viernes, 28 de marzo de 2008

El caso de la viuda negra, de Jerónimo Tristante

Editorial: Maeva
314 páginas
18,00 €

Argumento:

Víctor Ros se ve involucrado en dos casos: el robo de un dedo de la mano al cadáver del coronel Ansuátegui mientras permanecía en el depósito del cementerio, y el de la sospechosa muerte del Marqués de la Entrada, un anciano casado con Lucía Alonso, una joven amiga de Clara, la esposa del policía.

Comentario: (con Spoilers)

Una de las cosas más importantes en una novela de misterio es el desarrollo y resolución del mismo. Quizá porque he leído muchas obras del género me resultó fácil deducir quien y cómo había sustraído el dedo del coronel cuando llevaba leídas menos de treinta páginas de la historia gracias, sobre todo, al recuerdo de una escena de «Romeo y Julieta» de Shakespeare y de varios relatos de Edgar Allan Poe. Es un riesgo situar el delito en una habitación cerrada, pues disminuye las opciones sobre cómo se ha hecho.

Averiguar desde el principio la resolución del misterio permite observar con detenimiento la forma en la que el autor lo desarrolla. En esta ocasión  los datos se administran poco a poco, alternados con la investigación de otras facetas del suceso y complicando la escasa trama, hacia la mitad, con el caso que le da título, cuya resolución, poco habitual, puede sorprender.

Aunque se dan pistas que dejan deducir quién es el culpable incluso adelantándose al investigador oficial de la historia, a lo que contribuye, por ejemplo, el prólogo (sería absurdo incluirlo si no viene a cuento), hay también alguna ocasión en la que no se informa de todo lo que sabe el protagonista.

La ambientación histórica, como en la anterior aventura de Víctor Ros, se compone principalmente de anécdotas (no se describe la ropa, mobiliario etc...), como el relato de las circunstancias que preceden a la boda del futuro Alfonso XII y su prima María de las Mercedes de Orleans, tan conocido por las películas, que no afectan a los personajes ni al caso y por tanto no parecen venir demasiado a cuento.

Aunque la redacción no incurre en tantas reiteraciones como en «El misterio de la casa Aranda», todavía hay muchos diálogos convencionales que apenas contribuyen al avance de la escasa trama, y demasiadas partes del texto confusas y explicativas:

«―Dice que su cuñado murió; ¿cómo fue?
―Montando a caballo. Precisamente iba con el desgraciado de mi sobrino, una mala caída le costó la vida y, ¿sabe?, desde aquel momento mi hermana dejó de hablar a mi sobrino. Creo que está mal decirlo, pero me temo que sospechaba que su propio hijo…
―¿Había matado a su padre?
―Algo así, sí; mi hermana empezó a llamarle "el engendro" a partir de aquello. La pobre murió de pena a los seis meses.
―Vaya… O sea que quizá pensaba que lo de su marido no fue por una caída.
―Nunca me lo dijo a las claras, pero sí, o al menos así me lo pareció.»

 Aún así también hay alguna, como en la que Ros habla con la viuda y ella le echa de su casa, en la que con sólo un gesto y unas palabras se muestra más de cómo es la joven que cuando utiliza varios párrafos de explicaciones, convirtiéndose en el único personaje con cierto interés y desarrollo de la historia.

Quizá el punto más débil sea  la creación de  personajes (mayoritariamente distinguibles sólo por la reiteración de sus nombres y las continuas alusiones a sus características físicas cada vez que intervienen), su construcción, comportamientos etc... perjudicada por el hecho de centrar todo el peso de la trama en un sólo personaje, Víctor Ros, quien, pese a la insistencia en sus virtudes, apenas está caracterizado, e incluso cae repetidamente en contradicciones entre lo que el narrador cuenta sobre él y lo que hace.

Como al asegurar que Ros es liberal y transgresor y luego resolver el problema de Nuria de forma tan convencional, o que Clara, igualmente transgresora, no decida, por ejemplo, visitar a su amiga hasta la última parte de la historia.

La idea, en apariencia por ampliar en próximas aventuras, de que Ros está desarrollando una nueva intuición que podría convertirle en infalible (esas conversaciones con Lucía y Gian Carlo cerca del final), común a muchos detectives, tanto novelescos como cinematográficos, podría perjudicar la resolución de las diversas tramas si no se le dota de cierta credibilidad: resulta difícil comprender que el protagonista intuya lo que le pasa a Nuria y no lo de Clara siendo lo mismo y esta última su esposa.

Más interesante es que, pese a la aparente «perfección» que el narrador atribuye a Ros, este sea capaz de tomar decisiones de dudosa moralidad (con el villano, o al ocultar a la suegra hechos sobre su pretendiente que podrían cambiar la percepción de ella sobre su relación), en un arranque de arrogancia que casi le da personalidad.

En resumen, una novela a ratos entretenida, otros repetitiva (da muchas vueltas para decir poco) con una redacción correcta, en la que quizá lo más resaltable es cierta fluidez en el desarrollo de los casos, que no llega a convencer.

Nota: En la página 65 hay una errata. Se menciona la Constitución de 1976 cuando debería poner 1876.


Otras novelas del autor reseñadas en este Blog:



Las aventuras de Víctor Ros han sido adaptadas para televisión, protagonizadas por Carles Francino (Víctor), Esmeralda Moya (Clara), Megan Montaner (Lola), Tito Valverde (Armando), Tomás del Estal (Blázquez), Helio Pedregal (Aldanza) etc...

Víctor y Clara
Víctor y Lola

***T***

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