jueves, 20 de febrero de 2014

Estudios sobre el miedo, de Lou Carrigan

Editorial: Bruguera, 1978
Colección: Selección Terror, 290
Ilustración de cubierta: Enrique Martín
94 páginas

Argumento:

La doctora Eleanor Marsh y el doctor Wendell Parkinson acuden a una vieja mansión en busca del doctor Chapman. En su interior se encuentran con algo inesperado y terrorífico.

Comentario:

Sí, en «Estudios sobre el miedo» aparece un científico loco (algo recurrente en la obra del autor) que ansía dominar el mundo utilizando para ello el «Ratox», un gas cuya composición no se detalla, aunque, como dice el propio Chapman, ejerce sobre las ratas el mismo poder que la flauta en el relato «El flautista de Hamelin».

La protagonista absoluta de la novela es la doctora Eleanor Marsh, una heroína de la estirpe de la espía Brigitte «Baby» Montfort, el personaje más famoso de Lou Carrigan, quien aparece en cientos de historias. Como ella, es hermosa, inteligente, dulce, luchadora, con una gran capacidad para adaptarse y sobreponerse hasta a las más terribles situaciones.

A su lado, el villano Horace Archibald Chapman, y el «interés romántico» Wendell Parkinson quedan casi desdibujados, sobre todo el último, que apenas aparece al principio y al final para protagonizar poco más que una escena sentimental y otra de acción.

Entre los secundarios, los secuaces del médico loco: Hagerty, Jones y Benny, son apenas distinguibles entre sí, utilizados para informar, a Eleanor y a quien lee, de datos como el origen de la «locura» de Chapman, detalles sobre los experimentos que realizan, etc...

Es «Minnie», la rata («bautizada» así por Eleanor), el personaje más… «original»: su primera escena, la «conversación» con la doctora Marsh, muestra el alcance de la inquebrantable personalidad de la protagonista.

Si bien se puede echar en falta una mayor «complejidad» en la historia, más ambientación y descripciones, incluso que se expliquen de forma plausible bastantes de las cosas que suceden en la novela y que son poco o nada creíbles (las motivaciones de los ayudantes de Chapman, lo poco que parece afectar a Eleanor cierta «experiencia»),  en realidad, debido al tipo de relato que es, no se trata de verdaderos defectos o carencias, sino convenciones del género al que pertenece.

Además, Carrigan cuenta en un espacio necesariamente breve una historia completa, consigue mediante leves sugerencias que se llenen los huecos argumentales y escenas que no se relatan (o que ni siquiera importe que falten), utiliza una prosa visual e intensa que permite «ver» las terribles escenas que se describen, mantiene la tensión y hace que se desee continuar leyendo hasta conocer el final.  

Fragmento de la novela:

El cuerpo de Eleanor se estremeció. No pudo evitarlo. Fue una sacudida de miedo. No...: De pavor. De espanto. De terror. Tenía que controlarse más aún. Más.
Se pasó la lengua por los labios.
—¿De modo que no hablas inglés? —murmuró.
La rata volvió a mirarla.
—Puedes llamarme Eleanor —dijo ésta—. Es un nombre bonito, ¿no te parece? Lástima que no hables inglés, pues me dirías cuál es tu nombre. Veamos... ¿Te gustaría llamarte... «Minnie», por ejemplo? Es un bonito nombre, yo diría que incluso más que Eleanor. ¿Te gusta? Además, es muy apropiado para una ratita, aunque tú seas auténtica, y no un dibujo animado. De todos modos, no hablas inglés. Ni creo que hables alemán, o ruso, o francés, o...
Apareció un rostro sobre ella.
De pronto, brusca, inesperadamente.
Por un brevísimo instante, Eleanor quedó inmóvil, sin reaccionar, pues la emoción que prevaleció fue la sorpresa.
Pero ese instante fue brevísimo. En seguida, Eleanor Marsh palideció, respingó, dando una sacudida terrible a todo su cuerpo, y lanzó un incontenible alarido de fortísimas vibraciones, tan palpitante de súbito terror, que la rata saltó de encima de ella, desapareció.
Sólo quedó el rostro.
¿O no era un rostro? No, aquello no podía ser un rostro humano...
 
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***T***


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