miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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lunes, 17 de abril de 2017

Maus: relato de un superviviente, de Art Spiegelmann



 Maus: relato de un superviviente

Maus: A Survivor's Tale
Art Spiegelmann
Traductor: Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House
296 páginas

Argumento:

Art, un dibujante de cómic, quiere escribir un libro con la historia de cómo su padre, un hombre amargado por la muerte de su esposa,  sobrevivió al Holocausto nazi. Durante una serie de entrevistas, vamos conociendo los hechos atroces que vivió en Polonia.

Comentario:

No soy lectora habitual de cómics o historietas, pero sentía curiosidad por esta obra que, al parecer, es bastante famosa y ha sido reconocida por el público y la crítica desde su publicación.

El autor se inspiró en la vida de sus padres (en especial en la de su padre) para crear este extenso relato sobre el Holocausto judío, lo cual añade un cierto aliciente  a la historia. Se divide en dos tomos, uno de los cuales se centra en las aventuras del padre del autor antes de ingresar en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. El segundo, de ahí en adelante hasta que logra reunirse con su mujer y huir de Europa.

La historieta me ha parecido demasiado larga, reitero, en especial porque resulta pormenorizada contando, sin seleccionar las situaciones para darles énfasis a las importantes. Por otro lado, tampoco me parece que aporte mucho al tema, ya bastante trillado (aunque fue novedoso en su momento que un arte como el cómic se interesara por un asunto tan delicado y profundo). Para alguien que no conozca mucho sobre el exterminio de judíos por parte de los nazis puede ser impactante por la crudeza de algunas descripciones y situaciones (incluso para quien lo conozca también).

Desde el punto de vista formal, los dibujos y el estilo no son mis favoritos. Son dibujos en blanco y negro sencillos y algo básicos, donde los personajes adoptan las formas de animales antropomorfos. Los judíos son ratones, los alemanes, gatos, los americanos, perros y los polacos, cerdos (hemos de decir que los polacos no quedan muy bien parados en esta historia...). También hay alguna rana, obviamente, un francés... Algunas veces, cuesta diferenciar a los personajes, dadas las similitudes del esbozo. Sin embargo, también hay alguna solución ingeniosa o graciosa para narrar, como cuando los ratones judíos se hacen pasar por polacos, que se ponen una máscara de cerdo (el simbolismo de la máscara también se utilizar en las partes del presente, por ejemplo cuando Art acude a su psiconalista).

De vez en cuando, aparecen cartelitos señalando objetos de la viñeta para aclarar su significado o planos y croquis de lugares que revelan la intención documental del cómic (los escondites, mapas y planos, etc). El autor incluye una parte metaliteraria contando cómo recopiló la información de los testimonios de su padre (lo cual hace intervenir una trama de relación paterno-filial y personal  que quizás es demasiado extensa, pero que revela los traumas del hijo y del padre por la muerte de la madre) y cómo decidió usar animales para el cómic, y demás aspectos relacionados con la creación y la oportunidad del relato. Incluso al inicio de la segunda parte el autor hace referencia al éxito de la primera, al más puro estilo cervantino - quijotesco. En cierto punto, hay un flashback insertado en estilo diferente, casi underground, con personajes humanos, que relata una crisis psicológica del autor y el drama de la muerte de su madre.

Destaca más el guion o la parte digamos escrita, tan compleja como una novela, que es la que lleva el peso de la historieta más que los dibujos. En este aspecto, el autor involucra emocionalmente al lector al plantear la historia como un relato en flashback que un hijo solicita a un padre, y que este va intercalando en la subtrama de su propia relación.

En cuanto a los personajes, el más desarrollado es Vladek, el protagonista, padre de Art, y no tanto en la parte del Holocausto como en la del "presente", donde se nos muestra como un viejo manipulador, maniático, avaro e histérico de trato bastante difícil que mantiene una relación no muy buena con su segunda mujer y sigue echando de menos a la primera. Sin embargo, el Vladek del pasado es algo más plano y convencional y destaca sobre todo por la suerte que tiene y en su faceta de superviviente del exterminio. Más bien es un testigo del horror en todas sus variantes: el miedo de la gente, las delaciones, los campos, la amistad en medio de la muerte... Y, sobre todo, la demostración de que en una situación como la descrita a veces la superviviencia es cuestión de puro azar (aunque el personaje hace uso reiteradas veces de sus conocimientos y su ingenio para salir adelante).

La inclusión del trauma por la muerte de la madre de Art quizás sobre un poco, ya que no me parece que añada mucho al relato, salvo matizar la personalidad del dibujante y su relación con el padre.

La historieta es entretenida e interesante (el tema siempre funciona, hemos de reconocer), pero muy larga y con demasiada letra, y dibujos que no entran mucho por el ojo (sobre gustos no hay nada escrito pero yo prefiero otros estilos...). Las historias de interés humano y superviviencia juegan sobre seguro ( y el tema nazi impresiona más que ninguno), aunque para mi gusto hay demasiadas anécdotas argumentales. Quizás si hubiera apostado por la elipsis y no contar cada movimiento de Vladek.. el cómic ganaría en agilidad. De todas formas, no está de más que de vez en cuando alguien nos recuerde lo que sucedió con los nazis.

Esta historieta fue la primera en lograr un premio Pulitzer. Ha sido traducida a multitud de idiomas.


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lunes, 10 de abril de 2017

La Musa, de Jessie Burton

La musa
The Muse
Jessie Burton
Traductora: Cristina Martín Sanz
Editorial Salamandra
480 páginas



Argumento:

Una joven de Trinidad va al Londres de los años sesenta a buscarse la vida. Allí termina trabajando para una galería de arte. Por mediación de un joven que la pretende descubre el cuadro de un artista español llamado Isaac Robles que murió cuando la Guerra Civil. Paralelamente se nos cuenta la historia de Isaac, su hermana y la joven Olive, otra aspirante a pintora, cuyas vidas se desarrollaron en los años treinta.

Comentario:

La segunda novela de Jessie Burton nos sitúa en el ambiente del mundo del arte, desglosado en sus aspectos: el de la creación y el de la venta y distribución. Para ello utiliza dos tramas que transcurren en épocas diferentes y se nos narran de forma paralela en el libro, unidas por el nexo del cuadro pintado por Isaac Robles.

La primera trama, centrada en Odelle, una joven poeta de raza negra, que proviene de las "colonias" y se va a trabajar al Londres de los años sesenta; la segunda, la que narra la historia dramática de Olive, inglesa con aficiones artísticas, residente junto con su familia en el sur de España en los tiempos turbulentos previos a la Guerra Civil española.

Obviamente, ambas tramas están unidas no solo por el cuadro que es centro de la intriga, sino también por la temática y ciertos paralelismos entre los personajes de una y otra.
Con todo, a pesar de que la trama de Odelle parece ser la principal, en realidad, en la narración adquiere mucho más peso, desde el punto de vista dramático y conflictivo la que se cuenta a modo de flashback.

Lo más interesante de esta novela, correcta en su realización, pero no muy destacable desde el punto de vista literario (tampoco es que sea mala), es el mensaje o mensajes que subyacen.

En primer lugar, la libertad de creación del artista como algo superior a la comercialización de las obras. Tanto Olive como Odelle desean crear (poemas, cuadros) aunque eso no les suponga beneficio económico, como una forma de expresarse y realizarse, casi como una necesidad. Contrapuesta a su actitud, la de los demás personajes, que buscan la repercusión y la especulación. La autora hace interesantes reflexiones acerca de lo arbitrario de la valoración de la obra artística, variable según circunstancias no necesariamente relacionadas con su calidad intrínseca, casi siempre vinculadas al marketing o a las modas. Es muy curioso para el lector ver cómo se origina la idea del cuadro, cómo se realiza, lo que significa para su autor, y luego comprobar cómo los "expertos" tienen una interpretación del mismo completamente distorsionada según sus prejuicios académicos.

En segundo lugar, se explora la problemática de la mujer como artista siempre minusvalorada en relación al hombre o a la sombra de él, muchas veces considerada "musa" más que creadora. Olive pinta casi a escondidas de su padre, marchante de arte, para más inri, a sabiendas de que jamás será valorada por él, pero también ansiosa de probarse a sí misma ante un público especializado. En el caso de Odelle, se junta a su condición de mujer la de persona de raza negra, lo cual genera una doble discriminación.

Aunque como digo los temas subyacentes son interesantes, no me ha parecido al mismo nivel su plasmación literaria, lindante, en la trama de la Guerra Civil, con el culebrón. La trama de Odelle, por su parte, no acaba de cuajar, ya que toda la descripción de cómo es la protagonista en realidad poco influye en los acontecimientos, consistiendo el interés de esta trama, desde el punto de vista dramático, en el descubrimiento de un secreto que el lector ya conoce. En realidad, hay otro misterio, la identidad de cierto personaje, pero que pese a los intentos de despiste de la autora, se intuye pronto.  Como argumento y conflicto no acaban de encajar bien las dos tramas, otra cosa es lo ya mencionado de la relación temática, que sí funciona y queda bastante clara.

Algo destacable es que la novela está bien documentada y no me refiero a que los datos expresados sean correctos, sino a que la autora habla de temas como la Guerra Civil española o de personajes españoles sin cometer errores de bulto en la caracterización, algo que es bastante difícil (supongo que también se ha informado sobre la gente de Trinidad, pero es un tema que no conozco). Es decir, es difícil caracterizar a personajes que no son de la nacionalidad de uno sin caer en el cliché. Aunque no se mete en demasiadas honduras, sus descripciones de España y de la Guerra Civil no resultan sonrojantes. Al final del libro incluso nos mete la extensa bibliografía que ha consultado, al modo de los ensayos.

La prosa es correcta; la narración, ágil, aunque en realidad pasen pocas cosas y se toma su tiempo para explicarlas. Literariamente, desde el punto formal, podría haber sido mejor, aunque no es un bodrio, desde luego, y sobre todo, es mucho mejor que la anterior obra de la autora, "La casa de las miniaturas". Se percibe no solo mejoría en el plano de la escritura sino también en el de lo que se pretende transmitir.

En resumen, una obra interesante, quizás algo "lenta" para personas acostumbradas a narraciones cargadas de giros (hemos de tener en cuenta que los hechos importantes tardan en suceder), pero que intenta hablar de algo más que de la peripecia de los personajes. No es la gran obra del siglo, desde luego, pero tampoco un bodrio sin sentido como muchas de las cosas que se venden hoy en día. Al menos trata de "algo".

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lunes, 3 de abril de 2017

Terapia Amorosa, de Daniel Glattauer

Terapia amorosa (Una comedia)
Die Wunderübung: Eine Komödie
Daniel Glattauer
Traductora: Claudia Toda Castán
168 páginas
Editorial Alfaguara


Argumento:

Una pareja en problemas decide acudir a un terapeuta para salvar su matrimonio.


Comentario:

El autor de "Contra el viento del norte" aprovecha su fama como bestseller para encuadernar una especie de guion literario o teatral, con una sola localización, la consulta de un terapeuta de parejas, y tres personajes, el psicólogo y unos esposos a punto de separarse. No se trata de un guion especialmente brillante siquiera. Casi todo lo que pasa en él discurre por los caminos de lo esperado, a pesar de que trata de sorprender con un giro (que se ve venir, claro).

Tratándose de un guion, y como es lógico, la prosa es meramente utilitaria y carece de valor artístico. Ni siquiera los diálogos son demasiado brillantes. Eso sí, al tener este formato, lo terminas de leer en un momento, con lo cual tampoco te hace perder muchos minutos de vida.

El terapeuta realiza con los esposos unas serie de ejercicios psicológicos para que se comprendan y unan, logrando, naturalmente, su propósito en una sola sesión, como si fuera tan fácil. Quizás podríamos verlo como una muestra de la banalidad de este tipo de terapias, puesto que solo con decirles cuatro tonterías, ellos ya se dan cuenta de que en realidad se quieren muchísimo y su problema no es tal (cosa que podría ser, ya que no se ve que tengan muchos motivos para acudir a tales especialistas). 

Para hacer un poco más largo el guion se incluyen ilustraciones...

Libro "millennial" con soluciones facilonas a problemas complejos, happy end, fácil de leer y digerir, igual de fácil de olvidar, y poca literatura. Solo apto para aficionados a la psicología o fans muy fans de Glattauer, aunque igual a algunos los decepciona... Poco más se puede decir de un libro que a duras penas pasa de las 160 páginas y que es un guion y un sacadineros que no dejará poso ni aportará nada en absoluto a la historia de la Literatura.

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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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