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lunes, 23 de abril de 2018

Donde fuimos invencibles, de María Oruña

Donde fuimos invencibles
María Oruña
Ediciones Destino
416 páginas


Argumento:

Tercera entrega de las aventuras de la teniente Redondo de la Guardia Civil en tierras cántabras. Un escritor de origen californiano sufre en su caserón ciertos fenómenos paranormales. Todo se complica cuando muere su jardinero, aparentemente de un ataque al corazón.



Comentario:

La tercera historia de la serie de la teniente Redondo es un poco diferente de las entregas anteriores. En primer lugar, por la temática, que se aleja de la investigación policial; en segundo lugar, por algunos aspectos formales, como la eliminación de la mayor parte de texto sobrante que lastraba las otras. En efecto, todo está mucho más ajustado. Y pese a que la obra tiene sus buenas 400 y pico páginas, se hace ligera, bastante más que las primeras, de modo que incluso se puede leer en unas pocas tardes.

La prosa es correcta, sin más. Un tanto aséptica y con poco brillo, pero para el tipo de novela que es resulta adecuada. Eso sí, los diálogos a veces pecan de cierta ingenuidad o tono un tanto infantil, en especial los de la teniente con su novio Oliver, que para mi gusto, es lo peor de la novela.

Aunque no es error y depende de los gustos e intenciones del autor, la narración en tercera persona con narrador omnisciente se me hace algo difícil de digerir. Repito, no es un error, pero, por costumbre, parece que me entra mejor una historia donde están separados los puntos de vista de cada personaje y no todos mezclados y saltando de unos a otros cada pocos párrafos.

Los personajes no están muy desarrollados, la verdad. Supongo que el hecho de formar parte de una serie hace que la autora considere no necesario trabajar este tema (porque ya habló de ellos anteriormente). De igual modo, también hay menos descripción de paisajes y de ambientes, aunque los que hay son correctos, ni mucho ni poco. En realidad, los personajes tampoco tienen nada de especial, nada que los haga memorables. Por suerte, algunos secundarios cuyas vidas se nos contaban con pelos y señales en otras entregas, aquí están para lo que están, para ser meros ayudantes de la prota o informadores (ejemplo, la forense). Eso es un punto a favor. Noto mucha más edición y cuidado en esto.

En cuanto a Oliver, este personaje florero, que inexplicablemente da nombre a la serie, destacar que sale muchísimo menos aún que en las otras obras, cosa que se agradece. En este aspecto, se nota que la autora también ha ajustado al máximo para no crear una subtrama que sobrecargue y alargue innecesariamente, reservando al personaje solo para su rol de "interés romántico" de la protagonista.

La novela, de todas formas, tiene algunas características que me incomodan. La trama es algo simple, con varios aspectos muy previsibles (el escondite de cierto objeto que buscan). Lo peor, sin embargo, es que ni emociona ni resulta llamativa. A ver, es correcta en su desarrollo y se lee fácil; no hay cosas descabelladas y todo parece estar bien argumentado e hilado, pero es plana. Al menos en mi caso, se me ha olvidado al poco de terminar de leerla.

Otro detalle es su naturaleza de novela "tripolar". En realidad, es como si fueran tres novelas juntas. Una, la que narra el tema de la "investigación" paranormal por el profesor y sus alumnos, con una buena documentación sobre el tema, pero solo relacionado con lo demás de modo muy tangencial, y que, en algunos momentos, da la impresión de ser como el piloto de un posible spin-off con esos personajes; otra, la novela intercalada que se supone escribe el autor del caserón, que, en realidad, son sus memorias, un montón de flashbacks camuflados, que, sinceramente, poco aportan; y finalmente, la propia trama de la investigación del crimen del jardinero, que es bastante floja, y con un asesino aleatorio (o que a mí me lo ha parecido; de hecho, casi ni recordaba quién era cuando lo mencionan al final...). Algunos de los misterios se deducen muy pronto en la historia. La conclusión tampoco es nada espectacular.

Así que mi valoración es, en este caso, neutra, tirando a buena. Tiene cosas que me gustan y cosas que no. Es entretenida, ligera, sin muchas pretensiones, pero me resulta rara la dispersión de protagonismo de los personajes y muy previsibles algunas situaciones. Ha mejorado en la eliminación de escenas y diálogos no necesarios, en agilidad, en credibilidad y verosimilitud, pero siguen sin tener interés los personajes y sus vidas, y ha reducido la parte de investigación policial de forma muy llamativa y extraña, con una resolución que no me parece satisfactoria (es bastante mejor la explicación de la parte "paranormal").


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jueves, 12 de abril de 2018

Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

Los perros duros no bailan
Arturo Pérez-Reverte
168 páginas
Alfaguara

Argumento:

El Negro, un perro duro con pasado turbio de luchador, de vuelta de todo, descubre que han desaparecido dos amigos suyos. Aunque no le gusta involucrarse en historias ajenas, decide buscarlos...

Comentario:

Una novela menor de "Pérrez" Reverte, que, en el fondo, es su misma novela de siempre, con los personajes de siempre, solo que de cuatro patas. El Negro podría ser Falcó o Alatriste, algo más peludo y bajito, con todas sus muecas y tics de hombre..., perro duro, golpeado por la vida, de pasado oscuro y violento, lleno de cicatrices del alma y del cuerpo, eso sí, con su propio código de honor y sus valores, que no se diga, amigo de sus amigos, admirador de causas perdidas (sin  meterse, que es cínico y mira desde la barrera) y que sabe cómo tratar a las hembras (como los machos de verdad).

La narración es tan simple como un cuento infantil; la prosa sencilla y al grano, que no la distraigan demasiados recursos estilísticos o algo novedoso (eso es de autores blandos), con diálogos que basculan entre lo impostado, lo coloquial  y lo tontorrón, de modo que a veces no sabes si proceden las risas en ese punto o es que te salen sin querer... Porque la novela, es tan exageradamente Pérez que parece una parodia o un autohomenaje o un autoplagio con cánidos, ley del mínimo esfuerzo literario, copia pega de la plantilla cambiando los nombres... Para aumentar el tono humorístico el autor deforma frases hechas y dichos humanos y los adapta a los perros.
"Lo del supermercado era hueso roído."

También hace bastantes chistes de índole sexual (como el episodio de "abuso" de Boris por parte de las hembras reproductoras y otros).
"¿Envidiarme?... No fastidies. Me cambio por cualquiera, sin mirar. Hasta por un sparring me cambio, si me dejan. Me están consumiendo, esas zorras.
—Perras —lo corrigió el dogo, no sin guasa—. Aquí en la Cañada Negra tenemos abolido el lenguaje sexista."

"Entre las tres le estaban dando las suyas y las del pulpo."

No podemos negar que sea entretenida (mal iríamos si en tan pocas páginas encima nos aburriéramos), que se lee muy deprisa y que tiene algún pasaje donde te ríes (aunque repito, no sé si ese es el propósito original de la obra). También es cierto que hay partes más emotivas (o que yo soy muy sentimental) como el destino del Cuco, donde el oficio del autor consigue el efecto deseado de tragedia.

Pero no menos cierto es que, en otras ocasiones, escribe como para tontos, explicítando hasta los homenajes y referencias, por si no habíamos pillado lo de Gladiator y lo de Espartaco... (por cierto, el título también es un homenaje: "Los tipos duros no bailan", novela de Norman Mailer).
"Tenía más mili que el perro de Gladiator."

"Algo sobre un tal Espartaco, un gladiador romano, un luchador que se había rebelado contra sus amos... "

A sus "admiradores" les van a "encantar", por lo demás, las descripciones de "hembras feministas" y los chistes a costa de las "perras zorras". Pérez en estado puro, capaz de ponerte una perra argentina con todos los tópicos (dice las típicas palabras porteñas ¡pero usa el "vosotros" en lugar del "ustedes"! ¡Pérez, vaya fallo!), una perra mexicana señora de una banda organizada, cual Reina del Sur, también tópica, y perros alemanes nazis...
"Margot era, y lo sigue siendo, una perra resentida, áspera, feminista —ninguno de nosotros podía alardear de haberla montado nunca— y con muy mala leche."

 (Como no se deja montar, es feminista; tener mala leche debe de ir en el feminismo, así como el resentimiento, etc).
"Su nombre real era Lupe, pero la apodaban la Reina Tequila; y hasta Los Chuchos del Norte le habían compuesto aquel perro-corrido que decía:

También las cánidas pueden
ladrarte muy peligrosas.
Cuando se enojan son fieras
esas caritas preciosas..."

"—Órale, güey... ¿Y por qué aquí, nomás?"

Porque aunque lo de humanizar animales para contar fábulas ya está más visto que el tebeo (veáse, más modernamente, Safier), nuestro autor comete diversos "deslices" o errores de perspectiva. Por un lado, tenemos a perritos viviendo en un mundo imaginario que es el nuestro en principio, con comportamientos entre perrunos y humanos, pero que unas veces parecen conocer al dedillo la historia humana (y a personajes como Charlize Theron)  y otras parece que esta fuera la suya... Por ejemplo, en un  momento el Negro menciona a Rodolfo Perrostino (alter ego en can de Rodolfo Valentino) dando a entender un mundo paralelo de perros que hacen pelis en imitación de las ¿humanas?  En fin, que hay un poco de caos en este tema. 

Lo que pretende el autor es criticar la sociedad humana, los malos tratos a los nobles perros (no hipócritas, según el prota, y por tanto mejores que nosotros, por ser todo lo brutos que el instinto les dicta, y poder ser entre otras cosas, machistas sin que les recriminen, un "derecho" que el autor reivindica).
"Si lo que le dijimos aquel día se lo dice un humano a una humana, el fulano acaba en comisaría a la media hora. Pero por suerte no éramos humanos. Los perros somos machistas, oigan. Faltaría más. Y a mucha honra."

"Una de las ventajas que los animales poseemos sobre los humanos es que nadie nos exige ser políticamente correctos."

"Esas mariconadas no son mi estilo, como pueden imaginar."

La descripción de personajes es muy básica y cliché. La acción también está llena de clichés.  La trama recuerda a veces a Gladiator, como dije antes, otras a Espartaco; para mí que el autor no se ha roto nada la cabeza imaginando este relato de lectura rápida y mensaje de amor y defensa del mejor amigo del hombre (mensaje, por cierto, muy loable).

En resumen, una novela sin pretensiones, entretenida, ligera, pero un tanto previsible y falta de imaginación, llena de clichés y cierto humor, con algún pasaje emotivo. Tiene más oficio que imaginación, algo es algo. Y está llena de referencias de cultura pop, para llegar a más público. Para pasar el rato.

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jueves, 1 de febrero de 2018

Solo las bestias, de Colin Niel

T.O.: Seules les bêtes, 2017
Editorial: Principal de los Libros, 2018
Colección; Noir, 1
Traducción: Isabel Fuentes
250 páginas
17 €

Argumento:

La desaparición de Évelyne Ducat propicia que varias personas (Alice, Joseph, Maribé, Armand y Michel) relaten la influencia, directa o indirecta, de este hecho sobre sus vidas.

Comentario:

Quizá, durante el primer tercio, puede dar la impresión de que la novela es aburrida y previsible, de que se intuyen algunas de las cosas que van a desvelarse más tarde e incluso de que el autor es algo «tramposo» dando voz a sus personajes, haciéndoles hablar de forma ambigua, imprecisa, hasta malinterpretando situaciones, con el fin de despistar (Si alguien empieza su intervención con un «Yo la maté» hace sospechar que, justo ese personaje, no lo hizo), aunque no se tarda mucho en percibir que va más allá de las apariencias.

En «Solo las bestias» no hay una investigación convencional, o al menos no se muestra, si bien varios de los personajes cuentan, casi de pasada, que en algún momento han hablado con el policía encargado del caso, Cédric Vigier. En realidad no se tarda más de una tercera parte de la novela en saber lo que le ha pasado a Évelyne, qué ha sido de ella y dónde termina, mientras que el resto se ocupa en averiguar el quién, cómo y por qué, y el cúmulo de circunstancias que lo propician.

Los relatos, a posteriori, de los personajes relacionados con la desaparición de Évelyne, todos en una primera persona que se diferencia más por las circunstancias de cada cual que por cómo están redactados los puntos de vista, aportan la información necesaria para reconstruir lo sucedido, siguiendo una estructura muy bien planificada, con pasajes en los que se apuntan hechos que se desarrollan y completan más tarde, enriqueciendo la historia.

Recursos como los antes mencionados (ambigüedades, imprecisiones), se suman a golpes de efecto al empezar y acabar intervenciones para crear el necesario interés e intriga sobre lo que ha pasado y, por lo general, funcionan con bastante precisión. Quizá hay algún punto de vista, como el de Armand, que se alarga y recrea en las explicaciones de algo que se entiende antes de que se cuente explícitamente. O esa frase final que se intuye antes de llegar a ella, tan coherente con los temas que, además del misterio, trata la novela.

Y es que, más interesantes que averiguar lo que hay tras la desaparición de Évelyne, aunque está relacionado, son las historias de los personajes que toman la palabra, lo que les impele a reaccionar de una u otra forma, el sentimiento de soledad que experimentan (subrayado por ese entorno rural en el que muchas personas viven sin contacto humano, solo con sus animales, en un entorno casi hostil, incomunicados por la nieve durante meses, casi un personaje más de la narración), la necesidad de compañía, de amor romántico, que se hace obsesiva, incluso enfermiza, una realidad distorsionada, en todos los casos (Alice y Joseph, Maribé y  Évelyne, Armand y Monique, Michel y Amandine).

En resumen, pese a la presencia de algunas erratas (palabras y comas que sobran o faltan a lo largo del texto), «Solo las bestias» es una novela que funciona a varios niveles. El primero, más superficial, como una novela de misterio bien planificada y estructurada, que mantiene la intriga casi hasta un final quizá excesivamente alargado. El segundo, de mayor profundidad, retrata la psicología de los personajes, propicia la empatía y deja un poso de reflexión y tristeza.


«Solo las bestias» ha obtenido los siguientes galardones:

Premio Polar del Quais du Polar 2017
Premio Polar Landerneau 2017
Premio Cabri d'Or 2017
Premio Goutte de Sang d'Encre 2017


***T***


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lunes, 22 de enero de 2018

Morir no es lo que más duele, de Inés Plana

Morir no es lo que más duele
Inés Plana
Espasa
448 páginas


Argumento:

Un ahorcado aparece en las afueras de Madrid, con los ojos arrancados y un papel con el nombre de una mujer. La guardia civil se hace cargo del caso.


Comentario:

Enésima novela con ínfulas de "bestseller que va a arrasar y del que todo el mundo va a hablar" con un crimen de resolución a priori difícil y puesta en escena inquietante, ambientada en los alrededores rurales de Madrid. La obra intenta, de este modo, subirse al carro de Dolores Redondo y similares, sin lograr no obstante un elemento diferenciador y característico, algo que la distinga del resto de historias del mismo cuño, tanto españolas como extranjeras. 

Tratándose de una autora novel se explican (y quizás perdonan) algunos defectos de la narrativa, pero si pensamos que está publicada por Espasa, entonces ya tenemos que hablar de una mala edición del contenido. 

La novela sigue la plantilla de una historia de género policial clásica con la aparición del cuerpo, la irrupción del detective (en este caso guardia civil), pistas extrañas, etc... todo lo que ya sabemos, hasta al menos dos tercios de su extensión. Pero llegando al último tercio, lo que era un policial genérico se transforma, por arte de magia, en algo parecido a un thriller, desvelando antes de lo normal al asesino y quitando con eso buena parte de la intriga e interés que pudiera estar suscitando la historia.

Entre los defectos mencionados está la reiteración de información. Se da el caso de frases repetidas, con el mismo contenido, y a distancia de pocas páginas, con lo cual es mucho más evidente (la escena en el cementerio, por ejemplo, cuando Gherardus da el pésame al teniente y cuenta lo que ha recordado, ¡nos lo cuentan dos veces!). 

Algo que llama la atención es la gran cantidad de personajes con punto de vista, de los cuales se nos dicen detalles irrelevantes, con mucha prolijidad, excesiva más bien, que rara vez tienen relación con la trama o sirven para hacernos una composición del carácter de los protagonistas. No solo no tienen personalidad, sino que además tampoco evolucionan. Y sus características pocas veces tienen influencia en la historia. Es como si hubieran compuesto una hoja de personaje y en la novela se hubiera volcado todo, sin filtros, pensando que eso construye un personaje (cuando lo hace su forma de actuar y expresarse, sus diálogos, etc). 

Ha habido momentos en los que he tenido que mirar hacia atrás para ver quién tenía el punto de vista, ya que va cambiando cada poco, incluso con los menos importantes. Las mayores confusiones ocurren con los policías, que son muchos para mi gusto (un sargento, un capitán y un teniente, creo recordar, algunos de ellos, como el sargento, con una subtrama insulsa y sobrante sobre su novia). 

Mención aparte a los personajes femeninos como la doctora psiquiatra que, al final, no hace nada en el sentido dramático y narrativo, y la paciente Sara, que tampoco tiene gran aportación pese a lo que parecía en un principio (yo creía que era la prota). Los continuos cambios de punto de vista no solo me han hecho perder el hilo en alguna ocasión sino que además me han engañado sobre la relevancia de los personajes.

El caso en sí, o la investigación, no es muy lucido ni llamativo, y casi siempre se averiguan cosas mediante escandalosos y descarados deus ex machina, como recuerdos repentinos y casualidades increíbles. Así pues, un policía de los años setenta recuerda de pronto detalles que durante décadas tuvo ocultos (prácticamente dice: "voy a dar un paseo a ver si recuerdo" o algo así, y en efecto, recuerda así). Y el propio teniente protagonista también recuerda de pronto (y cuando conviene a la autora) detalles de su vida que tienen relación con el caso (¡otra casualidad!) de un modo forzado y poco natural. Otros personajes, por el contrario, olvidan también cuando conviene. 

Pero sin duda lo peor de todo es el final. Si bien, incluso con los defectos formales, podría funcionar como un policial sencillo, al llegar a los dos tercios se extensión se va todo al garete. Se da un giro y se otorga el punto de vista al asesino nada menos, y ya no hay caso ni investigación ni nada, sino una historia truculenta relacionada con la guerra. La forma como termina, el desenlace, incluye de nuevo una casualidad (lo del globo, arrggg), enfermedades repentinas (esto, en concreto, es muy fuerte, en serio), etc, todo aleatorio y sin gracia narrativa. Y encima habrá segunda parte.

Para no decir todo malo, la redacción es correcta.

En resumen, una novela con pretensiones de bestseller, en la línea de los policiales de moda últimamente, pero sin ninguna de sus virtudes: ni personajes carismáticos, ni entornos paisajísticos a los que se saque partido en la ambientación, ni detectives con ingenio para resolver, con mucha paja y muchas casualidades. No digo que no pueda gustar a alguien. A mí, desde luego, no. 


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lunes, 23 de octubre de 2017

Eva (Falcó 2), de Arturo Pérez-Reverte

Eva 
Arturo Pérez-Reverte
296 páginas
Editorial Alfaguara

Argumento:

El espía Lorenzo Falcó tiene una nueva misión. En este caso, hacerse con el oro depositado en cierto barco republicano en Tánger. Hasta allí se desplazará para enfrentarse a los rojos, entre los cuales está su vieja amiga-enemiga Eva Neretva.

Comentario:

La segunda entrega de las aventuras de Lorenzo Falcó nos ofrece más de lo mismo, aunque, a mi modo de ver, es ligeramente mejor que la primera. Continuamos con el protagonismo absoluto del paradigma del héroe revertiano, hombre sin más ley que la suya, implacable, macho hasta los tuétanos, duro, con un peculiar código de honor de respeto al enemigo, mujeriego, aventurero, desarraigado... 

Lo más destacable es la ambientación y algún detalle de documentación, que el autor introduce bien en la historia. A veces se trata de eso, detallitos, pero que demuestran un trabajo de investigación detrás de la escritura. Esta, por cierto, está bastante en consonancia con la temática de la obra, con una prosa dura, de frases cortantes, lapidarias, limpia y más trabajada de lo que parece a simple vista. Los diálogos, en la línea de los de la anterior novela, pretenden ser ingeniosos, aunque algunos de ello son superfluos y otros rozan lo pedante. Con todo, me han parecido mejores que los de la primera aventura.

El ritmo es bueno, adecuado; aunque diría que la historia en sí es escasa. Muchas de las escenas están solo para caracterización del personaje de Falcó, omnipresente y ubicuo, no para hacer avanzar la acción o el conflicto, que en este caso se resume en saber si cierto barco republicano logrará escapar de un barco nacional durante la guerra civil, en el marco de la ciudad de Tánger (aunque se intuye el final).

Como dije antes, la ambientación, tanto en descripción de lugares como de las ideas está bien lograda, pese al airecillo que desprende a película de espías de los años cuarenta. La estructura es muy cinematográfica, al estilo clásico. 

Entre las cosas que no me han gustado, por sobrantes, la obsesión del autor en mostrar al personaje en un montón de lances amorosos/sexuales para dejar bien clara su cualidad de macho irresistible, seductor, pero caballero a fin de cuentas... Si estas relaciones aportaran algo a la historia podrían encajar, pero la gran mayoría son innecesarias. En una novela de  trescientas páginas se tira mínimo a cuatro mujeres distintas, y repito, casi siempre sin relación con la trama. Prácticamente todas las mujeres que aparecen están sexualizadas y son o han sido amantes del protagonista.

A este respecto, también sobran las escenas iniciales de presentación, donde vemos el conflicto de celos entre Falcó y el marido de Chesca, una de sus amantes, que luego no aparece más ni tiene nada que ver (a no ser que esto se recupere para otras entregas). 

Ni que decir que Falcó es el único personaje con cierto fondo, aunque el autor repite sus tres o cuatro características varias veces en forma de pensamientos (o a través de sus tics, sus marcas de cigarrillos y otros objetos, etc), de forma que llega a ser un poco repetitivo (y sin cambio real). 

Es curioso que el personaje de Eva, que da nombre a la historia, apenas aparece, y es descrito con frialdad, como todo lo demás, limitándose a ejercer el rol de interés romántico y rival en una especie de relación sadomasoquista con Falcó donde no faltan reproches políticos e ideológicos. Yo esta relación no la comprendo, pero seguro que tiene su romanticismo.

Algunas escenas de acción me han resultado muy confusas, como una de casi el final, un tiroteo, donde no se sabe muy bien qué pasa. 

El autor, a través de su personaje, hace algunas reflexiones acerca del sin sentido de las ideologías que llevan a matarse entre hermanos, y resalta la unión de los españoles, a pesar de sus rencillas. Naturalmente, también alaba el honor y los buenos valores clásicos, los de los caballeros y tal.

En resumen, una novela que mejora a su antecesora, ambientada en un lugar exótico y literario como Tánger, más destacable por el envoltorio que por el interés de la acción o por la enjundia de sus ideas, entretenida, ligera, aunque quizás algo manierista y artificiosa, como buena película de cine clásico, llena de humo, hombres "de verdad" y femmes fatales.


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lunes, 25 de septiembre de 2017

La Dama del Pozo, de Daniel Sánchez Pardos

La Dama del Pozo
Daniel Sánchez Pardos
Editorial Minotauro
448 páginas


Argumento:

En la Barcelona de mediados del siglo XIX, aparece en un convento el cadáver supuestamente incorrupto de una joven romana. Un inspector de policía que no cree en milagros y un anatomista de mente turbulenta investigan el extraño caso. Pero solo será el inicio de una cadena de crímenes.


Comentario:

No sé si porque la novela está localizada en Barcelona o por el ambiente un tanto gótico, con nieblas, callejas oscuras, personajes siniestros, constructores de autómatas... el caso es que me ha recordado a Zafón sin las "zafonadas", es decir, en un estilo más plano y sin metáforas exageradas y pintorescas. Esto de la Barcelona Gótica, por cierto, va camino de convertirse en un tópico.

La obra está correcta y pulcramente escrita, con una estructura de manual y una ambientación bastante decente (salvo algún pequeño errorcillo o cosa que chirría, pero muy pequeño o incluso cuestionable que sea error). Quizás lo que menos me ha encajado con la época es la forma en que la criada de Palafox, el anatomista, trata a su señor, llamándolo "jefe" y con una forma de hablar, y sobre todo de actuar, quizás demasiado moderna. 

Los personajes están caracterizados lo justo, pero de modo suficiente en una novela de estas características. Al menos son distinguibles unos de otros, aunque sea por un rasgo o dos. Así Palafox, el anatomista (y protagonista más destacado), es un hombre atormentado por algo que le ocurrió en el pasado y que destruyó su carrera, y que se dedica a reparar autómatas en sus ratos libres (esto no viene mucho a cuento en la trama, que yo recuerde, pero bueno); el policía Reigosa... no tiene mucho que contar; la escritora Teresa, como interés romántico y "ayudante"; la criada de trece años, Amelia, nacida en el arroyo y que usa sus contactos del lumpen para la investigación...

Cuando empecé a leer la novela, y viendo que estaba publicada por la Editorial Minotauro, pensé que tendría algún toque fantástico, pero al terminarla me ha parecido que este es mínimo o no existe (las alucinaciones del protagonista, ¿son visiones, son viajes al pasado, son delirios?). Así que, en realidad, se trata de una típica historia de misterio o incluso policial, con toques de novela gótica con todos sus tópicos (no faltan ni los científicos locos), ambientada en la Barcelona de mediados del XIX. Como tal, la estructura se acomoda a este género, con una (larga) presentación de las circunstancias extrañas en que aparece el primer cadáver, una investigación (breve), más cadáveres que elevan la complicación, sospechosos falsos, y una revelación final con los habituales giros sorprendentes, y explicación de lo que ha ocurrido (larga y confusa, al menos para mí). 

Aunque la lectura es fácil y la escritura fluida, ha habido varias cosas en esta historia que no me han convencido del todo. En primer lugar, hay demasiados "detectives" investigando. En realidad, el elenco de personajes se divide en dos bandos, los que investigan (los protagonistas o sus amigos) y los "asesinos" (los demás, incluyendo asesino propiamente dicho, más colaboradores o inductores, e incluso, un asesino extra al final...). A mí esto me ha parecido excesivo, así como también lo rocambolesco y retorcido del "plan del malo", que requiere casi de todo un capítulo final para ser explicado (y he de decir que, aun así, hay cosas que no he entendido). Este es el tipo de novela policial del que piensas: bien, parece que todo encaja, que el autor lo ha pensado, que los elementos citados en la obra terminan relacionándose (el derribo de las murallas, los conflictos laborales), etc, pero... ¡no hay quien se lo crea, es demasiado rebuscado! 

He de reconocer que me tuvo intrigada básicamente por ver cómo resolvía lo de los cadáveres "en circunstancias extravagantes", pero no me ha resultado del todo satisfactorio el final, aunque tampoco es que sea malo; más bien prolijo y demasiado orientado a hacer que la trama parezca compleja en lugar de buscar un desenlace natural y dentro de la lógica.

En resumen, una novela entretenida, de género policial y misterioso, bastante rocambolesca, que tarda un poquito en arrancar, y que transcurre por las calles "góticas" y decimonónicas de una Barcelona a punto de iniciar el camino de liberación de las supersticiones antiguas.


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

jueves, 21 de septiembre de 2017

Pecado, de Benjamin Black

T.O.: Snow, 2017
Editorial: RBA
Traducción: Miguel Temprano García
304 páginas
19 €

Argumento:

Cuando el sacerdote católico Tom Lawless aparece asesinado en la biblioteca de Ballyglass House envían al inspector Strafford para investigar lo sucedido.


Comentario:


«Pecado» empieza como tantas novelas de misterio; un asesinato, una casa llena de personajes sospechosos y un policía que llega a investigar lo sucedido. Se hacen referencias a la obra de Agatha Christie, a su Poirot, a los crímenes en mansiones (el cadáver es encontrado en la biblioteca), incluso se menciona al Lord Peter Wimsey de Dorothy L. Sayers, en lo que parece sugerir un intento de homenajear este tipo de historias, aunque pronto se descubre que no es así.

Ambientada en el mismo «universo» (la Irlanda de mediados del XX) que anteriores novelas del autor, protagonizadas por el forense Quirke, a quien se hace (innecesaria) referencia de pasada, «Pecado» abandona pronto las convenciones del género (conocer e interrogar a los personajes sospechosos) para centrarse en los paseos de St John (se pronuncia «Sinyún») Strafford (no Stafford: «Strafford con erre, por cierto») por la zona, la atracción que siente por la mayoría de las mujeres que conoce (la segunda señora Osborne, su hijastra Lettie, la camarera Peggy) y sus reflexiones sobre diversos temas (frío, crítica convencional a la Iglesia Católica, sus encubrimientos y ocultaciones).

Si bien el autor intenta crear cierto clima de misterio e intriga (Strafford se siente observado, desaparece su ayudante, el oficial Jenkins, se insinúa que la primera señora Osborne pudiera haber sido asesinada, tiene la impresión de que la familia interpreta una obra de teatro…), resulta fallido, debido a la falta de interés del protagonista por investigar. Incluso demora la búsqueda del desaparecido Jenkins, más preocupado por congelarse durante sus caminatas por la nieve (el título original de la obra es «Snow») o por charlar con los lugareños. Entre estos, Jeremiah Reck, dueño de la Gavilla y la Cebada, mezcla de bar, casa de huéspedes etc y el sasrgento Dan Radford quizá sean los más interesantes, aunque de distinta relevancia para la investigación.

Las digresiones son abundantes, las escenas de sexo (Lettie y Fonsey, Strafford y Peggy) ocupan mucho espacio y son irrelevantes, los personajes carecen de características que despierten empatía, simpatía o interés, en especial el anodino Strafford, cuyas principales características, ya mencionadas, serían aclarar cómo se escribe y pronuncia su nombre, sufrir porque es abstemio y se ve «obligado» a beber, ser protestante en un lugar de mayoría católica e interesarse por casi cada mujer que conoce.

A la sensación de que la narración avanza sin rumbo se suma la inclusión de un capítulo situado en 1947, diez años antes de la acción principal, una especie de confesión o testimonio protagonizado por el sacerdote (a modo de pegote, desconocido por los personajes), utilizado para revelar algo que se intuye desde el principio por cierto detalle en el cadáver, jugando a no dar nombres y sí un apodo, Ginger, que parece identificar a alguien.

Tras un final casi repentino, en el que Strafford decide sin pruebas ni explicaciones, quién ha hecho qué y por qué, una suerte de epílogo, situado en 1967, reúne al policía con uno de los personajes en una conversación con «sorpresa» en la que los reproches de este parecen contradecir su decisión, sabiendo lo sucedido, de no actuar en el momento.

En resumen, «Pecado» es una novela correctamente escrita, lastrada por las continuas digresiones, una investigación que no llega a ser tal, y una conclusión poco satisfactoria en la que el principal aliciente puede ser la confirmación de lo que se intuye casi desde el comienzo.


Nota: Esta novela ganó el XI Premio RBA de Novela Policiaca.


***T***

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lunes, 20 de marzo de 2017

A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
344 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Katia Kohen contrata al detective Roures para que pruebe que el famoso escritor Armando Artigas asesinó a su madre , con quien había tenido una aventura, y a otras tres mujeres más.

«A menos de cinco centímetros» es una novela detectivesca clásica, que incluye muchas de las características del género: su protagonista, Tony Roures, es un sexagenario ex corresponsal de guerra que investiga infidelidades hasta que llega un caso capaz de «redimirle» de un pasado que le hace sentir culpable. Solitario, fracasado, romántico, no tarda en sentirse atraído por Misia Rodríguez, víctima potencial, bella e interesante, a quien desea salvar.

Este reconocido alter ego de la autora (Roures, como Carvalho, al que ha declarado homenajear, se traducen como Robles) aporta además la crítica social que se asocia a este género mediante reflexiones sobre la guerra, la trata de personas, el Holocausto o la prostitución, muy presentes en  los capítulos narrados desde el punto de vista del detective.

Los otros protagonistas, Misia Rodríguez y Armando Artigas, además de sus roles de posibles víctima y asesino, protagonizan la trama «romántica» (pasión, sexo), y la mayoría de las escenas eróticas, algunas de ellas más significativas que otras, casi todas breves y sin caer en el mal gusto. Y también reflexionan sobre literatura, Armando como autor («Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer. Nada más. No existen fórmulas mágicas, salvo, tal vez, tener algo que decir y una mirada propia a la hora de decirlo») y Misia, esposa de un editor, como lectora («Ahogó sus penas entre esas palabras escritas que un día le enseñaron a llorar y a vivir en mundos paralelos»).

El resto de los personajes: Katia Kohen (contrata al detective), Isabel (periodista, parte del pasado traumático de un Roures en busca de redención) Alfonso Benítez y Miguel Atance (amigos de confianza de Artigas) o Carlos Rothman (marido de Misia) cumplen su cometido como secundarios necesarios para que avance una historia en la que los flashbacks que muestran la relación de Armando con varias de las mujeres supuestamente asesinadas no parecen aportar gran cosa a la novela.

Las continuas referencias a cómo visten los personajes (Misia y Armando), si bien se dirían utilizadas a modo de caracterización y contraste, un largo listado de títulos y características de libros, o los mencionados flashbacks, llega un momento en el que obstaculizan la fluidez de la narración más que enriquecer la historia. En cuanto a la resolución del misterio, la escasez de personajes con posibilidades de haber cometido los crímenes es tal que no resulta difícil, para quienes lean habitualmente este género, deducir su identidad incluso antes que Roures. El motivo, en cambio, es casi imposible adivinarlo, quizá por su carácter rebuscado, del que no se dan indicios.  

En resumen, «A menos de cinco centímetros» es una novela correctamente redactada que contiene los elementos habituales de las novelas de detectives clásicas, con varios altibajos de ritmo, algún cabo suelto (¿Qué ocurre con cierto libro tras publicarse?), un desenlace de interés creciente resuelto de manera convencional y un final agridulce acorde con el género al que pertenece.


***T***


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jueves, 16 de marzo de 2017

La noche de la usina, de Eduardo Sacheri

La noche de la usina
Eduardo Sacheri
Editorial Alfaguara (Premio Alfaguara 2016)
376 páginas

Argumento:

Un grupo de personas que juntan dinero para montar un negocio es estafado en los tiempos del "corralito" argentino. En lugar de dejar que el estafador se salga con la suya, organizan un gran robo para recuperar su dinero.

Comentario:

Dos cosas destacan en esta novela por encima de todo: primero, lo entretenida que es, y segundo, su clara influencia cinematográfica, tanto desde el punto de vista de la estructura de los acontecimientos y de cómo se muestran, como de las referencias  (hay alusiones a la película "Cómo robar un millón y..." con Peter O'Toole y Audrey Hepburn).

Las aventuras de un desparejo grupo de amigos y vecinos que se juntan para perpetrar un robo, que es también venganza (y que posee incluso componente social), no tienen nada de intelectuales, metafísicas y elevadas; solo son las, a veces, torpes mañas de personas normales (con sus manías y excentricidades) de un pueblo argentino, afectadas por la terrible crisis económica de los años noventa del siglo XX, rematada por el llamado "corralito" (2001), que  marcó tan negativamente la vida de los habitantes de este país austral. 

La novela se divide en tres partes diferenciadas. La primera nos narra las malas condiciones económicas del pueblo de O'Connor y de los vecinos, y de las decisiones que toman para afrontarlas (recaudar dinero entre todos para poner un negocio). Después, con la estafa de la que son víctimas y que desencadena otros hechos luctuosos, comienza la parte en la que se elabora el plan para recuperar el dinero robado, mediante otro robo; finalmente, el autor nos regala un epílogo contando la suerte de los diferentes participantes en la empresa, un happy end en toda regla, quizás demasiado happy. 

Ya solo observando la estructura se ve el estilo cinematográfico de la historia. Y es que es inevitable ver, mientras lees, esas regiones campestres y algo desoladas, similares a paisajes de western, y a los personajes urdiendo sus planes, con sus soluciones ingeniosas.

La prosa fluye de modo libre (con anticipaciones y otros cambios de tiempos verbales), coloquial, con diálogos rápidos, expresiones puramente argentinas, que la hacen más auténtica y realista (un estilo que me recuerda, salvando las distancias, al de "Patria" de Aramburu), y abundante humor, derivado casi siempre de la torpeza de los personajes comunes al enfrentarse a algo que los supera y que solo se ve en las películas (especialmente hilarantes las peripecias del chico que se hace pasar por jardinero en la oficina del "malo").

No es que sea una novela de alta literatura. En realidad, es bastante ligera, a pesar de tocar temas nada divertidos como la crisis económica argentina y el corralito, y ya de modo  más general, el abuso que los poderosos hacen de las personas de a pie y que suele quedar impune. En este caso, los afectados, en unión solidaria y fraterna, se toman la justicia por su mano, lo cual puede tener también lecturas sociopolíticas. Dejando esto aparte, el autor ha tomado la vía de las aventuras y el humor, logrando una historia amena, quizás con algún bache de ritmo durante la elaboración del plan, y con personajes que, siendo entrañables y algunos de ellos pintorescos, tampoco es que sean un dechado de profundidad  (más bien lo contrario).

Quizás este es uno de los defectos de la novela, que  no se ahonda mucho en la psicología de los personajes, a los que conocemos por un par de rasgos cada uno apenas, pero que, teniendo en cuenta el tipo de historia, tampoco afecta demasiado. Otro defecto podría ser que resulta algo previsible en sus pasos. Es decir, sigue el "guion" de una película de robos canónica, incluida el algo inverosímil desenlace (que nadie los investigue, quiero decir, que salga todo tan bien).

No, no es alta literatura, repito (pese a haber ganado un premio), pero hace pasar un rato entretenido, despierta algunas risas, nos muestra el triunfo de gente común oprimida por el malvado capitalista, y además, termina bien. De vez en cuando, hay que leer algo amable en esta línea. Pero sin acostumbrarse.


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jueves, 2 de marzo de 2017

Un lugar a donde ir, de María Oruña

Un lugar a donde ir
María Oruña
520 páginas
Editorial Destino

Argumento:

La teniente Valentina Redondo se enfrenta a un extraño caso: aparece muerta una joven vestida con ropas medievales en un lugar llamado Mota de Trespalacios, y en posesión de una moneda antigua. Poco después, ya son dos los cadáveres con moneda. Paralelamente, su novio Oliver realiza gestiones para encontrar a su hermano desaparecido. 

Comentario:

La segunda novela de las aventuras de la teniente Valentina Redondo en tierras cántabras me ha parecido más floja que la primera. A todas luces, la extensión desmesurada de la novela, de más de quinientas páginas, es un hándicap para una narrativa fluida. La trama, mucho  más sencilla de lo que parece, se alarga al intercalar en la narración de la investigación policial  flashbacks con la vida de la víctima y las reflexiones un tanto delirantes del asesino, siguiendo por otra parte, el manido modelo de los misterios "nórdicos". Para rematar, se incluye una subtrama protagonizada por el novio de la detective, Oliver, un auténtico hombre-florero, que añade páginas y solo sirve para justificar su existencia y para liar más el caso principal de un modo forzado.

Los diálogos son también extensos y repetitivos. Habría sido  necesaria una buena poda para ajustar la prosa, ya que a menudo repite informaciones ya dichas, tanto en la parte narrada como en los parlamentos de los personajes. En cuanto a estos, apenas están perfilados. En lugar de mostrarnos cómo son, la autora nos cuenta un montón de datos de ellos, pero desvinculados de lo que vemos o de la trama en sí. Así tenemos una gran cantidad de páginas dedicadas a describir la vida de la forense o de alguno de los policías, claramente sobrantes, ya que esos datos no son relevantes para la historia ni estos personajes tienen una actuación más allá de la que les otorga su rol arquetípico de informadores o ayudantes de la protagonista. El premio a la situación más rara del libro se la llevan dos ingleses hablando entre sí en español, "para practicar el idioma", viviendo ambos en España... y mostrando unos parlamentos perfectos llenos de frases complejas.

Como ya es de rigor en toda novela policíaca, los cadáveres aparecen con unas parafernalias rocambolescas. En este caso, la primera víctima ha sido vestida como una princesa medieval, y lleva una moneda antigua. Si ya de por sí resulta extravagante tal disposición, más chocantes son las explicaciones finales, tan cogidas por los pelos que no resultan nada creíbles. Más parece que todo eso forma parte de la obligación ineludible en el género de que las muertes tengan la presentación más espectacular y rara posible. Si esto ya resulta chirriante de por sí, más lo es el que algunos de los personajes consideren que pueda haber elementos mágicos o anómalos, tales como un viaje en el tiempo. Bien es verdad que la anomalía queda pronto descartada, pero resulta molesto que se baraje tal hipótesis, cuando el lector es consciente de que la obra transcurre en un ambiente realista.

 Otra cosa que no me gusta, será porque este género no es de mis favoritos, es el abuso de explicaciones, por ejemplo, forenses, que los expertos dan a otros que se supone deberían conocer del tema, al menos un poco. Estos momentos wikipedia solo valen para que veamos lo mucho que se ha documentado la autora, pero a mí no me interesan. Prefiero que me digan directamente que la policía ha determinado la fecha y hora de la muerte en x y en y y no me cuenten todo el proceso para determinar eso. Pero imagino que habrá gente a quién sí le interesen esos procedimientos. Y que forma parte del género.

El afán por evitar que el lector descubra al asesino, único aliciente de este tipo de novelas, hace que la trama se retuerza y se usen recursos un poco engañosos. A pesar de ello, y casi sin pistas, uno puede hacer sus deducciones, fijándose un poco en la estructura de la novela...

En resumen, una novela policíaca muy canónica y convencional, que gustará a los fans de este género, pero que a mí me ha quedado muy corta como novela en general, al no lograr empatizar ni con los personajes ni con las situaciones. Eso sí, buen reclamo turístico para Cantabria, con abundantes postales.

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domingo, 27 de noviembre de 2016

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón

El laberinto de los espíritus
Carlos Ruiz Zafón
928 páginas
Editorial Planeta


Argumento:

La policía investiga la desaparición de Mauricio Valls, escritor y antiguo director del penal de Montjuic en Barcelona. Para ello designa a la pareja formada por la misteriosa Alicia Gris y el veterano Vargas. Al tiempo, se revelan los últimos secretos de la familia Sempere, protagonista de los tomos anteriores de esta serie del "Cementerio de los libros olvidados".



Comentario:

Hasta la mitad más o menos, esta obra de Zafón me estaba gustando. Escrita con una prosa ágil, dinámica, colorista (pero moderada respecto a excesos de figuras de las obras anteriores), llena de diálogos ingeniosos, escenas de tinte cinematográfico, intriga, y protagonizada por una pareja de "detectives" (Alicia y Vargas) muy bien compenetrada, en la que destaca ella, una especie de espía en la línea del Falcó de Pérez Reverte (pero mucho más humana, realista e interesante, dentro de su carácter novelesco), la novela se lee casi sin sentirlo hasta que tiene lugar cierto giro argumental. 

Sin embargo, a partir de ese momento (y de que entren en escena los Sempere y las tramas e historias de los libros anteriores), a mí se me ha hecho cuesta arriba. Los diálogos, además de ser larguísimos, se pasan de ingeniosos. Todos los personajes, sean de la adscripción socio económica que sean, hablan más o menos igual, son capaces de agudas réplicas y contra réplicas en los contextos más variados. Hay dos tipos de habla: la culta enrevesada (de Fermín y un par de personajes más) y la normal. Para mi gusto, se falla en el tono, demasiado humorístico incluso en situaciones dramáticas (por ejemplo, una escena donde un personaje malherido está a punto de morir en un taxi y los demás con sus floreos y frases graciosas). 

Dejando aparte a Alicia, que me parece el hallazgo de la novela, el resto de personajes o me caen mal, como Bea (injustificadamente celosa y arisca) y  Fermín (caricatura del personaje de "La Sombra del viento"), o me parecen sosos, como Daniel,  muy desdibujado. Por otro lado, hay demasiados personajes. Y, lo que es peor, demasiados personajes con "punto de vista" (consecuencia de ese narrador en tercera persona omnisciente que lo cuenta absolutamente todo: sí, Zafón sigue sin conocer la elipsis; por favor, que alguien se la presente), lo cual contribuye a aumentar el número de páginas, a dispersar la atención, a enredar la trama. Hay también un exceso de explicaciones sobre lo ocurrido, que lejos de aclarar, lían más al lector (o al menos, yo he tenido esa impresión: hay detalles de las que no me he enterado, lo reconozco).

Algunas de las cosas que suceden me parecen previsibles, como la identidad de uno de los "villanos", o el secreto-misterio de Isabella (¿qué otra cosa podría ser?). El misterio final desvelado no me ha resultado interesante. Y terminada la lectura, una se da cuenta de la cantidad de escenas que podrían haberse recortado o eliminado sin que se resintiera la obra.

Lo cierto es que cuanto más analizo la historia más deslavazada me parece. Da la impresión de que el autor mete muchos elementos, además de tratar de explicar los libros anteriores, con el resultado de una amalgama heterogénea en exceso dilatada. Lo único que me ha interesado de verdad ha sido la historia de Alicia, que podría haber funcionado incluso por separado, en un spin off. Pero el autor la vincula de forma algo forzada con la historia de los Sempere, que a mí, la verdad, me aburre (y es que ya son muchos libros contando lo mismo desde distintos ángulos).

Percibo que Zafón usa como de costumbre diarios y libros para contar diversas partes de la historia, pero a mí me ha parecido un recurso algo fallido, en tanto en cuanto no son creíbles tales documentos. Es decir, no cuadra un "diario" tan artístico y literario, y encima destinado a no ser leído. Un diario (o memorias, confesión, etc), por lo demás, que aporta un secreto que no afecta a la trama en demasía ni aporta nada a los personajes tocados por la "confesión". Si quieres confesar algo, escribe una carta; si no quieres que se sepa, no escribas nada.

Otro bache se encuentra al final, con un anticlimático desenlace o epílogo de decenas de páginas, de tono metaliterario, donde el autor trata de cerrar el círculo de la serie introduciendo elementos que vinculan con "La sombra del viento" y su personaje emblemático Carax. 

A mí se me ha hecho larga la novela. A pesar de que está bien redactada y revisada, me ha parecido lo mismo de siempre pero mucho más extendido. Zafón recrea, con su suerte de realismo mágico, una Barcelona alternativa, o sea, que no existe, pasada por su visión gótica y fantasmagórica, llena de mansiones decadentes, con salas polvorientas, colecciones de muñecas, almacenes abigarrados, cementerios, bibliotecas desmesuradas, lugares ocultos, un mundo subterráneo al que solo algunos tienen acceso... Abundan los sueños, donde el autor da rienda suelta a su verbo florido para lo fantástico. Y referencias a libros, librerías, clásicos de la literatura, a "letraheridos" (palabra de origen catalán que repite mucho). Tampoco se evitan escenas truculentas, o directamente gore, que recuerdan a películas de terror. En este sentido, Zafón da a sus fans lo que les gusta de él, lo que ha hecho su estilo, mucho más depurado y preciso en lo tocante a la prosa. En ese aspecto poco se le puede reprochar. Más pegas podrían ponerse a la forma de articular el argumento y desarrollar la trama y a alguna escena que busca meramente el impacto teatral, aunque no sea muy lógica.

En resumen, Zafón en estado puro, pero con dosis extra para fans que deseen rematar la serie del Cementerio de Libros Olvidados, para mi gusto bastante buena y entretenida hasta la mitad, luego no tanto, bien escrita, a veces excesiva, atemporal pese a estar ambientada en el franquismo (qué "original"), llena de recursos un poco manidos de folletín clásico (identidades ocultas o falsas, parentescos secretos, secuestros, hombres enmascarados, etc) que remiten a las fuentes de inspiración del autor. Me ha hecho gracia cómo Zafón evita que busquemos anacronismos al decirnos al inicio que los hay...

Off topic: aunque me gustaría que el autor escribiera algo totalmente nuevo y se olvidara para siempre de estos personajes, no estaría mal contar las aventuras de Alicia durante los años en los que no se sabe de su vida. Podría ser interesante, dado que el personaje promete. Ahí queda eso...


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jueves, 3 de noviembre de 2016

Rey de picas, de Joyce Carol Oates

T.O.: Jack of Spades, 2015
Editorial: Alfaguara, 2016
Traducción: José Luis López Muñoz
232 páginas
18,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El escritor de misterio Andrew J. Rush recibe una denuncia por plagio y toda su vida empieza a desmoronarse.

Comentario:

«Rey de picas», narrada en una muy pertinente primera persona, relata la inmersión de su protagonista, Andrew J. Rush, en una locura latente desencadenada, en apariencia, al recibir una denuncia por un plagio en el que cree no haber incurrido.

Si bien al principio puede dar la impresión de un exceso de obviedad en cuanto a la personalidad de Rush (no es difícil adivinar lo que le sucede), pronto se entiende que es deliberado y que es él quien parece incapaz de percibir una situación que no puede controlar.

Desde las primeras páginas se muestra tanto la obsesión por mostrar una apariencia de «perfección» (como persona, esposo y autor) y control de su vida como esa otra identidad, el Rey de picas, quien «escribe» unas novelas que, por su contenido, no quiere firmar con su nombre, en las que da rienda suelta a sus fantasías, basadas en hechos reales de su vida.

Entre las obsesiones de Rush destaca el empeño en referirse a su mujer, Irina, como «Mi querida esposa» (una frase que se va haciendo más inquietante según avanza la historia y las situaciones en que se utiliza), y en compararse, incluso competir, unilateralmente, con Stephen King, cuyos éxitos menciona repetidamente en contraste con los suyos, mucho más modestos. Incluso hay un momento de la historia en la que utiliza su nombre, además de referirse a varias obras del autor, entre ellas «La mitad oscura», con la que «Rey de picas» tiene algunas similitudes (es de suponer que intencionadas).

Si bien la narración se recrea en ciertas situaciones: la declaración ante el juez de C. W. Haider por el plagio, Stephen King o la insistencia en distanciarse de un Rey de picas que va cobrando protagonismo inmiscuyéndose en sus pensamientos,  sugiriendo futuros actos violentos (frases en cursiva que interrumpen el discurso de  Rush, muy al estilo de King), al final da la sensación de que la novela no aporta nada nuevo, ni lo cuenta de forma diferente, al tema del personaje sumergiéndose progresivamente en la locura.

Quizá sea la «visita» de Rush a la casa de Haider, en su ausencia, y lo que allí descubre, entre sus libros, la parte menos convencional y, lamentablemente, más desaprovechada de «Rey de picas»: ni siquiera se explica si es una fantasía del protagonista o un hecho real.

El final, un tanto precipitado en cuanto a la evolución de Rush hasta tomar esa decisión, tampoco resulta especialmente impactante, siendo la corrección y el oficio de la autora lo que más destaca en una novela tan entretenida como olvidable.


***T***


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lunes, 25 de abril de 2016

Maestra, de L.S. Hilton

Maestra
L.S. Hilton
Traductor: Santiago del Rey
Roca Editorial
352 páginas


Argumento:

Judith trabaja en una casa de subastas londinense, pero descubre un fraude en un cuadro y es despedida. A partir de ahí, inicia una carrera criminal de lo más sangrienta.


Comentario (con spoilers):


Según la publicidad de esta novela se trata de: "El gran thriller de 2016 que atrapará a los lectores de La chica del tren y la serie Millenium de Stieg Larsson." Y también la comparan con las "50 sombras de Grey", cómo no. Una vez leída la obra, vemos que, tal y como sospechábamos, el único parecido de "Maestra" con estas otras novelas es que son bestsellers.

La historia, narrada en primera persona por Judith, una joven de clase baja que tiene un empleo en una casa de subastas de arte, empieza más o menos bien (si obviamos esa especie de prólogo estúpido en un club de sexo, que da a entender, engañosamente, que se trata de una novela erótica). La voz narrativa tiene su gracia. Se trata de una mujer irónica, inteligente, fría, hija de alcohólica, que ha tenido que estudiar y luchar para hacerse un camino en un mundo descrito de forma implacable como machista y clasista a más no poder. Es despreciada por su jefe, se la envía a los peores trabajos, los clientes la intentan violar (pero ella no denuncia), la tratan de tonta, etc, etc. La disección implacable de las miserias del mercado del arte, con sus falsificaciones, sus estratosféricas cotizaciones, el lavado de dinero y la frivolidad de los millonarios, es con diferencia, lo mejor de la novela. Esta parte, que dura bastante para ser una presentación, termina bruscamente con el despido de la protagonista, que decide, sin mucho sentido ni motivo, irse con un cliente del club de sexo antes mencionado, un tipo que ni siquiera le gusta, y su "amiga", a pasar unas vacaciones a la Riviera.

A partir de ahí la novela cae de manera estrepitosa en los pozos de lo increíble (en el sentido de no creíble). Atónitos, asistimos a la transformación repentina de la protagonista en una psicópata asesina en serie, ladrona y estafadora, carente por completo de sentimientos, y cuyo único temor durante su orgía de crímenes y viajes de placer y negocios por Europa es que la detengan. El primer muerto lo puedes perdonar, ya que se trata, en cierto modo, de un accidente, pero los siguientes... Sinceramente, no puedo comprender que una persona, de repente, y sobre la marcha, sin haberse dado a entender antes que tenía esas "tendencias" o sin una reflexión previa del personaje que nos haga ver sus motivos, planifique elaboradas tramas para deshacerse de los cuerpos (algunos los descuartiza, es una experta en todo), limpiar las escenas de los crímenes, hacerse con armas de fuego y toda la panoplia de robos, engaños y fraudes.

La protagonista, además, tiene mucha suerte. A Judith no le cuesta nada en absoluto encontrar hombres ricos y tontos que solo por su belleza se la llevan a sus yates, la mantienen durante largos periodos de tiempo, le dan dinero, la ayudan con sus negocios sin saber ni quién es en realidad, a cambio de un poco de sexo, claro. Vale que sea cierto lo del refrán que dice que "tiran más dos tetas que dos carretas", pero estos tipos se fían todos de una mujer bastante sospechosa. La autora hace un retrato de los hombres muy deprimente, pero las mujeres tampoco salen nada bien paradas. Los unos son criaturas de escasas luces que por sexo hacen lo que sea, las otras, caras bonitas que se hacen pasar por tontas para cazar marido rico. A pesar de que puede sonar a crítica, a veces te asalta la duda de si la autora no estará cayendo en lo mismo que critica, ya que Judith, que al principio nos muestran como una joven desinhibida en lo sexual, que experimenta prácticamente con todo lo experimentable y que no desea ni tener novio ni marido ni nada de eso tan convencional... ¡resulta que es una loca psicópata! O sea, que ya estamos asociando "mujer liberada" con "mujer mala". En descargo de la autora, hay que decir que si Judith no fuera tan desinhibida ciertamente no habría podido llevar a cabo esas "hazañas" criminales, ya que es con el sexo con lo que engatusa a los hombres.

De igual modo, me ronda la incomodidad al pensar que la autora considere que una chica de clase baja, nacida en familia desestructurada, tenga como único camino para medrar el crimen. No parece suficiente justificación que a una la despidan para que comience una carrera de asesinatos. Creo que esta parte no está bien tratada. Deberían haberse mostrado motivaciones más fuertes para que entendamos a la prota. Al principio, empatizas con ella, hasta que se va a la Riviera, que es donde cambia la novela de tono, la protagonista de personalidad y todo se va al garete en cuando a credibilidad.

Dicho esto, hay que admitir que hay algunas partes de la novela que no están tan mal escritas, como el inicio, con la presentación del mundo cotidiano de Judith, su visión irónica de las cosas, la crítica del mundo del arte, de la sociedad británica... Si hubiera seguido por esta línea más literaria y realista, la novela habría ganado muchos enteros (pero, claro, no la podrían vender como "Thriller bestseller" citando a los bodrios mencionados al inicio de esta reseña).

Las escenas de sexo, que parecen formar parte de otro tipo de obras (redacción seca, mecánica, pornográfica), están metidas a veces como con calzador, solo por mostrar a la protagonista tirándose a diversos hombres y mujeres sin mucho sentido (narrativo). Algunas de estas escenas meten un parón en medio de la trama, que rompe el ritmo (como su lío con el noruego Jan). Relacionado con la psicopatía de la protagonista, resulta chocante que tenga ganas de sexo en situaciones  en las que se ve amenazada o incluso con tipos que podrían ser sus enemigos y meterla en problemas.

La autora (y la narradora) utiliza la imagen del cuadro de Artemisia Gentileschi, "Judith y Holofernes", como una metáfora de la historia, que contiene muchas de las claves temáticas: mujer en un mundo de hombres, agredida por estos, que se toma su venganza (la Judith bíblica cortó la cabeza de Holofernes, como ella hace con otro de los personajes). Sin embargo, la autora (o la narradora) olvidan que tanto Artemisia como Judith tenían motivaciones comprensibles por el público para hacer lo que hicieron (la pintora denunció a su preceptor, que la violó en el taller de pintura, y ganó el juicio; la Judith judía luchaba por su pueblo), algo que le falta a la Judith de esta novela...

Y al final, resulta que sí, que la autora cae en lo mismo que critica, pues la protagonista termina siendo como todos los demás tiburones del mundo del arte, solo que después de haber matado a cuatro o cinco personas por el camino (y lo que le falta, ya que, ¡oh, espanto! se trata de una trilogía...)

En resumen, una novela que se lee fácil, que tiene cierta gracia al inicio con la descripción del mundillo del arte, de la alta sociedad, del clasismo y machismo, etc, pero que luego cae en picado y solo remonta en partes muy puntuales de la historia, con una trama retorcida y difícil de creer (o directamente, imposible), escenas de sexo frías y mecánicas, escenas de asesinatos y descuartizamientos frías y mecánicas, con una protagonista que hubiera podido dar más juego de haber estado mejor justificada en sus acciones de forma que pudiéramos entender por qué hace lo que hace, y aunque sea una asesina, al menos empatizar un poco con ella.

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jueves, 11 de febrero de 2016

El inocente, de Mario Lacruz

 El inocente
Mario Lacruz
Ediciones Generales Anaya
202 páginas



Argumento:

Virgilio Delise es acusado de la muerte de su padrastro. Durante el traslado policial, se da a la fuga. La policía se moviliza para atraparlo, aunque es inocente.



Comentario:

Mario Lacruz fue un escritor poco prolífico que tuvo cierta repercusión en la postguerra española con esa novela, "El inocente", ganadora de un premio e inmediatamente traducida a varios idiomas. Hoy en día no es muy conocido, pero en su momento fue considerado el precursor de la novela policial española, aunque la obra que nos ocupa, origen de tal etiqueta, no encaje de manera exacta en lo que entendemos por "policiaco".

Ambientada en un lugar imaginario (que podría ser España), en ciudades llamadas Escala y Fuente-Lidia, desarrolla la historia de un musicólogo, Delise, que es acusado de la muerte de su padrastro, aunque él no lo ha hecho. El personaje, sin embargo, se considera a sí mismo "culpable", en un modo abstracto y general, siendo este detalle determinante para que la novela trascienda la temática y entronque con el existencialismo, más sutil y rebajado que en otras novelas europeas de la misma corriente. Las técnicas policiales y la investigación en sí no se desarrollan mucho. Hay menciones a autopsias, sin detalles, y se nos cuenta el punto de vista de los policías, pero eso no es lo importante de la obra.

Más interesante que el argumento (no deja de ser una persecución) son la técnica y el estilo literarios. Narrada en tercera persona durante casi toda su extensión, nos muestra el punto de vista de todos los personajes que aparecen, variando de unos a otros sin separaciones. Esto produce en el lector una cierta sensación de distanciamiento, como de ver la acción desde un punto de vista superior y ajeno. Sin embargo, también hay partes más intimistas, que contrastan con la acción pura, y donde se nos van revelando las diversas motivaciones e historia de los personajes. En realidad, se trata de pinceladas muy breves, y quizás algo superficiales.

Aunque se recurre a la narración temporal lineal, el texto está cuajado de flashbacks, muy bien colocados, y cambios de localización. Sin embargo, la estructura es claramente circular, pues comienza con cierto episodio que se repite al final, pero con distintas consecuencias.

Destaca sobremanera el estilo de la prosa, sencillo, pero muy ajustado y preciso, con frases despojadas de todo adorno que no dan lugar, sin embargo, a un texto seco. Gracias a la limpieza de la prosa, a la ausencia de descripciones largas y su carácter casi cinematográfico, la novela se lee en un momento.

Los personajes (bastante numerosos teniendo en cuenta la breve extensión de la novela) están solo esbozados, así como sus conflictos internos y aspiraciones. De todas formas, parece contener mucho más que lo que se ve a simple vista, apuntándose hilos que no se desarrollan pero que quedan ahí para que el lector complete (la relación entre Delise y su hermanastra, entre este y su cuñado, etc). El propio autor, en una entrevista que se incluye al final del libro, habla de que le hubiera gustado desarrollar más personajes como el del inspector Doria, pero que por motivos de censura (la obra se publicó en los años 50, durante la dictadura de Franco) no lo pudo hacer. También se aprecian ligerísimas alusiones a la política, con algún personaje que parece haber estado en guerrillas maquis (el eufemismo utilizado en la obra es "la causa"). El autor, en la entrevista citada, alude a los trucos para burlar la censura, que incluyen el extranjerizar los nombres y situar la acción en una localización no claramente española o ambigua (eso explica los nombres extraños como Lucius, Demetriu, Selbi y similares).

Para finalizar, hago notar el fantástico trabajo de la editorial Anaya, en esta colección de clásicos para jóvenes (de la cual tuve algunos tomos en mis tiempos), donde no solo se incluye el texto, enriquecido con ilustraciones, sino también, al final, un interesante apéndice con el marco socio-cultural de la novela, del autor, entrevista con este y bibliografía. Nótese la abrumadora diferencia entre esta edición y las que hacen ahora para jóvenes, crepúsculos y similares...

En resumen, un libro que, según los estudiosos, representó uno de los primeros acercamientos de la literatura española al género policiaco, aunque también bebe del realismo (pese a cierta ambientación un poco onírica en ocasiones) y del existencialismo, de trama un poco floja, pero que se lee bien y diría que no ha quedado desactualizado en absoluto.


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