martes, 21 de abril de 2015

Qué difícil es ser dios, de Arkady y Boris Strugatsky

Qué difícil es ser dios
Trudno Byt Bogom
Arkady y Boris Strugatsky
Traducción: A.M. García y D. Santos
Ediciones Acervo


Sinopsis:

Don Rumata de Estoria quiere salvar como sea al sabio Budaj, amenazado por el poder de Don Reba, un intrigante cortesano que planea derrocar al rey de Arkanar con ayuda de un ejército de monjes fanáticos. Pero nada es lo que parece y Rumata sentirá la tentación de usar sus "poderes" tecnológicos para salvar del oscurantismo al pueblo de Arkanar.


Comentario:


Novela considerada un clásico de la CF en general y de la CF rusa en particular, "Qué difícil es ser dios" es una historia bastante original que podría encuadrarse también en el género de "fantasía heroica" por el tipo de mundo descrito.

En ella tenemos a un noble, Don Rumata, cuyo objetivo es salvar a los intelectuales, artistas y pensadores de Arkanar, el reino más importante de un planeta muy similar a la tierra. El mundo descrito aparentemente tuvo mejores épocas, pero la barbarie y el fanatismo religioso han hecho que se persiga con saña todo atisbo de pensamiento. Dada la época en la que se escribió la obra (1964) y el contexto político (Rusia soviética) es inevitable ver los simbolismos críticos sobre la censura y la persecución intelectual de estilo totalitario que se vivía en aquellos tiempos. La obra tuvo bastantes problemas para salir al público.

La novela, muy breve y de fácil lectura, es en cambio rica en ideas y subtextos. Aunque hay diversos lances aventureros, luchas a espada, intrigas palaciegas, romances y demás elementos del folletín fantástico-heroico, lo realmente importante es lo que se trata de transmitir.

Por un lado, tenemos a Don Rumata, cuyo verdadero nombre es Anton (todos los protagonistas terrícolas son rusos, por supuesto), un hombre de una civilización científica avanzada donde ya no existe la violencia ni la opresión (se ha alcanzado el paraíso comunista), que estudia otros planetas en busca de culturas similares a la terrestre pero en estados primitivos.

Este grupo de sociólogos o historiadores se mezclan con los nativos y tratan de ayudar a su progreso sin intervenir de modo obvio. Anton-Rumata se siente en continuo conflicto entre su educación civilizada y los modos del mundo seudomedieval donde habita y entre la teoría feudal establecida por los sabios de su mundo y las realidades que conoce in situ. Son muy interesantes sus pensamientos y observaciones sobre la violencia, la falta de higiene de los lugareños y sus pasiones, que por un lado le horrorizan, pero por otro lo arrastran. Resulta, en ese sentido, muy realista, ya que la visión de esos mundos fantásticos está alejada de la idealización de ciertas corrientes del género.

Don Reba, el ministro del rey, es el antagonista de la historia. Representa al personaje ambicioso que por lograr el poder es capaz de aliarse con cualquiera, en este caso con hordas de fanáticos religiosos que terminan por rematar los retazos de civilización del reino. En el libro se le equipara un poco irónicamente con Richelieu, aunque como ellos mismos admiten, no le llega ni a la suela de los zapatos. La política de este personaje se basa en la tortura, el envenenamiento, la persecución...

En líneas generales, Don Rumata se siente impotente por no poder ayudar más a los habitantes de ese mundo, algunos de los cuales intuyen que es "especial" y lo tratan de "dios" y le piden que les entregue el "rayo" con el que podrían derrocar a Don Reba. Pero "es difícil ser dios" y al final Don Rumata sucumbe a la barbarie cuando, debido a los acontecimientos que se precipitan al final, siente la furia primitiva que está prohibida en su ordenada civilización. 

La estructura de la novela se basa en una larga introducción donde conocemos, desde la extrañeza, el mundo imaginario de Arkanar. Pero pronto entendemos lo que es Rumata y cuál es su misión. La trama en sí es bastante breve y sencilla, y el final es algo brusco. De hecho, se hace una elipsis un tanto peculiar que pone el foco en la sociedad de sociólogos, que analizan lo sucedido con Rumata (y que nosotros no vemos, pero podemos intuir).

Existen dos películas inspiradas por esta novela: "El poder de un dios", bastante fiel a la historia (refleja incluso diálogos casi literales y episodios de la novela, aunque también tiene alguna pequeña licencia), pero no muy buena técnicamente; y "Qué difícil es ser un dios", estrenada en 2013 y considerada una obra de culto.

Fragmento:

"Como vos sabéis, yo, Ministro de Seguridad de la Corona de Arkanar, tomé ciertas medidas contra los llamados intelectuales, sabios y demás gente inútil y peligrosa para el Estado. Estas medidas tropezaron con una increíble reacción. Mientras todo el pueblo, de modo unánime, conservando su fidelidad al Rey y a las tradiciones de Arkanar, me ayudaba en todo, es decir, entregaba a los que se ocultaban, se tomaba la justicia por su mano y señalaba a los sospechosos que escapaban a mi atención, una fuerza desconocida pero enérgica nos quitaba de las manos a los delincuentes más importantes, más perversos y más repugnantes, y los llevaba fuera de las fronteras del Reino. De esta forma pudieron escapar el astrólogo ateo Baguir Kissenski; el alquimista Sinda, que como pudo demostrarse tenía relaciones con el espíritu del mal y con las autoridades de Irukán; el abominable panfletista y alterador del orden Tsurén, y otros muchos de menor rango.
Así pudo ocultarse el brujo loco y mecánico Kabani. Alguien gastó montañas de oro intentando impedir que se cumpliera la voluntad del pueblo con relación a los espías y envenenadores sacrílegos, ex galenos de la corte de Su Majestad. También hubo alguien que, en unas circunstancias que hacen recordar al enemigo de la especie humana, liberó de sus guardianes al monstruo de la depravación, corruptor de almas populares y cabecilla de la insurrección campesina Arata el Jorobado. - Don Reba hizo una pausa, la piel de su frente se estremeció, y miró significativamente a Rumata. Este elevó sus ojos al techo y sonrió. Recordó el día en que se llevó a Arata el Jorobado valiéndose de un helicóptero. Los guardianes se quedaron alucinados al ver el aparato. Y a Arata le ocurrió lo mismo. Fue un buen golpe.
- Y sabed - prosiguió Don Reba - que este cabecilla llamado Arata está ahora en libertad, y acaudilla a los siervos que se han sublevado en las regiones orientales de la metrópoli, donde se está derramando mucha sangre noble. Se sabe que este cabecilla no carece de dinero ni de armas.
- Os creo - dijo Rumata -. Desde el primer momento me dio la impresión de que era un hombre decidido...
- ¿Así que reconocéis...? - le interrumpió Don Reba.
- ¿Qué?
Durante unos segundos se miraron mutuamente a los ojos.
- Sigamos - dijo Don Reba -. Por la salvación de estos corruptores de almas pagasteis, Don Rumata, según mis humildes e incompletos cálculos, no menos de cuatro arrobas de oro. Ni hay que decir que al hacer esto cayó sobre vos una mancha eterna por haber pactado con el espíritu del mal. Tampoco mencionaré que durante todo el tiempo que lleváis en el reino de Arkanar no habéis recibido de vuestras propiedades de Estoria ni una sola moneda. ¿Por qué habríais de recibirla? ¿Qué objeto tiene enviar dinero a un difunto, aunque sea pariente? Y sin embargo, ¡qué oro!
Abrió un cofrecillo que tenía medio oculto entre los papeles de la mesa y extrajo un puñado de monedas con el perfil de Pisa VI.
- ¡Este oro sería suficiente para mandaros a la hoguera! - gritó Don Reba -. ¡Es oro del diablo! ¡No hay manos humanas capaces de obtener un metal tan puro como éste!"

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