jueves, 13 de marzo de 2014

Harry and Harriett, de Lou Carrigan

Editorial: Bruguera
Serie: La huella
125 páginas

Argumento: 

La señorita Harriett Baker, secretaria del detective Joe Nelligan, solicita la ayuda del su colega, Harry Star, para que encuentre a su jefe, que ha desaparecido.

Comentario:

«Harry and Harriett» es una novela que recuerda a las películas policíacas clásicas: un detective fracasado, mujeres que van desde la heroína en peligro hasta la bella y malvada, un villano con unos secuaces dispuestos a todo, un poco de misterio y algo de acción.

El argumento es tan sencillo como eficaz: Harry & Harriett buscan al desaparecido Nelligan por todo Miami entrevistándose con varias personas: una bella joven que aparece desnuda en una foto (Mae «Blondie» Owells) el autor de esta (Sam Libby) o un hombre (Herbert Melville) que llamó al teléfono del desaparecido. 

Los personajes, trazados en pocas frases, se definen a sí mismos mediante diálogos y reacciones tan certeros como un tanto convencionales. Ni siquiera los protagonistas destacan especialmente, sobre todo Harriett, que en todo momento se muestra como una mujer insegura y tímida (excepto en sus enfrentamientos verbales con Harry), lejos de las heroínas fuertes y decididas más habituales en la obra de Carrigan.

Es Harry Star el personaje con más matices, ya que empieza como un detective fracasado, algo patético, con tendencia a la autocompasión y cierto desprecio hacia la señorita Baker basado en su físico en apariencia poco atractivo y evoluciona hasta convertirse en un héroe típico de la novela negra. Poco a poco Harry no solo comienza a apreciar los encantos de Harriett, estableciendo con ella diálogos ingeniosos y divertidos, sino que se muestra como un profesional capaz de hacer su trabajo de forma eficaz, tanto en las deducciones derivadas de la información que recibe, como en las escenas de acción.

La progresión de la historia carece de subtramas enrevesadas o complejas, centrándose en seguir los cánones habituales del género policíaco: entrevistas a los posibles sospechosos, ataque de matones, nuevas visitas, hallazgo de algún cadáver, huida, reflexiones, decisiones, conclusiones, acción y resolución.

Si bien se podría aducir que no hay grandes sorpresas, que el motivo de la desaparición (definitiva) de Nelligan, la conspiración de los villanos, es un tanto rocambolesca o que la resolución del misterio es algo previsible, el oficio del autor, que sabe medir la información que da en cada momento, incluir las escenas necesarias para que la narración progrese de forma adecuada y la relativa brevedad de la obra, contribuyen a que la lectura sea agradable, mantenga el interés y resulte una lectura tan agradable como entretenida.


Fragmento de la novela:

—No me diga que sabe tocar este chisme.
—Me alegra poder decir que «sí sé» tocarlo, señor Star.
—Oiga, con usted va uno de sorpresa en sorpresa, ¿sabe? ¿Y dónde aprendió?
—Si le parece, en una mina.—¿En una...? Bueno, ¿qué le pasa? ¿Por qué está tan molesta conmigo?
—Porque es usted la clase de hombre que me crispa los nervios, señor Star.
—¡Atiza...! ¿Por qué motivo? —Porque es un fanfarrón, un engreído, uno de esos sujetos dedicados a la investigación privada que aparecen en los telefilmes, que creen saber más que nadie, y que se pitorrean de todo y de todos.
—¡Caaaa... ray!, ¡pues me ha dejado usted bueno, Harriett!
—Usted se lo ha buscado.
—Me parece que tiene razón... —reflexionó Harry Star—. Pero está equivocada en el sentido de que usted se deja engañar por las apariencias. La verdad es que soy un hombre serio, consciente y muy formal, señorita Baker. Lo único que ocurre, es que hace tiempo aprendí a tratar con cierta clase de gente, y siempre me pongo a su altura. ¿De verdad cree que soy tan estúpido y fanfarrón como parezco?
—¿No lo es?
—Si no llevase usted esos malditos lentes de solterona erudita, quizá me habría visto mejor —farfulló Harry.
Harriett parpadeó. De pronto, se quitó los lentes, y se quedó mirando a Harry Star, susurrando:
—Ya estoy sin lentes, señor Star.
—¿Y qué tal?
—Lo veo igual que antes.
—Eso quiere decir que no necesita los lentes... —sonrió él—. Oiga, ¿sabe que tiene usted unos ojazos que...?


***T***

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