jueves, 16 de julio de 2015

Mujeres de agua, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon
220 páginas
2,25 €

Argumento:

Mena recuerda a su madre, Jimena, tiempo después de su defunción.

Comentario (con SPOILERS):

Mujeres de agua es una de esas obras difíciles de reseñar: son tantas las cosas por comentar, los ejemplos que señalar, que inevitablemente quedará algo sin mencionarse.

Publicitada como segunda parte de En un rincón del alma (aunque se puede leer de forma independiente, ya que en esta se cuentan los principales hechos de la anterior), la historia, narrada esta vez por Mena en primera persona, ocupa buena parte de su extensión en recordar a Jimena, lo que hizo, la relación con su marido e hijos, las consecuencias de sus actos (huída, accidente) etc.

En lo formal se aprecia cierto caos, sobre todo en el primer tercio, tanto en el orden en que se relatan los hechos (la novela «salta» de una escena a otra de manera, en apariencia, arbitraria), como en la secuencia temporal (no se indica en qué fecha ocurre cada cosa. En un momento se sugiere que Adrian y Steven no pueden casarse, por lo que sería antes de 2005, y más tarde se menciona  la crisis, a partir de 2008, pero son «pistas» que no ayudan a saber cuánto tiempo transcurre desde el fallecimiento de Jimena) o los escenarios en los que se mueven los personajes (muchas veces parecen situados en el vacío, debido a la casi total carencia de ambientación u otras indicaciones), lo que puede producir confusión y desconcierto, además de requerir un esfuerzo de concentración para intentar situarse en el tiempo y el espacio.

También contribuye a dificultar la lectura, restándole fluidez, el uso de palabras que se dirían fuera de contexto, dando lugar a frases extrañas cuyo significado se hace difícil desentrañar .(«Pero su belleza y duración son, a veces, una impronta indebida.», «Mi padre permaneció dos meses en un limbo anodino.»,  « La familia, a veces, es más ajena y distante que el vecino trashumante de la habitación de un hotel.», «Que los hechos, dentro de una familia, son como los de una civilización, tienden a redundarse con los años.»).

La inclusión de palabras poco comunes («inquirió», «apostilló» «resoluta»), los párrafos que incluyen frases contradictorias («Presentí que tal vez no volviera a verle más. A saber de él. Al menos no como el Adrian que era para mí, que había sido. Sentí que mi hermano se iba, que se había ido en el momento en que leyó el diario de nuestra madre. Algo de lo que recogían sus páginas le había hecho cambiar. Quizá siempre había sido de aquella manera y yo no me había dado cuenta…») o el uso, erróneo en castellano, del «su» para referirse a partes del cuerpo, además de las múltiples erratas (unas palabras por otras, comas que parecen caídas sobre el texto a su capricho, ausencia de tildes, puntuación…) y cambios de los tiempos verbales de una frase a otra, contribuyen a aumentar la confusión en una narración ya de por sí desordenada y liosa.

Repite información en distintos momentos (la compra del herbolario, la infidelidad paterna, la publicación de las cartas de Jimena, la historia de Adrian, etc), la narración de Mena en primera persona, con las limitaciones que esto conlleva se transforma, cuando le conviene (el relato de la relación romántica/intima entre Remedios y Gonzalo, o entre Amanda y su ex) en omnisciente, relatando pensamientos, sentimientos y todo tipo de detalles que la narradora no podría conocer, algo muy común en novelas escritas en primera persona.

Sin embargo, quizá lo que más llama la atención son las incongruencias y contradicciones de la trama: ¿por qué es negativa la relación entre Jimena, su marido y Sara, y no se cuestiona la de Remedios, su marido Eduardo y Gonzalo?  ¿Cuándo se publican los diarios de Jimena? ¿Por qué no cuenta Mena a Amanda lo de la runa ni le muestra la nota de su marido? ¿Por qué no avisan a la policía? ¿Qué dificultad real hay para que Mena y Jorge estén juntos (algo más creíble que una diferencia de edad de siete años entre ellos, ya que no ven problemas en los quince que hay entre Adrian y Steven)?

Mención especial merece que el hecho de recuperar el herbolario que compartían Jimena, Remedios y Sheela en la anterior novela, En un rincón del alma, utilizado aquí como leit motiv y homenaje a los personajes, apenas se aprovecha más allá del relato de su restauración y posterior destrucción, sin que su nueva existencia sea significativa.

La última parte de la novela, tras demorarse en frases tan melodramáticas como llenas de obviedades, con menor contenido y profundidad de lo que aparentan, parece una carrera hacia el final, un resumen apresurado en el que las protagonistas toman decisiones tan absurdas como apresuradas.

En resumen, Mujeres de agua parece un borrador sin editar, que puede interesar a quienes disfrutasen con la lectura de En un rincón del alma y a incondicionales de su autora.


Cita de Mujeres de agua:

«―Andreas, ¿por qué la llamabas mujer de agua? —le inquirí.
—El agua es el origen de la vida, como vosotras, como todas las mujeres. Se mimetiza con las energías que la rodean, toma mil formas, igual que lo hacéis las mujeres. Además tu madre decía que todos los días importantes de su vida estaban pasados por agua —sonrió—. Ella era todo agua, todo energía y vida. Siempre pensé que algún día se perdería bajo la lluvia, porque el agua era su origen. Cuando se lo decía ella respondía que para protegerse de la lluvia tenía el paraguas rojo que le regaló Sheela.»


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