miércoles, 28 de octubre de 2026

Todas las noches, todas las ciudades, de Dolores Redondo

Editorial: Destino, 2026
750 páginas

Argumento:

Nash Elizondo, que acaba de enterarse de que es hija del famoso escritor Benedict Newman, se ve obligada por diversas circunstancias a conocerle y hacerse cargo de sus asuntos.

Comentario:

Esta tercera entrega de Los valles tranquilos (Esperando al diluvio, Las que no duermen NASH) se puede leer de forma independiente, ya que en el texto se resume lo que sucede en las dos anteriores, sobre todo la primera, con la que está íntimamente relacionada y con la que comparte algunos personajes (Scott Sherrington y Lizarso), hasta resolver los cabos sueltos que quedaron en lo sucedido décadas atrás.

La novela está correctamente escrita, y hasta parece algo menos repetitiva que otras de la autora, aunque se hace larga para lo que cuenta, dada la similitud entre algunas escenas, en especial las relacionadas con cierta situación a la que se enfrenta Benedict Newman. Hay un exceso de pasajes similares, que no siempre aportan algo, y que pierden fuerza en una reiteración que tarda en aportar novedades.

La historia no es original, y recuerda a otras, una mezcla  más o menos afortunada. Aunque está bien llevada y, si no se analiza mucho, da el pego, hay escenas en las que hay que hacer un esfuerzo para no tomar nota de ciertas contradicciones, comportamientos carentes de lógica, etc...

Los personajes tiene poca personalidad más allá de sus roles, incluidos los empleados de Newman (la editora Margot, el mayordomo Robert, Karim, Mitchell), el personal del hospital (Duval, Kutz),  o los policías, excepto tres, con los que la autora parece haberse esforzado más: Colt Star (que parece su favorito), Sarasola y Barezzi, el Lobo. Aun así, Nash, que no tiene el menor interés, ni está demasiado desarrollada, se las apaña para sentirse atraída por tres de los personajes masculinos.

Es curiosa la parte metaliteraria, la creación de un mundo propio, da la impresión de que la autora ha intentado desarrollar algunos temas que le interesan, incluyendo la culpa, la redención… La aparición de la propia Redondo no parece aportar nada especial a la historia, más allá de la descripción de su supuesta casa. Y, cómo no, incluye varias escenas para que aparezcan tanto Amaia Salazar como las Mitxelena.

SI bien el final resulta algo previsible, no hay tantas opciones, consigue mantener el interés, en parte por utilizar el habitual recurso de alternar personajes y puntos de vista con sus correspondientes investigaciones, sobre todo por conocer el desenlace y si se aciertan las sospechas.

En resumen, Todas las noches, todas las ciudades, con sus pros y contras, tiene sus momentos de «enganche», y puede interesar a quienes les gustan las historias que llevan a consumir una página tras otra sin cuestionarse demasiado la credibilidad, o no, de lo que sucede, o sin darle importancia.

***T***

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