos evidentes, como la inclusión de lo fantástico en una comunidad más o menos grande (aunque ocurre a nivel mundial, y se da noticia de ello, la acción se desarrolla mayoritariamente en el condado de Dooling y en su cárcel, el Centro Penitenciario de Mujeres), algo que recuerda, por ejemplo, a Apocalipsis o La cúpula. La milla verde transcurre en una prisión en la que un presidiario muestra ciertos poderes…

Quizá la mayor diferencia con algunas de las novelas de King sea que en Bellas durmientes el final, si bien tan convencional y previsible como el desarrollo (lleno de ejemplos tópicos y muy reconocibles de relaciones tóxicas, desiguales, violentas, machistas…), parece planificado desde el comienzo con la intención de transmitir algún tipo de mensaje sobre las relaciones entre mujeres y hombres, la necesidad de que existan ambos géneros etc…

En cuanto a los personajes, son tantos que llegado un momento resulta difícil identificarlos y distinguirlos entre sí, pese a que se incluye una lista con información básica de ellos (nombre, edad, cargo, relación con el resto). Que cuando han transcurrido tres cuartas partes de la novela aparezcan de la nada unos cuantos más, con la única finalidad (aparente) de alargarla con innecesarias escenas de acción, dificulta aún más enterarse de quién es quién y por qué hace lo que hace. Se diría que están ahí al servicio de la narración, sin entidad propia, muchos para ser sacrificados.

Destacan, por su protagonismo a lo largo de toda la historia, la pareja compuesta por Lila y Clinton Norcross, la sheriff de Dooling y el psiquiatra de la prisión, sobre quienes recae gran  parte del peso de la historia, Janice Coates, directora de la cárcel, y su hija Michaela Morgan, algunas presidiarias y, sobre todo, Evie, la misteriosa mujer, recién llegada, que puede dormir y volver a despertar.

Evie, cuyo nombre no está elegido al azar, ni que haga su aparición al pie de un árbol habitado por una serpiente («Evie no se fía de la serpiente, como es natural. Ya le ha causado problemas antes») y rodeada de mariposas nocturnas (es obvia la relación entre las crisálidas de éstas y los capullos que envuelven a las mujeres para propiciar cierta «transformación»), representa la Naturaleza, lo femenino, la vida, creación. La oportunidad.

En resumen, Bellas durmientes destaca por el ya mencionado intento de reflexionar sobre diversos tipos de relaciones entre mujeres y hombres, y el simbolismo en torno a Evie, en una historia que se dispersa demasiado en escenas de «acción», en la que sobran personajes con el mismo rol, y la función de Nuestro Sitio y la decisión que han de tomar sus habitantes, queda un tanto difuminada por un exceso de digresiones.  A su favor la intención, meritoria, aunque también obvia, algo superficial, y hasta a la moda, de dotarla de un sentido y mensaje que quizá hubiera estado mejor expresado con la mitad de páginas…


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lunes, 12 de febrero de 2018

Con el traje de los domingos, de Bernice Rubens

T.O.: Sunday Best, 1971
Editorial: Alba, 2017
Colección: Rara Avis, 35
Traducción: Íñigo F. Lomana
192 páginas
18,50 €

Argumento:

George Verrey Smith, un maestro de cuarenta y dos años, casado durante diecisiete años con Joy, dedica los domingos a vestirse y maquillarse como una mujer.

Comentario:

Aunque la novela trata otros temas de importancia, como son el racismo, la pederastia,  lo malos tratos físicos y psicológicos dentro de la familia, la hipocresía social o el asesinato de un miembro de la comunidad, todos ocupan un lugar secundario, al servicio del retrato de la personalidad del protagonista, George Verrey Smith, dividida en tres partes, dos de ellas, de muy distinta longitud, narradas en primera persona por él mismo.

En su narración, definida por él como novela, y como confesión, George se dirige a un público que no concreta, para contarle los hechos ya sucedidos. Llama la atención este uso del  plural, no tan claro en inglés, así como la decisión de hablar de sí mismo en masculino, dadas las circunstancias, algo que se entiende tras leer la conclusión de la historia. Además, Verrey Smith no duda en mentir, ni en admitirlo, o que hace trampas, hablando de unas cosas para evitar otras. También se propone no mentar temas dolorosos, como la relación con su difunto progenitor, siendo incapaz de cumplirlo casi de una frase a la siguiente, obsesionado con lo ocurrido en su niñez.

La relación de George con ambos progenitores es recurrente a lo largo de la novela, desde los malos tratos físicos y psicológicos por parte de él, tanto al hijo como a la esposa, al fanatismo religioso de la madre, quizá como explicación a la tendencia del chico a vestirse de mujer, si bien el protagonista deja clara la intención de las palizas, sugiriendo que esta preferencia era anterior al «tratamiento»: «Haré de ti un hombre», me gritaba. Durante muchos años pensé que se lo decía a sí mismo. Hasta que me obligó por primera vez a darme esa ducha fría, mientras él iba y venía del jardín con las manos llenas de nieve para restregármela por el cuerpo. Y, cuando temblaba, me pegaba y me decía que parecía una mujer. Fue entonces cuando empecé a odiarlo.

Curiosamente, aun con los dramas familiares y la narración subjetiva, George resulta desagradable, y reconoce serlo, desde el desprecio a Joy, la esposa a quien ni ama ni respeta, hasta su carencia de empatía hacia vecinos y compañeros de trabajo (muchos le odian o desprecian), con situaciones a las que reacciona de formas entre absurdas y surrealistas, dando un toque de humor a la obra.

Especial interés y simbolismo tiene el último capítulo de la primera parte, en el que se celebra el funeral de un vecino y sirve a George para hacer su propia y emotiva ceremonia de reconciliación y entierro y comenzar una nueva vida: «Y, justo en ese instante, Verrey Smith murió dentro de mí y yo salí de la capilla anónimo y desconocido, pero en paz.»

Es en la segunda parte, relatada en tercera persona y protagonizada en su mayor parte por Emily Price, donde consigue cambiar la impresión  causada. Alternando los puntos de vista de Joy, destrozada tras la desaparición de George, al punto de descuidar la casa en su ausencia, el de un policía convencido de que Verrey Smith es el autor del asesinato del señor Parsons, uno de sus compañeros de trabajo, y el de la propia Emily, todo parece confabular para impedir que ella sea libre.

Si bien la trama policial es un aliciente más para continuar la lectura, deseando saber cómo se resolverá el enredo, lo más importante es el nacimiento y primeros pasos de una Emily insegura, tímida, asustada, en lucha con su otro yo, un George cuya ropa conserva e incluso se pone en ocasiones: «De pronto, se sintió doblemente atrapada. George Verrey Smith la había dejado atrapada dentro de Emily Price y esta, a su vez, lo había atrapado a él. No resultaría fácil escapar de ninguno de los dos.»

Emily es encantadora donde George es desagradable, empatiza con Joy donde su marido la desprecia, piensa y siente de modo distinto (femenino), es, de alguna manera, más humana, y hasta consigue que él resulte, al final, menos desagradable, por medio de esa difícil convivencia a la que están obligados.

En resumen, «Con el traje de los domingos» es una novela muy bien escrita y desarrollada, a veces sutil, profunda, intensa, con pasajes de un humor casi surrealista, que propicia la reflexión y a la empatía (¿quién no ha sufrido algún tipo lucha interior, incomprensión o rechazo social o personal?), el estudio psicológico de una persona que se siente confusa y necesitada de pagar por aquello de lo que se sabe culpable.


***T***


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