lunes, 4 de abril de 2016

El Reino, de Emmanuel Carrère

 El Reino
Le Royaume
Emmanuel Carrère
Traductor:Jaime Zulaika
Editorial Anagrama
516 páginas


Argumento:

El autor, guionista y autor literario de éxito, nos narra los primeros tiempos del cristianismo, aprovechando un hecho de su biografía: su conversión (efímera) al catolicismo.


Comentario:


No podría denominar a esta obra "novela", ya que los hechos en ella descritos son en parte autobiográficos, en parte, relacionados con hechos históricos más o menos contrastados. En realidad, tampoco podría calificarlo como ensayo. Pertenece a esa moderna categoría híbrida, tan de moda últimamente, que trasciende los géneros, dentro de la no ficción.

Dividido el tomo en cuatro partes y un epílogo, el autor se centra, en la primera, en su experiencia con el cristianismo, como creyente de misa diaria. Durante esa época de su vida, llevó un diario con comentarios y pensamientos, que, años después, relee para conocer su visión cuando tenía fe. Para mí gusto, es el fragmento más interesante del libro, dejando aparte que pueda sobrar alguna anécdota (su experiencia con una niñera loca es un poco como de película de terror).

Las otras tres partes (organizadas según periodos cronológicos, que abarcan desde el año 50 d.c. al 90 d.c.) son una especie de remake de los Evangelios, sobre todo de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas de San Pablo, aunque también hay alusiones a otros libros del Nuevo Testamento, como el Apocalipsis, y cuyos principales protagonistas son el citado Pablo y Lucas.

En estas partes, Carrère comenta diversas cartas de Pablo, la figura central en la formación de lo que sería conocido como cristianismo, en un tono tirando a jocoso, bastante informal, de forma que el análisis de las primeras comunidades cristianas, sus diferentes facciones, el choque ideológico entre el mundo grecorromano y las nuevas ideas de Jesús y sus apóstoles, es muy asequible para personas no entendidas. De igual manera, hay numerosísimas alusiones también a otros documentos, como la obra de Flavio Josefo, sobre la rebelión de los judíos (contra los romanos) o las obras de historiadores romanos como Suetonio sobre la vida de los césares. El autor recurre a estas fuentes externas a los Evangelios para contextualizarlos y discernir qué puede ser histórico o qué inventado por los autores cristianos. Para Carrère está claro que Jesús fue un personaje real, aunque su interpretación, obviamente, es la de un ateo (después de ser cristiano, perdió la fe).

Esta parte, aunque entretenida, se alarga demasiado. Sin embargo, se lleva bien si se tiene interés por el periodo histórico o por la formación del cristianismo. El autor, además, lo cuenta con soltura y humor, lo cual no impide que caiga en la digresión con frecuencia, como cuando, de pronto, comienza a hablar del cine porno que tanto le gusta, las traiciones de Flavio Josefo o la vida cotidiana en Roma (esto es más interesante).

El libro, a pesar de su extensión, es ameno, aunque precisamente debido a ese gran número de páginas, a veces se repite en algún concepto o narrando algún pasaje (en varias escenas hay cierta sensación de «dejà vu»). El tono coloquial y divertido lo hace ágil, así como la prosa sencilla y las referencias a películas y series de televisión (el autor es guionista también), e incluso a sus propias obras (Limónov, Una novela Rusa, etc). Hace paralelismos con una serie que él creó, sobre gente que resucita, habla de la filosofía estoica, a la que compara con el budismo (él practica yoga), también cuenta un poco sobre los delirios de Philip K. Dick, etc. En realidad, habla de tantas cosas...
"Un sabio indio habla del samsara y del nirvana. El samsara es el mundo hecho de cambios, de deseos y tormentos en el que vivimos.  El nirvana, el mundo al que accede el iluminado: liberación, beatitud. Pero el sabio indio dice que 'el que diferencia el mundo del samsara y el del nirvana es porque está en el samsara. El que ya no diferencia está en el nirvana'

Creo que el Reino es algo similar."

El tono ligero de algunas páginas no debe engañar sobre la seriedad de lo que se cuenta. Me ha parecido un libro humano y necesario, donde se analiza racionalmente, y desde una encomiable posición alejada de todo dogmatismo (tanto ateo como creyente), el fenómeno religioso, en especial el cristiano, cómo es posible que millones de personas crean en cosas a priori absurdas y contrarias incluso a la naturaleza humana, con comentarios y reflexiones muy interesantes y lúcidas.

"No, no creo que Jesús haya resucitado. No creo que un hombre haya vuelto de entre los muertos. Pero que alguien lo crea, y haberlo creído yo mismo, me intriga, me fascina, me perturba, me trastorna: no sé qué verbo es el más adecuado. Escribo este libro para no imaginarme que sé mucho más, sin creerlo ya, que los que lo creen, y que yo mismo cuando lo creía. Escribo este libro para no abundar en mi punto de vista"


La extensión, la repetitividad, la falta de un hilo narrativo claro, la sensación de que a veces damos vueltas sobre lo mismo, una cierta falta de estructura que hace parecer el libro un poco caótico en su exposición, glosa y reescritura crítica (pero al tiempo subjetiva) del Nuevo Testamento, pueden ser los puntos más bajos de una obra que por lo general se mantiene a buen nivel literario, gracias al oficio del autor, al humor y al mensaje que transmite.

Eso sí, he de destacar que la revisión y traducción a veces dejan un poco que desear, lo cual es más grave tratándose de una editorial de «prestigio» como Anagrama ("Me gustaba, este último capítulo": esta frase con esa coma ahí suena un poco a calco del francés). Ni que decir que los este, ese, solo, etc, que ya no llevan acentos, lo llevan en este libro (¡incluso "eso"!)...

Igual me equivoco pero juraría que toda la vida Pablo era nombrado en español como Saulo de Tarso: aquí lo traducen como Saúl (en hebreo, Shaúl). También hay algún error como cuando se dice que Pablo fue crucificado y Pedro decapitado, ¿no fue al revés?

Página 395
"La tradición, es decir, el inevitable Eusebio, nos dice que Pedro y Pablo murieron en la gran persecución de agosto del año 64. Al primero, en su calidad de ciudadano romano, le cortaron la cabeza, y el segundo habría suplicado que le crucificasen cabeza abajo porque no se consideraba digno de sufrir el mismo tormento que su maestro."

La edición podría haber estado un poco mejor, la verdad, y más teniendo en cuenta lo que cuesta el libro.

En resumen, una obra muy adecuada para dogmaticos de todo jaez, sobre la naturaleza del hecho religioso y las contradicciones del ser humano racional, pero quizás deberían abstenerse los que busquen una trama o una aventura clásica, ya que este es un libro "de pensar" y no una novela.


Algunos fragmentos:
"Lo que sigue es un gran momento de una película de romanos gore. Como los cristianos solían ser gente de medio pelo, no tenían derecho a las muertes nobles: decapitación o suicidio estoico. Las ejecuciones eran en Roma un espectáculo popular. A los que no les habían arrojado  por la mañana a la arena, cosidos con pieles de animales para ser devorados por grandes perros guardianes, los reservaban para la noche, vestidos con túnicas untadas de pez y transformados en antorchas humanas vivientes que iluminaban la fiesta en los jardines de Nerón. Ataban a las mujeres por el cabello a los cuernos de toros furiosos. a otras les embadurnaban el vientre con secreciones de burras para aumentar la excitación de los asnos que las violarían. Suetonio describe que el propio Nerón se disfrazaba de fiera para ir a hostigar a los condenados y sobre todo a las condenadas, desnudas y atadas a postes. De este modo llegó a ser conocido por todos los cristianos como el Anticristo, la Bestia."

"Al lado de los versículos que se contentan con tener mal aspecto, no tardo en encontrar otros que francamente me repelen y contra los que se rebelan mi conciencia y mi espíritu crítico. Me prometo que ésos (sic) no me los saltaré, sobre todo ésos (sic). Me prometo escrutarlos hasta que se me revele su verdad. Me digo: muchas cosas que ahora creo verdaderas y vitales -no "que creo": que sé que son verdaderas y vitales-, pocas semanas antes me habrían parecido grotescas. Es una buena razón para dejar mi juicio en suspenso y, con respecto a todo lo que me resulta hermético o que incluso me choca, para decirme que comprenderé más tarde si se me concede la gracia de perseverar. Entre la palabra de Dios y la comprensión, lo que cuenta es la palabra, y sería absurdo por mi parte asimilar sólo (sic) lo que agrada a mis cortas entendederas. No olvidarlo nunca: es el Evangelio el que me juzga, no al contrario. Entre lo que yo pienso y lo que dice el Evangelio, siempre me sería más provechoso elegir al Evangelio."


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)

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