viernes, 14 de febrero de 2014

Tolkien: El Origen de El Señor de los Anillos, de Lin Carter

 Tolkien: El Origen de El Señor de los Anillos
Tolkien: A look behind The Lord of The Rings
Lin Carter
Traducción: María Antonia Menini
288 páginas
Ediciones B (Bolsillo)

 
Argumento:

El escritor de fantasía Lin Carter hace un repaso de las fuentes de El Señor de los Anillos, así como de las influencias de Tolkien y de su posterior repercusión, aunque solo hasta el año 1969, que es cuando se escribió esta obra.

Comentario:

No se trata de una novela, lógicamente, sino de un corto y ligero ensayo donde se hace un repaso a varios aspectos de la obra del profesor Tolkien, la mayoría bastante conocidos por los aficionados.

El autor empieza contando la vida y época de Tolkien, brevemente, el origen alemán de su apellido (que como curiosidad se pronuncia "tolkin"), la muerte de sus padres, su educación a cargo de un sacerdote católico, sus estudios en Oxford, su paso por la I Guerra Mundial, su matrimonio con Edith, sus amigos, su fascinación por los idiomas, y cómo surgió el "Hobbit". Al tiempo, se cuenta el proceso creativo de varias otras obras clave de fantasía como Peter Pan, El Viento en los Sauces, el Mago de Oz, etc...

Luego se entra directamente en cómo escribió El Señor de los Anillos, haciendo una larga mención al círculo de amistades eruditas de que se rodeaba Tolkien, los Inklings, del cual formaban parte Auden, C.S. Lewis y otros autores, a los cuales leía fragmentos del texto. Resultan curiosas las cartas que se mandaban los citados Inklings acerca de la obra de Tolkien a la que denominaban "el nuevo Hobbit" (Tolkien les leía en sus reuniones extensas parrafadas de la magna obra, que los otros comentaban con él y entre ellos) y también la repercusión que tuvo en la crítica de la época (1955), que coincidía en que no se había publicado nada de ese calibre desde La Reina de las Hadas de Spenser, y la escasa respuesta del público lector, que no conocería masivamente la obra hasta nueve años después, con la edición de bolsillo, que sí fue todo un éxito, casi un fenómeno sociológico. Lin Carter habla de lo mucho que le irritaban a Tolkien los estudios de su obra (como el libro que nos ocupa) y de los cuales decía: "son muy malos casi todos; o bien se trata de análisis psicológicos o bien intentan ahondar en las fuentes, y creo que en su mayor parte son unos esfuerzos más bien inútiles". Ciertamente, Tolkien acertaba en parte, al menos en lo tocante a la obra de Carter, ya que aparte de analizar la génesis de la novela (muy brevemente) busca precedentes en obras anteriores.

Eso es quizás lo más interesante del libro, cómo va descubriendo nombres de enanos en lejanos versos de la Edda escandinava, o el nombre de la Tierra Media (que aparece mucho en textos ingleses medievales) y diversos motivos como el del anillo (cantar de los nibelungos, operas de Wagner, viejas sagas), la capa de invisibilidad, la espada rota...

Transcribo los elocuentes párrafos donde se compara la trilogía de Tolkien con la leyenda de Sigfrido (según Wagner)

1. El dragón que custodia el tesoro.
2. El anillo mágico de oro que confiere un gran poder a su portador, pero lleva consigo un mortal maldición.
3. Un talismán de invisibilidad asociado con el tesoro.
4. La muerte del dragón por una herida en una zona vulnerable de su pecho.
5. La espada rota que se recompone.
6. La disputa entre dos enanos o dos gigantes por la posesión del anillo que se traduce en la muerte de uno de ellos.
7. El malvado y pequeño enano que poseía el anillo enloquece, se pervierte y, al final, halla la muerte a causa de él.
8. El hecho de que la maldición del anillo acarree no solo la muerte sino también una especie de corrupción moral o afán de posesión en todos los que lo llevan.

Sin embargo, resulta bastante tedioso para quien conoce los libros los extensísimos resúmenes de El Señor de los Anillos y el Hobbit, que ocupan una buena parte del libro. Son casi como un "Señor de los anillos abreviado" o "para torpes", ya que cuenta todos y cada uno de los detalles del argumento.

También trata de dilucidar el género de la novela, concluyendo que se trata meramente de una novela fantástica, vamos, que descubre la pólvora... En realidad, y dejando parte las bromas, esto viene a cuento de las opiniones de ciertas personas que trataban de extraer significados profundos del libro, o bien simbolismos. Tolkien siempre rechazo que su novela "significara" algo o tuviera segundas lecturas alegóricas: nada de Guerra Fría, ni historias similares. El autor aclara que incluso Tolkien aborrecía las alegorías y que había declarado: "No tiene la menor intención alegórica, general, particular o actual, moral, religiosa o política". Para él se trataba de una "subcreación", "la invención de un mundo secundario", meramente. Sobre este particular de la "subcreación", se introduce un capítulo donde se desarrolla la teoría de Tolkien acerca del cuento de hadas. En palabras de Tolkien citadas por Carter: "Lo que ocurre, en realidad, es que el narrador se revela como un "subcreador": de un cuento de hadas bien elaborado. Crea un mundo secundario en el que la mente del lector puede entrar sin dificultad. Y, una vez dentro, lo que él cuenta es "verdad": respeta las leyes de dicho mundo". Una teoría muy interesante que aclara la intención de Tolkien..

Carter analiza además la relación de El Señor de los Anillos con los diversos cantares de gesta y los libros de caballerías. Es curioso lo que menciona sobre el éxito de tales libros de caballerías, que generaban secuelas y precuelas, e incluso lo que los anglosajones llaman "spin offs" (relatos que tienen como protagonistas a los secundarios de otro relato o algo así).

Finalmente, hace un repaso por todos los autores que precedieron a Tolkien en el cultivo del género como William Morris, Lord Dunsany, Eddison, etc... y por las fuentes etimológicas de los nombres de cosas, personas y lugares de la obra magna, que es sin duda, una de las partes más tediosas.

Resumiendo, un libro irregular, ligerito en cuanto a erudición, con datos conocidos, aunque también hay algunos otros interesantes, que revelará sobre todo a los aficionados al autor, que Tolkien no era en verdad nada original y que no tenía empacho en copiar nombres, argumentos, y tópicos de autores precedentes en su intento de hacer una obra que fuera como un mundo, más que como un relato.

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