lunes, 16 de julio de 2018

El que susurra, de Malenka Ramos

Editorial: Ediciones B, 2018
510 páginas
19,90 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

El fallecimiento de la pequeña Penny es el inicio de una serie de sucesos extraños que afectan tanto a su familia como al resto del pueblo, Point Spirit.

Comentario:

En ocasiones resulta difícil evitar la comparación entre distintas obras de un autor, en especial si pertenecen al mismo género, lo que puede acentuar, o no, las similitudes de todo tipo, sobre todo si se reseñan ambas, como ocurre con «El que susurra» y la anterior novela de su autora, «Lo que habita dentro».

En el comentario de «Lo que habita dentro» se mencionaban varios «defectos»: repetición de sucesos, en resumen y desarrollados; exceso de escenas dramáticas y de terror, con el riesgo de perder efectividad; pasajes demasiado largos que ocasionan altibajos de ritmo e interés; ambientación poco convincente que dificulta «ver» Galicia como escenario de la acción; personajes efectivos pero sin gran profundidad en su caracterización… Pero, sobre todo, una similitud demasiado evidente con la novela It, de Stephen King.

En «El que susurra», aun con un exceso de capítulos destinados a inquietar y crear intriga (se insiste demasiado en lo de la marioneta, que no aporta nada a la historia), se prescinde de los resúmenes explicativos y la autora crea escenas que hacen avanzar la narración, ya sea en la presentación de los personajes y las relaciones entre ellos (varias de ellas románticas) o en el desarrollo de la intriga, abriendo distintas opciones que impulsan a seguir leyendo para averiguar qué pasará a continuación, cómo se resolverán las situaciones planteadas.

La ambientación es convincente, al punto de creer que la novela se desarrolla en un pueblecito estadounidense, Point Spirit, cuya historia es parte imprescindible para entender lo que sucede y a quienes, con distintos escenarios bastante logrados y hasta una investigación, bastante sencilla, en la que casi todo se averigua con facilidad y poco esfuerzo por parte de los protagonistas.

Aunque hay muchos personajes secundarios (en su mayoría sobrantes, se podrían eliminar sin afectar a la historia que se relata), cuya única finalidad es la de protagonizar escenas truculentas, con exceso de información sobre ellos, en esta ocasión destacan los personajes principales, las mujeres de la familia Morelli y los hombres que las rodean e intentan ayudarlas y protegerlas, cuyas detalladas biografías, que incluyen emociones, contradicciones y dilemas de diversa índole, contribuyen a crear empatía e interés por sus vidas.

Si en «Lo que habita dentro» las similitudes con «It» eran evidentes, en «El que susurra» las referencias son más vagas, menos identificables, aunque la mayoría de las situaciones recuerdan a novelas y películas del género (el origen de lo que pasa), sin que resulten sorprendentes u originales, aunque, eso sí, están bien integradas, se nota que todo tiene un sentido y una razón de ser y que la autora ha escrito una novela bien estructurada y pensada, destacando de otros autores españoles, en su mayoría hombres, que también tienen como referente a Stephen King, por estar dotada de más profundidad e interés, tanto en forma como en fondo.

La relación que se establece entre dos personajes, uno bastante mayor que el otro, recuerda, de alguna manera, a otras obras de la autora, de género erótico, si bien hay marcadas diferencias entre una y otra forma de tratar el tema. En esta novela, se cuestiona desde el primer momento por varios de los personajes, incluido uno de los protagonistas de la trama, que intenta no caer en la tentación, se analiza y, además, son unos sentimientos (mutuos) en gran parte condicionados por un agente externo. El reconocimiento de que no es algo dentro de la norma, el análisis de los pros y contras, los motivos, la reticencia, sugieren respeto y prudencia, marcando distancias con la trilogía «Venganza», cuya primera entrega, «De rodillas», ha sido reseñada en este blog.

En resumen, «El que susurra» es una muy digna historia de misterio y terror, bien redactada y planificada, con personajes interesantes, que maneja los tópicos del género con destreza y eficacia, muy entretenida, con algunas escenas de gran intensidad emotiva y dramática. Se perciben varios intereses de la autora, temas y situaciones comunes a las de la novela anterior (con la que tiene en común más de lo que se aprecia en una lectura superficial), lo que puede ser bueno, al crear un mundo propio, o un problema a la hora de sorprender con los giros argumentales. En cualquier caso, la evolución es notable, y deja con las ganas de leer más obras de Malenka Ramos.


***T***


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)



lunes, 9 de julio de 2018

La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker

T.O.: La Disparition de Stephanie Mailer
Editorial: Alfaguara, 2018
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego
650 páginas
22,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Una conversación entre la periodista Stephanie Mailer y  Jesse Rosenberg, un policía a punto de jubilarse, hace que se reabra un caso de asesinato ocurrido veinte años atrás, bajo la sospecha de que no se halló al verdadero culpable.

Comentario:

«La desaparición de Stephanie Mailer» se antoja una novela desmedida, irreflexiva, demasiado extensa, en la que el autor pone demasiado de todo, desde personajes a tramas, o a giros más o menos sorprendentes, lo que ocasiona un ritmo irregular, lleno de altibajos de interés muy marcados.

Gran parte de la historia se ocupa del cuádruple crimen ocurrido casi dos décadas atrás, centrada tanto en la investigación realizada en la actualidad como en los flashbacks que relatan cómo se llevó el caso entonces. Estas incursiones en el pasado, además de irrumpir de forma abrupta son innecesarias, al menos tan desarrolladas, y se agradecería un resumen mucho más conciso, que aligeraría tanto la lectura como el número de páginas.

La narración hace especial hincapié en la vida de uno de los protagonistas, Jesse Rosenberg, y en lo que sucedió con su novia, Natasha (de tal previsibilidad que sorprende la cantidad de páginas que se le dedican, tanto a tratar de hacer que parezca un misterio como a evitar decirlo), sin que ni así se consiga despertar empatía o simpatía por Jesse, ni por cualquiera de los innumerables personajes que desfilan por la novela con el único afán aparente de evitar que se averigüe quién hizo qué, o no, o por qué.

Y es que hay multitud de personajes con punto de vista, desde policías y sospechosos hasta otros que no tienen implicación con los asesinatos pero gozan igualmente de su correspondiente punto de vista, ya sea en tercera o primera persona, con largos capítulos en los que relatan sus vidas, sin el menor interés y, lo que es peor, sin afectar a la trama principal. Quizá sí, a veces, tienen que ver con la parte metaliteraria, metida casi por la fuerza para que el autor, como en «La verdad sobre el caso Harry Quebert» (con la que comparte varias similitudes, tanto en forma como en fondo), suelte sus reflexiones sobre literatura y crítica, tan superficiales como tópicas, aunque en algunos momentos funcionen.

Los capítulos relacionados con la obra de teatro «La noche negra», su autor, Harvey Kirk  y los intentos de representarla (lleva años de ensayos para elegir el reparto…) o los de Meta Ostrovski y sus contradicciones quizá sean de  los más curiosos de la novela:

«—Desde ayer me tiene obsesionado una idea; me apetece presentarme a la audición de La noche negra. —Y ¿por qué no?—¡Porque es imposible! ¡Soy crítico literario y crítico de teatro! No puedo ser ni escritor, ni intérprete.—Creo que me he perdido, Meta... —¡Hombre, Steven, esfuércese un poquito, por Dios! Explíqueme por qué milagro un crítico de teatro iba a poder actuar en una obra. ¿Se imagina qué pasaría si los críticos literarios se pusieran a escribir y los escritores se hicieran críticos literarios? ¿Se imagina a Don DeLillo escribiendo en The New Yorker una crítica de la última obra de David Mamet? ¿Se imagina qué habría pasado si Pollock hubiera hecho la crítica de la última exposición de Rothko en The New York Times? ¿Se imagina a Jeff Koons desmenuzando la última creación de Damien Hirst en The Washington Post? ¿Puede concebir que Spielberg escriba la crítica de lo último de Coppola en Los Angeles Times? «No vayan a ver esa porquería. Es una abominación.» A todo el mundo le parecería, con razón, escandaloso y falto de objetividad. No se puede hacer la crítica de un arte que se ejerce.Bergdorf, captando el derrotero intelectual de Ostrovski, le comentó entonces:—Técnicamente, Meta, usted ya no es crítico, puesto que lo he despedido.»

La redacción, sin personalidad destacable, demasiado sencilla y convencional, incluso superficial, acompañada de un texto que parece el de un borrador en el que el autor pone casi todo lo que se le ocurre, antes de decidir lo que resulta útil y necesario y eliminar lo superfluo, contribuyen a inflar una novela excesiva en todos los aspecto, desde el mencionado número de páginas al de personajes y subtramas, algo que también parece tener como finalidad enredar tanto los hechos que resulte imposible deducir todo lo sucedido, tanto en el pasado como en el presente.

Afortunadamente, pese a las vueltas que da el autor a lo sucedido tanto en 1994 como en 2013, tiene el suficiente oficio como para lograr que no se pierda de vista quién es quién y su papel (en caso de tenerlo) en la historia, lo que permite adelantarse a los protagonistas en varias ocasiones, pese a lo «tramposo» de algunas situaciones, como el repentino romance sorpresa que se cuenta al final.

En resumen, «La desaparición de Stephanie Mailer» es una novela irregular, a veces entretenida y otras exasperante, excesiva, con solo algunos momentos de interés. Puede interesar a incondicionales del autor o a quienes les gusten los «sorprendentes» giros argumentales (aunque sean a costa de la verosimilitud de la historia: Alice y Steven).


***T***

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lunes, 2 de julio de 2018

Muerte contrarreloj, de Jorge Zepeda Patterson

Muerte contrarreloj
Jorge Zepeda Patterson
Editorial Planeta
312 páginas

Argumento:

Va a comenzar el Tour de Francia. Marc, gregario de uno de los principales equipos, sabe que ha de sacrificarse para garantizar la victoria de su gran amigo y líder del grupo, Steve. Pronto comienzan a suceder percances extraños, incluido un suicidio que podría no serlo...

Comentario:

Es poco frecuente encontrarse con una novela ambientada en el mundillo del ciclismo, en concreto, del mundillo que rodea a la más famosa carrera por etapas del mundo, el Tour de Francia. Para mí ese es el mayor aliciente de esta historia, en la que se introducen varias tramas, una de las cuales nos narra, siguiendo la propia estructura de la carrera (cada capítulo es una etapa o un flashback), la competición deportiva, con sus alegrías y sus miserias, la camaradería y rivalidad, la carga épica, los accidentes, las relaciones con los miembros del equipo técnico o la organización, e incluso con la prensa especializada; mientras, por otro lado, la policía trata de dilucidar la autoría de varios sabotajes sobre los corredores. Es decir, la consabida trama misteriosa para enganchar al lector, como si no confiaran en que el resto de la historia fuera suficientemente potente. Desde mi punto de vista, la novela podría funcionar sin esa concesión comercial.

Aunque no conozco mucho de las interioridades del Tour, diría que la obra está bastante bien documentada en lo que a este se refiere. Se nota, al menos, una cierta investigación, con la inclusión de numerosos detalles y anécdotas (por ejemplo, cómo orinan los ciclistas sobre la bici). Hay también alusiones a corredores famosos reales como Lance Armstrong, Induráin, Anquetil y otros. No se puede decir lo mismo del tema policial, cuyo desarrollo a mí al menos me ha parecido poco concreto (también es cierto que, al ser en primera persona, no había muchas posibilidades de desarrollar), con un "comisario" genérico y algo tópico de dudosa actuación (le cuenta demasiadas cosas de las pesquisas a Marc, quien podría ser sospechoso). Durante una buena parte de la novela, la investigación no existe, limitándose Marc a referir sus sospechas sobre algunos de sus compañeros.

La historia, como dije, está narrada en primera persona por Marc, un ciclista de origen medio colombiano, medio francés. El uso de la primera persona tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ventajas, que permite conocer de primera mano los sufrimientos del protagonista en la bici y aumenta el tono heroico; desventajas, que, como es costumbre en esta forma de narrar, apenas se profundiza en los otros personajes, a los que conocemos solo a través de los ojos del personaje principal; eso sí, el uso de la primera persona introduce una cierta dosis de ambigüedad en algunas cuestiones, como el desenlace...  

A mi modo de ver, y relacionado con esto, el registro de lenguaje de Marc es demasiado culto, teniendo en cuenta los orígenes y desarrollo del personaje; usa un estilo quizás demasiado de literato, que no permite creérselo del todo. Hay partes donde abundan las frases hechas; y otras donde el autor hace comparaciones un tanto forzadas. Para ser una primera persona, el tono es demasiado racional, en especial cuando narra temas amorosos o sentimentales, lo que hace que suene todo muy frío.

Pero la prosa, en general, es fluida, aunque la novela en sí me parece algo densa, al haber más narración o pensamientos que diálogos. Me da la impresión de que es más larga de lo que debería ser o a mí se me ha hecho larga. Se relatan con mucha prolijidad varias escenas en ruta, aunque comprendo que el libro trata de eso, y es inevitable. También es cierto que hay escenas atractivas al final, en las etapas de los Alpes, donde se exprime del todo el tono y potencial épico del ciclismo, con una narración muy visual y efectiva. Me ha llamado la atención la cantidad de series de TV que se citan, desde Juego de Tronos hasta Los Soprano. (Gazapo: cuando Fiona cita la famosa frase en inglés de "No sabes nada, Jon Nieve", dice, por dos veces, "You don't know nothing, Jon Snow". No soy una experta en inglés pero juraría que lo correcto es "You know nothing, Jon Snow")

Como en toda novela de misterio criminal que se precie, las sospechas van pasando de uno a otro personaje casi de forma continua, aunque, a decir verdad, a veces se trata solo de especulaciones del protagonista u opiniones sin fundamento. Me ha chocado que, de pronto, se hable de un asesino cuando no es seguro que haya cometido ni un asesinato, y casi en todos los casos, sus actuaciones parezcan más propias de un sabotaje. Incluso la prensa, que se supone no conoce todos los detalles, habla de un asesino. 

La intervención policial es mínima, limitándose a las apariciones del "comisario" que mencioné anteriormente para informar al protagonista, lo cual queda un poco extraño. No me ha quedado claro si el policía pertenece a la Gendarmería o a la Policía Nacional francesa. En un momento, dice que viene de París para investigar, pero todo lo relacionado con él es ambiguo y poco claro. 

Con todo, la novela no carece de alicientes, aunque al menos para mí, saber quién era el asesino era el menor de ellos...

En resumen, una curiosa novela de "crímenes", ambientada en el mundo del ciclismo, un Tour de Francia en papel o tinta electrónica, bastante entretenido. Ah, por cierto, parece que están rodando una serie de TV sobre el libro.


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lunes, 25 de junio de 2018

El bosque sabe tu nombre, de Alaitz Leceaga

Editorial: Ediciones B,  2018
624 páginas.
20,90 €
Ebook: 9,99€

Argumento:

Estrella relata su vida y la historia de su familia, en la que las mujeres tienen un don que las hace diferentes.

Comentario:

«El bosque sabe tu nombre» podría ser una novela más entretenida e interesante, dentro de su falta de originalidad, concesiones a las convenciones del género y similitudes con otras obras (tiene algunos puntos en común, por ejemplo, con «Lo que el viento se llevó», de Margaret Mitchell) si no fuera por sus excesos y carencias.

Las más de seiscientas páginas que se utilizan para relatar la historia de la familia Zuloaga, a través de los ojos de Estrella, no tardan en antojarse excesivas: la autora repite información, tanto en los largos y a veces explicativos diálogos que mantienen los personajes como en descripciones (bosque, paisajes…), en la narración de hechos familiares pasados y presentes o los pensamientos de la protagonista.

Los personajes, sus personalidades y acciones, no propician la implicación con ellos ni con lo que les sucede.  La mayoría resultan poco agradables y con los matices justos (a veces cambiantes a conveniencia de la acción) para cumplir su cometido. La misma Estrella, protagonista en primera persona, con la dificultad que eso entraña para dar una versión «creíble» del resto, tiene reacciones incomprensibles, exageradas, caprichosas, casi malvadas (todo lo relacionado con su gemela, Alma). La inclusión de hasta tres villanos (el marqués, Pedro y Villas) de una maldad irracional, exagerada, sin matices ni motivos, tampoco ayuda a dotar de credibilidad la narración.

Además, son evidentes ciertos puntos en común con los mencionados protagonistas de «Lo que el viento se llevó», donde Estrella sería Escarlata O’Hara, Liam Sinclair un Rhett Butler pelirrojo (en ambas novelas se subrayan las similitudes entre ellos), Tomás un Ashley Wilkes que podría eliminarse sin afectar demasiado a la historia, Catalina  como Melania, o incluso Mason podría tener algo Frank Kennedy.

También hay varios paralelismos en las tramas de ambas historias (una mujer en busca de libertad e independencia, cambios radicales en el estilo de vida, una guerra, posguerra, el apego de las protagonistas a su hogar, una la mansión Tara y la otra Villa Soledad…). La mención tanto de Clark Gable como de Vivien (Vivian en la novela) Leigh, con cuya belleza se compara la de Estrella, varias veces en el texto, sugiere una suerte de homenaje, aunque no se menciona la película, ni el libro.

En algún medio se citan como referencias a novelas como «Cumbres borrascosas» de Emily Brontë, Rebeca de Daphne du Maurier o «La casa de los espíritus» de Isabel Allende y la trilogía del Baztán de Dolores Redondo, siendo las más identificables las últimas, una por el intento de crear su propio universo «mágico» y familiar y la otra, quizá, por desarrollarse en el País Vasco y hacer menciones, superficiales, al folklore de la zona: lamias, sorginak (brujas)…

Tal vez son estos los momentos más interesantes de «El bosque sabe tu nombre», destacando la capacidad de Estrella de modificar la Naturaleza (aunque se usa tantas veces que pierde algo de fuerza), la de ver al fantasma de su gemela, su relación con el fuego, o con el lobo que la acecha desde la niñez. Lamentablemente, las fugaces y silenciosas apariciones de Alma no parecen responder a un motivo concreto, ni tener la menor utilidad, creando una expectativa nunca cumplida, y su eliminación no afectaría a la novela.

Tampoco acaban de funcionar las pinceladas reivindicativas acerca de la falta de derechos de las mujeres (la novela se desarrolla entre 1927 y comenzada la década de los cuarenta) y la lucha de Estrella por ser independiente, libre, poder trabajar en lo que le gusta y decidir si  quiere casarse y tener hijos, o no. Es posible  que se deba a la gran cantidad de subtramas e incidentes, que ocupan la mayor parte de la historia, dejando estos temas en un lugar relativamente secundario.

En resumen, «El bosque sabe tu nombre» es una obra correctamente redactada, con algunos pasajes de interés, lastrada tanto por sus excesos (páginas, repetición de situaciones) como por sus defectos (personajes con los que no resulta fácil empatizar y que actúan sin coherencia según «necesidades argumentales»). Si la autora escribiera una continuación (y el final sugiere la posibilidad) en la que puliera los errores formales, muchos achacables a ser una primera novela, y se desvinculara de ciertos homenajes, dotándola de personalidad propia, podría ser una lectura interesante.


***T***


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jueves, 21 de junio de 2018

La pequeña librería de los corazones solitarios, de Annie Darling


T.O.: The Little Bookshop of Lonely Hearts, 2016
Editorial: Titania, 2018
Colección: Titania Amour
Traducción: Helena Álvarez de la Miya
350 páginas
16,50 €
Ebook: 5.99 €

Argumento:

Posy hereda la librería Marcapáginas y tiene que convertirla en un negocio de éxito, especializada en novela romántica, mientras Sebastian Thorndyke, el nieto de su benefactora, intenta ponerle trabas… y coquetear con ella.

Comentario:

Aunque por el título pudiera parecer que «La pequeña librería de los corazones solitarios» es una historia acerca de los libros y el amor a la literatura, lo cierto es que esto, así como el relato del proceso por el que Posy transforma una tienda que apenas tiene ventas en la librería de sus sueños, especializada en su género favorito, son meras excusas para desarrollar una novela romántica llena de tópicos.

Una vez asumido que de  libros solo se darán unos cuantos títulos, sobre todo de obras actuales, y que la conversión de una librería de temática general en especialista en romántica están al servicio del «accidentado» romance entre Posy y Sebastian, se empiezan a notar ciertas carencias.

Una d ellas sería que los personajes no caen bien. Ni Posy, una joven pusilánime, indecisa, incapaz de plantar cara a nadie (al menos a los hombres), obsesionada con una pérdida familiar en cuyo trauma se insiste una y otra vez, ni Sebstian, autoritario, superficial, incapaz de escuchar o razonar. Que toda la novela esté narrada desde el punto de vista de ella perjudica tanto a su imagen como a la de él, y a la del resto de personajes, en su mayoría secundarios con un rol determinado y escaso desarrollo más allá de su cometido básico.

«—¡No puedo permitir que hagas eso, Morland! El futuro de la tienda no puede depender de los gustos literarios de un puñado de solteronas patéticas que son incapaces de conseguir un hombre y por eso se ven obligadas a leer sobre el asunto en las páginas edulcoradas de una novela romántica.»

Sam, el hermano de Posy es un adolescente egoísta y manipulador la mayor parte del tiempo (de pronto «madura» sin un motivo concreto). Verity es la tímida y Tom el silencioso, personal  de la librería. Nina es la típica guapa que solo interesa por su físico y tiene un gusto terrible con los hombres, capaz de ofrecerse hacer los mayores sacrificios: «Igual lo mejor es que me lo tire y punto —musitó Nina—, ya me entiendes, me sacrifico por el equipo, me lo tiro y ya está.». Piers Brocklehurst, antiguo compañero de universidad de Sebastian, tan atractivo como desagradable, exhibe el comportamiento más absurdo de todos, villano sin sentido ni motivo, porque sí, para rellenar páginas de una subtrama incoherente.

Que todas las escenas estén al servicio de la aparición de Sebastian para complicar la vida a Posy en continuas conversaciones en las que él se empeña en imponer su criterio contra la voluntad de una protagonista incapaz de hacerse escuchar, que actúa de forma cobarde simulando que él ha ganado y continuando con sus planes a sus espaldas, en una serie de repeticiones de diálogos, situaciones, reflexiones, dificultades etc… da una sensación de reiteración, de que la novela tiene demasiadas páginas para lo poco que pasa, de que no avanza ni hay comunicación entre los personajes.

Algunas de las reflexiones de Posy también chirrían por lo que implican:

«¡Fantástico! y ahora se ponía a hablar como la Posy de la extraña novela romántica del estilo de las ambientadas en la época de la Regencia que le había dado por escribir la otra noche, algo que achacaba completamente al síndrome premenstrual. O a haber comido demasiado queso.»

«Sebastian tenía razón, era una mujer patética, incapaz de hacer nada bien.»
   
 «Se rieron porque, la última vez que Posy había estado en «esos días del mes», se había echado a llorar porque el horno había empezado a echar humo… »

Hay pasajes de «Seducida por un canalla» que…:

«Thorndyke permaneció en el lecho de Posy hasta el amanecer. Le había arrebatado su virtud, su dignidad, todo cuanto poseía, y lo que él le había ofrecido por su parte era la transformación de pasar de solterona ansiosa a mujer en un estado perfecto de feminidad y dispuesta a ofrecerse una y otra vez, y otra vez.»

El final feliz, al estilo de los que le gustan a Posy, por los que da nombre a su librería (Finales felices) es tan abrupto como previsible, todo se soluciona con tal facilidad que no se entiende que no haya pasado mucho antes, sin que haya cambios destacables en los personajes, su relación o lo que piensan.

En resumen, «La pequeña librería de los corazones solitarios» es una historia correctamente escrita, en la que se mencionan (títulos de) novelas románticas (pero no trata de libros, ni de librerías), con protagonistas poco agradables (en especial Sebastian), en la que pasa muy poco (ni siquiera evoluciona el romance), con algunos aspectos cuestionables (¿Cómo se consideraría del comportamiento de Sebastian con Posy de no saberse que es "el  chico"?), que quizá interese a incondicionales del género.


Citas de la novela:


«Claro que en realidad Posy no debería estar generalizando así, porque ella odiaba que la gente generalizara sobre la novela romántica, pero verdaderamente tenía la sensación de que todas las novelas policiacas que había tenido en las manos venían con unas dosis altísimas de muertes y amenazas acechando por todas partes, y con el consabido expolicía con un trauma emocional pasado mal resuelto, atormentado por la muerte de un ser querido a manos de un asesino en serie al que habían conseguido encerrar sus buenos diez años, pero a quien al final habían tenido que dejar salir en libertad por un tecnicismo legal.»

«—La literatura de chicas no tiene nada de malo —anunció—. Lo único malo es que a esas novelas escritas eminentemente para mujeres, sobre mujeres y por mujeres se le atribuya con tono burlón y displicente el nombre de «literatura de chicas», como dando a entender que carece totalmente de mérito literario.»


«—¡Sí! ¡Agatha acabó en la cárcel de Holloway por encadenarse a la verja de Buckingham Palace, y yo me encadenaré a Marcapáginas si hace falta para impedir que la reduzcas a escombros!       —Sin intención de faltarle al respeto a mi bisabuela, he de decir que tú eres el ejemplo perfecto de por qué las mujeres nunca deberían haber conseguido el voto, Morland —dijo él mientras se pasaba la mano por la delantera de la chaqueta como si Posy le hubiera salpicado de saliva durante su apasionado alegato, cosa que no había hecho. O, cuando menos, esperaba no haber hecho—. Desde que conseguisteis el voto, no paran de ocurrírseos a todas un montón de ideas que os vienen grandes.»
 
 «...lo que la tenía cautivada era el final feliz. Era que el héroe y la heroína acabaran abandonando la página para dirigirse cogidos de la mano hacia el rojo atardecer que pintaba el cielo sobre el horizonte. En la vida real los finales no eran siempre felices, eso Posy lo sabía perfectamente, pero una buena novela romántica, en cambio, siempre tenía un final feliz y, si no era así, Posy se sentía engañada. Incluso había habido un par de ocasiones en que había lanzado el libro al otro lado de la habitación, casi podría decirse que asqueada.»



«Algunas mujeres empezaban a hacer kickboxing. A otras les daba por el yoga Ashtanga. Las había que corrían maratones. O se unían a un comando guerrillero de tejedoras de punto, se entregaban en cuerpo y alma a la repostería extrema, hacían cestos de mimbre… Daba la impresión de que las otras mujeres habían encontrado una y mil formas de lidiar con el estrés, pero parecía que la única manera en que Posy era capaz de sobrellevarlo, de soportar las gilipolleces de Sebastian, era dando rienda suelta a su frustración en las páginas que escribía.» 



***T***

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