The FireEL FUEGO
Katherine Neville
Traducción de Ana Alcaina, Laura Manero, Laura Martín de Dios y Nuria Salinas
PLAZA & JANES
546 páginas
Argumento:
La
hija de Solarin y Cat se ve inmersa en un extraño juego esotérico que
tiene por leit motiv el ajedrez, pero que nadie me pida que explique en
qué consiste.
Comentario:
Suele
decirse que segundas partes no son buenas. Si las primeras tampoco eran
para tirar cohetes, ya se imaginan lo que puede salir, un engendro como
El Fuego, que casi no me atrevo ni a calificar de novela (las novelas tienen argumento y personajes)
La acción continúa veinte años después del final de El Ocho,
famoso bestseller mundial que inició la moda de las investigaciones
esotéricas en torno a un hecho u objeto, la madre de todos los
bestsellers.
Tenemos pues a los mismos personajes y a sus hijos y
descendientes varios involucrados en una especie de "juego" en el que
el ajedrez tiene mucho que ver. Así pues algunos personajes son la Reina
Blanca o Negra, el Rey negro, etc... Luego, por otro lado, hay un
ajedrez que perteneció a Carlomagno y que contiene unas fórmulas
místicas, es decir, tiene poderes mágicos o algo de eso.
La
autora nos narra la historia dando saltos del pasado al presente.
Tenemos una parte narrada en tercera persona y situada en el siglo XIX,
que cuenta las vicisitudes de Charlot, el hijo de la monja que encontró
el ajedrez en la anterior novela, y que posee poderes visionarios.
Intercalado con eso vemos la narración en primera persona de la hija de
Catherine Velis y Alexander Solarin, Alexandra, una joven que trabaja
como cocinera para un chef vasco llamado Boujaron (que no Bujarrón...).
Como
es de rigor en los bestsellers, el primer capítulo cuenta un hecho
impactante, la muerte de Alexander Solarin a manos de un francotirador
cuando acompañaba a su pequeña Alexandra a un torneo de ajedrez. Aunque
el primer capítulo aburre un poco con su exceso de palabrería, al menos
pasa algo en él. Sin embargo, no será la tónica del resto del libro.
Porque El Fuego,
dígamoslo de nuevo, no es una novela. El argumento está tan enrevesado
que es imposible entender lo que pasa. Confieso que yo al menos no he
entendido nada. No sé para qué sirve ser la Reina blanca, o la Negra,
qué implica eso, por qué es importante, quién ha organizado tamaño
delirio, cuál es el Juego dichoso en el que están envueltos los
protagonistas, y cuál es su trascendencia. En el libro no hay ni una
gota de acción, todo son personajes soltando discursos seudoesotéricos
donde te vinculan cosas sin sentido. Por ejemplo, el vasco te habla del
Olenztero (el Papá Noel euskaldún) como si también tuviera que ver con
la trama, y así con todo, con casi cada objeto que aparece: todo se
explica atendiendo a simbolismos herméticos, alquímicos, etc. Hasta los
nombres de los personajes ¡ahí es nada! tienen significados ocultos. Y
como en anteriores bodrios de la autora (El Ocho, el Círculo Mágico) la
conspiración parece circunscribirse al círculo familiar y amistoso de
los protagonistas. Todos se conocen, todos están metidos en el ajo,
hasta el cocinero vasco. Y en el relato del pasado solo intervienen
personajes famosos como Lord Byron, Teyllerand y otros, lo cual queda
sumamente ridículo y forzado. Además, muchas de estas intervenciones,
por no decir TODA LA PARTE DEL PASADO, sobra, no añade nada, y podría
suprimirse sin ningún efecto en el libro.
El libro es muy
aburrido, denso, lento y no tiene ni pies ni cabeza. Más que una novela
parece un compendio de esoterismo y simbología del que además es difícil
retener algo. Mezcla tantas cosas y de forma tan aleatoria que
realmente es imposible meterse en la trama, en algo tan vacío, que
pretende ser lo contrario. Al final te quedas igual que al principio,
porque no ves un desenlace lógico ni claro.
Solo desperté del
tedio que me produjo esta novela en algunos contados párrafos, justo los
que hablan del cocinero vasco. Porque lo de esta autora es de risa. Se
supone que vivió durante una temporada en el País Vasco, y aún así se ha
documentado sobre el tema como si fuera Dan Brown con Sevilla, vamos,
de pena.
Resulta que el cocinero Boujarón vive en una villa que
se llama ¡atención! EUSKAL HERRIA, y su servicio doméstico y de
guardaespaldas recibe el nombre de BRIGADA VASCA. Si ya con esto parece
que estuvieramos hablando de un grupo terrorista, resulta que para
hacerlo aún más ridículo, la autora dice que van disfrazados con
txapelas (boina vasca) y fajines. Pero eso no es todo, bailan la
Espatadanzta y la utilizan como arte marcial contra sus enemigos. ¿No es
alucinanteeee? La parte en la que esta brigada, que luego resulta que
no eran vascos auténticos, sino derviches disfrazados, ataca a los malos
es de carcajada. Previamente una camarera en patines lanza botellas de
sidra vasca (sagardo, dice Neville, y añade que es tan mala que no gusta
a los españoles) para defender a la chica; y luego llegan los vascos
falsos y se lían a espatadantzazos. Delirante. Para quien no haya visto
nunca una Espatadantza, este video de youtube. Así recrean las escenas
pergeñadas por Neville...
Pero
toda la novela carece de sentido. No tiene interés ninguno. La he leído
solo para poder hacer este comentario, aunque en algunos tramos estuve
tentada de dejarla por imposible. Hay que tener una gran voluntad para
leer este cumulo de dislates y de datos inconexos que no se sabe muy
bien qué quieren decir.
Los personajes, no hay ni que
mencionarlo, son planos totales. La autora los describe de forma
chapucera. Así el cocinero vasco habla mezclando el vasco, el francés y
el español; y hay otro personaje que dice muchos refranes y así es el
desarrollo que hace de ellos. Bueno, se me olvida que el chico es super
guapo y atractivo y tiene una preciosa melena rizada, y que la pareja
protagonista se enamora de pronto, sí, de pronto, sin que se vea ni un
atisbo de relación (por cierto, la historia de amor da algo de asco).
Todo es inverosímil y ridículo. Por no mencionar otros personajes, como
Sage Livingstone,
SPOILER que lleva una pulsera espía, y es una especie de niña pija con ganas de dominar el mundo .
FIN SPOILERLa
autora ha llenado su obra de muchos nombres, que no personajes, que no
solo no aportan nada, sino que confunden y distraen. Cada dos por tres
estos genios descifran los enigmas más inverosímiles (hum, qué podrá
significar una pieza de ajedrez sobre una mesa de billar...) y saben de
todo, pero de todo todo, griego, latín, etimología, Historia,
matemáticas... Y de pronto, tienen iluminaciones del estilo "entonces lo
comprendí". Neville debe de pensar que con poner eso y terminar todos
los capítulos con "Fulanita era la Reina Negra/blanca, etc" como si
fuera la gran revelación (que a ti te importa un bledo porque no sabes
de qué va el rollo), ya puede despertar a sus lectores de la profunda
somnolencia.
El noventa por ciento de este libro lo he leído de
forma casi automática, sin entender lo que pasaba. A lo mejor es
problema mío, que soy tonta, pero me da que no soy la única a la que le
ha pasado...
Para terminar, algunos
fragmentos escogidos de esta gran obra de la imaginación humana (perdón, quería decir, del marketing)
CON SPOILERS.
Una
vasija con cuatro litros de sagardo salió disparada a través de un
hueco, estalló en el suelo de piedra a los pies de Sage y lo salpicó
todo de sidra. Tratando instintivamente de proteger sus zapatos de
seiscientos dólares, Sage dio un saltito hacia atrás, pero cuando Vartan
hizo amago de abalanzarse sobre ella, volvió a disuadirlo apuntándole
con el arma. En ese preciso instante, otra jarra salió volando despedida
desde lo alto de la estantería directamente a la cabeza de Sage, pero
esta rápidamente se agachó detrás de una mesa que había cerca mientras
la jarra se estrellaba contra el suelo, a su lado
Pero ¿cómo
habéis logrado desarmar a esos tipos de ahí fuera? —Los han destrozado
un par de movimientos de la ezpatadantza que, sin duda, no se esperaban
—dijo Erramon—. E. B. no ha fallado ni una sola vez con sus patadas en
el aire.
Iba vestido, como tenía por costumbre, de blanco:
pantalones de sport, camisa de cuello abierto y alpargatas atadas a los
tobillos con lazos largos, el atuendo que suele llevarse en ocasiones
festivas con el pañuelo al cuello y el fajín de color rojo intenso
Es
decir, tenía un sentido del humor disparatado, un especial interés por
las damas —sobre todo por Leda— y una inexplicable debilidad por el
sagardo, la espantosa sidra vasca que ni los españoles son capaces de
beber.
—Los hombres de Euskal Herria —contestó Rodo, sentándose a
la mesa y haciéndonos señas para que hiciésemos lo mismo—. Les gusta
ponerse boinas y fajines rojos y fingir que son vascos, aunque resulta
que, con el entrenamiento adecuado, los derviches profesionales también
pueden dar esos saltos en el aire propios de la ezpata-dantza.
—¿La brigada vasca son en realidad derviches? —pregunté, aunque ya empezaba a captar el mensaje.
Erramon,
el conserje de Rodo de cabellera plateada, ya me esperaba para
descargar el coche junto con su banda, media docena de tipos musculosos
vestidos de negro, con pañuelos y txapelas, grandes boinas oscuras: la
Brigada Vasca.
Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.