Dirección: Kike Maíllo
La verdad es que la premisa prometía. Un caso misterioso de chicas desaparecidas, un cadáver que aparece y otro no, la búsqueda infructuosa de una abuela, la esperanza de tirar del hilo y reconstruir los hechos o encontrar a los culpables... pero, al final, la serie no me ha dejado buen sabor de boca.
Todo empieza muy deprisa. Se hace un breve resumen de lo que pasó y, rápido, nos sitúan dos años después, ya que la historia no es la de la desaparición, sino más bien la de la abuela entregándose a una búsqueda. O eso es lo que primero nos hacen creer. La historia real es la venganza y su inutilidad, aunque mal contada.
A raíz de un hecho bastante conveniente, la abuela encuentra una pista y la sigue... Pero es justo en este punto donde empieza la historia a desmoronarse. Y es que las actuaciones y motivaciones de todos los personajes entran dentro de lo inverosímil e incluso lo estúpido. Nadie actúa como debería en casos similares.
Tampoco en ningún momento, debido a cómo cuentan los hechos, he sentido empatía ni por la abuela ni por nadie en esta narrativa. El único que se salva un poco en cuanto a verosimilitud (un poco, no lancemos las campanas al vuelo) es el personaje de Morte (el padre de una de las chicas, la del cadáver aparecido con signos de violación). Se supone que es un hombre de elevado poder adquisitivo, quizá no bien adquirido, con pinta de mafioso. Cuesta creer que un hombre de estas características dejara ir a su hija sin protección y que luego tampoco fuera capaz, con sus medios, de encontrar a los culpables... Pero bueno, da igual. Al menos sí podemos entender sus motivaciones.
Los guionistas de esto solo aciertan en cómo mantener la atención y la intriga, pero fallan en todo lo demás, en especial en generar emociones humanas reales, crear situaciones creíbles y hacer que te importe lo que estás viendo. Parece que hoy en día en las narrativas solo importa el efectismo, la intriga porque sí y sorprender con lo que sea al final. Y sí, hay giros “inesperados”. Lo que tenemos es un artefacto de aparente buen funcionamiento, pero hueco en suma. Mañana ya ni me acordaré de este relato inane.
Los personajes tampoco es que estén muy bien construidos. En lugar de manifestar sus formas de ser a través de actos y palabras, buena parte de la información importante la descubrimos porque hay terceros describiéndole a otro personaje (a la cara) cómo es o cómo cree él que es. Hablo del caso de la abuela protagonista, que la cinta muestra volcada en su nieta, supuestamente favorita, recordándola, etc., y luego, zas, viene otro y descubrimos que, en realidad, nunca se ocupó de la familia y anduvo por ahí de fiesta con unos hippies toda la vida. Esto no es una información baladí. Es algo que choca por completo con el comportamiento mostrado por la susodicha señora, tan obsesivo en su deseo de saber la verdad o vengarse. La idea no era mala, pero está pobremente desarrollada, de forma que ni afecta al espectador. Lo más destacado en cuanto a los personajes es que la protagonista es una señora de cierta edad, algo no muy común en audiovisuales españoles.
Para mentes sensibles, señalar que hay escenas bastante “gore”, al estilo de Misery, je (aplastamientos de cabezas, acuchillamientos y de todo). Algunas de estas escenas lindan con lo inverosímil (ver spoiler), así como también la supuesta ineptitud de la Guardia Civil, que en esta serie no investiga nada de lo que debería. Hay una casa al lado del pueblo que alquilan para fiestas, justo donde desaparecen las chicas, y nada: nadie investiga nada. Hay una persona sospechosa de “algo”, con sangre en el suelo, una llamada de teléfono de una víctima que se localizó en su casa, y esa persona sospechosa no es vigilada ni seguida por si acaso... Es que son tantas cosas...
En resumen, una serie o miniserie (por suerte corta) que entretiene un rato y te mantiene interesada, aunque cuando termina te deja (al menos a mí) con un vacío tremendo, ya que no te ha aportado nada, ni siquiera un gramo de emoción o de empatía por las víctimas y los personajes. Sirve para pasar el rato, nada más. No molesta, no incomoda, no perturba, no hace que te hagas preguntas, no acusa, no indaga en estructuras culturales y sociales... Es ideal para el catálogo de Netflix.
SPOILER
Me pareció muy de “conveniencia de guion” que justo el chico que toma clases de piano con la prota (la abuela, Kiti Mánver) reconociera (diciéndolo en voz alta) los pendientes de esta como iguales a los que le regaló ella a su nieta el día de su desaparición, dando por hecho que solo pudo verlos en ese momento. Luego, esta señora, que nos habían pintado como normal, de pronto se convierte en un monstruo vengador que droga, tortura (sí, tortura) y asesina a este chico para sacarle información en un momento. Ahí ya me desconecté de la historia y el resto fue cuesta abajo...
