jueves, 21 de junio de 2018

La pequeña librería de los corazones solitarios, de Annie Darling


T.O.: The Little Bookshop of Lonely Hearts, 2016
Editorial: Titania, 2018
Colección: Titania Amour
Traducción: Helena Álvarez de la Miya
350 páginas
16,50 €
Ebook: 5.99 €

Argumento:

Posy hereda la librería Marcapáginas y tiene que convertirla en un negocio de éxito, especializada en novela romántica, mientras Sebastian Thorndyke, el nieto de su benefactora, intenta ponerle trabas… y coquetear con ella.

Comentario:

Aunque por el título pudiera parecer que «La pequeña librería de los corazones solitarios» es una historia acerca de los libros y el amor a la literatura, lo cierto es que esto, así como el relato del proceso por el que Posy transforma una tienda que apenas tiene ventas en la librería de sus sueños, especializada en su género favorito, son meras excusas para desarrollar una novela romántica llena de tópicos.

Una vez asumido que de  libros solo se darán unos cuantos títulos, sobre todo de obras actuales, y que la conversión de una librería de temática general en especialista en romántica están al servicio del «accidentado» romance entre Posy y Sebastian, se empiezan a notar ciertas carencias.

Una d ellas sería que los personajes no caen bien. Ni Posy, una joven pusilánime, indecisa, incapaz de plantar cara a nadie (al menos a los hombres), obsesionada con una pérdida familiar en cuyo trauma se insiste una y otra vez, ni Sebstian, autoritario, superficial, incapaz de escuchar o razonar. Que toda la novela esté narrada desde el punto de vista de ella perjudica tanto a su imagen como a la de él, y a la del resto de personajes, en su mayoría secundarios con un rol determinado y escaso desarrollo más allá de su cometido básico.

«—¡No puedo permitir que hagas eso, Morland! El futuro de la tienda no puede depender de los gustos literarios de un puñado de solteronas patéticas que son incapaces de conseguir un hombre y por eso se ven obligadas a leer sobre el asunto en las páginas edulcoradas de una novela romántica.»

Sam, el hermano de Posy es un adolescente egoísta y manipulador la mayor parte del tiempo (de pronto «madura» sin un motivo concreto). Verity es la tímida y Tom el silencioso, personal  de la librería. Nina es la típica guapa que solo interesa por su físico y tiene un gusto terrible con los hombres, capaz de ofrecerse hacer los mayores sacrificios: «Igual lo mejor es que me lo tire y punto —musitó Nina—, ya me entiendes, me sacrifico por el equipo, me lo tiro y ya está.». Piers Brocklehurst, antiguo compañero de universidad de Sebastian, tan atractivo como desagradable, exhibe el comportamiento más absurdo de todos, villano sin sentido ni motivo, porque sí, para rellenar páginas de una subtrama incoherente.

Que todas las escenas estén al servicio de la aparición de Sebastian para complicar la vida a Posy en continuas conversaciones en las que él se empeña en imponer su criterio contra la voluntad de una protagonista incapaz de hacerse escuchar, que actúa de forma cobarde simulando que él ha ganado y continuando con sus planes a sus espaldas, en una serie de repeticiones de diálogos, situaciones, reflexiones, dificultades etc… da una sensación de reiteración, de que la novela tiene demasiadas páginas para lo poco que pasa, de que no avanza ni hay comunicación entre los personajes.

Algunas de las reflexiones de Posy también chirrían por lo que implican:

«¡Fantástico! y ahora se ponía a hablar como la Posy de la extraña novela romántica del estilo de las ambientadas en la época de la Regencia que le había dado por escribir la otra noche, algo que achacaba completamente al síndrome premenstrual. O a haber comido demasiado queso.»

«Sebastian tenía razón, era una mujer patética, incapaz de hacer nada bien.»
   
 «Se rieron porque, la última vez que Posy había estado en «esos días del mes», se había echado a llorar porque el horno había empezado a echar humo… »

Hay pasajes de «Seducida por un canalla» que…:

«Thorndyke permaneció en el lecho de Posy hasta el amanecer. Le había arrebatado su virtud, su dignidad, todo cuanto poseía, y lo que él le había ofrecido por su parte era la transformación de pasar de solterona ansiosa a mujer en un estado perfecto de feminidad y dispuesta a ofrecerse una y otra vez, y otra vez.»

El final feliz, al estilo de los que le gustan a Posy, por los que da nombre a su librería (Finales felices) es tan abrupto como previsible, todo se soluciona con tal facilidad que no se entiende que no haya pasado mucho antes, sin que haya cambios destacables en los personajes, su relación o lo que piensan.

En resumen, «La pequeña librería de los corazones solitarios» es una historia correctamente escrita, en la que se mencionan (títulos de) novelas románticas (pero no trata de libros), con protagonistas poco agradables (en especial Sebastian), en la que pasa muy poco (ni siquiera evoluciona el romance), con algunos aspectos cuestionables, que quizá interese a incondicionales del género.


Citas de la novela:


«Claro que en realidad Posy no debería estar generalizando así, porque ella odiaba que la gente generalizara sobre la novela romántica, pero verdaderamente tenía la sensación de que todas las novelas policiacas que había tenido en las manos venían con unas dosis altísimas de muertes y amenazas acechando por todas partes, y con el consabido expolicía con un trauma emocional pasado mal resuelto, atormentado por la muerte de un ser querido a manos de un asesino en serie al que habían conseguido encerrar sus buenos diez años, pero a quien al final habían tenido que dejar salir en libertad por un tecnicismo legal.»

«—La literatura de chicas no tiene nada de malo —anunció—. Lo único malo es que a esas novelas escritas eminentemente para mujeres, sobre mujeres y por mujeres se le atribuya con tono burlón y displicente el nombre de «literatura de chicas», como dando a entender que carece totalmente de mérito literario.»


«—¡Sí! ¡Agatha acabó en la cárcel de Holloway por encadenarse a la verja de Buckingham Palace, y yo me encadenaré a Marcapáginas si hace falta para impedir que la reduzcas a escombros!       —Sin intención de faltarle al respeto a mi bisabuela, he de decir que tú eres el ejemplo perfecto de por qué las mujeres nunca deberían haber conseguido el voto, Morland —dijo él mientras se pasaba la mano por la delantera de la chaqueta como si Posy le hubiera salpicado de saliva durante su apasionado alegato, cosa que no había hecho. O, cuando menos, esperaba no haber hecho—. Desde que conseguisteis el voto, no paran de ocurrírseos a todas un montón de ideas que os vienen grandes.»
 
 «...lo que la tenía cautivada era el final feliz. Era que el héroe y la heroína acabaran abandonando la página para dirigirse cogidos de la mano hacia el rojo atardecer que pintaba el cielo sobre el horizonte. En la vida real los finales no eran siempre felices, eso Posy lo sabía perfectamente, pero una buena novela romántica, en cambio, siempre tenía un final feliz y, si no era así, Posy se sentía engañada. Incluso había habido un par de ocasiones en que había lanzado el libro al otro lado de la habitación, casi podría decirse que asqueada.»



«Algunas mujeres empezaban a hacer kickboxing. A otras les daba por el yoga Ashtanga. Las había que corrían maratones. O se unían a un comando guerrillero de tejedoras de punto, se entregaban en cuerpo y alma a la repostería extrema, hacían cestos de mimbre… Daba la impresión de que las otras mujeres habían encontrado una y mil formas de lidiar con el estrés, pero parecía que la única manera en que Posy era capaz de sobrellevarlo, de soportar las gilipolleces de Sebastian, era dando rienda suelta a su frustración en las páginas que escribía.» 



***T***

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lunes, 18 de junio de 2018

Flores negras, de Lara Siscar

Editorial: Plaza & Janés, 2018
288 páginas
17,90 €
Ebook; 8,99 €

Argumento:

Tras un incidente en su trabajo, que la obliga a dejarlo, Berta Martos regresa a Rayuela, el pueblo de su infancia, a vivir con su madre. Allí se reencuentra con su pasado y colabora en la resolución de un crimen.

Comentario:

 Como empieza a ser habitual, parte de la publicidad con la que se intenta «vender» la novela es un tanto engañosa, en esta ocasión respecto a las situaciones que trata y a que se basa en un hecho real (se hace hincapié en algo que ocupa apenas un 20%), lo que puede suponer una decepción para quien espere leer una historia de misterio, con su correspondiente investigación, pistas, personajes sospechosos etc…, ya que su relevancia es mínima y está al servicio de otros temas.

La trama de intriga se caracteriza, además de por la brevedad, por su previsibilidad en cuanto a la identidad del principal personaje culpable, aunque no tanto respecto a todo lo que ha hecho, y por la forma tópica en que se desarrollan algunas de sus escenas, destacando aquellas en las que se intenta demorar la revelación de su identidad. Los pasajes de «acción» y las explicaciones de lo sucedido también se atienen a lo más clásico y típico del género y, como tales, resultan las páginas más convencionales de la novela.

Las relativa escasez de personajes, y la facilidad de identificar el rol que tiene cada uno, también contribuye a que la sorpresa sobre quién hace qué sea mínima. Entre estos destaca sobre todo Berta, una protagonista dividida entre el deseo de recuperar su trabajo, y su buen nombre (hasta el punto de pensar sólo en su beneficio cuando se presenta la posibilidad de que no sea «responsable» de lo sucedido), y una complicada relación con su madre, Rosa, una actriz retirada celosa de su intimidad.

Paulina, empleada de Rosa, pese a no tener muchos matices, también tiene su importancia en otro de los temas que se tratan en la novela, la difusión de rumores, su tergiversación y sus consecuencias (rol complementando con el de doña Felisa, La Cronista de la Villa, que escribe sobe lo que sucede en Rayuela):

«Su especialidad era la difusión. La transmisión del mensaje. El boca a boca. Su lema, el mismo que el de cualquier canal de información continua: «Está pasando, te lo estoy contando». O más a medida: «Te lo estoy contando, mejor será que haya pasado». Porque, como todo el mundo sabe, pocas impotencias dejan tan arrasado como ser el personaje principal de un rumor falso. No hay nada que hacer al respecto. Es mejor, y hasta la víctima llega a desearlo, que la acusación sea real. Se pasa menos mal. Esto es un hecho comprobado. «Si por lo menos fuese verdad» es un pensamiento fijo en todo aquel que se ve envuelto en un cotilleo de nivel.»

Hay varios personajes masculinos que cumplen roles desde ser interés romántico de Berta a sospechosos o muestra de las murmuraciones y sus consecuencias en Rayuela, como Raúl, Carlos, Agustín, Casemiro…, además de otros, más secundarios, que completan las breves subtramas que ocurren en el pueblo.

Algunos fenómenos extraños, como las flores negras del título, escondidas en el jardín de Rosa, la madre de la protagonista, o un pájaro que actúa con inusitada agresividad, que parecen fuera de lugar en un relato «realista», se intuyen como símbolos de lo que está sucediendo en el pueblo, de la podredumbre oculta en su interior:

«Una flor negra, grande, una especie de murciélago con las alas a medio desplegar y varias cabezas, con unos bigotes largos y gruesos, como tendones en reposo, cayendo hacia todos lados. Daba la impresión de que, en caso necesario, la misma flor podría levantarlos. Vista de lejos, resultaba extraña. De cerca, daba miedo. Y algo de asco. Berta se preguntó a qué olería aquello.»

Entre los temas que trata la novela se encuentran tanto los hechos con las  consecuencias (la  historia comienza con Berta despedida por algo que no es su responsabilidad directa), las críticas («La llamaban de todo, por todo. Por cortar la emisión, por no cortar antes la emisión, por meter un final musical, por no dar paso antes a la canción, por intentar que hablara, por no insistirle más…») y cómo siempre hay quien se aprovecha y beneficia del mal ajeno (la celeridad con que sustituyen a Berta en el puesto).

Recrea cómo se actúa en pueblos pequeños:

«Se dio cuenta de que, desde que cruzó el marco de entrada, había actuado influida por lo que pudiesen opinar de ella los presentes; y por un instante se le ocurrió que a lo mejor exageraba. Que tal vez nadie estaba tan pendiente como ella pensaba. Un vistazo alrededor con toda la naturalidad que pudo desplegar bastó para constatar que, efectivamente, casi todos la miraban. No se molestó. Cuando vivía en el pueblo ella también miraba.»

«—Éste es un pueblo muy pequeño, amigo. El equilibrio es delicado. —Case se acercó a ellos y se dejó caer en la barra—. No se trata de que no quieran contarlo, que aquí todo se cuenta. La cuestión es cómo evitar que se sepa quién se ha ido de la lengua. No se fían de ti. En la aldea los rumores vuelan, pero no hay manera de saber quién empezó y por dónde siguió la cadena. Sólo se sabe que se sabe, pero a todo el mundo se lo ha dicho antes alguien. Es muy raro dar con la fuente originaria, amigo. Así se evitan enemistades. Porque las enemistades en un lugar como éste, si se encarnan, se pudren sin remedio y nunca se sabe cómo acaban.»

También destaca la evolución de la autora desde su anterior, y primera, novela hasta esta, que no se limita a cambios formales (de tres personajes en primera persona a unos pocos en tercera), sino también de temas, al pasar del mundo del arte en «La vigilante del Louvre» a la crítica social de «Flores negras».

En resumen, «Flores negras» es una obra bien redactada, entretenida, por momentos inquietante, de ritmo a veces irregular,  pero no se trata una novela de misterio tal como ésta se entiende, sino que utiliza la intriga para reflexionar sobre otros temas, lo que puede decepcionar a quien espere leer tal género.


***T***

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lunes, 11 de junio de 2018

La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits, de John Seabrook

La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits.
The Song Machine: How to Make a Hit
John Seabrook
Traducción: Irene Riaño de Hoz
Penguin Random House (Reservoir Books)
452 páginas


Argumento:

El autor nos narra cómo se crean los súper hits musicales que escuchamos en la radio o vemos en Youtube.

Comentario:

Lo cierto es que cuando empecé el libro esperaba una narración más técnica sobre la creación de canciones, desde el punto de vista musical, pero, pese a todo, me ha gustado. Nunca más escucharé un gran éxito del mismo modo... Imposible, después de haber leído esta obra.

El autor nos cuenta aquello que sucede "detrás" de los artistas más admirados y escuchados, en los estudios de grabación o incluso antes, en las oficinas de las compañías o en las casas de los gurús de la música comercial. Y obviamente, y aunque nos podemos imaginar muchas de las cosas que dice, las conclusiones son muy deprimentes, en especial, aquellas que se refieren a la predictibilidad de lo que será un éxito, y a la absoluta mercantilización de todo lo relacionado con la música popular.

"«Todos nosotros hemos aprendido desde una edad muy temprana a enfocar la música como un negocio —explica—. Frente a otros que lo harán por diversión o por lo que sea, a nosotros nos prepararon para hacer exactamente lo que el cliente quiere y cuando lo quiere."

En consonancia con el tema que toca, que no es otro que la música, las partes y capítulos están conformados con la estructura de una canción tipo. Es decir, cada parte se nombra con un elemento de la canción, como el "gancho" (hook), la primera estrofa, la segunda, estribillo, puente, etc, etc.

En la primera parte, el autor nos describe de forma autobiográfica su encuentro con la música "moderna" (la que escucha su hijo adolescente) y las diferencias entre esta y la de su época, y nos introduce los primeros puntos clave: los dos tipos principales de influencias musicales de los grandes hits (Europop y R&B), y el uso del software informático para la creación de las canciones, que generan sonidos más atractivos que los de los instrumentos de verdad (lo que el autor llama "robopop"). También habla del famoso "hook" o gancho 

"Los hits actuales están repletos de hooks, anzuelos musicales diseñados para engancharse a tu oreja cada siete segundos". 

El artista, el cantante, tiene mucha menos importancia de lo que uno piensa.

Después, Seabrook se centra en los creadores de verdad de las canciones, como Dr Luke, Stargate o Max Martin, que logran sacar partido de unos pocos acordes y estructuras sencillas que los PC y el software luego arreglan y mejoran, añadiendo todo tipo de adornos, que convierten estas piezas musicales en adictivas a fuerza de repeticiones, en busca del ansiado Hit ("El 90 por ciento de los ingresos de la industria discográfica procede del 10 por ciento de las canciones"). 

De lo que cuenta el autor en el libro se deduce que vale más tener un par de éxitazos que mil canciones de cierto éxito pero que no llegan a ser "hits", aunque también reconoce que el panorama está cambiando hacia un escenario de "nichos" de mercado, debido sobre todo a la entrada de las descargas ilegales y de plataformas como Spotify, que han afectado mucho a las ventas y al negocio.

Se nos revela un hecho curioso: la gran mayoría de los creadores de grandes éxitos ¡son suecos! Y no habla solo de grandes éxitos europeos, sino también americanos y en el para mí poco conocido mundo del K-Pop (grupos pop coreanos de grandísimo éxito).

"Los fabricantes de hits suecos, en su día un alocado sueño de Denniz PoP, fueron los responsables de la cuarta parte de todos los éxitos del Billboard Hot 100 en 2014."

En relación con los suecos, se nos cuenta la evolución de su peculiar "fábrica de canciones", iniciada en los noventa con Cheiron, y su fundador Denniz PoP, fue precursor de la nueva forma de hacer música con samples y sonidos pregrabados y sintetizadores, y sobre todo ese trabajo en estudio que recubre la música de "golosinas", es decir, de efectos que hacen que las canciones sean más placenteras de escuchar.

Pero también nos cuenta la colaboración de estos suecos con los americanos y la mezcla de sonidos R&B con el más genuino Europop, y el triunfo de los grupos de chicos (Backstreet Boys, etc). Intercalado con la evolución histórica de estas bandas, el autor nos explica cómo trabajaban los compositores, y la influencia de las listas de éxitos y reproducción en la magnificación del impacto de los hits.

Más adelante, se cuentan casos particulares de famosas cantantes como Britney Spears, Kesha o Rihanna, y sus relaciones más o menos problemáticas con estos gurús musicales, además de mencionar la importancia de los talent show, como American Idol, inspirado en el Pop Idol británico (el autor atribuye a Europa este gusto por los concursos de canciones, con  una mención incluso al festival de Eurovisión, con error incluido, ya que si bien Azerbaiyán ha participado en Eurovisión, y ganado una edición, Kazajistán jamás ha estado) 

"Los europeos están habituados a los concursos de canto televisados gracias a décadas de Eurovisión, el concurso paneuropeo de canciones que dio a conocer al mundo a ABBA con «Waterloo», la actuación ganadora de 1974, y que acaba con la coronación de un país como campeón, al estilo de la Copa del Mundo".

Lo más llamativo, los "campamentos de canciones" en los que se reunen compositores para crear en equipo, y cómo se trata de hacer creer a la gente que el cantante interviene en la creación de sus canciones, aunque no siempre sea así.

En resumen, una visión bastante detallada del panorama  musical y de sus grandes éxitos, en la que queda claro que cada vez más y gracias al software informático y a los algoritmos, se va hacia la construcción a la carta de canciones que "satisfacen" al cerebro, hechas con el sistema de "pista y hook", con unos pocos acordes, letras básicas y sencillas, pero que tan rápido como se consumen son sustituidas por otras similares, fabricadas literalmente en estudios por equipos de técnicos, muchos de los cuales no saben música, pero que tienen buen oído para realizar las diferentes partes de una canción, como la melodía, el ritmo, etc. Unos pocos compositores,muchos de ellos de origen sueco con  un afilado sentido de lo comercial, para nutrir los repertorios de casi todos los artistas relevantes. Un libro sumamente interesante y esclarecedor, aunque me sobran un poco las vidas de las cantantes y otro tipo de detalles personales.


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miércoles, 6 de junio de 2018

Una bruja sin escoba, de Antonia J. Corrales

Editorial: Amazon, 2018
188 páginas
7,99 €
Ebook: 4,99 €

Argumento:

Tras separarse de su pareja e iniciar una nueva vida, Diana comienza a averiguar cosas de su origen.

Comentario:

Cuando se ha leído, y comentado, unas cuantas novelas de la misma persona (esta es la sexta obra de la autora reseñada en este blog) es difícil decir algo nuevo, y da la impresión, releyendo anteriores artículos, que algunas de las opiniones que contienen se podrían aplicar al actual. Que la mayoría de autores escriban siempre sobre temas recurrentes que son parte de sus inquietudes e intereses, también contribuye a producir la sensación de que no hay algo nuevo que decir.

«Una bruja sin escoba» también está redactada en primera persona por su protagonista, en esta ocasión Diana, una bruja que desconoce su origen y no ha desarrollado sus poderes, de forma correcta y funcional, siendo su punto de vista el único que se da de los hechos, y del resto de los personajes. La redacción se nota bastante revisada, con una drástica disminución de erratas y palabras que no significan lo que la autora cree, tan presentes en obras anteriores, si bien resulta algo confusa en la última parte, sin llegar a resultar una molestia o dificultar la lectura.

Los problemas con la ausencia de fechas y lugar en el que se sitúa la acción se resuelven con las referencias a internet y móviles, etc, y se dice que transcurre en Madrid, sin bien continúa la confusión sobre el lapso de tiempo en el que transcurren los hechos, que da la impresión, por la cantidad de cosas que suceden, de que es mayor del que se dice.

También son habituales ciertas reflexiones (cada vez, afortunadamente, más escasas y  breves, menos farragosas y repetitivas) sobre temas espirituales y la contraposición entre este tipo de vida y otro más materialista. Y, por supuesto, los objetos, ya sean mágicos, simbólicos o ambas cosas, con preferencia por el color rojo, desde el paraguas de «En un rincón del alma» y sus dos secuelas (se menciona de pasada, así como a las mujeres de agua), hasta las hojas de arce de «Y si fuera cierto». Ahora se trata de un ala delta (roja), sustituta de la tradicional escoba de bruja, un libro con hojas (aparentemente) en blanco encuadernado en rojo, o la presencia del también indispensable gato (egipcio),  Senatón.

Aunque son evidentes las mencionadas similitudes con las obras anteriores de la autora, es con «Y si fuera cierto» con la que tiene más puntos, positivos, en común. Al igual que en esta, deja de lado las generalidades emocionales para tratar de contar algo, basándose en personas y hechos (más o menos) reales, en torno a los que crear su historia, transmitir sus puntos de vista, valores, cultura, en la que no faltan las referencias a canciones, cine y TV (uno de los personajes se llama Duncan Connor, como los interpretados por Adrian Paul y Christophe Lambert, uno en la serie y el otro en las películas de «Los inmortales». Se menciona el DeLorean de «Regreso al futuro») etc…

Entre lo más destacable se encuentra la capacidad de dotar de humanidad y personalidad a todos los habitantes del edificio a cuyo ático se muda Diana. Antonio, el casero, su madre, Claudia,  vecinos como Elda, Desmond y Ecles, Duncan o Amaya resultan más cercanos e interesantes en sus peculiaridades que los de su vida anterior (Alán, Samanta, Rigel), aunque estos también cumplen su cometido.

Si bien la novela avanza sin grandes altibajos, con cierta previsibilidad, la autora consigue dar un giro argumental cerca del final, tan sorpresivo como interesante, que abre la historia a varias posibilidades cuyo desarrollo tendrá lugar en posteriores entregas de lo que, al parecer, será una trilogía.

En resumen, «Una bruja sin escoba» contiene, con la obvia evolución en cuanto a forma y fondo, los temas habituales de la autora, lo que interesará a quienes disfrutaron con sus otras novelas. Y, además, permanece la notable evolución observada en «Y si fuera cierto»,  lo que incrementa el interés por seguir leyendo a la autora, resulta muy entretenida, los personajes despiertan empatía y, sobre todo, crea intriga por saber qué pasará. Sólo queda esperar, y desear, que no tarde un año en publicarse la continuación de las aventuras de Diana, una bruja moderna.

Otras novelas de Antonia J. Corrales reseñadas en este blog:






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lunes, 4 de junio de 2018

La novia gitana, de Carmen Mola

Editorial: Alfaguara, 2018
Colección: Alfaguara negra
408 páginas
19,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El cadáver de Susana Macaya aparece varios días después de su desaparición con indicios de haber sido asesinada de forma similar a como le sucedió a su hermana, Lara, siete años atrás.

Comentario:

«La novia gitana» sigue el esquema habitual de las novelas de su género, un thriller en el que alguien comete una serie de asesinatos usando métodos poco habituales, en este caso unos gusanos que sirven, además, para producir lo que parece una buscada sensación de rechazo, asco y temor:

«Su cuerpo se encuentra lleno de gusanos. Cuando nota que hay uno cerca de los labios, saca la lengua y se lo mete en la boca. Le gusta sentir el cosquilleo del gusano antes de tragárselo. De vez en cuando, aparta los gusanos que tiene en el pie para ver por dónde van en su trabajo de demolición. Ya se nota una hondonada justo antes del dedo gordo. En unos días más llegarán hasta el hueso.»

Narrada en tercera persona y presente, con uso preferente de los puntos de vista de los dos personajes principales (Blanco y Zárate), aunque también, en menor medida, de otros, incluidos muy secundarios, la inclusión de pasajes en cursiva (de los más desagradables de leer de la novela) alternados con el relato de la investigación, de cuya pertinencia no cabe duda, son también parte de las convenciones de este tipo de historias.

La inspectora Elena Blanco no se libra de los tópicos, al ser retratada como una mujer tan seria y eficaz en su trabajo como atormentada (vive obsesionada por algo ocurrido en el pasado) por sus propios demonios, que combate bebiendo grappa y cantando canciones de Mina Mazzini en un karaoke. Zárate, el nuevo, útil para mostrar cómo trabaja la Brigada de Análisis de Casos (BAC), ser el «interés romántico» de la protagonista y con un conflicto entre el deber y el sentimiento, por tener como mentor y figura paterna a Salvador Santos, el policía que investigó el primer crimen, es el otro personaje más desarrollado.

El resto: el equipo de la BAC (Chesca, Mariajo, Buendía, Orduño), Miguel Vistas, encarcelado por el asesinato de Lara, sus abogados (Jáuregui y Masegosa), Moisés y Sonia, progenitores de las dos jóvenes asesinadas, Raúl Garcedo, novio de Susana, su amiga Cintia, y unos cuantos más, están definidos por el rol que interpretan en la historia (sospechosos, testigos etc…).

El desarrollo de la historia sigue los cauces habituales, desde los interrogatorios a personajes sospechosos, conversaciones con familiares, posibilidad de que el asesino de Susana sea el mismo que el de Lara y, por tanto, Miguel Vilas sea inocente del primero, subtramas personales, comportamientos dudosos de algunos personajes que ocasionan nuevos interrogatorios… Y, de fondo, utilizados a modo de posibles motivaciones para los crímenes, aparecen, de forma superficial, temas como la homosexualidad, las diferencias culturales en los matrimonios entre gitanos y payos, el Alzheimer etc...

En resumen, «La novia gitana» es una obra  correctamente redactada, con algunas escenas no aptas para personas sensibles, algo tramposa, previsible, alargada en su última parte, que puede satisfacer a incondicionales del thriller y sonar a algo ya visto (tanto en literatura como en series de TV) a quienes hayan leído unas cuantas novelas de su género (la inclusión de sus tópicos más habituales hace difícil la sorpresa) y, aunque de fácil lectura y entretenida, se hace algo larga.

La escena final, previsible tras cierto hecho, sugiere la posibilidad de una continuidad de las aventuras de la inspectora Elena Blanco, con especial atención a su historia personal, que, al parecer la autora ya está escribiendo, con el título de «La red púrpura».

Mencionar la curiosa estrategia promocional de la editorial, con frases como:

«¿Quién es Carmen Mola? ¿Quién puede escribir de este modo, con una fuerza narrativa casi salvaje, inédita en la novela negra española y que recuerda al Lemaitre de “Irène” y “Alex” y al Easton Ellis de “American Psycho”? » «Como ya sabéis, Carmen Mola es un pseudónimo. ¿Por qué se utiliza el pseudónimo? Benjamin Black y Todd Ritter son autores que utilizan el pseudónimo para diferenciar sus obras. Sin embargo, ¿por qué creéis que lo utiliza Carmen Mola si no tiene obras anteriores?»

Da que pensar cuál es la finalidad tanto del uso de un pseudónimo como de publicitarlo como un valor añadido (que no afecta al contenido de la novela), si ya se dice que la autora no tiene otras novelas, y si, como parece, no hay intención de revelar su identidad. Decir que «La novia gitana» recuerda a la obra de otros autores tampoco suena a algo positivo para ésta, al menos en cuanto se refiere a la creación de algo original o novedoso, más allá de ser española…
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