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lunes, 16 de julio de 2018

El que susurra, de Malenka Ramos

Editorial: Ediciones B, 2018
510 páginas
19,90 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

El fallecimiento de la pequeña Penny es el inicio de una serie de sucesos extraños que afectan tanto a su familia como al resto del pueblo, Point Spirit.

Comentario:

En ocasiones resulta difícil evitar la comparación entre distintas obras de un autor, en especial si pertenecen al mismo género, lo que puede acentuar, o no, las similitudes de todo tipo, sobre todo si se reseñan ambas, como ocurre con «El que susurra» y la anterior novela de su autora, «Lo que habita dentro».

En el comentario de «Lo que habita dentro» se mencionaban varios «defectos»: repetición de sucesos, en resumen y desarrollados; exceso de escenas dramáticas y de terror, con el riesgo de perder efectividad; pasajes demasiado largos que ocasionan altibajos de ritmo e interés; ambientación poco convincente que dificulta «ver» Galicia como escenario de la acción; personajes efectivos pero sin gran profundidad en su caracterización… Pero, sobre todo, una similitud demasiado evidente con la novela It, de Stephen King.

En «El que susurra», aun con un exceso de capítulos destinados a inquietar y crear intriga (se insiste demasiado en lo de la marioneta, que no aporta nada a la historia), se prescinde de los resúmenes explicativos y la autora crea escenas que hacen avanzar la narración, ya sea en la presentación de los personajes y las relaciones entre ellos (varias de ellas románticas) o en el desarrollo de la intriga, abriendo distintas opciones que impulsan a seguir leyendo para averiguar qué pasará a continuación, cómo se resolverán las situaciones planteadas.

La ambientación es convincente, al punto de creer que la novela se desarrolla en un pueblecito estadounidense, Point Spirit, cuya historia es parte imprescindible para entender lo que sucede y a quienes, con distintos escenarios bastante logrados y hasta una investigación, bastante sencilla, en la que casi todo se averigua con facilidad y poco esfuerzo por parte de los protagonistas.

Aunque hay muchos personajes secundarios (en su mayoría sobrantes, se podrían eliminar sin afectar a la historia que se relata), cuya única finalidad es la de protagonizar escenas truculentas, con exceso de información sobre ellos, en esta ocasión destacan los personajes principales, las mujeres de la familia Morelli y los hombres que las rodean e intentan ayudarlas y protegerlas, cuyas detalladas biografías, que incluyen emociones, contradicciones y dilemas de diversa índole, contribuyen a crear empatía e interés por sus vidas.

Si en «Lo que habita dentro» las similitudes con «It» eran evidentes, en «El que susurra» las referencias son más vagas, menos identificables, aunque la mayoría de las situaciones recuerdan a novelas y películas del género (el origen de lo que pasa), sin que resulten sorprendentes u originales, aunque, eso sí, están bien integradas, se nota que todo tiene un sentido y una razón de ser y que la autora ha escrito una novela bien estructurada y pensada, destacando de otros autores españoles, en su mayoría hombres, que también tienen como referente a Stephen King, por estar dotada de más profundidad e interés, tanto en forma como en fondo.

La relación que se establece entre dos personajes, uno bastante mayor que el otro, recuerda, de alguna manera, a otras obras de la autora, de género erótico, si bien hay marcadas diferencias entre una y otra forma de tratar el tema. En esta novela, se cuestiona desde el primer momento por varios de los personajes, incluido uno de los protagonistas de la trama, que intenta no caer en la tentación, se analiza y, además, son unos sentimientos (mutuos) en gran parte condicionados por un agente externo. El reconocimiento de que no es algo dentro de la norma, el análisis de los pros y contras, los motivos, la reticencia, sugieren respeto y prudencia, marcando distancias con la trilogía «Venganza», cuya primera entrega, «De rodillas», ha sido reseñada en este blog.

En resumen, «El que susurra» es una muy digna historia de misterio y terror, bien redactada y planificada, con personajes interesantes, que maneja los tópicos del género con destreza y eficacia, muy entretenida, con algunas escenas de gran intensidad emotiva y dramática. Se perciben varios intereses de la autora, temas y situaciones comunes a las de la novela anterior (con la que tiene en común más de lo que se aprecia en una lectura superficial), lo que puede ser bueno, al crear un mundo propio, o un problema a la hora de sorprender con los giros argumentales. En cualquier caso, la evolución es notable, y deja con las ganas de leer más obras de Malenka Ramos.


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)



lunes, 9 de julio de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker

T.O.: La Disparition de Stephanie Mailer
Editorial: Alfaguara, 2018
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
650 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Una conversación entre la periodista Stephanie Mailer y  Jesse Rosenberg, un policía a punto de jubilarse, hace que se reabra un caso de asesinato ocurrido veinte años atrás, bajo la sospecha de que no se halló al verdadero culpable.

Comentario:

«La desaparición de Stephanie Mailer» se antoja una novela desmedida, irreflexiva, demasiado extensa, en la que el autor pone demasiado de todo, desde personajes a tramas, o a giros más o menos sorprendentes, lo que ocasiona un ritmo irregular, lleno de altibajos de interés muy marcados.

Gran parte de la historia se ocupa del cuádruple crimen ocurrido casi dos décadas atrás, centrada tanto en la investigación realizada en la actualidad como en los flashbacks que relatan cómo se llevó el caso entonces. Estas incursiones en el pasado, además de irrumpir de forma abrupta son innecesarias, al menos tan desarrolladas, y se agradecería un resumen mucho más conciso, que aligeraría tanto la lectura como el número de páginas.

La narración hace especial hincapié en la vida de uno de los protagonistas, Jesse Rosenberg, y en lo que sucedió con su novia, Natasha (de tal previsibilidad que sorprende la cantidad de páginas que se le dedican, tanto a tratar de hacer que parezca un misterio como a evitar decirlo), sin que ni así se consiga despertar empatía o simpatía por Jesse, ni por cualquiera de los innumerables personajes que desfilan por la novela con el único afán aparente de evitar que se averigüe quién hizo qué, o no, o por qué.

Y es que hay multitud de personajes con punto de vista, desde policías y sospechosos hasta otros que no tienen implicación con los asesinatos pero gozan igualmente de su correspondiente punto de vista, ya sea en tercera o primera persona, con largos capítulos en los que relatan sus vidas, sin el menor interés y, lo que es peor, sin afectar a la trama principal. Quizá sí, a veces, tienen que ver con la parte metaliteraria, metida casi por la fuerza para que el autor, como en «La verdad sobre el caso Harry Quebert» (con la que comparte varias similitudes, tanto en forma como en fondo), suelte sus reflexiones sobre literatura y crítica, tan superficiales como tópicas, aunque en algunos momentos funcionen.

Los capítulos relacionados con la obra de teatro «La noche negra», su autor, Harvey Kirk  y los intentos de representarla (lleva años de ensayos para elegir el reparto…) o los de Meta Ostrovski y sus contradicciones quizá sean de  los más curiosos de la novela:

«—Desde ayer me tiene obsesionado una idea; me apetece presentarme a la audición de La noche negra. —Y ¿por qué no?—¡Porque es imposible! ¡Soy crítico literario y crítico de teatro! No puedo ser ni escritor, ni intérprete.—Creo que me he perdido, Meta... —¡Hombre, Steven, esfuércese un poquito, por Dios! Explíqueme por qué milagro un crítico de teatro iba a poder actuar en una obra. ¿Se imagina qué pasaría si los críticos literarios se pusieran a escribir y los escritores se hicieran críticos literarios? ¿Se imagina a Don DeLillo escribiendo en The New Yorker una crítica de la última obra de David Mamet? ¿Se imagina qué habría pasado si Pollock hubiera hecho la crítica de la última exposición de Rothko en The New York Times? ¿Se imagina a Jeff Koons desmenuzando la última creación de Damien Hirst en The Washington Post? ¿Puede concebir que Spielberg escriba la crítica de lo último de Coppola en Los Angeles Times? «No vayan a ver esa porquería. Es una abominación.» A todo el mundo le parecería, con razón, escandaloso y falto de objetividad. No se puede hacer la crítica de un arte que se ejerce.Bergdorf, captando el derrotero intelectual de Ostrovski, le comentó entonces:—Técnicamente, Meta, usted ya no es crítico, puesto que lo he despedido.»

La redacción, sin personalidad destacable, demasiado sencilla y convencional, incluso superficial, acompañada de un texto que parece el de un borrador en el que el autor pone casi todo lo que se le ocurre, antes de decidir lo que resulta útil y necesario y eliminar lo superfluo, contribuyen a inflar una novela excesiva en todos los aspecto, desde el mencionado número de páginas al de personajes y subtramas, algo que también parece tener como finalidad enredar tanto los hechos que resulte imposible deducir todo lo sucedido, tanto en el pasado como en el presente.

Afortunadamente, pese a las vueltas que da el autor a lo sucedido tanto en 1994 como en 2013, tiene el suficiente oficio como para lograr que no se pierda de vista quién es quién y su papel (en caso de tenerlo) en la historia, lo que permite adelantarse a los protagonistas en varias ocasiones, pese a lo «tramposo» de algunas situaciones, como el repentino romance sorpresa que se cuenta al final.

En resumen, «La desaparición de Stephanie Mailer» es una novela irregular, a veces entretenida y otras exasperante, excesiva, con solo algunos momentos de interés. Puede interesar a incondicionales del autor o a quienes les gusten los «sorprendentes» giros argumentales (aunque sean a costa de la verosimilitud de la historia: Alice y Steven).


***T***

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lunes, 4 de junio de 2018

La novia gitana, de Carmen Mola

Editorial: Alfaguara, 2018
Colección: Alfaguara negra
408 páginas
19,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El cadáver de Susana Macaya aparece varios días después de su desaparición con indicios de haber sido asesinada de forma similar a como le sucedió a su hermana, Lara, siete años atrás.

Comentario:

«La novia gitana» sigue el esquema habitual de las novelas de su género, un thriller en el que alguien comete una serie de asesinatos usando métodos poco habituales, en este caso unos gusanos que sirven, además, para producir lo que parece una buscada sensación de rechazo, asco y temor:

«Su cuerpo se encuentra lleno de gusanos. Cuando nota que hay uno cerca de los labios, saca la lengua y se lo mete en la boca. Le gusta sentir el cosquilleo del gusano antes de tragárselo. De vez en cuando, aparta los gusanos que tiene en el pie para ver por dónde van en su trabajo de demolición. Ya se nota una hondonada justo antes del dedo gordo. En unos días más llegarán hasta el hueso.»

Narrada en tercera persona y presente, con uso preferente de los puntos de vista de los dos personajes principales (Blanco y Zárate), aunque también, en menor medida, de otros, incluidos muy secundarios, la inclusión de pasajes en cursiva (de los más desagradables de leer de la novela) alternados con el relato de la investigación, de cuya pertinencia no cabe duda, son también parte de las convenciones de este tipo de historias.

La inspectora Elena Blanco no se libra de los tópicos, al ser retratada como una mujer tan seria y eficaz en su trabajo como atormentada (vive obsesionada por algo ocurrido en el pasado) por sus propios demonios, que combate bebiendo grappa y cantando canciones de Mina Mazzini en un karaoke. Zárate, el nuevo, útil para mostrar cómo trabaja la Brigada de Análisis de Casos (BAC), ser el «interés romántico» de la protagonista y con un conflicto entre el deber y el sentimiento, por tener como mentor y figura paterna a Salvador Santos, el policía que investigó el primer crimen, es el otro personaje más desarrollado.

El resto: el equipo de la BAC (Chesca, Mariajo, Buendía, Orduño), Miguel Vistas, encarcelado por el asesinato de Lara, sus abogados (Jáuregui y Masegosa), Moisés y Sonia, progenitores de las dos jóvenes asesinadas, Raúl Garcedo, novio de Susana, su amiga Cintia, y unos cuantos más, están definidos por el rol que interpretan en la historia (sospechosos, testigos etc…).

El desarrollo de la historia sigue los cauces habituales, desde los interrogatorios a personajes sospechosos, conversaciones con familiares, posibilidad de que el asesino de Susana sea el mismo que el de Lara y, por tanto, Miguel Vilas sea inocente del primero, subtramas personales, comportamientos dudosos de algunos personajes que ocasionan nuevos interrogatorios… Y, de fondo, utilizados a modo de posibles motivaciones para los crímenes, aparecen, de forma superficial, temas como la homosexualidad, las diferencias culturales en los matrimonios entre gitanos y payos, el Alzheimer etc...

En resumen, «La novia gitana» es una obra  correctamente redactada, con algunas escenas no aptas para personas sensibles, algo tramposa, previsible, alargada en su última parte, que puede satisfacer a incondicionales del thriller y sonar a algo ya visto (tanto en literatura como en series de TV) a quienes hayan leído unas cuantas novelas de su género (la inclusión de sus tópicos más habituales hace difícil la sorpresa) y, aunque de fácil lectura y entretenida, se hace algo larga.

La escena final, previsible tras cierto hecho, sugiere la posibilidad de una continuidad de las aventuras de la inspectora Elena Blanco, con especial atención a su historia personal, que, al parecer la autora ya está escribiendo, con el título de «La red púrpura».

Mencionar la curiosa estrategia promocional de la editorial, con frases como:

«¿Quién es Carmen Mola? ¿Quién puede escribir de este modo, con una fuerza narrativa casi salvaje, inédita en la novela negra española y que recuerda al Lemaitre de “Irène” y “Alex” y al Easton Ellis de “American Psycho”? » «Como ya sabéis, Carmen Mola es un pseudónimo. ¿Por qué se utiliza el pseudónimo? Benjamin Black y Todd Ritter son autores que utilizan el pseudónimo para diferenciar sus obras. Sin embargo, ¿por qué creéis que lo utiliza Carmen Mola si no tiene obras anteriores?»

Da que pensar cuál es la finalidad tanto del uso de un pseudónimo como de publicitarlo como un valor añadido (que no afecta al contenido de la novela), si ya se dice que la autora no tiene otras novelas, y si, como parece, no hay intención de revelar su identidad. Decir que «La novia gitana» recuerda a la obra de otros autores tampoco suena a algo positivo para ésta, al menos en cuanto se refiere a la creación de algo original o novedoso, más allá de ser española…
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***T***

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lunes, 28 de mayo de 2018

La química del odio, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2018
416 páginas
19,90€
Ebook: 12,99 €

Argumento:

La inspectora jefa Ana Arén se enfrenta a la investigación del asesinato de Mónica Spinoza, duquesa de Mediona, al tiempo que intenta recuperarse de lo sucedido varios meses antes y soportar a un comisario que trata de obstaculizar su trabajo.

Comentario:

«La química del odio» se inicia seis meses después de los hechos narrados en «No soy un monstruo» y, aunque pocas, hace las suficientes referencias a lo sucedido en la novela anterior, y su resolución, como para que sea recomendable leerlas en el orden que han sido publicadas.

Si se compara una obra con otra a nivel formal, da la impresión de que las reiteraciones de información han disminuido hasta un nivel apenas perceptible, aunque sigue «chirriando» la abundancia de puntos de vista, que no se limitan a la protagonista, Ana, o a los personajes conocidos (Neri, Joan), o nuevos, que tengan importancia dentro de la historia (PéBé, Paloma) sino que, además, incluyen a otros tan secundarios que apenas aparecen en una escena, lo que puede crear confusión y la percepción, errónea, de que quizá tengan relevancia en la narración.

Que además la autora incluya multitud de saltos temporales (en esta ocasión sí vienen a cuento los pasajes de la infancia de Ana), párrafos en cursiva y pensamientos, use la tercera persona y la primera, la redacción en pasado y presente, produce una sensación caótica, desconcertante,  al menos hasta que la mente se adapta al ritmo establecido, o crece el interés por lo que sucede en la novela.

En «La química del odio»  también se usa del recurso de advertir que está a punto de suceder algo importante, incluso dramático, que los personajes no pueden ni imaginar, con la finalidad de «enganchar», ese querer saber de qué se habla que impulsa a continuar con la lectura. Lamentablemente, se nota en exceso cual es la intención, y se utiliza demasiadas veces, muchas de ellas con torpeza y sin necesidad, puesto que la historia es lo suficiente atractiva para mantener el interés.

Algo similar ocurre con las maniobras de dilación: cuando un personaje está a punto de hacer una revelación que se sugiere de gran importancia, la autora cambia de tema, incluye parrafadas de naderías, acaba el capítulo y se centra en otras cosas, o lo empieza con el relato de algo que ya ha pasado para luego contarlo poco a poco. Si bien son recursos habituales en el género, cuando, como en este caso, se perciben tan forzados, abundantes y obvios, pueden llegar a provocar lo contrario a lo que se pretende.

En cuanto a los personajes, los que ya aparecían en «No soy un monstruo» (Ana, Inés, Neri, Ruipérez, Charo, Joan, Laura…) tienen sus personalidades ya establecidas. Entre los nuevos destacan, por sus características poco convencionales, el juez Juan Pérez Benítez (PéBé) y la forense, Paloma Marco. La víctima, Mónica Espinoza, duquesa de Mediona, se diría una mezcla de detalles de distintas personas reales, aun sin llegar a profundizar en ella. 

Además, se menciona, quizá a modo de homenaje, y sin dar sus verdaderos nombres, a  compañeras de la autora, como Toñí Moreno, presentadora de Viva la vida, en la novela de Viva la tarde del domingo («En el escenario, una presentadora en zapatillas deportivas despedía a un grupo musical que Ana no supo reconocer.»), o Ana Rosa Quintana, de El programa de Ana Rosa («—Un búnker con sofá —matizó Nori—. Pero el sofá no estaba. Me lo regaló hace un par de semanas Rosana, la presentadora del magazine de las mañanas. No le gustaba el que tenía en su camerino y se ha comprado otro.»)

La novela tiene bastantes similitudes con la anterior, tanto en su estructura como en su desarrollo, incluyendo un test para reconocer ciertas reacciones, al estilo del programa NeuroQWERTY, o en la conclusión. Igualmente se hace crítica de diversos temas, ya abordados en la otra, con el odio como tema principal, lo que «justifica», por ejemplo, la exagerada inquina del comisario Ruipérez hacia Ana Arén.

La complejidad y cantidad de subtramas, posibilidades, personajes y situaciones, que podrían dar lugar a confusión o desorden, se resuelven con habilidad, justificando la inclusión de algunos pasajes, en apariencia sobrantes, durante la explicación final de lo sucedido.

En resumen, «La química del odio», pese a sus «defectos» formales, algunas descripciones en exceso truculentas y semejanzas con «No soy un monstruo» (y otras obras del género) es una segunda novela muy digna, entretenida, bien desarrollada, apenas «tramposa», con capacidad para enganchar, giros argumentales, y una resolución satisfactoria.


***T***


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lunes, 5 de febrero de 2018

El Origen del Mal, de José Carlos Somoza

 El origen del mal
José Carlos Somoza
355 páginas
Ediciones B

Argumento:

Un escritor recibe un manuscrito que narra la vida de Ángel, personaje que se declara muerto. Durante la lectura de las aventuras de Ángel en el Norte de África, el escritor se da cuenta de que hay algunas palabras subrayadas.

Comentario:

La última novela de JC Somoza se centra en la vida de un falangista devenido en espía al servicio de Franco en los territorios del norte de África que pertenecían o eran administrados por España, un lugar y temática frecuentado últimamente por los novelistas patrios.

Si bien la redacción es correcta, e incluso en algunos momentos el autor tiene algún destello de prosa lírica (y en otras partes, introduce un estilo más "experimental"), la novela no me ha gustado mucho. Con esto no digo que sea mala, ojo. Se trata más bien de un desencuentro entre lo que esperaba, dada la trayectoria del autor, y lo que realmente hay en la novela.

La historia, haciendo honor a su carácter de "manuscrito encontrado" (en este caso entregado a una persona), se basa más en la narración pura y dura que en los diálogos, lo cual puede hacerse pesado. El personaje principal, Ángel Carvajal, nos narra sus memorias en primera persona, como es lógico, intercalando solo de vez en cuando algún diálogo.

También, en algunos puntos, el escritor que lee el manuscrito detiene la lectura para introducir una trama de intriga al respecto de ciertas alteraciones que nota, como palabras subrayadas, o busca información sobre los personajes descritos en el libro. También se nos hacen alusiones a hechos de la actualidad, como un secuestro mencionado en la tele.

No puede decirse que Somoza no maneje bien la creación de intriga, usando tanto  la búsqueda del escritor como el propio manuscrito de Carvajal, quien, de un modo un tanto artificioso tratándose de unas memorias, hace clifhangers y mete anticipaciones del estilo de "esa era la noche en que me iban a matar", "no sabía que sería la última vez que tal y que cual", etc. Obviamente nadie que escriba sus memorias mete cliffhangers (no al menos de forma tan frecuente y tan estratéticamente situados)... aunque al efecto de intrigar al lector tal artificio funcione.

Así pues, la obra avanza con ritmo para mi gusto lento, más o menos coherente, pero bastante previsible en casi todo, hasta el desenlace, que es donde se desmadra la trama, cayendo en retorcimientos propios del culebrón, con unas situaciones nada creíbles, y unos "malos" (o antagonistas) que narran con pelos y señales lo que hicieron y cómo, creando "costuras" mal cerradas en la historia (¿Por qué se subrayaron las palabras? Respuesta: ni quien lo hizo lo sabe explicar de un modo satisfactorio) y generando la sensación de que ni el propio autor sabe justificar ciertos detalles, añadidos solo por su carácter novelesco y espectacular.

Aparte,  hay como una mezcolanza de temas y mensajes que no encajan muy bien unos con otros: conspiranoia, espionaje, venganzas personales... aunque el autor trata de vincularlos a fin de que las piezas formen un todo. Sin embargo, queda la sensación de que el final ha sido hecho un poco de modo forzado, como si faltara algo, algún capítulo o párrafos que ayudaran a clarificar cómo el escritor llega a las conclusiones que llega.

En suma, la novela resulta en exceso artificial en su argumento, o mejor dicho,  en su resolución y planteamiento (por no mencionar la arquetípica estructura utilizada), aunque la parte de la historia de Carvajal parece algo más creíble y documentada. Pensaba que habría algún toque de fantasía, pero no es así, claro que eso fue fallo mío.


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jueves, 25 de enero de 2018

Reino de fieras, de Gin Phillips

T.O.: Fierce Kingdom, 2017
Editorial: Suma, 2018
340 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:


Joan y su hijo Lincoln, de cuatro años, se disponen a salir del zoo poco antes de que cierre cuando una serie de disparos lo impide.


Comentario (con SPOILERS):

La novela no empieza mal: presenta a los principales personajes (Joan y Lincoln), la relación entre ambos, las circunstancias que les han llevado al zoo, el conocimiento que tiene ella de lugares y atracciones (poco aprovechado durante el intento de permanecer ocultos), y de pronto el caos, los disparos, los cadáveres.

Narrada en tercera persona y presente, la mayor parte del tiempo desde el punto de vista de una Joan que, enfrentada al horror, tiene como principal meta mantener a salvo a su hijo, algo que, en principio, resulta conmovedor, si bien no tarda en repetir una y otra vez similares situaciones, pensamientos y reacciones, lo que demasiado pronto elimina factores como la sorpresa, la imprevisibilidad o la expectación sobre lo que habrá de suceder, además de dar la sensación de que pasa poco o nada, y la historia no avanza, estancada en una suerte de huida sin rumbo ni finalidad concreta.

Durante unas breves páginas Joan es capaz de contactar con su marido mediante mensajes con un móvil que no tarda en abandonar en una decisión cuestionable que parece destinada a acrecentar la sensación de aislamiento de los personajes, de que solo ella puede proteger al niño. Mientras intentan alejarse y esconderse, la protagonista desgrana recuerdos de su vida y de capítulos de la serie de los ochenta El espantapájaros y la señora King, de la que describe varias escenas, románticas, que la impactaron, cuya única finalidad parece ser dotar a la protagonista de cierta personalidad.

La aparición de otros personajes, Kailynn y Margaret Powell, con sus correspondientes puntos de vista y circunstancias brevemente resumidas, permiten cambiar un poco el rumbo de una historia que llevaba demasiadas páginas dando vueltas sobre sí misma con interés decreciente. También aparece Robby Montgomery, el único de los asaltantes cuyos pensamientos y motivaciones se conocen, utilizado para crear nuevas situaciones y relatar los tópicos y poco convincentes motivos que les llevan a realizar la masacre.

Quizá lo más interesante de la novela sea la dinámica entre madre e hijo, y lo que ésta es capaz de hacer para protegerlo, representado sobre todo por un par de escenas en las que hace elecciones moralmente cuestionables, aunque más tarde se aprecia un intento de «redimirse» en una reacción entre absurda e innecesaria (arriesga la posibilidad de salvar a Lincoln) que alarga la narración unas páginas más sin llegar a profundizar en los posibles remordimientos o justificaciones de Joan acerca de lo que hace o deja de hacer.

El final, correcto y coherente con la premisa de la que parte (Joan y Lincoln en el zoo, luchando por sus vidas), puede resultar un tanto anticlimático, por lo repentino, por la falta de explicaciones sobre hechos y personajes y también por lo abrupto, dejando la sensación de que falta algo por contar, de que ha desaprovechado tanto las connotaciones morales de lo que hace Joan como el lugar en el que se desarrolla la acción, ese zoológico imposible de visualizar por las descripciones confusas y generales que se hacen de él, o la comparación entre las fieras animales y las humanas.

En resumen, «Reino de fieras» es una novela correctamente redactada, que sigue las convenciones del género y puede resultar excesiva en algunos pasajes, alargados y repetitivos, con ritmo e interés irregulares y personajes poco trabajados al servicio de la trama. Tan entretenida como olvidable.


***T***


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lunes, 22 de enero de 2018

Morir no es lo que más duele, de Inés Plana

Morir no es lo que más duele
Inés Plana
Espasa
448 páginas


Argumento:

Un ahorcado aparece en las afueras de Madrid, con los ojos arrancados y un papel con el nombre de una mujer. La guardia civil se hace cargo del caso.


Comentario:

Enésima novela con ínfulas de "bestseller que va a arrasar y del que todo el mundo va a hablar" con un crimen de resolución a priori difícil y puesta en escena inquietante, ambientada en los alrededores rurales de Madrid. La obra intenta, de este modo, subirse al carro de Dolores Redondo y similares, sin lograr no obstante un elemento diferenciador y característico, algo que la distinga del resto de historias del mismo cuño, tanto españolas como extranjeras. 

Tratándose de una autora novel se explican (y quizás perdonan) algunos defectos de la narrativa, pero si pensamos que está publicada por Espasa, entonces ya tenemos que hablar de una mala edición del contenido. 

La novela sigue la plantilla de una historia de género policial clásica con la aparición del cuerpo, la irrupción del detective (en este caso guardia civil), pistas extrañas, etc... todo lo que ya sabemos, hasta al menos dos tercios de su extensión. Pero llegando al último tercio, lo que era un policial genérico se transforma, por arte de magia, en algo parecido a un thriller, desvelando antes de lo normal al asesino y quitando con eso buena parte de la intriga e interés que pudiera estar suscitando la historia.

Entre los defectos mencionados está la reiteración de información. Se da el caso de frases repetidas, con el mismo contenido, y a distancia de pocas páginas, con lo cual es mucho más evidente (la escena en el cementerio, por ejemplo, cuando Gherardus da el pésame al teniente y cuenta lo que ha recordado, ¡nos lo cuentan dos veces!). 

Algo que llama la atención es la gran cantidad de personajes con punto de vista, de los cuales se nos dicen detalles irrelevantes, con mucha prolijidad, excesiva más bien, que rara vez tienen relación con la trama o sirven para hacernos una composición del carácter de los protagonistas. No solo no tienen personalidad, sino que además tampoco evolucionan. Y sus características pocas veces tienen influencia en la historia. Es como si hubieran compuesto una hoja de personaje y en la novela se hubiera volcado todo, sin filtros, pensando que eso construye un personaje (cuando lo hace su forma de actuar y expresarse, sus diálogos, etc). 

Ha habido momentos en los que he tenido que mirar hacia atrás para ver quién tenía el punto de vista, ya que va cambiando cada poco, incluso con los menos importantes. Las mayores confusiones ocurren con los policías, que son muchos para mi gusto (un sargento, un capitán y un teniente, creo recordar, algunos de ellos, como el sargento, con una subtrama insulsa y sobrante sobre su novia). 

Mención aparte a los personajes femeninos como la doctora psiquiatra que, al final, no hace nada en el sentido dramático y narrativo, y la paciente Sara, que tampoco tiene gran aportación pese a lo que parecía en un principio (yo creía que era la prota). Los continuos cambios de punto de vista no solo me han hecho perder el hilo en alguna ocasión sino que además me han engañado sobre la relevancia de los personajes.

El caso en sí, o la investigación, no es muy lucido ni llamativo, y casi siempre se averiguan cosas mediante escandalosos y descarados deus ex machina, como recuerdos repentinos y casualidades increíbles. Así pues, un policía de los años setenta recuerda de pronto detalles que durante décadas tuvo ocultos (prácticamente dice: "voy a dar un paseo a ver si recuerdo" o algo así, y en efecto, recuerda así). Y el propio teniente protagonista también recuerda de pronto (y cuando conviene a la autora) detalles de su vida que tienen relación con el caso (¡otra casualidad!) de un modo forzado y poco natural. Otros personajes, por el contrario, olvidan también cuando conviene. 

Pero sin duda lo peor de todo es el final. Si bien, incluso con los defectos formales, podría funcionar como un policial sencillo, al llegar a los dos tercios se extensión se va todo al garete. Se da un giro y se otorga el punto de vista al asesino nada menos, y ya no hay caso ni investigación ni nada, sino una historia truculenta relacionada con la guerra. La forma como termina, el desenlace, incluye de nuevo una casualidad (lo del globo, arrggg), enfermedades repentinas (esto, en concreto, es muy fuerte, en serio), etc, todo aleatorio y sin gracia narrativa. Y encima habrá segunda parte.

Para no decir todo malo, la redacción es correcta.

En resumen, una novela con pretensiones de bestseller, en la línea de los policiales de moda últimamente, pero sin ninguna de sus virtudes: ni personajes carismáticos, ni entornos paisajísticos a los que se saque partido en la ambientación, ni detectives con ingenio para resolver, con mucha paja y muchas casualidades. No digo que no pueda gustar a alguien. A mí, desde luego, no. 


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jueves, 10 de agosto de 2017

Ángeles en llamas, de Tawni O’Dell

T.O.: Angels Burning, 2016
Editorial: Siruela, 2017
Colección: Nuevos Tiempos 380
Traducción:  Virginia Maza Castán
272 páginas
21.95 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

La comisaria Dove Carnahan intenta resolver el asesinato de Camio Truly al mismo tiempo que se enfrenta a los fantasmas de su propio pasado.

Comentario:

Ángeles en llamas es una de esas novelas con varios niveles de  lectura, compartiendo la investigación de un asesinato con el retrato de una comunidad minera en Pensilvania y las difíciles relaciones entre familiares.

La redacción en primera persona, protagonizada por Dove Carnahan, una policía de cincuenta años con un pasado dramático, contribuye a dotar la novela de cierta complejidad psicológica y emocional, permitiendo que la protagonista empatice con la víctima, Camio.

Según avanza la investigación del asesinato de la actualidad, Dove recuerda, de forma convenientemente vaga y evasiva, ambigua, lo que sucedió en su propia familia: el asesinato de su madre cuando ella era adolescente. Además, tiene que lidiar con la liberación de Lucky, el hombre que ha pasado décadas en la cárcel y asegura ser inocente (subtrama innecesaria más allá de la distracción e intentar crear expectativa), la complicidad con su hermana Neely, el fugaz regreso de su hermano Champ, la relación con el cabo Nolan Greely, policía encargado del caso etc…

La otra familia es la de Camio Truly, personajes disfuncionales entre los que destacan Miranda, Shawna y Jessyca, tres generaciones de mujeres que intentan sobrevivir a las circunstancias que les ha tocado vivir, y que comparten con Dove algunas de las escenas más intensas de la novela, ya sea en conversaciones o interrogatorios que mezclan la dureza de ciertas situaciones y comportamientos con la emotividad de otros pasajes.

La evolución de Dove al relacionarse con el resto de los personajes, mientras intenta resolver el caso actual y revela lo ocurrido en el pasado es, quizá, lo más interesante de una historia en la que lo ocurrido con su madre, Cissy, es tan previsible que se intuye casi desde el primer momento, y la resolución del asesinato de Camio resulta un tanto abrupta y repentina, no demasiado sorpresiva dado el escaso plantel de sospechosos.

En resumen, Ángeles en llamas es una novela bien escrita, con leves toques de humor, una protagonista poco convencional, que se fija más en las relaciones entre los personajes, en especial las familias disfuncionales, constante en la obra de la autora, que en la resolución del crimen. De lectura fácil, fluida, tiene leves altibajos sin dejar de interesar.


***T***

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lunes, 12 de junio de 2017

Escrito en el agua, de Paula Hawkins

T.O.: Into the Water, 2017
Editorial: Planeta
Traducción: Aleix Montoto
560 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Jules Abbott regresa al pueblo de su infancia tras el aparente suicidio de su hermana Nel, en el agua, como varias mujeres antes que ella.

Comentario:

«Escrito en el agua» está narrada desde el punto de vista de varios personajes, desde la protagonista, Jules, su sobrina Lena, un par de policías (la recién llegada Erin Morgan, y el del pueblo, Townsend), Louise, madre de una joven supuesta suicida y su profesor, Mark, la médium Nickie y algunos más, lo que se utiliza para mostrar lo que sabe (o cree) cada uno, sus traumas, miedos, sugerencias de secretos etc, lo que les convierte en sospechosos al tiempo que hace avanzar la historia.

Si bien la idea funciona durante parte de la novela, pronto se perciben curiosos cambios en los tiempos verbales, estilos muy similares que podrían ocasionar dudas acerca de quién «habla» si no fuera porque la autora anuncia quien lo hace al principio de cada capítulo. Destaca, sin embargo, el relato de Jules, dirigido siempre a su difunta hermana, en el que conviven el rencor por algo sucedido en el pasado, los recuerdos de adolescencia, las dudas, miedos, el amor hacia Nel.

Aunque se apunta la posibilidad de algo en cierto modo «sobrenatural» (el relato de la médium, con sus excéntricos comentarios, y la inclusión de otras mujeres fallecidas en el agua, en la misma Poza de las Ahogadas, a lo largo de los siglos), no es difícil deducir que el misterio se centra en las tres más recientes: Lauren, Katie y Nel, quien, además, estaba escribiendo un libro acerca de estos sucesos antes de ahogarse.

La resolución, si bien algo previsible, diversifica lo suficiente para que sea difícil deducir todo lo sucedido, quién ha hecho qué, y porqué. La narración de los distintos personajes, lo que cuentan o lo que ocultan, lo que se percibe que subyace tras sus pensamientos y reflexiones, permite especular mientras se avanza en una novela de interés desigual, en la que por momentos pesa la cantidad de personajes con voz propia y a ratos puede hacerse demasiado larga para lo que cuenta.

En resumen, «Escrito en el agua» es una novela correcta (necesitada de revisión formal), que permite empatizar con algunos de sus personajes (Jules, Lena…), de lectura sencilla y ágil, con un misterio resuelto con eficacia y pocas sorpresas. Tan entretenida mientras se lee como olvidable en cuanto se acaba la lectura.


***T***


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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 6 de marzo de 2017

El silencio de las Tierras Altas, de Steinar Bragi

El silencio de las Tierras Altas
Hálendið
Steinar Bragi
Traductor: Enrique Bernárdez Sanchís
Ediciones Destino
368 páginas


Argumento:

Dos parejas recorren las Tierras Altas de Islandia. El mundo mágico y desolado de la región sacará a la luz sus fantasmas ocultos.

Comentario:

No sé muy bien en qué género encuadrar la novela que nos ocupa. Podría ser fantástico o terror o incluso un thriller con elementos psicológicos y sobrenaturales, en los que tienen mucho peso los mitos propios de la nación islandesa, con sus duendes y demás. Lo que sí tengo seguro es que no me ha gustado nada. 

Para ser tan corta, me ha aburrido. Y no sé muy bien por qué. Supongo que detectar la falta de dirección de la historia ayudó bastante a mi tedio.

Tenemos dos parejas de islandeses acomodados pero que han sufrido (todo lo que puede sufrir un islandés) con la crisis económica e inmobiliaria, lanzados a la aventura de recorrer en todoterreno las tierras altas de Islandia, un lugar desolado, según la descripción que hace el autor, casi un desierto, donde no parece haber ni cobertura para los teléfonos... Los protas tienen un accidente y empiezan a ocurrir cosas extrañas. Se refugian en una cabaña con unos viejos que también dan mala espina. Hay apariciones y desapariciones, huesos y cosas cada vez más raras. 

En todo esto, el autor nos intercala flashbacks con las muy aburridas vidas de los protagonistas, los cuales para mí son casi indistinguibles unos de otros. La forma tan sosa de contarlas no logró hacérmelas interesantes al menos. 

Algunos capítulos parecen crítica social (leve); otros, terror de la más rancia escuela, con toques de absurdo y surrealismo estilo "Lost" (qué daño hizo esta serie), para terminar con un final ambiguo pero cuyas posibles explicaciones son todas estúpidas y te hacen desear no haber leído el libro. 

La prosa tampoco es nada del otro mundo, más bien lo contrario. Quizás lo mejor sea la ambientación, el aire sobrenatural y mágico que confiere al paisaje donde se desarrolla la acción, pero en líneas generales deja un poso de vacío al final, porque no sabes muy bien qué se nos quiere transmitir con esa novela. ¿Hay algún tipo de simbolismo? ¿Va de la crisis y bancarrota que sufrió Islandia? ¿Los duendes son reales o alucinaciones? 

El final es de esos que tanto odian los lectores, así que no digo más... El que quiera arriesgarse a perder valiosas horas de vida está en su derecho, pero no digan que no están advertidos.


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lunes, 30 de enero de 2017

El club de los mejores, de Arthur Gunn

Editorial: Ediciones B, 2016
408 páginas
19 €

Argumento:

Tras el reencuentro con un amigo de la infancia, Walter  Millar se ve envuelto en una investigación que le lleva de vuelta a su niñez y a su pueblo.

Comentario:

«El club de los mejores» pretende ser un thriller lleno de acción, misterio, giros imprevisibles y sorprendentes que se queda en el intento.

Desde el principio, con ese flashback en cursiva, situado en la niñez del protagonista y sus amigos, se intuye que el pasado tendrá una parte importante en la historia, será el origen y motivo de todo lo que ocurre en la actualidad (utilizar este recurso, repetido en  varias ocasiones a lo largo de la obra, con mayor o menor relevancia, sería absurdo si no tuviera un motivo y finalidad).

Toda la primera parte, desde la llegada de Cormac hasta su desaparición, está  llena de tópicos vistos y leídos en innumerables ocasiones por cualquiera que le guste el género, alargada de forma artificiosa por escenas de acción, digresiones y el creciente convencimiento de Millar de que las cosas no son lo que parecen, algo que se deduce desde el comienzo.

Esta colección de tópicos, por la que se puede adivinar casi todo lo que pasará mucho antes de que suceda (hay pequeños detalles imposibles de adivinar, alguno propiciado por escenas un tanto «engañosas»), está presente durante toda la novela, aderezada además con giros argumentales que se ven venir de lejos, cliffhangers utilizados de forma casi melodramática para anunciar situaciones que, en varias ocasiones, son anticlimáticas, absurdas y no merecedoras de tal «entusiasmo» («me llevó hasta algo que me dejó sin aliento», «lo que vi dentro me cortó la respiración»).

La narración en primera persona de un protagonista, Walter Millar, que puede resultar poco atractivo debido a las características con las que se le ha dotado (egoísta, egocéntrico, carente de empatía, al menos con Martha, su esposa, cuyos deseos y necesidades le son indiferentes), logra que el resto de los personajes queden desdibujados, meros comparsas al servicio de la trama (la de misterio, no la personal, que apenas tiene cabida en la obra), ya sea como amigos, enemigos, sospechosos o interés romántico.

La historia, que transcurre en Estados Unidos, cuenta con una ambientación que recuerda a otras novelas y películas del género, sin algo que destaque o llame la atención. Crosby es el clásico pueblo en el que nada parece cambiar con el paso del tiempo, ni las calles, ni el bar, el hotel o las personas que se dejaron atrás, a quienes se presenta, de alguna manera, como fracasadas.

Lamentablemente, la parte más «profunda» de la historia (las consecuencias de los actos, la culpa, el remordimiento, la amistad fraguada en la infancia, el retorno al hogar del que se huyó etc) queda muy desdibujada, otro recurso utilizado al servicio de la acción y el misterio, lo que da como resultado una novela llena de tópicos, previsible, tan entretenida y «adictiva» como fácil de olvidar cuando se acaba la lectura.  


***T***



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lunes, 21 de noviembre de 2016

Ningún Escocés Verdadero, de Ana Ballabriga y David Zaplana

Ningún escocés verdadero
Ana Ballabriga y David Zaplana
424 páginas


Argumento:

Un detective, experto en arte, recibe el encargo de comprar en subasta una peculiar pintura, que se piensa pudiera ser de Bacon. También localizar, antes de la anunciada visita del Papa a Murcia, la Vera Cruz de Caravaca, una importante reliquia sagrada robada hace décadas. Pero pronto descubrirá que ambos objetos están en el centro de una trama retorcida y peligrosa cuyo conocimiento pondrá a prueba su fe católica.

Comentario:

La novela ganadora del último premio Indie de Amazon podría ser catalogada, en razón de su aparente argumento, como un thriller de misterio y de búsqueda de objetos sagrados al estilo del Código Da Vinci y similares... Podría, pero no debería, ya que por debajo de un inicio que promete la repetición de un esquema ya muy visto en este género, la historia, según avanza, va cambiando y tornándose cada vez más oscura y retorcida, hasta llegar a un desenlace ciertamente sorprendente, no solo en lo argumental sino casi más en lo ideológico. 

Durante el primer tercio, que es algo pausado, y centrado más en la descripción de los personajes que en la trama de investigaciones (algo necesario para observar su cambio y evolución posteriores), llegas a creer que transitas por lugares conocidos, y como ya mencioné, bastante explotados en la literatura reciente. Sin embargo, a partir de que Elías, el personaje principal, el detective, se pone en marcha y comienzan a desvelarse los misterios, y él a sufrir reveses, observamos que, aunque se intuyen algunas cosas (como el parentesco de ciertos personajes), el desarrollo de la mayor parte de la trama resulta imprevisible. 

Contribuye a tal imprevisiblidad la estructura adoptada, que, aunque no es novedosa (intercalar hechos del presente y del pasado, puntos de vista de varios personajes, dejando en el misterio la identidad de alguno de ellos), sí que funciona bastante bien para crear intriga, y se nota pensada y trabajada. De igual modo, la adecuada dosificación de la información ayuda al lector a reconstruir en su mente los hechos y a explicar lo anterior, a atar cabos y formular hipótesis.  Me ha gustado que no se oculte en demasía al "villano" de la función (o uno de ellos). Muy astutamente se deriva la intriga hacia otros puntos; no es tanto averiguar quién ejecuta las maldades, sino la razón por la cual lo hace, y que es donde se encuentran las mayores sorpresas. 

A diferencia de otras novelas de "misterios religiosos", el objeto inicial de la búsqueda es un mero "macguffin" que oculta un secreto mucho mayor, y dentro de lo que cabe, bastante original y arriesgado en su planteamiento.

Aunque no es la primera ni la única historia de esta índole que crítica a la Iglesia Católica, no podría decirse que sea "arreligiosa" o "antirreligiosa", ya que parece oponerse a la corrupción de las instituciones y de sus representantes la búsqueda de una religiosidad más personal y mística, de un cierto tono maniqueo (en el sentido dualista e histórico de la expresión). Y es que, como en las novelas de este "género", hacen su aparición (o son mencionados) movimientos de creencias dualistas como los cátaros, los gnósticos (relacionados todos ellos con los "maniqueos" o seguidores de Mani), los agotes, el símbolo de la pata de la oca... pero a diferencia de la mayor parte de las otras, no se sueltan rollos relacionados con estos, con propósito didáctico, sino con una función en la trama, al servicio del "mensaje".  También destaca su talante políticamente incorrecto y su "inversión de valores" casi al estilo de Nietzsche, y en coherencia con la ideología gnóstica, sobre todo en relación con el tratamiento del sexo o las drogas (algo muy importante en la novela, y en las motivaciones de los personajes).

Sobre este particular, hemos de decir que no es una novela apta para todos los públicos, y que las personas con sensibilidad o moral convencional quizás no encuentren agradables bastantes de las situaciones descritas, bastante atrevidas. No me refiero a descripción de actos sexuales solo, sino a que, por ejemplo, tenemos una chica de doce años que disfruta del sexo (consentido) o varios lances incestuosos, pero desde un punto de vista positivo, sin carga culposa ni nada por el estilo. También hay actos sexuales perpetrados por la clerecía. Y violencia explícita, que incluye crímenes, torturas, violaciones... 

Si tuviera que ponerle pegas a la novela, diría que empieza algo lenta, luego toma velocidad, en algunos pasajes excesiva, y luego, por fin, encuentra el ritmo adecuado y acelera de un modo conveniente para preparar el desenlace y aumentar la intriga. Otra cosa que me ha parecido algo exagerada son los vínculos familiares controvertidos (a pesar de que están justificados por el "mensaje liberador")... y, sobre todo, el final, algo rocambolesco... o muy rocambolesco. Lo más curioso es que si cuento el argumento y su desenlace, me resulta algo "surrealista" y descabellado, pero no tenía esa impresión cuando lo iba leyendo, demostración de que los autores han logrado suspender mi incredulidad lo suficiente como para meterme en la historia (aunque es algo chirriante que cierto recurso sirva lo mismo para despertar la creatividad que para dar fuerza física y otras cualidades). También podría haberse moderado la exposición de la moral de la protagonista (en algún momento demasiado discursivo y sermón, pero tampoco es que moleste mucho. He visto cosas peores. Además, ella misma matiza y posee cierta autocrítica).

En lo formal, la redacción es correcta. En líneas generales, está bastante bien acabado, algo que, y no quisiera que sonara negativo, no suele verse en los libros autoeditados en Amazon. Se nota enseguida que tiene una hechura profesional y que ha sido pensada y estructurada con oficio.

Otro punto fuerte es el personaje de L., que a mí me ha recordado un poco a Salander (la de la saga Millenium), salvando las distancias, por su moral tan "peculiar", su coherencia y su valentía. Elías es algo menos fuerte como personaje, pero representa bien su rol de hombre de moral católica, en apariencia sin dudas, pero que cambia según va recibiendo información. El  Papa no me lo he creído mucho, no por lo que piensa, sino porque lo explicite de manera tan cruda.

En resumen, una novela curiosa. No voy a decir que sea alta literatura; imagino que sus autores no pretendían tan cosa, pero entre las miles de aventuras con temática religiosa destaca por su atrevimiento, una documentación adecuada (sin meter wikis a lo bestia, sino donde procede), reflexiones interesantes y diferentes sobre la iglesia, la religión, la moral, la creatividad en el arte, las drogas, y otros temas... Además, no está mal escrita y mantiene la intriga hasta el final, pese a su trama algo extravagante. El título, por cierto, es un ingenioso juego de palabras que alude a una falacia lógica y a la vez al circo donde viven algunos de los protagonistas.


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