domingo, 22 de mayo de 2005

Shutter Island, de Dennis Lehane

Shutter Island, 2004
Editorial: RBA
320 páginas
14 € 
Ebook: 7,99 €
Argumento: 

Verano de 1954. El agente federal Teddy Daniels llega al hospital Ashecliffe, en Shutter Island, un centro penitenciario para enfermos mentales. Busca a una paciente desaparecida, la asesina Rachel Soldano. 

Comentario:

La historia comienza con la llegada a la isla del policía protagonista. Desde ese momento no hay un instante de descanso. 
Inquietante, equilibrada en la información y la forma de darla, es difícil dejar de leer hasta saber cual de las múltiples posibilidades es la cierta. 
Lehane ha escrito una historia relatada sin elementos sobrantes, con muchos diálogos, en la que se suceden escenas relevantes y un interés creciente que se mantiene durante todo el relato.

Los personajes, desde el policía protagonista, Teddy Daniels y su compañero Chuck Aule, hasta los médicos de la isla, sobre todo el doctor Crawley, están bien dibujados e interesa lo que les pueda pasar.

Mientras investigan la desaparición de Rachel Soldano, el autor va desvelando la historia del protagonista, sus migrañas, el fallecimiento de su esposa y las pesadillas que comienza a sufrir.

Lehane realiza un hábil juego entre realidad y fantasía que provoca inseguridad sobre lo que está pasando o no. En un momento parece que se ha encontrado la respuesta y en el capítulo siguiente explica todo de tal manera que se abandonan las sospechas. Juega tanto con los personajes como con el lector, creando una atmósfera inquietante cuya lectura puede resultar a ratos fascinante.

Buenos enfrentamientos verbales entre policías y médicos, así como la utilización tanto de la isla como del sanatorio e incluso la lluvia y el viento como unos personajes más de la historia.

El autor consigue que quien lee investigue junto al protagonista, que se desconcierte y conciba soluciones que luego casi siempre resultan equivocadas, o que quizá incluso desvele la trama final. 
Cuando se llega a saber qué es lo que realmente pasa en Shutter Island es inevitable reconocer la forma en que el autor ha manipulado la información que da a lo largo de la novela, escrita con inteligencia, muy medida, que continuamente da pistas, alejando y acercando la respuesta en una trama inteligente, correctamente escrita y con un argumento adictivo.

Nota:

En 2010 Martin Scorsese realizó una adaptación cinematográfica de esta novela, protagonizada por Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels), Mark Ruffalo (Chuck Aule), Ben Kingsley (Doctor Cawley), Michelle Williams (Dolores) y Max Von Sydow (Doctor Naehring) entre otros.


Escenas de la película

Scorsese y sus actores (Kingsley, DiCaprio & Ruffalo)

***T***

Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

lunes, 2 de mayo de 2005

Cosmética del enemigo, de Amélie Nothomb


Cosmétique de l'ennemi, 2001 
Traducción: Sergio Pàmies 
Anagrama - Panorama de narrativas 532 
104 páginas 
11 €  

Argumento: 

Jérôme Angust está en el aeropuerto cuando se le acerca un pesado y comienza a hablarle. 

Comentario: 

Nothomb vuelve a incidir en su tema habitual, dos personajes enfrentados sin que uno de ellos sepa muy bien el motivo, al menos al principio. 

La historia comienza con sencillez, el tal Textor Texel se presenta a Jérôme Angust simplemente con su nombre y la aclaración de que es holandés. 

La elección de nombres de los personajes no parece hecha al azar, e incluso puede ser una pista sobre lo que luego se cuenta. 

Emulando a otros protagonistas de la autora, Texel comienza a relatar su vida a una víctima cada vez más aterrorizada que, cuando cree haber llegado a lo más desagradable y siniestro de las revelaciones de su interlocutor, descubre que siempre hay algo que le impresiona todavía más. 

Nothomb, como de costumbre, domina el arte del diálogo-enfrentamiento entre sus personajes, creando una cadena que no es sólo fácil de seguir, sino casi imposible parar de leer hasta llegar al final. 

Mientras, reflexiona sobre la culpa y su relatividad, cita a Pascal, a Spinoza, el jansenismo, diserta sobre el amor y la forma de expresarlo o explica que la palabra cosmética no se refiere a cuestiones estéticas sino que es la ciencia del orden universal, suprema moral que determina el mundo, 

Esta "novela" se ve perjudicada por un exceso de páginas en la última parte. 
Hacia la página 74 ya se sabe cual es el principal "misterio", aunque no se revela del todo hasta una o dos páginas después. 

Las veinte restantes, en que Texel intenta convencer a Angust de que su revelación es cierta y de que haga lo que le pide se me hacen largas y repetitivas, creo que la historia mejoraría quitándole unas diez páginas. 

El parecido del final con otra novela (y película) anterior que seguramente la mayor parte de lectores conoce mejor que la obra de Nothomb hace que la sorpresa sea casi predecible y menos impactante de lo que hubiera podido resultar de no ser por tan conocido precedente. 

Quien haya leído varias de sus obras, dejando aparte las autobiográficas, observará que Nothomb escribe siempre sobre los mismos temas, y puede dar la impresión es que ya no sorprende, que se espera lo inesperado, lo desagradable, y que su habitual esquema de personajes enfrentados puede llegar a resultar aburrido si se repite demasiadas veces. 


***T***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

viernes, 22 de abril de 2005

Metafísica de los tubos, de Amélie Nothomb


Métaphysique des tubes, 2000
Anagrama - Panorama de narrativas 493
143 páginas
13 €

Argumento:

Dios relata los tres primeros años de su existencia.

Comentario:

En esta novela Nothomb relata sus tres primeros años de vida y, como siempre que escribe autobiografía, en la fotografía de la portada aparece ella, en esta ocasión con su hermana mayor, Juliette. 

Según explica en una parte del relato, los japoneses tratan a sus bebés como pequeños dioses más o menos hasta los tres años: Rápidamente me di cuenta de que mi edad me confería un estatus especial. En el país del Sol Naciente, desde el nacimiento hasta el parvulario inclusive, uno es Dios... Yo era un Okosana: una honorable excelencia infantil, un señor niño.

En esta historia Nothomb establece un claro paralelismo entre ella misma, Dios y Jesús, y consigue hacerlo perfectamente creíble utilizando un par de escenas que acercan a la vida de Jesucristo y la suya.

Después de llegar a los dos años y medio en estado de tubo, la pequeña Amélie despierta al mundo por obra y gracia de un "milagro" propiciado por su abuela que le descubre el sentido de la vida, el placer.

Desde ese momento comienza a observarlo todo con mirada prudente, irónica, midiendo cada paso que da (oculta a su familia que sabe hablar y les regala sus primeras palabras en etapas fríamente meditadas), pensando sobre la vida y la muerte, el mar, aprende a leer sola...

También a esa edad decide ser japonesa, mostrando el profundo amor que siente hacia un país que no es el suyo, lo que, en parte, parece basarse en la adoración que le muestra su aya: Nishio-san se prosterna cuando aparece, le da la comida de su plato, la adora: y entre unos padres que la trataban igual que a los demás y una aya que la divinizaba no había duda. Sería japonesa.

Aunque puede hablar en los dos idiomas y para ella no hay diferencias entre ellos, decide lanzarse a hablar en japonés, comunicándose así con su adorada Nishio-san (y con sus fieles), gracias a la cual descubre algunos de los grandes temas de la vida, como la pérdida, en contraposición con Kashima-san, una japonesa aristocrática y amargada que culpa a los occidentales de todo lo que ha sido malo en su vida.

Parece difícil, pero en esos seis meses de su vida, Amèlie aprende mucho de lo que necesita para desenvolverse en la vida, y lo expresa con su habitual crudeza e ingenio, rematando una obra autobiográfica conmovedora y a ratos sorprendente.

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domingo, 20 de marzo de 2005

La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg

 La señorita Smila y su especial percepción de la nieve
Peter Høeg
Traducido del danés por: Ana Sofía Pascual
Tusquets Editores
435 pp
1992
Género: ciencia ficción, misterio.
  


Argumento

La señorita Smila, una mujer experta en hielo, se encuentra un día con el cadáver de su amigo, el niño Isaías, perteneciente como ella a la comunidad de groenlandeses de Copenhague. Todo parece indicar que se trata de un accidente, que el niño cayó del alerón del tejado de la casa, pero la observadora Smila encuentra ciertas anomalías en la nieve que le hacen pensar que fue asesinado. A partir de ese momento, ante la inhibición de la policía, inicia una investigación ayudada por un mecánico tartamudo. Sus aventuras la llevarán al corazón de Groenlandia, donde se esconde un secreto increíble…

Comentario

La novela está claramente dividida en dos partes. En la primera, tiene preponderancia la figura de Smila, un personaje bien construido e interesante, en el cual se pone de manifiesto el choque cultural entre los daneses y los groenlandeses, considerados como inferiores por los primeros. Smila es hija de una cazadora groenlandesa y de un médico danés, y encarna en ella misma las contradicciones de ese choque. Observamos sus pensamientos (el texto está en primera persona), su visión de la vida, conocemos poco a poco su vida, su inadaptación, su soledad y su independencia. Es un personaje femenino independiente y que no está en función de los hombres, como suele suceder en la mayor parte de los personajes de este género. También conocemos su difícil relación con el padre. Digamos que esta parte tiene un cariz costumbrista y psicológico, aunque no excluye la intriga.

Pero a partir de la mitad más o menos, toda esta investigación policial que realiza Smila deriva hacia el campo de la novela de aventuras náuticas y finalmente entra de lleno en la ciencia ficción más clásica (al estilo por ejemplo de series televisivas como Expediente X o similares). Un giro que sorprende y resulta algo chocante.

El libro se lee con placer, en la primera parte, por el carisma de Smila, que puede decirse que sostiene por sí sola la novela; en la segunda, por la intriga y el incremento del misterio, aunque aquí sobran páginas, muchas páginas, donde el autor se explaya sobre las aventuras marinas, que resultan repetitivas y algo pesadas. También parece cambiar un poco la personalidad de la protagonista, o más bien, el autor la convierte en una especie de Lara Croft o aventurera al estilo de Hollywood, un poco irreal, capaz de realizar extraordinarias proezas, luchas con hombres más fuertes, actos de violencia, etc, etc. Tal vez el autor inició esta novela como un retrato costumbrista y más adelante le quiso meter intriga para “enganchar” al lector. La apuesta no le ha salido bien, aunque el misterio, tópico en cierto sentido, es interesante, y el autor da suficientes pistas a lo largo de libro como para adivinarlo antes que la protagonista (al menos los lectores que hayan leído muchas novelas de este estilo). Hay algunos aspectos confusos en la trama, y varios agujeros narrativos, que, sin embargo, no enturbian la sensación general de agrado que se tiene al leer la novela.

Es de esa clase de libros que, pese a poseer varios defectos en su construcción, se leen con interés. Novela simpática y bien escrita, podría haber sido mejor, si el autor se hubiera contenido un poco.

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domingo, 27 de febrero de 2005

Ahora hablo yo, de José María Íñigo

Editorial Belacqua, 2004
253 páginas
15 € 

Argumento: 

José María Íñigo relata anécdotas de su experiencia en televisión. 

Comentario: 

Ya en el prólogo el autor comenta que grabó estos recuerdos. Se nota. El estilo es monótono, las palabras se repiten, carece de emoción, de orden, de vocabulario. 

Además, incurre en errores de todo tipo. Desde la correcta caligrafía de algunos nombres: Pone Host Bujol cuando se refiere al actor Horst Buchholz, Kokac cuando es Kojak, y algunos otros. 

También se lía un poco al relatar los recuerdos. Cuando está contando anécdotas de los años setenta habla de un Anthony Quinn de 81 años, quizá mezclando el recuerdo de una entrevista muy posterior.
 
O dice que el actor Peter Cushing era intérprete habitual de Drácula, cuando cualquier persona aficionada al género sabe que a quien solía interpretar era a Van Helsing.
 
Dejando de lado estos errores, lo cierto es que su forma de relatar no engancha. Cuenta las anécdotas en desorden, reducidas a su mínima expresión, y casi todas ellas de sobra conocidas, como la visita de Uri Geller o la ocasión en que Franco les hizo repetir un programa que se había perdido. 

Dedica a cada anécdota entre media y dos páginas, y esto en ocasiones excepcionales, pasando por los recuerdos de forma superficial, sin detalles que llamen la atención, consiguiendo los momentos de 
mayor interés cuando habla de la censura o al relatar su propia vida. 

Con sólo un poco de trabajo revisando los programas que hizo, ordenando de forma más interesante los recuerdos, en los que parece ir y venir continuamente, o incluso contando su propia vida en el circo o sus inicios en Londres, hubiera podido escribir un libro de recuerdos sumamente entretenido. No es el caso.


***T***

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