Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €
Argumento:
Malena rememora su relación con Mario.
Malena rememora su relación con Mario.
Comentario:
«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera
novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista
(en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente
al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico
basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las
merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos
por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que
intentan liberarse relacionándose con otros hombres.
También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o
interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada
en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con
canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan
ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos.
En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de
Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus
sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede
enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones
absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y
«seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos
calificar que los humanos sois, grosso
modo, idiotas.»
Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación
de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros
sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía
la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado
conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre
lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad,
si continuara con su vida… Y acaba.
En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas
diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz
de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis
que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un
texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan
abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un
determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior
obra de la autora.
Citas de «Olvidé decirte quiero»:
Malena, capítulo 1:
« Me
llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este
macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir,
ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino
ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
Y la nada más absoluta
me responde con un silencio perturbador.»
Malena, capítulo 2:
« Siempre
he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas,
a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no
gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso,
a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es
real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo
sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar
muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que
quizá sea este en el que me encuentro.»
Mía, capítulo 27:
«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que
se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna
vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien
brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido
del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,
***T***
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