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lunes, 18 de junio de 2018

Flores negras, de Lara Siscar

Editorial: Plaza & Janés, 2018
288 páginas
17,90 €
Ebook; 8,99 €

Argumento:

Tras un incidente en su trabajo, que la obliga a dejarlo, Berta Martos regresa a Rayuela, el pueblo de su infancia, a vivir con su madre. Allí se reencuentra con su pasado y colabora en la resolución de un crimen.

Comentario:

 Como empieza a ser habitual, parte de la publicidad con la que se intenta «vender» la novela es un tanto engañosa, en esta ocasión respecto a las situaciones que trata y a que se basa en un hecho real (se hace hincapié en algo que ocupa apenas un 20%), lo que puede suponer una decepción para quien espere leer una historia de misterio, con su correspondiente investigación, pistas, personajes sospechosos etc…, ya que su relevancia es mínima y está al servicio de otros temas.

La trama de intriga se caracteriza, además de por la brevedad, por su previsibilidad en cuanto a la identidad del principal personaje culpable, aunque no tanto respecto a todo lo que ha hecho, y por la forma tópica en que se desarrollan algunas de sus escenas, destacando aquellas en las que se intenta demorar la revelación de su identidad. Los pasajes de «acción» y las explicaciones de lo sucedido también se atienen a lo más clásico y típico del género y, como tales, resultan las páginas más convencionales de la novela.

Las relativa escasez de personajes, y la facilidad de identificar el rol que tiene cada uno, también contribuye a que la sorpresa sobre quién hace qué sea mínima. Entre estos destaca sobre todo Berta, una protagonista dividida entre el deseo de recuperar su trabajo, y su buen nombre (hasta el punto de pensar sólo en su beneficio cuando se presenta la posibilidad de que no sea «responsable» de lo sucedido), y una complicada relación con su madre, Rosa, una actriz retirada celosa de su intimidad.

Paulina, empleada de Rosa, pese a no tener muchos matices, también tiene su importancia en otro de los temas que se tratan en la novela, la difusión de rumores, su tergiversación y sus consecuencias (rol complementando con el de doña Felisa, La Cronista de la Villa, que escribe sobe lo que sucede en Rayuela):

«Su especialidad era la difusión. La transmisión del mensaje. El boca a boca. Su lema, el mismo que el de cualquier canal de información continua: «Está pasando, te lo estoy contando». O más a medida: «Te lo estoy contando, mejor será que haya pasado». Porque, como todo el mundo sabe, pocas impotencias dejan tan arrasado como ser el personaje principal de un rumor falso. No hay nada que hacer al respecto. Es mejor, y hasta la víctima llega a desearlo, que la acusación sea real. Se pasa menos mal. Esto es un hecho comprobado. «Si por lo menos fuese verdad» es un pensamiento fijo en todo aquel que se ve envuelto en un cotilleo de nivel.»

Hay varios personajes masculinos que cumplen roles desde ser interés romántico de Berta a sospechosos o muestra de las murmuraciones y sus consecuencias en Rayuela, como Raúl, Carlos, Agustín, Casemiro…, además de otros, más secundarios, que completan las breves subtramas que ocurren en el pueblo.

Algunos fenómenos extraños, como las flores negras del título, escondidas en el jardín de Rosa, la madre de la protagonista, o un pájaro que actúa con inusitada agresividad, que parecen fuera de lugar en un relato «realista», se intuyen como símbolos de lo que está sucediendo en el pueblo, de la podredumbre oculta en su interior:

«Una flor negra, grande, una especie de murciélago con las alas a medio desplegar y varias cabezas, con unos bigotes largos y gruesos, como tendones en reposo, cayendo hacia todos lados. Daba la impresión de que, en caso necesario, la misma flor podría levantarlos. Vista de lejos, resultaba extraña. De cerca, daba miedo. Y algo de asco. Berta se preguntó a qué olería aquello.»

Entre los temas que trata la novela se encuentran tanto los hechos con las  consecuencias (la  historia comienza con Berta despedida por algo que no es su responsabilidad directa), las críticas («La llamaban de todo, por todo. Por cortar la emisión, por no cortar antes la emisión, por meter un final musical, por no dar paso antes a la canción, por intentar que hablara, por no insistirle más…») y cómo siempre hay quien se aprovecha y beneficia del mal ajeno (la celeridad con que sustituyen a Berta en el puesto).

Recrea cómo se actúa en pueblos pequeños:

«Se dio cuenta de que, desde que cruzó el marco de entrada, había actuado influida por lo que pudiesen opinar de ella los presentes; y por un instante se le ocurrió que a lo mejor exageraba. Que tal vez nadie estaba tan pendiente como ella pensaba. Un vistazo alrededor con toda la naturalidad que pudo desplegar bastó para constatar que, efectivamente, casi todos la miraban. No se molestó. Cuando vivía en el pueblo ella también miraba.»

«—Éste es un pueblo muy pequeño, amigo. El equilibrio es delicado. —Case se acercó a ellos y se dejó caer en la barra—. No se trata de que no quieran contarlo, que aquí todo se cuenta. La cuestión es cómo evitar que se sepa quién se ha ido de la lengua. No se fían de ti. En la aldea los rumores vuelan, pero no hay manera de saber quién empezó y por dónde siguió la cadena. Sólo se sabe que se sabe, pero a todo el mundo se lo ha dicho antes alguien. Es muy raro dar con la fuente originaria, amigo. Así se evitan enemistades. Porque las enemistades en un lugar como éste, si se encarnan, se pudren sin remedio y nunca se sabe cómo acaban.»

También destaca la evolución de la autora desde su anterior, y primera, novela hasta esta, que no se limita a cambios formales (de tres personajes en primera persona a unos pocos en tercera), sino también de temas, al pasar del mundo del arte en «La vigilante del Louvre» a la crítica social de «Flores negras».

En resumen, «Flores negras» es una obra bien redactada, entretenida, por momentos inquietante, de ritmo a veces irregular,  pero no se trata una novela de misterio tal como ésta se entiende, sino que utiliza la intriga para reflexionar sobre otros temas, lo que puede decepcionar a quien espere leer tal género.


***T***

¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

miércoles, 6 de junio de 2018

Una bruja sin escoba, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
188 páginas
7,99 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Tras separarse de su pareja e iniciar una nueva vida, Diana comienza a averiguar cosas de su origen.

Comentario:

Cuando se ha leído, y comentado, unas cuantas novelas de la misma persona (esta es la sexta obra de la autora reseñada en este blog) es difícil decir algo nuevo, y da la impresión, releyendo anteriores artículos, que algunas de las opiniones que contienen se podrían aplicar al actual. Que la mayoría de autores escriban siempre sobre temas recurrentes que son parte de sus inquietudes e intereses, también contribuye a producir la sensación de que no hay algo nuevo que decir.

«Una bruja sin escoba» también está redactada en primera persona por su protagonista, en esta ocasión Diana, una bruja que desconoce su origen y no ha desarrollado sus poderes, de forma correcta y funcional, siendo su punto de vista el único que se da de los hechos, y del resto de los personajes. La redacción se nota bastante revisada, con una drástica disminución de erratas y palabras que no significan lo que la autora cree, tan presentes en obras anteriores, si bien resulta algo confusa en la última parte, sin llegar a resultar una molestia o dificultar la lectura.

Los problemas con la ausencia de fechas y lugar en el que se sitúa la acción se resuelven con las referencias a internet y móviles, etc, y se dice que transcurre en Madrid, sin bien continúa la confusión sobre el lapso de tiempo en el que transcurren los hechos, que da la impresión, por la cantidad de cosas que suceden, de que es mayor del que se dice.

También son habituales ciertas reflexiones (cada vez, afortunadamente, más escasas y  breves, menos farragosas y repetitivas) sobre temas espirituales y la contraposición entre este tipo de vida y otro más materialista. Y, por supuesto, los objetos, ya sean mágicos, simbólicos o ambas cosas, con preferencia por el color rojo, desde el paraguas de «En un rincón del alma» y sus dos secuelas (se menciona de pasada, así como a las mujeres de agua), hasta las hojas de arce de «Y si fuera cierto». Ahora se trata de un ala delta (roja), sustituta de la tradicional escoba de bruja, un libro con hojas (aparentemente) en blanco encuadernado en rojo, o la presencia del también indispensable gato (egipcio),  Senatón.

Aunque son evidentes las mencionadas similitudes con las obras anteriores de la autora, es con «Y si fuera cierto» con la que tiene más puntos, positivos, en común. Al igual que en esta, deja de lado las generalidades emocionales para tratar de contar algo, basándose en personas y hechos (más o menos) reales, en torno a los que crear su historia, transmitir sus puntos de vista, valores, cultura, en la que no faltan las referencias a canciones, cine y TV (uno de los personajes se llama Duncan Connor, como los interpretados por Adrian Paul y Christophe Lambert, uno en la serie y el otro en las películas de «Los inmortales». Se menciona el DeLorean de «Regreso al futuro») etc…

Entre lo más destacable se encuentra la capacidad de dotar de humanidad y personalidad a todos los habitantes del edificio a cuyo ático se muda Diana. Antonio, el casero, su madre, Claudia,  vecinos como Elda, Desmond y Ecles, Duncan o Amaya resultan más cercanos e interesantes en sus peculiaridades que los de su vida anterior (Alán, Samanta, Rigel), aunque estos también cumplen su cometido.

Si bien la novela avanza sin grandes altibajos, con cierta previsibilidad, la autora consigue dar un giro argumental cerca del final, tan sorpresivo como interesante, que abre la historia a varias posibilidades cuyo desarrollo tendrá lugar en posteriores entregas de lo que, al parecer, será una trilogía.

En resumen, «Una bruja sin escoba» contiene, con la obvia evolución en cuanto a forma y fondo, los temas habituales de la autora, lo que interesará a quienes disfrutaron con sus otras novelas. Y, además, permanece la notable evolución observada en «Y si fuera cierto»,  lo que incrementa el interés por seguir leyendo a la autora, resulta muy entretenida, los personajes despiertan empatía y, sobre todo, crea intriga por saber qué pasará. Sólo queda esperar, y desear, que no tarde un año en publicarse la continuación de las aventuras de Diana, una bruja moderna.

Otras novelas de Antonia J. Corrales reseñadas en este blog:






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lunes, 28 de mayo de 2018

La química del odio, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2018
416 páginas
19,90€
Ebook: 12,99 €

Argumento:

La inspectora jefa Ana Arén se enfrenta a la investigación del asesinato de Mónica Spinoza, duquesa de Mediona, al tiempo que intenta recuperarse de lo sucedido varios meses antes y soportar a un comisario que trata de obstaculizar su trabajo.

Comentario:

«La química del odio» se inicia seis meses después de los hechos narrados en «No soy un monstruo» y, aunque pocas, hace las suficientes referencias a lo sucedido en la novela anterior, y su resolución, como para que sea recomendable leerlas en el orden que han sido publicadas.

Si se compara una obra con otra a nivel formal, da la impresión de que las reiteraciones de información han disminuido hasta un nivel apenas perceptible, aunque sigue «chirriando» la abundancia de puntos de vista, que no se limitan a la protagonista, Ana, o a los personajes conocidos (Neri, Joan), o nuevos, que tengan importancia dentro de la historia (PéBé, Paloma) sino que, además, incluyen a otros tan secundarios que apenas aparecen en una escena, lo que puede crear confusión y la percepción, errónea, de que quizá tengan relevancia en la narración.

Que además la autora incluya multitud de saltos temporales (en esta ocasión si vienen a cuento los pasajes de la infancia de Ana), párrafos en cursiva y pensamientos, use la tercera persona y la primera, la redacción en pasado y presente, produce una sensación caótica, desconcertante,  al menos hasta que la mente se adapta al ritmo establecido, o crece el interés por lo que sucede en la novela.

En «La química del odio»  también se usa del recurso de advertir que está a punto de suceder algo importante, incluso dramático, que los personajes no pueden ni imaginar, con la finalidad de «enganchar», ese querer saber de qué se habla que impulsa a continuar con la lectura. Lamentablemente, se nota demasiado cual es la intención, y se utiliza demasiadas veces, muchas de ellas con torpeza y sin necesidad, puesto que la historia es lo suficiente interesante para mantener el interés.

Algo similar ocurre con las maniobras de dilación: cuando un personaje está a punto de hacer una revelación que se sugiere de gran importancia, la autora cambia de tema, incluye parrafadas de naderías, acaba el capítulo y se centra en otras cosas, o lo empieza con el relato de algo que ya ha pasado para luego contarlo poco a poco. Si bien son recursos habituales en el género, cuando, como en este caso, se perciben tan forzados, abundantes y obvios, pueden llegar a provocar lo contrario a lo que se pretende.

En cuanto a los personajes, los que ya aparecían en «No soy un monstruo» (Ana, Inés, Neri, Ruipérez, Charo, Joan, Laura…) tienen sus personalidades ya establecidas. Entre los nuevos destacan, por sus características poco convencionales, el juez Juan Pérez Benítez (PéBé) y la forense, Paloma Marco. La víctima, Mónica Espinoza, duquesa de Mediona, se diría una mezcla de detalles de distintas personas reales, aun sin llegar a profundizar en ella. 

Además, se menciona, quizá a modo de homenaje y sin dar sus verdaderos nombres, a  comapeñras de la autora, como Toñí Moreno, presentadora de Viva la vida, en la novela de Viva la tarde del domingo«En el escenario, una presentadora en zapatillas deportivas despedía a un grupo musical que Ana no supo reconocer.»), o Ana Rosa Quintana, de El programa de Ana Rosa («—Un búnker con sofá —matizó Nori—. Pero el sofá no estaba. Me lo regaló hace un par de semanas Rosana, la presentadora del magazine de las mañanas. No le gustaba el que tenía en su camerino y se ha comprado otro.»)

La novela tiene bastantes similitudes con la anterior, tanto en su estructura como en su desarrollo, incluyendo un test para reconocer las   ciertas reacciones, al estilo del programa NeuroQWERTY, como en la conclusión. Igualmente se hace crítica de diversos temas, ya abordados en la otra, con el odio como tema principal, lo que «justifica», por ejemplo, la exagerada inquina del comisario Ruipérez hacia Ana Arén.

La complejidad y cantidad de subtramas, posibilidades, personajes y situaciones, que podrían dar lugar a confusión o desorden, se resuelven con habilidad, justificando la inclusión de algunos pasajes, en apariencia sobrantes, durante la explicación final de lo sucedido.

En resumen, «La química del odio», pese a sus «defectos» formales, algunas descripciones en exceso truculentas y semejanzas con «No soy un monstruo» (y otras obras del género) es una segunda novela muy digna, entretenida, bien desarrollada, apenas «tramposa», con capacidad para enganchar, giros argumentales, y una resolución satisfactoria.


***T***


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lunes, 7 de mayo de 2018

Riquete el del Copete, de Amélie Nothomb

Riquete el del Copete
Riquet à la houppe
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial Anagrama
128 páginas

 
Argumento:

Déodat es un niño muy feo y listo, y Trémière, al contrario, una niña guapísima, pero tonta. Nueva versión del cuento de Perrault "Riquete el del Copete".

Comentario:

Enésima novela de Amélie Nothomb, que vuelve a explorar algunos de sus temas fetiche. La obra, perteneciente al grupo de novelas de carácter no autobiográfico de la belga, está inspirada en un cuento clásico, como alguna otra suya (Barbazul), el cual traslada a la época actual.

Poco se pude decir de esta obra de Nothomb que no se haya dicho ya, pues muestra muchas de las características típicas de la escritura de la autora, ya varias veces reseñada en este blog.

No es la peor novela de su producción reciente; se lee con fluidez y sin tedio. La prosa es concisa, elegante y está cuajada de destellos de ironía y humor, aunque echo de menos la mordacidad e ingenio de sus libros de antaño. Está todo como muy diluido. Puede que ahora la narrativa esté pulida, la historia bien organizada (salvo el final, que me parece precipitado y como si faltara algo), el relato avanza con oficio (quizás demasiado mecánico, demasiado "hecho con plantilla Nothomb"), hay referencias culturales interesantes, que dignifican el texto y lo elevan por encima de la vulgaridad que frecuentemente encontramos en las novelas contemporáneas, pero el conjunto me ha resultado algo soso, falto de ese toque especial que hace que recordemos una historia.

Por lo demás, y como decía antes, vuelven a estar presentes algunos de los temas clásicos de Nothomb, como es la belleza (y la fealdad, por ende). Los dos personajes principales (de nombres extraños y simbólicos, como es típico en la autora) contrastan por sus físicos y características intelectuales. Quizás este constraste sea demasiado obvio, mecánico, y en cierto modo, tópico, pues está ya muy visto eso del feo inteligente (y ligón) y la guapa tonta. Ya ni hablo de que sea incluso hasta machista, para no herir susceptibilidades (y porque creo que no ha sido intencionado por parte de la escritora).

Al ser un libro corto, me da la sensación de que faltan detalles, en especial en el final, que es demasiado brusco y previsible. ¿Quién no imagina... eso? Tampoco logro aprehender el mensaje, aparte de lo que se deduce sobre los diferentes conceptos de fealdad y belleza y de los tópicos asociados a ellos.

En resumen, un libro cortito, elegante, bien escrito, con un final dudoso, pero que no aporta gran cosa a la bibliografía de Nothomb. Quienes hayan leído muchas obras de la autora sentirán dèja vu; a quienes la lean por primera vez, quizás sorprenda.

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martes, 10 de abril de 2018

Firmamento, de Màxim Huerta


Editorial: Espasa, 2018
Colección: Espasa Narrativa
256 páginas
19,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Ana y Mario recuerdan pasajes de sus vidas, de su historia en común.


Comentario (con SPOILERS):


Relatada a dos voces, Ana y Mario, en primera persona y distintos tiempos, y dividida en tres partes, «Firmamento» contiene características habituales en la obra del autor, en especial las referencias cinematográficas y literarias y la detallada descripción de las emociones de los personajes. Como en «La parte escondida del iceberg», da la impresión de que al autor solo le interesa relatar sentimientos, lo que hace con una prosa a veces poética, otras repetitiva, dejando de lado dotar de significado a la obra, si bien en esta ocasión parece intentarlo.

A veces resulta difícil saber qué ha pasado antes o después, qué es real o ficción, de que sirven los primeros capítulos, con Ana y Mario relatando sus anodinas, y solitarias, vidas (él lamentando la pérdida de un amor, ella planeando la búsqueda de una nueva pareja por internet), con ese tono a veces surrealista, en el que destacan las reflexiones de ella sobre subir o bajar escaleras en un piso con ascensor o las de él en torno al colchón en el que duerme (cuya intención y significado se ignoran):


«Me muevo en el colchón buscando la forma. Otra forma. Puedo ponerme en la postura del anterior inquilino como si fuera un molde de su cuerpo. Me da un poco de asco, pero percibo su cuerpo bajo el mío. Intento acoplarme a ese molde anónimo.Era más grande, no soy tan alto. Dormía de lado. El brazo a lo largo del cuerpo pesado. Llegaba con los pies al borde del uno noventa. Me siento un juguete guardado en la caja equivocada

Hay un momento, hacia los dos tercios de la novela, cuando esta se vuelve metaliteraria, en la que da la impresión de que va a contar algo, quizá sobre la a veces difusa línea entre la realidad y la ficción, y la transformación de una en otra, sobre la construcción de historias (Mario es un negro literario que se envía cartas, físicas, a la antigua, con su editora, con quien habla del proceso creativo) y es posible que interese a quienes disfrutan de la literatura que habla de literatura, si bien la estructura de la novela deja una impresión confusa.

Que Ana y Mario se cuenten mutuamente en las misivas cosas que ya saben, a modo de información a quien les lee, queda un tanto forzado, aunque también se reconoce la «necesidad» de hacerlo para entender lo que ha sucedido antes y la mencionada utilización de la realidad para crear ficción a conveniencia e interés de los personajes implicados.

En resumen, «Firmamento» es una novela correctamente redactada, emocional, con altibajos de interés, confusa en su redacción, intenciones, y final (los tiempos en los que suceden los hechos, lo que pasó de verdad o no), que  deja con la sensación de algo que pudo ser y no fue.



Otras novelas de Màxim Huerta reseñadas en este blog:

-La parte escondida del iceberg
-La noche soñada
-Una tienda en París
-Que sea la última vez...


***T***

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lunes, 5 de marzo de 2018

Invisible, de Eloy Moreno

Editorial: Nube de Tinta, 2018
300 páginas
15,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

Un adolescente que dice tener el poder de hacerse invisible yace en la cama de un hospital recordando los sucesos que le han llevado allí.

Comentario :

Sería difícil comentar Invisible  sin hacer referencia a las diferencias entre contenido y continente, sin que el hecho de ir dirigida a un público adolescente (está clasificada como juvenil, y se recomienda la lectura a partir de los 12 años) sirva de excusa para cometer errores de forma fácilmente solucionables con una cuidada revisión.

Entre los detalles más evidentes resalta la repetición de conceptos, referencias a cosas que se han hecho o dicho, lo que contribuye a dar la impresión de que falta un repaso en profundidad del texto, decidir qué se dice y cuándo, en qué punto hacer las revelaciones importantes, utilizar la sutileza en lugar de incidir tanto en algo que se anula el factor sorpresa, al intuirse algunas cosas casi desde el principio: el motivo de la «invisibilidad» del protagonista se deduce mucho antes del momento adecuado para causar mayor impacto.

El autor alterna la narración en primera persona de un adolescente, de quien no se dice cómo se llama, con la tercera omnisciente, ambas en presente, párrafos a veces breves, que muestran los puntos de vista de otros personajes, desde familiares a compañeros y profesores del instituto al que asiste, a quienes se refiere con frases descriptivas para acabar, en ocasiones, dotándoles de nombre, sin que tenerlo, o no, parezca deberse a algo concreto, lo que crea cierta confusión.

Están «La chica de las cien pulseras» (Kiri), «El chico con una cicatriz en la ceja» (Zaro), «Ella» (la psicóloga), aunque los personajes principales, quienes tienen algo que aportar a la historia, además del protagonista, son «El niño de los nueve dedos y medio» (MM), la profesora de literatura (el dragón) y Luna, la hermana de seis años del adolescente, a quien siempre se refiere así, la única persona para quien nunca ha sido invisible, por lo que hubiera sido lógico, para destacarla, que fuera la única con nombre.

La profesora de literatura (la elección de asignatura no parece hecha al azar), protagoniza varios de los mejores pasajes de la novela, desde algunas «charlas» con su otro yo dragón, las ocasiones que este toma el mando («Lo que aún no sabe es que no es ella quien se está tatuando un dragón en la espalda, sino que es el dragón el que ha encontrado un cuerpo sobre el que poder vivir.») y las decisiones, hasta la intensa escena final en la que se erige como heroína de la historia. Pero, sobre todo, brilla en sus clases, cuando habla del significado de palabras como cobarde o empollón:

«—Pero imaginemos que a ese guerrero, al ver al dragón le entra miedo y sale huyendo de allí, eso sí, como tiene que demostrar su fuerza con alguien, decide pelear con un enemigo más débil, por ejemplo una ardilla.En ese momento se escuchó un «oh» en la clase.—¿Verdad que entonces ya no nos parecería tan valiente?»

«—¿Os imagináis que el doctor que os tiene que operar no estuviera ahí porque de pequeño no paraban de llamarle empollón?, ¿os imagináis que os toca el doctor más vago de su promoción?, o lo que sería ya total, pero que podría pasar algún día… ¿os imagináis que el doctor que os va a salvar es el mismo al que de pequeños vosotros insultabais por estudiar mucho?»

También es interesante la reflexión del protagonista acerca de la diferencia entre héroes y villanos: «Recuerda una frase de una de sus películas preferidas de Batman: «O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para verte convertido en el villano». Sabe que es un héroe porque ha salvado una vida, pero sabe también que es un villano porque ha estado a punto de acabar con esa misma vida.»

Relacionado con esto, llama la atención cómo se «analizan» (quizá de forma algo superficial, pero comprensible) las similitudes entre víctima y verdugo, y los motivos que pueden llevar a este último a actuar como lo hace, intentando, de alguna manera, comprender su actitud. Que la obra finalice cuando se conoce el cómo y el porqué ha acabado en protagonista en la cama de un hospital, sin plantear algún tipo de solución a lo sucedido, es un acierto.

En resumen, Invisible es una novela que tiene buenas ideas, sin ser originales, con una parte de misterio que impulsa a seguir leyendo para conocer la resolución de la historia, que envía un mensaje claro y directo, impactante, eficaz, hace reflexionar y hasta emociona en algunos momentos, lastrada por la falta de revisión de un texto que quizá funcionaría mejor si estuviera redactado de forma más «limpia».


Otras novelas de Eloy Moreno reseñadas en el blog:

- El bolígrafo de gel verde

- Lo que encontré bajo el sofá


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lunes, 26 de febrero de 2018

Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa
Manuel Vilas
392 páginas
Editorial Alfaguara

 
Argumento:

El autor rememora la figura de su padre (y la de otros miembros de su familia) y hace reflexiones sobre la familia y la muerte.


Comentario:

Otra nueva muestra de la moda de la "autoficción" y de la nostalgia. La excusa de la muerte del padre del autor sirve a este para realizar todo tipo de reflexiones sobre el paso del tiempo y sus estragos. Paralelamente, se realizan diversos flashbacks, a veces en torno a fotografías (que se reproducen en el libro) contando la vida de sus padres, su infancia, diferentes vivencias, recuperando una parte de la memoria histórica española, con la cual mucha gente de su generación puede sentirse identificada. Supongo que con eso juegan estas historias "nostálgicas", aunque a mí me cansa un poco tanta mirada al pasado.

La prosa tiene momentos de brillantez, pero a mí no me compensa el aburrimiento del continuo lamento del autor, y las vueltas que da en torno a su duelo y a los pensamientos derrotistas, autodestructivos y negativos que este le provoca. En realidad, no diría que se trata de una novela. No tiene una trama definida. Es más bien una especie de escrito catártico donde el autor vuelca su sufrimiento y su nihilismo ante el hecho inevitable de la muerte, el paso del tiempo que todo lo destruye y la propia fragilidad de los lazos familiares (incluso con sus hijos, a los que ama pero que se portan de modo indiferente con él, como parte de la "ley de vida" del crecimiento y la conquista de la autonomía personal).

Dado el carácter un tanto caótico del libro, en él tienen cabida cosas tan diversas como los pensamientos del duelo anteriormente mencionados y anécdotas extrañas como la asistencia del autor a un evento con los reyes de España, y las reflexiones que esto le suscita, o su abandono de la docencia. El tono es gris, o más bien negro, como cabe esperar de un relato sobre la desaparición de los padres y otros miembros de su familia, de todo un mundo, en suma, el mundo idealizado de la infancia.

En cierto modo, este libro me recuerda al primer tomo de "Mi Lucha" de Karl Ove Knausgard, que también es una autoficción que toma como punto de partida la muerte del padre para enhebrar anécdotas y vivencias del pasado con otras del presente, y diversas reflexiones sobre la muerte, sin embargo, y no sé explicar muy bien la razón, la obra del noruego, aun siendo mucho más larga, me resultó más entretenida.

En algunas críticas dicen que esta historia de Manuel Vilas es una "obra maestra". Para mí no, aunque no niego que tiene algún párrafo de alta calidad. Eso sí, el estilo no es de mis favoritos, con ese abuso de las repeticiones retóricas y poéticas, que en su justa medida puede ser bonito, pero la mayor parte de las veces cansa, agota incluso.

En resumen, un libro de autoficción y catarsis, una cura para el autor, respetable y quizás necesaria, donde saca lo más negro de su alma, bien escrito, pero algo caótico y quizás repetitivo, con una temática que no me atrae. He tardado un montón en terminarlo porque me daba pereza ponerme a leer. Eso no quiere decir que no pueda gustar a otras personas.

Algunos fragmentos
Madrid es bonito.
Madrid lo ha sido todo en este país, aquí está todo. Mi padre vino varias veces a Madrid. Todos los españoles de las provincias fueron alguna vez a Madrid. En eso, Madrid fue cruel. La gente de las provincias se asustaba de que Madrid fuera tan grande.

Mide el tiempo que dura el saludo a los reyes de España. Lo mide con su cronómetro. Son seis segundos y noventa y dos centésimas de segundo. Ese el el tiempo concedido a cada invitado.

Sin embargo, me trajo una bata. Me ragaló una bata. Cuando llevé la bata al piso me eché a llorar. No la había comprado él, naturalmente;la había comprado mi madre. En aquella bata azul marino, de algodón, recia para el invierno, estaba contenida toda la ternura de mi madre. Esa bata era el símbolo del arraigo. Y sin embargo, tenía que depositar esa bata en una habitación extranjera, en un lugar hostil.

La mesa en la que escribo está llena de polvo, al ser de cristal el polvo consigue su reflejo, su imagen bajo la luz. Es como si las cosas se casaran con el polvo de esta casa. Hay polvo en los bordes dorados de la tostadora, allí el polvo también se hace visible. Hay sitios en los que el polvo no puede impedir su visibilidad; allí es donde puedes acabar con él: destruirlo, borrarlo de la faz de mi casa. No me siento capaz ni instruido para limpiar todo ese polvo, y eso me desespera y me conduce a pensamientos neuróticos sobre la miseria. Hay polvo hasta en el radiador toallero del cuarto de baño, y se fusionan calor y polvo, como en un matrimonio de conveniencia, como en aquellos matrimonios de  los reyes del siglo xvi que fundaron la civilización occidental.

Por otra parte, los hechos terribles son decisivos a la hora de que nuestra vida pueda ser contada, narrada. Sin hechos terribles, o simplemente hechos, acciones, que pase algo, nuestra vida no tiene historia ni trama, y no existe.

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lunes, 19 de febrero de 2018

La Ofrenda, de Gustavo Martín Garzo

La Ofrenda
Gustavo Martín Garzo
302 páginas
Galaxia Gutenberg, S.L.


Argumento:

Una enfermera responde a un anuncio para trabajar cuidado a una señora mayor en la isla de Madagascar. Al llegar allí descubre que la anciana esconde un alucinante secreto...


Comentario:


La novela está dividida en varias partes, cada una de ellas con un narrador distinto. En la primera, escrita en segunda persona, algo bastante insólito (aunque ya usado por varios autores, como Perec, por ejemplo), se nos cuenta la llegada de la protagonista a la isla y su toma de contacto con lo que allí hay. El recurso a la segunda persona provoca sensación de misterio y extrañeza, bastante adecuado a lo que se narra. También las descripciones, poéticas en ocasiones, contribuyen a armar esa ambientación que nos prepara para lo que parece una aventura fuera de lo común, exótica, casi irreal.

Después, continúa un diario (en primera persona, obviamente) donde la protagonista nos cuenta sus experiencias en la mansión de Rose, la señora que tiene que cuidar. Esta parte me ha recordado un poco a "Otra vuelta de Tuerca" de James, salvando las distancias, más que nada por el tono y por el carácter quizás dudoso y no fiable de la narradora que cree en la existencia de un hombre pez que ronda por el sistema de piscinas y canales de la casa.

La historia se desarrolla a lo largo de varias décadas, con un gran salto temporal al final que sirve como explicación de lo anterior.

La prosa, buena, con algunos resplandores líricos, logra crear una atmósfera adecuada, plena de incertidumbre, inquietud y misterio, aunque el autor tiende, en ciertas partes de la novela, a dispersarse con prolijas descripciones tanto de lugares como de hechos y de pensamientos, que recargan y ralentizan.

La trama, más sencilla de lo que parece, lleva en cierto modo a engaño, ya que el tema del hombre pez, a mi modo de ver, no es más que un simbolismo para hablar de otros temas. Siendo así, la resolución me ha parecido demasiado previsible, y el desarrollo algo plano.

Volviendo al simbolismo, el hecho de que el autor se recree tanto en los sentimientos, deseos y temores de la protagonista y sus relaciones con diversos hombres (del pasado y del presente), y el de que varios de sus relatos se revelen al  final como fantasías o hechos no del todo ciertos o dudosos, hace pensar en que el verdadero tema es cierta visión de la feminidad y su atracción problemática por la Bestia (lo masculino). De este modo se combina la acción, propia de una película de serie B (como El Monstruo de la Laguna Negra, o la mucho más reciente "La forma del agua" de Guillermo del Toro), con indagaciones en la psique femenina profunda, en las relaciones de dependencia, en el sentido del amor, usando el agua y la forma animalesca como metáforas.

Si hubiera sido más corto me habría gustado más, eso está claro. La dispersión y la reiteración  no ayudan a una lectura fluida. Ciertamente, el nivel literario está un poco por encima de otras propuestas, y desde luego, muy por encima de como hubiera sido si el autor llega a decantarse por un desarrollo o trama tipo bestseller, pero a veces se hace un poco pesado ver a la protagonista elucubrando sobre el supuesto hombre pez, los canales, las misteriosas construcciones, la torre secreta, los juegos con las naranjas y demás, una y otra vez.

En resumen, una lectura un tanto extraña, tanto por la temática como por sus simbolismos, con una prosa correcta, una atmósfera misteriosa lograda pero una trama endeble y que no ha terminado de convencerme (y no sé muy bien por qué, qué es lo que más me falla). Con todo, no es un mal libro.


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lunes, 12 de febrero de 2018

Con el traje de los domingos, de Bernice Rubens

T.O.: Sunday Best, 1971
Editorial: Alba, 2017
Colección: Rara Avis, 35
Traducción: Íñigo F. Lomana
192 páginas
18,50 €

Argumento:

George Verrey Smith, un maestro de cuarenta y dos años, casado durante diecisiete años con Joy, dedica los domingos a vestirse y maquillarse como una mujer.

Comentario:

Aunque la novela trata otros temas de importancia, como son el racismo, la pederastia,  lo malos tratos físicos y psicológicos dentro de la familia, la hipocresía social o el asesinato de un miembro de la comunidad, todos ocupan un lugar secundario, al servicio del retrato de la personalidad del protagonista, George Verrey Smith, dividida en tres partes, dos de ellas, de muy distinta longitud, narradas en primera persona por él mismo.

En su narración, definida por él como novela, y como confesión, George se dirige a un público que no concreta, para contarle los hechos ya sucedidos. Llama la atención este uso del  plural, no tan claro en inglés, así como la decisión de hablar de sí mismo en masculino, dadas las circunstancias, algo que se entiende tras leer la conclusión de la historia. Además, Verrey Smith no duda en mentir, ni en admitirlo, o que hace trampas, hablando de unas cosas para evitar otras. También se propone no mentar temas dolorosos, como la relación con su difunto progenitor, siendo incapaz de cumplirlo casi de una frase a la siguiente, obsesionado con lo ocurrido en su niñez.

La relación de George con ambos progenitores es recurrente a lo largo de la novela, desde los malos tratos físicos y psicológicos por parte de él, tanto al hijo como a la esposa, al fanatismo religioso de la madre, quizá como explicación a la tendencia del chico a vestirse de mujer, si bien el protagonista deja clara la intención de las palizas, sugiriendo que esta preferencia era anterior al «tratamiento»: «Haré de ti un hombre», me gritaba. Durante muchos años pensé que se lo decía a sí mismo. Hasta que me obligó por primera vez a darme esa ducha fría, mientras él iba y venía del jardín con las manos llenas de nieve para restregármela por el cuerpo. Y, cuando temblaba, me pegaba y me decía que parecía una mujer. Fue entonces cuando empecé a odiarlo.

Curiosamente, aun con los dramas familiares y la narración subjetiva, George resulta desagradable, y reconoce serlo, desde el desprecio a Joy, la esposa a quien ni ama ni respeta, hasta su carencia de empatía hacia vecinos y compañeros de trabajo (muchos le odian o desprecian), con situaciones a las que reacciona de formas entre absurdas y surrealistas, dando un toque de humor a la obra.

Especial interés y simbolismo tiene el último capítulo de la primera parte, en el que se celebra el funeral de un vecino y sirve a George para hacer su propia y emotiva ceremonia de reconciliación y entierro y comenzar una nueva vida: «Y, justo en ese instante, Verrey Smith murió dentro de mí y yo salí de la capilla anónimo y desconocido, pero en paz.»

Es en la segunda parte, relatada en tercera persona y protagonizada en su mayor parte por Emily Price, donde consigue cambiar la impresión  causada. Alternando los puntos de vista de Joy, destrozada tras la desaparición de George, al punto de descuidar la casa en su ausencia, el de un policía convencido de que Verrey Smith es el autor del asesinato del señor Parsons, uno de sus compañeros de trabajo, y el de la propia Emily, todo parece confabular para impedir que ella sea libre.

Si bien la trama policial es un aliciente más para continuar la lectura, deseando saber cómo se resolverá el enredo, lo más importante es el nacimiento y primeros pasos de una Emily insegura, tímida, asustada, en lucha con su otro yo, un George cuya ropa conserva e incluso se pone en ocasiones: «De pronto, se sintió doblemente atrapada. George Verrey Smith la había dejado atrapada dentro de Emily Price y esta, a su vez, lo había atrapado a él. No resultaría fácil escapar de ninguno de los dos.»

Emily es encantadora donde George es desagradable, empatiza con Joy donde su marido la desprecia, piensa y siente de modo distinto (femenino), es, de alguna manera, más humana, y hasta consigue que él resulte, al final, menos desagradable, por medio de esa difícil convivencia a la que están obligados.

En resumen, «Con el traje de los domingos» es una novela muy bien escrita y desarrollada, a veces sutil, profunda, intensa, con pasajes de un humor casi surrealista, que propicia la reflexión y a la empatía (¿quién no ha sufrido algún tipo lucha interior, incomprensión o rechazo social o personal?), el estudio psicológico de una persona que se siente confusa y necesitada de pagar por aquello de lo que se sabe culpable.


***T***


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lunes, 29 de enero de 2018

Homo Lubitz, de Ricardo Menéndez Salmón

Homo Lubitz
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
239 páginas

Argumento:

Según la contraportada: "Richard O’Hara aguarda en un hotel de Shanghái la firma de un contrato entre el Gobierno de China y las farmacéuticas occidentales que lo convertirá en un hombre rico. Tras su estancia en Asia, recibe un extraño encargo: hallar el paisaje que aparece en una vieja fotografía. Obsesionado por esa imagen, emprenderá entonces un viaje alrededor del planeta en compañía de una mujer llamada Amanda. En este thriller vertiginoso, en el que los accidentes juegan un papel decisivo, los vampiros son coleccionistas de arte y el cineasta David Cronenberg explica cuál es el verdadero espíritu del siglo xxi, Ricardo Menéndez Salmón muestra su confianza en la ficción literaria como instrumento para interpretar nuestro mundo."


Comentario:

En primer lugar, hacer notar lo poco que encaja la descripción del argumento de la contraportada con lo que realmente contiene el libro. Lo del thriller vertiginoso es especialmente sangrante. Porque ni es thriller ni es vertiginoso. Bien, no voy a negar que cuando leí eso no me lo creí ni por un minuto, sabiendo quién era el autor.

 En efecto, la débil trama, por llamarla de algún  modo, es una mera excusa para enhebrar frases y párrafos "bonitos", en teoría artísticos, pero que, en general, no encierran un contenido real si se analizan. Todo eso podría tener un pase si buscamos el arte por el arte, la belleza por la belleza, la metáfora, etc, pero es que hasta en eso me parece que flojea con respecto a obras anteriores.

El título hace alusión a Andreas Lubitz, piloto tristemente famoso por haber estrellado un avión en los Alpes, y por el cual el protagonista parece sentir cierta fascinación. En realidad, se nos dice que le gustan los accidentes. Al final, también hay una película que narra el accidente de los Alpes, dirigida nada menos que por David Cronenberg, que hace una aparición estelar para darnos su visión del arte, la vida, etc.

Los personajes de esta novela tampoco tienen mucho fondo que digamos. El protagonista, O'Hara, tiene como misión poner una especie de vacuna a los chinos para eliminar su intolerancia a la lactosa (sí, tal cual), cosa que luego resulta formar parte del plan de un tal Control, cuyas disquisiciones sobre la vida eterna y la inmortalidad, nos hacen pensar en una especie de vampiro, aunque esto tampoco tiene relación con lo demás. Luego hay un viaje para buscar un paisaje de una fotografía o algo por el estilo, en compañía de una señora mayor llamada Amanda, cuyo sentido se me ha escapado.

Como dije antes, la trama es una excusa. El autor engarza reflexiones, parrafadas, descripciones... que no van a ningún lado. O quizás es que el sentido está tan escondido que no lo he visto. Me gustaría saber qué quiso expresar el autor con este libro. En algunos comentarios he leído que se trata de una "radiografía del hombre contemporáneo", pero de verdad, no lo he captado.

Eso sí, es tan breve que no se hace pesado, si es que uno se olvida del argumento y busca solo deleitarse con alguna frase o pasaje destacables, aunque estos no son tan abundantes como en otras novelas. De hecho, cuando lo comencé a leer pensé que, en verdad, RMS se había pasado al thriller, por el estilo de escritura. Sin embargo, conforme pasan las páginas se vuelve al estilo típico del autor (más diluido, me ha parecido)

En resumen, un libro difícil de valorar y seguramente muy bueno... si uno comprende lo que quiso decir el autor, pero un galimatías de elementos inconexos para todos los demás...


Algunos pasajes
Un sentido siempre complejo de acatar, y que apuntaba a satisfacer la vieja, reiterada, inexpugnable pregunta que también sólo a él correspondía responder: cómo llenar de motivos un tiempo sin pausa, cómo sobrevivir al tedio inenarrable de una vida sin final. En aquella labor de exhumación que no terminaba nunca, remontándose de época en época, hacia atrás en los almanaques como un cangrejo que invirtiera la flecha del tiempo para atrapar con sus pinzas no un omega de la restitución sino el alfa del reconocimiento, aquel pozo profundo aceptaba haberse escudado en alias de todo tipo, en climas tan variados como extremos, tras la máscara de lenguas tan ajenas entre sí como el urdu y el rumano, coetáneo de nombres que hoy eran mármoles imperecederos en los museos del asombro, los Alejandro y Constantino de cada ciclo humano, para regresar al misterio sin solución de cuándo el niño del desierto se convirtió, por obra y gracia de un suceso aberrante, celosamente oculto, de un don no presentido ni anhelado, otorgado sin causa ni disculpa, en el anciano sin edad condenado a no morir, a resistir cada impulso de demolición del tiempo y, con él, a padecer la inmortalidad de los afectos, el agravio más duradero.


El estreno mundial de El cielo se desploma tuvo lugar en el Lido de Venecia el día 1 de septiembre del año 2026. Fue la película escogida para inaugurar la edición número 83 de la Mostra. Vestido de negro, con su cabello plateado sobre la frente poderosa y despejada, su director, el canadiense David Cronenberg, mostraba un aspecto envidiable a sus ochenta y tres años. Pero se le veía irritado. La prensa había abucheado su trabajo. Los críticos de medio mundo habían abandonado la proyección aturdidos y enfadados. En el mejor de los casos, desconcertados.


Cronenberg manipuló el precinto de la botella de agua y al hacerlo salpicó la mesa, los papeles, el micrófono de la intérprete. No fue torpeza. Pareció nerviosismo. Si El cielo se desploma hubiera sido un éxito, la sala habría reído ante aquel acto fallido. Pero nadie se movió con simpatía en su asiento. Nadie se permitió un suspiro de placer ni de alivio. Nadie miró al director con benignidad a pesar de sus ochenta y tres años de edad y de sus magníficas obras, a pesar de lo que su trayectoria representaba para la historia del cine. Como si la rotura del precinto del agua fuera un mal augurio, un silencio incómodo y espeso se derramó entre el público. Mientras, la intérprete sonreía con fijeza de máscara. La risa tiraba de sus labios hasta regalarle una mueca triste, el rictus de una muñeca con la que nadie juega. Más de uno deseó que se pudiera rebobinar la escena. Que Cronenberg volviera a manipular con más tino la botella de plástico. Que el director y la intérprete volvieran a entrar en la sala. Que, piadosa y discretamente, El cielo se desploma nunca hubiera sido filmada.


La voz de Cronenberg expresó su convencimiento de que Andreas Lubitz era un síntoma. Y de que él, Cronenberg, había filmado síntomas durante toda su vida de cineasta. Síntomas del calvario y del éxtasis. Síntomas de la enfermedad y de la violencia. Síntomas de las nuevas parusías. La voz de Cronenberg puntualizó que Andreas Lubitz era el síntoma de una enfermedad que se llevaba gestando hacía muchísimo tiempo en el organismo occidental, largos años de ausencia y deterioro, una época espléndida y a la vez inocua. Ese síntoma, precisó la voz de Cronenberg, era la angustia ante el vacío. Cronenberg dijo que consideraba a Andreas Lubitz un enfermo de nihilismo, pero sin el cariz romántico de los primitivos nihilistas, los jóvenes rusos que se inmolaban en aras de un futuro mejor. No. Andreas Lubitz era un nihilista del narcisismo, un hombre débil y estúpido que quiso jugar a ser dios, cualquier dios, y que al poner en cuarentena los panteones nos hizo percibir la aterradora presencia del vacío. Un vacío tanto más implacable en la medida en que transparentaba un cúmulo de decisiones egoístas: falta de reconocimiento y éxito, deudas de dinero, la puesta en duda de una personalidad. La sala contenía el aliento. Venecia no estaba preparada para la filosofía. No el día 1 de septiembre del año 2026, con aquellas mujeres hermosísimas vistiendo trajes de diez mil dólares, con aquella suave luz enmarcando la Laguna como una joya imperecedera, con aquella procesión de inane esplendor que los actores, las actrices, su fama breve y brutal, la fama de los idiotas y de los muertos, irradiaba en torno suyo como flecos de un cometa que se desintegra. Por eso O’Hara sintió que Cronenberg hablaba sólo para él, que esa conversación había comenzado en una cafetería de Nueva York en marzo del año anterior, cuando en un ejemplar atrasado de Variety la noticia del rodaje de cierta película había llamado su atención.


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lunes, 15 de enero de 2018

Basada en hechos reales, de Delphine de Vigan

D'après une histoire vraie
Delphine de Vigan
Traducción: Javier Albiñana
344 páginas
Editorial Anagrama

 
Argumento:

La escritora Delphine de Vigan, después de su gran éxito con la novela "Nada se opone a la noche", sufre un bloqueo creativo. Es incapaz de escribir una palabra más. Entonces aparece L., una mujer misteriosa que, poco a poco, va ganándose su confianza. Pronto L. se manifiesta como un acicate para retomar la escritura.


Comentario:

Lo cierto es que el argumento prometía: una intriga literaria bajo la premisa, un tanto tópica, del bloqueo de escritor, con dos personajes femeninos en confrontación y ambigua amistad (dependencia, atracción, obsesión, etc), pero pronto la novela muestra sus debilidades.

En primer lugar, se juega con la dicotomía realidad/ficción. Las dos mujeres, una novelista, la otra "negra literaria", de origen e intenciones misteriosas y oscuras, mantienen conversaciones sobre este asunto, que al principio son interesantes, pero luego se hacen repetitivas. Dan vueltas siempre sobre lo mismo, sin aportar ideas realmente rompedoras, quedándose un poco en lo convencional. L. mantiene que el lector busca sobre todo "verdad" en la literatura, y en todo momento trata de que Delphine retome esta vía ya abordada en su exitosa autoficción "Nada se opone a la noche", que narra la vida de su madre, es decir, novela hechos reales. Esta novela, curiosamente, sería lo contrario: hacer pasar por real algo que es ficción, utilizando la propia biografía, familia y entorno de la autora. Incluso se menciona a sus hijos y a su pareja, François (conocido en Francia por sus programas en la TV sobre literatura).

Así pues, la historia se plantea a la vez como una reflexión metaliteraria sobre la creación, la autoficción, la realidad, la ficción, etc., y como una intriga que incluso recuerda a las de las novelas de género (hay citas de libros de Stephen King, con esto ya está todo dicho) que parece que va a revelarnos las inquietantes aproximaciones de L. y su rápida toma de posesión sobre Delphine, a la que llega a sustituir en un evento literario, y su existencia. Las citas del famoso autor americano (de Misery y de La Mitad Oscura) dan pistas acerca del argumento e incluso hasta, en cierto modo, de la resolución de los enigmas, pero incluso no conociendo estas novelas, fácilmente se adivina el final, que resulta, por cierto, al menos para mí, muy insatisfactorio.

Desde la mitad de la novela, más o menos, se empieza a desinflar todo el invento. Las charlas y encuentros de L. y Delphine se repiten, se estanca el ritmo, y cada vez vamos sospechando más lo que se avecina. Ciertamente, el argumento no da para tantas páginas. Y cuando se produce el desenlace, la autora opta por lo más fácil, por la ambigüedad, aunque literariamente puede que sea lo que mejor funcione, sobre todo, en relación con el "mensaje" y el tema. Sin embargo, yo diría que la novela en general se queda a medio camino en todo, como intriga y misterio, más que nada, pues esperas que haya algún giro o algo, y ahí sigues esperando... Como dije antes, funciona mejor como novela literaria sobre la "verdad" de los autores y sus creaciones.

En cuanto a la prosa y aspectos técnicos, me ha parecido bastante sencilla, salvo algunos fragmentos más brillantes, puntuales, generalmente relacionados con las reflexiones. No es difícil de leer. Por lo extravagante de las relaciones entre L. y Delphine me ha recordado un poco a algunas novelas de Amélie Nothomb pero sin ese toque surrealista y humorístico de la belga (habría sido de agradecer un poco de humor, pero bueno, Delphine es más seria). Al parecer, hay una película dirigida por Roman Polanski sobre esta novela, protagonizada por Emmanuelle Seigner y Eva Green (que por cierto, no pega nada para el personaje de L, o al menos, yo no me la imaginaba así en absoluto...).

En resumen, una novela  que pese a hablar de literatura, creación, relaciones entre ficción y realidad, y ese tipo de temas un tanto intelectuales no resulta ni cargante ni ardua, se lee con interés por la intriga de conocer el devenir de la relación entre dos mujeres relacionadas con la literatura, pero al final, es una especie de reflexión sobre la autoficción, los fantasmas del escritor, la verdad, la creatividad... sin que destaque ni como alta literatura ni como novela de género misterioso. Correcta sin más, con algún buen y destacable momento.

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miércoles, 3 de enero de 2018

Mini reseñas: especial librerías: Penelope Fitzgerald, Mónica Gutiérrez y Petra Hartlieb



La librería, de Penelope Fitzgerald
The Bookshop, 1978
Editorial: Impedimenta

Argumento:

La señora Green compra un local para abrir una librería. La señora Gamart trata de impedirlo.

Comentario:

Quizá el principal «problema» de «La librería» sea la forma en que está relatada, contando los hechos externos (la compra de la librería, la descripción del edificio, la diferencia entre el dinero que invierte en material y lo que gana con las ventas), como si fuera una excusa para contar el desacuerdo entre la librera, Florence Green, y Violet Gamart, con el uso que se va a dar al lugar:   «…estamos todos algo alterados por la repentina transformación de nuestra Old House en una tienda; somos tantos los que teníamos la idea de convertirla en algún tipo de centro… Quiero decir, un centro artístico… para Hardborough.».


Apenas se incide en los pensamientos, emociones ni personalidades de los personajes, a quienes no se llega a conocer, aun menos empatizar con sus problemas. Nunca hay un enfrentamiento real entre ambas mujeres (la señora Green tiene una actitud pasiva, no parece enterarse de lo que ocurre a su alrededor), y  personajes como Christine Gipping, la niña que trabaja para ella, o Edmund Brundish, el único apoyo de Florence, quedan desdibujados, sin aprovechar su potencial.

Apenas quedan claros los motivos, que podrían parecer caprichosos, para algunos hechos y que el negocio sea una librería es irrelevante, cualquier otro negocio hubiera resultado igualmente inadecuado para la señora Gamart.  Por supuesto, de literatura apenas se habla.

Isabel Coixet ha dirigido una película basada en la novela, protagonizada por Emily Mortimer (Florence Green), Patricia Clarkson (Violet Gamart), Bill Nighy (Edmund Brundish) y Honor Kneafsey (Christine Gipping) en los principales papeles. Al parecer, hay varios cambios respecto a la novela. La Librería ha ganado tres premios Goya: a mejor guión adaptado, dirección y película.








La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez 
Editorial: Amazon

Argumento:

Agnes Martí, arqueóloga en paro, encuentra trabajo, casi sin querer, en la librería del señor Livingstone.

Comentario:

«La librería del señor Livinstone» podría dividirse en dos 
partes. Mientras la dedicada a la librería resulta fresca, interesante, con personajes excéntricos y peculiares (deja con ganas de saber más del escritor residente, y lo que escribe, y 
sobre la señora Dresden), incluida la propia librería, cuya descripción (romántica e idealizada) logra que den ganas de ir a trabajar allí, o a que el señor Livingstone te recomiende algo para leer.


Sin embargo, cuando la historia sale de la librería y, sobre todo, se centra en la parte romántica, hacia la mitad de la obra, se vuelve más tópica y previsible, con algún romance (hay hasta tres) instantáneo y poco convincente, uno de ellos en especial no aporta nada a la novela.

Más interesantes son los juegos de palabras, bromas y conversaciones sobre obras muy conocidas, aunque llega un momento en el que llegan a abrumar, como también sucede con las descripciones y menciones de algunos lugares, a veces con un ligero tono «wikipedia».

Flojea en los conflictos, con soluciones demasiado fáciles, sin complejidad ni verdaderas complicaciones, quizá como consecuencia de tratarse de una novela «feelgood». El final es un tanto precipitado, con una resolución rápida y, en algunos aspectos, poco satisfactoria.

En conjunto se trata de una lectura amena, entretenida, bien redactada (apenas se detectan erratas. Ese Lawrence en referencia a Laurence Olivier y poco más), que deja con las ganas de tener una librería  como Moonlight Books.



Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb
Meine wundervolle Buchhandlung, 2014
Editorial: Periférica

Argumento:

Petra Hartlieb y su marido se enamoran de una librería y deciden comprarla y hacerse cargo del ngocio.

Comentario:

Resulta difícil creer que la autora lo sea también de novelas de misterio (en colaboración con otro autor), además de librera y lectora habitual, y haya escrito una obra tan inane y carente de interés.

El desarrollo muestra la carencia de una estructura definida, que organice la obra de alguna manera, ya sea por  el orden que suceden los hechos (reales) que relata (ver el local, decidir comprarlo, contratar empleados, etc, que se mencionan en cualquier momento, sin una motivación concreta), o por temas (clientes, lecturas, adquisición de ejemplares…), lo que produce una sensación de caos y confusión y perjudica la lectura al no encontrarle coherencia ni fluidez.

Las (seudo) anécdotas están contadas en un estilo inane, torpe, carente de ingenio. Tampoco son interesantes, o quizá se debe, precisamente, a cómo las relata. Es de lamentar, en especial, cuando habla de presentaciones de libros de autores más o menos conocidos.

Los personajes (muchísimos) no existen, hasta el punto en que la mayoría de ellos son meros nombres y funciones. ¿Se dice en algún momento cómo se llaman los hijos?

La autora/protagonista es quejica y victimista hasta la exageración, sobre todo teniendo en cuenta lo bien que les sale casi todo, con ayudas desinteresadas de personas que casi no conocen, préstamos, empleados que encuentra casi milagrosamente etc...

En resumen: 
«Mi maravillosa» librería es de esas obras que dejan con las ganas de no poner nunca una librería, por mucho que guste la literatura.


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)