martes, 18 de marzo de 2014

El libro de la señorita Buncle, de Dorothy E. Stevenson

T.O.: Miss Buncle's Book, 1934
Editorial: ALBA, 2012
Colección: Rara Avis
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
378 Páginas
22 €

Argumento:

La señorita Barbara Buncle ha escrito un libro cuyos personajes y situaciones se basan en las personas que conoce. Cuando se publica y sus vecinos comienzan a leerlo e identificarse con los personajes, intentan desenmascarar la identidad del señor John Smith que firma la novela.

Comentario:

En varios artículos sobre Dorothy Emily Stevenson y su obra se destaca que en su producción abundan las novelas románticas ligeras. Es cierto que El libro de la señorita Buncle contiene muchas de las características del género (incluye tres romances que acaban en boda), y en ese sentido es algo convencional, pero también aborda otros temas.

Una de las características más interesantes de El libro de la señorita Buncle es precisamente una variedad de contenidos que incluye entretenimiento, romance, diversión, ingenio ironía o crítica social. Y, además, se trata de una novela dentro de una novela, habla de la creación artística, es una obra metaliteraria que no descuida los otros aspectos y se puede leer, y disfrutar, a varios niveles.

El perturbador de la paz, de John Smith es un libro mágico. Y lo es tanto en su habilidad para fotografiar a las personas que lo «pueblan» como para hacer que, incluso quienes no se reconocen en esas páginas que primero les muestran tal como son y luego trascienden la realidad «obligándoles» a realizar acciones sorprendentes, sigan de alguna manera los dictados de ese niño prodigioso con su caramillo creado por la señorita Buncle (una especie de flautista de Hamelin que provoca los cambios de los habitantes de Copperfield).

Quizá al principio haya que hacer un esfuerzo para identificar a los personajes «reales» con los ficticios, algo que en el original inglés es más fácil pues, como se dice en la nota editorial al comienzo de la novela, los nombres de los habitantes del pueblo imaginario son elegidos por la señorita Buncle utilizando ingeniosos juegos de palabras que relacionan el Silvestream real con el Copperfield de ficción.

Esta cualidad del libro que escribe Barbara Buncle representa a la Literatura con mayúsculas, la que, además de entretener, intenta ser un vehículo para expresar ideas, mensajes de mayor o menor profundidad y trascendencia o cambiar a las personas:

«—¿Copperfield es Silverstream, en realidad?—preguntó el señor Abbott. —Sí, ya ve que no tengo ni pizca de imaginación —contestó la señorita Buncle con tristeza. —Pero la segunda parte… seguro que la segunda parte no es real, ¿verdad?—dijo el señor Abbott con voz entrecortada. La señorita Buncle reconoció que no. —Solo fue una idea que se me ocurrió de repente—dijo con modestia—. Eran todos tan engreídos y estaban tan apoltronados que me pareció divertido despertarlos.»

Además explora los entresijos de la creación literaria, utilizando a esa Barbara anodina que afirma escribir sobre lo que conoce porque no tiene imaginación. Quizá es la razón de ser del (no) secuestro de los gemelos Walker por parte de la señora Featherstone Hogg, que sirve tanto para mostrar que a veces la realidad supera a la ficción como para propiciar una falsa confesión de autoría por parte de la señora Walker y una verdadera de la señorita Buncle, que su amiga no cree. «John Smith» incluye el pasaje en su segunda novela y su editor, el señor Abbott, pretende que la quite por demasiado irreal.

La autora incluye además varias críticas a El perturbador de la paz que indican las diferentes interpretaciones que puede tener un texto, y van desde quien opina que los personajes son poco creíbles a quienes consideran que se trata de una sátira llena de humor: «Cada página es una obra de arte que plasma la ridiculez con la mayor sutileza.» o que «es una de tantas novelas frívolas que, cuando por fin terminamos de leerla, nos obliga a plantearnos por qué se ha escrito. Es aburrida, prosaica y sensiblera y los personajes son muy poco convincentes.…»  Opiniones que consideran que es una novela de amor o que «El señor Smith se mofa un poco del amor, escribe sobre el amor en tono de burla y el resultado es sumamente divertido».  Incluso que «Gira principalmente en torno a la descripción de personajes que se ven atrapados en pasiones desenfrenadas o pervertidas».

Stevenson completa su estudio sobre la literatura y la realidad con la reacción de la propia señorita Buncle a convertirse escritora («Todas sus marionetas, menos unas pocas, se habían reunido con la intención de vilipendiar a su creadora. Se preguntó si algún escritor habría tenido ocasión de ver alguna vez una cosa tan curiosa...») y su identificación con su alter ego literario, Elizabeth Wade («... soñó que iba por la calle del pueblo. Había en el aire algo parecido a un resplandor brumoso: por eso supo que estaba en Copperfield…» «¡... Qué contenta estaba! Siempre estaba contenta en Copperfield, porque allí siempre salía todo bien, la gente hacía lo que ella quería, nadie decía groserías de su libro, ni se enfadaba ni la trataba con condescendencia. En Copperfield, dominaba a todo el mundo...»)

Para completar la imagen sobre la influencia de la literatura en la realidad, la señorita Buncle escribe una segunda novela Más poderosa es la pluma.… en la que Elizabeth Wade, se enfrenta a las consecuencias de publicar, lo que Stevenson utiliza para insistir en las diferencias entre realidad y ficción (Barbara no puede tener un final tan idílico como Elizabeth, algunos de sus personajes/vecinos reaccionan de forma diferente y más interesante que en su novela) y hasta para dar un final a ambas novelas (la de Buncle y la suya) con la colaboración del señor Abott.

En resumen, El libro de la señorita Buncle es una novela divertida, entretenida, ingeniosa, algo ingenua (quizá por la época en que fue escrita) y con unos toques metaliterarios que la enriquecen sin estorbar a quien quiera disfrutarla en sus diversos niveles de lectura.


Citas de El libro de la señorita Buncle:


«¡Qué tonto era el público! Era exactamente un rebaño de ovejas —pensó, adormilado—. Van uno detrás de otro como tontos, no reparan en tal libro, pero compran el de al lado solo porque lo compran los demás, aunque no hay manera de saber qué ven en el uno o dejan de ver en el otro. Pero este libro… éste tiene que salir. Hay que publicarlo.»

***

«—De manera que John Smith es usted —dijo el señor Abbott con las cejas graciosamente enarcadas. 
—Fue el primer seudónimo que se me ocurrió. 
—No me extraña, es un nombre fácil de pensar —observó el señor Abbott—. Me pareció demasiado malo para ser real. 
—No me importaría cambiármelo —añadió la señorita Buncle rápidamente. 
—No quiero que se lo cambie —dijo el editor—. No tengo nada en contra de John Smith, pero ¿por qué no Buncle? Buncle es un apellido bonito. 
—Pero ¡es que vivo allí! —exclamó ella sin aliento. El señor Abbott lo entendió inmediatamente.La señorita Buncle admiró su rapidez mental. Otra persona le habría preguntado dónde vivía o qué tenía que ver eso con su apellido, pero el señor Abbott lo había captado al instante. 
—En tal caso… —dijo, levantando ligeramente las manos con las palmas hacia arriba. Se rieron los dos.»

***

«... y entonces se le ocurrió que sería emocionante escribir una obra de teatro, ver a sus creaciones vestidas de seres mortales y oír en su boca las palabras que ella había escrito. Aunque seguro que una obra de teatro sería un poco ingrata, porque ningún actor puede satisfacer totalmente al autor: necesariamente habrá discrepancias entre la idea que el autor tiene de un personaje y la expresión que le da el actor. Esto era mucho mejor que una obra de teatro, porque los actores eran ellos mismos. No podían salirse del personaje aunque lo intentaran, porque eran los propios personajes, en carne y hueso y el doble de naturales. Una neblina extraña le cubrió los ojos. ¿Estaba en Silverstream o en Copperfield? ¿Era la señora Horsley Downs o la señora Featherstone Hogg?» 

***

«—¿Qué sentía usted mientras lo escribía? —preguntó abruptamente. 
—Pues —respondió ella, tras pensar un momento— al principio me resultó difícil, pero después empezó a rodar solo, como una bola de nieve por la falda de una montaña. Empecé a ver a la gente con otros ojos, todo el mundo me parecía más interesante. Y más adelante me asusté mucho, porque se me mezclaban las cosas en la cabeza, Silverstream y Copperfield, y algunos días no sabía cuál era cuál. Cuando iba de compras al pueblo, unas veces era Copperfield y otras Silverstream, y cuando me encontraba con el coronel Weatherhead no me acordaba de si realmente se había declarado a Dorothea Bold o no. Creí que me volvía loca o así.»

***

«Sin dejar de tocar, el niño pasó por High Street, cuesta arriba primero y cuesta abajo después, y se dirigió a la vicaría y a la antigua iglesia, que dormitaba en silencio junto al río. Dondequiera que fuese, dejaba a su paso un desasosiego y una extraña inquietud. Los aldeanos se despertaban y, haciendo caso omiso de las convenciones sociales, seguían los impulsos primarios de su naturaleza oculta. A unos, la nítida y dulce música les avivó la ambición, a otros les evocó recuerdos del pasado que los indujeron a hacer buenas obras. A algunos los empujó a cometer actos violentos y en otros encendió la llama del amor. Al menos, John Smith decía que la música encendía la llama del amor, pero Sarah Walker, que algo sabía de dicho artículo (algo más incluso, sospechaba, que John Smith), habría dicho que la emoción que el caramillo del niño insuflaba en sus oyentes no era amor, ni mucho menos, sino pasión.»

***

«El tema era poco usual e intrigante, el señor Abbott nunca había leído una novela sobre una mujer que escribe una novela sobre una mujer que escribe una novela. Parecía un juego de espejos como los de los sastres, en los que la mujer y su novela se reflejaban una y otra vez hasta el infinito.»



Sobre la autora y su obra (en inglés):





***T***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

2 comentarios:

  1. Qué buena pinta. Me recuerda a Manuel Puig con Boquitas pintadas. Luego de publicado su libro, los habitantes de un pueblo comenzaron a identificar quién era quién. Creo que comenzaré a leerlo pronto.

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    1. Hola, Keren:

      A mi me gusta mucho El libro de la señorita Buncle, espero que si lo lees también te agrade.

      No he leído Boquitas pintadas, pero tomo nota del título, el tema me interesa.

      Un saludo.

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