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martes, 28 de octubre de 2025

Delitos que suceden en Otoño, de Sofía Rhei

Delitos que suceden en Otoño
Sofia Rhei
Duomo ediciones
268 páginas

Argumento:

Una aspirante a monja y una ex detective unen fuerzas para descubrir al asesino de una vecina de su pueblo.

Comentario:

Empezaré haciendo alusión a lo que me parece positivo de esta novela. 

En primer lugar, está escrita de forma fluida: se lee con facilidad, de modo que la lectura se hace rápida. También puede mencionarse (y no sé si esto es positivo o negativo) que se adapta perfectamente a lo que se etiqueta hoy como “novela de misterio cozy”, tan abundantes ahora, en su variante de “urbanitas que se van a un pueblo”. Cumple con las características principales de esta moda: comunidad apacible con secretos ocultos, ausencia de violencia y sangre, optimismo y amabilidad (a veces, llegando a lo frívolo), investigación a través de los contactos sociales, ambientes bucólicos, locales chic como librerías o pastelerías, etc. Quizá se salga un poco del molde en la naturaleza de las mujeres que resuelven los crímenes, dos de las cuales fueron en su momento “profesionales” del delito, por decirlo de algún modo. Una de ellas se presenta como ex policía; la otra, como ex detective. Hay una tercera que, la verdad, no sé muy bien cuál es su rol (salvo lo de incluir recetas y comidas, etc.), pero sí encajaría más en el perfil de investigadora amateur que suele poblar estas narrativas.

Me ha sorprendido que la ex policía pida ayuda a la ex detective para resolver, de forma no profesional, el par de misterios que contiene la novela. ¿No debería saber ella de esas cosas, y más habiendo sido “secreta”? Esta ex policía que, aparentemente, es aspirante a monja, no se comporta ni como policía ni como monja (tampoco queda claro su estatus: ella misma se dice monja, pero en realidad no es ni siquiera novicia).

El hecho de que la novela esté narrada en primera persona no ayuda a la caracterización de las voces narrativas, que me resultan muy parecidas en su forma de pensar, en sus gustos sobre los hombres, etc.

La ambientación del pueblo me ha resultado impostada. Por un lado, se dice que es un pueblo pequeño, pero tiene médico propio, confitería, carnicería, varios negocios de turismo, anticuaria, librería… Se mencionan diversos establecimientos, pero se borran todos los oficios tradicionales del mundo rural. Por ejemplo, nada de ganaderos ni agricultores. A los cazadores los miran con sospecha…

Para ser ex policía y ex detective, respectivamente, dos de las investigadoras hacen gala de una moral (ante el delito) digamos que dudosa.

Todo esto casi podría pasarlo por alto, dado el tono frívolo y el género que es (y que toda novela es ficción), pero hay algo que me cuesta obviar: la propia resolución del caso principal. En realidad, la persona que comete el crimen no habría necesitado hacer lo que hace (algo absolutamente rocambolesco y poco creíble) para hacerse con el botín. No puedo dar más detalles, pero parece quedar invalidado todo el misterio, más que nada porque ninguna de las personas (ni investigadoras ni las otras) hace notar este pequeño detalle.

Dudo mucho, por otro lado, que un asesino pueda “exculpar” a un cómplice si ha declarado a la policía que esa persona le ayudó...

No soporto el lugar común del asesino que confiesa el crimen así, porque sí.

En resumen, una novela ligera y frívola, entretenida, un poco artificiosa, en la línea de lo que se lleva, sin el estilo personal de la autora. Se lee bien y puede gustar a los aficionados a esta narrativa de resolución de misterios en una comunidad cerrada, sin sangre, con muchas recetas y orientada básicamente a un público femenino. Pero a mí me ha parecido un poco "cartón piedra".



¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 13 de noviembre de 2023

Las hijas de la criada, de Sonsoles Ónega

Editorial: Planeta, 2023
480 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Una noche de febrero de 1900 nacen dos niñas en el pazo de Espíritu Santo. La madre de una de ellas condicionará el destino de ambas, y de las personas con quienes se relacionan.

Comentario:

Hay novelas que, además de por su contenido, son criticadas, quizá injustamente, por otros motivos. Este es el caso de Las hijas de la criada, condicionada por haber ganado el premio Planeta, por alguna crítica que parece tener más la intención de cuestionar a la editorial (y faltar al respeto a quienes la lean, al contar partes de la historia en apoyo de ciertos argumentos) o, incluso, por el carácter mediático de su autora, conocida periodista y presentadora de televisión en varias cadenas (antes en T5, ahora en A3), y amiga de la reina Letizia, quien hace unos días acudió a una firma de libros, donde se fotografiaron juntas, charlaron, abrazo incluido, y la reina se llevó su ejemplar dedicado... Tiene, además, otra media docena de obras publicadas antes de la actual, una de ellas ganadora del Fernando Lara de 2017, también concedido por la editorial Planeta.

Hay quienes sugieren que otorgar el premio Planeta a ciertas novelas lo desprestigia, sin recordar que hace bastantes años que el galardón viene a ser una forma de publicitar a personas, ya conocidas, que han publicado anteriormente con ellos y conseguir que se vendan mas ejemplares de sus obras. Creer que se trata de un concurso que puede ganar cualquiera sería tan ingenuo como pensar que el Nobel puede recibirlo alguien con una trayectoria conocida internacionalmente y superventas.

Hacer hincapié en todo esto, o en si la novela está bien o mal escrita, si es original o más de lo mismo, para quitarle posibles méritos, deja la impresión de que quien lo dice no ha leído otras ganadoras y/o finalistas, que no tienen nada que envidar a la actual, y que, quién sabe, tal vez no saldrían ganando en una comparación de calidad literaria. 

En cuanto a Las hijas de la criada como novela, independientemente de otras circunstancias, pronto se ve que su redacción es más de contar que de mostrar, aunque también elabora algunas escenas con mayor o menor detalle y fortuna, algo demasiado común en muchas obras actuales, tendentes a dar todo mascado, sin dejar lugar a la intriga, a cuestionarse diversas posibilidades. No, desde el comienzo la autora deja claro lo que va a pasar, primero con las dos niñas, luego con una de ellas, quizá porque es lo más obvio, lo que suele pasar.

También tiene la tendencia, muy habitual, de avisar lo que va a suceder, a modo de cebo un tanto cutre, que no sirve para nada. Algo que, por suerte, va disminuyendo según avanza la narración. En lo que si acierta es en la ambientación, en el sentido de no abarrotar la novela de información sobre la época con la que demostrar todo lo que ha leído para escribirla, incluyendo solo lo necesario para poner en contexto cómo eran las cosas entonces.

Los personajes cumplen sus respectivos cometidos, unos más profundos o superficiales que otros, más o menos contradictorios, a veces con reacciones poco creíbles, siempre al servicio de lo que la autora quiere contar, que es, en apariencia, la clásica saga familiar protagonizada por varias mujeres de una misma famila. Se centra sobre todo en las vidas de Inés y Clara, y se echa en falta mayor atención a la tercera, Catalina, a quien saca de la historia muy pronto y durante muchas páginas.

Como es habitual en el género, en la obra abundan sentimientos y situaciones de gran intensidad: drama, misterio, romance, odio, venganza, amor... mezclados con más o menos acierto dependiendo de los temas, algunos de ellos poco trabajados. 

En resumen Las hijas de la criada es la típica saga familiar femenina, en la que no hay grandes sorpresas, redactada con tanta eficacia como falta de personalidad u originalidad. A quienes les guste el género, que, como todos, suele basarse en convenciones que no pueden evitarse, encontrarán mas de lo mismo. La novela es entretenida y se lee con facilidad, ni más ni menos.

***T***

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martes, 30 de junio de 2020

La vida desnuda, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2020
288 páginas
20.50 €
Ebook:

Argumento:

Gala se reúne con su familia para despedirse de su abuela, lo que origina una serie de revelaciones.

Comentario:

La premisa de La vida desnuda, que se inicia con un viaje que se antoja de aprendizaje y descubrimientos, junto a una estructura en tres partes que divide la vida de cada persona en pública, privada y secreta, resulta, en principio, atractiva, interesante. La publicidad, que anuncia misterios familiares, también crea expectativa. Hasta que se avanza un poco en la lectura…

La protagonista en primera persona, como es habitual en las novelas de la autora, suelta, desde el principio, una serie de “reflexiones” que ella parece creer profundas, producto de intensas vivencias, incluso asegura que el relato de otro de los personajes, la tía Julia, no se podría haber escrito sin vivirlo… cuando las frases son tan superficiales, tópicas y carentes de contenido como todas las demás que enumera Gala. Sus conversaciones con Chris, durante el viaje en tren que la lleva a reunirse con su familia, suenan artificiosas, casi un “duelo” a ver quién dice la cita más “profunda”.

Los secretos familiares, incluido el que da comienzo a la novela, a modo de inicio “impactante”, son sumamente convencionales, y hasta engañosos en algún caso (lo del abuelo). La forma en la que se relatan, con cada personaje contándole a Gala sus vivencias sin la menor presión por su parte o intento de crear intriga, contribuye a crear una sensación de trivialidad que pronto resulta frustrante y distancia del texto.

El “secreto” que ocupa más páginas, el de la tía Julia, recuerda demasiado a las relaciones que establecen las protagonistas de anteriores novelas de la autora, La luz de Candela y Olvidé decirte quiero (también reseñadas en este blog). Las tres mantienen relaciones enfermizas con hombres muy guapos, que las mantienen enganchadas físicamente y que, en el fondo, son incapaces de amar. Las excesivas similitudes entre ellas, y la falta de originalidad de los relatos, contribuyen a la sensación de ya leído que se extiende por toda la historia.

Los personajes, carentes de personalidad, incluida Gala, pese al relato en primera persona, no despiertan interés ni empatía, y que todas sus tramas estén relacionadas con temas sentimentales, románticos, resulta repetitivo. Tampoco se percibe un sentido o una finalidad en esta serie de relatos, no sirven para que cambien las vidas de sus protagonistas, para que tomen decisiones, establecidos en una suerte de resignación o incapacidad de reaccionar. La única "beneficiada" es Gala.

En resumen, La vida desnuda es una novela casi esquemática, carente de complejidad, de elaboración, tanto en la forma como en el contenido. La historia que cuenta es superficial, previsible y decepcionante. Que se parezca tanto a obras anteriores de la autora no le beneficia. La ausencia de sorpresas o misterios que resolver tampoco ayuda.

La vida desnuda ha ganado el Premio Azorin de Novela 2020


***T***


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lunes, 10 de diciembre de 2018

La mirada de una bruja, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
202 páginas
9,99 €
Ebook: 3,99 €

Argumento:

Tras retroceder en el tiempo a su propio pasado, Diana intenta rehacer su vida.

Comentario:

“La mirada de una bruja” es la segunda entrega de una trilogía que, bajo el título genérico de “Historia de una bruja contemporánea”, relata la historia de Diana, el proceso de conocerse a sí misma, quién es y sus orígenes. Esta característica hace que la idea de la autora de incluir al comienzo de la novela un resumen de lo sucedido en la primera parezca pertinente. Lamentablemente, estas páginas, desordenadas, confusas y repetitivas, marcan la tónica de lo que será el resto de la obra.

Redactada en primera persona, como es habitual en la obra de la autora, su protagonista se pasa buena parte de la historia recordando lo que ocurrió en la anterior (como si no hubiera sido suficiente con el torpe resumen del comienzo), incidiendo en la relación que mantiene con Alán y la de este con Azucena, una compañera de trabajo. Lo que parecía solucionado en la anterior entrega, vuelve a ser un problema en esta, mostrando a una Diana celosa, vengativa, amargada, con reacciones tan contradictorias (parece absurdo que no quiera a Alán y, aun así, le monte escenas de celos y dé continuas vueltas a lo que hizo/va a hacer o a critique con dureza a Azucena, a la que llama continuamente, a saber por qué, Jessica Rabbit) como infantiles.

Si a relatar la relación de Diana con Alán se suman las mencionadas referencias a la novela anterior y las continuas repeticiones, incluso de algo que acaba de contar, el resultado es que se consumen casi dos terceras partes del texto sin que haya sucedido algo nuevo, relevante, de interés o que haga avanzar la trama respecto a cómo acabó el primer tomo. Solo en el último tercio aparecen personajes y situaciones que aportan novedades y cierta intriga, si bien no son suficientes para mantener el interés en una novela en la que más de la mitad de sus páginas se podrían contar, mejor, en un capítulo.

Junto a la preocupante falta de algo que contar, que hace pensar si es necesario dividir la historia de Diana a modo de trilogía, se observa el retorno de la autora a una forma de redactar que parecía casi superada, llena de frases explicativas, acciones innecesarias que ralentizan y quitan fluidez a la narración, continuas repeticiones y resúmenes, diálogos tan extensos como irrelevantes, pseudo reflexiones superficiales, temas y tramas ya tratados en casi toda su obra anterior, etc…

En resumen, “La mirada de la bruja” puede decepcionar, sobre todo tras la evolución apreciada en novelas como “Y si fuera cierto” o “Una bruja sin escoba”, dando la impresión de que la autora ha involucionado de forma preocupante.


***T***

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lunes, 25 de junio de 2018

El bosque sabe tu nombre, de Alaitz Leceaga

Editorial: Ediciones B,  2018
624 páginas.
20,90 €
Ebook: 9,99€

Argumento:

Estrella relata su vida y la historia de su familia, en la que las mujeres tienen un don que las hace diferentes.

Comentario:

«El bosque sabe tu nombre» podría ser una novela más entretenida e interesante, dentro de su falta de originalidad, concesiones a las convenciones del género y similitudes con otras obras (tiene algunos puntos en común, por ejemplo, con «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell) si no fuera por sus excesos y carencias.

Las más de seiscientas páginas que se utilizan para relatar la historia de la familia Zuloaga, a través de los ojos de Estrella, no tardan en antojarse excesivas: la autora repite información, tanto en los largos y a veces explicativos diálogos que mantienen los personajes como en descripciones (bosque, paisajes…), en la narración de hechos familiares pasados y presentes o los pensamientos de la protagonista.

Los personajes, sus personalidades y acciones, no propician la implicación con ellos ni con lo que les sucede. La mayoría resultan poco agradables y con los matices justos (a veces cambiantes a conveniencia de la acción) para cumplir su cometido. La misma Estrella, protagonista en primera persona, con la dificultad que eso entraña para dar una versión «creíble» del resto, tiene reacciones incomprensibles, exageradas, caprichosas, casi malvadas (todo lo relacionado con su gemela, Alma). La inclusión de hasta tres villanos (el marqués, Pedro y Villas) de una maldad irracional, exagerada, sin matices ni motivos, tampoco ayuda a dotar de credibilidad la narración.

Además, son evidentes ciertos puntos en común con los mencionados protagonistas de «Lo que el viento se llevó», donde Estrella sería Escarlata O’Hara, Liam Sinclair un Rhett Butler pelirrojo (en ambas novelas se subrayan las similitudes entre ellos), Tomás un Ashley Wilkes que podría eliminarse sin afectar demasiado a la historia, Catalina  como Melania, o incluso Mason podría tener algo Frank Kennedy.

También hay varios paralelismos en las tramas de ambas historias (una mujer en busca de libertad e independencia, cambios radicales en el estilo de vida, una guerra, posguerra, el apego de las protagonistas a su hogar, una la mansión Tara y la otra Villa Soledad…). La mención tanto de Clark Gable como de Vivien (Vivian en la novela) Leigh, con cuya belleza se compara la de Estrella, varias veces en el texto, sugiere una suerte de homenaje, aunque no se menciona la película, ni el libro.

En algún medio se citan como referencias a novelas como «Cumbres borrascosas» de Emily Brontë, Rebeca de Daphne du Maurier o «La casa de los espíritus» de Isabel Allende y la trilogía del Baztán de Dolores Redondo, siendo las más identificables las últimas, una por el intento de crear su propio universo «mágico» y familiar y la otra, quizá, por desarrollarse en el País Vasco y hacer menciones, superficiales, al folklore de la zona: lamias, sorginak (brujas)…

Tal vez son estos los momentos más interesantes de «El bosque sabe tu nombre», destacando la capacidad de Estrella de modificar la Naturaleza (aunque se usa tantas veces que pierde algo de fuerza), la de ver al fantasma de su gemela, su relación con el fuego, o con el lobo que la acecha desde la niñez. Lamentablemente, las fugaces y silenciosas apariciones de Alma no parecen responder a un motivo concreto, ni tener la menor utilidad, creando una expectativa nunca cumplida, y su eliminación no afectaría a la novela.

Tampoco acaban de funcionar las pinceladas reivindicativas acerca de la falta de derechos de las mujeres (la novela se desarrolla entre 1927 y comenzada la década de los cuarenta) y la lucha de Estrella por ser independiente, libre, poder trabajar en lo que le gusta y decidir si  quiere casarse y tener hijos, o no. Es posible  que se deba a la gran cantidad de subtramas e incidentes, que ocupan la mayor parte de la historia, dejando estos temas en un lugar relativamente secundario.

En resumen, «El bosque sabe tu nombre» es una obra correctamente redactada, con algunos pasajes de interés, lastrada tanto por sus excesos (páginas, repetición de situaciones) como por sus defectos (personajes con los que no resulta fácil empatizar y que actúan sin coherencia según «necesidades argumentales»). Si la autora escribiera una continuación (y el final sugiere la posibilidad) en la que puliera los errores formales, muchos achacables a ser una primera novela, y se desvinculara de ciertos homenajes, dotándola de personalidad propia, podría ser una lectura interesante.


***T***


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miércoles, 6 de junio de 2018

Una bruja sin escoba, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
188 páginas
7,99 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Tras separarse de su pareja e iniciar una nueva vida, Diana comienza a averiguar cosas de su origen.

Comentario:

Cuando se ha leído, y comentado, unas cuantas novelas de la misma persona (esta es la sexta obra de la autora reseñada en este blog) es difícil decir algo nuevo, y da la impresión, releyendo anteriores artículos, que algunas de las opiniones que contienen se podrían aplicar al actual. Que la mayoría de autores escriban siempre sobre temas recurrentes que son parte de sus inquietudes e intereses, también contribuye a producir la sensación de que no hay algo nuevo que decir.

«Una bruja sin escoba» también está redactada en primera persona por su protagonista, en esta ocasión Diana, una bruja que desconoce su origen y no ha desarrollado sus poderes, de forma correcta y funcional, siendo su punto de vista el único que se da de los hechos, y del resto de los personajes. La redacción se nota bastante revisada, con una drástica disminución de erratas y palabras que no significan lo que la autora cree, tan presentes en obras anteriores, si bien resulta algo confusa en la última parte, sin llegar a resultar una molestia o dificultar la lectura.

Los problemas con la ausencia de fechas y lugar en el que se sitúa la acción se resuelven con las referencias a internet y móviles, etc, y se dice que transcurre en Madrid, sin bien continúa la confusión sobre el lapso de tiempo en el que transcurren los hechos, que da la impresión, por la cantidad de cosas que suceden, de que es mayor del que se dice.

También son habituales ciertas reflexiones (cada vez, afortunadamente, más escasas y  breves, menos farragosas y repetitivas) sobre temas espirituales y la contraposición entre este tipo de vida y otro más materialista. Y, por supuesto, los objetos, ya sean mágicos, simbólicos o ambas cosas, con preferencia por el color rojo, desde el paraguas de «En un rincón del alma» y sus dos secuelas (se menciona de pasada, así como a las mujeres de agua), hasta las hojas de arce de «Y si fuera cierto». Ahora se trata de un ala delta (roja), sustituta de la tradicional escoba de bruja, un libro con hojas (aparentemente) en blanco encuadernado en rojo, o la presencia del también indispensable gato (egipcio),  Senatón.

Aunque son evidentes las mencionadas similitudes con las obras anteriores de la autora, es con «Y si fuera cierto» con la que tiene más puntos, positivos, en común. Al igual que en esta, deja de lado las generalidades emocionales para tratar de contar algo, basándose en personas y hechos (más o menos) reales, en torno a los que crear su historia, transmitir sus puntos de vista, valores, cultura, en la que no faltan las referencias a canciones, cine y TV (uno de los personajes se llama Duncan Connor, como los interpretados por Adrian Paul y Christophe Lambert, uno en la serie y el otro en las películas de «Los inmortales». Se menciona el DeLorean de «Regreso al futuro») etc…

Entre lo más destacable se encuentra la capacidad de dotar de humanidad y personalidad a todos los habitantes del edificio a cuyo ático se muda Diana. Antonio, el casero, su madre, Claudia, vecinos como Elda, Desmond y Ecles, Duncan o Amaya resultan más cercanos e interesantes en sus peculiaridades que los de su vida anterior (Alán, Samanta, Rigel), aunque estos también cumplen su cometido.

Si bien la novela avanza sin grandes altibajos, con cierta previsibilidad, la autora consigue dar un giro argumental cerca del final, tan sorpresivo como interesante, que abre la historia a varias posibilidades cuyo desarrollo tendrá lugar en posteriores entregas de lo que, al parecer, será una trilogía.

En resumen, «Una bruja sin escoba» contiene, con la obvia evolución en cuanto a forma y fondo, los temas habituales de la autora, lo que interesará a quienes disfrutaron con sus otras novelas. Y, además, permanece la notable evolución observada en «Y si fuera cierto»,  lo que incrementa el interés por seguir leyendo a la autora, resulta muy entretenida, los personajes despiertan empatía y, sobre todo, crea intriga por saber qué pasará. Sólo queda esperar, y desear, que no tarde un año en publicarse la continuación de las aventuras de Diana, una bruja moderna.

Otras novelas de Antonia J. Corrales reseñadas en este blog:






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jueves, 16 de noviembre de 2017

Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Editorial: Planeta, 2017
320 páginas
20.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Tras un breve encuentro con un hombre que se identifica como Paul Dingle, Flora Gascón, insatisfecha con su vida, viaja a Tánger en su busca, guiada por una novela en la que él aparece como protagonista.

Comentario:

«Niebla en Tánger» es una de esas novelas que intentan aunar varios géneros (misterio, romance, metaliteratura, viaje iniciático y hasta un intento de fantástico) con resultados más o menos satisfactorios.

Una de las primeras cosas que se notan es que se trata de una obra bien redactada, con imágenes personales (nada de «Ojos como platos» y coletillas/frases hechas similares), creativas, en ocasiones poéticas y una estructura que, alternando puntos de vista (Flora en tercera persona y presente, la novela que lee, «Niebla en Tánger» en primera persona y pasado), avanza con seguridad hasta su conclusión.

Quizá se podría objetar que los capítulos de la novela que lee la protagonista (cinco, y un epílogo) están algo abarrotados, con mucha información en poco espacio, partiendo de una narración despaciosa y detallista que se precipita según llega la necesidad de concluir la historia, algo que hubiera quedado más disimulado de haber puesto estos pasajes a modo de fragmentos escogidos en lugar de simular la obra completa.

Entre los personajes destacan ambas narradoras, en especial Flora, quien, buscando a Paul Dingle (el actual, el del pasado, ambos, ¿el mismo?), se busca a sí misma, sumida en una situación insatisfactoria (un matrimonio en busca de descendencia, un trabajo anodino, una madre a quien teme decepcionar) en la que su amante de una noche es una excusa para el cambio.

Marina Ivannova, alter ego de su autora, Bella Nur, contribuye tanto a la trama de crimen y misterio como a la metaliteraria, jugando a la autobiografía, a las identidades (también Flora Gascón utiliza el apellido de su abuela, Linardi, y simula tener un blog literario), a la sutil línea que hay entre la realidad y  la ficción, con repetidas referencias a la obra de Oscar Wilde («El retrato de Dorian Grey», «La decadencia de la mentir») a modo de apoyo a su opinión:

«—Usted conoce a Paul.
Los ojos de Bella Nur se iluminan. 
—Le conocí igual que tú —dice. 
 ¿Bella Nur también fue amante de Paul?, se pregunta Flora. 
—¿Cuándo sucedió?
—Hace muchos años, ya soy una anciana. Además, yo conozco muy bien a mis personajes. 
—Paul también es un hombre de carne y hueso.
—Y un personaje de mi novela. Oscar Wilde tiene un maravilloso libro que se titula La decadencia de la mentira.  ¿Lo conoces?
—He oído hablar de él, pero no lo he leído.
—Bien, pues Wilde afirma, y yo estoy de acuerdo, que el arte, la escritura en este caso, no debe imitar a la vida, sino la vida al arte la mayoría de las veces. Wilde decía que en su época se escribía mal porque los escritores mentían muy poco. La mentira en el arte había caído en el oprobio. Escritores como Zola se aferraban demasiado a la realidad, hacían realismo sin imaginación y no realidad imaginativa. Sin embargo, los personajes de Balzac poseían el vivo colorido de los sueños. El arte, si es verdadero, toma la vida como materia bruta, la recrea, la inventa, la imagina, la sueña, dice Wilde. El artista ha de crear la vida, no copiarla.
—¿Mintió usted entonces en Niebla en Tánger?
—No entiendes nada, querida Flora, yo no mentí, creé vida. Espero que puedas comprenderlo.»

Otros personajes (el marido y la madre quedan pronto desdibujados, una molestia, algo que rechazar, de lo que huir), son Deidé Spinelli, la psicoanalista, por Skipe, de la protagonista, excéntrica, divertida, consejera. Y Armand Cohen, quien acompaña a Flora en su recorrido por Tánger (otro personaje destacado), por el presente y por el pasado, colaborador en la «investigación» que lleva a cabo.

La trama de misterio está bien llevada, aunque la conclusión sea un tanto previsible (en el sentido de lógica, no como algo negativo), si bien puede extrañar que a Flora no se le ocurra hasta bien avanzada la obra la explicación de algo que, por momentos, adquiere tintes fantásticos.

En resumen, «Niebla en Tánger» es una novela bien escrita, que mantiene el interés, y logra conjugar las diversas tramas (misterio, metaliteratura, romance) y su resolución manteniéndose dentro de la lógica y el realismo, sin caer en sorpresas o giros espectaculares que le hubieran restado credibilidad.


Nota: Niebla en Tánger es la novela Finalista del Premio Planeta 2017.


***T***


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lunes, 15 de mayo de 2017

Llamadme Alejandra, de Espido Freire

Llamadme Alejandra (Premio Azorín 2017)
(Laura) Espido Freire
Editorial Planeta
368 páginas


Argumento:

La zarina Alejandra, mujer de Nicolás, zar de las Rusias derrocado por la Revolución, rememora su vida justo antes de que los bolcheviques vengan a buscarla. Su relato es un testimonio del lujo y boato de las clases aristocráticas de finales del siglo XIX e inicios del XX.

Comentario:

No puede decirse que esta novela esté mal escrita en un sentido gramatical. Las frases son correctas, qué menos, pero falta, a mi modo de ver, lo que hace que un escrito se convierta en algo literario, un poco más de arte, de uso de recursos. Durante toda la narración se tiene la impresión de estar ante un documental o ensayo que trata de recrear la vida de este personaje, para mí nada interesante ni novelesco, de final trágico, redactado de forma limpia, pero demasiado simple y aséptica.

La novela está contada en primera persona por su protagonista, Alejandra, una aristócrata alemana que se convierte en la zarina de Rusia tras su matrimonio con Nicolás Romanov. La linealidad se rompe en varias ocasiones con la inclusión de cartas de diversos personajes, bastante anodinas y ligeras (lo que hace sospechar que sean reales) y que no aportan gran cosa a la narración (algunas las he saltado directamente al darme cuenta de que no tienen contenido de interés narrativo), y de informes y testimonios de los bolcheviques y otros testigos de los actos finales de la familia del zar. En esta parte hay algún breve "alarde" literario, como los comentarios que sobre uno de los informes hace otro personaje, pero en líneas generales no hace sino afianzar la apariencia de no ficción del libro y la sensación de distancia hacia un relato que a mi me ha dejado fría, pese a ciertas escenas dramáticas del final.

Y es que el relato que Alejandra hace a sus hijos a modo de flashback no está muy dramatizado que digamos. Hay pocas "escenas", casi todo es resumir su vida y hacer un monótono recuento de sus vivencias, centradas casi siempre en fiestas, ropas, joyas, su matrimonio, consejos de belleza de otras nobles, sus aristocráticos parientes, los hijos, con repetidas descripciones de sus partos. Cuando hace su aparición Rasputín pensamos que la cosa remontará un poco pero no, su paso es efímero y superficial.

El hecho de narrar en primera persona no ha contribuido, en mi caso, a que sienta empatía por un personaje al que veía muy alejado de mis intereses y gustos, una mujer de vida regalada que solo al final tuvo que sufrir pobreza y persecución, aunque sí vivió, al parecer, enferma.

Obviamente, este formato narrativo no favorece la contextualización social y política de la Rusia de su tiempo, de modo que los ecos de la Revolución se escuchan lejanos y no parecen preocupar a la zarina hasta casi cuando la tiene encima. Entiendo que esa mujer, de la clase privilegiada, fuera incapaz de comprender los movimientos sociales y campesinos, o los mirara con desdén, pero al expresar ciertas ideas, cuando antes ha hablado de temas frívolos como la moda, las joyas, las innumerables fiestas y demás,  encima te cae mal. Sinceramente, mientras leía pensaba qué pudo ver la autora en este personaje que sea de interés novelesco, ya que, por lo que se cuenta, era bastante anodino y tampoco hizo nada relevante, salvo ser madre (bueno, eso es relevante, pero con muchos matices desde el punto de vista histórico).

En resumen, una novela con aires de documental, sobre un personaje histórico menor, que no destacó en nada y que iba de fiesta en fiesta, navegaba en yate, educaba a sus hijos, amaba a su marido y poco más, contado sin gracia. Solo apto para muy fans de la Historia o de Espido Freire.



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jueves, 9 de marzo de 2017

Y si fuera cierto, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2017
Longitud de impresión: 155
2.99 €

Argumento:

Fabiola es contratada para escribir una biografía. Cuando llega al pueblo donde tiene que hacer su trabajo empiezan a suceder cosas extrañas.

Comentario:

Alguien que haya leído alguna de las novelas anteriores de la autora podría pensar, tras la lectura de los dos o tres primeros capítulos de «Y si fuera cierto», que, al menos en lo formal, tiene muchas similitudes con estas: narración en primera persona de protagonista femenina en crisis, frases entre lo melodramático, lo superficial  y lo incomprensible, repetitivas, con menos contenido del que aparentan, desorden narrativo (comienza con el viaje y vuelve a un acontecimiento anterior), ausencia de fecha o lugar en el que se desarrolla la historia, palabras usadas fuera de contexto, erratas, puntuación caótica en la que faltan tildes y comas, etc….

Por fortuna, poco después de la llegada de Fabiola a su destino, algunas de estas características empiezan a diluirse. La autora abandona durante la mayor parte de la novela el tono exagerado y las frases tan grandilocuentes como vacías para adoptar una narración sencilla y eficaz, en algunos momentos emotiva, sobre todo en el relato, bastante tópico y por tanto susceptible de despertar empatía, de la vida matrimonial de la protagonista y su ex marido, Ezequiel, o la breve escena que esta comparte con su madre enferma.

También se nota que, además de mejorar la comprensión y facilitar la lectura, la drástica disminución de este tipo de frases permite distinguir la historia bajo la superficie, y el trabajo realizado para dotarla de estructura y coherencia, y de una profundidad ausente en varias de las obras anteriores de la autora, más centradas en el relato de generalidades emocionales que en contar algo con sentido, como sí ocurre en «Y si fuera cierto», obra más «novelada», con escenas, diálogos y un mensaje claro, directo y positivo.

Como ejemplo de estructura destaca la relación entre lo que sucede en la primera parte de la novela y en la segunda (se explica incluso el ruido que hace el tren camino del pueblo), la sutileza con la que a media novela cambia un escenario por otro, o la muy eficaz revelación de los misterios, con un toque fantástico, que rodean el lugar y a sus habitantes, en un crescendo de intriga y curiosidad. Que haya quien pueda deducir lo que sucede en realidad (no es tan difícil) no resta interés a la lectura, ni tampoco la relativa previsibilidad de lo que ocurre tras la revelación, si bien la autora consigue dar un par de sorpresas sin perder la credibilidad (dentro de lo fantástico) de la historia.

La elección de la primera persona (habitual en la obra de la autora) cobra significado y sentido en la historia de Fabiola, en la subjetividad de lo que experimenta. Aunque la definición del personaje no es muy profunda, si está lo bastante caracterizada para mostrar a una mujer en crisis: separada de su marido, con un amante, la madre enferma y una novela que lleva años escribiendo sin ser capaz de terminarla. La estancia en el pueblo, lo que allí vive y las consecuencias, que cambian su vida, son una suerte de viaje iniciático (de nueve meses, como un embarazo) que ordena sus prioridades y le hace tomar decisiones que cambian su vida. El resto de los personajes (Santos, Jacinta, Margaret, Ezequiel, Torcuato…) y sus actos están al servicio de la trama.

En el aspecto fantástico, destaca la recreación del pueblo y sus circunstancias: la sabiduría de Jacinta, los colores, el simbolismo de la hoja de arce roja (en novelas anteriores fue un paraguas rojo o una jirafa albina), a modo de contacto con la realidad, recordatorio de la vida de Fabiola antes de llegar al pueblo, objeto «mágico» que actúa como nexo de unión entre un lugar y otro.

En resumen, pese a las evidentes similitudes entre «Y si fuera cierto» y otras de sus novelas (mujeres heridas, «fantasía», símbolos, cambios, amistad femenina, viajes iniciáticos, relaciones románticas difíciles...), se percibe en esta una evolución (sería mayor con una revisión formal más profunda para «limpiar» la prosa), que la convierte en la que mejor consigue transmitir las inquietudes de su autora.


***T***


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lunes, 20 de febrero de 2017

Media vida, de Care Santos

Editorial: Destino, 2017
Colección: Áncora & Delfín
416 páginas
20.50 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

La noche del 29 de julio de 1950 cinco adolescentes se separan tras un hecho traumático para una de ellas. El 29 de julio de 1981, coincidiendo con el 31 aniversario de lo sucedido y con la boda de Lady Diana y Carlos, las amigas, con 45 años, se reencuentran.

Comentario:

A veces, que satisfaga o no la lectura de una novela depende de las perspectivas que se tengan, lo que se crea que se va a encontrar en su interior. En el caso de «Media vida», el primer capítulo, situado en 1950, cuando las cinco protagonistas son adolescentes, parece sugerir que lo sucedido la última noche que comparten en el colegio donde permanecen internas marcará tanto sus vidas como el reencuentro que tiene lugar tres décadas después. No es así.

Este hecho, relacionado con la culpa, el perdón, el remordimiento, no parece afectar a la mayoría de las implicadas: Marta, Lola y Nina ni siquiera saben todo lo que pasó, Olga ha optado por olvidarlo y Julia, principal perjudicada, ha conseguido, de alguna manera, superarlo, crecerse ante la adversidad, tener la vida más plena y satisfactoria de todas (además de los pasajes más emotivos de la novela).

Quizá por eso apenas se le dedican un par de páginas en el último capítulo, una conversación entre Olga y Julia en la que la primera se diría más impresionada por recuperar sus tijeras de bordar doradas que por  lo que le cuenta la segunda, incluida una «sorpresa» a modo de revelación no tan inesperada, quién sabe si un intento de dar un mínimo de relevancia a lo que pasó en 1950.

Excepto el primer capítulo y parte del último, la novela se centra en relatar lo que ha hecho cada una de las cinco mujeres en los 31 años transcurridos, y lo hace a modo de resúmenes más o menos superficiales, centrados en las escenas que la autora considera importantes (la actuación de los Beatles en Barcelona), si bien retratan más la época que la psicología de sus personajes.

En cuanto a las protagonistas y sus experiencias, a veces resulta difícil situar qué pasa a quién, quizá debido a que (excepto Julia, diputada, feminista, con la historia más interesante) se enfrentan a situaciones similares: matrimonios más o menos infelices, maternidad, vida sexual, frustraciones… lo que da lugar a cierta reiteración en las biografías de las cinco amigas y la impresión, demasiado obvia, de que se las utiliza para hablar de un periodo histórico concreto.

Esto se percibe especialmente en la parte titulada Tenebrismo, durante la que las mujeres vuelven a jugar a las prendas con preguntas acerca de su vida sentimental y sexual, con especial atención a la posibilidad de robar la pareja a una amiga o estar con un hombre mucho más joven, además de indagar acerca de la decisión más importante que han tomado.

Si bien las «sorpresas» que se dan durante la cena en el restaurante de Marta son en su mayoría previsibles o irrelevantes, es apreciable la capacidad de la autora para crear expectativa (la tardanza de Julia en medio de la tormenta) y para dar sentido a la «coincidencia» del reencuentro con la boda de Lady Diana y Carlos, cuyo final es bien conocido con el enfrentamiento de las protagonistas a la realidad de sus vidas, tan alejadas del ideal romántico de la juventud.

En resumen, aunque la novela no cumple las expectativas en cuanto al  «misterio»  que sugiere su primer capítulo, se aprecia la intención de mostrar cómo afectan cierto periodo histórico a las mujeres que lo vivieron y sufrieron, está correctamente redactada y, pese a ser algo repetitiva y un tanto superficial, consigue mantener el interés buena parte de la lectura.


«Media vida» es la novela ganadora del Premio Nadal 2017.


***T***



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lunes, 3 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout

Editorial: Duomo ediciones
Colección: Nefelibata
Traducción: Flora Casas
224 páginas
16,80 €

Argumento:

Lucy Barton rememora los días que su madre le hizo compañía mientras estaba en el hospital.

Comentario (con SPOILERS):

Es difícil comentar «Me llamo Lucy Barton» sin incurrir en el spoilers como ejemplo de los pros y contras de una novela que puede satisfacer, o no, dependiendo de varios factores.

Relatada en primera persona por la propia Lucy desde su presente, la autora rememora, casi a modo de autobiografía, los días en los que se reencontró con su madre durante una estancia en el hospital, lo que le lleva a recordar pasajes de su infancia, y otros momentos de su vida.

Si bien la trama principal es la relación entre una madre y una hija con dificultades para comunicarse, lastradas por un pasado que ninguna de las dos quiere detallar, también son importantes otros temas, como la influencia de la infancia (en este caso traumática) en el desarrollo de las personas, o la literatura utilizada para huir de una realidad desagradable (vivir en un lugar pequeño y frío)  y, después, tras acudir a un taller literario en el que le dicen varias generalidades, como vehículo para expresar vivencias.

Un tema en principio atractivo (la difícil relación maternofilial) parece desaprovechado, en parte debido a la redacción, que opta a menudo por las notas breves, algo frías, con un contenido más intuido o supuesto que plasmado, dejando la interpretación a cargo de quien lee.

Hay también digresiones, como el relato por parte de la madre de diversas anécdotas sucedidas a conocidos de ambas, que pueden interpretarse como una forma más de su negativa a comunicarse, a hablar de las cosas con claridad, algo que elude también Lucy en su novela, cargada de silencios que en realidad nadie parece desear romper.

Curiosamente, quizá por la falta de profundización en los hechos concretos, no da la impresión de que el pasado haya afectado demasiado a Lucy, que se siente culpable por haber escapado de él gracias a los estudios, mientras sus hermanos se quedaban atrás, pero no se esfuerza en relacionarse con ellos. Tampoco parece que le haya influido en su propia vida como madre, que retrata una relación fluida con sus hijas.

En resumen, si bien en la novela se habla de temas interesantes y profundos, la forma en que está redactada atraerá más a quienes gusten de un retrato distante y «realista» y quizá no satisfaga a quienes prefieran historias en las que los personajes evolucionen, cambien, se vean afectados por lo que se relata.

***T***

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jueves, 7 de abril de 2016

Olvidé decirte quiero, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €

Argumento:

Malena rememora su relación con Mario.

Comentario:

«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista (en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que intentan liberarse relacionándose con otros hombres.

También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos. 

En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y «seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos calificar que los humanos sois, grosso modo, idiotas.»

Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad, si continuara con su vida… Y acaba.

En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior obra de la autora.


Citas de «Olvidé decirte quiero»:


Malena, capítulo 1:

« Me llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir, ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
 Y la nada más absoluta me responde con un silencio perturbador.»

Malena, capítulo 2:

« Siempre he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas, a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso, a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que quizá sea este en el que me encuentro.»

Mía, capítulo 27:

«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,


También en este blog:

- Reseña de «La luz de Candela»



***T***


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