domingo, 30 de junio de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

T.O.: La Vérité sur l'Affaire Harry Quebert, 2012
Alfaguara, 2013
Traducción: Juan Carlos Durán Romero
666 páginas
22,00 €

Argumento:

En 2008 el escritor en crisis Marcus Goldman decide escribir sobre un asesinato sucedido 33 años antes, del que acusan a su mentor, Harry Quebert.

Comentario:

«La verdad sobre el caso Harry Quebert» es una novela que puede adscribirse a diferentes géneros y temas (misterio, amor, metaliteratura), lo que permite varios niveles de lectura y la posibilidad de interesar a un amplio tipo de personas.

La historia, que no solo abarca distintos géneros, sino que sucede en tres épocas principales (1975, 1998 y 2008) y cuenta con varias «voces», que van desde Marcus y Harry en primera persona hasta la narración en tercera para los hechos «objetivos»: cartas, fragmentos de las obras de los protagonistas, extractos de interrogatorios etc…, que además se alternan entre sí, podría verse perjudicada por todo esto si no contara con un esquema bien planificado.

Aunque pudiera parecer que se trata de una novela compleja debido a su estructura no lineal, una cuenta atrás que comienza ocho meses antes de la publicación del libro de Goldman, la inclusión de fechas y lugares en cada cambio de escenario y una narración sencilla en la que abundan los diálogos, hacen que sea difícil perderse entre las complicadas relaciones de los habitantes de Aurora, New Hampshire.

En cuanto a los géneros, y aunque gran parte de la trama gire en torno al amor entre un adulto de 34 años y una adolescente de 15 que recuerda a Nabokov (Lo-li-ta / N-O-L-A), y al cambio de percepción que tienen tanto la imagen como la obra de Quebert al conocerse lo sucedido entre ellos, quizá no es la parte más conseguida de la novela, al estar narrada con cierto desapego, contando más que mostrando los sentimientos de Nola y Harry. Incluso las citas de Los orígenes del mal, la novela, calificada de obra maestra, que cuenta su amor, y ha sido famosa durante décadas, parecen un tanto convencionales.

La novela de misterio está más conseguida. El autor consigue crear una expectativa creciente apoyado en las continuas revelaciones, equívocos, detalles interpretados de una u otra manera, pistas, fragmentos del pasado que pueden ser, o no, como se cuentan. Algunas de las sorpresas son más previsibles que otras, y el autor juega con cierta ambigüedad en la forma de relatar algunas cosas que consigue que algunos detalles pasen desapercibidos. Si bien no se le puede acusar de mentir, ya que una lectura atenta permite darse cuenta de que hay algo extraño en varias de las cosas que se dan por seguras no se dan suficientes datos para deducir todo lo que ocurrió aquel 30 de agosto de 1975… y antes, y después, aunque sí es posible resolver alguno de los enigmas del caso, adelantándose al protagonista.

Sin embargo, lo que más destaca no es la historia de amor poco convencional ni una trama de misterio que engancha hasta el punto de querer seguir leyendo hasta saber cómo se resuelve el asesinato de Nola Kellergan, sino la trama metaliteraria, íntimamente unida a las otras, al punto de ser inseparables, dotando a la novela de una profundidad que de otra manera no tendría.

El inicio de cada capítulo, con un breve diálogo entre Goldman y Quebert, la literatura como manipuladora de emociones, la forma en que las grandes editoriales publicitan las obras que publican, la búsqueda de inspiración, de gloria, de inmortalidad, la dicotomía entre hacer lo que agrade a la mayoría o la sinceridad, la inevitable decepción que produce el profundo conocimiento de un mentor que no es como se le suponía, la evolución de un Goldman torturado por su incapacidad de escribir una segunda novela mejor que la primera, que supere a esa Los orígenes del mal que ha pervivido durante décadas, la madurez alcanzada tras la búsqueda de la verdad, la honestidad final del protagonista como escritor y como persona. Eso es lo que hace de La verdad sobre el caso Harry Quebert una novela que trasciende el género, convirtiéndola en algo… diferente.

Citas de La verdad sobre el caso Harry Quebert:

31. En los abismos de la memoria

«El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro. ¿Cómo tiene pensado empezar el suyo?
—No lo sé, Harry. ¿Cree usted que algún día lo conseguiré?
—¿El qué?—Escribir un libro.—Estoy convencido de ello.»

***

—Marc, no lo entiendes: eso podríamos haberlo hecho hace unos meses. Ésa era la estrategia: aprovechar tu éxito, alimentar al público, darle lo que pedía. El público quería a Marcus Goldman, pero como Marcus Goldman se marchó a tocarse las narices a Florida, los lectores han ido a comprarse el libro de otro. ¿Has estudiado algo de economía, Marc? Los libros se han convertido en un producto intercambiable: la gente quiere un libro que les guste, les relaje, les divierta. Y si no se lo das tú, se lo dará el vecino, y tú acabarás en la basura.

***

—¿No ha escrito nada? ¿Hace tres semanas que está usted aquí y no ha escrito nada?
Perdí los nervios:
—¡Nada! ¡Nada! ¡Nada que valga! ¡Nada más que ideas para una mala novela!
—Pero por Dios, Marcus, ¿qué es lo que quiere escribir si no es una novela?
Respondí sin pensarlo siquiera:
—¡Una obra maestra! ¡Quiero escribir una obra maestra!
—¿Una obra maestra?
—Sí. ¡Quiero escribir una gran novela, con grandes ideas! Quiero escribir un libro que deje huella.
Harry me contempló un instante y se echó a reír:
—Me fastidia su ambición desmesurada, Marcus, hace mucho tiempo que se lo digo. Se va a convertir usted en un gran escritor, lo sé, estoy convencido desde que le conozco. Pero le voy a decir cuál es su problema: ¡tiene usted demasiada prisa!

***

—Pero ¿cómo lo hizo usted, Harry? Su libro, en 1976, Los orígenes del mal. ¡Es una obra maestra! Era sólo su segundo libro... ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo se escribe una obra maestra?
Sonrió tristemente:
—Marcus: las obras maestras no se escriben. Existen por sí mismas. Y además, si quiere saberlo, para mucha gente es el único libro que he escrito... Me refiero a que ninguno de los que escribí después tuvo el mismo éxito. Cuando se habla de mí, se piensa más bien, y casi exclusivamente, en Los orígenes del mal. Y eso es triste, porque creo que si con treinta años me hubiesen dicho que había llegado a la cima de mi carrera, me habría tirado al mar con toda seguridad. No tenga usted tanta prisa.

***

—¿Va usted a votar a los demócratas, Goldman?
—Por supuesto que voy a votar a los demócratas.
—Ya verá la de fantásticos impuestos que les van a clavar a los ricachones como usted. Y entonces será demasiado tarde para llorar. Para gobernar América hacen falta cojones. Y los elefantes tienen los cojones más grandes que los burros, así de simple, es genético.
—Qué edificante es usted, Roth. De todas formas, los demócratas tienen ya ganadas las presidenciales. Su maravillosa guerra ha sido lo suficientemente impopular como para inclinar la balanza.
Esbozó una sonrisa socarrona, casi incrédula:
—¡Pero bueno! ¡No me diga que se cree ese cuento! ¡Una mujer y un negro, Goldman! ¡Una mujer y un negro! Vamos, es usted un tío inteligente, seamos serios: ¿quién va a votar a una mujer o a un negro para dirigir este país? Escriba un libro sobre eso. Una estupenda novela de ciencia ficción. Y la próxima vez ¿qué? ¿Una lesbiana puertorriqueña y un jefe indio?

***
—En el fondo, ¿por qué quiere usted escribir, Marcus?
—No tengo ni idea.
—Eso no es una respuesta. ¿Por qué escribe usted?
—Porque lo llevo en la sangre... Y cuando me levanto por la mañana, es la primera cosa que me viene a la mente. Es todo lo que puedo decir. ¿Y usted, por qué se convirtió en escritor, Harry?
—Porque escribir dio un sentido a mi vida. Por si no se ha dado cuenta todavía, la vida, en términos generales, no tiene sentido. Salvo si se esfuerza usted en dárselo y lucha cada día que Dios nos da para llegar a ese fin. Tiene usted talento, Marcus: dele sentido a su vida, que el viento de la victoria haga ondear su nombre. Ser escritor es estar vivo.
—¿Y si no lo consigo?
—Lo conseguirá. Será difícil, pero lo conseguirá. El día en el que escribir dé un sentido a su vida, será un verdadero escritor. Hasta entonces, sobre todo, no tenga miedo de caer.

***


Y entonces perdí el control de un libro que ni siquiera existía. A primera hora de la mañana del jueves 10 de julio, descubrí los titulares sensacionalistas de la prensa: todos los periódicos nacionales mostraban, en primera página, fragmentos de lo que había escrito pero cortando las frases, arrancándolas de su contexto. Mis hipótesis se habían convertido en odiosas afirmaciones, mis suposiciones en hechos comprobados y mis reflexiones en infames juicios de valor. Habían desmontado mi trabajo, saqueado mis ideas, violado mi pensamiento. Habían matado a Goldman, el escritor redimido que intentaba trabajosamente volver al camino de los libros.

***

4. Sweet home Alabama

«Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.»


**T***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

1 comentario:

  1. Lo de la conversación política chirría casi más que los extractos de la "obra maestra". Y la trama policial tiene tantos giros argumentales que yo ya casi esperaba que la muerta se hubiera asesinado a sí misma, con una doble personalidad.

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