Ian McEwan
Traductor: Eduardo Iriarte Goñi
Editorial Anagrama
384 páginas
Argumento
En un mundo distópico asolado por diversas catástrofes físicas y humanas, un profesor de literatura desea reconstruir un poema mítico que nunca fue publicado y cuya principal referencia fue su lectura durante la llamada Segunda Cena Inmortal. Gracias a mails y otros recursos conservados, logra dar con una pista que lo lleva a descubrir algo más que el poema...
Comentario
La novela de McEwan me ha costado mucho, y no porque sea mala o esté mal escrita (o porque sea larga), sino porque es muy densa y, para mi gusto, se dispersa en subtramas de diverso interés. Admito que casi todas son necesarias para comprender el mensaje de la obra o para entender de forma cabal el argumento, pero también me parece que el autor está demasiado enamorado de su prosa y se recrea, hasta escribir más palabras de las necesarias, reiterando en ciertos aspectos, siempre según mi parecer. Reconozco que, en este estilo literario, me gusta más Julian Barnes... pero bueno.
Lo obra está divida en varias partes con diversas subtramas. La principal es la protagonizada por el profesor universitario que hace las pesquisas (entre detectivescas e indianajonescas) sobre su poeta favorito Francis Blundy, un hombre que en su época es considerado un genio. Esta trama está ambientada en un futuro próximo y distópico y a priori era la que me despertaba mayor interés, pero ¡sorpresa! es donde el autor menos se detiene. El profesor vive en un mundo que ha sufrido diversas calamidades tanto geológicas como humanas, tales como una guerra nuclear, tsunamis masivos que han inundado las ciudades costeras y una reducción radical de la población. En esta nueva configuración, Inglaterra es un grupúsculo de islas, que son las zonas más elevadas, los montes Peninos, la Snowdonia, etc, mientras el resto del país yace bajo las aguas. Estados Unidos ya no es superpotencia, sino una región asolada por guerras civiles y luchas intestinas entre caudillos. A la sazón, Nigeria es la nueva nación hegemónica (sic) salvadora de la humanidad. En cuanto a la tecnología, esta se ha reducido al mínimo, yendo la gente en bicicletas y teniendo un internet muy limitado y restrictivo. Pese a este panorama, se nos narra que se hizo un gran esfuerzo conservando los datos del pasado, tales como publicaciones, emails, periódicos, etc. A lo mejor soy yo, pero creo sobreentender en el texto una cierta complacencia del autor por esta situación donde la tecnología ha rebajado su efecto en la sociedad a cambio de una vida más bucólica y básica, más primitiva pero no exenta de ciertas comodidades, en contraposición con el caos de la era anterior a la catástrofe (nuestra época).
Luego hay otra subtrama entre dramática y culebronesca que nos narra precisamente las vidas de los participantes de la famosa cena inmortal, en especial Vivien y Percy, y Francis Blundy, el poeta que luego se casaría con Vivien. El poema "Una corona para Vivien" es justo el texto que busca el erudito del futuro, ya que este se leyó durante la fiesta de cumpleaños de la mujer, pero jamás fue publicado, siendo el regado de la susodicha el manuscrito original y única copia. Esta parte nos detalla con fruición y delectación maniaca todos los detalles del deterioro progresivo de Percy, el primer marido de Vivien, debido a la enfermedad de Alzheimer, y diversas infidelidades y aventuras románticas entre estos intelectuales. El autor no ahorra descripciones escabrosas en lo referente al Alzheimer, por si alguien es aprensivo.
Finalmente, la parte final consiste en el diario de Vivien donde se nos revela la "verdad" que nadie del futuro conoce, un detalladísimo y melodramático testimonio lleno de culpa, remordimiento, dolor y explicaciones que nos aclaran por qué el poema no vio la luz nunca. Esta pieza final, larguísima, cambia la perspectiva del lector y del propio investigador sobre los hechos que creía conocer, trasladando la idea de que por mucha información que se tenga de un tema siempre hay zonas oscuras, regiones íntimas, donde no se puede entrar fácilmente. Supongo que ese es el quid de la cuestión. El erudito que fabrica el pasado con los datos de los que dispone contra el verdadero pasado que ya se ha perdido, como se perdió el mundo antiguo de esta novela bajo las aguas de los tsunamis.
Los personajes caen casi todos mal, y por mucho que el autor intente justificarlos por su propia boca, no cuela. Son personas de una supuesta superioridad intelectual cuyas principales actividades son el adulterio y estar borrachos de ego y elitismo, algo que quizás refleje, no me extrañaría nada, el grupo social al que pertenecen el autor y el estamento llamémosle académico universitario y de alta cultura. Que caigan mal no quiere decir que no estén bien descritos, faltaría más.
Echo de menos ampliación de la aventura en busca del tesoro, y me sobran dramas y parejas abiertas y cuernos, pero eso es solo un gusto personal que no afecta a la calidad de la novela.
La prosa es muy densa, como dije, con gran número de páginas llenas de palabras sin un solo respiro en forma de diálogo o blanco entre párrafos... No es una novela para cualquiera, aunque toca temas que en principio sí resultan atractivos, y te mete otros, de forma poco sutil, que están de moda, como el cambio climático, rechazado por alguno de los protagonistas de la trama del pasado (obviamente, se nos muestra que estaba errado).
En resumen, una novela exigente para el lector, quizás algo dispersa, pero ambiciosa en su estructura, con toques de novela post apocalíptica, thriller académico, erudición a raudales, elitismo universitario y personas de muy elevada extracción socio cultural con sus problemáticas, a veces tan humanas y prosaicas como las de gente normal que desconoce el significado de la palabra "metaliteratura". Eso sí, he aprendido lo que es una corona de sonetos. Algo es algo.
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