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lunes, 9 de julio de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker

T.O.: La Disparition de Stephanie Mailer
Editorial: Alfaguara, 2018
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
650 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Una conversación entre la periodista Stephanie Mailer y  Jesse Rosenberg, un policía a punto de jubilarse, hace que se reabra un caso de asesinato ocurrido veinte años atrás, bajo la sospecha de que no se halló al verdadero culpable.

Comentario:

«La desaparición de Stephanie Mailer» se antoja una novela desmedida, irreflexiva, demasiado extensa, en la que el autor pone demasiado de todo, desde personajes a tramas o a giros más o menos sorprendentes, lo que ocasiona un ritmo irregular, lleno de altibajos de interés muy marcados.

Gran parte de la historia se ocupa del cuádruple crimen ocurrido casi dos décadas atrás, centrada tanto en la investigación realizada en la actualidad como en los flashbacks que relatan cómo se llevó el caso entonces. Estas incursiones en el pasado, además de irrumpir de forma abrupta son innecesarias, al menos tan desarrolladas, y se agradecería un resumen mucho más conciso, que aligeraría tanto la lectura como el número de páginas.

La narración hace especial hincapié en la vida de uno de los protagonistas, Jesse Rosenberg, y en lo que sucedió con su novia, Natasha (de tal previsibilidad que sorprende la cantidad de páginas que se le dedican, tanto a tratar de hacer que parezca un misterio como a evitar decirlo), sin que ni así se consiga despertar empatía o simpatía por Jesse, ni por cualquiera de los innumerables personajes que desfilan por la novela con el único afán aparente de evitar que se averigüe quién hizo qué, o no, o por qué.

Y es que hay multitud de personajes con punto de vista, desde policías y sospechosos hasta otros que no tienen implicación con los asesinatos pero gozan igualmente de su correspondiente punto de vista, ya sea en tercera o primera persona, con largos capítulos en los que relatan sus vidas, sin el menor interés y, lo que es peor, sin afectar a la trama principal. Quizá sí, a veces, tienen que ver con la parte metaliteraria, metida casi por la fuerza para que el autor, como en «La verdad sobre el caso Harry Quebert», suelte sus reflexiones sobre literatura y crítica, tan superficiales como tópicas, aunque en algunos momentos funcionen.

Los capítulos relacionados con la obra de teatro «La noche negra», su autor, Harvey Kirk  y los intentos de representarla (lleva años de ensayos para elegir el reparto…) o los deMeta Ostrovski y sus contradicciones quizá sean de  los más curiosos de la novela:

«—Desde ayer me tiene obsesionado una idea; me apetece presentarme a la audición de La noche negra. —Y ¿por qué no?—¡Porque es imposible! ¡Soy crítico literario y crítico de teatro! No puedo ser ni escritor, ni intérprete.—Creo que me he perdido, Meta... —¡Hombre, Steven, esfuércese un poquito, por Dios! Explíqueme por qué milagro un crítico de teatro iba a poder actuar en una obra. ¿Se imagina qué pasaría si los críticos literarios se pusieran a escribir y los escritores se hicieran críticos literarios? ¿Se imagina a Don DeLillo escribiendo en The New Yorker una crítica de la última obra de David Mamet? ¿Se imagina qué habría pasado si Pollock hubiera hecho la crítica de la última exposición de Rothko en The New York Times? ¿Se imagina a Jeff Koons desmenuzando la última creación de Damien Hirst en The Washington Post? ¿Puede concebir que Spielberg escriba la crítica de lo último de Coppola en Los Angeles Times? «No vayan a ver esa porquería. Es una abominación.» A todo el mundo le parecería, con razón, escandaloso y falto de objetividad. No se puede hacer la crítica de un arte que se ejerce.Bergdorf, captando el derrotero intelectual de Ostrovski, le comentó entonces:—Técnicamente, Meta, usted ya no es crítico, puesto que lo he despedido.»

La redacción, sin personalidad destacable, demasiado sencilla y convencional, incluso superficial, acompañada de un texto que parece el de un borrador en el que el autor pone casi todo lo que se le ocurre, antes de decidir lo que resulta útil y necesario y eliminar lo superfluo, contribuyen a inflar una novela excesiva en todos los aspecto, desde el mencionado número de páginas al de personajes y subtramas, algo que también parece tener como finalidad enredar tanto los hechos que resulte imposible deducir todo lo sucedido, tanto en el pasado como en el presente.

Afortunadamente, pese a las vueltas que da el autor a lo sucedido tanto en 1994 como en 2013, tiene el suficiente oficio como para lograr que no se pierda de vista quién es quién y su papel (en caso de tenerlo) en la historia, lo que permite adelantarse a los protagonistas en varias ocasiones, pese a lo «tramposo» de algunas situaciones, como el repentino romance sorpresa que se cuenta al final.

En resumen, «La desaparición de Stephanie Mailer» es una novela irregular, a veces entretenida y otras exasperante, excesiva, con solo algunos momentos de interés. Puede interesar a incondicionales del autor o a quienes les gusten los «sorprendentes» giros argumentales (aunque sean a costa de la verosimilitud de la historia).


***T***

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 2 de julio de 2018

Muerte contrarreloj, de Jorge Zepeda Patterson

Muerte contrarreloj
Jorge Zepeda Patterson
Editorial Planeta
312 páginas

Argumento:

Va a comenzar el Tour de Francia. Marc, gregario de uno de los principales equipos, sabe que ha de sacrificarse para garantizar la victoria de su gran amigo y líder del grupo, Steve. Pronto comienzan a suceder percances extraños, incluido un suicidio que podría no serlo...

Comentario:

Es poco frecuente encontrarse con una novela ambientada en el mundillo del ciclismo, en concreto, del mundillo que rodea a la más famosa carrera por etapas del mundo, el Tour de Francia. Para mí ese es el mayor aliciente de esta historia, en la que se introducen varias tramas, una de las cuales nos narra, siguiendo la propia estructura de la carrera (cada capítulo es una etapa o un flashback), la competición deportiva, con sus alegrías y sus miserias, la camaradería y rivalidad, la carga épica, los accidentes, las relaciones con los miembros del equipo técnico o la organización, e incluso con la prensa especializada; mientras, por otro lado, la policía trata de dilucidar la autoría de varios sabotajes sobre los corredores. Es decir, la consabida trama misteriosa para enganchar al lector, como si no confiaran en que el resto de la historia fuera suficientemente potente. Desde mi punto de vista, la novela podría funcionar sin esa concesión comercial.

Aunque no conozco mucho de las interioridades del Tour, diría que la obra está bastante bien documentada en lo que a este se refiere. Se nota, al menos, una cierta investigación, con la inclusión de numerosos detalles y anécdotas (por ejemplo, cómo orinan los ciclistas sobre la bici). Hay también alusiones a corredores famosos reales como Lance Armstrong, Induráin, Anquetil y otros. No se puede decir lo mismo del tema policial, cuyo desarrollo a mí al menos me ha parecido poco concreto (también es cierto que, al ser en primera persona, no había muchas posibilidades de desarrollar), con un "comisario" genérico y algo tópico de dudosa actuación (le cuenta demasiadas cosas de las pesquisas a Marc, quien podría ser sospechoso). Durante una buena parte de la novela, la investigación no existe, limitándose Marc a referir sus sospechas sobre algunos de sus compañeros.

La historia, como dije, está narrada en primera persona por Marc, un ciclista de origen medio colombiano, medio francés. El uso de la primera persona tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ventajas, que permite conocer de primera mano los sufrimientos del protagonista en la bici y aumenta el tono heroico; desventajas, que, como es costumbre en esta forma de narrar, apenas se profundiza en los otros personajes, a los que conocemos solo a través de los ojos del personaje principal; eso sí, el uso de la primera persona introduce una cierta dosis de ambigüedad en algunas cuestiones, como el desenlace...  

A mi modo de ver, y relacionado con esto, el registro de lenguaje de Marc es demasiado culto, teniendo en cuenta los orígenes y desarrollo del personaje; usa un estilo quizás demasiado de literato, que no permite creérselo del todo. Hay partes donde abundan las frases hechas; y otras donde el autor hace comparaciones un tanto forzadas. Para ser una primera persona, el tono es demasiado racional, en especial cuando narra temas amorosos o sentimentales, lo que hace que suene todo muy frío.

Pero la prosa, en general, es fluida, aunque la novela en sí me parece algo densa, al haber más narración o pensamientos que diálogos. Me da la impresión de que es más larga de lo que debería ser o a mí se me ha hecho larga. Se relatan con mucha prolijidad varias escenas en ruta, aunque comprendo que el libro trata de eso, y es inevitable. También es cierto que hay escenas atractivas al final, en las etapas de los Alpes, donde se exprime del todo el tono y potencial épico del ciclismo, con una narración muy visual y efectiva. Me ha llamado la atención la cantidad de series de TV que se citan, desde Juego de Tronos hasta Los Soprano. (Gazapo: cuando Fiona cita la famosa frase en inglés de "No sabes nada, Jon Nieve", dice, por dos veces, "You don't know nothing, Jon Snow". No soy una experta en inglés pero juraría que lo correcto es "You know nothing, Jon Snow")

Como en toda novela de misterio criminal que se precie, las sospechas van pasando de uno a otro personaje casi de forma continua, aunque, a decir verdad, a veces se trata solo de especulaciones del protagonista u opiniones sin fundamento. Me ha chocado que, de pronto, se hable de un asesino cuando no es seguro que haya cometido ni un asesinato, y casi en todos los casos, sus actuaciones parezcan más propias de un sabotaje. Incluso la prensa, que se supone no conoce todos los detalles, habla de un asesino. 

La intervención policial es mínima, limitándose a las apariciones del "comisario" que mencioné anteriormente para informar al protagonista, lo cual queda un poco extraño. No me ha quedado claro si el policía pertenece a la Gendarmería o a la Policía Nacional francesa. En un momento, dice que viene de París para investigar, pero todo lo relacionado con él es ambiguo y poco claro. 

Con todo, la novela no carece de alicientes, aunque al menos para mí, saber quién era el asesino era el menor de ellos...

En resumen, una curiosa novela de "crímenes", ambientada en el mundo del ciclismo, un Tour de Francia en papel o tinta electrónica, bastante entretenido. Ah, por cierto, parece que están rodando una serie de TV sobre el libro.


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lunes, 25 de junio de 2018

El bosque sabe tu nombre, de Alaitz Leceaga

Editorial: Ediciones B,  2018
624 páginas.
20,90 €
Ebook: 9,99€

Argumento:

Estrella relata su vida y la historia de su familia, en la que las mujeres tienen un don que las hace diferentes.

Comentario:

«El bosque sabe tu nombre» podría ser una novela más entretenida e interesante, dentro de su falta de originalidad, concesiones a las convenciones del género y similitudes con otras obras (tiene algunos puntos en común, por ejemplo, con «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell) si no fuera por sus excesos y carencias.

Las más de seiscientas páginas que se utilizan para relatar la historia de la familia Zuloaga, a través de los ojos de Estrella, no tardan en antojarse excesivas: la autora repite información, tanto en los largos y a veces explicativos diálogos que mantienen los personajes como en descripciones (bosque, paisajes…), en la narración de hechos familiares pasados y presentes o los pensamientos de la protagonista.

Los personajes, sus personalidades y acciones, no propician la implicación con ellos ni con lo que les sucede.  La mayoría resultan poco agradables y con los matices justos (a veces cambiantes a conveniencia de la acción) para cumplir su cometido. La misma Estrella, protagonista en primera persona, con la dificultad que eso entraña para dar una versión «creíble» del resto, tiene reacciones incomprensibles, exageradas, caprichosas, casi malvadas (todo lo relacionado con su gemela, Alma). La inclusión de hasta tres villanos (el marqués, Pedro y Villas) de una maldad irracional, exagerada, sin matices ni motivos, tampoco ayuda a dotar de credibilidad la narración.

Además, son evidentes ciertos puntos en común con los mencionados protagonistas de «Lo que el viento se llevó», donde Estrella sería Escarlata O’Hara, Liam Sinclair un Rhett Butler pelirrojo (en ambas novelas se subrayan las similitudes entre ellos), Tomás un Ashley Wilkes que podría eliminarse sin afectar demasiado a la historia, Catalina  como Melania, o incluso Mason podría tener algo Frank Kennedy.

También hay varios paralelismos en las tramas de ambas historias (una mujer en busca de libertad e independencia, cambios radicales en el estilo de vida, una guerra, posguerra, el apego de las protagonistas a su hogar, una la mansión Tara y la otra Villa Soledad…). La mención tanto de Clark Gable como de Vivien (Vivian en la novela) Leigh, con cuya belleza se compara la de Estrella, varias veces en el texto, sugiere una suerte de homenaje, aunque no se menciona la película, ni el libro.

En algún medio se citan como referencias a novelas como «Cumbres borrascosas» de Emily Brontë, Rebeca de Daphne du Maurier o «La casa de los espíritus» de Isabel Allende y la trilogía del Baztán de Dolores Redondo, siendo las más identificables las últimas, una por el intento de crear su propio universo «mágico» y familiar y la otra, quizá, por desarrollarse en el País Vasco y hacer menciones, superficiales, al folklore de la zona: lamias, sorginak (brujas)…

Tal vez son estos los momentos más interesantes de «El bosque sabe tu nombre», destacando la capacidad de Estrella de modificar la Naturaleza (aunque se usa tantas veces que pierde algo de fuerza), la de ver al fantasma de su gemela, su relación con el fuego, o con el lobo que la acecha desde la niñez. Lamentablemente, las fugaces y silenciosas apariciones de Alma no parecen responder a un motivo concreto, ni tener la menor utilidad, creando una expectativa nunca cumplida, y su eliminación no afectaría a la novela.

Tampoco acaban de funcionar las pinceladas reivindicativas acerca de la falta de derechos de las mujeres (la novela se desarrolla entre 1927 y comenzada la década de los cuarenta) y la lucha de Estrella por ser independiente, libre, poder trabajar en lo que le gusta y decidir si  quiere casarse y tener hijos, o no. Es posible  que se deba a la gran cantidad de subtramas e incidentes, que ocupan la mayor parte de la historia, dejando estos temas en un lugar relativamente secundario.

En resumen, «El bosque sabe tu nombre» es una obra correctamente redactada, con algunos pasajes de interés, lastrada tanto por sus excesos (páginas, repetición de situaciones) como por sus defectos (personajes con los que no resulta fácil empatizar y que actúan sin coherencia según «necesidades argumentales»). Si la autora escribiera una continuación (y el final sugiere la posibilidad) en la que puliera los errores formales, muchos achacables a ser una primera novela, y se desvinculara de ciertos homenajes, dotándola de personalidad propia, podría ser una lectura interesante.


***T***


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lunes, 18 de junio de 2018

Flores negras, de Lara Siscar

Editorial: Plaza & Janés, 2018
288 páginas
17,90 €
Ebook; 8,99 €

Argumento:

Tras un incidente en su trabajo, que la obliga a dejarlo, Berta Martos regresa a Rayuela, el pueblo de su infancia, a vivir con su madre. Allí se reencuentra con su pasado y colabora en la resolución de un crimen.

Comentario:

 Como empieza a ser habitual, parte de la publicidad con la que se intenta «vender» la novela es un tanto engañosa, en esta ocasión respecto a las situaciones que trata y a que se basa en un hecho real (se hace hincapié en algo que ocupa apenas un 20%), lo que puede suponer una decepción para quien espere leer una historia de misterio, con su correspondiente investigación, pistas, personajes sospechosos etc…, ya que su relevancia es mínima y está al servicio de otros temas.

La trama de intriga se caracteriza, además de por la brevedad, por su previsibilidad en cuanto a la identidad del principal personaje culpable, aunque no tanto respecto a todo lo que ha hecho, y por la forma tópica en que se desarrollan algunas de sus escenas, destacando aquellas en las que se intenta demorar la revelación de su identidad. Los pasajes de «acción» y las explicaciones de lo sucedido también se atienen a lo más clásico y típico del género y, como tales, resultan las páginas más convencionales de la novela.

Las relativa escasez de personajes, y la facilidad de identificar el rol que tiene cada uno, también contribuye a que la sorpresa sobre quién hace qué sea mínima. Entre estos destaca sobre todo Berta, una protagonista dividida entre el deseo de recuperar su trabajo, y su buen nombre (hasta el punto de pensar sólo en su beneficio cuando se presenta la posibilidad de que no sea «responsable» de lo sucedido), y una complicada relación con su madre, Rosa, una actriz retirada celosa de su intimidad.

Paulina, empleada de Rosa, pese a no tener muchos matices, también tiene su importancia en otro de los temas que se tratan en la novela, la difusión de rumores, su tergiversación y sus consecuencias (rol complementando con el de doña Felisa, La Cronista de la Villa, que escribe sobe lo que sucede en Rayuela):

«Su especialidad era la difusión. La transmisión del mensaje. El boca a boca. Su lema, el mismo que el de cualquier canal de información continua: «Está pasando, te lo estoy contando». O más a medida: «Te lo estoy contando, mejor será que haya pasado». Porque, como todo el mundo sabe, pocas impotencias dejan tan arrasado como ser el personaje principal de un rumor falso. No hay nada que hacer al respecto. Es mejor, y hasta la víctima llega a desearlo, que la acusación sea real. Se pasa menos mal. Esto es un hecho comprobado. «Si por lo menos fuese verdad» es un pensamiento fijo en todo aquel que se ve envuelto en un cotilleo de nivel.»

Hay varios personajes masculinos que cumplen roles desde ser interés romántico de Berta a sospechosos o muestra de las murmuraciones y sus consecuencias en Rayuela, como Raúl, Carlos, Agustín, Casemiro…, además de otros, más secundarios, que completan las breves subtramas que ocurren en el pueblo.

Algunos fenómenos extraños, como las flores negras del título, escondidas en el jardín de Rosa, la madre de la protagonista, o un pájaro que actúa con inusitada agresividad, que parecen fuera de lugar en un relato «realista», se intuyen como símbolos de lo que está sucediendo en el pueblo, de la podredumbre oculta en su interior:

«Una flor negra, grande, una especie de murciélago con las alas a medio desplegar y varias cabezas, con unos bigotes largos y gruesos, como tendones en reposo, cayendo hacia todos lados. Daba la impresión de que, en caso necesario, la misma flor podría levantarlos. Vista de lejos, resultaba extraña. De cerca, daba miedo. Y algo de asco. Berta se preguntó a qué olería aquello.»

Entre los temas que trata la novela se encuentran tanto los hechos con las  consecuencias (la  historia comienza con Berta despedida por algo que no es su responsabilidad directa), las críticas («La llamaban de todo, por todo. Por cortar la emisión, por no cortar antes la emisión, por meter un final musical, por no dar paso antes a la canción, por intentar que hablara, por no insistirle más…») y cómo siempre hay quien se aprovecha y beneficia del mal ajeno (la celeridad con que sustituyen a Berta en el puesto).

Recrea cómo se actúa en pueblos pequeños:

«Se dio cuenta de que, desde que cruzó el marco de entrada, había actuado influida por lo que pudiesen opinar de ella los presentes; y por un instante se le ocurrió que a lo mejor exageraba. Que tal vez nadie estaba tan pendiente como ella pensaba. Un vistazo alrededor con toda la naturalidad que pudo desplegar bastó para constatar que, efectivamente, casi todos la miraban. No se molestó. Cuando vivía en el pueblo ella también miraba.»

«—Éste es un pueblo muy pequeño, amigo. El equilibrio es delicado. —Case se acercó a ellos y se dejó caer en la barra—. No se trata de que no quieran contarlo, que aquí todo se cuenta. La cuestión es cómo evitar que se sepa quién se ha ido de la lengua. No se fían de ti. En la aldea los rumores vuelan, pero no hay manera de saber quién empezó y por dónde siguió la cadena. Sólo se sabe que se sabe, pero a todo el mundo se lo ha dicho antes alguien. Es muy raro dar con la fuente originaria, amigo. Así se evitan enemistades. Porque las enemistades en un lugar como éste, si se encarnan, se pudren sin remedio y nunca se sabe cómo acaban.»

También destaca la evolución de la autora desde su anterior, y primera, novela hasta esta, que no se limita a cambios formales (de tres personajes en primera persona a unos pocos en tercera), sino también de temas, al pasar del mundo del arte en «La vigilante del Louvre» a la crítica social de «Flores negras».

En resumen, «Flores negras» es una obra bien redactada, entretenida, por momentos inquietante, de ritmo a veces irregular,  pero no se trata una novela de misterio tal como ésta se entiende, sino que utiliza la intriga para reflexionar sobre otros temas, lo que puede decepcionar a quien espere leer tal género.


***T***

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miércoles, 6 de junio de 2018

Una bruja sin escoba, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
188 páginas
7,99 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Tras separarse de su pareja e iniciar una nueva vida, Diana comienza a averiguar cosas de su origen.

Comentario:

Cuando se ha leído, y comentado, unas cuantas novelas de la misma persona (esta es la sexta obra de la autora reseñada en este blog) es difícil decir algo nuevo, y da la impresión, releyendo anteriores artículos, que algunas de las opiniones que contienen se podrían aplicar al actual. Que la mayoría de autores escriban siempre sobre temas recurrentes que son parte de sus inquietudes e intereses, también contribuye a producir la sensación de que no hay algo nuevo que decir.

«Una bruja sin escoba» también está redactada en primera persona por su protagonista, en esta ocasión Diana, una bruja que desconoce su origen y no ha desarrollado sus poderes, de forma correcta y funcional, siendo su punto de vista el único que se da de los hechos, y del resto de los personajes. La redacción se nota bastante revisada, con una drástica disminución de erratas y palabras que no significan lo que la autora cree, tan presentes en obras anteriores, si bien resulta algo confusa en la última parte, sin llegar a resultar una molestia o dificultar la lectura.

Los problemas con la ausencia de fechas y lugar en el que se sitúa la acción se resuelven con las referencias a internet y móviles, etc, y se dice que transcurre en Madrid, sin bien continúa la confusión sobre el lapso de tiempo en el que transcurren los hechos, que da la impresión, por la cantidad de cosas que suceden, de que es mayor del que se dice.

También son habituales ciertas reflexiones (cada vez, afortunadamente, más escasas y  breves, menos farragosas y repetitivas) sobre temas espirituales y la contraposición entre este tipo de vida y otro más materialista. Y, por supuesto, los objetos, ya sean mágicos, simbólicos o ambas cosas, con preferencia por el color rojo, desde el paraguas de «En un rincón del alma» y sus dos secuelas (se menciona de pasada, así como a las mujeres de agua), hasta las hojas de arce de «Y si fuera cierto». Ahora se trata de un ala delta (roja), sustituta de la tradicional escoba de bruja, un libro con hojas (aparentemente) en blanco encuadernado en rojo, o la presencia del también indispensable gato (egipcio),  Senatón.

Aunque son evidentes las mencionadas similitudes con las obras anteriores de la autora, es con «Y si fuera cierto» con la que tiene más puntos, positivos, en común. Al igual que en esta, deja de lado las generalidades emocionales para tratar de contar algo, basándose en personas y hechos (más o menos) reales, en torno a los que crear su historia, transmitir sus puntos de vista, valores, cultura, en la que no faltan las referencias a canciones, cine y TV (uno de los personajes se llama Duncan Connor, como los interpretados por Adrian Paul y Christophe Lambert, uno en la serie y el otro en las películas de «Los inmortales». Se menciona el DeLorean de «Regreso al futuro») etc…

Entre lo más destacable se encuentra la capacidad de dotar de humanidad y personalidad a todos los habitantes del edificio a cuyo ático se muda Diana. Antonio, el casero, su madre, Claudia,  vecinos como Elda, Desmond y Ecles, Duncan o Amaya resultan más cercanos e interesantes en sus peculiaridades que los de su vida anterior (Alán, Samanta, Rigel), aunque estos también cumplen su cometido.

Si bien la novela avanza sin grandes altibajos, con cierta previsibilidad, la autora consigue dar un giro argumental cerca del final, tan sorpresivo como interesante, que abre la historia a varias posibilidades cuyo desarrollo tendrá lugar en posteriores entregas de lo que, al parecer, será una trilogía.

En resumen, «Una bruja sin escoba» contiene, con la obvia evolución en cuanto a forma y fondo, los temas habituales de la autora, lo que interesará a quienes disfrutaron con sus otras novelas. Y, además, permanece la notable evolución observada en «Y si fuera cierto»,  lo que incrementa el interés por seguir leyendo a la autora, resulta muy entretenida, los personajes despiertan empatía y, sobre todo, crea intriga por saber qué pasará. Sólo queda esperar, y desear, que no tarde un año en publicarse la continuación de las aventuras de Diana, una bruja moderna.

Otras novelas de Antonia J. Corrales reseñadas en este blog:






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lunes, 28 de mayo de 2018

La química del odio, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2018
416 páginas
19,90€
Ebook: 12,99 €

Argumento:

La inspectora jefa Ana Arén se enfrenta a la investigación del asesinato de Mónica Spinoza, duquesa de Mediona, al tiempo que intenta recuperarse de lo sucedido varios meses antes y soportar a un comisario que trata de obstaculizar su trabajo.

Comentario:

«La química del odio» se inicia seis meses después de los hechos narrados en «No soy un monstruo» y, aunque pocas, hace las suficientes referencias a lo sucedido en la novela anterior, y su resolución, como para que sea recomendable leerlas en el orden que han sido publicadas.

Si se compara una obra con otra a nivel formal, da la impresión de que las reiteraciones de información han disminuido hasta un nivel apenas perceptible, aunque sigue «chirriando» la abundancia de puntos de vista, que no se limitan a la protagonista, Ana, o a los personajes conocidos (Neri, Joan), o nuevos, que tengan importancia dentro de la historia (PéBé, Paloma) sino que, además, incluyen a otros tan secundarios que apenas aparecen en una escena, lo que puede crear confusión y la percepción, errónea, de que quizá tengan relevancia en la narración.

Que además la autora incluya multitud de saltos temporales (en esta ocasión sí vienen a cuento los pasajes de la infancia de Ana), párrafos en cursiva y pensamientos, use la tercera persona y la primera, la redacción en pasado y presente, produce una sensación caótica, desconcertante,  al menos hasta que la mente se adapta al ritmo establecido, o crece el interés por lo que sucede en la novela.

En «La química del odio»  también se usa del recurso de advertir que está a punto de suceder algo importante, incluso dramático, que los personajes no pueden ni imaginar, con la finalidad de «enganchar», ese querer saber de qué se habla que impulsa a continuar con la lectura. Lamentablemente, se nota en exceso cual es la intención, y se utiliza demasiadas veces, muchas de ellas con torpeza y sin necesidad, puesto que la historia es lo suficiente atractiva para mantener el interés.

Algo similar ocurre con las maniobras de dilación: cuando un personaje está a punto de hacer una revelación que se sugiere de gran importancia, la autora cambia de tema, incluye parrafadas de naderías, acaba el capítulo y se centra en otras cosas, o lo empieza con el relato de algo que ya ha pasado para luego contarlo poco a poco. Si bien son recursos habituales en el género, cuando, como en este caso, se perciben tan forzados, abundantes y obvios, pueden llegar a provocar lo contrario a lo que se pretende.

En cuanto a los personajes, los que ya aparecían en «No soy un monstruo» (Ana, Inés, Neri, Ruipérez, Charo, Joan, Laura…) tienen sus personalidades ya establecidas. Entre los nuevos destacan, por sus características poco convencionales, el juez Juan Pérez Benítez (PéBé) y la forense, Paloma Marco. La víctima, Mónica Espinoza, duquesa de Mediona, se diría una mezcla de detalles de distintas personas reales, aun sin llegar a profundizar en ella. 

Además, se menciona, quizá a modo de homenaje, y sin dar sus verdaderos nombres, a  compañeras de la autora, como Toñí Moreno, presentadora de Viva la vida, en la novela de Viva la tarde del domingo («En el escenario, una presentadora en zapatillas deportivas despedía a un grupo musical que Ana no supo reconocer.»), o Ana Rosa Quintana, de El programa de Ana Rosa («—Un búnker con sofá —matizó Nori—. Pero el sofá no estaba. Me lo regaló hace un par de semanas Rosana, la presentadora del magazine de las mañanas. No le gustaba el que tenía en su camerino y se ha comprado otro.»)

La novela tiene bastantes similitudes con la anterior, tanto en su estructura como en su desarrollo, incluyendo un test para reconocer ciertas reacciones, al estilo del programa NeuroQWERTY, o en la conclusión. Igualmente se hace crítica de diversos temas, ya abordados en la otra, con el odio como tema principal, lo que «justifica», por ejemplo, la exagerada inquina del comisario Ruipérez hacia Ana Arén.

La complejidad y cantidad de subtramas, posibilidades, personajes y situaciones, que podrían dar lugar a confusión o desorden, se resuelven con habilidad, justificando la inclusión de algunos pasajes, en apariencia sobrantes, durante la explicación final de lo sucedido.

En resumen, «La química del odio», pese a sus «defectos» formales, algunas descripciones en exceso truculentas y semejanzas con «No soy un monstruo» (y otras obras del género) es una segunda novela muy digna, entretenida, bien desarrollada, apenas «tramposa», con capacidad para enganchar, giros argumentales, y una resolución satisfactoria.


***T***


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lunes, 7 de mayo de 2018

Riquete el del Copete, de Amélie Nothomb

Riquete el del Copete
Riquet à la houppe
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial Anagrama
128 páginas

 
Argumento:

Déodat es un niño muy feo y listo, y Trémière, al contrario, una niña guapísima, pero tonta. Nueva versión del cuento de Perrault "Riquete el del Copete".

Comentario:

Enésima novela de Amélie Nothomb, que vuelve a explorar algunos de sus temas fetiche. La obra, perteneciente al grupo de novelas de carácter no autobiográfico de la belga, está inspirada en un cuento clásico, como alguna otra suya (Barbazul), el cual traslada a la época actual.

Poco se pude decir de esta obra de Nothomb que no se haya dicho ya, pues muestra muchas de las características típicas de la escritura de la autora, ya varias veces reseñada en este blog.

No es la peor novela de su producción reciente; se lee con fluidez y sin tedio. La prosa es concisa, elegante y está cuajada de destellos de ironía y humor, aunque echo de menos la mordacidad e ingenio de sus libros de antaño. Está todo como muy diluido. Puede que ahora la narrativa esté pulida, la historia bien organizada (salvo el final, que me parece precipitado y como si faltara algo), el relato avanza con oficio (quizás demasiado mecánico, demasiado "hecho con plantilla Nothomb"), hay referencias culturales interesantes, que dignifican el texto y lo elevan por encima de la vulgaridad que frecuentemente encontramos en las novelas contemporáneas, pero el conjunto me ha resultado algo soso, falto de ese toque especial que hace que recordemos una historia.

Por lo demás, y como decía antes, vuelven a estar presentes algunos de los temas clásicos de Nothomb, como es la belleza (y la fealdad, por ende). Los dos personajes principales (de nombres extraños y simbólicos, como es típico en la autora) contrastan por sus físicos y características intelectuales. Quizás este constraste sea demasiado obvio, mecánico, y en cierto modo, tópico, pues está ya muy visto eso del feo inteligente (y ligón) y la guapa tonta. Ya ni hablo de que sea incluso hasta machista, para no herir susceptibilidades (y porque creo que no ha sido intencionado por parte de la escritora).

Al ser un libro corto, me da la sensación de que faltan detalles, en especial en el final, que es demasiado brusco y previsible. ¿Quién no imagina... eso? Tampoco logro aprehender el mensaje, aparte de lo que se deduce sobre los diferentes conceptos de fealdad y belleza y de los tópicos asociados a ellos.

En resumen, un libro cortito, elegante, bien escrito, con un final dudoso, pero que no aporta gran cosa a la bibliografía de Nothomb. Quienes hayan leído muchas obras de la autora sentirán dèja vu; a quienes la lean por primera vez, quizás sorprenda.

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

martes, 10 de abril de 2018

Firmamento, de Màxim Huerta


Editorial: Espasa, 2018
Colección: Espasa Narrativa
256 páginas
19,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Ana y Mario recuerdan pasajes de sus vidas, de su historia en común.


Comentario (con SPOILERS):


Relatada a dos voces, Ana y Mario, en primera persona y distintos tiempos, y dividida en tres partes, «Firmamento» contiene características habituales en la obra del autor, en especial las referencias cinematográficas y literarias y la detallada descripción de las emociones de los personajes. Como en «La parte escondida del iceberg», da la impresión de que al autor solo le interesa relatar sentimientos, lo que hace con una prosa a veces poética, otras repetitiva, dejando de lado dotar de significado a la obra, si bien en esta ocasión parece intentarlo.

A veces resulta difícil saber qué ha pasado antes o después, qué es real o ficción, de que sirven los primeros capítulos, con Ana y Mario relatando sus anodinas, y solitarias, vidas (él lamentando la pérdida de un amor, ella planeando la búsqueda de una nueva pareja por internet), con ese tono a veces surrealista, en el que destacan las reflexiones de ella sobre subir o bajar escaleras en un piso con ascensor o las de él en torno al colchón en el que duerme (cuya intención y significado se ignoran):


«Me muevo en el colchón buscando la forma. Otra forma. Puedo ponerme en la postura del anterior inquilino como si fuera un molde de su cuerpo. Me da un poco de asco, pero percibo su cuerpo bajo el mío. Intento acoplarme a ese molde anónimo.Era más grande, no soy tan alto. Dormía de lado. El brazo a lo largo del cuerpo pesado. Llegaba con los pies al borde del uno noventa. Me siento un juguete guardado en la caja equivocada

Hay un momento, hacia los dos tercios de la novela, cuando esta se vuelve metaliteraria, en la que da la impresión de que va a contar algo, quizá sobre la a veces difusa línea entre la realidad y la ficción, y la transformación de una en otra, sobre la construcción de historias (Mario es un negro literario que se envía cartas, físicas, a la antigua, con su editora, con quien habla del proceso creativo) y es posible que interese a quienes disfrutan de la literatura que habla de literatura, si bien la estructura de la novela deja una impresión confusa.

Que Ana y Mario se cuenten mutuamente en las misivas cosas que ya saben, a modo de información a quien les lee, queda un tanto forzado, aunque también se reconoce la «necesidad» de hacerlo para entender lo que ha sucedido antes y la mencionada utilización de la realidad para crear ficción a conveniencia e interés de los personajes implicados.

En resumen, «Firmamento» es una novela correctamente redactada, emocional, con altibajos de interés, confusa en su redacción, intenciones, y final (los tiempos en los que suceden los hechos, lo que pasó de verdad o no), que  deja con la sensación de algo que pudo ser y no fue.



Otras novelas de Màxim Huerta reseñadas en este blog:

-La parte escondida del iceberg
-La noche soñada
-Una tienda en París
-Que sea la última vez...


***T***

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lunes, 5 de marzo de 2018

Invisible, de Eloy Moreno

Editorial: Nube de Tinta, 2018
300 páginas
15,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Un adolescente que dice tener el poder de hacerse invisible yace en la cama de un hospital recordando los sucesos que le han llevado allí.

Comentario :

Sería difícil comentar Invisible  sin hacer referencia a las diferencias entre contenido y continente, sin que el hecho de ir dirigida a un público adolescente (está clasificada como juvenil, y se recomienda la lectura a partir de los 12 años) sirva de excusa para cometer errores de forma fácilmente solucionables con una cuidada revisión.

Entre los detalles más evidentes resalta la repetición de conceptos, referencias a cosas que se han hecho o dicho, lo que contribuye a dar la impresión de que falta un repaso en profundidad del texto, decidir qué se dice y cuándo, en qué punto hacer las revelaciones importantes, utilizar la sutileza en lugar de incidir tanto en algo que se anula el factor sorpresa, al intuirse algunas cosas casi desde el principio: el motivo de la «invisibilidad» del protagonista se deduce mucho antes del momento adecuado para causar mayor impacto.

El autor alterna la narración en primera persona de un adolescente, de quien no se dice cómo se llama, con la tercera omnisciente, ambas en presente, párrafos a veces breves, que muestran los puntos de vista de otros personajes, desde familiares a compañeros y profesores del instituto al que asiste, a quienes se refiere con frases descriptivas para acabar, en ocasiones, dotándoles de nombre, sin que tenerlo, o no, parezca deberse a algo concreto, lo que crea cierta confusión.

Están «La chica de las cien pulseras» (Kiri), «El chico con una cicatriz en la ceja» (Zaro), «Ella» (la psicóloga), aunque los personajes principales, quienes tienen algo que aportar a la historia, además del protagonista, son «El niño de los nueve dedos y medio» (MM), la profesora de literatura (el dragón) y Luna, la hermana de seis años del adolescente, a quien siempre se refiere así, la única persona para quien nunca ha sido invisible, por lo que hubiera sido lógico, para destacarla, que fuera la única con nombre.

La profesora de literatura (la elección de asignatura no parece hecha al azar), protagoniza varios de los mejores pasajes de la novela, desde algunas «charlas» con su otro yo dragón, las ocasiones que este toma el mando («Lo que aún no sabe es que no es ella quien se está tatuando un dragón en la espalda, sino que es el dragón el que ha encontrado un cuerpo sobre el que poder vivir.») y las decisiones, hasta la intensa escena final en la que se erige como heroína de la historia. Pero, sobre todo, brilla en sus clases, cuando habla del significado de palabras como cobarde o empollón:

«—Pero imaginemos que a ese guerrero, al ver al dragón le entra miedo y sale huyendo de allí, eso sí, como tiene que demostrar su fuerza con alguien, decide pelear con un enemigo más débil, por ejemplo una ardilla.En ese momento se escuchó un «oh» en la clase.—¿Verdad que entonces ya no nos parecería tan valiente?»

«—¿Os imagináis que el doctor que os tiene que operar no estuviera ahí porque de pequeño no paraban de llamarle empollón?, ¿os imagináis que os toca el doctor más vago de su promoción?, o lo que sería ya total, pero que podría pasar algún día… ¿os imagináis que el doctor que os va a salvar es el mismo al que de pequeños vosotros insultabais por estudiar mucho?»

También es interesante la reflexión del protagonista acerca de la diferencia entre héroes y villanos: «Recuerda una frase de una de sus películas preferidas de Batman: «O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano». Sabe que es un héroe porque ha salvado una vida, pero sabe también que es un villano porque ha estado a punto de acabar con esa misma vida.»

Relacionado con esto, llama la atención cómo se «analizan» (quizá de forma algo superficial, pero comprensible) las similitudes entre víctima y verdugo, y los motivos que pueden llevar a este último a actuar como lo hace, intentando, de alguna manera, comprender su actitud. Que la obra finalice cuando se conoce el cómo y el porqué ha acabado en protagonista en la cama de un hospital, sin plantear algún tipo de solución a lo sucedido, es un acierto.

En resumen, Invisible es una novela que tiene buenas ideas, sin ser originales, con una parte de misterio que impulsa a seguir leyendo para conocer la resolución de la historia, que envía un mensaje claro y directo, impactante, eficaz, hace reflexionar y hasta emociona en algunos momentos, lastrada por la falta de revisión de un texto que quizá funcionaría mejor si estuviera redactado de forma más «limpia».


Otras novelas de Eloy Moreno reseñadas en el blog:

- El bolígrafo de gel verde

- Lo que encontré bajo el sofá


***T***


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lunes, 26 de febrero de 2018

Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa
Manuel Vilas
392 páginas
Editorial Alfaguara

 
Argumento:

El autor rememora la figura de su padre (y la de otros miembros de su familia) y hace reflexiones sobre la familia y la muerte.


Comentario:

Otra nueva muestra de la moda de la "autoficción" y de la nostalgia. La excusa de la muerte del padre del autor sirve a este para realizar todo tipo de reflexiones sobre el paso del tiempo y sus estragos. Paralelamente, se realizan diversos flashbacks, a veces en torno a fotografías (que se reproducen en el libro) contando la vida de sus padres, su infancia, diferentes vivencias, recuperando una parte de la memoria histórica española, con la cual mucha gente de su generación puede sentirse identificada. Supongo que con eso juegan estas historias "nostálgicas", aunque a mí me cansa un poco tanta mirada al pasado.

La prosa tiene momentos de brillantez, pero a mí no me compensa el aburrimiento del continuo lamento del autor, y las vueltas que da en torno a su duelo y a los pensamientos derrotistas, autodestructivos y negativos que este le provoca. En realidad, no diría que se trata de una novela. No tiene una trama definida. Es más bien una especie de escrito catártico donde el autor vuelca su sufrimiento y su nihilismo ante el hecho inevitable de la muerte, el paso del tiempo que todo lo destruye y la propia fragilidad de los lazos familiares (incluso con sus hijos, a los que ama pero que se portan de modo indiferente con él, como parte de la "ley de vida" del crecimiento y la conquista de la autonomía personal).

Dado el carácter un tanto caótico del libro, en él tienen cabida cosas tan diversas como los pensamientos del duelo anteriormente mencionados y anécdotas extrañas como la asistencia del autor a un evento con los reyes de España, y las reflexiones que esto le suscita, o su abandono de la docencia. El tono es gris, o más bien negro, como cabe esperar de un relato sobre la desaparición de los padres y otros miembros de su familia, de todo un mundo, en suma, el mundo idealizado de la infancia.

En cierto modo, este libro me recuerda al primer tomo de "Mi Lucha" de Karl Ove Knausgard, que también es una autoficción que toma como punto de partida la muerte del padre para enhebrar anécdotas y vivencias del pasado con otras del presente, y diversas reflexiones sobre la muerte, sin embargo, y no sé explicar muy bien la razón, la obra del noruego, aun siendo mucho más larga, me resultó más entretenida.

En algunas críticas dicen que esta historia de Manuel Vilas es una "obra maestra". Para mí no, aunque no niego que tiene algún párrafo de alta calidad. Eso sí, el estilo no es de mis favoritos, con ese abuso de las repeticiones retóricas y poéticas, que en su justa medida puede ser bonito, pero la mayor parte de las veces cansa, agota incluso.

En resumen, un libro de autoficción y catarsis, una cura para el autor, respetable y quizás necesaria, donde saca lo más negro de su alma, bien escrito, pero algo caótico y quizás repetitivo, con una temática que no me atrae. He tardado un montón en terminarlo porque me daba pereza ponerme a leer. Eso no quiere decir que no pueda gustar a otras personas.

Algunos fragmentos
Madrid es bonito.
Madrid lo ha sido todo en este país, aquí está todo. Mi padre vino varias veces a Madrid. Todos los españoles de las provincias fueron alguna vez a Madrid. En eso, Madrid fue cruel. La gente de las provincias se asustaba de que Madrid fuera tan grande.

Mide el tiempo que dura el saludo a los reyes de España. Lo mide con su cronómetro. Son seis segundos y noventa y dos centésimas de segundo. Ese el el tiempo concedido a cada invitado.

Sin embargo, me trajo una bata. Me ragaló una bata. Cuando llevé la bata al piso me eché a llorar. No la había comprado él, naturalmente;la había comprado mi madre. En aquella bata azul marino, de algodón, recia para el invierno, estaba contenida toda la ternura de mi madre. Esa bata era el símbolo del arraigo. Y sin embargo, tenía que depositar esa bata en una habitación extranjera, en un lugar hostil.

La mesa en la que escribo está llena de polvo, al ser de cristal el polvo consigue su reflejo, su imagen bajo la luz. Es como si las cosas se casaran con el polvo de esta casa. Hay polvo en los bordes dorados de la tostadora, allí el polvo también se hace visible. Hay sitios en los que el polvo no puede impedir su visibilidad; allí es donde puedes acabar con él: destruirlo, borrarlo de la faz de mi casa. No me siento capaz ni instruido para limpiar todo ese polvo, y eso me desespera y me conduce a pensamientos neuróticos sobre la miseria. Hay polvo hasta en el radiador toallero del cuarto de baño, y se fusionan calor y polvo, como en un matrimonio de conveniencia, como en aquellos matrimonios de  los reyes del siglo xvi que fundaron la civilización occidental.

Por otra parte, los hechos terribles son decisivos a la hora de que nuestra vida pueda ser contada, narrada. Sin hechos terribles, o simplemente hechos, acciones, que pase algo, nuestra vida no tiene historia ni trama, y no existe.

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lunes, 19 de febrero de 2018

La Ofrenda, de Gustavo Martín Garzo

La Ofrenda
Gustavo Martín Garzo
302 páginas
Galaxia Gutenberg, S.L.


Argumento:

Una enfermera responde a un anuncio para trabajar cuidado a una señora mayor en la isla de Madagascar. Al llegar allí descubre que la anciana esconde un alucinante secreto...


Comentario:


La novela está dividida en varias partes, cada una de ellas con un narrador distinto. En la primera, escrita en segunda persona, algo bastante insólito (aunque ya usado por varios autores, como Perec, por ejemplo), se nos cuenta la llegada de la protagonista a la isla y su toma de contacto con lo que allí hay. El recurso a la segunda persona provoca sensación de misterio y extrañeza, bastante adecuado a lo que se narra. También las descripciones, poéticas en ocasiones, contribuyen a armar esa ambientación que nos prepara para lo que parece una aventura fuera de lo común, exótica, casi irreal.

Después, continúa un diario (en primera persona, obviamente) donde la protagonista nos cuenta sus experiencias en la mansión de Rose, la señora que tiene que cuidar. Esta parte me ha recordado un poco a "Otra vuelta de Tuerca" de James, salvando las distancias, más que nada por el tono y por el carácter quizás dudoso y no fiable de la narradora que cree en la existencia de un hombre pez que ronda por el sistema de piscinas y canales de la casa.

La historia se desarrolla a lo largo de varias décadas, con un gran salto temporal al final que sirve como explicación de lo anterior.

La prosa, buena, con algunos resplandores líricos, logra crear una atmósfera adecuada, plena de incertidumbre, inquietud y misterio, aunque el autor tiende, en ciertas partes de la novela, a dispersarse con prolijas descripciones tanto de lugares como de hechos y de pensamientos, que recargan y ralentizan.

La trama, más sencilla de lo que parece, lleva en cierto modo a engaño, ya que el tema del hombre pez, a mi modo de ver, no es más que un simbolismo para hablar de otros temas. Siendo así, la resolución me ha parecido demasiado previsible, y el desarrollo algo plano.

Volviendo al simbolismo, el hecho de que el autor se recree tanto en los sentimientos, deseos y temores de la protagonista y sus relaciones con diversos hombres (del pasado y del presente), y el de que varios de sus relatos se revelen al  final como fantasías o hechos no del todo ciertos o dudosos, hace pensar en que el verdadero tema es cierta visión de la feminidad y su atracción problemática por la Bestia (lo masculino). De este modo se combina la acción, propia de una película de serie B (como El Monstruo de la Laguna Negra, o la mucho más reciente "La forma del agua" de Guillermo del Toro), con indagaciones en la psique femenina profunda, en las relaciones de dependencia, en el sentido del amor, usando el agua y la forma animalesca como metáforas.

Si hubiera sido más corto me habría gustado más, eso está claro. La dispersión y la reiteración  no ayudan a una lectura fluida. Ciertamente, el nivel literario está un poco por encima de otras propuestas, y desde luego, muy por encima de como hubiera sido si el autor llega a decantarse por un desarrollo o trama tipo bestseller, pero a veces se hace un poco pesado ver a la protagonista elucubrando sobre el supuesto hombre pez, los canales, las misteriosas construcciones, la torre secreta, los juegos con las naranjas y demás, una y otra vez.

En resumen, una lectura un tanto extraña, tanto por la temática como por sus simbolismos, con una prosa correcta, una atmósfera misteriosa lograda pero una trama endeble y que no ha terminado de convencerme (y no sé muy bien por qué, qué es lo que más me falla). Con todo, no es un mal libro.


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lunes, 12 de febrero de 2018

Con el traje de los domingos, de Bernice Rubens

T.O.: Sunday Best, 1971
Editorial: Alba, 2017
Colección: Rara Avis, 35
Traducción: Íñigo F. Lomana
192 páginas
18,50 €

Argumento:

George Verrey Smith, un maestro de cuarenta y dos años, casado durante diecisiete años con Joy, dedica los domingos a vestirse y maquillarse como una mujer.

Comentario:

Aunque la novela trata otros temas de importancia, como son el racismo, la pederastia,  lo malos tratos físicos y psicológicos dentro de la familia, la hipocresía social o el asesinato de un miembro de la comunidad, todos ocupan un lugar secundario, al servicio del retrato de la personalidad del protagonista, George Verrey Smith, dividida en tres partes, dos de ellas, de muy distinta longitud, narradas en primera persona por él mismo.

En su narración, definida por él como novela, y como confesión, George se dirige a un público que no concreta, para contarle los hechos ya sucedidos. Llama la atención este uso del  plural, no tan claro en inglés, así como la decisión de hablar de sí mismo en masculino, dadas las circunstancias, algo que se entiende tras leer la conclusión de la historia. Además, Verrey Smith no duda en mentir, ni en admitirlo, o que hace trampas, hablando de unas cosas para evitar otras. También se propone no mentar temas dolorosos, como la relación con su difunto progenitor, siendo incapaz de cumplirlo casi de una frase a la siguiente, obsesionado con lo ocurrido en su niñez.

La relación de George con ambos progenitores es recurrente a lo largo de la novela, desde los malos tratos físicos y psicológicos por parte de él, tanto al hijo como a la esposa, al fanatismo religioso de la madre, quizá como explicación a la tendencia del chico a vestirse de mujer, si bien el protagonista deja clara la intención de las palizas, sugiriendo que esta preferencia era anterior al «tratamiento»: «Haré de ti un hombre», me gritaba. Durante muchos años pensé que se lo decía a sí mismo. Hasta que me obligó por primera vez a darme esa ducha fría, mientras él iba y venía del jardín con las manos llenas de nieve para restregármela por el cuerpo. Y, cuando temblaba, me pegaba y me decía que parecía una mujer. Fue entonces cuando empecé a odiarlo.

Curiosamente, aun con los dramas familiares y la narración subjetiva, George resulta desagradable, y reconoce serlo, desde el desprecio a Joy, la esposa a quien ni ama ni respeta, hasta su carencia de empatía hacia vecinos y compañeros de trabajo (muchos le odian o desprecian), con situaciones a las que reacciona de formas entre absurdas y surrealistas, dando un toque de humor a la obra.

Especial interés y simbolismo tiene el último capítulo de la primera parte, en el que se celebra el funeral de un vecino y sirve a George para hacer su propia y emotiva ceremonia de reconciliación y entierro y comenzar una nueva vida: «Y, justo en ese instante, Verrey Smith murió dentro de mí y yo salí de la capilla anónimo y desconocido, pero en paz.»

Es en la segunda parte, relatada en tercera persona y protagonizada en su mayor parte por Emily Price, donde consigue cambiar la impresión  causada. Alternando los puntos de vista de Joy, destrozada tras la desaparición de George, al punto de descuidar la casa en su ausencia, el de un policía convencido de que Verrey Smith es el autor del asesinato del señor Parsons, uno de sus compañeros de trabajo, y el de la propia Emily, todo parece confabular para impedir que ella sea libre.

Si bien la trama policial es un aliciente más para continuar la lectura, deseando saber cómo se resolverá el enredo, lo más importante es el nacimiento y primeros pasos de una Emily insegura, tímida, asustada, en lucha con su otro yo, un George cuya ropa conserva e incluso se pone en ocasiones: «De pronto, se sintió doblemente atrapada. George Verrey Smith la había dejado atrapada dentro de Emily Price y esta, a su vez, lo había atrapado a él. No resultaría fácil escapar de ninguno de los dos.»

Emily es encantadora donde George es desagradable, empatiza con Joy donde su marido la desprecia, piensa y siente de modo distinto (femenino), es, de alguna manera, más humana, y hasta consigue que él resulte, al final, menos desagradable, por medio de esa difícil convivencia a la que están obligados.

En resumen, «Con el traje de los domingos» es una novela muy bien escrita y desarrollada, a veces sutil, profunda, intensa, con pasajes de un humor casi surrealista, que propicia la reflexión y a la empatía (¿quién no ha sufrido algún tipo lucha interior, incomprensión o rechazo social o personal?), el estudio psicológico de una persona que se siente confusa y necesitada de pagar por aquello de lo que se sabe culpable.


***T***


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