martes, 12 de julio de 2011

El carcelero de Isbiliya, de Arlette Geneve


El Carcelero de Isbiliya
Editorial: Planeta
Colección: Booket
368 páginas
8,95 €
Ebook: 7,99 €

Argumento:

 El musulmán Yibrail se lleva a la cristiana Rosalía a su casa para que le enseñe cómo es el Dios de los cristianos…

 Comentario:

La novela comienza con un prólogo en el que Alma está al borde de un acantilado para suicidarse. La autora alterna descripciones del lugar con otras de los pensamientos y emociones de la mujer, mostrando cómo le afecta ese lugar, e incluye reflexiones necesariamente vagas sobre lo que la impulsa hacerlo, intentando crear expectativa sin revelar demasiado de lo que se intuye será relevante para explicar el odio que siente su hijo, Yibrail, protagonista de la historia, hacia los cristianos.

Quizá la manera en que está relatado, con una redacción en la que abundan los adjetivos, los adverbios acabados en –mente  y un tono pretendidamente poético y un tanto melodramático, puede perjudicar a lo que se cuenta, restándole dramatismo por exageración. Este tono afecta también a otras escenas posteriores.

Aunque la ambientación "histórica" parece correcta (a quien le interese la época tal vez pueda decirlo), con inclusión de hechos y personajes que realmente existieron, pasajes de batallas y palabras en árabe (Isbiliya es Sevilla, etc), se incluyen términos utilizados por los personajes y frases hechas actuales en la voz narradora:

“—¡Mostráis debilidad con vuestra empatía!
Abu Ya'qub levantó los ojos con la sorpresa pintada en ellos. Yibrail mostraba siempre su desacuerdo sin morderse la lengua; la franqueza era algo habitual en él, pero aun así, Abu no pudo ocultar un destello de desaprobación en su mirada por sus palabras impulsivas, sin embargo, era incapaz de olvidar que le debía la vida.” (Página 18)

“—Por un centímetro sigo teniendo la cabeza sobre los hombros.” (Página 200)

“Roland podía ser para ella como agua de mayo, pero sentía sus sentimientos cercenados por el odio y la apatía.” (Página 229)

(¿En 1195 se hablaba de empatía? ¿Se medía la longitud en centímetros?)

Si a eso, que quizá no es todo incorrecto, aunque sí puede resultar chocante o sacar de situación, se le suma el hecho de que la protagonista, Rosalía, haya sido criada de forma poco convencional, la novela resulta la habitual mezcla curiosa de ambientación histórica y comportamientos actuales.

Además, tras leer "La promesa del Highlander" se diría que el esquema básico de ambas novelas es casi idéntico:

- Una joven heredera que se ve "obligada" a convivir con un hombre en la tierra de él, enfrentándose a nuevas costumbres en casi su única compañía.

- Un hombre (Kerien en una, Yibrail/Gabriel en la otra) atormentado por un pasado del que responsabiliza a una mujer al que ella “curará”.

- Un equívoco originado por algo que él hace a un familiar de ella y que, no se sabe bien porqué, no se aclara hasta muchas páginas después.

- El regreso de ella sola a su hogar, para administrarlo, secretamente embarazada de él...
- Más líos en distinto grado de credibilidad, aclaración y final feliz.

Así, aunque la autora resuelve algunas de las situaciones de distinta forma, puede quedar una sensación de ya leído.

La creación de personajes (psicología, motivaciones…) es bastante sencilla, se limita casi exclusivamente a los protagonistas y no se aprovecha el potencial de unas premisas en principio atractivas como es la pertenencia de Yibrail a dos mundos (musulmán y cristiano), la forma en que la coacciona para que acepte enseñarle cómo es el Dios cristiano o incluso, antes, que la primera vez que se ven ella vista de hombre.

También se perciben algunas incongruencias, desde que ella sepa que él es conocido como el Ángel Negro (“… era el mejor y más despiadado oficial de su ejército, y no respondía ante nadie. Nada podía hacerle doblar la rodilla o quebrar su fuerza; se mantenía completamente apartado de todos por propia voluntad. Esa circunstancia había forjado un fiero guerrero carente de compasión.”) y un par de páginas después le pregunte si es un soldado o que ese pasado (como las “clases de religión” que se limitan a una breve conversación) no sea recordado ni tenga relevancia en su relación posterior o en el cambio que se produce en él al enamorarse de ella, algo resuelto de forma demasiado simple y superficial.

Si a esto se le añade que en el tercio final de la obra la autora  enfrenta a los protagonistas a situaciones repetitivas (un malentendido tras otro que se enredan de forma artificiosa cuando sería más lógico hablar), hace que uno de los personajes actúe de forma inesperada (Amed) para resolver cierta situación sin muchas complicaciones, el poco provecho que se le saca a premisas en principio interesantes (el odio que siente él hacia los cristianos, su brutal pasado como Ángel Negro o el interés en conocer la religión cristiana) o la sensación de haber leído ya la novela…


*** T ***


Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión.

domingo, 3 de julio de 2011

La elegida de la muerte (Öiyya), de Virginia Pérez de la Puente


La elegida de la Muerte. Öiyya
Virginia Pérez de la Puente
Ediciones B
555 Páginas

Argumento:

Issi, una mercenaria, se encuentra con una niña medio muerta entre los cadáveres de una batalla. La niña le toca la frente y le deja grabado un extraño símbolo. Paralelamente, los reyes de cuatro reinos mantienen una larga guerra.

Comentario:

Lo primero que me sorprendió de esta novela es que está muy bien redactada. Ya sé que mucha gente presupone eso en un libro publicado en una gran editorial como es Ediciones B, pero quienes estamos acostumbrados a leer mucho y de variados géneros nunca presuponemos nada en este aspecto y mucho menos si el autor es español y al género la fantasía.

Aunque al tratarse de un género bien definido como la Fantasía Heroica vemos ciertos clichés inevitables (¿hay algún libro de FH donde no se detengan los protagonistas en una taberna o posada?), el tratamiento de la historia en sí es bastante original, centrándose la trama principal en la peripecia de Issi (la mercenaria) en su intento de librarse del signo que ha marcado su vida y de comprender su significado y trascendencia. No obstante, también hay, de fondo, una subtrama de intrigas políticas y guerras entre varios reinos, que no parece aportar nada a la novela ni a la historia de Issi, y que lastra el libro con muchas más páginas de las necesarias, lo cual, obviamente, afecta al ritmo narrativo (hay por ejemplo una batalla que se me ha hecho muy larga, y por cierto, también algunos excesos en la descripción de paisajes). Tan poco vinculada está la subtrama de guerras con la otra que hasta podría funcionar como novela aparte. Por otro lado, algunas de las intrigas parecen algo rebuscadas y poco creíbles.

También se aprecian influencias bastante notables de la obra de G.R.R. Martin (Canción de Hielo y Fuego) tanto en la forma (estilo hiperrealista en algunas partes, violencia, lenguaje duro, etc), como en alusiones u homenajes más o menos literales (aparecen algunas frases que recuerdan a otras de la magna obra martiniana como "no sabes nada, Adhar", trasunto del famoso "No sabes nada, Jon Nieve", "Las cosas que me obligas a hacer", paráfrasis del no menos famoso "Las cosas que hago por amor"). De igual modo, algunas situaciones y personajes me han recordado (en especial en la subtrama de las intrigas palaciegas) a otros tantos de Martin (¿Thais = Cersei? ¿Tije = Melisandre?).

Si bien al principio la influencia citada es más obvia, conforme avanza el libro y se da rienda suelta a la fantasía, desbordada al final, casi lindante con lo metafísico y simbólico, menos se nota esta, dejando paso a lo que parece el estilo genuino de la autora (algunas de las partes más llamativas y personales son simbólicas, como la creación de Aubreï). Hablando del desenlace, me ha costado un poco entenderlo y seguirlo, tal vez por el carácter alegórico. La parte más lograda es la de los servidores de la Muerte en cierta cordillera y sus ritos y creencias. En los pasajes más  fantásticos es donde la autora demuestra mayor ambición literaria y artística.

No resultan fáciles los nombres de personas y de lugares. Puede costar meterse en el mundo imaginario por la dificultad para visualizar quién era quién en el equilibrio de poder o las diferencias y características de los diversos reinos en liza. La historia central, similar a una road movie con caballos o a un western, sin embargo, parece más interesante, aunque al estar intercalada con la otra, a veces es posible perder el hilo y no saber muy bien dónde iban los personajes y para qué.

Tal vez ayudara a esto una estructura en capítulos (centrado cada uno en un personaje) algo extraña, pues los hay de media página o menos y otros de mucha más extensión (todos ellos iniciados, por cierto, por citas de libros del mundo imaginario).

En cuanto a los personajes, la mejor definida es Issi, acompañada en sus réplicas por el sidekick Keyen, que también genera un interés romántico y cierta tensión sexual, y al tiempo, ocupa el rol de "gracioso". Me ha parecido que algunos de los personajes secundarios no estaban muy definidos o más bien que aparecían y desaparecían muy bruscamente.

Entre lo que menos me ha gustado, la utilización de palabras, expresiones y términos demasiado actuales o "españoles" que a mí me sacan de situación, como "quinceañera", "paranoica", "chaval", "gilipollas", etc, etc. En este mismo sentido, me ha descolocado bastante la inclusión de dos títulos de libros en latín, un idioma que se supone de nuestro mundo, y no de un mundo totalmente imaginario sin vínculos con el nuestro. De todas formas, sobre gustos no hay nada escrito y habrá quien prefiera que el texto esté redactado con estas "actualizaciones".

En resumen, una obra bien escrita, en el estilo que se lleva ahora de fantasía heroica, pero centrada en una búsqueda personal sobre la identidad, el Bien, el Mal, la Vida y la Muerte, con un leve romance, no empalagoso, y un exceso de páginas que afecta algo al ritmo.


HABLA EL AUTOR: Virginia Pérez de la Puente


¿Cuál fue tu intención al escribir esta obra? ¿Qué mensaje has querido transmitir con ella?

Mi intención no era más que dar rienda suelta a mi imaginación, y quizá escribir la novela que me habría gustado leer. No sé si os ha pasado a vosotros, pero yo aún no he encontrado la novela 'perfecta', es decir, ésa en la que no cambiarías ni una coma porque todo te parece fabuloso. Después de tanto tiempo pensando "Yo habría escrito esto otro" o "Me habría gustado más que esto hubiera sido así", decidí escribir mis propias historias, y esta novela en concreto fue un auténtico desahogo, porque no me puse ninguna traba a la hora de buscar una historia, un lenguaje, un desarrollo: la escribí para mí, y tuve la suerte de que, al acabarla, resultó coincidir con los gustos de muchos otros lectores. Evidentemente dista mucho de ser 'la novela perfecta', tiene cosas que ahora, leyéndola en perspectiva, cambiaría, pero la intención que tuve al escribirla fue ni más ni menos que ésa. Es un poco prosaico, pero no voy a engañarte con intencionalidades elevadas donde no las hay, jejeje.



¿En que se diferencia de otras del mismo estilo, género o temática?

En realidad, en todo. Verás, es que soy una firme defensora de que la fantasía no es estrictamente un género, sino un recurso que se emplea a la hora de escribir literatura. El 'género fantástico' no existe, hay tantos géneros como autores. Si os fijáis bien, cuando se desarrolló ese mal llamado género en la década de los ochenta (sobre todo) y noventa, consistía fundamentalmente en una repetición infinita de clichés, hasta que acabó, o al menos así lo percibí yo, cayendo muchísimo en calidad: todo era lo mismo, siempre se repetían las mismas circunstancias y situaciones. Una cosa es dejarte empapar por algo que te gusta y homenajear, citar o incluso parodiar a un autor o un libro, y otra hacer una réplica casi exacta. Y eso es en lo que se había convertido la fantasía en esos años, en un sinfín de copias de la Dragonlance y franquicias similares que, en realidad, no aportaban nada nuevo. De modo que yo, cuando me puse a escribir, decidí dejarme llevar. ¿Había un momento idóneo para un cliché, como la taberna que mencionas en la reseña? Tampoco iba a negarme a meterla por huir de los tópicos, si me venía bien a la narración, pero intenté escribir lo que yo quería sin ceñirme a ningún género ni a lo que se suponía que tenía que escribir al ser fantasía. Es obvio que tan malo es seguir punto por punto lo que otros han escrito como intentar por todos los medios escapar del tópico (ambas cosas pueden acabar fatal), pero sí intento, y supongo que poco a poco iré consiguiéndolo, no refugiarme en otras novelas de otros autores cuando escribo, no encorsetarme en un esquema por el hecho de que, supuestamente, estoy escribiendo un género.



¿Cuál sería tu público lector? ¿A quién se lo recomendarías? ¿A quién no?

Hombre, se lo recomendaría a todo el mundo xD. Bromas aparte, creo que es una novela que puede gustar mucho no sólo a los amantes de la fantasía, sino también de la novela de aventuras. Tiene un trasfondo alegórico, casi filosófico, pero en realidad es eso, una aventura. Como dices en la reseña, está más cerca de Martin que de, por ejemplo, Weis y Hickman o Salvatore, de modo que dependiendo de los gustos de cada uno y de lo que le pida a una novela gustará más o menos. Eso sí, si lo que alguien quiere son elfos, enanos y una lucha entre el Bien y el Mal, creo que aquí no va a encontrarla ;)



¿Tienes algo que comentar, objetar, aclarar o matizar al respecto de esta reseña? Defiende tu obra de la malvada criticona.

Jejeje no, creo que una reseña nunca debe matizarse. Al fin y al cabo, es tu opinión, y yo no puedo decirte lo que tienes que opinar respecto a mi novela :) Lo que sí diría, a modo de defensa, es que la trama política no se relaciona con la trama de Issi por un motivo, aparte del hecho de que no quise unirlas porque el camino de Issi iba hacia el lado opuesto del de los reyes y soldados de Thaledia y Svonda. Esa trama es un planteamiento, y con ella quise sentar las bases para un conflicto posterior: ten en cuenta que "La Elegida de la Muerte" es una precuela de una saga que publicaré próximamente ;). La trama es paralela e independiente, y supongo que si alguien se hace a la idea de que en algún momento se unirán, se llevará una decepción. Y en cuanto al resto... bueno, lo dicho, no puedo exigirte que opines lo que yo quiero, jejejejee. Quizá sí decir que lo del lenguaje es una opción personal que tomé hace tiempo, cuando decidí que, si una novela estaba escrita en castellano moderno, los modismos empleados también debían ser en castellano moderno, porque de otro modo no tiene mucho sentido. Pero claro, es mi opinión, cada uno tiene la suya, que para eso son opiniones jajajaja!

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domingo, 26 de junio de 2011

Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero


Lágrimas en la lluvia de Rosa Montero
Editorial Seix Barral, 2011
480 páginas
20 €

Argumento:

Madrid, 2109. Tras ver morir en sus brazos a su vecina, Cata Caín, a detective replicante Bruna Husky es contratada por Myriam Chi, líder del Movimiento Radical Replicante, para averiguar el motivo del creciente número de suicidios de otros replicantes, que han comenzado a afectar a la población humana.

Comentario:

El título de la novela, "Lágrimas en la lluvia", está tomado del discurso final del replicante Roy Batty (Rutger Hauer) en la película de Ridley Scott "Blade Runner", 1982:

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."

Esta cita, que se reproduce en la novela, es una de las referencias que se hacen a la película (basada a su vez en la obra de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”), en este caso para explicar el origen del término con el que los humanos se refieren a ellos (reps).

También se toman prestados algunos detalles para la caracterización de los replicantes de lo que se muestra en la película, desde la duración de sus vidas y las consecuencias que este conocimiento tiene sobre ellos a las diferencias con los personajes cinematográficos:

“Un día Yannis le había puesto a Bruna la vieja y mítica película del siglo XX. Se titulaba Blade Runner. Era una obra extraña y bienintencionada hacia los reps¬, ¬aunque le resultó algo irritante: los androides tenían poco que ver con la realidad y, por lo general, eran más bien estúpidos, esquemáticos, aniñados y violentos. Por no mencionar a una tecno rubia que daba volteretas como una muñeca articulada.”  (Página 240)

La autora utiliza con eficacia el recurso de hacer que Bruna recuerde varias veces al día cuánto tiempo de vida le queda. Lo utiliza tanto para ilustrar la obsesión y el miedo de la protagonista hacia una muerte cuya fecha y dolorosas circunstancias conoce (son víctimas de un proceso cancerígeno, TTT: Tumor Total Tecno) como para ayudar a resolver una parte de la trama policiaca (relacionada con la súbita creencia de que son seres humanos que tienen un hijo en peligro).

Además, la limitación de sus vidas (diez años), junto a la imposibilidad de tener hijos o la imposición de falsos recuerdos sirven para abordar temas como la fragilidad de la memoria (el memorista humano Pablo Nopal y su búsqueda de la rep en la que depositó los recuerdos de su propia vida, la única con quien puede compartirlos) o el sentido de la vida, y de la muerte.

También usa la revisión que hace Yiannis Liberopoulos de los documentos del Archivo Central de los Estados Unidos de la Tierra para reflexionar sobre varios temas: Se ve la evolución de la sociedad hasta llegar a 2109, con la creación de los tecnohumanos, las rebeliones en las que luchan por sus derechos o la aparición de tres especies alienígenas y cómo alguien está intentando lo que parece imposible, reescribir lo sucedido para que los reps despierten, aún más, el temor y el odio de los humanos y encontrar una “justificación” para eliminarlos.

Sin embargo, da la impresión de que todo el intento de reflexión es más de lo mismo, que no aporta nada nuevo ni profundiza más en lo conocido, y pasa lo mismo en cuanto a la trama de intriga, que sigue los cauces clásicos de entrevistas, escenas de acción, sospechosos, equívocos, algo de romance (Bruna no tiene problemas para unirse a otras especies: Maio, Lizard, Nopal), amistad (Oliar, Bartolo), traiciones, resolución y un final que deja abierta la posibilidad de leer más aventuras protagonizadas por Bruna Husky.


*** T ***

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domingo, 12 de junio de 2011

Decisiones Arriesgadas, de Mar Carrión

Editorial: Terciopelo, 2010
366 páginas
17 €

Argumento:

La periodista Megan Lewis se encuentra el cadáver de su vecina Emily. Cuando llama a la policía aparece el atractivo detective Derek Taylor. Ambos investigan el asesinato mientras comienzan a mostrar un mutuo interés.

Comentario:

"Decisiones arriesgadas" pertenece a un subgénero dentro de la novela romántica que, además de la trama dedicada al romance, incluye otra paralela, en este caso policiaca, que investiga varios casos: corrupción, asesinato…

Al comienzo de la historia, cuando Megan y Derek se conocen, prácticamente ante el cadáver que Emily (vecina de ella) y en algunas escenas posteriores (la “adquisición” del diario y su entrega a la policía), los protagonistas tiene actitudes poco creíbles: desde pensar más en su mutua e instantánea atracción en pleno escenario del crimen, con la asesinada de cuerpo presente, a retener seis días el diario, con un contenido en apariencia relevante para la investigación con razonamientos absurdos (Página 110: “-El lunes no estaba de humor, pero hoy tenemos que retomar el tema”) que rondan lo caprichoso (¿es lógico anteponer una conversación/coqueteo a la resolución del crimen? ¿Por qué no se le ocurre fotocopiar/escanear el contenido y devolverlo antes?).

Además de este comportamiento poco coherente de la protagonista hay cierta falta de revisión del texto que incluye palabras cuyo significado no concuerda con el resto de la frase haciendo que algunos pasajes resulten algo confusos:

Pág 60: “Una cantidad infame de bolsas de cartón con el logotipo de los grandes almacenes inundó el interior del Pontiac bajo la insólita mirada del hombre.”
(¿infame? ¿Insólita?)

Igualmente se encuentran faltas de concordancia en los verbos de una misma frase:
Pág 60: “… Y Megan sintió que sus mejillas se ruborizaron ante la atenta mirada del hombre”.

Y alguna errata:

Pág 56: “La espantosa imagen con la que iba apresentarse en el trabajo…”

Sin embargo, según se avanza la lectura, quizá porque está mejor revisada, quizá por centrarse en lo que sucede, parece que los “errores” disminuyen o pasan desapercibidos.
Aunque la mezcla de las dos tramas principales (romántica y criminal) en ocasiones “chirría” (las mencionadas incoherencias de Megan), por separado cumplen su cometido.

Si bien la relación entre Megan y Derek parece centrada en la atracción física y apenas se profundiza en las emociones de ambos hasta la última parte (él la ayuda a superar sus reticencias relacionadas con el “abandono” de su hermana Gina), ni hay diálogos ingeniosos o humorísticos entre ellos, la historia avanza correctamente siguiendo los pasos habituales del género: atracción, “cortejo”, romance, conflicto, resolución y final feliz.

Quizá los personajes no son muy complejos y los problemas que dificultan la realización romántica se resuelvan con relativa facilidad, resaltando la relación de Megan con la pequeña Martha, hija de Derek. La autora consigue mediante unas pocas escenas entre ambas, con la participación de Abby, la caniche de la protagonista, crear un conflicto y su resolución con bastante destreza.

En cuanto a la trama de misterio, se nota que la autora ha trabajado el esquema, y aunque quizá la relación entre esta y la romántica falle (las mencionadas reacciones de Megan), ha creado una situación clásica (y algo tópica: incluye confesión y explicaciones) en la que todo queda resuelto, desde el prólogo a las motivaciones de los distintos sospechosos y cómo se les va descartando o recuperando, siendo de agradecer que la resolución esté apoyada por pistas dadas a lo largo de la historia que permiten especular sobre las distintas posibilidades e incluso averiguar la identidad del criminal antes que Megan.

En resumen: aunque se eche en falta una revisión más profunda tanto en referencia a las erratas como a la lógica de las reacciones de los protagonistas, reiteraciones de información que no añaden nada relevante (Megan llega a contar a Derek hasta tres veces la confesión que le hacen), pasajes relatados de forma confusa y “retorcida” (se cuenta una conversación escuchada por ella en lugar de mostrarla), y una mayor profundidad y complejidad de personajes y conflictos, el resultado es una lectura agradable y entretenida.


*** T ***


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jueves, 19 de mayo de 2011

El bolígrafo de Gel Verde, de Eloy Moreno

El bolígrafo de gel verde
Eloy Moreno
Editorial Espasa
300 páginas


La obra que nos ocupa está dividida en tres partes bien definidas. En la primera, el protagonista-narrador relata un hecho de su infancia que supuestamente marcó su vida: su ruptura con un amigo. En la segunda, la más extensa, nos hace partícipes de su rutina diaria como empleado de una empresa de informática y su día a día familiar; finalmente, en la última parte, la ambientación cambia y el personaje, narra "a modo de diario", según él mismo dice, los hechos que le llevaron a su vida actual, tras una experiencia catártica en la montaña. Una estructura circular (el final es un regreso al principio) que obedece al simbolismo del cambio a través de la recuperación del pasado.

El argumento es más bien escaso, por no decir pobre. Pese a la interesante premisa inicial, que es posible romper con la vida que uno lleva y cambiar radicalmente, esta se desarrolla de una forma bastante tediosa, sin mucho oficio (parece una obra de principiante), dejándose llevar por el sentimentalismo más exacerbado, y mediante el uso de una prosa pretendidamente poética basada en la repetición no solo de palabras y estructuras sino también de ideas, y en rebuscados juegos de palabras. La prosa intenta dárselas de alta literatura sin conseguirlo; su único recurso, aparte de la repetición, es crear expectativas cada pocas páginas, como si fuera a ocurrir algo importante, impactante, increíble... y luego nada, lo cual puede producir en el lector una sensación de frustración o engaño.

Una y otra vez se da vueltas sobre los mismos temas (el personaje dice estar agobiado por la falta de tiempo debido a una supuestamente larga jornada laboral y no poder disfrutar de su familia) sin que se aprecien matices nuevos en los personajes o avances significativos en la trama. Las ideas iniciales no dan más de sí a lo largo de la trama. Sobre este particular, la segunda parte resulta especialmente cargante. El autor parece creer que repetir varias veces todo lo que hace el personaje durante su jornada crea una sensación de “rutina”, cuando esta puede crearse, en menos páginas, con un par de escenas significativas sin aburrir al lector. Cuando digo “todo lo que hace”, debe entenderse literalmente, puesto que hay descripciones de acciones muy banales de las que se puede prescindir (como la escena de ir al baño y narrar las escatológicas acciones de uno de los personajes).

Los diálogos son poco naturales, y hay tendencia a transcribir parlamentos que no aportan información sobre los personajes, no hacen adelantar acontecimientos, no son divertidos ni significativos, no sirven, en suma, para casi nada.

El bolígrafo de gel que da título a la obra, y que es utilizado como objeto simbólico de la rutina y del cambio deseado, se antoja algo ridículo y como forzado. No se entiende que el personaje le dé tanta importancia a la búsqueda de tal objeto, casi como si fuera el Grial.

La voz narradora es alambicada, poco natural, tendente a lo melodramático, sin asomo de humor, quejica, llorona, victimista… Poco a poco, un personaje con el que deberíamos empatizar se hace cada vez más odioso. Carga tanto las tintas en sus supuestas desgracias que terminas por no creértelo. Por lo demás, adolece de una fuerte hipocresía, inmadurez, falta de autocrítica y de valor. Eso no sería motivo para crítica, ya que sobre personajes no hay nada escrito. El problema es que tal y como está descrito, parece que ni el propio personaje ni el autor ven en él nada malo. De hecho, es bastante incoherente, pues critica a todos menos a él (sus problemas son siempre causados por hechos externos, nunca por su actitud, etc), y cuando descubre que en algunos casos sus críticas han sido injustas, no dedica a estas injusticias ni un pensamiento. Por lo demás, el personaje se permite moralizar sobre los demás cuando él incurre incluso en delitos, que, huelga decir, tampoco le merecen ni una breve reflexión. Me ha llamado también mucho la atención que el protagonista dice que trabaja mucho pero no se le ve hacerlo. Solo perder el tiempo en la oficina haciendo listados, pensando, buscando bolis por ahí, espiando a la gente... todo el tiempo que pierde en eso podría estar haciendo algo útil para él o su familia.

En lo formal hay algunos errores, como el supuesto diario del final, que el personaje narra desde el presente hechos acontecidos seis años atrás con todo lujo de detalles, cuando resulta bastante improbable que alguien pueda recordar lo que hizo exactamente el día tal a las 14:55 por poner un ejemplo de aproximación de minutos como los que se dan en la novela. Por otro lado, un diario cuenta hechos que le suceden a alguien en el momento. Si los recuerdas no puede ser un diario, en todo caso memorias o recuerdos.

A nivel argumental se aprecian varias casualidades un poco forzadas, y algunas situaciones un tanto ridículas, como los aplausos que varias personas dedican al personaje cuando sube una montaña o entra en un refugio. Por no mencionar un final con reconciliaciones muy poco creíbles y que resuelve de un plumazo con un discurso casi moralizante. La primera parte, centrada en la infancia del protagonista se alarga en demasía y tampoco resulta muy interesante, al relatar un hecho casi banal como si fuera un gran acontecimiento, un accidente que parece poco grave para lo que supuestamente provocó. Por lo demás, lo narrado es demasiado similar a la vida de la mayor parte de las personas de su generación, recordando incluso a un episodio nostálgico de la serie "Cuéntame" que busca por la vía de la identificación emotiva, más que por el oficio o el arte, la complicidad del lector.

En resumen, una obra poco trabajada en lo formal, que carga las tintas en exceso en lo melodramático, exagerada en el tono y en la prosa, que busca la identificación del lector apelando a lugares comunes y emocionales, y cuyo mensaje podría haber sido interesante si hubiera sido plasmado con más oficio, más dinamismo y con una trama más imaginativa.  Eso sí, no se puede negar lo exitoso de la campaña de marketing orquestada por el autor...

Fragmentos de la obra


Allí, sin luz, saqué de nuevo la carta que tantas veces había leído en mi huida. Era tan confusa... tanto como su actitud en los últimos días. Era, sin duda, una carta de
despedida, definitiva. Una carta en la que escribió cosas que yo no entendía, una carta en la que intentó explicar cosas que no explicaba. Ahora sé que fue escrita desde la desesperación y no desde la calma, como ella decía. Fue escrita desde el odio y no desde el afecto. Fue escrita, seguramente, desde la rabia y el rencor.

Un sonido agudo, familiar, me despertó del ensimismamiento. Con un movimiento ya innato alargué mi mano para descolgar el teléfono; nunca llegué a escuchar la otra voz. Cuando entre mi mano y el teléfono apenas quedaban tres centímetros, me paralicé. Sonó de nuevo, otra vez, y otra, y otra, y a la cuarta descolgué para, con la misma desgana, volver a colgar. Fue una pugna difícil: a mi derecha, con casi diez años de peso, con el trofeo afianzado, con la solidez de un yunque: la rutina; a mi izquierda, casi olvidada, desdibujada por la propia rutina, resurgida de sus cenizas: la cordura.

Seis de la mañana de un martes clonado.
Sonó, como lo hacía cada mañana, el despertador.
Saqué mi mano derecha, refugiada bajo la sábana, para, a tientas, buscar el botón de paro.
Seis y cinco minutos, volvió a sonar. Maldije la función snooze.
Seis y diez minutos, sonó por última vez.
Con la pereza aún estirándome de la piel me levanté, deseando poder pasar diez minutos más allí, acurrucado, observando cómo nuestra respiración había difuminado la luz anaranjada que asomaba por el cristal de la ventana.
Apoyé los pies descalzos en el suelo: frío. Arqueé los dedos, para, así, de puntillas, sobre casi las uñas, dirigirme al cuarto de baño.

Sin prisa ni vergüenza, don Rafael comenzó a dejar caer sonidos por su ano mientras yo me mantenía en silencio, sin apenas respirar, a la espera de su acabe.
Después de varias ventosidades con una gran potencia inicial y sostenimiento descendente, llegó un sonido de chocar con agua que indicaba que el aire había cambiado
de estado, convirtiéndose en un sólido casi líquido. Fue acompañando, además, cada una de dichas emanaciones con un «¡uf!» o un «¡ay, qué gusto!»

Pasé por la zona de carpetas, carteras, plumas de más de cien euros con una utilidad dudosa; abrecartas de plata y bolígrafos de marca; papeles para envolver regalos, papeles de seda con los que hacer bolitas —qué recuerdos—, papeles de charol y papeles para forrar los libros que han dejado de ser útiles. Pasé también por la zona de los Rotring, oyendo cómo refunfuñaban contra el Autocad; de los Tippex y de las gomas de nata; de los plumieres y de los estuches de compases que tan de moda estaban como regalo en las comuniones de mi época. ¿Quién tiene ahora un compás? Finalmente, llegué hasta la zona de instrumentos de escritura asequibles, los demás engañarricos y timapedantes los había dejado atrás. Al contrario de lo que temí en un primer momento, no me costó nada encontrar lo que andaba buscando. Allí
estaban, dentro de cubiletes de plástico gigantes, decenas de bolígrafos de gel verde. Cogí uno, sólo uno, el primero que se magnetizó en mi mano. Lo atrapé entre mis dedos y por Dios —cualquiera— que me temblaba el pulso, como cuando cogí en brazos a Carlitos por primera vez. Me acerqué a caja con el boli entre unos dedos que
no dejaban de sudar. Esperé impaciente a que una señora mayor pagase hasta el último céntimo de la revista de turno; estuve a punto de apartarla. Me tranquilicé.  Acabó y pasé. Un euro y medio, ni más ni menos, eso fue lo que me costó mi cambio de vida.


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. Gracias por tu opinión)