lunes, 18 de abril de 2011

Sin Alma, de Gail Carriger


Sin Alma
Soulless
Gail Carriger
Traductora: Sheila Espinosa
Editorial Versátil
384 páginas


Argumento:

La medio italiana señorita Tarabotti ha sido agredida por un vampiro no identificado en un baile de sociedad. Por fortuna, es una preternatural, carece de alma, y sus poderes le permiten anular los de los seres sobrenaturales. Tendrá que resolver el enigma del origen del vampiro con ayuda del licántropo Lord Maccon, también disponible para otros menesteres.

Comentario:

Podríamos definir Sin Alma como una novela de estilo steampunk, es decir, ambientada en la época victoriana, pero una época un poco diferente de la real, donde hay cierta tecnología "avanzada" (en teoría inspirada en el vapor, de ahí el nombre). Sin embargo, en la obra priman más los elementos fantásticos que los científicos, con lo cual no sé muy bien si le cuadra esa "marca". Eso no quiere decir que no aparezcan algunos curiosos objetos ópticos o dirigibles, e incluso máquinas con propósitos algo más oscuros... Aunque en algunas ocasiones parece que se incluyen detalles tecnológicos precisamente para salvar su carácter steampunk.

Al lo largo de la historia, aparecen vampiros y licántropos, además de criaturas denominadas preternaturales, como la protagonista, Alexia Tarabotti, siempre acompañada de su letal sombrilla. En el mundo imaginario donde se desarrolla la acción, el Londres alternativo, conviven estos seres de forma natural con los humanos. Como en Harry Potter, existe una jerarquía y organizaciones, un gobierno en la sombra, que velan porque las relaciones entre todos sean armónicas.

Lo primero que llama la atención en la novela es el sentido del humor irónico que la atraviesa de parte a parte, un humor que se nutre de lo chocante de las situaciones fantásticas en el contexto de la rígida moral victoriana, llegando incluso a lo paródico. Lo referente a las transgresiones contra la moral o la reputación se exagera, así como la dificultad de la protagonista para defenderse de su enemigos en las escenas de acción por culpa de sus, faldas, enaguas y polisones. A veces se repiten las alusiones a estos asuntos, haciendo que el efecto sorpresa se diluya poco a poco.

Alexia es una protagonista bastante particular, mal vista por la sociedad por sus orígenes italianos, y su condición de persona "sin alma", una solterona que utiliza su sombrilla y sus poderes para matar vampiros. Lo cual no impide que trate de seguir las exigencias de etiqueta, educación y protocolo de su sociedad. A lo largo de la historia se aprecia una cierta evolución cuando Alexia descubre el amor y el sexo.

En cuanto aparece el personaje de Lord Maccon (un hombre lobo), se estable una relación romántica bastante convencional en su estructura (incluido el típico final del "romance"), aunque extravagante en contenido. Al principio no se llevan bien, pero poco a poco descubren su atracción mutua, sin que falten largas escenas de amor (humorísticas, por supuesto), o casi eróticas. Diríase pues que la novela deriva pronto hacia el romance "paranormal" de humor, dándose más importancia a las escenas de relaciones entre los personajes, reuniones, charlas, etc, que a la acción. La trama es bastante sencilla en el fondo, aunque está bien narrada, con un estilo desenfadado y elegante, quizás algo chirriante a veces, por el exceso de humoradas o por la intervención de algunos personajes muy extravagantes como el del vampiro Lord Akeldama, con ciertas tendencias "afeminadas".

En cuanto a la ambientación, está bastante lograda, pese a tratarse de un "Londres" un poco inventado. También son destacables algunas descripciones como las de los hombres lobos transformándose. Pero todo queda anegado por la gracia y el humor de la narración, lo cual podría alejar un poco del texto a algunos lectores.

En resumen, una obra de puro divertimento, paródica, donde cuenta más la ambientación y el ingenio de los diálogos que el argumento, y que al parecer, tiene dos secuelas más. Me ha resultado entretenida.

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

viernes, 8 de abril de 2011

El ángel perdido, de Javier Sierra


El ángel perdido
Javier Sierra
Editorial Planeta
512 páginas


Sinopsis:

La restauradora Julia recibe la noticia de que su marido ha sido secuestrado en Turquía. Como de costumbre, hay una secta esotérica de por medio, objetos mágicos acongojantes, y el mundo está en peligro. Los americanos tomarán, también como siempre, cartas en el asunto...

Comentario:

"EL ángel perdido" sigue cien por cien la reglas del libro-fórmula para fabricar bestsellers. Lógicamente, esta fórmula de poco le serviría si en lugar de estar publicado en Planeta lo estuviera en Ediciones Desconocidas e Ignotas, con sede en Cuenca.

Una de las reglas seguidas por el autor es la de organizar la estructura de la novela en capítulos cortos, algunos de media página, sistema que se supone da agilidad a la obra. Curiosamente, junto a estos mini-capítulos hay otros bastante largos, terminados de igual modo en cliffhangers, algunos bastante dudosos en su efectividad… Como en El Código Da Vinci, la historia sucede en un día, o eso parece.

Algunos lectores de este tipo de obras pueden pensar que están bien documentadas, pero  decir tal cosa de esta novela es arriesgado, como poco...  A no ser que se considere documentación fiable y de calidad el batiburrillo de creencias, mitos y afirmaciones no comprobadas científicamente que se exponen a lo largo de las páginas de El Ángel Perdido. Cuando resume la epopeya de Gilgamesh o el relato mesopotámico del Diluvio lo hace con un simplismo que tergiversa incluso el sentido de los relatos originales, casi seguro para que encajen en la trama. A mí me parece muy bien que un autor utilice estos mitos e historias pseudocientíficas, puesto que la fantasía es un género tan digno como cualquier otro, pero cuando se afirma que todos sus datos son exactos y trata de hacernos creer que su fabulación es real como la vida misma no se puede mirar el texto con los mismos ojos. Un libro bien documentado desde el punto científico o histórico es el que cita fuentes solventes. No es el caso. Claro que todo el mundo puede creer lo que le apetezca, lo mismo en el Arca de Noé, en que los ángeles se mezclaron con las humanas, en que unas piedras tienen poderes mágicos y levitan, en la Atlántida, en Shambalah, en Haarp, etc, etc.

A mí realmente en una historia la documentación es lo que menos me importa, ya que doy por hecho que es una ficción. Es más importante la verosimilitud, pero en esta novela está poco trabajado ese tema. No se logra  dotar de coherencia o de lógica a la trama o a las historias entrelazadas de esta especie de remake esotérico de la película “Señales del Futuro” (Knowing, en inglés), que no ha logrado engancharme en ningún momento, por su falta de alma, de empatía o de sentimientos humanos. Lo normal sería que ante unos hechos como los que se narran, en los que se involucra al mismísimo Dios, los personajes tuvieran algún tipo de reflexión sobre el particular. Sin embargo, todo se reduce a relatos e historias sacadas de contexto, que producen un efecto de superficialidad que no encaja con la trascendencia del planteamiento.

La protagonista, heredera de un linaje de brujas con poderes mágicos, se limita a hacer el ingrato rol de tonta para que otros se luzcan contándole historias e informándole. Se supone que es licenciada en algo, quizás en Arte, pero en muchas conversaciones parece mostrar una cultura digamos que reducida, poro no mencionar su casi inexistente sentido común. Como hecho curioso, Julia, que así se llama, cuya parte se narra en primera persona, parece ignorar cuestiones como la epopeya de Gilgamesh (algo insólito en quien ha estudiado Historia o Arte); sin embargo, es capaz de distinguir el tipo de armas que portan sus captores (en concreto reconoce un subfusil Uzi y una pistola Sig-Sauer) y otras cuestiones técnicas alejadas de su disciplina y de su vida (al menos, el autor no nos pone en antecedentes de que ella haya tenido contacto con el mundo militar). Todo esto es consecuencia del mal uso de la primera persona, que debería estar limitada de forma que no conociera más que lo que el narrador (Julia) conoce. Tiene toda la pinta de haber sido en origen tercera persona que se adaptó quién sabe por qué, ya que el resto de la historia está en tercera, aunque prácticamente “hablen” igual.

Julia tampoco tiene voluntad, ni muestra casi ninguna reacción anímica a lo que le ocurre, dejándose llevar en todo momento y obedeciendo sin cuestionarse nada. El resto de los personajes, muchos de ellos no estrictamente necesarios para contar la historia, son tan planos que parecen no existir. No evolucionan y no tienen ningún tipo de relación humana entre sí. Son como marionetas para exponer las poco creíbles teorías del autor.

La mayor parte de las escenas, por lo demás, son muy poco imaginativas: consisten en un diálogo platónico entre dos o más personajes, en el que los “listos” o conocedores de los secretos ilustran a los “ignorantes” con anécdotas sacadas de revistas esotéricas. Julia, por cierto, queda bastante malparada en su rol…

Especialmente aburridas resultan las partes donde aparecen espías o el presidente americano. De hecho, las he leído por encima por falta de interés. Las descripciones de satélites y sistemas técnicos parecen estar de adorno o para lucir documentación. Algunos novelistas olvidan que lo importante es eso, novelar. Y transmitir, ya no digo grandes ideas, sino tan solo alguna emoción o sentimiento.

Se podrían objetar muchas cosas a este libro tanto en aspectos literarios como de documentación pero me quedo con lo más grave, que siendo un libro de aventuras me ha aburrido sobremanera y no me ha creado ninguna expectativa de emoción, peligro, etc; ni siquiera me ha transmitido ni un atisbo de esa sensación ominosa experimentada por el ser humano ante el “mysterium tremendum et fascinans”, que debería haber sido su objeto central. Ni temor ni fascinación ante el misterio de lo divino, por el cual siente curiosidad hasta el ateo más recalcitrante.

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

domingo, 20 de marzo de 2011

El Cementerio de Praga, de Umberto Eco


El cementerio de Praga
Il Cimitero di Praga
Umberto Eco
Traducción de Helena Lozano
Lumen
608 páginas

Argumento

Un hombre nos cuenta su vida como conspirador y revolucionario a lo largo del siglo XIX...

Comentario

Esta obra de Umberto Eco podría considerarse un libro metaliterario o incluso un libro juego, que busca en todo momento la complicidad e implicación del lector. En él, no importa el argumento, sino más bien el mensaje, que trasciende la historia que se nos narra para tender puentes a través de la Historia y vincular hechos del pasado con los actuales.

No se trata pues, de una obra fácil. Existen al menos tres narradores virtuales, uno de ellos, con una cierta tendencia esquizofrénica. El revolucionario que nos narra a través de su diario la historia de su vida desde la infancia hasta final del siglo XIX (muy aficionado nuestro héroe a la comida, por cierto). En algunos tramos, un abate que vive en el mismo inmueble que el revolucionario toma la palabra y comenta hechos que el otro no pudo conocer. Finalmente, hay otro narrador por encima de estos que comenta lo que escriben en tercera persona.

Esta amalgama de voces narrativas en primera y tercera persona, hace que el libro resulte algo confuso al principio, mientras te aclaras sobre los personajes-narradores. Por otro lado, hay tal cantidad de nombres, lugares, descripciones, tal densidad de sucesos históricos, conspiraciones, manipulaciones literarias, menciones, citas, referencias etc... que resulta difícil de seguir si se carece de una cierta cultura. Es decir, es un libro que exige, como dije antes, que el lector tome partido, se implique y se esfuerce en comprender el juego planteado por Eco.

Tomando como articulación de la débil trama el diario de Simonini, Eco nos conduce por las revoluciones del siglo XIX, en especial por el movimiento garibaldino, que devino en la  unificación e independencia de Italia, y por los hechos de la Comuna francesa, descrito todo ello con una gran plasticidad, abigarramiento y potencia literaria, aunque en algunas partes más de relleno, o de explicación histórica se le escapa al autor un estilo de "ensayo", que me ha resultado menos ameno.

También, imbricado con estos hechos históricos, el desarrollo de una gran conspiración con el leit motiv del "cementerio de Praga" como punto de partida, una temática ya tocada por este autor en otras obras suyas ("El péndulo de Foucault"). Eco ironiza, juega con las palabras y los hechos, y acumula teorías, infundios, libelos y tópicos sobre nacionalidades para dejar en ridículo a las "teorías de la conspiración" que en el mundo han sido, y pone de manifiesto, igualmente, la manipulación de la sociedad a través de estos medios, y el peligro que conlleva, utilizando el ejemplo de las corrientes antisemitas. En la novela, la realidad y la ficción se confunden, de modo que el protagonista toma datos de folletines y novelas para crear su gran libelo antijudío al servicio de la propaganda de grandes potencias, de la Iglesia, etc, etc. Plagios de obras, que a su vez plagian otras obras, permiten observar la estructura de la generación de mitos contemporáneos, a partir de fuentes cuanto menos dudosas y francamente eclécticas, incluidas las esotéricas, diabólicas, mágicas, etc. En realidad, lo brutal es que los propios generadores de conspiraciones terminan por creerse sus mentiras, y llegan a realizar actos extremos guiados por ese autoengaño.

La ironía de Eco está en el subtexto, latente y demoledora al tiempo, con frases terribles que aluden a la "solución final" (nosotros, lectores del siglo XXI ya sabemos a qué se refiere).


"Arbeit macht frei, solo el trabajo vuelve libres. La solución final, para Lutero, había de ser echarles de Alemania, como perros rabiosos."


"Entonces algún día habrá de intentar la única solución razonable, la solución final: el exterminio de todos los judíos."


Ya al principio de la novela tira por tierra los tópicos sobre nacionalidades, cuando el protagonista caracteriza a ciertos pueblos (los alemanes, por ejemplo) de un modo muy diferente a cómo se hace en la actualidad, dando a entender que son meros clichés que cambian con el tiempo y las circunstancias, pero que actúan en las mentes y condicionan nuestra percepción de las cosas. El libro no deja títere con cabeza, y también hace alusiones más o menos veladas a acontecimientos actuales.


"Organizaremos una crisis económica universal por todos los medios que nos sean posibles con ayuda del oro que, casi en su totalidad, está en nuestro poder."

La ambientación histórica es francamente buena, sobre todo las descripciones del París decimonónico.

En resumen, una obra que se aleja en lo formal de los bestsellers de conspiraciones, tomando paradójicamente el tema como centro de su historia, y que hay que leer entre líneas, para poder apreciar en toda su extensión. Abstenerse los que busquen en las novelas solo aventuras y romances...


Fragmentos:


Me confirmó una vez más que cuando un espía vende algo inédito no debe hacer otra que contar algo que se podría encontrar en cualquier mercadillo de libros usados.

Es preciso que las revelaciones sean extraordinarias, perturbadoras, novelescas. Solo así se vuelven creíbles y suscitan indignación.

Ciertas noticias explosivas si las das de golpe, a la gente se le olvidan. En cambio, hay que ir destilándolas, y cada nueva noticia volverá a encender el recuerdo de las anteriores.

La característica principal de la gente es que está dispuesta a creérselo todo.

(...) cuando se le cuenta como verdadero algo que ha leído en una novela, nota sólo vagamente que ya había oído algo al respecto, con lo que encuentra confirmación de sus creencias.

¡Lograr realizar el despotismo gracias al sufragio universal! ¡El muy miserable ha dado su golpe de estado autoritario apelándose al pueblo buey! Nos está advirtiendo de como será la democracia de mañana.

La identidad nacional es el último recurso para los desheredados. Ahora bien, el sentimiento de la identidad se funda en el odio, en el odio hacia los que no son idénticos. Hay que cultivar el odio como pasión civil. El enemigo es el amigo de los pueblos.  Hace falta alguien a quien odiar para sentirse justificados en la propia miseria.

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sábado, 5 de marzo de 2011

Diario de Golondrina, de Amélie Nothomb


Diario de Golondrina
Journal d'Hirondelle
Amélie Nothomb
Traducción Sergi Pàmies
Editorial Anagrama
112 páginas




Argumento:
Un repartidor se convierte en asesino a sueldo tras un desengaño. Una de sus misiones le hará cambiar de forma de pensar.

Comentario:

Creo que junto con "Ácido sulfúrico" esta novela es la que menos me ha gustado de Amélie Nothomb, o mejor dicho, la única que no me ha gustado nada.

Y no me ha gustado porque por primera vez (en esta autora) noto que no me quiere transmitir nada en absoluto o tal vez el mensaje es demasiado obvio o demasiado oscuro, o no lo transmite bien. Es decir, nos encontramos, a mi modo de ver, con un libro demasiado vacío y frustrante para el lector.

La historia que se nos narra podría pasar incluso siendo tan surrealista o increíble si al menos tuviera un cierto valor simbólico o metafórico. Sin embargo, hay algo en ella que falla y la torna en increíble en el peor de los sentidos. No me creo esta historia de un repartidor que decide ser asesino de pronto (por un desengaño amoroso), no me creo sus motivaciones, ni tampoco su conversión final debido a un hecho que le acontece, relacionado con su nuevo "trabajo".

Pero incluso podría perdonarle eso si al menos la forma de contarla fuera cáustica, irónica, etc. A diferencia de otras novelas de la autora, en esta no hay muchas muestras de ese ingenio que la caracteriza, quitando alguna conversación entre el protagonista y Yuri, su contacto ruso. O será que ese ingenio está al servicio de la nada, y por ello me ha pasado casi inadvertido.

Por si fuera poco, el final me ha dejado fría, puesto que no parece un final. La novela termina de cualquier manera, dejando una sensación de "tomadura de pelo" bastante frustrante.

Entre lo bueno, pues hay algunas partes de reflexiones interesantes, y alguna muestra de prosa poética que no está mal (después de todo Nothomb sabe escribir), y alguna conversación ingeniosa. Pero nada de eso salva el conjunto de la novela.

En resumen poco más se puede contar de esta obra. No me ha convencido; creo que es de las peores de la autora, a no ser que yo no haya sabido ver su gracia. Para mí, desde luego, no ha tenido mucha.

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miércoles, 23 de febrero de 2011

El Misterio de Layton Court, de Anthony Berkeley


T.O.: The Layton Court Mystery (1929)
Editorial: Lumen
Traducción: Miguel Temprano García
298 páginas
20,90 €

Argumento:

Victor Stanworth aparece muerto en la biblioteca de su casa. Uno de sus invitados, Roger Sheringham, sospecha que el aparente suicidio puede ser un asesinato y comienza a investigar.

Comentario:

Lo primero que llama la atención es la carta del autor al comienzo de la novela, según la cual: "... he intentado que el caballero encargado de resolver el misterio se comporte en lo posible como sería de esperar que lo hiciera en la vida real. Es decir, que no parezca una esfinge y que cometa uno o dos errores de vez en cuando. Nunca he creído demasiado en esos individuos de ojos de halcón y labios apretados que prosiguen su avance silencioso e inexorable hasta la solución del misterio, sin tropezar ni una sola vez ni seguir una pista equivocada; y no veo por qué en un relato detectivesco no se va a poder crear un ambiente natural, igual que en cualquier otra obra de ficción".

 O: "Igual me gustaría hacerte notar que he mostrado sin más todas las pruebas a medida que van descubriéndose, a fin de que el lector disponga de los mismos datos que el detective. Me parece la única manera correcta de hacerlo. Ocultar hasta el último capítulo una prueba vital (que, dicho sea de paso, normalmente sirve para que la solución parezca de lo más simple), y sorprender al lector haciendo que el detective arreste al culpable antes de dejarle vislumbrar siquiera las pruebas en que se basa para hacerlo no es, en  mi opinión, jugar limpio".

Esta especie de declaración de intenciones (cumplida) mediante la que el autor pretende establecer un juego con sus lectores puede suponer un interesante desafío a quien le guste "competir" con el protagonista de una historia de misterio para adelantársele en la resolución del caso. En la novela, se sigue casi en todo instante a Roger Sheringham (excepto un par de escenas protagonizadas por Alec) con la "complicidad" de un narrador que relata con un desparpajo en ocasiones demasiado coloquial tanto algunas características de su personalidad como las conclusiones a las que llega mediante la observación e interpretación de hechos y situaciones tras decidir, en apariencia con poco más que su deseo de desentrañar un misterio, que lo que parece un suicidio con nota incluida es un asesinato.

La presencia constante de Roger y su amigo Alexander (Alec) Grierson, se erige en un arma de doble filo. Mientras la parte dedicada a la acumulación de evidencias, su interpretación a veces errónea y las especulaciones del protagonista, cuestionadas por su Watson particular (en ocasiones se llaman mutuamente como los personajes de Conan Doyle y establecen la relación tradicional detective inteligente/ayudante obtuso), sigue las clásicas convenciones de la novela detectivesca, se descuidan otros aspectos. Entre ellos crear alguna trama paralela a la resolución de un caso que ni siquiera está claro que exista, como la interacción con el resto de los personajes, en su mayoría comparsas al servicio de Sheringham y su aleatoria elección de sospechosos, pendientes de ser interrogados y sin vida ni escenas propias (en varios casos ni se concreta lo que ocultan).

Ni siquiera Roger y Alec se desarrollan mucho más allá de lo necesario para establecer la dinámica Holmes/Watson que hace avanzar la investigación. El romance de Grierson con Barbara Shannon (una de las invitadas que, pese a la importancia de su cometido, pronto desaparece de escena) o las comparaciones ligeramente metaliterarias de Sheringham entre los detectives literarios y los reales ocupan una parte mínima de la historia que quizá hubiera merecido ser ampliada.

Quizá lo más interesante ocurre en el último capítulo, con el caso cerrado como suicidio y Roger a solas con el asesino confeso, el protagonista se erija en jurado y juez de lo sucedido, tomando una decisión con tintes morales que no le corresponde, cuestionada levemente por un culpable reticente a aceptar la solución propuesta.

En resumen, en "El misterio  de Layton Court" su autor cumple con lo que "promete", presentando una historia al estilo de sus contemporáneas (los años 30 del siglo XX, con Agatha Christie y Dorothy L. Sayers como exponentes destacadas) en la que realmente cuenta todo lo que ve y piensa su protagonista, Roger Sheringham, con las consecuencias que esto conlleva (es difícil que alguien con amplias lecturas del género no deduzca casi desde el comienzo la identidad de un asesino obvio en quien el protagonista no piensa hasta el final), consiguiendo una primera novela un tanto sencilla, sin muchas complicaciones, de lectura ágil y entretenida.


Nota: 

Como es cada vez más habitual, en la novela hay alguna errata y frases "confusas", como una de la página 21: "Una segunda notita encantadora había seguido la estela de la segunda"... (Es de suponer que sigue la estela de la primera...)



*** Thersuva ***


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