jueves, 23 de febrero de 2017

El Motel del Voyeur, de Gay Talese

 El motel del voyeur
The Voyeur's Motel
Gay Talese
Traducción: Damià Alou
Alfaguara
232 páginas
Argumento:

El periodista Gay Talese nos cuenta las vivencias de un voyeur americano.

Comentario:

La mayor gracia de esta obra, encuadrada en el género de no ficción, es el morbo que podrían suscitar las memorias del dueño de un motel, dedicado a espiar a sus clientes, algo que, salta a la vista, es de una muy dudosa moralidad, y hasta delictivo.

Se supone que este hombre se puso en contacto con el periodista Gay Talese para hacerle llegar sus escritos, y que incluso este compartió algunas sesiones de "espionaje" con él. Durante años estuvieron en contacto  para hablar del tema, hasta que finalmente, al prescribir el posible delito en el que hubiera incurrido (las acciones principales tuvieron lugar sobre los años setenta), se decidieron a darle forma y sacarlo a la luz.

El resultado es muy irregular. Talese nos da variadas explicaciones sobre la forma en que hizo su obra (lo que en cine sería una especie de making of), sus relaciones y correspondencia con el dueño del motel, sus encuentros y charlas, así como la escabrosa situación en que el segundo le mostró su método de modo práctico, en un tono periodístico y aséptico.

Intercalado en el texto  están las memorias propiamente dichas, o extractos de estas, con diferentes episodios de diverso grado de escabrosidad, pero tampoco en exceso descriptivas. El dueño del motel también incluye el relato de su modus operandi, describiendo las obras que hizo en el motel para crear puntos de observación, disimulados con rejillas, y reflexiones (algunas de ellas prosaicas, pero otras bastante interesantes) sobre la sexualidad tanto propia (su fijación infantil con su tía, sus experiencias con varias mujeres, la complicidad de estas con sus actos de "mirón", etc) como de sus clientes, y cómo esta fue cambiando a lo largo de las décadas en que se dedicó a "estudiarlos".

El autor nos narra encuentros entre parejas casadas, adulterios, tríos, actos homosexuales, incluso algún incesto, sin olvidarse de opinar y comentar sobre lo que ve. En general, parece tener la opinión de que las relaciones sexuales de la mayor parte de la población son muy mediocres y básicas, poco satisfactorias, salvando, caso curioso, a las lesbianas, que según él ponen más amor y entrega.

El libro no me gustado mucho. Llega a ser repetitivo en algunos aspectos; como punto positivo no resulta demasiado explícito o al menos no se regodea demasiado en las descripciones. Obviamente, no está bien espiar a gente que va a tu negocio, pero el dueño del motel parece querer justificarse aludiendo a una "manera informal de hacer un estudio sociológico sobre la sexualidad", al estilo de Masters y Johnson pero sin que los sujetos tuvieran conciencia de ser estudiados.

Para colmo de males, hay dudas sobre la veracidad de toda esta historia, ya que al parecer algunas informaciones apuntan a que varios datos dados por el dueño del motel no coinciden con la realidad.

En resumen, un libro solo apto para curiosos de la vida sexual y sociología. Los que busquen porno lo llevan mal; y los que busquen buena literatura, aún peor.

Fragmento

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lunes, 20 de febrero de 2017

Media vida, de Care Santos

Editorial: Destino, 2017
Colección: Áncora & Delfín
416 páginas
20.50 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

La noche del 29 de julio de 1950 cinco adolescentes se separan tras un hecho traumático para una de ellas. El 29 de julio de 1981, coincidiendo con el 31 aniversario de lo sucedido y con la boda de Lady Diana y Carlos, las amigas, con 45 años, se reencuentran.

Comentario:

A veces, que satisfaga o no la lectura de una novela depende de las perspectivas que se tengan, lo que se crea que se va a encontrar en su interior. En el caso de «Media vida», el primer capítulo, situado en 1950, cuando las cinco protagonistas son adolescentes, parece sugerir que lo sucedido la última noche que comparten en el colegio donde permanecen internas marcará tanto sus vidas como el reencuentro que tiene lugar tres décadas después. No es así.

Este hecho, relacionado con la culpa, el perdón, el remordimiento, no parece afectar a la mayoría de las implicadas: Marta, Lola y Nina ni siquiera saben todo lo que pasó, Olga ha optado por olvidarlo y Julia, principal perjudicada, ha conseguido, de alguna manera, superarlo, crecerse ante la adversidad, tener la vida más plena y satisfactoria de todas (además de los pasajes más emotivos de la novela).

Quizá por eso apenas se le dedican un par de páginas en el último capítulo, una conversación entre Olga y Julia en la que la primera se diría más impresionada por recuperar sus tijeras de bordar doradas que por  lo que le cuenta la segunda, incluida una «sorpresa» a modo de revelación no tan inesperada, quién sabe si un intento de dar un mínimo de relevancia a lo que pasó en 1950.

Excepto el primer capítulo y parte del último, la novela se centra en relatar lo que ha hecho cada una de las cinco mujeres en los 31 años transcurridos, y lo hace a modo de resúmenes más o menos superficiales, centrados en las escenas que la autora considera importantes (la actuación de los Beatles en Barcelona), si bien retratan más la época que la psicología de sus personajes.

En cuanto a las protagonistas y sus experiencias, a veces resulta difícil situar qué pasa a quién, quizá debido a que (excepto Julia, diputada, feminista, con la historia más interesante) se enfrentan a situaciones similares: matrimonios más o menos infelices, maternidad, vida sexual, frustraciones… lo que da lugar a cierta reiteración en las biografías de las cinco amigas y la impresión, demasiado obvia, de que se las utiliza para hablar de un periodo histórico concreto.

Esto se percibe especialmente en la parte titulada Tenebrismo, durante la que las mujeres vuelven a jugar a las prendas con preguntas acerca de su vida sentimental y sexual, con especial atención a la posibilidad de robar la pareja a una amiga o estar con un hombre mucho más joven, además de indagar acerca de la decisión más importante que han tomado.

Si bien las «sorpresas» que se dan durante la cena en el restaurante de Marta son en su mayoría previsibles o irrelevantes, es apreciable la capacidad de la autora para crear expectativa (la tardanza de Julia en medio de la tormenta) y para dar sentido a la «coincidencia» del reencuentro con la boda de Lady Diana y Carlos, cuyo final es bien conocido con el enfrentamiento de las protagonistas a la realidad de sus vidas, tan alejadas del ideal romántico de la juventud.

En resumen, aunque la novela no cumple las expectativas en cuanto al  «misterio»  que sugiere su primer capítulo, se aprecia la intención de mostrar cómo afectan cierto periodo histórico a las mujeres que lo vivieron y sufrieron, está correctamente redactada y, pese a ser algo repetitiva y un tanto superficial, consigue mantener el interés buena parte de la lectura.


«Media vida» es la novela ganadora del Premio Nadal 2017.


***T***



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jueves, 16 de febrero de 2017

La invasión del Tearling (La Reina del Tearling 2), de Erika Johansen

La invasión del Tearling
The Invasion of the Tearling
Erika Johansen
Traductora: Gemma Rovira
Fantascy
576 páginas


Argumento:

Kelsea se ha hecho con el poder y ahora, ha de enfrentarse a su mortal enemiga, la Reina Roja. Mientras el ejército de la Reina se acerca a la capital del Tearling, Kelsea tiene visiones sobre una mujer llamada Lily que vivió en el tiempo anterior a la Travesía...

Comentario (con algún spoiler indicado en el texto):

La primera impresión que tenemos nada más empezar a leer la novela es que la autora ha mejorado su narrativa respecto a la primera entrega de la saga ("La Reina del Tearling"). 

Una vez asentada Kelsea en el trono, se describen mejor los entresijos del poder y las dificultades de gobernar, las luchas contra la Iglesia (sic) y sus representantes (todos ellos corruptos y malvados), las medidas tomadas por la reina ante la inminente invasión del país enemigo, dirigido por la Reina Roja... (que se limitan a decretar una evacuación de toda la población en la capital) y otras disposiciones de gobierno y administrativas. También están extensamente descritas las contradicciones, deseos (en especial, el "despertar sexual", un tanto atípico por lo "racional") y luchas internas de la protagonista principal y su deriva un tanto repentina hacia el "lado oscuro", con comportamientos agresivos hacia los demás (llegando a disfrutar de las torturas) y también autodestructivos (últimamente veo muchos personajes literarios que se autolesionan con cortes, ¿será una moda?). Por contra, la reina roja, que tenía una participación más extensa en la anterior novela, sale mucho menos pero, hasta cierto, punto más humanizada. 

La autora logra crear personajes reconocibles y con cierto volumen, dentro de lo que es la historia, y muchos de ellos, no maniqueos, con sombras y luces (en el caso de Kelsea se ve con claridad que tiene un fondo cruel). Desde luego, la protagonista no es un personaje convencional.

El libro es muy extenso, pero si nos fijamos tampoco pasan tantas cosas como para llenar esa cantidad de páginas. La autora tiende a hacer escenas muy largas y a usar una prosa muy densa, llena de descripciones. Sin embargo, se lee bastante bien, con agilidad. Algo que no me ha gustado es que mete partes demasiado extensas relatadas desde el punto de vista de personajes irrelevantes, como un carcelero o soldados, que me aburren. En realidad, las partes que más me han interesado son las que toman el punto de vista de Kelsea y de Lily, la mujer pre-Travesía con la que esta tiene un vínculo mental. 

Es curioso que la obra se titule "la invasión del Tearling" cuando en realidad esperamos todo el rato que hay un enfrentamiento y una batalla y estos no se producen, no al menos como imaginamos... 

La autora alterna la historia de la invasión con una narración distópica ambientada en los Estados Unidos de  nuestro futuro próximo, donde ha tenido lugar una involución que recuerda a "El cuento de la doncella" de Margaret Atwood, en la cual las mujeres han sido relegadas y sufren continuos malos tratos y degradaciones. No me gusta mucho la forma como la autora introduce los flashbacks. No se le ha ocurrido nada mejor que hacer que Kelsea se desmaye y vea por los ojos de Lily (gracias a esta argucia, sabe TODO lo que ocurrió antes de la Travesía). Como ya es norma, estas "visiones" se describen de una forma cronológicamente lineal de modo que Kelsea (y el lector) pueda conocer los hechos en el orden en que sucedieron (este tipo de visiones solo pueden suceder en literatura, ja) y con todo lujo de detalles (incluso demasiados detalles). El relato de Lily es interesante, algo cliché, aunque la verdadera intriga que yo tenía era ver cómo resolvía la autora la "Travesía", es decir, como lograban los seguidores de William Tear llevar sus barcos al "mundo mejor" (el de Kelsea). Y la solución es bastante descacharrante... Y ahí llegamos a uno de los puntos más insatisfactorios de la novela: el uso de la magia.

Sabemos que se trata de una novela de fantasía, y que Kelsea tiene unos zafiros que le dan ciertos poderes. Sin embargo, el uso de estos es del todo arbitrario. Unas veces puede usar la magia y otras no (según convenga a la autora). Lo mismo ocurre con William Tear, que era también dueño de los zafiros de marras. SPOILER Y que es capaz de abrir un agujero en el tiempo (sic) para llevar su flota de barcos al futuro, pero no de derrotar al sistema opresor distópico... 

Otro punto que rebaja mi valoración de la novela son los comportamientos y decisiones absurdas de Kelsea al final de la historia, en su enfrentamiento con la Reina Roja. No lo he entendido.

La autora introduce en su novela una altísima carga crítica: contra las diferencias entre ricos y pobres, contra la opresión de las mujeres, contra la iglesia y la religión. No se corta a la hora de describir el maltrato (incluidas violaciones) y escenas de torturas. Ni a la hora de defender un cierto socialismo un tanto utópico. En ese aspecto, es una novela que difiere del resto de historias de este estilo.

En resumen, una obra, mezcolanza de varios géneros, que despierta cierto interés, aunque también revela algunos errores notables en la construcción del mundo imaginario, y es más osada que la media en ciertos aspectos. A mí me ha entretenido, hasta me ha enganchado, lo cual no quiere decir nada, pero lo cierto es que la autora logra que te caigan simpáticos los personajes principales y te sumerjas en este mundo improbable.

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lunes, 13 de febrero de 2017

Mi nombre era Eileen, de Ottessa Moshfegh

T.O.: Eileen, 2015
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: Damián Alou
280 páginas
18,90 €
Ebook: 11,99 €

Argumento:

Cincuenta años después, Eileen Dunlop relata lo que hizo la semana anterior a irse de su pueblo, X-ville, para nunca más volver.

Comentario:


La publicidad promociona «Mi nombre era Eileen» como: «Un thriller espeluznante, hipnótico y divertido. Una primera novela poderosa, que cautiva y perturba al lector. La voz de Ottessa Moshfegh irrumpe con fuerza en las letras norteamericanas.» Lamentablemente, no es esto lo que se puede encontrar entre sus páginas.

Narrada en primera persona por su protagonista, la Eileen del título, resulta difícil encontrar algo divertido en el pormenorizado relato que hace de su vida rutinaria y deprimente. Anoréxica, ladrona, trabaja en un correccional, vive en una casa sucia y ruinosa con un progenitor alcohólico con quien apenas se comunica, le cuesta mantener relaciones con otras personas, es inestable, emocionalmente inmadura, se recrea en sus manías, se lamenta, sueña con irse del pueblo, incluso lo planea, pero es incapaz de pasar a la acción en ninguna faceta de su vida, se deja llevar por la inercia de las costumbres y rutinas.

Curiosamente, a pesar de lo repetitivo que resulta, tal vez de forma deliberada, para enfatizar hasta qué punto se encuentra Eileen metida en un bucle autodestructivo, quizá sea la construcción de este personaje, con sus desagradables descripciones y pensamientos, que tanto pueden despertar empatía (momentánea) como antipatía (casi siempre), lo mejor de la novela, y la parte que más cerca está de resultar «perturbadora».

Los continuos apuntes, tanto sobre lo que es la actualidad de Eileen, cuya vida parece haber adquirido algún sentido, como acerca de lo que está a punto de pasar, lo que origina que por fin se decida a hacer algo, consiguen mantener el interés durante parte de la lectura, mientras se cree que puede llegar a ocurrir algo interesante, a pesar de las continuas digresiones carentes de interés y relevancia, o un detallismo excesivo en el relato de situaciones que no aportan nada.

La anunciada aparición estelar de Rebecca Saint John (sustituta de Randy, guarda de día y ex interno del reformatorio, en las fantasías obsesivas de la protagonista) y la relación que establece con Eileen (admiración, imitación, torpe cortejo, fascinación), es anticlimática, un mero catalizador para que, por fin, reaccione.

Lo que se podría definir como «thriller» ocupa el último 10% de la novela, y puede ser lo más decepcionante debido a su falta de credibilidad, a lo absurdo de las decisiones que toman los personajes implicados y a una resolución tan torpe como poco satisfactoria.

En resumen, «Mi nombre era Eileen» es una novela correctamente redactada, en la que no pasa casi nada, con exceso de texto y digresiones, al punto que algunos de los pasajes más repetitivos se pueden leer en diagonal sin perderse nada, que funciona únicamente en la construcción del personaje que le da título, alguien con quien resulta difícil simpatizar.


***T***


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jueves, 9 de febrero de 2017

Anna, de Niccolò Ammaniti

Anna
Niccolò Ammaniti
Traductor: Juan Manuel Salmerón
Editorial Anagrama
304 páginas

 
Argumento:

Después de una epidemia devastadora que comenzó en Bélgica y se extendió por el mundo, todos las personas adultas han muerto, y solo quedan los niños hasta catorce años. Anna lucha en este ambiente para proteger y alimentar a su hermano pequeño, a sabiendas de que a los catorce ella enfermará como todos y morirá.


Comentario:

Otra novela de Anagrama que me ha decepcionado. A lo mejor no he sabido ver la gran calidad de la historia, pero el caso es que me ha parecido simple, plana, sosa y sin el menor interés, nada digno de figurar en una editorial con este prestigio. Es más, podría haber sido publicada perfectamente en cualquier sello especializado en este tipo de historias de Ciencia Ficción, ya que parece una novela de zombis pero sin zombis, y mucho más aburrida.

Como buena novela apocalíptica nos incluye todos los tópicos sobre epidemias devastadoras y hundimiento de la civilización, sin olvidarse tampoco de los "homenajes" a obras como "La carretera" o incluso a "El Señor de las Moscas". En un mundo sin adultos, los niños adoptan rituales casi tribales llenos de salvajismo, que incluyen el sacrificio humano y las drogas, mientras otros buscan desesperadamente comida.

La protagonista principal, a diferencia de los grupos dominados por lo salvaje, lucha por la vida con una cierta racionalidad (sigue los consejos escritos en una libreta por su madre antes de morir, y que sabe ha de legar a su hermano),  y se aferra a ella pese a saber que no le queda mucho. Parece prevalecer el mensaje de que la vida merece vivirse incluso en estas condiciones precarias y de degradación de la civilización. Para mostrarlo, nos incluye el breve interludio casi amoroso de la joven con otro joven que la ayuda a ella y a su hermano en su búsqueda de una salvación, un deseo irracional que cristaliza en la creencia de que en el continente todavía queda algún adulto o existe una cura para el mal.

Lo más significativo, dentro de tanto lugar común apocalíptico, es que la historia se desarrolla en Sicilia, a través de la cual tiene lugar el periplo de Anna y su hermano Astor, que intentan llegar a la península italiana.

La prosa es sencilla, y se agradece. No tiene nada destacable, salvo su brevedad, que hace que la lectura de esta obra prescindible no nos haga perder mucho tiempo de vida. De vez en cuando, nos mete flashbacks innecesarios contando la vida de alguno de los personajes, aunque eso no afecta mucho a la trama general. Es curioso que a una obra tan corta le sobren páginas...

En resumen, una novela que gustará a lo mejor a los aficionados a las historias de caída de la civilización pero que tampoco es nada del otro mundo. Demasiado tópica para llamar la atención. Demasiado plana para despertar pasiones. ¡Y encima tiene un final abierto!

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